viernes, diciembre 02, 2016

VOLUME ONE 422: BLUE & LONESOME (THE ROLLING STONES)

Me apreté primero, me solté después. Parálisis ahora, agitación después. Silencio, hoy los maestros reviven las lecciones que aprendieron ayer. Tarde es nunca.

Un disco de los Stones no se despacha a la ligera, no. Y su escucha no se acaba a los 40 minutos, tampoco. Han vuelto al estudio, no con el primer material nuevo en más de diez años que se preveía iban a grabar, sino con versiones de viejos autores de blues de segunda línea pero primera división (Howlin' Wolf, Willie Dixon, Little Walter, Memphis Slim, Jimmy Reed). Escuchar a la banda más grande del mundo, esa en la que sus cuatro miembros suman 289 años y que todavía seguirá sobre un escenario cuando hayamos muerto, es una experiencia incomparable. Aún.
 
Dicen que Mick, Keith, Ron y Charlie querían grabar algo nuevo, pero dieron marcha atrás y regresaron a la música vieja. Parece que no se sentían inspirados para otro A bigger bang (2005), que les dio un ataque de nostalgia y quisieron mejor creer que no habían pasado más de cincuenta años. En solo tres días grabaron en los estudios de Mark Knopfler en Londres, donde coincidieron con Eric Clapton, al que reclutaron para un par de temas.
 
Blue & Lonesome (Polydor, 2016) es blanco y negro, es humo de cigarrillos, es dolor y soledad, es blues que en la era desbordante de la tecnología suena primitivo. Siéntelo. Así es, suena a polvo, crudo, con las guitarras arañadas y la armónica arrastrada. Sucio, ruidoso, pero sudoroso y pasional. Porque Jagger, triunfal, canta e interpreta como un ciclón. Estos señores tan mayores han parado el tiempo un momento. Yo también me detengo.

Nota: 8/10

lunes, noviembre 28, 2016

VOLUME ONE 421: RICH MAN (DOYLE BRAMHALL II)

Su nombre aparece en los créditos de discos de Clapton, de la Tedeschi Trucks Band, de Sheryl Crow, Elton John, Bettye LaVette, Gregg Allman y los hermanos Vaughan entre otros. Con esta hoja de servicios no cabe dudar de sus garantías. Lleva con la guitarra encima desde que era un crío, rasgándola con la mano izquierda. A los 25 formó parte de Arc Angels, aquella estupenda banda de su Austin natal junto a Charlie Sexton, otro escudero precoz. El blues corre por su sangre, pero en el cuerpo se bate con el rock a mandíbula batiente, como demuestra su tardío regreso con un disco en solitario. Solo cuatro ha grabado Doyle Bramhall II desde 1996, y este Rich man (Concord Records, 2016) es fabuloso. De brochazos estilizadas y crujientes guitarras; un lienzo exquisito de canciones para enmarcar (Hands up, Rich man, The Samanas) en las mejoras habitaciones de casa.


Nota: 8/10

DYLAN, SHEPARD Y LA POESÍA

“Resulta irreal pensar de cualquier sitio que es permanente una vez que el movimiento ha echado raíces como modo de vida”.

Este blog evita por ahora entrar en el debate que suscita la elección de Bob Dylan como premio Nobel de Literatura. Hablar sobre ello y compartir o enfrentar posturas merecería un escenario relajado y apropiado, acompañado de la música precisa a volumen apaciguador mientras anochece y lejos del ruido. Tan solo esto: si un poeta con sus obras impresas y el reconocimiento de sus lectores y otros autores recita sus versos ante una audiencia con el único instrumento de su voz y es capaz de conmover con su habla, su entonación y su interpretación, entonces un músico igualmente reconocido que hace lo mismo con sus propios versos, su voz y sus instrumentos, parece digno de ser apreciado con las distinciones mayores que entronan la Literatura.


“Su misma identidad es un misterio, fuerza que la pregunta 'quién es él' pase a 'qué es él'. ¿Qué es este entorno extraño, embrujado, que crea sobre el escenario, en los discos, en el cine, en todo lo que toca?”.
“¿Cómo se convierten las imágenes en palabras? ¿O cómo se convierten las palabras en imágenes? ¿Y cómo logran hacer que sientas cosas? Es un milagro”.
“Fue el propio Allen (Ginsberg) el que empezó en la prensa con ese tema de que Dylan fue el primero en llevar la poesía a la máquina de discos. Supongo que quería referirse al sentido de la poesía como ampliación a través de la conciencia a través de la canción o algo así”.
“No hay modo de alabar adecuadamente ni con precisión a Bob Dylan”.

Los entrecomillados en cursiva pertenecen al libro Rolling Thunder: con Bob Dylan en la carretera, escrito en 1975 por Sam Shepard y publicado en 1977. La última frase es de T-Bone Burnett en el prólogo del mismo libro.

sábado, noviembre 26, 2016

LIVE IN 197: QUIQUE GONZÁLEZ, A CORUÑA 2016

Buen rollo con Quique. Es lo que uno siente al verlo metido en sus canciones, o arrojado a su dedicación sobre el escenario, o respaldado por su banda, o en la sencilla manera de pronunciar unas palabras al público. Buen concierto de Quique González anoche en su gira con Los Detectives de paso por la ciudad. El directo ensalza las virtudes de los músicos de fe.

 
Vuelvo a creer que a Quique (eficaz, íntimo e intenso, nada que reprochar) lo noto falto del golpe de gracia que descubre a los autores extraordinarios, sin la tecla que hace que te descoloques escuchando un disco o te haga volar un rato viéndolo en vivo. No es una mancha, en absoluto, no castiga a un tipo que sabe ser sí mismo y de paso recordarte a Tom Petty o The Band cuando vibran algunas de sus canciones.

Al bolo de ayer le falló solo algún bajón de ritmo, una caída menor que no estropeó las gratas sensaciones que causan los temas de su último álbum, Me mata si me necesitas, o las piezas rescatadas de Salitre. También crecieron Vidas cruzadas y Kamikazes enamorados en momentos de éxtasis.

 
Nota al margen: actuaciones como las que pueda dar Quique González se disfrutan más en el calor recogido de un teatro, pero esta vez nos tuvimos que conformar con el horario serio en el que una gran discoteca se convierte en una sala de conciertos, lo que obliga a armarse de paciencia para desviar demasiado la cabeza y que los móviles levantados no impidan ver el espectáculo o pedir reiteradamente silencio al público maleducado de charla en voz alta alrededor de las barras.

lunes, noviembre 21, 2016

BONUS TRACK 167: TEMPLE OF THE DOG

Cumplir 25 años merece una digna reedición. Según quién seas, claro, y lo que hubieras grabado entonces, allá por finales de 1990. En el caso de Temple of the Dog… es que grabaron un disco que fue una iluminación. Aquello fue un hermoso homenaje a Andrew Wood, caído a los 24 años con la heroína en la sangre. Su amigo íntimo y compañero de piso Chris Cornell gritaba al frente de Soundgarden y reunió a tres colegas y a un recién conocido, Mike McCready, para despedirse de Andy con nuevas canciones. Stone Gossard y Jeff Ament venían de Green River y también habían conocido al fallecido en Mother Love Bone, otra huella luminosa de la música de aquellos años en el lluvioso Seattle del que empezaban a destaparse decenas de bandas. Unas se apagaron pronto entre sombras o éxitos trágicos, otras resistieron más o llegaron muy lejos. Matt Cameron, en la batería de Soundgarden, se sentó en la del quinteto, Temple of the Dog, al que se sumó para poner unas pocas voces un recién llegado a la ciudad, Eddie Vedder. Y ya estaba el grupo. En London Bridge Studios para grabar un poderoso disco que agita furia y melancolía y la mantiene al cumplir un cuarto de siglo.

La reedición tiene dos discos, con la grabación original, tomas descartadas o alternativas de su repertorio y tres temas desconocidos. Brendan O'Brien se ha encargado de mezclar ahora la producción que en su momento cayó en manos de Rick Parashar, de hacer su sonido más contundente. Varios años después de dedicarle tiempo, recupero Temple of the Dog y celebro la vigencia de su energía, el espíritu de una camaradería que en adelante dio más placeres musicales. Y me dejo tragar por canciones como Reach down, Pushin' forward back o Wooden Jesus que me devuelven a la juventud.

sábado, noviembre 19, 2016

LIVE IN 196: SHARON


Este adiós no ocupa más de un obituario (y breve) en los medios generales, donde la exaltación, apuesto, será más contenida que en recientes decesos. Poco importa cuando ella se ha ido y sus admiradores velan la partida. Se va Sharon Jones. Pequeña mujer que nos deja esta frase tan pura, tan auténtica: “La música es mi felicidad, es mi alegría”. Muere a los 60 años y tras perder una pelea con el cáncer de páncreas que comenzó en 2013. Sharon, que fue funcionaria en una cárcel, llegó tarde a los estudios, en 2002, y se subió al mismo vagón de otros músicos de carrera y éxito tardíos (Bettye LaVette, Lee Fields, Charles Bradley) que, como ella, dieron un vigor contemporáneo al soul, un barniz de elegancia que no se alejaba de los brillos clásicos del género. Seis discos grabó con su banda, los Dap-Kings, que no la abandonó en sus últimos días de agonía. Algunos muy buenos, como 100 days, 100 nights o I learned the hard way, precisamente intensos y a la vez elegantes. Nos quedamos con su música para siempre.

jueves, noviembre 17, 2016

SOUNDTRACK 190: OASIS: SUPERSONIC

Desde este ángulo en el que se ven aquellos años, recuerdas que, en efecto, Oasis fueron durante un tiempo un espectacular fenómeno musical que resucitó el fervor mediático y popular que décadas antes habían provocado (pues sí) los Beatles y los Stones. Eso muestra y repasa el documental, película o rockudrama de Mat Whitecross Supersonic. En realidad deberíamos decir que la obra es tan de Whitecross como de los hermanos Gallagher, productores ejecutivos de un producto generoso en archivos documentales de los años de la eclosión Oasis en el Reino Unido, pero decepcionante por ególatra e incompleto.

La agilidad de su puesta en escena, tan nerviosa que a ratos sube y baja al espectador en una montaña rusa, no compensa la vacía sensación que deja haber omitido aspectos contextuales que hubieran mejorado mucho la semblanza (el panorama musical británico del momento, las rivalidades internas y externas alentadas por la prensa, el posterior declive del grupo). Oasis (Liam y Noel, habría que decir) se muestran como el centro de un universo en el que dejan ver y oír su álbum familiar: geniales, divertidos, chulos, arrogantes y, desde luego, gilipollas. Que sí, que aquellos dos primeros álbumes de mediados de los noventa fueron la bomba y hoy siguen aún rompiendo bien, pero tíos… a mí me falla vuestra falta de carisma.

miércoles, noviembre 16, 2016

MUSIC INTERRUPTUS

Por mucho que te agarre la música, sientes a menudo que necesitas deshacer nudos, darte una tregua que sea un respiro, una pausa antes de volver a la carrera. Aprovechas unos días para abrir un paréntesis en el que no dejas espacio para que entre la música, nada, salvo que te pases por alguna tienda de discos donde adquirir mercancía que atender más adelante o escuches de fondo mientras cenas alguna canción conocida (una sucesión de éxitos de Guns N Roses en el centro de Roma o una versión de los Stones en el interior de un local, por ejemplo). Sí, a estas alturas resistes sin problema alguna breve etapa de abstinencia, unos pocos días sin escuchar una guitarra eléctrica, a no ser que le lances una moneda al guitarrista con el que te cruzas en un puente en pleno solo porque lo que toca te suena a Zeppelin. ¿Y después, qué? Pues que te rascas para matar el hormigueo y vuelta a lo mismo, a dejarte agarrar por música que te dice nada, poco o mucho.
 
Volvemos a pinchar.

domingo, noviembre 06, 2016

VOLUME ONE 420: HERE (ALICIA KEYS)

Me gusta Alicia Keys. Oírla y verla. ¿Un disco? Me debato entre su debut con 20 años, Songs in A Minor, y As I am. ¿Una canción? Empire state of mind, sin duda, por el subidón que me da. No voy a pisar más allá de donde no debo porque tengo lagunas y asignaturas pendientes en R&B y esos terrenos resbaladizos por donde el soul, el jazz y el hip hop juegan a hacerse manitas, pero sigo a Alicia Keys y a unos pocos de su entorno porque de entrada me hacen creer que bajo el éxito que lucen y las capas que lo acompañan hay un talento que se resiste a ser cuestionado. Y eso pienso al escuchar Here (RCA, 2016), su sexto álbum.

Al contrario que el facilón, complaciente y demasiado fabricado disco anterior, Here no parece dirigido a convencer al público poco exigente de Keys porque juega a mezclar géneros y atmósferas, a introducir instrumentos y sonidos poco habituales en su obra previa (guitarras acústicas, percusiones secas o programadas que descolocan) o a dejar que entren interludios hablados. Alicia y varios productores apuestan por un arreglo desconcertante de los temas, que pese a un perdonable bajón hacia el final del álbum, regala alguna canción estupenda (Blended family, Illussion of bliss) o bárbara (The gospel, Kill your Mom) donde ella, reina de un New York que hierve, se deja el alma en la interpretación.

Nota: 7,5/10

viernes, noviembre 04, 2016

LIVE IN 195: EL SOLO DE JUNGLELAND



La gente se acerca y me dice: 'El solo de Jungleland me salvó la vida' o 'El alma de esa canción me ayudó cuando había tocado fondo'. Siento que he hecho mi trabajo”.
Big Man, Clarence Clemons

La música, es verdad, nos salva en algún momento u otro, o siempre. Bueno, es aire para el ahogo y despeja las nubes cuando no sabes por donde pisas. Nos deja ver el futuro más claro si el presente está en tinieblas. Nos recuerda con su furia o sus caricias que nada está perdido y que podemos seguir dando guerra.

Quizá sintieron eso el tipo al que el saxo de Clarence salvó la vida en la fiebre sacramental de esa joya que es Jungleland o aquel otro que había caído tan bajo. A mí el solo de Big Man me levanta, sí. Me encadena a la música para seguir viviendo. 
 

sábado, octubre 29, 2016

VOLUME ONE 419: YOU WANT IT DARKER (LEONARD COHEN)

Aquí vuelve este señor de murmullos moribundos, este anciano venerable amoldado a su traje oscuro, cigarro en mano, bajo el sombrero, espécimen intelectual cual símbolo perseguido de barrio bohemio. Preparándose para el último viaje a sus 80 años, avisando al Señor desde el escritorio y entre rocío y neblina. Leonard Cohen. Monótona su voz que se apaga, sin rastro de expresión en el habla, respaldado por ese coro de mujeres de verbo ondulante que lo acompañan… Uf... No diré nunca que este hombre fue de los grandes. El aprecio que siento hacia su música no dura más de dos canciones por disco, a veces ni eso. Ninguna se me queda en este You want it darker (Columbia, 2016) que sabe a despedida; será porque los temas se desintegran como bloques de arena que sopla un viento leve, quedan atrapados en la voz cansada de este autor que no va más allá de lecciones vacuas. Somnífero.

Nota: 4/10

GREATEST HITS 187: NEW YORK CITY SERENADE… DIEZ AÑOS DESPUÉS

En dos posts de 2006 se escribió sobre este canción extraordinaria. Hasta hoy diría que no la hemos vuelto a escuchar. Por aquella época la serenata de Nueva York despedía algunas noches de fin de semana, como escribía el autor de aquellos posts. Andaba herido, con el veneno arañando su nostalgia. Y de madrugada, arrimado a los altavoces, se metía esta canción en el cuerpo hasta quedarse dormido. Sentía por sus entrañas que él estaba allí, en Broadway y Manhattan, en las calles que Springsteen caminaba o recorría al volante, con los tipos raros y las chicas guapas que se cruzaban a su paso… Quizá porque quería huir lejos, vivir en una ciudad que conocía por los libros y las películas, por las canciones, sin tener la más absoluta idea de que allí se vería tragado por una jungla feroz.
 
Aquel era el Bruce que apuntaba al sillón de jefe, un tipo flaco y menudo de barba y cabellos alborotados que hacía unas canciones excitantes, descomunales, como Kitty’s back, Incident on 57th Street o New York City Serenade, una rapsodia que arrancaba con el piano melancólico arrastrado en la madrugada y se daba una ducha al amanecer, al que seguían guitarras electrizantes y vientos apasionados y terminaba con el fundido emocionado de cuerdas borrachas de añoranza.
 
El Boss y su banda recuperaron esta serenata en sus últimos conciertos, más de cuarenta años después de haberla grabado. Incluso abrieron con este tema a plena luz del día, invitación desfasada a un viaje al pasado. Ahora, el autor de aquellos posts ha vuelto a escuchar NYCS en vivo en una de esas actuaciones, y se le han escapado unas lágrimas. No, no estaba pensando en diez años atrás ni echaba de menos sensaciones imaginadas. Solo pensaba en lo triste que se sentirá algún día cuando Bruce y su banda ya no interpreten su serenata de la ciudad de Nueva York.

martes, octubre 25, 2016

VOLUME ONE 418: SILVER TEARS (AARON LEE TASJAN)

Damos la bienvenida a este hombre. Aplaudimos el efecto resplandeciente, como los puntos de luz que su traje desprende en campo abierto, que crea la música que recopila en su segundo álbum, Silver tears (New West Records, 2016). Sí, una reunión acertada de canciones que beben de numerosos manantiales sin ahogarse en absoluto, un trago de agua natural. Veo esta imagen de Aaron Lee Tasjan e imagino que puedo encontrarme, como tantas otras veces al indagar en las cosechas nuevas de rock americano que atrae hacia sí el country, el blues o el folk, a otro aventurero con poco nuevo que decir y de rápido olvido.

Me equivoco al empezar con Hard life, y luego al alucinar con temazos como Ready to die y Refugee blues, o con joyas como Success o Where the road begins and ends. Porque en estas y en las demás canciones no me despistan tendencias artificiosas ni referencias evidentes, sino que celebro con sorpresa no tener que remitirme a nadie en este ejemplo caleidoscópico de rock americano que, sí, otra vez, se alía con sus hermanos del blues, el folk y el country. Hay un poco de todo eso en Silver tears, en clave juguetona, y juro que no soy capaz de citar a alguien a quien Tasjan me recuerde. Que no le nublen futuras ambiciones.

Nota: 8,5/10

miércoles, octubre 19, 2016

VOLUME ONE 417: HEART LIKE A LEVEE (HISS GOLDEN MESSENGER)

Consulta rápida en una fuente fácil, Wikipedia, para conocer algo más de Hiss Golden Messenger, del que había pasado por un par de discos. Al referirse al estilo de música, señala la entrada que el trabajo de esta banda/autor de Carolina del Norte tiene elementos de country, dub, country soul, rhythm & blues, jazz, bluegrass, funk, swamp pop, gospel, blues y rock. Si uno se detiene en las canciones de su último trabajo, el sexto, Heart like a levee (Merge, 2016), lo cierto es que puede advertir salpicaduras de esos estilos y mezclas arrojadas sin rubor, pero también sin riesgo, armonizadas de una manera natural y, por ello, admirable, en un mismo tema o alternadas a lo largo del minutaje. Así es. MC Taylor, al parecer ahora solo al frente de HGM, se rodea de otros músicos para trabajar un álbum que suena tan inclasificable como elástico, donde la aparente convivencia de tendencias no causa en absoluto desconcierto sino una vitalista satisfacción.

Nota: 8/10

domingo, octubre 16, 2016

BOOTLEG SERIES 51: SHINE A LIGHT. FIELD RECORDINGS FROM THE GREAT AMERICAN RAILROAD (BILLY BRAGG & JOE HENRY)

Algunos discos conviene escucharlos con los ojos cerrados. Para imaginar el paisaje cantado, las letras musicalizadas, su aroma. Este me parece uno de esos discos. Lo anunciábamos en julio y unos pocos meses después ya lo teníamos en nuestras manos (bueno, exactamente en nuestras manos no, todavía). Estos dos se lo pueden permitir: tomar el tren y cantar en las estaciones y entre el ruido, de Los Angeles a Chicago, revivir la música que habla de los trenes, los viajes, los vagabundos, la depresión, la esperanza… a lo largo de los raíles americanos, aunque ellos viajen cómodamente y no en vagones sin aire para respirar o huyendo de la justicia y el hambre o encima de ellos.

No es que encajen muy bien las voces de Billy Bragg y Joe Henry, pero funcionan y te acostumbras al contraste. La de Billy es grave y resuena, te da la sensación de que en cualquier momento va a lanzar una de sus proclamas en defensa del obrero aplastado; la de Joe aprieta las palabras y se contorsiona para explotar su expresividad. Las dos, con sendas guitarras de afinación parecida, conviven en diferentes capas de protagonismo en Shine a light. Field recordings from the great American railroad (2016).

Ahí en las estaciones, con murmullos de gente, silbatos, puertas que se cierran, altavoces o el canto de algún pájaro extraviado Billy y Joe y un pequeño equipo grabaron viejas canciones que hablan de trenes con la luz al frente abriendo caminos, joyas como Hobo's lullaby, Gentle on my mind, Early morning rain o The L&N don't stop here anymore. Bonitas canciones que mucho tiempo después se disfrutan mejor con los ojos cerrados.

jueves, octubre 13, 2016

NOBEL

Sus letras y su música son lecciones de nuestra escuela, aliento en la alegría y luz cuando nos hemos visto en tinieblas. Van más allá de cualquier premio. Pero qué bien sienta saber que ahora es Premio Nobel de Literatura. ¡Toma ya!