jueves, julio 20, 2017

VOLUME ONE 445: BAREFOOT IN THE HEAD (CHRIS ROBINSON BROTHERHOOD)

Me pregunto si estos tíos viven en una comuna en medio de la naturaleza dedicados todo el día a grabar canciones y guardar improvisaciones, a ensayar y dejarse llevar por el influjo de la música en plena libertad, lejos de los ruidos del mundo urbanizado; quizá se dedican también a cultivar huertos o adecentar los caminos que conducen a sus cabañas, por ejemplo, para llenar el tiempo libre que otorga la paz espiritual. La hermandad de Chris Robinson sigue produciendo a ritmo de dos o tres obras por año. Me confundo ya, no sé qué es oficial, qué es estudio y qué directo, qué es trabajo individual o qué forma parte de una serie de volúmenes. Barefoot in the head (Silver Arrow, 2017) se vende desde hoy, y como toda la obra anterior de Chris Robinson y su cuadrilla desde 2002 contiene piezas muy subrayables. Diría uno que el grupo compone y crea por inercia, pero el caso es que su música suena de lo más seria y trabajada, abierta a que el rock, el blues, el folk, el country, la psicodelia o el boogie fluya por su organismo. Sí, buenas canciones, como en sus discos anteriores, pero demasiado compacta, sin que uno o más temas por separado alcancen la condición de memorables.
 
Nota: 7/10

domingo, julio 16, 2017

GREATEST HITS 196: IN GOD'S COUNTRY (U2)

Puestos a escoger, a extraer placeres supremos entre una cosecha de sublimes regocijos, nos dejaremos vencer por las debilidades, por pequeñas joyas entre grandes tesoros. Apuesto a que muchos, sí, muchos, nos revolcamos en el éxtasis al oír In God's country en mitad de la obra maestra que fue, es y seguirá siendo The Joshua Tree. (Sí, hoy puedo, de nuevo, constatar su grandeza al volver a escuchar el disco de corrido, una obra al que su momento, sus actores y el paso del tiempo en las propias venas de U2 han convertido en un trabajo perfecto). Pues eso, que In God's country y su galopante ritmo todavía nos hacen volver atrás y mirar nuestra vida desde la ventanilla. Así como la veis y oís aquí, un poco primitiva, justo como en aquellos tiempos, nada de revisiones sofisticadas de los días digitales.

jueves, julio 13, 2017

BONUS TRACK 178: NOTHING BUT A BURNING LIGHT (BRUCE COCKBURN)

¿Por qué me apetece compartir y recomendar este disco? Bastaría esta razón: porque está muy bien. ¿Hace falta algo más? No. Bueno, algún argumento más. Porque Bruce Cockburn no ha pasado por este blog y entre su treintena de discos desde 1970 hay un manojo aconsejables que merecen ser recordados y difundidos. Nothing but a burning light (1991) es uno de ellos. Y You've never seen anything o Life short call now, los dos ya en este siglo. T Bone Burnett está en la producción, de guitarras afiladas y entornos nebulosos. Colaboran Booker T., Larry Klein, Jackson Browne, Sam Phillips y Jim Keltner. Cockburn, canadiense bien querido en su país, es una de esas figuras musicales que pasan de incógnito y que conviene no perder de vista, de los que es bueno saber que siguen ahí.

lunes, julio 10, 2017

VOLUME ONE 444: BIG BLUE (GOLD STAR)

Aquí merece la pena detenerse un rato. No por algo en especial, la verdad. Atrae esta imagen: el salón del hogar donde el músico ensaya, quizá de espaldas a la ventana por la que golpea la luz del sol cegador de un día de verano californiano capturado en múltiples gamas de gris. ¿Qué música hay detrás? Gold Star esconde al joven Marlon Rabenreither, compositor de rodaje en escenarios y resacas en Los Ángeles, por donde ha arrastrado con los destellos vaporosos de su voz y su guitarra la melancolía latente de sus canciones. Big blue (Autumn Tone, 2017) es su álbum. ¿Algo inusual, algo atrevido, algo memorable? Nada de lo que ahora podemos decir que perdurará. Pero, en su propia altura y también en sus miradas heredadas, suena muy bien. Folk-rock y todo cuanto lo alimenta. A ver a quién o a quienes os recuerda.


Nota: 7/10

sábado, julio 08, 2017

LOS 40

Todos los días alguien llega a los 40, a los 40 años. Felicidades. Ya has llegado algo lejos, desde luego. Has vivido lo suficiente y de tal manera que sabes si lo que has obtenido hasta ahora te lo has merecido, si el destino ha sido generoso o cabrón contigo, si te ha repartido alegrías y desventuras por igual. Miras atrás y todavía te ves un crío, un mozuelo que aún despierta a la vida; miras adelante y empiezas a trazar en un papel las líneas que construirán el refugio de tu retiro. Ni joven ni mayor, aunque prefieres que alguien en la cola del autobús o de la tienda te vea como un chico y te hundes si un mocoso que no sabe cómo utilizar un bolígrafo te llame señor. Ya casi nada es como antes. Lo que venga no tienes ni idea de cómo será. Deja que venga. 

Lo dicho, felicidades. Y no dejes de poner la música bien alta, dentro o fuera de ti.

martes, julio 04, 2017

BOOTLEG SERIES 56: I BELIEVE TO MY SOUL

Valioso tesoro. Escribe el productor que reunió a estas cinco figuras del soul, Joe Henry, que “este es un nuevo disco de soul hecho al modo clásico, no una recreación de música soul clásica”, que es “música impregnada de tradición interpretada sin ninguna reverencia particular por ella”. En 2005, los cinco pasaron por los estudios Capitol de Los Angeles durante apenas una semana para dedicarse a eso precisamente, a sentir el soul para que emanara de ellos de forma natural y fluidamente apasionada. El resultado fue la primera sesión de una serie que (creo) no se ha alargado desde entonces y que, de haberlo hecho, habría tenido a otros protagonistas.

Billy Preston y Allen Toussaint ya no están entre nosotros, y, si repitiesen, Mavis Staples, Irma Thomas y Ann Peebles tendrían que apoyarse en otros ilustres compañeros. I believe to my soul recoge aquellas grabaciones. Son exquisitas canciones que se reparten las voces principales, aunque prácticamente todos intervienen de algún modo en cada tema. Los brillantes y avezados músicos de sesión que abrigan a los cinco contribuyen a crear una colección deliciosa de finas joyas, música que es freno y relajación frente a los nervios apresurados de nuestros días. Placer.

sábado, julio 01, 2017

VOLUME ONE 443: A MAN APART (BEN OTTEWELL)

Quienes desde hace casi dos décadas hemos seguido los pasos de la banda Gomez, sus singulares travesías musicales que agitan el rock y el blues a través de un retozón filtro indie, hemos visto quizá en Ben Ottewell, uno de sus vocalistas y compositores, a su miembro más destacado. Puede que se deba a su voz granulada de evocación bluesera, la más expresiva y reconocible entre las de los tres cantantes del grupo. Ottewell empezó en 2011 (año, por cierto, del que data el último disco de Gomez) a trabajar sus propias piezas y este año va por su tercer álbum. A man apart (Sunday best, 2017) destapa a un autor más controlado que en su grupo y menos dado a las florituras sonoras, conductor de canciones menos indies y más puramente próximas al rock y al folk. El disco, con un par de cortes muy acertados (Watcher, Steal away), se recibe tan bien como enseguida se olvida.
 
Nota: 6,5/10

viernes, junio 30, 2017

EL BLUES DE LO QUE SOMOS (WHAT WE ARE BLUES)

Hay una brecha que nos ha distanciado, una forma de ser que nos separa y a la vez nos hace muy parecidos. Por eso más allá del tiempo nada se ha estropeado. Un nuevo encuentro es en el fondo motivo de celebración.
 
Cerraron los lugares en los que nos veíamos y hablábamos. Aprendimos a conocernos, a compartir aficiones. A veces añoramos echarnos a la noche como antes, pero nos vence la pereza y otras razones nos reconfortan.
 
Protegemos placeres que son tuyos y míos: tumbarnos alejados del ruido, mirar contornos deslizantes que pasan, guardarnos del resto, estar solos un rato, ser nosotros mismos, nuestra esencia.
 
Nos pusimos al día muy rápido, trozos de conversaciones que en otro momento habrían sido más largas. A unos nos va bien, a otros no tanto. Unos se dejan ver de vez en cuando, otros de casualidad. Todo pasa.
 
Recordaremos el capítulo de un libro, salvaremos una película de entre muchas que hemos enterrado, compararemos a una mujer con un grupo musical. Ahora quizá nos volvamos a ver pronto, o antes.

miércoles, junio 28, 2017

GREATEST HITS 195: NEW YORK (CAT POWER)

Ahora me pregunto qué hace esta mujer, si planea algún vuelo musical más por el camino de lo inesperado o goza de un retiro de ausencia y anonimato. Ah, nos preguntamos esto a menudo de unos pocos músicos que nos gustan sin tener la misma intriga por seres queridos más cercanos. Dos minutos son a veces suficientes y otras veces tan escasos. Así como está, el célebre New York de Sinatra en versión Cat Power concluye tan pronto pero transcurre y culmina tan bien que cunde sin clamar por uno o dos minutos más. Ella se lanza a por la canción como una pantera prudente, gira a su alrededor como si fuera una presa, la acaricia y abriga y luego lanza sus fauces para devorarla.

domingo, junio 25, 2017

BOOTLEG SERIES 55: JEFF TWEEDY ALONE

¿Qué puede ofrecer Jeff Tweedy si por primera vez, tras una extensa carrera al frente de Wilco, firma su primer álbum solo? ¿Se guarda un perfil que todavía no ha mostrado en su banda, un grupo capaz de enseñar precisamente perfiles de lo más variado e inesperado con un catálogo de discos tan completos como difícilmente imitable? Jeff Tweedy (no el fallido capítulo junto a su hijo bajo el nombre Tweedy) graba en Together at last (Anti-, 2017) once temas más bien antiguos (y salvo un par de ellos fuera del grupo de los más reconocibles) de Wilco solo con su voz y con una guitarra acústica; algún leve efecto de eléctrica y una moribunda armónica se dejan oír para embellecer con delicada sutileza (Via Chicago, I am trying to break your heart) un trabajo que al terminar de escucharse aún mantiene tensa la emoción que se proyecta a través del pelo de nuestros brazos o espalda.

Cuesta creer que Tweedy (¿lo reconoceríais entre las sombras si la foto de la cubierta no llevase su nombre?, yo creo que sí) fuera capaz de aventurarse a explorar terrenos novedosos, arriesgados o impredecibles sin sus prodigiosos compañeros de banda. Por eso celebro que se decantara por la desnudez de un repertorio acústico que en sus manos, solo en sus manos, es artesanía de máximo prestigio.

domingo, junio 18, 2017

GREATEST HITS 194: FIND ME A HOME (NATALIE DUNCAN)

Sale Londres por la noche -unos pocos planos y lugares- acompañando esta canción. A uno le apena que hoy la ciudad sea trágica imagen de primera plana, realidad negra y sin razón. Sale Natalie Duncan buscando un hogar en el que estar o al que volver cuando grabó su primer álbum. Escucho de nuevo Devil in me (2012) y me emociona su expansivo escalofrío, cómo te agarra y te mastica su música. Precioso disco con canciones divinas como esta: Find me a home.

Con este tema abrimos otro paréntesis blogero hasta dentro de unos días. Descanso y tranquilidad. Unión.


martes, junio 13, 2017

BOOTLEG SERIES 54: THE MAGPIE SALUTE

Esto va de urracas y cuervos, de cuervos y urracas, no importa cuáles primero. The Magpie Salute (el saludo de las urracas) se crea el año pasado por la reunión del ‘black crowe’ Rich Robinson en un estudio de Woodstock con antiguos compañeros de The Black Crowes y actuales miembros de su grupo. Hasta diez personas se acaban juntando, con los cuervos Marc Ford, Sven Pipien y el fallecido Eddie Harsch. Tocan, ensayan, versionan, componen y graban. Una de esas grabaciones con público deriva en disco, The Magpie Salute (2017), diez cortes que incluyen un tema original muy muy Black Crowes, Omission, y ‘covers’ de Faces, Pink Floyd, Bobby Hutcherson, Delaney and Bonnie y los propios Crowes.
 
Nostalgia o revisión. El resplandor candente o el fuego vivo. Puedes pensar una cosa o la otra al escuchar a The Magpie Salute. Los Crowes parecen seguir volando, sin Chris Robinson pero con el mismo vigor guitarrero. Rich también parece haber querido despertar antiguas sensaciones inmunes al desgaste junto a gente de la que fiarse y con la que perderse en largos temas. La aparición de este supergrupo ha causado gran expectación y pronto se agotaron las entradas para buena parte de los conciertos de la gira que este año les llevará por Europa y numerosas salas de USA. El disco, sin ser puro Black Crowes quiere confundirse con ellos, y se paladea como un sabroso consuelo para quienes no los veremos. Ni a unos ya más ni muy probablemente a otros.

domingo, junio 11, 2017

VOLUME TWO 82: GOV'T MULE

Reencontrarte con algunos músicos es volver a otros días, a otras gentes, a periodos de tu vida que duraron solo un tiempo o siguieron contigo adelante. Gov't Mule me lleva varios años atrás a otras etapas de aprendizaje e indagación musical. Me fui desatándome del grupo, cansado, vencido por el continuo desinterés o movido por la necesidad de seguir abriendo nuevas zanjas en la tierra de mis cultivos sonoros. Ocurre a veces aunque veas que te apartas de músicos enormes, monstruosos. Como Gov't Mule.

Surgieron de su inclusión en la Allman Brother Band a finales de los ochenta: Allen Woody al bajo, Warren Haynes en la guitarra. En el 95, con el baterista Matt Abts, tenían su primer álbum. Un poderoso trío de blues-rock, robusto, intimidante, proclive a alargar los temas y a recrearse en embriagadoras jams. Instrumentistas colosales. Llegaron más discos, el glorioso directo del fin de año del 98 en el Roxy de Atlanta. La muerte de Woody y los volúmenes The Deep End con numerosos bajistas. Hubo más sustitutos con el paso de los años y discos engrasados en los que fueron cabiendo el funk, la psicodelia y el reagge entre los pliegues blueseros de su rock contundente. Me sentía distanciado de ellos, ajeno a climas que me parecían ya pesados, cuando encuentro su último trabajo: Revolution come… revolution go, que grabaron el año pasado y acaban de poner a la venta para reconciliarme con la Mula.

martes, junio 06, 2017

LIVE IN 204: MARC FORD & NEPTUNE BLUES CLUB, A CORUÑA 2017

Desde que abrió en 1999, la sala Mardi Gras de mi ciudad, A Coruña, ha programado 2.000 conciertos. Pop, blues, funk, soul, indie, variedad de fusiones estilísticas y, sobre todo, mucho rock and roll nacional e internacional han sonado en su escenario y hecho sudar las paredes del local, cubiertas por los carteles de muchos de esos bolos. El concierto número 2.000 fue el que la noche del domingo ofreció Marc Ford y dos de los miembros de su banda, la Neptune Blues Club. Fenomenal coincidencia. Velada ideal para quienes hemos disfrutado tanto en la Mardi estos 18 años con grandes conciertos de rock, para quienes ya no nos dejamos ver tanto.

 
Ford ha estado otras dos veces en la ciudad. Esta vez, la primera que lo veo, agitó magistralmente un espumoso cóctel de rock y blues e hizo hervir vibrantes canciones de caldeados ambientes. Marc, más delgado y con aspecto algo frágil, entró en el concierto con parsimonia, manejando habilidoso su ardiente guitarra sobre las envolventes capas rítmicas de sus músicos, y avanzó por densos pasajes instrumentales que combinó con piezas más directas. Por momentos parecían transformarse en los Neil Young y Crazy Horse de las mejores obras de los años setenta tocando temas como Tonight's the night o Cortez the Killer, o los Led Zeppelin que alargaban y retorcían Since I've been loving you o Dazed and confused. El ex ‘black crowe’ demostró su completa destreza como guitarrista rítmico y virtuoso solista, jugando con riffs, ritmos, efectos y lucimientos. Así se trabajó un fantástico concierto que me hacía falta y me sentó muy bien.