miércoles, diciembre 13, 2017

BONUS TRACK 185: BARE TREES (FLEETWOOD MAC)

Después del blues y antes del pop, después de Peter Green y antes de la llegada de Buckingham y Nicks, Fleetwood Mac tuvieron una transición musical de apariencia tranquila, con unos álbumes de comienzos de los setenta que iban dejando atrás las esencias sudorosas del blues británico y divisando los seductores horizontes del accesible pop-rock en los que el grupo se acomodó desde mediados de la década. Bare Trees (1972) es uno de esos discos intermedios poco recordados que merecen la reivindicación de aquellos oyentes que ni habían caído fascinados por la tradición blusera ni después fueron hechizados por las limpias fragancias de un grupo que se hartó de vender obras que convirtieron a sus miembros en millonarios y los enredaron en un laberinto de conflictos internos. Los Mac de este disco cabalgan por espacios abiertos de boogie rock empañado de psicodelia en un medio camino que, por desgracia, duró poco.

domingo, diciembre 10, 2017

VOLUME TWO 86: REM Y LOS ANIVERSARIOS

¿Qué motivos justifican la reedición de un disco 25 años después de su publicación? ¿Se trata de una obra extraordinaria que debe o merece ser recordada y recuperada cada cierto tiempo especial? ¿Por la nostalgia que trae el cuarto de siglo más viejos que somos todos, que es más tiempo que una década y bastante menos que cincuenta años? ¿O la necesidad de hacer caja e inyectar liquidez a la cuenta corriente del músico? Valen estos argumentos, y habrá más. De aniversario, con su correspondiente reedición y remasterización ampliada, está Automatic for the people, grabado en 1992 por REM, justo después del superventas Out of time que sacó a la banda de Athens del culto de los círculos universitarios y la convirtió en un conjunto con estatus de primera categoría. Stipe y compañía ya tenían siete discos y luego harían otros siete hasta su disolución en 2011.

La curiosidad de volver a escuchar este álbum, una obra tirando a aburrida (no aguanto Everybody hurts), me hace reflexionar un rato sobre los propios REM, una banda de elevado reconocimiento y que, sinceramente, con el curso de la música pop en las últimas dos décadas y el paso de las generaciones, no creo que se la eche mucho de menos. Dudo que en una reunión de antiguos alumnos de la universidad a alguno le entraran hoy las ganas de pinchar sus discos para ponerse a brincar con Shiny happy people o The one I love. REM nunca me han dicho gran cosa. Me gustan Monster y New adventures in Hi-Fi, además del exitoso Out of time, y en cada álbum hay uno o dos golpes fuertes nada más entre un conjunto irregular y olvidable. No es que me cayeran bien, tampoco mal. Su música hizo burbujas durante un tiempo y se fue desintegrando. Que pusieran fin a su larga carrera creo que fue un acertado paso para ellos mismos. Y me pregunto por qué diablos tengo un puñado de sus discos.

SOUNDTRACK 207: SICARIOS / HIRED GUN

Nunca te van a despedir. Te dirán que prescinden de ti para el siguiente trabajo”.

Los sicarios de la música, esos guitarristas, bajistas, teclistas y bateristas contratados para ejercer como músicos de sesión en la grabación de un disco o para acompañar a un músico solista en giras o en las propias grabaciones de sus trabajos, merecen un poco de protagonismo. Lo defienden como actores principales en documentales estimables como The wrecking crew! (Denny Tedesco, 2008), Muscle Shoals (Greg Camalier, 2013) y Hired gun (Fran Strine, 2016), recomendables los tres para pasearse por los bastidores del espectáculo y la industria musical, por la cara B del éxito y la fachada del rock and roll. Sin esos anónimos las estrellas no llegarían tan lejos.

Hired gun pasa por las vidas y trabajos de unos cuantos sicarios musicales que vuelven a sus orígenes, desnudan sus pasiones, bucean en anécdotas y se entregan a su oficio desde la segunda y la tercera fila. Son pocos y no realmente legendarios, pero sus ejemplos valdrían para muchos otros. De Billy Joel (a la postre, el peor parado de los testimonios) y su banda a Alice Cooper y sus soldados. De Metallica a Nine Inch Nails. De Kenny Aronoff a Steve Lakather. De Bob Ezrin a Rob Zombie. Un lado velado, pero también apasionante, del rock and roll.

jueves, diciembre 07, 2017

VOLUME ONE 456: EL PACTO (LUIS MORO)

Este hombre serio que escruta algo impreciso o se busca a sí mismo en el margen izquierdo de la cubierta es Luis Moro, músico tenaz y sesudo al que este blog siempre ha seguido con íntimo aprecio y oído crítico. Vuelve a hacerlo a propósito de El pacto, su sexto trabajo discográfico, otra obra obcecada y profunda que reafirma la constante inquietud creativa del músico coruñés, una esponja que absorbe esencias de grandes autores del rock y el folk para extraer siempre agua limpia de ellas, de naturaleza propia, de personalidad auténtica. Se agradece esa seguridad. Pregunten a qué suena Luis Moro y le dirán, tras descartar comparaciones, que suena “a Luis Moro”.
 
 
No me parece El pacto (Laboratorio Azul, 2017) su mejor álbum, aunque, como en todos los trabajos del autor, contiene elementos virtuosos que refuerzan la coherencia de su trayectoria. En su colección de virtudes, el disco va un paso más allá que su anterior obra, Cielo color burdeos, al definir con nuevos trazos los perfiles de canciones en las que entran nuevos recursos instrumentales de la mano del personal que se suma en el viaje a su Tribeca's Band. La música de Luis persigue la estimulación, quiere ser vivida, y eso lo consigue con canciones de fabricación precisa y ecos emotivos como Minibar, minibar, Budapest o la preciosa Lulú, que comparte voz con Lucía Rolle, colaboradora de toda la vida.

Pero en el apartado de puntos débiles no se debe pasar por alto la tendencia a dejarse aletargar con canciones densas que confieren al conjunto una sobrecarga de melancolía que hacen que el disco se vaya apagando, sobre todo por culpa de una muy confesional y excesivamente larga pieza, Apolo desolación, el único momento en el que el álbum roza una pretenciosidad que no casa y no conviene a la música de Luis Moro. Por fortuna (y a pesar de las dudas constantes con las que el autor nos insistió), Lulú logra a continuación despedir el disco con un inmejorable sabor de boca.
 
Te seguimos animando, maestro, muy pocos hay como tú que peleen valientes con esto de la música.
 
Nota: 7/10

miércoles, diciembre 06, 2017

LIVE IN 213: EL TRISTE OCASO DE U2

Bajo este título que encabezaría un reportaje en la prensa, este post contiene un estado de ánimo que combina el enfado con la tristeza: por la decepción que supone escuchar a una banda que durante muchos años fue musicalmente grande, admirable y respetada, y que ahora se ha olvidado por completo de componer e interpretar buenas canciones; por constatar la mediocridad de sus últimos temas (y álbumes, en general) y la irrelevancia en la que se está ahogando un grupo con el que yo (y sé que también muchísimos) crecí y aprendí a amar la música. Toda pasa, todo acaba.
 
Valdrían otros titulares parecidos, otras ideas que ensucian el estado actual del grupo irlandés, una banda que hoy, cuatro décadas después de haber nacido en una modesta escuela de Dublín, parece no darse cuenta de que la grandilocuencia de la que es incapaz de desprenderse es un inconveniente recurso de la experiencia que neutraliza el talento y no ayuda a conservar la respetabilidad.

U2 están acabados. De la gloria al hundimiento. ¿U2 o Coldplay? ¡Qué malo es el último disco de U2!
 
Sí, porque toda esta rabia y frustración se deben a las muy decepcionantes sensaciones que provoca Songs of experience, la continuación del más que decente Songs of innocence de hace tres años. Solo un tema realmente enérgico y pegadizo, American soul, resalta de tan bueno que es en un conjunto de canciones deslucidas, sin fuerza ni espíritu. Bono ha perdido sus aptitudes como vocalista de manera alarmante y resulta irritante que en casi todas las canciones tengan que ocultar sus limitaciones su propia voz haciendo coros o la de The Edge como apoyo. El guitarrista se pierde en más de una ocasión en sus blandos sonidos característicos sin mucho tino. Y la banda se acomoda reconvertida en los peores imitadores de Coldplay sin tener claro a quién se dirige, si a nuevos fans conformistas o a viejos seguidores escépticos a los que tratar de retener.

¡Por dios, que este grupo grabó War, The Joshua Tree, Rattle & Hum y Achtung Baby! Ahora no es siquiera una caricatura de sí mismo, que tendría más gracia, sino cuatro tipos vacíos que llevan 40 años (demasiado tiempo) juntos. Una indigna supervivencia. Una pena grande.

viernes, diciembre 01, 2017

BONUS TRACK 184: A.M. (WILCO)



Antes de que Wilco se convirtieran en marca, en un sello avalado con prestigio por su afán de experimentación en las tolerantes parcelas rockeras… antes de que en su seno entraran el malogrado Jay Bennett para crear nuevas texturas sonoras y el retorcido guitarrista que es Nels Cline para extraer florituras de su instrumento, la banda de Chicago era un sólido pilar del sonido y estilo americana, esa actualización de esencias country y folk espolvoreadas por el rock. Por eso su primer álbum (y también el segundo) nos revelan a un grupo muy apegado a su tradición de country-rock americano. A.M. (1995), que se acaba de reeditar y remasterizar, fue el debut discográfico de Wilco, un año después de la abrupta disolución de Uncle Tupelo, donde habían crecido Jeff Tweedy y John Stirratt. A.M., recuperado ahora en los auriculares, me suena luminoso, con el paso firme, complaciente con las audiencias originales de Uncle Tupelo y con ligeros destellos de atrevimiento que serían más frecuentes en Wilco unos pocos discos después. Además, el álbum guarda una de las joyas más valiosas de la cosecha Tweedy, Should’ve been in love.

jueves, noviembre 30, 2017

GREATEST HITS 201: HANDYMAN BLUES (BILLY BRAGG)


Me quedo con las canciones sencillas y las letras directas, sin curvas hacia el corazón. No estoy para rodeos con adornos ni metáforas complicadas. Me cansa la música, sí, a veces, pero no puede desengancharme. Entonces descanso en temas como este, ideal en la proletaria lírica combativa de Billy Bragg. El blues del empleado de mantenimiento, que aparece en el álbum Tooth & Nail.

Nunca voy a ser el empleado de mantenimiento a mano que mi padre fue / así que no me pidas que te cuelga el riel de una cortina / porque el negocio de los destornilladores me tiene confundido / me lleva media hora cambiar un fusible / y cuando enciendo el interruptor las luces se funden / No soy tu empleado de mantenimiento // No esperes de mí que monte una estantería o construya un cobertizo / pero en vez de eso puedo escribir una canción que le cuente al mundo cuánto te quiero / En absoluto soy bueno en cerámica (pottery) pero perdamos una ‘t’ y cambiemos de lugar la ‘e’ / y encontraré un modo de que mi poesía (poetry) construya un tejado para ti / No soy tu empleado de mantenimiento // Sé que parece que estoy leyendo las noticias / pero estas ideas las convertiré en polvo dorado más tarde / porque soy un escritor, no un decorador

domingo, noviembre 26, 2017

MEJOR LIAM QUE NOEL

Puestos a puntuar, ahora que con un mes de diferencia tienen disco nuevo fuera y ¿lejos? de Oasis, Noel no alcanza el aprobado, le llega un 4,5, y a Liam un 7 le queda grande y un 6 quizá es escaso. Ninguno desentierra a su banda: puede que Liam tenga más añoranza y se le cuelen ráfagas del pasado en algunos cortes de As you were, su primera firma tras el aceptable proyecto Beady Eye; a Noel, ya por el tercero de su cosecha con High Flying Birds, le mola más aparentar que aquel pasado es difícil de recuperar y en Who built the moon? se embarca en un viaje psicodélico glamuroso con demasiado ruido de fondo. Lo dice alguien al que los hermanos Gallagher apenas le dejaron huella en su juventud, pero al que aún le gusta enchufarse con sus guitarras y melodías cuando las escucha por ahí.

BONUS TRACK 183: DESPERADO (EAGLES)

Con los Eagles nunca he logrado sintonizar sin interferencias. Buenas canciones han compuesto, algunas con trazo para perdurar a través de generaciones, pero sus discos no llegan a ser redondos, les faltan uno o dos ingredientes para obtener la pócima infalible. Sus miembros funcionaban muy bien juntos (hasta que empezaron a maltratarse) pero por separado ni Frey, ni Henley ni Walsh dejaron trabajos destacables. El éxito de casi toda una década, los setenta, les hizo millonarios; aburridos, tuvieron un inservible reencuentro muchos años después. Desperado (1973) es mi disco preferido del grupo en aquellos diez años. Los cuatro forajidos, desafiantes en la cubierta y abatidos en la contraportada, pasaron por el engrase londinense de Glyn Johns, que extrajo de los californianos un sonido menos soleado que el de su debut del año anterior, más crepuscular. Doolin-Dalton siempre me emocionó y lo sigue haciendo, y volver a escuchar el álbum tras un largo olvido me destapa grandes temas que antes no me lo parecían, como Outlaw man o Bitter Creek.

martes, noviembre 21, 2017

VOLUME ONE 455: IF ALL I WAS WAS BLACK (MAVIS STAPLES)



El invierno de Mavis Staples, a sus 78 años y todavía activa en el estudio y en la carretera, encuentra en Jeff Tweedy a un idóneo compañero. En los tres álbumes que han grabado juntos Jeff ha rejuvenecido a Mavis, descartando arrugas, voces gastadas y climas crepusculares y resaltando la cercanía tranquila de la intérprete. If all I was was black (Anti-, 2017), la tercera de estas atractivas obras producida por el líder de Wilco tras una colaboración intermedia también notable con M Ward, tiene la apariencia de un álbum pequeño elaborado sin mucho esfuerzo, en el que sus detalles menores (un par de acordes, voces de fondo, un breve punteo de guitarra) revelan resultados mayores. Más que en You are not alone (2010) y One true vine (2013), el (por ahora) cierre de esta trilogía Staples-Tweedy guarda chasquidos guitarreros en los que solo parecen faltar los latigazos de Nels Cline para hacernos creer que Mavis canta como invitada en un tema de Wilco que se combinan de armoniosa forma con eficaces piezas que nos devuelven aires del soul más elegante de los años sesenta. Con el mismo grupo de instrumentistas y voces reunidos, el tándem intergeneracional deleita con placeres sencillos.


Nota: 8/10