miércoles, noviembre 14, 2018

SOUNDTRACK 220: JULIET, NAKED

El texto de Juliet, Naked pedía a gritos una película, como ocurría con Alta fidelidad, Un niño grande o Fiebre en las gradas, las tres novelas de Nick Hornby mejor adaptadas al cine. Juliet, Naked, tanto el libro como la película, atrapan la esencia auténtica de Hornby, desde su pasión mitómana por la música a la facilidad para convertir en cercanos y entrañables personajes reales con más errores que virtudes y sin aparente encanto. La adaptación, con dirección de Jesse Peretz, resulta tan próxima y a la vez tierna como los libretos de Hornby.

La historia une a una aburrida y poco decidida mujer casada (Rose Byrne) en un costumbrista pueblo costero de Inglaterra con el mito que obsesiona a su también aburrido marido (Chris O'Dowd), el músico Tucker Crowe (un adecuado y carismático Ethan Hawke), un hombre que renunció hace décadas a su carrera musical en plena ola de veneración sin dar explicaciones y sobre el que circulan teorías de todo tipo que poco cuadran con la realidad común, más bien desorganizada, en la que vive. Cuando ambos coinciden sus vidas aceptarán riesgos, se quitarán la pereza de encima, sin mitos, sin viejos discos sobrevalorados en los que ampararse. Como en los libros de Hornby, como en sus adaptaciones, la vida merece sonrisas.

lunes, noviembre 12, 2018

VOLUME ONE 487: SHE REMEMBERS EVERYTHING (ROSANNE CASH)

Me gustan mucho los álbumes de madurez de Rosanne Cash, si así podemos llamar los cinco trabajos grabados desde el cambio de siglo, poco antes de cumplir la artista los 50 años. Una madurez que prensa musical y oyentes atribuimos a la solidez y lucidez creativas que bendice la trayectoria de determinados músicos veteranos (ellos y ellas) cuando visten de etiqueta sus nuevas producciones, escalones más de una carrera que actualiza sus orígenes y mira al futuro con la autoridad de la sabiduría. Son muy buenos todos esos discos de Rosanne Cash, el último también, recién terminado: She remembers everything (Blue Note, 2018), ni mejor ni peor. Su marido, John Leventhal, vuelve a producir, si bien se suma Tucker Martine. Invitados de altura (Kris Kristofferson, Sam Phillips, Colin Meloy, Elvis Costello) manejan junto a Rosanne, de voces y tonos templados, una selección de canciones pulidas con suavidad. Ojo a The only thing worth fighting for... así se arranca un disco infalible.

Nota: 7,5/10

domingo, noviembre 11, 2018

PORQUERÍA

Comparto. Like.
Bravo, Santy.

viernes, noviembre 09, 2018

LIVE IN 224: LAS CARAS B DEL ÉXITO


Las caras B del éxito en el circo del rock and roll me fascinan tanto o más como las vidas y vivencias de quienes abrazan la gloria. Un músico casi anónimo, un tipo en realidad de lo más común que huye de las luces cegadoras de la fama sin perder respeto ni prestigio, o incluso un fracasado me caen mejor que los bendecidos por las luces y la fortuna. Hay algunos documentales que se detienen en casos como ellos: Anvil: The story of Anvil, The devil and Daniel Johnston y New York Doll son tres buenos ejemplos que, respectivamente, todos con un enfoque de nostalgia y amargura, dan voz a una banda a la que no sonrió la suerte que sí tuvieron multitud de bandas de heavy metal, a un trastornado músico underground, y al miembro caído en desgracia y en el olvido de una célebre banda de los años setenta. Hoy he leído otra historia de esas que merecería otro documental, la de John Deacon, el bajista de Queen, un multimillonario dedicado a su familia y sus aficiones totalmente alejado de legado musical y de cualquier asunto que incumba a su explotado grupo, un hombre cualquiera entre la multitud.

lunes, noviembre 05, 2018

BOOTLEG SERIES 67: LARKIN POE

Esto merece un alto, detenerse un momento. En ello estoy, con reservas, y con esperanzas. Por sus venas corre la sangre de un ilustre pariente lejano, Edgar Allan Poe. Dos hermanas de Atlanta que viven en Nashville, Rebecca y Megan Lovell: dos caras bonitas con gusto por la música sucia. Guitarras secas y afiladas, ecos sureños de blues roto en lodazales, una voz que se atreve a dejar bien claro que pertenece a una tipa dura. Larkin Poe. Estoy en ello, en ellas. Me gusta, promete, pero... Ya tienen su tercer disco, Venom & Faith, donde suena esto.
 

sábado, noviembre 03, 2018

VOLUME TWO 93: MC TAYLOR, MUY BUENAS CANCIONES

"Muy buenas canciones", sí. Así, sin otro sello ni etiqueta. Una definición de la música de Hiss Golden Messenger buscada en internet recoge que el estilo de esta banda se alimenta (o recoge elementos) "del folk, country, dub, country soul, rhythm and blues, bluegrass, jazz, funk, swamp pop, gospel, blues y rock". (¿Algo más, no se os olvida algún otro género?, ¿alguno ausente reclamará su cuota de inspiración?) (Abro otra pregunta en paréntesis: ¿el cóctel de estilos para definir la música hace más dignos de confianza al grupo o al músico, o es al contrario?). El caso es que para referirme a Hiss Golden Messenger, el nombre tras el que se ampara MC Taylor, prefiero quedarme con una banda/autor de, repito, muy buenas canciones (con un poquito de todos esos géneros arriba mencionados, también).

Otra buena muestra de esa lucidez compositiva se encuentra en Virgo Fool, un trabajo de este año del que no he encontrado hasta ahora mucha información. Este disco podría interpretarse como una colección de temas descartados del álbum del año pasado, el fantástico Hallelujah anyhow. Todas sus canciones encajarían en aquel repertorio y de hecho alguna parece que no está del todo bien grabada o mezclada, por lo que pudo haber quedado en un cajón de desechos ahora reabierto. Y como era de esperar, sí, hay cuatro o cinco canciones sobresalientes, en las que se queman tensiones a fuego lento a punto de saltar de la cazuela. Como ocurría en Hallelujah, y en Heart like a levee, y en Poor moon y en los otros cuatro discos de Hiss Golden Messenger desde 2009. Cuanto más, y a esta altura, mejor.

miércoles, octubre 31, 2018

VOLUME TWO 92: JOHN HIATT

Pasan los años y a John Hiatt se le nota un aspecto cansado, los rasgos más afilados, la voz arrastrada, el grito ahogado. Pero cuanto más viejo, más sabio, ¿no es cierto? En él hay algo que no se desgasta con el curso de los discos, más de una veintena en más de cuarenta años. Queda y vibra un brote natural para convertir música sencilla en canciones emotivas (o canciones sencillas en música emotiva, tanto vale). Detenerse cada poco tiempo en un nuevo álbum de John Hiatt es una hora bien invertida, una celebración de oficio bien ejecutado y con la medida justa de pasión e integridad por gracia de a quien los años han hecho un maestro.

Hiatt lo es, en su aparente sequedad y en el profundo alcance de cuanto compone. Raro es que falle en su listado de obras. Hay algún disco flojo aquí y allá, más antes que ahora. Desde el cambio de milenio sus álbumes contienen puñados de canciones tensas y agrietadas, delicadas y hermosas. (Ah, cuanto lo disfruté en Londres hace ocho años.) Me cuesta elegir entre lo mejor de estos últimos años: The tiki bar is open, Master of disaster, The open road, Dirty jeans and mudslide hymns, Terms of my surrender... mejor me quedo con todos. Hiatt acaba de publicar The Eclipse Sessions, de pulcro articulado de guitarras, con espíritu blues a lomos de rock que se consume en el crepúsculo. Bravo.
 

domingo, octubre 28, 2018

UN DISCO EN CADA PUERTO

De allí adonde voy me llevo una parte que acompañe a mis recuerdos. Una postal siempre, desde luego, o un imán para la nevera. Conmigo se vuelve al menos un disco en la maleta, o dos, o tres o alguno más, pero uno que no falte. Busco una tienda vieja, con catálogo de primera y segunda mano y pobladas cajas de plástico que acumulan viejos vinilos. Art Blakey en Salzburgo, The Black Keys de Cracovia, dEUS y Dawes estaban en Berlín, una banda sonora de una película de Wenders en Praga, Terry Callier en Bruselas, Lisa Hannigan por partida doble en París, Conor Oberst vino de Roma, Case/Lang/Veirs de Estrasburgo, decenas de músicos de las varias veces que la vida me llevó a Londres... La última en llegar ha sido Joni Mitchell, desde Budapest, dama de los Canyon. Bienvenida.

domingo, octubre 21, 2018

DANUBIO

El frescor de otro aire que entra en mis pulmones. Olores y ruidos nuevos que me esconden. El ritmo distinto del tiempo que hace extraños los días, como de una vida que no es la mía. Otro país, lejos. Llega antes la noche, alargaré la luz de las horas. Me bajo del tren y del autobús. Lo necesitamos, nos hará más fuertes. Añoraremos, pero volveremos nuevos. Una semana. Hasta pronto.

jueves, octubre 18, 2018

VOLUME ONE 486: SHADES (DOYLE BRAMHALL II)

Me inclino a defender y a seguir con mayor atención a aquellos grandes guitarristas que demuestran sus virtudes sin tendencias al virtuosismo, que valen más por hacer mejores a los músicos que acompañan que por exhibir su propia lucidez. En ellos cuenta tanto lo que callan como lo que hablan. A Doyle Bramhall II lo considero uno de esta selecta clase. El zurdo aquel de Austin era un crío junto a Charlie Sexton (otro de su especie) en los Arc Angels. Después de su tercer disco en 2001 tardó quince años en dejar listo el siguiente. En ese tiempo puso su guitarra al servicio de Eric Clapton y Roger Waters en estudios y giras, y ha tocado y grabado con Sheryl Crow, la Tedeschi Trucks Band, Bettye LaVette o Gregg Allman.

Shades (Mascot, 2018), solo dos años después de Rich man, me hace lamentar que su autor no se haya prodigado tanto en la grabación de discos propios, quién sabe si tan notables como este, aunque en lugar de esa vía hubiera ayudado a llenar de aciertos los álbumes de otros músicos. La guitarra penetrante de Bramhall fluye estilosa por el repertorio de la obra, con Clapton, Sexton, Trucks y Tedeschi como invitados agitando un sabroso cóctel de blues y rock del que humean aromas psicodélicos.

Nota: 7,5/10

martes, octubre 16, 2018

SOUNDTRACK 219: GIAMATTI

Desde que el cine es cine, de sus días de recursos primitivos a su era contemporánea de herramientas y expresiones más libres y atrevidas, ha habido multitud de intérpretes secundarios que, a través de sus papeles (no siempre) menores o en ocasionales roles principales, han eclipsado a los actores y actrices que encabezan el reparto. Hoy sigue habiendo secundarios característicos que, como los de antaño, se acomodan en segunda y tercera línea enriqueciendo películas, pero con el curso de los años actores que empezaron con papeles anecdóticos y pasaron a ser personajes de apoyo han acabado protagonizando películas. Uno de ellos es Paul Giamatti, que combina el primer nombre masculino del reparto con el cuarto o el quinto. Un actor magnífico.

Un tipo de apariencia corriente, anodina, que no sabes muy bien en qué momento te va a causar antipatía o cuándo provocará compasión; el pardillo gordito del instituto, el que sale detrás en las fotos, el que no se come un rosco, alguien de quien no te fiarías como amigo. Temible y débil en un mismo gesto. En su carrera, con un centenar de títulos entre cine y televisión, Giamatti, que empezó besuqueando a una chica en un ascensor en el film Singles (¿alguien lo recuerda?), puede presumir de extraordinarias interpretaciones al frente o en el medio del reparto. Ahí van unas cuantas: Entre copas, American Splendor, La joven del agua, El mundo según Barney. Y una de sus últimas grandes actuaciones es en una gran película: Vida privada, en la que comparte protagonismo principal junto a otra secundaria de lujo, Katherine Hahn. En la angustia, la paciencia, el hastío, el cansancio y algún arrebato de ira por el que pasa el personaje de Giamatti durante el largo camino que recorre una pareja para conseguir tener un hijo veréis una vez más al gran actor que es.

jueves, octubre 11, 2018

VOLUME ONE 485: WORLD ON STICKS (SAM PHILLIPS)

Hay músicos que (como decimos por aquí arriba) no te dan entrado, a quienes no encontramos el gusto en cada oportunidad que les damos, pero que te siguen llamando con temeroso interés. Un ejemplo es Sam Phillips, atípica autora que entró en el negocio en la escena de la música popular cristiana y que pronto se apartó de ese entorno. De la mano de T Bone Burnett, con quien se casaría y divorciaría, exploró territorios más próximos al pop, con un cómodo respaldo mainstream y una producción discográfica reconocida. Sus álbumes me dan frío, no descubro sus intrigas. No ocurre lo mismo con el último: World on sticks (Littlebox Recordings, 2018), que me parece espléndido.

Sobresale en esta obra, ya sin Burnett detrás y con la propia Phillips en la producción, un subyugante uso de arreglos orquestales y de amplitud de recursos de percusión, tarea que recae en el magnífico músico que es Jay Bellerose. El disco se desliza ondulante como el acompañamiento musical de un sueño agradable y cautivador, de siniestros pasajes (World on sticks, Tears in the ground) y sutiles atmósferas (Roll em, Candles and stars). Tan penetrante que anima a no despertarse.
 
Nota: 9/10

martes, octubre 09, 2018

SOUNDTRACK 218: ETHAN HAWKE


De algún modo, Ethan y yo crecimos juntos en distintos lados de la pantalla y mis simpatías hacia él van más allá de sus virtudes interpretativas. El club de los poetas muertos me devolvió al cine, a la sala grande, cuando se estrenó en un teatro de mi ciudad, después de que me dejase acomodar por sobredosis de videoclub en el salón de casa. Yo tenía 16 años y Ethan 19, levantado en el pupitre para llorar al capitán (el malogrado Robin Williams) que los educaba libres de ataduras en aquella repugnante escuela privada. A aquel chico de aspecto frágil y sensible no lo perdí de vista, arrogante en El país del agua, sufridor en Grandes esperanzas, y lo acompañé mientras se enamoraba y maduraba en la trilogía de Richard Linklater junto a Julie Delpy a lo largo de las salidas y puestas del sol. Allá donde apareciese hacía que la película atrayese mi atención, aunque lo que viese no mereciese mucho la pena. En Boyhood llevaba una vida desordenada pero ayudaba a su hijo a poner en orden la suya mientras crecía. Y en Born to be blue se transformaba en Chet Baker.

Ethan también ha escrito novela y dirigido tres películas y un documental. El último de estos films, Blaze, de este año, se detiene en la errática y desordenada vida de un músico texano de country, Blaze Foley. Y Ethan Hawke tambien canta, no demasiado que se sepa, pero en una de sus recientes interpretaciones se suelta ante el micrófono (al menos en la banda sonora) como antiguo músico retirado al que recupera una mujer curiosa que investiga sobre un disco de culto grabado hace muchos años. ¿Os suena? Claro, es la historia que contaba Nick Hornby en su novela Juliet, naked, con el actor en el rol de ese autor envuelto en leyenda en la película del mismo título, también de este año y aún sin estrenar. Ahí estaré viéndote de nuevo, Ethan.

sábado, octubre 06, 2018

VOLUME ONE 483 Y 484: WANDERER/WAX. KT MEJOR QUE CAT

Dos autoras con disco nuevo el mismo día. Líneas que se cruzan y alejan en sentidos distintos. Una esperada reaparición que responde con decepción a las expectativas. Un retorno prematuro que recupera la mejor cara de una producción irregular. Pierde el aura fascinador de Cat Power frente a la cercanía palpable de KT Tunstall.

Wanderer (Domino, 2018) devuelve a Cat Power convertida en madre. Seis años después de su trabajo anterior, Sun, y tras dejar atrás angustias y desórdenes emocionales, Chan Marshall sale de su reclusión para compartir la felicidad de la maternidad con un disco adecuado para su bienestar, con más clima que cuerpo, parco en expresividad y seguramente bendecido por cronistas de todo perfil. Wanderer se queda atrás en la serie de últimos álbumes de la autora, superiores todos desde You are free (2003) incluido. Un muy buen single, Woman, no levanta un retorno apagado. Nota: 5,5/10

WAX (Rostrum, 2018) recupera a la KT Tunstall eficiente y decidida de su debut en 2006 y de aquel brillante Drastic Fantastic un año después. No acabo de entender los desconciertos de la escocesa entre buenos álbumes, como ocurrió en 2010 y 2016 con discos cargados de simpleza pop sin recorrido entre el formidable Invisible empire/Crescent moon de 2013. Dos años después de aquel último desliz vuelve a recomponerse con WAX, un equilibrado producto de pop y rock que revive a la autora de sus obras iniciales, con canciones bien armadas que devuelven el voto de confianza. Nota: 7/10