Hoy cuesta creer que aquello fuera así, abierto al disfrute de todo el mundo, llegar y ver sin pagar. Hoy costaría el 10% de nuestro sueldo, en algún caso el 20% según el músico, y gran parte del público no se parecería en nada al que lo vivió de aquella manera tan pura, sin artificios. Un concierto de rock al aire libre: Londres, 1969.
Ocurrió en Hyde Park un 7 de junio. Por primera vez actuaban en directo unos veinteañeros reunidos en forma de supergrupo: Ginger Baker, Ric Grech, Eric Clapton y Steve Winwood. Blind Faith. Duraron poco, no había aura de entendimiento. Muy cerca, Baker y Clapton se juntarían décadas después con Jack Bruce para revivir Cream bajo el techo del Royal Albert Hall. Un pastón a dejar en caja.
Veo alguna imagen de aquella actuación. Serios, solo Winwood dibuja alguna sonrisa tras el teclado mientras canta. En la imperfección todo es compacto. Unas 100.000 personas los ven de cerca y de lejos en el parque. Suenan muy bien. Pocos recuerdan aquella reunión, aquel grupo efímero. Qué inocentes éramos. La música gratis.

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