jueves, marzo 20, 2008

VOLUME ONE 124: KEEP IT SIMPLE (VAN MORRISON)

(Lo vi en el mostrador y alargué el brazo en un acto reflejo para meterlo en el carro de la compra. Sabía que aparecería, pero no tenía prisa por saber cuándo estaría a la venta; de hecho, no me había planteado comprarlo. Pero, qué diantre, este tío nunca la ha cagado y si tengo sus 37 discos anteriores no voy a quedarme sin el 38)

Como Woody Allen y sus películas, Van Morrison vuelve cada año con un disco nuevo oficial, con menos riesgo y novedad que el cineasta, con su misma música inmaculada. Desde el 98 no se quitaba las gafas en una portada, diez años después, quizá a tono con la simpleza que reclama en su título, el león de Belfast no cambia el gesto inexpresivo pero descubre su mirada neutra y perdida ¿Y? Keep it simple (Exile, 2008) no aporta nada original (como hace tanto tiempo) a la carrera larga de tan sensacional autor, puede que sólo alguna guitarra puntiaguda acentuando las venas blueseras de casi la mitad de las canciones y otra un pelín más temblorosa en otro par de piezas. Pero en el fondo, una vez (dos veces) escuchado, sus ya débiles rugidos tienden a confundirse con cualquiera de los de los últimos cuatro buenos discos (salvo el anterior Pay the devil).

Me temo que Van the Man ya no va a volver a grabar una obra maestra como aquel The healing game de 1997, aunque quienes no faltamos a la cita anual con Mr. Allen tampoco vamos a perdernos la que aún nos pide Mr. Morrison. Y todavía, todavía, uno lo sigue escuchando y pensando, como Uma Thurman en la adorable Beautiful girls, que su música es una compañía perfecta para compartir nuestra vida íntima.
Nota: 7/10

LAUTREC, VENENO

El nombre, el arte, queda manchado, es una lástima.

Si alguna vez os dejáis caer o alguien os hace caer por un horrendo local de copas de mi ciudad, os recomiendo que huyáis de allí de inmediato, como si con sólo pisar el suelo que abarca os contagiaseis con la peste y vuestras horas de vida empezasen la cuenta atrás a ritmo de vértigo. Para empezar, os aseguro que a la mañana siguiente sentiréis un pesado dolor de cabeza, porque allí, lo que sirven, aunque ellos no se lo crean (que no es el caso), no es en absoluto de buena calidad, sino veneno. Si alguna vez habéis caído antes por allí y se os ha ocurrido sacar una foto con el teléfono móvil a un amigo, lo lleváis claro; es probable que la gorda alopécica que por allí pulula con cara de mal follada os haya descubierto en tan deshonrosa y ofensiva acción y se niegue a serviros una copa en lo que queda de vuestras vidas, aunque vayáis por el lugar acompañados del presidente del gobierno, de la infanta real o de cualquier patética estrella de rock local con una cartera repleta de vicio y dinero. ¿Por qué esta pocilga puede abrir hasta más tarde que el resto de mortales que comparten calle y barrio? Exigimos que la patrulla se persone allí a la hora a la que los demás empiezan a hacer cuentas.

Fue bonito mientras duró. Pero todo acaba, todo muere, y la belleza espera detrás de cualquier esquina. Gratis, además.

Esta información va camino de los titulares.

martes, marzo 18, 2008

GREATEST HITS 41: NO ONE (ALICIA KEYS)

No me despego de esta canción desde hace semanas, o ella no se despega de mí. No es ninguna carga tener que recordar la melodía que marcan sus estrofas, su nervio optimista y el canto vigoroso con que concluye. Tenía 21 años Alicia Keys cuando su primer disco, Songs in A minor (J-Records, 2001) empezó a perder la cuenta de su premios. A mí nunca me cautivaron los acordes de sus éxitos ni las precoces cualidades que pudiera guardar aquel nuevo nombre de la escena R&B neoyorquina en aquel álbum, y de hecho dejé pasar los años hasta por fin escucharlo sin que me cautivase. Su segundo trabajo ya lo regateé, pero el tercero, As I am (RCA, 2007) me inspiró cierto interés y confianza que no me engañaron. Sin ser una obra extraordinaria, sino más bien comedida aunque íntimamente intensa, este disco sí tiende a perdurar por la fuerza emocional de dos o tres de sus temas.

Y uno es este No one que la artista vive y siente desde las entrañas, entregada a la devoción personal hacia ese “tú” al que canta, al que protege a su lado y al que sonríe cuando su rostro terso y brillante se dirige directamente a nuestros ojos.

domingo, marzo 16, 2008

SMELLS LIKE TEEN SPIRIT

De un punto a otro, en pocos minutos nada más, cruza en mi dirección una sinfonía difusa de olores que explotan como relámpagos. Tengo hambre y me tragaría esos olores antes que cualquier bocadillo de tortilla. Es la huella que flota en el aire por el camino que sigue y que lleva consigo, hasta que el sudor engulle cualquier rastro y se apodera del cuerpo, y al día siguiente, después de la ducha, florece un jardín en cada roce de la toalla, en cada cabello que intima con las mejillas, en cada mirada. Otra vez, aunque sea distinto.

El olor se muere en un instante, sólo revive en cuanto me cruzo con otro parecido. Pero después de unas cuantas horas ya no huelo nada y nadie me huele a nada. Los jardines se marchitan y cada rostro alegre que desaparece se pierde en la ignorancia. El goce da paso a la náusea y las calles de flores sembradas se convierten en rincones mojados por los excesos orinados. Nuestro olfato, socio maligno del deseo, nos vuelve a hacer una putada, camino de ninguna parte.

viernes, marzo 14, 2008

BONUS TRACK 43: TALKING TIMBUKTU (ALI FARKA TOURE & RY COODER)

Cuanto más queremos abarcar más cortos se quedan nuestros brazos. El tiempo es finito además, e incluso a la hora de inspeccionar hay que ser selectivos. Me he atrevido muy poco con la música africana y no niego que si le hubiera prestado algo más de atención me habría ahorrado la música de otras latitudes no tan exóticas que ha pasado por mis oídos. Conocía este disco desde hace años, pero nunca me atreví a escucharlo a pesar de haber leído alguna reseña positiva. Ali Farka Toure era el blues man de África (con John Lee Hooker, le comparaban), cuna y raíz del blues que cruzó el Atlántico para adherirse a la tierra norteamericana. Cantaba y tocaba la guitarra, además de otros instrumentos. Conocía y cuidaba la música de su pueblo y disfrutaba con la música negra americana. En Ry Cooder encontró a un amigo (o a la inversa), halló a otro inquieto viajero por las ramas genealógicas de la música tradicional y juntos grabaron hace más de una década un precioso disco titulado Talking Timbuktu (World Circuit, 1994).

Hay música que sólo puedes escuchar en momentos concretos, que es imposible entender o disfrutar en otros contextos. Yo escuché Talking Timbuktu con un libro entre manos primero y a la luz de una lámpara de noche y frente a una pantalla de ordenador y un relato a medias después. En ambos casos este álbum hechizante de blues primitivo, al que las cuerdas de Toure y Cooder le confieren una estela de paz cristalina y las sencillas percusiones (el batería Jim Keltner y el bajista John Patitucci también aportan otros adornos rítmicos menos rudimentarios) trasladan al oyente a las arenas y poblados de Mali, se te pega pronto como el calor del desierto y te vuelve a dejar rezagado por la cantidad de música que aún te queda por conocer.

miércoles, marzo 12, 2008

GREATEST HITS 40: STUPID GIRL (GARBAGE)

Acabo de someter dos discos a la prueba de la resistencia temporal, los dos primeros trabajos de Garbage. El primero, del mismo título y fechado en 1995, le gastó las pilas a mi walkman en mis años universitarios; el segundo, Versión 2.0 (1998), me cogió en otra etapa menos académica y bastante incierta, a mitad de camino de todas partes. En su día me fascinaban estos álbumes, sobre todo Garbage, con ese sonido tan híbrido de la banda, esa producción que hermanaba el rock y con la electrónica y especialmente ese atractivo animal de una pequeña gacela como la escocesa Shirley Manson al frente. Varios años después he vuelto los oídos a la música de aquellos dos discos para darme cuenta de que sus riffs entonces tan seductores y la voz ambiental de Mrs. Manson han perdido su frescura y que a aquella música que me parecía ideal para desabrochar los botones de la espalda ahora se le ha marchitado su encanto sexual. De todos modos, aún queda algo de chispa lujuriosa en el recuerdo.

martes, marzo 11, 2008

VOLUME ONE 123: SATURNALIA (THE GUTTER TWINS)

Una espera halagüeña, un momento olvidable. Algo me roía en la intuición que empezaba a desgastar mi confianza en Mark Lanegan y Greg Dulli. La lúgubre colaboración del primero en el disco más reciente de Soulsavers y la insistencia del segundo en flotar por las turbias autopistas del oscuro rock empañado con sus Twilight Singers precedían la gestación del primer disco de estos dos siniestros amigos, bautizados como The Gutter Twins. Torcí el gesto. Lamento haber acertado.

Saturnalia (Sub Pop, 2008) navega por las constantes de Dulli con un protagonismo esta vez mayor de Lanegan. Es cuando éste alza la voz por encima de la de su compadre (The Stations, Bête Noire, Seven stories underground) cuando el disco adquiere unas texturas climáticas presentes en los mejores trabajos del ex líder de Screaming Trees en solitario, aunque envueltas por el tejido apelmazado de las formaciones de Dulli. Salvo Seven… los pausados cortes de Saturnalia resultan tediosos y vacíos de sangre, y los más cañeros (Idle hands) acaban por perderse en la bruma de su sonido sobrecargado. Después del último segundo añoré a Lanegan a palo seco, el de Field songs o Whiskey for the holy ghost y no me quedaron más ganas de volver a escucharlo con su colega gemelo.

Nota: 5/10

lunes, marzo 10, 2008

VOLUME ONE 122: WARPAINT (THE BLACK CROWES)

Nunca me creí la separación por razones creativas, personales o emocionales, si es que alguna vez llegó a ser oficial, de The Black Crowes, así que no me coge desprevenido la reaparición de la banda de los hermanos Robinson con su séptimo álbum de estudio, Warpaint (Silver Arrow, 2008). Su retorno, siete años después de Lions y de unos cuantos reencuentros, directos y publicaciones inéditas, viene a desempolvar también las esencias de un rock clásico americano algo arrinconado y con frecuencia subestimado en los días que corren, de una tradición alimentada del viejo blues y enraizada en los estados del Sur. Los Black Crowes han vuelto a volar con la gracilidad de los años del Southern Harmony… y la seguridad de la experiencia, la que da el bagaje de la carretera y una educación musical imprescindible para amar el rock and roll.

Warpaint roza la perfección y eso se debe al tiempo de madurez alcanzado por la banda. Quizá fuera entonces necesario un paréntesis tan largo si después de que se cerrase íbamos a encontrarnos con este gran disco de regreso. Con Chris y Rich aguantan Steve Gorman a la batería y Sven Pipien al bajo. Adam McDougall se une a los teclados y Luther Dickinson (North Mississippi Allstar, más espíritu sureño) agarra otra guitarra. Justo en el juego entrelazado de guitarras, en la combinación de estructuras sucias y limpias y en la templanza ganada por la voz de Chris Robinson residen los mayores encantos de este trabajo brillante que se paladea mejor cuantas más veces se pincha.

¿Temazos? El inicial Goodbye daughters of the revolution, Evergreen o la maravillosa despedida, Whoa Mule, por ejemplo. Sólo una insulsa penúltima canción y algún desvarío guitarrero impiden a Warpaint ser mejor de lo que es.

Nota: 9/10

viernes, marzo 07, 2008

VOLUME ONE 121: ATTACK & RELEASE (THE BLACK KEYS)

Los duos musicales no me dan buena espina, sobre todo los que entre dos y nadie más se guisan y comen todo el cocido sonoro. Desconfío más cuando en esa pareja falta el bajo y la música que del grupo sale parece áspera o incompleta, sin el aceite de la ensalada, aunque en los trucajes de la producción camuflen alguna que otra línea de bajo. Pero en todo hay excepciones y The Black Keys no están nada mal. Dan Auerbach y Patrick Carney son de Ohio y Attack & Release (Nonesuch Records, 2008) es su quinto álbum.

Falta el bajo (aunque diría que no en todos los cortes), pero en su ausencia son los teclados psicodélicos, las percusiones variopintas, las cuerdas finas y gruesas o las flautas traveseras las que llenan de sustancia las canciones indescriptibles de este disco irregular pero de atmósfera atrayente. Pronto se enciende pero pierde fuerza y cuando el ritmo decae de golpe despierta. A nada ni nadie se puede comparar cualquier corte y un lejano rastro de blues marchito parece esconderse en el pulso que da cuerda a estos temas nada convencionales.

Nota: 7/10

BYE BYE

A estas alturas del camino va siendo hora de abandonar. Dejemos las chiquilladas para los sueños y finjamos que nos comportamos como seres formales. De espaldas podremos equivocarnos menos, oír el mimo de su lengua al borde de los dientes en sus palabras y aspirar la brisa que escapa de su cuerpo, de la ropa y del balanceo de su cabello. De espaldas nos quedaremos con lo que más nos gusta sin el riesgo de descubrir lo que nos disgusta. El goce del instante nunca se pierde.

La memoria retrata mejor la belleza que cualquier flash en la oscuridad.

martes, marzo 04, 2008

SOUNDTRACK 58: MY BLUEBERRY MOON

Por segunda vez en menos de un mes me he tropezado con la canción de Neil Young Harvest moon en una película. Primero fue la versión original del disco homónimo en el film Lejos de ella (2006); ahora es una versión de la vocalista de jazz, aunque itinerante versioneadora por los terrenos del folk, el country y el blues, Cassandra Wilson en el primer trabajo en suelo americano del reputado cineasta chino Wong Kar Wai, My blueberry nights (2007).

Comento de paso que este anhelado estreno se convierte en el trabajo más modesto y menos petulante de este sobrevalorado director de cine, lo que no quiere decir que sea una obra merecedora de los excesivos elogios que ya la han bañado. Las huellas de identidad de su cine están presentes en la poco convencional relación sentimental que bordan los personajes principales interpretados por la cantante Norah Jones y el británico Jude Law, maderos a la deriva que se encuentran en una acogedora cafetería neoyorquina. En tres partes divide el director oriental la odisea emocional que recorre Norah Jones, pero sólo la primera y el colofón (además de un breve fragmento intermedio) contienen los únicos pasajes de autenticidad natural del ajustado metraje de la cinta. Los demás episodios, algo forzado el segundo con Rachel Weisz y David Strathairn e ingenuo y poco consistente el tercero con Natalie Portman, no guardan coherencia con la premisa inicial que plantea el film. Como mal mayor, y que empapa toda la película, hay que destacar y censurar la cargante puesta en escena habitual en Kar Wai, esa sobreexposición agotadora de colores o ese abuso presuntuoso de ralentis que no hacen más que invitar a la distracción.

Pero a lo que iba. Que hay que aplaudir al menos la apropiada selección musical del director para su película, no sólo por rescatar para el cine, aunque con una partitura muy escasa, a Ry Cooder, sino por aderezar las imágenes que ilustran su historia con temas de Amos Lee, Otis Redding, Cat Power, Mavis Staples o Norah Jones. Por encima de estos autores manda esta vez Cassandra Wilson y su versión de ensueño de Harvest moon, que la cantante incluyó en su disco de 1995 New moon daughter. Basta cerrar los ojos e imaginar que es la música de la noche en el corazón del bosque. Aquí os la dejo en una actuación en vivo.

lunes, marzo 03, 2008

VOLUME TWO 35: JIM WHITE

Por cada cinco músicos que te encuentres en el camino por primera vez cada cierto tiempo, raro será que a uno de ellos al menos no le quieras seguir el rastro en adelante. Jim White es un ejemplo. A los demás los pierdes de vista porque la intuición te dice que no se van a salir de la rutina, pero a ese a quien le prestas la confianza va a seguir llevándote por trayectos de lo más novedosos y excitantes. Jim White. Joe Henry, ese maestro de artesanos, le produjo Drill a hole in that substrate and tell me what you see en 2004 y con este disco encontré yo a un autor ‘americana’ diferente, un retratista de espacios abiertos pero climas opresivos con el gatillo de una voz ondulada y cálida.

Cuentan que Jim White fue surfero profesional, también taxista, modelo y boxeador. Desde 1997 ha grabado cuatro discos y compuesto la música para un documental (Searching for the wrong-eyed Jesus) en el que enseña otra de sus facetas, la de predicador. The Handsome Family o Johnny Dowd, parientes de oficio poco estimulantes, serían los referentes menos seductores a los que se acercan las canciones y la música ensortijada de Jim White. Calexico, Lucinda Williams o el propio Joe Henry vendrían a ser compañías similares y pruebas de garantía.

Por eso la obra de este autor requiere la complicidad de un oyente paciente, no para convencerle de su calidad, sino para descubrirle en cada paso la riqueza de ambientes que ofrece y de paisajes por los que lo conduce: caravanas abandonadas, iglesias rurales, vastos campos de cultivo, vidas estancadas y una noche infinita frente al volante.

jueves, febrero 28, 2008

VOLUME ONE 120: SLEEP THROUGH THE STATIC (JACK JOHNSON)

El trío de novedades discográficas lo completa Jack Johnson con su cuarto álbum (descartadas dos bandas sonoras), Sleep through the static (Brushfire, 2008). Si Nick Cave avanza y va mutando ligeramente su abrasador discurso, el que fuera campeón de surf descarta las variaciones, aunque la fidelidad a su universo acústico y a sus veraniegas atmósferas no le impide seguir componiendo música para el goce tranquilo. Nick prende fuego y Jack echa agua. Debemos reconocer que según sea la simpatía que tengamos por un músico más o menos nos molestará que en sus trabajos repita esquemas e incluso lleguemos a confundir las canciones de un disco con las de otro. Puede ocurrir esto con Jack Johnson, de quien podrías incluir temas de su anterior obra, In between dreams (2005), en la última y de ésta en aquella sin que se notasen cambios bruscos. En este caso, en mi caso, no hay lugar para las exigencias.

Algo de familiar, algo de bondad, desprenden las suaves canciones de Sleep… un disco grabado cien por cien con energía solar. Las finas armonías de sus acústicas y la simpleza de su engranaje sonoro dulcifican la hora escasa con que Johnson acaricia las palabras. Sólo el conjunto, algo monótono hacia el final, provoca esa sensación de querer pedirle un poquito más al californiano, aunque nos contentemos igualmente con sus frescas melodías, los paseos sobre la arena, las chicas de la playa y el abrigo de las olas.

Nota: 7/10

martes, febrero 26, 2008

VOLUME ONE 119: DETOURS (SHERYL CROW)

Hubo un tiempo en que Sheryl Crow me interesaba. Si ahora acabo de escuchar su último disco, el sexto de estudio desde 1993, es porque me he dejado llevar por una leve añoranza, pero dudo que en adelante vuelva a recuperarla, así como tampoco a la mejor Sheryl Crow, la de sus comienzos, la de los tres estupendos primeros álbumes, aquella que a dos metros de mí, sobre un pequeño escenario en Madrid hace trece años, me pareció una solista de carácter ejemplar. Ha pasado tiempo para una y para otro (muchos éxitos para ella) y después de Sheryl han llovido cientos de vocalistas y autoras del mismo corte, la mayoría con poco nuevo y memorable que contar. Detours (A&M, 2008) tampoco es para recordar.

Sólo a ratos (pocos), el disco rescata a aquella cantante rockera de Sheryl Crow (1996) y The Globe Sessions (1998), la que había aprendido de sus faenas con los Stones y sabía componer canciones de fuerza creciente, muchas de ellas muy bien empleadas en las bandas sonoras de las películas, como If it makes you happy, Everyday is a winding road o There goes the neighborhood. Pero son escasos chispazos de rock de perfecta factura (Shine over Babylon, Gasoline) entre un cansino y variado muestrario que repite las colecciones de olvidables canciones presentes en sus dos discos anteriores y que se permite incluir experimentos de pop rumbero y fusión étnica. Una pena.

Nota: 5/10

Aquí sí me gustas:

lunes, febrero 25, 2008

VOLUME ONE 118: DIG, LAZARUS, DIG!!! (NICK CAVE & THE BAD SEEDS)

A Nick Cave lo temo. No comparto la elevada estima que merece entre prensa y público adulto y sus discos, en general, me cargan como un yunque a pesar de un par de excelentes canciones en cada uno. Pero por razones que se me escapan me sorprendo a mí mismo aplaudiendo el décimo… (pierdo la cuenta entre bandas sonoras y algunas ediciones) disco de su prolífica obra, de nuevo junto a su banda, The Bad Seeds. Para empezar, podría decir, que es de admirar la versatilidad de Nick Cave y su facilidad para no repetirse. Porque ignorando sus primeros y horribles álbumes, desde el Henry’s dream de 1992 hasta ahora la transición de álbum a álbum enseña pequeños cambios y progresos en su musicalidad, incluso en el recitado dramático de la voz del autor, a veces mostrándose accesible, otras veces huyendo de la facilidad.

Dig, Lazarus, Dig!!! (Mute/Anti, 2008) es un coherente paso adelante después del embrutecido proyecto paralelo que fue el año pasado Grinderman. Por fortuna, Nick y sus malas semillas se domestican un poco sin dejar de conservar algunos feos gestos del trabajo anterior. El nuevo disco de Nick Cave guarda sorpresas en los instantes más inesperados: percusiones anómalas, guitarras chirriantes, coros forzados, breves interludios industriales u otros rizos que evitan lo previsible. Los adoradores del doble lienzo que componen Abattoir blues/The lyre of Orpheus (2004) se entusiasmarán con Hold on to yourself y Midnight man, aunque echarán de menos más atmósferas descansadas. Eso sí, cantar, ya no parece cantar Nick Cave, sino declamar como un profetizador del Apocalipsis extensas letras cubiertas de pasión.

Nota: por la mañana 7, por la noche 8.

sábado, febrero 23, 2008

GREATEST HITS 39: HURT (by JOHNNY CASH)

No hay vez que no escuche esta canción o vea las imágenes de su videoclip sin que un escalofrío emocione toda mi piel y una lágrima vacile con escaparse deslizante por mi rostro. Estaba en las últimas y poco después nos dejó, decrépito y tembloroso, aislado en el bosque y rebosante de recuerdos; ‘buen’ aspecto para un mito. Hurt nació de la mente de Trent Reznor pero para el alma y la voz de Johnny Cash en el cuarto volumen de sus American Recordings. Una canción FAVORITA, para llevarse a una isla desierta o escuchar en las últimas horas sobre la tierra.

Para quien la haya disfrutado poco o nada:

VOLUME ONE 117: CIVILIANS (JOE HENRY)

Pasó por aquí hace unos meses y le abrí mis puertas con el mayor de los gustos, el que merecen los músicos que poseen un aura imborrable de talentosa creatividad y una sutil sensibilidad. Indagué entonces sin prisas en una gran parte de los discos de Joe Henry y sólo Tiny voices (2003) me defraudó. A continuación llegó Civilians (Anti, 2007), el décimo de su producción, que pasó desapercibido el año pasado y ve la luz más tarde como una de las obras más hermosas que un solista norteamericano ha cultivado en un estudio de grabación en los últimos tiempos.

Con un cartel de lujo como compañía de sesión (Loudon Wainwright III, Greg Leisz, Bill Frisell, Patrick Warren, Jack Bellerose, Van Dyke Parks), el bueno de Joe escribe y canta finas historias a caballo entre Bob Dylan y Tom Waits, con un poco del Van Morrison más inspirado de los noventa en la instrumentación. Su música se vuelve en Civilians galante y delicada, como una caricia en la intimidad de la noche. Y su voz nada exquisita, a veces próxima a Jeff Tweedy, se comprime o estira en versos marcados hasta convertir cada tema en un vaporoso regalo para los oídos.

Nota: 9/10.

jueves, febrero 21, 2008

LIVE IN 51: LARRY EN EL FILLOA

Entre las estaciones y las modas resiste durante tres décadas en mi ciudad un pequeño local que es como un refugio con el aspecto de sótano clandestino en un estrecho callejón de gran tradición musical. Piensa en una madriguera para noctámbulos iluminada con una gama versátil de tonos marrones, con sillas y mesas de madera y un coqueto escenario sobre una tarima en una de sus esquinas, en la que la música jazz acolcha tus últimas horas del día y te narcotiza hasta que el cansancio puede con tus huesos. No soy un asiduo a este lugar, no tengo trato con sus dueños y empleados (quienes tampoco tienen fama de ser comunicativos), pero cada vez que llevo allí mis pasos, una o dos veces al mes, solo o en buena compañía, siento que cruzo una cortina que me traslada a otro espacio y otro tiempo. Me gusta reposar, oír música, hablar o pensar en el Jazz Filloa de A Coruña.

La fiebre ha remitido, aunque a veces me cojo otro catarro de jazz con cualquier nueva adquisición de Mingus o con novedosas aventuras junto a Dave Brubeck o Thad Jones. O Larry Young, a quien como Funk, Inc., descubrí hace poco en una de esas fantásticas colecciones de fusión de jazz, soul, funk y blaxploitation que sólo he podido agenciarme lejos de esta ciudad. Desconozco si el hammond flotante de Larry Young ha sonado alguna vez entre las acogedoras paredes del Jazz Filloa. Desde mi casa, yo al menos me he sentido durante 48 minutos como si la música de este disco, Into somethin’ (Blue Note, 1964), me mascase entre su lengua y el paladar y después me invitase a una copa en esa guarida del jazz.

Muchas gracias por el préstamo al Ascensorista de Cristal.

martes, febrero 19, 2008

SOUNDTRACK 57: POBRE OSCAR

Los temores se confirmaron y la presente edición de los premios Oscar de Hollywood tendrá, a juicio de quien escribe, las cinco películas más flojas de calidad (disparatadas en algún caso, se atreve a decir el firmante) de todos los quintetos de aspirantes desde que estos galardones contemplan cinco candidaturas al mejor film, desde 1944 concretamente.

Pozos de ambición (Paul Thomas Anderson) es un atípico y frío retrato de codicia y perdición con una prometedora hora larga de metraje y un socavón terrible del que ya no consigue salir, con un desmedido Daniel Day-Lewis con excesos para la galería y consciente de que va a ser nominado y probablemente premiado.

No es país para viejos (Joel y Ethan Coen) es una violenta reinvención de thriller con eco de western crepuscular manchado de incongruencias argumentales y castigado por un tedioso ritmo, donde sólo sobresale el trabajo fotográfico y un impecable Javier Bardem.

Michael Clayton (Tony Gilroy) es otro gélido perfil de la ambición corrupta en las altas esferas, donde las acciones confunden el bien y el mal y se esclavizan a los intereses empresariales. La aureola de importancia que se autoconcede la convierte en una obra algo repelente. Buen reparto y poco más.

Expiación (Joe Wright) es una vergonzosa tomadura de pelo, simplemente.

Y Juno (Jason Reitman) es la más decente de las obras seleccionadas, una amable comedia sobre un problema gordo tratado con tibieza aunque inteligencia, una película menor sin mayores propósitos que debería llevarse los premios grandes y que seguramente se tenga que conformar con el del libreto original, que no es poco.

Hago un repaso histórico y me cuesta encontrar cinco películas tan deficientes en el grupo de films que los miembros de la Academia escogen para las nominaciones. Para empezar, no me gusta que premiadas recientes como Crash (2006), Million Dollar Baby (2005) o Shakespeare in love (1999) fuesen las grandes triunfadores frente a películas superiores en sus años. Más grave fue el triunfo de Paseando a Miss Daisy en 1989 por encima de El club de los poetas muertos, Campo de sueños o Nacido el cuatro de julio. También la correcta Una mente maravillosa superó a cuatro discretas rivales en 2002: En la habitación, Gosford Park, El señor de los anillos y Moulin Rouge.

Más despropósitos: Bailando con lobos fue mejor que Uno de los nuestros en 1990; Carros de fuego que En busca del arca perdida en 1981; Gente corriente que Toro salvaje en 1980; Kramer contra Kramer que Apocalypse now en 1979; Rocky que Taxi Driver o Network en 1976; Sonrisas y lágrimas que Doctor Zhivago en 1965; Gigi que Mesas separadas en 1958; o Siguiendo mi camino que Perdición en 1944.

En fin, mucha mítica poco fiable. Por eso, un año más, va a ser más provechoso soñar con nuestras propias películas abrazado a la almohada.

sábado, febrero 16, 2008

BONUS TRACK 42: BACK TO BLACK (AMY WINEHOUSE)

Escuché este disco hace meses, cuando una o dos de sus canciones sonaban en las horas puntas de algún programa de radio o de vídeos musicales. Si me hubiera llamado la atención de forma positiva (o muy negativa) lo habría comentado, pero pasó por mi ‘discoteca’ como quien entra y sale de la consulta del médico, pálido y sin que los demás pacientes se fijen demasiado en él. La joven británica que lo interpreta (la de los tatuajes, peinados abultados y vestidos retro-horteras, dirán quienes tanto la escuchen pero les cueste quedarse con su nombre) acaba de ganar el mayor número de Grammys 2007 por un disco que salió a la venta en diciembre de 2006. Estos premios, aunque a veces hayan ido a parar a trabajos admirables, nunca han sido de mi confianza, sobre todo por la gran cantidad de absurdas subdivisiones que tienen sus categorías, lo que acaba repartiendo los trofeos para dejar a casi todos los candidatos contentos.

Aunque Back to black (Republic, 2006) no ha sido galardonado como el mejor disco del año (desproporcionado honor para el último de Herbie Hancock), le he dado otra oportunidad para ver si causaba en mí una mejorada impresión. Y no. Ahí se queda un poco descolorido el intento de Amy Winehouse por rescatar en el presente el clima callejero en el que habitaban personajes del soul como Aretha Franklin, James Brown o incluso las Supremes antes de bañarse en lujo y fama. Bien arreglado, hábil y resultón en ritmos y voces cálidas y contorsiones vocales, este álbum explota su potencial a medias, deja las intenciones que se le intuyen a mitad de recorrido, más grises que negras. Y ahora venderá mucho más, mientras otras crías británicas salen de sus desvanes de ensayo.

BONUS TRACK 41: HARVEST MOON (NEIL YOUNG)

Este fue mi primer disco de Neil Young. Lo compré lejos de casa, allá por 1992, el año en el que se publicó. Nunca había escuchado nada del autor. Después retrocedí al que fue su debut sin banda de 1969, luego salté a un directo cañero de 1991, después regresé a un acústico del 70, luego escogí otro más oxidado del 75, uno sosegado del 78… hasta completar la colección, de momento, oficial de las polifacéticas canciones de Mr. Young. Acabo de escuchar un tema de aquel Harvest Moon del 92 en una película, el que da título al álbum, y un torrente de recuerdos ha fluido por el cauce de mi memoria. No sé si es bueno o no recordar tanto en el momento más inesperado.

Me paro en Harvest moon y sus fotografías de lunas tomadas en el corazón del bosque desde el porche de la granja. Desde la calurosa Unknown legend hasta la mística Natural beauty, este disco transmite un envidiable bienestar. Respira la paz espiritual de quien opta por el retiro, la contemplación y las horas tranquilas llenas de placeres sencillos. Neil no se estancó en la cabaña del bosque y siguió saltando en su caballo loco de la calma a la tralla, de la finura a la fiereza, casi siempre sin caerse de la silla. A mí me sigue llevando en el camino.

jueves, febrero 14, 2008

LIVE IN 50: QUIÉN ME MANDARÍA…

Las ventajas de la tecnología y el progreso nos acercan a lo que nuestros sentidos no alcanzan en vivo y a lo que nuestra economía no permite cuando el deseo de consumo o conocimiento es excesivo. Unos consumen cine en sobredosis, otros consumen sexo a destajo, otros charlan e indagan por doquier en las vidas ajenas para encontrar amigos y sentirse menos solos, otros escuchan la música que no encuentran en las tiendas y al precio que nunca marcan las etiquetas… Dilemas morales al margen, ahora puedo probar aquello de lo que oía hablar, lo que leía y no me daba buena espina, temía y nunca escuchaba. Con el riesgo, probable, de tropezarme con atentados contra lo que yo concibo por música.

No entro tampoco en conceptos etimológicos y técnicos, no quiero que ningún experto me razone las excelencias (¿lógicas?) del ruido que mi oído percibe como una anarquía dolorosa. Simplemente a mí no me entra en la cabeza que los discos que he escuchado (uno ha bastado, a veces dos para corroborar el fiasco) de Pere Ubu, Hüsker Dü, Dinosaur Jr., Johnny Dowd, Pixies, John Zorn o Daniel Johnston gocen de un aprecio crítico que se escapa de mis cabales, si es que me encuentro en ellos.

Mencionar a Sonic Youth ya es una reiteración, aunque me ha divertido que lo hiciera con enojo en una escena el personaje principal de la película Juno.

Virgin Prunes, semilla de U2 a finales de los setenta y escaparate de pruebas de vanguardia de Gavin Friday, amiguísimo de Bono, hacían algo que ya ni el paso del tiempo le encuentra sentido.

Y ahora, por poner un ejemplo reciente, llaman música a lo que perpetran algunos grupos noveles asentados en Brooklyn, Dirty Projectors, por ejemplo, qué tormento.

De Zappa mejor no hablamos, aunque me quito el sombrero, eso sí, ante Hot rats y Over-nite sensation.

Quién me mandaría…

lunes, febrero 11, 2008

GREATEST HITS 38: ANYONE ELSE BUT YOU (Ellen Page y Michael Cera interpretando una version de The Moldy Peaches)

No me va este rollo. Una vez me habló de este grupo una ex compañera muy ‘indie’ pirrada por el cine de Wong Kar Wai a la que sólo le faltaban esas gafas de bordes tan gruesos para completar la modernilla estampa de lo que hoy se conoce como ‘gafapasta’. En fin, que no le hice mucho caso y de Moldy Peaches jamás volví a oír hablar hasta que una de sus integrantes compuso unas cuantas canciones para el film americano Juno (Jason Reitman, 2007). Y como me acaba de venir a la mente el desangelado panorama que presenta este año la edición de los premios Oscar, he preferido recordar la calurosa desnudez que desprende una canción de este grupo en la que hasta ahora es la película más admirable de las cuatro candidatas al premio principal que he visto (a ver si Paul Thomas Anderson no se estrella como en su anterior chiste sin gracia).

Anyone else but you, incluida en el único disco de The Moldy Peaches, acompaña el trailer de la agradable historia que es Juno con las voces de sus dos intérpretes principales y tal como suena al final de la película.

sábado, febrero 09, 2008

VOLUME ONE 116: BRIGHTER THAN CREATION’S DARK (DRIVE-BY TRUCKERS)

Como esas películas que contienen escenas fascinantes e interpretaciones prodigiosas, pero... resbala el conjunto, el ritmo presenta altibajos, descartas metraje y días después ya te has olvidado del argumento o el desenlace (aunque no de esas escenas y protagonistas). A ellas comparo Brighter than creation’s dark (New West, 2008), el octavo disco de los grandes, siguen siendo grandes, Drive-by Truckers. Son músicos de altura, rockeros americanos de cuerpo y alma, los escuderos de Bettye Lavette el año pasado en el fantástico The scene of the crime, con Spooner Oldham ahora en los teclados, uno de esos viejos guerreros a los que los artistas más jóvenes (Cat Power incluida) rejuvenecen ahora.

Cuando canta Patterson Hood se encogen las canciones, estremecidas por su voz rasgada y sus letras nostálgicas (That man I shot, The righteous path o los sutiles temas de apertura y cierre son antológicos). Si es Mike Cooley el que habla se retuerce el acento sureño y el clima se contagia de los Stones tragando cervezas o jugando al billar, aunque si alguna de sus piezas hubiera quedado en el archivo nadie la habría echado en falta. Al chulito Jason, que se ha esfumado y ahora publica en solitario, lo reemplaza la bajista Shona con un par de bonitas melodías también al micro. La steel de John Neff lloriquea que es una pasada. The dirty south (2004) sigue siendo un listón que intima con las nubes. Brighter than creation’s dark, más reposado pero largo (¿por qué no lo dejasteis en trece o catorce temas?) flota en el aire como una ensoñación.

Nota: alta.

viernes, febrero 08, 2008

VOLUME ONE 115: LETTERS FROM SINNERS AND SRANGERS (EILEN JEWELL)

Es inevitable. Meses después, en un nuevo año, llegan a ti algunos discos del año anterior a los que no prestaste atención o de los que simplemente no tenías conocimiento. Y este álbum es un caramelo, aunque no lo sugiera su nada azucarado título, Cartas de pecadores y extraños. Eilen Jewell no es en cambio un caramelo, pero no necesita serlo para que su música tenga el vicio de un dulce que se deshace en el paladar. Jovencita feucha de ojos saltones, del profundo Idaho. Qué bonito, este Letters from sinners and strangers (Signature, 2007).

Ma Rainey o Bessie Smith sacan a pasear sus espíritus en el acento con que esta rubia espigada canta tiernas serenatas casi un siglo después. Y la chica, sin vaciles y con una naturalidad aplastante, se apaña con el blues primitivo de sonido ahora depurado y el folk de antaño con armónica al cuello; le da a los terrenos country y al rock de tintes surferos. De todo un poco en este dulce disco. Sólo el tono plano con que Eilen salta de un escena a otra impide que el disco cale un poco más en nuestro oído.

Nota: 8/10

martes, febrero 05, 2008

BONUS TRACK 40: JAILBREAK (THIN LIZZY)

Me ha entrado la fiebre arqueológica y del archivo de fósiles desentierro unos cuantos discos de Thin Lizzy (¿Eran irlandeses? A U2 les gustaban cuando eran chavales). Aquellas guitarras elásticas de Scott Gorham y Brian Robertson ya no suenan así en ninguna parte. Y nadie en la tierra volverá a cantar, sensual y amenazante al mismo tiempo, como Phil Lynott. Jailbreak (Mercury, 1976) es una de las cumbres de la sensacional banda irlandesa que escuchadas siempre sobrepasan cualquier altura e inyectan de vitalidad la salud moribunda del rock and roll.

Algunas tiendas apartan los discos de Lizzy a la sección de rock duro, cuando la gran mayoría de sus canciones (las de Jailbreak desde luego) reposan sobre los musculosos cimientos de rock fino de riffs poderosos. Y no son Jaibreak o The boys are back in town las que hacen historia, sino esas desconocidas maravillas como Running back, Warriors o Romeo and the lonely girl las que edifican las obras maestras.

VOLUME ONE 114: ANGELS OF DESTRUCTION! (MARAH)

Un poco pesaditos, ¿no? Esto es lo primero que digo y siento al tragarme el nuevo disco de Marah. Serge y David son cachondos y se lo pasan pipa en público. Le meten caña a su alegría musical, al Bruce que llevan dentro, al ligoteo y cerveceo de su rock urbano, más cuidado de lo que parece. Seguro que Angels of destruction! (Yep Roc, 2008) se armó como una construcción de Tente o Lego entre jukebox y partidas de dardos, alcohol y humo a destajo con resacas para la leyenda. Pero es que ese escenario ya me suena de otras fiestas. Si éste fuera el primer o segundo disco de Marah que llegase a mis oídos me habría parecido más espontáneo y fresco, pero llevo tres detrás y un concierto de buen recuerdo a cuestas y ahora Marah ya no me dicen nada. Y no son malos, no, se esfuerzan incluso por rizar sus señas de identidad en la decoración de sus canciones. Sólo que a lo mejor es que les pido algo distinto… ¿o nos vamos a conformar siempre con lo mismo?

Nota: 6/10

domingo, febrero 03, 2008

SOUNDTRACK 56: ELLEN & SAOIRSE

No hace falta rastrear mucho para seguir encontrando rostros bonitos con actrices brillantes detrás. La belleza y el talento no tienen edad.

Ellen Page es un ideal lejano. La lolita homicida de Hard Candy (David Slade, 2005) crece hasta los casi 21 años para seguir siendo una adolescente imprevisible. Como la Juno de Juno (Jason Reitman, 2007), sensible o jocosa, juguetona o irónica, según el momento, con una criatura en el vientre y toda una vida de alegrías por delante. Con poco, Ellen manda: una sonrisa traviesa y los ojos de la hermana pequeña del vecino. Hay actores y actrices que nacen actores y actrices, pues ahí está Ellen.

Saoirse Ronan resiste el pésimo recuerdo que causa el timo de película que es Expiación (Joe Wright, 2007). Toma ya, nominada al Oscar como mejor película, tremendo disparate. Pero Saoirse, con 13 años sólo y en sólo un tercio de metraje, se merienda a todo el reparto. Se dio a conocer como hija de Michelle Pfeiffer en El novio de mi madre (Amy Heckerling, 2006), inquieta y avispada ella, ilusa enamorada de un mocoso y digna ‘versioneadora’ de Alanis. En Expiación es perversa y torpe, la semilla de una tragedia, el peligro de la imaginación. El brillo acuoso de su mirada es la trampa y el encanto. La miras y no piensas en una niña actuando, sino en una pequeña gran actriz.

Ellen y Saoirse están nominadas al Oscar de Hollywood a la mejor actriz y actriz secundaria.