miércoles, diciembre 11, 2019

SOUNDTRACK 244: EL MÉTODO KOMINSKY

La amistad no tiene edad. O las tiene todas. Las amistades largas deberían ser las mejores. Lo son. Sandy y Norman se conocen desde hace mucho tiempo. Son mayores y han vivido tiempos mejores. Están divorciados (tres veces) o se han quedado viudos tras un largo matrimonio. Sobreviven como pueden o se pueden permitir la vida sin trabajo. Sandy, un gran actor retirado, da su apellido a un método de interpretación en las clases que imparte a jóvenes promesas, el método Kominsky. Norman, un millonario productor, llora la muerte de su mujer y es incapaz de reconciliarse con su hija drogadicta. Sandy es Michael Douglas y Norman es Alan Arkin en El método Kominsky. Los dos, con dos trabajos excepcionales, hacen esta serie encantadora.

Chuck Lorre, con huella en The Big Bang Theory y Mom, está detrás de esta ficción con dos temporadas de pocos episodios, en la que el humor endulza los angustias de la edad y las amenazas de la vejez. Es un humor de acidez en el verbo cuando se habla de sexo o drogas o cuando juguetea con el amor, y que se manifiesta en gestos, silencios y diálogos brillantes entre dos actores en estado de gloria. Arkin y Douglas, unidos por un gran guion, en el invierno de sus carreras: maestros del método.

lunes, diciembre 09, 2019

VOLUME ONE 518: MINT CONDITION (CAROLINE SPENCE)

A lo largo de un año me satisface encontrarme con discos verdaderamente bonitos sobre los que no tengo ni siquiera expectativas. Música que se ofrece pura, sin artificios para venderse, que guarda honestidad y cariño. Este es uno de estos discos. Ella es Caroline Spence. Se asienta en Nashville y ha ganado premios en circuitos reconocidos de música americana. Sus letras hablan de ciudades de paso para almas sin rumbos firmes, lugares que merecen una canción. No recuerdo si he llegado a escuchar algo suyo anterior a Mint condition (Rounder, 2019), que veo entre los mejores trabajos en alguna lista de lo más notable del año circunscrita a variantes del rock-folk americano. Ahí encaja bien este buen disco, sin descarrilar en ningún momento entre la carrera y la melancolía. Advierto a veces a Whiskeytown entre sus sonidos (y al primer Ryan Adams, por tanto), a Sheryl Crow o a la Emmylou Harris más volátil, quien presta su voz en el último corte.

Nota: 7,5/10

domingo, diciembre 08, 2019

BONUS TRACK 217: BLESS ITS POINTED LITTLE HEAD (JEFFERSON AIRPLANE)

Con los álbumes en directo no me apaño. Si el repertorio es largo (un disco doble), me cuesta llegar a la despedida de la banda; si es corto (un solo disco con parte de un bolo o partes de varios), lo digiero mejor. Es que la música y a los músicos hay que sentirlos en carne y hueso, y por excelentes que sean sus directos grabados hay una distancia insalvable que me separa de sus autores, aunque los aprecie una barbaridad. Pero tomemos ejemplos de discos en vivo de los sesenta o setenta que no llegan a la hora, no necesariamente con sus temas más emblemáticos, y ofrecen las mejores esencias de sus músicos. Este vale, el primer directo de los Jefferson Airplane, de 1969, Bless its pointed little head. No se trata de un álbum deslumbrante, ni mucho menos obligatorio, pero sí es un trabajo que recoge el pulso auténtico que tenía aquella banda, el aeroplano que sobrevolaba los vapores contraculturales de los años finales de la década en San Francisco. Metiéndose en este directo, uno se deja azotar por los duelos vocales de Balin y Slick (en desbarajuste a veces), pero sobre todo se ve poseído por la hechizante capa sonora que tejen Casady y Kaukonen con el bajo y la guitarra, quienes enseguida formarían Hot Tuna desde una óptica más primitiva e igualmente adictiva.

BOOTLEG SERIES 82: REDESCUBRIENDO A NILSSON

Harry Nilsson es buen ejemplo de esto: el músico del que conoces dos o tres temas, del que te suenan otros dos o tres sin saber con certeza que son suyos, y del que desconoces su amplia trayectoria. Pues sí, Nilsson es mucho más que Without you y Everybody's talkin', el maravilloso tema (no suyo, precisamente) que inmortalizó en la película Midnight Cowboy. De la veintena de discos que grabó entre mediados de los sesenta y los primeros ochenta, solo había escuchado uno, Nilsson Schmilsson, del 71. Y bueno, no es que me haya interesado mucho por indagar algo más en él. Pero descubro un curioso tributo al autor repartido en dos volúmenes de versiones grabados en 2014 y 2019, cada uno con un par de nombres conocidos en la selección, nada más. This is the town. A tribute to Nilsson, se titulo. Y me dejo contagiar por unas canciones que demuestran lo versátiles que son las originales, lo bien que se prestan a ser revisadas de múltiples maneras: con sencillez, con rizos, con ternura, con gracia. Así redescubro a Nilsson, como lo merecen cientos de músicos notables de (las mal llamadas) categorías inferiores.

martes, diciembre 03, 2019

SOUNDTRACK 243: THE END OF THE F***ING WORLD (II)

Qué complejo es el amor. Qué misterio entenderlo, expresarlo. Decir o asumir un 'Te quiero' en el laberinto de nuestra mente, frente a la red de nuestras contradicciones. Alyssa y James se reencuentran dos años después tras su sangrienta separación. Esto no es el fin del puto mundo, aunque lo parezca. Y detrás de las venganzas, las huidas y el destino en un planeta incierto, entre lo absurdo y lo irreal, late de nuevo el amor.

Los fugitivos sobreviven en la segunda y última temporada de The end of the f***ing world y sus lucidos guionistas los enlazan con un rodeo argumental prodigioso a través de otro impagable personaje, Bonnie. Es imposible no querer a esta pareja: ella ausente y borde, insensible en apariencia; él débil y sentimental, encerrado en su timidez. De nuevo resisten entre lo que piensan y lo que dicen (oportuna siempre una voz en off que da en el clavo) y entre la banda sonora que se pincha en sus cabezas (qué acertado cada giro musical que los acompaña). "What?", repite Alyssa y se me pega cada vez que la veo delante. Serie para guardar.

domingo, diciembre 01, 2019

BONUS TRACK 216: CROSBY STILLS & NASH (CROSBY STILLS & NASH)

Rápido repaso contable a Crosby, Stills, Nash y Young. Desde 1969, sin contar los álbumes que cada miembro del cuarteto tienen por su cuenta ni las obras en directo ni recopilatorios, nos sale que: CSNY suman tres discos; CSN cinco; Crosby & Nash tres; y Stills & Young uno bajo el nombre Stills Young Band. La mejor de las asociaciones es, en dura pugna con Déjà Vü (1970), la primera, Crosby, Stills & Nash (1969), uno de mis discos favoritos de todos los tiempos.

Ahí los tenemos, tres tipos en un sofá (Nash, Stills, Crosby), en el exterior de una casa que probablemente se localizase en Laurel Canyon, donde en aquellos años vivían y se divertían, levitaban y se drogaban a lomos de una música que fundía el folk y el rock. En ese ambiente surgieron magníficos álbumes alrededor del cambio de década, y seguramente comenzaron a chocar los conflictivos caracteres de CSN. Sonaban perfectos en aquel tiempo, basta con escuchar este disco, inspirar sus sonidos, las voces cálidas de tres amigos exiliados de sus bandas, armonizadas en temazos irrepetibles como Guinnevere, Long time gone o Wooden ships.

jueves, noviembre 28, 2019

BOOTLEG SERIES 81: MUJERES QUE CANTAN A TOM WAITS

Supongo que no es fácil tomar prestado a Tom Waits y darle tu propia voz, tu propio estilo. Único en su género, entidad incomparable, el músico californiano dispone de un repertorio que cuesta imaginar interpretado por otros u otras artistas. Gritos, murmullos, quejidos, ritmos y variedad de sonidos inusuales y extravagantes son huella congénita en la carrera de Waits, ya digo, una institución a la que es difícil igualar, incluso parecerse. Por eso se me hace raro escuchar sus canciones en otros músicos y de las que conozco me quedo con muy pocas. Desde luego, no me quedo con ninguna de la docena que componen el disco Come on up to the house. Women sing Waits, un trabajo tributo que acaba de publicarse y del que solo un par de cortes salen airosos entre un conjunto anodino y desganado.

No querer acercarse a Tom Waits en un álbum de covers me parece respetable, pero enfocar el homenaje sin tan siquiera esforzarse en expulsar algo de la autenticidad de su música, de su valiosa suciedad en las versiones, no lo admito. Una lástima, porque hay algunos nombres de importancia (Rosanne Cash, Aimee Mann, Patty Griffin) que no acaban bien parados, otros (la mayoría) son totalmente insustanciales. Salvemos al trío Joseph al frente de Come on up to the house y sobre todo a Corinne Bailey Rae, la única triunfal con Jersey Girl. Un desperdicio.

miércoles, noviembre 27, 2019

BONUS TRACK 215: ELEPHANT MOUNTAIN (THE YOUNGBLOODS)

Otras recopilaciones, sin ir más lejos la imprescindible banda sonora del film Forrest Gump, contienen ejemplos de grupos de corta trayectoria y perdido recuerdo que han dejado para la eternidad una canción especial, la referencia sonora de un tiempo o un lugar. Conocerlos un poco más allá de ese tema nos regalan bandas cuya calidad supera la escasez de un buen single. Let's get together, por ejemplo, se hizo popular en la voz y la música de The Youngbloods, fue sintonía de los humos contraculturales de Woodstock, y sus intérpretes ya se habían disuelto en 1972. Entre su breve legado se halla el álbum Elephant Mountain (1969), un excelente trabajo que se abre con la sinuosa Darkness, darkness, versionada con la misma atmósfera décadas después por Robert Plant. El disco curiosea entre las raíces del folk-rock y se empapa de ondas psicodélicas con espontánea frescura. Tras la separación del grupo, su líder, Jesse Colin Young, prosiguió el camino en solitario que había iniciado antes con estimables obras hasta la actualidad.

domingo, noviembre 24, 2019

VOLUME TWO 100: BECK

Hay que reconocerle a Beck su capacidad para no repetirse, para ponerle distintas caras a su música sin estar nunca perdido ni caer en el ridículo. En tres décadas no se ha desgastado ni el respeto ni la credibilidad. Sin embargo, no acabo de entenderme con él. Ocurre desde siempre. Desde cuando las radios (qué lejanas parecen) pinchaban Loser y celebraban el genio de su creatividad. ¿Qué es Beck? ¿Cómo es su música? Cambiante, desde luego, y juguetona, inquieta. Pero a mí unas veces (pocas) me resulta sabrosa y otras (las más) no me sabe a nada. Su mente maneja pop y electrónica, funk y soul, indie y rock alternativo, algo de folk, un poco de psicodelia y no pocas fusiones de estilos dignas de escuchar pero fáciles de olvidar. En suma, no consigue deslumbrar.

Y ahí sigue Beck Hansen, a punto de cumplir los 50 años, aquel chaval multiinstrumentista de Los Angeles al que pronto le colgaron la medalla de genio. En los noventa grababa mucho y en las décadas siguientes espació más sus trabajos. Acaba de sacar al mercado Hyperspace, una entrega electrónica con empuje retro y cierta nostalgia en su eco, de nuevo fácilmente olvidable. Perdura de su obra algo de lo que contenía Mutations (1998) y Midnite vultures (1999) y si debo guardarme algo me quedo con Guero (2005) y Modern guilt (2008). Ahí se acaba para mí Beck.

BONUS TRACK 214: THE MIRROR (SPOOKY TOOTH)

En alguna compilación rockera de los años setenta te encuentras con algún grupo cuyo nombre te suena, sin que sepas si lo has escuchado antes, porque no tienes discos suyos y su historia fue breve, como las de cientos y miles de anónimos músicos, y hace mucho tiempo que nunca más se supo de esa banda. Spooky Tooth, por ejemplo, que entre 1968 y 1974 grabaron siete álbumes, material cargado con rock áspero y caliente, en un paso previo a lo incendiario. Británicos. ¿Alguien los conoce? ¿Alguien se acuerda de ellos? ¿Algún aficionado, de algún modo, tuvo a Spooky Tooth entre sus predilectos? ¿Algún músico se inspiró de alguna manera en el estilo burbujeante de este banda? ¡Cuántos como ellos en este océano ilimitado del rock! Pruébese con The mirror (1974) para iniciarse, o para reengancharse. El grupo iba a disolverse pronto, decenas de músicos habían pasado por sus filas. Pero hay arrebatos fantásticos (Hell and high water) de un rock que dejaba rezagada su alma blusera y se adentraba en los delicados terrenos de la experimentación progresiva. Veinticinco años después el grupo grabó un último disco y organizó alguna esporádica gira. Para revivir la modesta gloria de su música.

jueves, noviembre 21, 2019

¿EL ROCK ES DE MAYORES?

Tengo 46 años. Soy mayor (o tirando a ello). Y me encanta el Rock, con mayúsculas. Así me presentaría en el Club de los Rockeros Anónimos.


Una entrada reciente del blog Being Vain me dejó pensando sobre el gusto y el disfrute de la música a determinada edad... cuando somos jóvenes, cuando nos hacemos mayores, cuando llegamos a mayor. El texto vierte unas críticas que veo acertadas contra quien pregona que el rock, hoy, ya no es cosa de jóvenes, que el rock se ha enquistado en el gusto oxidado de quienes han vivido para contarlo y peinan no pocas canas. Quienes vemos algo lejos aquellos días en que el rock se nos abría de piernas para que nos derramásemos entre ellas sentimos ahora el daño de la nostalgia.


Entre mis 15 y 25 años consumía pop y rock, básicamente; empezaba a aprender y a memorizar, a obsesionarme un poco, a comprar y a querer completar las discografías de mis favoritos. En los últimos veinte años creo haberme convertido en un melómano abierto y generoso que recibe y absorbe los vientos de la música que le llega desde casi todas partes. Me seduce el jazz, me gusta el blues, el country me hace cosquillas, el folk me derrite, el soul y el funk me ponen caliente. Hay buena música electrónica que escucho sin prejuicios y las gotas que me mojan de música de otros mundos ajenos a aquellos donde hemos crecido me refrescan. A todo esto le hemos añadido e inventado en los últimos años prefijos y adjetivos (indie, post, neo, hard, prog...) que han transformado las raíces en propuestas apetecibles. De todo hay en el campo del señor, bueno y malo. Busca, curiosa, elige y disfruta.

Sí, vale, el rock admite hoy (y siempre) todos esos mismos complementos en su nombre, y ni tú ni yo somos los que sabemos cuál es la combinación que mejor se ajusta a lo que suena. Y el rock sigue siendo la música que me vuelve loco. Los Beatles y los Stones siguen aleccionándome más que todos sus alumnos, de los que, no lo dudo, también he aprendido y aprenderé. Ojalá a mi hijo le apetezca acudir a ellos. Llamadme mayor, a mucha honra. Tengo 46 años y me encanta el Rock.

lunes, noviembre 18, 2019

SOUNDTRACK 242: DE NIRO, PACINO, SCORSESE, THE IRISHMAN (II)

Pantalla en negro. Directed by Martin Scorsese. Corren los créditos y sube la intensidad de una pieza instrumental compuesta por Robbie Robertson. Estás sentado en la butaca aún, digieres las tres horas y veinte de película que acabas de ver: 40 años en la vida de un asesino vinculado a la mafia, su gloria y su ocaso, los viejos tiempos de la amistad y la apagada luz de la soledad. Y dices: "Esto es una película grande". Entre otras razones, por un señor llamado Martin Scorsese.

Te quedas un rato largo, ya en casa, pensando en la grandeza de las películas que te arrastran con ella y te hipnotizan. Entras en su profundidad, magnetizado por un guión, una puesta en escena y un trabajo de sus actores fuera de lo común, lo más parecido a la perfección. Tú eres un elemento más de esa película. The Irishman (El irlandés) tiene eso: rigor, tensión, nostalgia, un libreto preciso y complejo, un director de oro en su trono, un reparto inigualable.

La obligación de ver esta película está justificada. Joe Pesci... déjate ver más, por favor. Al Pacino es Pacino, en lo bueno y en lo malo, también grande. Robert De Niro rescata al inmenso actor que fue. Scorsese exhibe un magisterio con el que todo su equipo eleva The Irishman a la categoría de cine colosal.

viernes, noviembre 15, 2019

BONUS TRACK 213: JOHN WESLEY HARDING (BOB DYLAN)

Cumplir con la cita 'bootleg' anual de Bob Dylan me lleva esta vez a álbumes por los que ha pasado justo medio siglo, John Wesley Harding (1967) y Nashville Skyline (1969), paradas en suelo country sobre el que Dylan se refugió para recuperarse del accidente de moto sufrido en el 66 y exiliarse en el sótano con el grupo aquel que pronto se harían llamar The Band. El paréntesis sacó al músico de la fiebre de su popularidad y lo introdujo en espacios musicales que huían de la psicodelia imperante. El autor no quería la fama y se escondía en los parajes naturales de Woodstock; era un hombre de campo de aspecto humilde, un ser anodino que cambiaba el aspecto y la voz. Daría un nuevo paso en otra dirección, también admirable.

Me paro en John Wesley Harding. El disco toma el nombre de un forajido del siglo XIX al que se le añade la 'g' final en el título y retrata con Polaroid en la portada a Dylan sin el alboroto de sus rizos rodeado de dos músicos de Bangladesh y un carpintero del lugar. Produce Bob Johnston, un hombre apegado a Nashville y al country, y solo tres músicos refuerzan al autor: el baterista Kenny Buttrey, el bajista Charles McCoy y el guitarrista Peter Drake, que apenas compartieron nueve horas en tres sesiones con Dylan. El álbum no ha perdido para mí la acústica frescura misteriosa que intuyo tuvo cuando apareció y que sentí cuando lo escuché por primera vez. Me encantan temas como I pity the poor immigrant, The wicked messenger o I dreamed I saw St. Augustine. No olvidemos que en este disco flota la mágica All along the watchtower, poco antes de que empezase a ser electrificada para la inmortalidad.
 
(Las versiones distintas de algunos de estos temas que aparecen en Travelin' Thru: The Bootleg Series vol. 15, no desmerecen de las originales).

jueves, noviembre 14, 2019

VOLUME ONE 517: SANTA CRUZ (PARDO)

Y ahora, a tirar para casa. El bueno de Pardo saca de Santa Cruz (Acaradeperro, 2019) la energía y la añoranza (nuestra morriña) que convierten los discos en retratos íntimos de uno mismo. Cuenta que en Santa Cruz recuperó su vida cuando se le escapaba y de allí creó canciones que entrega para la "adopción, interpretación y cariño" de quienes las reciben. Se agradecen. Cuando su voz gastada y callejera se enciende, entramos en terrenos de blues y rockabilly bien pulidos; cuando se modera, escarba en los recuerdos para ofrecer preciosas baladas (Si te vas de mi vida, Desde que existimos tú y yo, con la emocionante voz de apoyo de Nuria Luiz). El álbum, descarnado y liberador, salpicado de gotas latinas, crece siempre y mejora la anterior entrega del autor, Libélula. El tema Mi garganta rubrica el negocio de la autenticidad, y de ello entiende Pardo.

Nota: 7,5/10

 

miércoles, noviembre 13, 2019

LIVE IN 236: LO ÚLTIMO DE COLDPLAY... NO ESTÁ MAL

Permiso (breve) para recuperar a Coldplay. Pensé que nunca más pasarían de nuevo por este blog, que después de sus penosos álbumes de esta década (Mylo Xyloto y A head full of dreams, sobre todo) no volverían a merecer mi atención, y que con nadie iba yo a mantener una conversación sobre este grupo desinflado, ahogado en una mediocridad cómoda y acaudalada, triste despojo de una banda que en la década anterior, y me reitero, sí firmó discos excelentes. Que hoy, tras los recientes descalabros, hayan acabado un disco decente, es para mí noticia.

Debió de ser una tímida corazonada lo que me ha hecho concederle una oportunidad de gracia a Everyday life, sí, lo nuevo de Coldplay. Este es el trabajo más desconcertante del grupo, que se olvida de pobres canciones empalagadas de noñería y buenismo, cargadas de versos y coros para el babeo de los grandes estadios, y camina esta vez en distintas direcciones, no sé bien con qué criterio. Esto es lo que choca del disco, con muy pocas concesiones y escasamente comercial, que se permite breves piezas casi desnudas y arrimadas al gospel y al blues, introduce voces en otros idiomas y fragmentos ajenos y se permite un interludio de medio minuto (trinos en la naturaleza) dividido en seis cortes. Y aunque hay un par de temas que se dejan afectar por el buen rollismo azucarado del grupo que debilitan el final del álbum, hay otro par deslumbrante (Trouble in town, Arabesque) y un resto de repertorio digno. Quizá no se han perdido por completo.

lunes, noviembre 11, 2019

BOOTLEG SERIES 80: THE PAINTED HORSES

Mis viajes por el vasto territorio americano son cada vez más contados. Pesa el kilometraje y el bólido ya no está para trayectos generosos. Alguna vez, esporádica, caigo en una parcela bonita y tranquila en la que detenerse un rato, cerrar los ojos y escuchar solo la música que sale de las raíces de ese terreno. Esto me ha pasado ahora con The Painted Horses. Lo justo sé (leo) de esta gente. La cosa surge hace unos años porque Denys Kozakis y Natosha Wengreen tienen mucho en común, allá en la montañas californianas de Santa Cruz. En directo tocan en formato trío o en banda con más personal, y tienen un par de discos. Los descubro con The Painted Horses (2019) y algo de su agradable música me recuerda al primer Ray LaMontagne, un Ryan Adams reposado y a The Milk Carton Kids. Tocan lo que hay que tocar, sin florituras y con concisión. Un poquito más de ímpetu no les haría mal, pero gustan. Oportunidad.