sábado, noviembre 18, 2017

LIVE IN 212: EILEN JEWELL, FERROL 2017

El concierto parecía haber acabado, pero nos resistíamos a marchar. Eilen nos invitó a vernos en la “mesa de abajo” para firmar “cualquier cosa” y comprar sus discos. Seguíamos aplaudiéndola y regresó al escenario, ella sola. Se colgó la guitarra de los hombros y la armónica del cuello y nos contó que su hija de 3 años la acompaña de gira, que estaba en ese momento en el hotel con su abuela, quizá durmiendo o quizá no, y que si acaso no lo estaba su madre le cantaría una canción, por si la escuchaba desde lejos y conseguía así dormirse. Y cantó Songbird. Y a mi lado empezaron a caer las lágrimas fáciles de quien a diario me da calor con su sensibilidad. ¿Entiendes cuando te digo que es natural caer enamorado de Eilen Jewell?, le repetí a mi amada acompañante.

Fue éste el colofón dorado a un concierto glorioso. Una vez más. Eilen Jewell, reina del blues, sí, reina poderosa. Confesó que su sueño era grabar un disco de blues, y eso ha hecho en Down hearted blues, colección de temas hundidos en las profundidades de la tierra cultivada por el blues más puro que hay que Eilen y su banda han desenterrado con una magistral revisión. Presentaron el álbum en el Auditorio de Ferrol, pero también volvieron a sus maravillosas obras anteriores, con emocionantes paradas en Boundary County, I’ll remeber you, See of tears, Santa Fe, Warning sings o Needle and thread.

Eilen es maravillosa, repito. Nos cuenta entre el inglés y el castellano por qué le gustan tanto viejos bluesmen y blueswomen que la inspiran, nos habla del lugar donde nació y donde vive, Boise (Idaho), “que sí existe, aunque en Estados Unidos hay gente que cree que no existe”. Y penetra con su exquisito equipo de músicos (ese delicado titán de la guitarra que es Jerry Miller) en el corazón de las viejas canciones tan bien revestidas. Ella misma, auténtica, sin artificios. Con alma de blues. Te queremos Eilen, sentimos al final, después de hablar un minuto en la mesa de abajo y de decirle que ella hace que la música sea más grande de lo que es.

viernes, noviembre 17, 2017

LIVE IN 211: JOANA SERRAT, A CORUÑA 2017



Joana se envuelve en el sonido que escapa de su guitarra acústica y el eco metálico de su voz. Le gusta que salga reverb de las cuerdas y que la música retenga a sus oyentes, dice durante el concierto. “Soy un incordio para los técnicos, lo sé”, confiesa. El caso es que los sesenta o setenta que estábamos en el ciclo Acreativa de Afundación nos sentimos envueltos y abrigados por la paisajística presentación de Dripping Springs, su fenomenal álbum de este año. Digo que fue una actuación paisajística porque las canciones de Joana Serrat transcurren por carreteras infinitas donde no hay marcha atrás, por frondosos bosques donde perderse y perdonarse. Música de entrañas americanas cantada en americano (sic). El Neil Young de cabecera (el de los setenta sobre todo) que tanto la conduce y el cautivador Israel Nash que ha producido su disco. Ella de negro y su hermano Toni en la batería, en la intimidad de un concierto familiar por el que dejarse atrapar.

miércoles, noviembre 15, 2017

SOUNDTRACK 206: OZARK


Sufrir o reír, revolverme de angustia o desarmarme a carcajadas en el asiento. Así me gusta digerir una serie de televisión, así se ganan mi fidelidad. Con Ozark lo paso muy bien con lo mal que lo pasan sus protagonistas principales y con el ritmo asfixiante con que la intriga avanza. Poco margen para la bondad y la decencia hay en esta serie de Netflix en la que los aparentemente buenos tratan de salvar el pellejo por las fechorías que han cometido y los descaradamente malos explotan salvajemente, sin piedad, su brutalidad.


Sur de Missouri. La meseta laberíntica de los Ozark, con sus lagos, montes y desfiladeros, parece el lugar ideal para huir de la vorágine de la ciudad y evadirse solo o con la familia. Según. Allí, con su mujer adúltera y sus hijos, se esconde Marty Byrde, un asesor financiero de Chicago que tendrá que blanquear millones de dólares de un sanguinario cartel mexicano de la droga en tres meses si quiere seguir con vida. Lo que en principio cree un refugio tranquilo, pronto se revela como un lugar siniestro poblado de ambiciosos y patéticos garrulos y controlado por una desalmada familia de criminales. La vida de Marty, perseguido o presionado por los narcos, los paletos y un obsesivo agente del FBI, pende de un fino hilo al comienzo de la serie; con cada episodio, pese a salir con habilidad o por los pelos de los peores apuros, parece caer más hacia el abismo.

Ozark brilla en su detallista guión y en el solvente reparto, con un comedido Jason Bateman a la cabeza, firmante además de cuatro (los dos primeros y los dos últimos) de los diez episodios, y un sorprendente Peter Mullan que transforme su oxidado acento escocés en la terrorífica habla del profundo y sórdido USA. Cuán bajo cae la humanidad.

domingo, noviembre 12, 2017

GREATEST HITS 200: BACK ON TOP (VAN MORRISON)

Este fue el momento: un café de los de antes, mesas de mármol y sillas de madera, amigos que se citan las noches de los viernes para jugar partidas de ajedrez, paredes cubiertas de marcos con fotos y grabados, dibujos e ilustraciones, ruido de hielos en vasos y máquina de hacer cafés, música… de Van Morrison. Back on top fue la primera de muchas, la que me recibió al sentarme con un libro y ponerme a leer dos horas.

Este señor me parece irreal. Un capo de traje impecable protegido por guardaespaldas sin armas que tocan la guitarra, los teclados y el saxofón, un temible hombrecillo que esconde los ojos tras los cristales tintados al que la música le suena perfecta.


miércoles, noviembre 08, 2017

VOLUME TWO 85: MANASSAS


Esto fue irrepetible. Hoy nada suena como aquello sonaba entonces. Instrumentos más sofisticados y tecnologías más cómodas, rápidas y avanzadas no han conseguido transmitir en 45 años una esencia sonora, una sensación de vibración en el aire, como la que salía del primer disco de Manassas.


Fue una unión única, por cuanto en solo dos años un septeto de músicos que orbitaban alrededor de los mismos grupos y estilos (rock, folk, country, blues) se subieron al mismo barco e hicieron andar una banda cuyo sonido propagaba espontaneidad y camaradería. Manassas parecía predestinada a no durar mucho, y así fue. Eran tiempos inestables en las carreteras del rock, cuando el abandono de la inocencia de los años sesenta dio paso a periodos de amargura y las drogas descarriaban a muchos jinetes. Eran músicos que no sabían tener los pies quietos ni un hogar en el que asentarse, que salían de un grupo para unirse a otro o se juntaban y separaban según les apeteciese. Dejaron dos discos al amparo del sello Atlantic, muy bueno el primero, Manassas (1972), olvidable el segundo, Down the road (1973). Como se olvidó también en la memoria, con el paso de los años, aquella banda liderada en gran medida por la ambiciosa presencia de Stephen Stills.


El nombre de Stills, de hecho, predomina en las portadas de los dos álbumes por encima de los del resto de componentes (incluso aparece dos veces). Por entonces el músico estaba a caballo entre CSN&Y y su propia carrera, con dos buenos discos ya a sus espaldas (y a cuya altura no llegarían los que vinieron después). Pero Manassas (Stills y seis músicos próximos) surgió antes de que la formación hiciera una parada en la pequeña estación de ferrocarril de esta localidad de Virginia, en donde se había detenido de gira el grupo y donde posó, con las manos guardadas en los bolsillos de sus abrigos, para la foto de la primera cubierta. Estaba también Chris Hillman, huido de los Byrds. Dallas Taylor y Calvin Samuels, que habían tocado con CSN&Y. Y hombres de sesión como Paul Harris, Joe Lala y Al Perkins, que pasaría por Flying Burrito Brothers e intervendrían en Souther Hillman Furay.


El cruce de estos caminos dio como resultado Manassas, un punto anodino en la geografía USA, un ejemplo de supergrupo efímero cuya herencia ha mojado las alforjas de multitud de forajidos del country-rock.