miércoles, octubre 21, 2026

VOLUME TWO 141: BONNY LIGHT HORSEMAN


Los créditos finales de las películas nos ofrecen muchas veces gratos descubrimientos: canciones de fábula, artistas inesperados, bandas de las que nunca oyes hablar. Podrían haberme sonado de algo, de alguna referencia, pero no, desconocía qué o quién estaba detrás de Bonny Light Horseman. Un irresistible tema suyo de su primer álbum, Deep in love, cierra un film y me abre el contacto con este supertrío. Por separado los conocía, pero no estaba al corriente de la alianza fantástica que forman Anaïs Mitchell, Eric D. Johnson y Josh Kaufman.

Seguía, y sigo, más los pasos de Kaufman, por su tarea de producción y su acompañamiento instrumental con Hiss Golden Messenger, Josh Ritter, Amy Helm o The National, entre otros. Garantía de lujo. Los tres coincidieron a finales de la década pasada en la órbita de Bon Iver y de aquel encuentro salió su formación, con el primer álbum en 2020. Ahí estaba Deep in love, ahí fluían libres distintas brisas de folk, agitado, mezclado o combinado con belleza y sutileza. Eric y Anaïs alternan sus voces frágiles y conmovedoras, y entre todos firman temas o revisten piezas tradicionales y olvidadas de folk.

Una vuelta al género, vasto, caprichoso y zigzagueante, abierto a todo. Embriagador muchas veces, como cuando hay destrezas extraordinarias en sus artífices. 

lunes, octubre 19, 2026

VOLUME ONE 726: DOPAMINE CHAMBER (FONTAINES D.C.)


Qué bien. La mejor banda de rock del momento (eso dicen, eso escriben) y la artista, cantante, diva y fenómeno social y cultural del presente (sin discusión, hasta gobierno y oposición estarían de acuerdo para atrapar un manojo de simpatías o votos). Juntos unos y otra en una canción del nuevo disco del grupo, el quinto en siete años. No se hable más, un temazo, sintonía perfecta, ella cubre de oro todo lo que toca, ellos son dinamita pura. Nada puede fallar.

Nos gustó mucho Romance (2024), descubrimos que quizá (quizá) estábamos alejados ciegamente de la corriente que elevaba a la banda. Habría que escuchar de nuevo aquello que nos turbó al principio, un triplete de álbumes contundentes, ásperos y feos porque es posible que estuviésemos equivocados, ahora que el grupo se adapta con naturalidad a la destreza de cambiar sin dejar de golpear con la misma fuerza de frente y de revés. Antes de encontrar tiempo para ese repaso llega el quinto volumen, este Dopamine chamber (XL, 2026) que une por un momento a los volcánicos dublineses y a la chica iluminada de otra galaxia.

Ahí, a la altura del octavo corte, el disco cae de lleno en el sopor y ya no vuelve a despertar. El tema (qué maravilla, dirán) es la confirmación de la decepción. Las intrigantes atmósferas y el sonido sombrío con que arrancaba el álbum quedan atrás y el conjunto se vuelve frío y anodino. Sin desprenderse de su vigor natural, Fontaines D.C. se sofistifican en una operación de refinado que tiene más de programado que de espontáneo. La chica, mejor ni mentarla, de qué sirve.

Nota: 4/10 

domingo, octubre 18, 2026

DAVID, CANDY Y LA MÚSICA PERFECTA


Espeluznante. Pídele a esa nueva amiga, se llama IA, un pequeño o gran favor, o un arreglo que te ahorre esfuerzo y facilite las cosas. Luego engañas a los demás y les cuentas que lo has hecho tú, les dices que todo ha salido de tu invención y es fruto de tu talento. Que así es tu arte, espontánea, auténtica y libre. Es tu don. Alucinante: le has compuesto un tango a un ser que añoras o un bolero a tu tierra, un rap a las peleas de quienes dicen que te representan o un rock a tus rutinas diarias. Tal cual: así lo he escuchado en un programa de radio. Después recurre a tu amiga de toda la vida, para componer o para escuchar. Música se llama. Sale de ti, nace en tu interior. No hay nada tan perfecto como lo que crean tus manos, tus pulmones, tu voz. Un ejemplo.

miércoles, octubre 14, 2026

LOS PRIMEROS


Un viejo éxito de un grupo español que suena en la radio, quizá el primero con que se dieron a conocer, despierta los recuerdos de las primeras veces. Quizá entonces empezamos a tararear, a repetir estribillos, a interesarnos por algo que se escuchaba en la radio, en el coche, en la tele. La música.

Aquel fue el primer disco. La fiesta de la primera comunión me trajo un tocadiscos portátil, una caja naranja que al abrirse enseñaba un plato y la aguja. Cayeron dos singles, dos pequeños vinilos. La chica de un trío cantaba que se había colado en otra fiesta y bebía coca-cola. Hoy escucho esa canción. Me río.

No tardaron en llegar los vinilos grandes. Ahora dudo. El legendario Rock & Ríos, doble, del que hoy solo conservo un disco, u otro álbum de leyenda, Thriller de Michael Jackson, del que últimamente sigo escuchando aquellos temazos grabados por el menor de los Jackson con Quincy Jones. Escalofrío.

Llegaron los compact disc más tarde. Para escucharlos tenía un discman que alguien me regaló unas navidades y acabaron pasando por el cuarto de la residencia universitaria. En una tienda que había en mi calle (hoy una oficina inmobiliaria) la Creedence fueron los primeros, un recopilatorio de oro que hoy descansa en la estantería entre un disco de Cracker y otro de The Cult. Los de la Creedence, por cierto, los tengo en vinilo.

Del primer disco descargado en Mp3 ya no me acuerdo. Eso ya no tiene tanto encanto. 

martes, octubre 13, 2026

VOLUME ONE 725: A MILE SOUTH OF HEAVEN (JESS WILLIAMSON)


Recreémonos en Jess Williamson cantando desde el asiento de su furgoneta en medio de la nada, recogida en sí misma, con la vista puesta en lo que deja atrás el espejo retrovisor de su puerta. En su nuevo álbum, A mile south of heaven (New West, 2026), hay miradas al pasado y recelo del presente, nostalgia en clave country salpicada de los adornos que siempre guardan los pliegues del americana. Jess añora su Texas natal sin moverse de Los Angeles, y allí en un estudio de Sunset Sound bajo la producción de Shooter Jennings fabrica un disco sutil de lastimosas guitarras steel y versos delicados. No necesita retorcer esquemas ni inventar nada sino ceñirse sincera a las hechuras y esencias del género. Bonita música para que te acompañe en cualquier carretera.

Nota: 7,5/10 

jueves, octubre 08, 2026

VOLUME ONE 724: THE AGE OF EVERYTHING (JOHNNY MARR)


Lo bueno de los Smiths es que ahí estaba Johnny Marr. Consumada la ruptura, el futuro hundió la reputación de su vanidoso compañero mientras él se ganó el sueldo como eficaz apoyo de otras bandas y en proyectos que nunca le hicieron caer en la egolatría. Lejos del grupo que le dio culto y éxito, Johnny firmó capítulos en solitario cargados de interés y brillo. El ejemplo más reciente, este The age of everything (BMG, 2026). Las guitarras ondulantes de Marr florecen en cada tema de este álbum, el quinto de su autor, pegadizas o envolventes. Flechazos instantáneos (Spin, Ophelia) y un par de gemas (How come, In and out of love) encienden un trabajo a la altura del talento de aquella alma creativa del antiguo grupo histórico de Manchester.

Nota: 7,5/10 

miércoles, octubre 07, 2026

GRATIS


Hoy cuesta creer que aquello fuera así, abierto al disfrute de todo el mundo, llegar y ver sin pagar. Hoy costaría el 10% de nuestro sueldo, en algún caso el 20% según el músico, y gran parte del público no se parecería en nada al que lo vivió de aquella manera tan pura, sin artificios. Un concierto de rock al aire libre: Londres, 1969.

Ocurrió en Hyde Park un 7 de junio. Por primera vez actuaban en directo unos veinteañeros reunidos en forma de supergrupo: Ginger Baker, Ric Grech, Eric Clapton y Steve Winwood. Blind Faith. Duraron poco, no había aura de entendimiento. Muy cerca, Baker y Clapton se juntarían décadas después con Jack Bruce para revivir Cream bajo el techo del Royal Albert Hall. Un pastón a dejar en caja.

Veo alguna imagen de aquella actuación. Serios, solo Winwood dibuja alguna sonrisa tras el teclado mientras canta. En la imperfección todo es compacto. Unas 100.000 personas los ven de cerca y de lejos en el parque. Suenan muy bien. Pocos recuerdan aquella reunión, aquel grupo efímero. Qué inocentes éramos. La música gratis. 

jueves, octubre 01, 2026

LIVE IN 323: LA BRISA DE NEIL


Reconozco que la fiebre productiva de Neil Young acaba dándome pereza. Lo mejor de sí ya lo ha entregado, hace 50 y 40 años y en varias dosis, también hace menos tiempo con algún trabajo muy notable entre álbumes olvidables, rutinarios o mediocres. Second song, última producción y segunda con su banda más reciente, The Chrome Hearts, podría incluirse en este grupo de discos discretos. Pero...

Vale. Ya sabes cómo compone el viejo Neil, cómo escribe, cómo canta (ese quebradizo rumiar de abuela cada vez más frágil). Bien, está bien, un poco como siempre. Al final te quedarás con poco de este álbum, siete canciones, de ellas dos muy antiguas de su cosecha que ahora recupera. Esa pereza también la tendrás hasta para puntuarlo. A estas alturas, los titanes no necesitan nota con números o estrellas. Pero...

Te guardas la suavidad crepuscular que cubre toda esta música, un sonido que acompaña mientras conduces despacio por el campo ese coche donde Neil se sienta en la portada. Una brisa que nace de los versos y de la deliciosa capa de detalles sonoros que se teje detrás. Como Willie, como Van, no sabemos cuándo llegará la última carrera. Parece que Young llegará a ella con el motor de ese coche tranquilo.