miércoles, octubre 18, 2017

BONUS TRACK 181: THE LOW SPARK OF HIGH HEELED BOYS (TRAFFIC)

Traffic es un grupo que se me desliza entre los dedos, que en las manos me deja pegados unos pocos granos de arena. Sus discos tardaron en atraerme y una vez digeridos perdieron sabor y recuerdo. Me gustó mucho en su día John Barleycone must die (1970), pero no sabría decir si los demás que he escuchado están a la misma altura. Nunca me pareció una banda fácil, tampoco difícil, pero los teclados y las flautas o clarinetes me desconcertaban o despistaban, por lo que Traffic me resultan duros de masticar. No tuvieron estabilidad: Winwood y Capaldi fueron más leales, los demás entraron y salieron del grupo en pocos años, en los que su música transitó por la psicodelia, el rock, el folk y el pop. En 1971 grabaron The low spark of high heeled boys, su sexto trabajo, de gran éxito en USA, en una fase de la banda en la que Steve Winwood tejía jugosos riffs de guitarras y teclados. Muy agradable retorno a los siempre adictivos primeros años setenta.

domingo, octubre 15, 2017

SOUNDTRACK 205: REDFORD & FONDA

Robert Redford tiene 81 años, Jane Fonda cumplirá 80 en diciembre. Desde hace 51 años han trabajado juntos en 4 películas, la última de este año, Nosotros en la noche (Ritesh Batra); antes fueron pareja en El jinete eléctrico (Sydney Pollack, 1979), Descalzos por el parque (Gene Sacks, 1967) y La jauría humana (Arthur Penn, 1966). Redford y Fonda, estaréis de acuerdo, no son un actor y una actriz cualquiera.

Estrellas de primera fila entre los últimos años sesenta y toda la década de los setenta. Guapos, sexys, grandes intérpretes, prestigiosos, comprometidos. Redford es el actor invisible, el tipo que parece que nunca actúa, que es como son sus personajes y se adapta sin esforzarse y con gran eficacia a cada rol: fugitivo, esquiador, ermitaño, aventurero, ladrón, presidiario, periodista, jugador de baseball… Fonda es fuerte, impone con su mirada, con el vigor elocuente de las mujeres que ha interpretado hasta 1990, prostitutas, periodistas, esposas insatisfechas, hasta que abrió un parón de 15 años de inactividad.


Vi sus películas hace tiempo, en un tiempo de idealismos primitivos en los que creías que los actores eran como los personajes que creaban y sus películas te iban a acompañar siempre. Ahora veo Nosotros en la noche, un título que evoca conversaciones perdidas y momentos únicos, y no puedo evitar entristecerme al ver a este hombre y esta mujer tan mayores (tan guapos entonces, tan arrebatadoramente entrañables hoy y con sus envejecidos rostros retocados) que se citan cada noche para acostarse el uno junto al otro y hablar, simplemente hablar, de cómo han sido sus vidas. Y añoro el valor de las palabras y de las experiencias sencillas.

miércoles, octubre 11, 2017

BOOTLEG SERIES 60: SOUL OF CASH

Hasta hace unos días nunca había oído hablar del músico Brian Owens. Un desconocido total. Vocalista de soul de Ferguson, Missouri, leo. ¿Por qué entonces me decido a descubrir qué hay detrás de Soul of Cash, el título de su último trabajo? Se trata de una inmersión en canciones de Johnny Cash, autor en teoría alejado de las inquietudes musicales de Owens; veamos pues cómo nada Owens por encima de ocho canciones country popularizadas por el hombre de negro a lo largo de su carrera. Lo hace sin ahogarse y con desatada lucidez, apoyado en media docena de músicos. Con lo que nos encontramos con un ejercicio de algo así como transposición de géneros en el que, contra recelos, aparece uno y desaparece otro sin que nada se tuerza ni estropee. Ring of fire, Folsom prison, Walk the line, Long black veil… reinventadas (atrevámonos a decir) como piezas de apariencia nueva barnizadas de soul pero con destellos de blues y rock. Muy buen hallazgo.

martes, octubre 10, 2017

VOLUME TWO 84: AYO.

¿Quién es Ayo.? Ayo. Con un punto junto a la o., más bien justo debajo. Ayo es el nombre musical al que responde Joy Olasunmibo Ogunmakin, alemana nacida en Colonia, de padre nigeriano y madre rumana de etnia gitana, con residencias temporales en París y Londres. Su música obedece a ese cruce de raíces y vínculos y se abre a la convivencia de estilos, del soul al folk, del pop al reggae, con pizcas de blues, sobre la piel de sus canciones. Debutó a los 26 años con el disco Joyful, en el que colaboraba el músico y productor Larry Campbell, al que siguen cuatro más hasta llegar a Ayo. (2017), donde mejor encajan las piezas de ese mestizaje musical y con más emoción se expresa la cantante. Seguramente su trabajo más completo.

Uno llega a músicos de casualidad y por intuición, por una mezcla de ambas. Buscando discos en muebles en tiendas que están muy lejos de casa y con ganas de llevarse algo que difícilmente encuentra en su tienda habitual, da con Ayo. y su peinado afro sentada con un fino vestido morado, y otro año con su rostro en primer plano protegiéndose del sol. O ahora con su nombre titulando su nuevo álbum. Con ella acierta.

jueves, octubre 05, 2017

VOLUME ONE 451: DRIPPING SPRINGS (JOANA SERRAT)

Escuchaba este disco hace unos días por primera vez y me atascaba tratando de precisar a qué o a quién me recordaban las canciones, cuándo había sido antes aprisionado por el eco metálico de sonidos y ambientes muy parecidos a estos. No conseguía hallar la respuesta. En algún lugar de la música americana escuchada en los últimos cuatro o cinco años, me decía, sin dar aún con el nombre y el apellido. Alguien que me había gustado, y mucho, tenía que ser. Pero nada, que no aparecía. Luego leo que Joana Serrat, que el año pasado me agradó con su álbum Cross the verge, grabó este año en Texas Dripping springs (Great Canyon, 2017) junto a Israel Nash. Y ahí está la respuesta, en Israel Nash, que ahora como productor de Joana y prestando en el empeño a los que son sus músicos habituales, consigue aclimatar este disco a los arenosos paisajes psicodélicos que sobresalían de trabajos como Rain plans y Silver season. Guitarras afiladas y las tenues y expresivas voces de Joana traducen esa atmósfera a veces nerviosa a veces fantasmagórica llenándola de temas fascinantes (Come closer, Farewell, Unnamed) que te arrastran por las piernas como fieros remolinos.

No suelo escuchar música de autores españoles (se llamen Joana, Enrique o Xoel y sean de Vic, Zaragoza o A Coruña, cada uno arropado en la bandera universal de la música). Así que comprar música española es un acto que desde hace bastante tiempo se ha convertido en excepcional. Joana Serrat merece bien el gasto.
 
Nota: 8,5/10

miércoles, octubre 04, 2017

BONUS TRACK 180: HARD PROMISES (TOM PETTY & THE HEARTBREAKERS)

En el obituario musical me he decantado por este disco, Hard Promises (1981). Porque es de los pocos en que Tom no posa para la foto (o eso parece), congelado en mitad de una tienda de discos sin mirar a la cámara, con la cabeza girada como si alguien lo llamase desde fuera del encuadre. Porque no quería regresar a un álbum cargado de éxitos o una de las magníficas obras de los últimos veinte años, ni a Mudcrutch ni a los Wilburys, sino a Tom Petty y a sus chicos, los Heartbreakers. Porque mi hermano se acordó de mí un año y me lo regaló tras estar unos días en Portugal. Son tres buenas razones.

Y porque en Hard promises se imponen canciones secundarias como A woman in love, Something big o Letting you go, aunque patinen los dos temas en los que invita a cantar a Stevie Nicks. Porque el disco desprende la frescura juvenil de sus predecesores y anticipa la intachable calidad de los sucesivos. Porque cualquier álbum de los suyos sirve para recordar que aquel chico que anhelaba triunfar con una banda de rock and roll conquistó el cielo de sus sueños y nuestros corazones en todos estos años. Siempre grande.

martes, octubre 03, 2017

LIVE IN 209: ESTUVIMOS CONTIGO

Se van como todos, aunque nos negamos a asumirlo. No tiene cura, es lo que hay, y no hay más. Los lloramos a nuestra manera, como a los amigos de siempre y a la familia íntima. Se van. Como se irán algún día Jagger y Richards, y Ronnie y Charlie, y…

Caminaba despacio con el perro a mi izquierda y no era consciente de adónde lo llevaba o adónde me dirigía. Pensaba en Tom Petty, un tipo al que nunca he conocido, un músico al que he conocido toda la vida. Y pensaba en los suyos, en Mike y en Benmont, sobre todo, comenzando a añorarle…

De Tom siempre me he fiado, ¿verdad? Le perdonamos sus discos más flojos, que son pocos, porque los demás son demasiado buenos, demasiado. Y de aquí y de allá empiezas a coger canciones y te salen unas cuantas perfectas. Bendito sea el rock and roll, y te arrodillas…

Walls, The Refugee, American girl, Running down a dream, I won’t back down, Crawling back to you, You got lucky, The waiting, The last DJ, Running man’s Bible, Square one, Learning to fly, The trip to pirate’s cove, Rhino skin, Room at the top, Mary’s last dance...

Nos queda algo que nunca se marcha, su música. Y a mí, a nosotros, aquella noche de junio en la Isla de Wight. Él allá a lo lejos, y los Heartbreakers, sonando a gloria. Nosotros juntos abajo viviendo nuestra gran noche, uno de esos momentos que valen una vida. Hasta siempre amigo.

domingo, octubre 01, 2017

GREATEST HITS 199: USED TO RULE THE WORLD (BONNIE RAITT)

En este momento, tras la crispación y la furia, tras la violencia y la trampa, en el remolino del caos y la insensatez que a unos y a otros ciega, solo me apetecía escuchar una buena canción, una canción buena de verdad. Pero buena sin ambages, directa, buena por naturaleza, buena en alguien que es bueno (o buena) de autenticidad. Busqué a alguien de quien no suela acordarme, a quien poco acuda, pero que al hacerlo me demuestre, así como quien no quiere, que es buena entre las mejores. Así empezaba el gran álbum que es Slipstream, de Bonnie Raitt. Para quien no sabe cómo acostumbrarse a gobernar.

martes, septiembre 26, 2017

BONUS TRACK 179: THEIR SATANIC MAJESTIES REQUEST (THE ROLLING STONES)

Esta es una cagada musical de las grandes, de las que peor huelen. Viniendo de quien viene, caben valoraciones profundas y rigurosamente contextualizadas, análisis ricos en historias e intrahistorias de la banda y divagaciones contraculturales. Todo lo que uno quiera tratándose de un grupo que no es un grupo cualquiera y de un momento en el que la música tenía una vinculación con su entorno y su época mucho más directa y relevante que en casi ningún otro momento de las últimas seis o siete décadas.
 
Qué paradójico que la diabólica denominación con que tantas veces se ha introducido a los Stones proceda del título de este álbum, Their Satanic Majesties Request (1967), el peor de los discos con diferencia de sus majestades satánicas, la mejor banda de todas. La primera vez que lo escuché me pareció intragable, doliente, un pastiche sin rumbo ni gracia. Muchos años después, ahora, y no con la excusa de que se cumplan 50 años de su grabación, no mejora mi apreciación.
 
Uno ha leído y escuchado mucho, y sabe que esta obra, en la efervescencia del hipismo y la psicodelia y con la experimentación musical abierta a cualquier frivolidad, fue la respuesta que The Rolling Stones dio al Sgt. Pepper de The Beatles, otro fiasco que el paso del tiempo tampoco consigue mejorar. Their Satanic…, donde más presencia tiene el cuestionado talento desbordado de Brian Jones y apenas asoma la personalidad de Keith Richards, no se sostiene en modo alguno. Efectos de sintetizador, marimbas, melotrones, orquestaciones, fragmentos hablados de documentos sonoros y canciones deficientes estropean un disco indigno de los Stones más desorientados.

domingo, septiembre 24, 2017

LIVE IN 208: VAN Y EL BLUES

Tomo prestada esta frase de la reseña de su último disco en Allmusic, firmada por Thom Jurek: “Revisita sus raíces sin nostalgia ni manifiesta reverencia. Para él (Van Morrison), estas canciones son tan vitales e importantes como sus propias canciones”
 

Es lo que siento yo también, esto que él transmite, al escuchar el blues penetrante que recorre y empapa casi todo el álbum Roll with the punches (2017). Otro más, otro disco de Van Morrison, así de sopetón, el número treinta y tantos de su infatigable carrera. Diez versiones de temas blues muy de Chicago (Doc Pomus, Count Basie, Mose Allison) y otros cinco nuevos recién compuestos. Música vibrante con la esencia espontánea de una actuación en directo encerrada en el recogimiento de un estudio. Con Van the Man y unos cuantos amigos a los que deja compartir canciones. Otra bienvenida.

En toda su obra el blues tiene un peso bastante dominante, aunque convivan en un mismo álbum aromas folk, brisas jazz, rugidos soul y silbidos célticos. Desde TB sheets hasta Down the road, de Too long in exile a What’s wrong with this picture?, unas veces fiero hasta las entrañas de la canción y otras sutil sobre su piel. Su ADN blues no se manifiesta con tanta simpleza como conectar el piloto automático para cabalgar sobre los ritmos, las estructuras y los mensajes que brotan del blues; creo que el blues, deslizante como un hilo, convierte la obra de Van Morrison en un valioso legado donde todos los géneros se agitan y se entienden para crear una obra, en su conjunto, magistral.

jueves, septiembre 21, 2017

GREATEST HITS 198: AMERICAN PIE (DON McLEAN)

Este es un pequeño viaje al pasado, a la radio y a los casetes.

Esta canción me paralizaba, en cuanto empezaba a sonar no podía dejar de escucharla, una y otra vez. “Bye bye Miss American Pie…” La pinchaba Radio 80 día y noche, un tema de los setenta, de 1971, de un tal Don McLean, uno de esos músicos a los que siempre recordaremos por una canción, por ninguna más de sus pocos o muchos discos que hayan grabado; de los que en nuestra vida solo escucharemos una canción y quizá solo un disco de los pocos o muchos que haya grabado. Sonaba por la radio American Pie, y yo, después de tantas veces que la oía y de tanto que me gustaba, la grabé y saqué la letra. Entonces, sin el disco en las manos, no había lugar donde buscar lo que contaba, así que con los botones del play y del pause fui escribiendo los versos uno a uno hasta completarla en un folio, hasta seguirla mientras volvía a escucharla y me la aprendía casi de memoria. “El día que la música murió”, decía Don McLean recordando aquel accidente de avión que mataba a Buddy Holly y Ritchie Valens.

El rock and roll y sus mitos, sus leyendas, su cultura… Ahí quedó guardada American Pie, la canción, en un cálido rincón de la memoria, ni siquiera revivida con una saga de comedias juveniles americanas de cine. Hasta que esta tarde sonó en una emisora de radio y por unos minutos volví a nadar por sus versos sin olvidarme de dar brazadas, avanzando por sus olas y disfrutando del mar. “Bye bye Miss American Pie...”.

Podría buscar la canción para que fuera más fácil escucharla de nuevo, pero siento que si lo hiciera traicionaría el espíritu de este recuerdo, de aquellas vivencias.

martes, septiembre 19, 2017

LIVE IN 207: BLUES FOR EILEN

Eilen nos invita a un viaje por el blues, por el blues clásico y polvoriento, el lamento nostálgico de la carretera, la música de la soledad y los años de la depresión. Eilen coge a Willie Dixon, Bessie Smith, Betty James, Memphis Minnie y unos cuantos bluesmen/blueswomen menos conocidos para convertirlos/convertirlas en ella misma, en la maravillosa Eilen Jewell. Su sexto álbum, Down hearted blues, está al caer. Es maravilloso. En noviembre la tendremos seis días enEspaña. Te esperamos.

viernes, septiembre 15, 2017

VOLUME ONE 450: GRACE (LIZZ WRIGHT)


A Lizz Wright la conocí en un café, aquel en el que durante varios años tomaba el café con leche mañanas y tardes antes de entrar en el trabajo. Me acariciaban de fondo, entre sorbos y los periódicos del día, la voz cálida y relajada de Lizz y el exquisito ropaje sonoro que cubría el disco Dreaming wide awake, con sensuales versiones de Neil Young o The Youngbloods producidas por Craig Street (Cassandra Wilson, Norah Jones), un álbum que poco después compré. Era el año 2005. Lizz tenía un álbum previo y luego grabó tres más, cada uno no tan logrado como el anterior, olvidables. Ahora acaba de terminar uno más, Grace (Concord, 2017), tan bello como el disco con el que un día la conocí, agraciado por la firmeza de la madurez de la artista y de otro experto e infalible productor.


Parece ser que Joe Henry le presentó unas 70 canciones de distintas épocas y estilos a Lizz Wright que pensó que le servirían para canalizar la experiencia de haber hecho un viaje por el sur de los Estados Unidos, una suerte de viaje interior con el que reforzar la conciencia histórica y social. Nueve de los diez temas de Grace son versiones escogidas por ella (nada de piezas reconocibles, algunas son recientes canciones de autores poco conocidos) y en prácticamente todos y en el que es original conviven en armonía, con elegancia sofisticada y pureza auténtica, los géneros en los que durante su carrera han reposado las voces siempre templadas de la cantante de Georgia: el folk, el blues, el jazz y el gospel. Conjuntar climas con tanta delicadeza como pasión es un alto logro, una conquista de este hermoso álbum.


Nota: 8,5/10

miércoles, septiembre 13, 2017

LIVE IN 206: AGOTADOS

En más de una ocasión este año, al escuchar el último disco grabado por ciertos músicos y grupos musicales a los que suelo dedicar distinto grado de interés, la primera impresión que me han causado es la de creer firmemente que su música está agotada, estancada. Que tras una trayectoria en general larga (también las hay cortas), en la que son más los trabajos elogiosos que los fallidos, ya no tienen más que decir, que han perdido toda trascendencia y poder de atracción y no importan nada. Son casos diferentes de agotamiento, que se pueden deber a la repetición de fórmulas, a no saber adaptarse a pequeños o grandes cambios, a riesgos a destiempo que no encuentran la dirección, a la pérdida de inspiración, talento o incluso ilusión, a no dominar su propia música, a perder la capacidad de hacer buenas canciones. Puede ser una enfermedad pasajera o puede ser un mal ya incurable.
 
Hay casos en los que la decepción o la indiferencia provocada por esos discos recientes no me afecta ni me preocupa en absoluto, pero hay otros casos en los que el desgaste que deriva en mediocridad me duele un poco más y me da pena que un músico o una banda que en otro tiempo me gustaron ahora me parezcan tan anodinos. Pongo ejemplos.
 
Queens of the Stone Age. Foo Fighters. Tori Amos. Arcade Fire. Chuck Prophet. Ray Davies. Fleet Foxes. Joaquín Sabina. Pretenders. Los sigo escuchando porque creo que aún desprenden rayos de expectación, una fiabilidad cada vez más débil y lejanas huellas de calidad, pero lo que me encuentro es espesura siniestra, griterío insípido, vacío de emociones en envoltorios satinados y canciones insulsas que no transmiten nada.
 
Dejo para el final a U2. Hasta diciembre no publicará su nuevo álbum, pero los dos adelantos presentados no auguran nada digno, nada bueno. Esto me causa más lástima porque no puedo evitar al niño y al joven que creció agradeciendo al grupo que le enseñase a amar la música… y todo lo demás.