miércoles, diciembre 31, 2008

En el TOP de los TOPS… THE WIRE

Se va el año para nunca volver. Bah, uno más, ni bueno ni malo, sin revoluciones que hayan alterado el transcurso cotidiano de los días, con la suficiente buena salud como para seguir esclavizados a nuestros vicios favoritos. Me quedo con unas pocas cosas:

Las buenas conversaciones… los conciertos de Iron & Wine, Nick Cave y Bob Dylan en Barcelona, Oporto y Vigo, y sus respectivos viajes con Dufresne… El lector y Chesil Beach… los cuervos negros con pinturas de guerra… Ricky Gervais… Brusiño en la ventana… y THE WIRE, THE WIRE, THE WIRE!!!

En 2009 seguiré viendo esta serie extraordinaria. Me quedan aún tres temporadas reservadas para horas de madrugada, las mismas que invertí en empaparme de los capítulos de sus dos primeras partes desde hace unos meses. Algún día del año próximo, cuando llegue al último segundo, le dedicaré un texto como dios manda a esta obra monumental e irrepetible, un hito de la televisión al que todas mis alabanzas y ovaciones ahora me parecen todavía cortas.

Que tengáis todos un buen año. Saludos.

domingo, diciembre 28, 2008

BONUS TRACK 61: CRUEL AND GENTLE THINGS (CHARLIE SEXTON)

Thelma y Louise se iban de farra con el asfalto como alfombra y se pararon a beber unos chupitos en un bar de carretera. Bailaron country y rock enlazadas a los brazos de varios desconocidos. En el escenario cantaba un flaco moreno Tennesee plates y Thelma empezaba a desmadrarse antes de dejarse morder por el peligro y darle un giro completo al rumbo de su vida. Charlie Sexton era la banda sonora. Charlie, un tipo que grabó y giró cuatro años con Dylan… y Dylan no escoge a cualquiera. Tiene cuatro discos Sexton, demasiado espaciados en más de veinte años. El primero lo grabó cuando tenía 16 y el último, hace tres años, un fantástico Cruel and gentle things (Back Porch, 2005) cuyo encanto empieza a salirse del vaso como cuando la espuma se derrama.

Austin conoce bien a Charlie Sexton. En sus bares y locales texanos aprendió a tocar la guitarra y a componer, con los Vaughan Brothers como maestros. Ron Wood, Keith Richards y después de Dylan le contrataron para grabar en sesiones. También tocó con Lucinda Williams, Sharon McNally o Edie Brickell entre otros, además de pertenecer a los efímeros Arc Angels. En el 95 firmó un interesante aunque alargado Under the wishing tree. Está mejor Cruel and gentle things, diez canciones de exquisita textura guitarrística con el envoltorio ambiental de los grandes espacios, los trenes que se marchan y los personajes que persiguen la libertad. Sexton cruza la línea que separa los perfiles del ‘americana’ y camina por el terreno que todavía me sigue dando alguna que otra alegría.

viernes, diciembre 26, 2008

BONUS TRACK 60: UNDER A BLOOD RED SKY (U2)

Boy, October y War emergieron hasta la superficie de las novedades discográficas en 2008, convenientemente maquillados cada uno para quitarse de encima el polvo del tiempo y resultar frescos y contemporáneos. Los dos últimos lo consiguen. También ha reeditado U2 este año Under a blood red sky (1983), el cuarto álbum y su único directo oficial (descartemos los cortes incluidos en Rattle & Hum), con el que empezaron a meterse en el bolsillo al público norteamericano. Este disco sigue haciéndose corto, sus escasos ocho temas son un extracto del mítico concierto del 5 de junio de 1983 en el paraje natural de Red Rocks, en el desierto de Denver, una tarde-noche de tormenta y rock and roll. Los miles de asistentes, cubiertos con paraguas y chubasqueros, fueron premiados con la energía primeriza de una banda en raudo crecimiento. Entonces no usaban tantos adornos en el sonido ni luces en el escenario, entonces su fórmula básica de voz, bajo, guitarra, batería y ocasional piano bastaba para resultar contundente, adictiva y, sobre todo, inmediata. Los bajos de Gloria y I will follow, los riffs de Sunday Bloody Sunday y The Electric Co. son ahora, veinticinco años después, los ecos esplendorosos de unos U2 a los que seguimos echando un poco en falta.

En 2009 volverá U2 con pescado fresco, sobre el que caerán las dudas y las sospechas (las mías también) antes de estar servido en la fuente. Ojalá que el plato sepa rico, de verdad.

martes, diciembre 23, 2008

LO PEOR* DE 2008

Contra la costumbre y el derroche habitual de flores para acabar el año, yo lanzo huevos al escenario. He escuchado cosas muy malas durante 2008 y quiero recordarlas solamente en este post antes de aniquilarlas por completo de la memoria. * Entre lo peor incluyo aquello que me ha interesado escuchar por diversas razones (buenas críticas en revistas, webs o blogs; recomendaciones cercanas; corazonadas…), por lo que no figura todo cuanto de antemano ya escapaba de mi interés. Y dentro de la música que me ha parecido totalmente desechable hago una división y separo los nuevos grupos o solitas que se dan un trompazo nada más arrancar de aquellos que ya llevan unos pocos o unos cuantos discos a sus espaldas.

Tan decepcionante ha sido la impresión que evito acompañar estos discos de sus fotos.

PÉSIMAS NOVEDADES:

-Bon Iver “For Emma, forever ago”

-Glasvegas “Glasvegas”

-Nacho Vegas y Cristina Rosenvinge (juntitos por primera vez) “Verano fatal”

-The Last Shadow Puppets “The age of the understatement”

-The Ting Tings “We started nothing”

-Vampire Weekend “Vampire weekend”


PÉSIMAS REAPARICIONES:

-Jackson Browne “Time the Conqueror”

-Madonna “Hard Candy”

-Queen “The cosmos rocks”

-Ron Sexsmith “Exit strategy of the soul”

-Scott Weiland “Happy in galoshes”

-The Cure “4:13 dream”

-The Killers “Day & Age”

MUCHAS GRACIAS, MULLIGAN

Caen las hojas pero el árbol resiste en su sitio. Mueren los hombres, viven sus obras. Llegará un momento, deja que pase y pase el tiempo, en que habremos perdido la sensibilidad y seremos inmunes al dolor y a la nostalgia, salvo cuando por la televisión o por cualquier otro canal avanzado que nos permita seguir viendo cine sin movernos del sillón todavía se apure emocionado, bajo nuestro grueso disfraz agrietado, un debilitado corazón. Resbalará una lágrima por nuestra mejilla porque Scout escucha los consejos sabios de Atticus antes de darle las buenas noches; porque Boo Radley la mira entristecido y le ofrece la mano de la que todos escapan; porque en la vida se pueden hacer muchas cosas malas, pero nunca, nunca, matar a un ruiseñor.

Ha muerto Robert Mulligan, un gran director con su nombre a pie de página. Tenía 83 años. Rodó 20 películas desde 1957 y otros tantos episodios de televisión antes. Tiene un trono en el cine, ocupado por Matar un ruiseñor (1962), la obra insuperable entre las obras maestras. Gregory Peck, nuestro querido Atticus Finch, el padre que siempre quisimos tener, es y será el faro cuya luz deberíamos seguir, pese a que no miremos siempre hacia ella.

Mulligan dirigía con calurosa sutileza, mostraba las cosas y a las personas con mimo exquisito, como si perdonara su atrevimiento o sus pasos en falso y les diese siempre otra oportunidad. Amores con un extraño (1963), La noche de los gigantes (1968) o Stony, sangre caliente (1978) son otras buenas películas suyas. Y después de Matar un ruiseñor siguió bordando el cine con hilos de maestría en Verano del 42 (1971) y El próximo año a la misma hora (1979), otras dos proezas de extrema ternura, inocente y arrebatadora la primera, madura y amarga la segunda.

Muchas gracias por tus películas, Mulligan.

sábado, diciembre 20, 2008

GREATEST HITS 61: COLD IRONS BOUND (BOB DYLAN)

Cinco hombres encajonados en el objetivo, atrapados en una imagen. Todo tiene explicación. Menos esto. No me hace falta nada más.

VOLUME TWO 43: JENNY & ZOOEY

Las voces y los rostros tienen un poder indestructible. Un micrófono o una cámara los atrapan en la memoria de un instante y nosotros, desde el otro lado, nos dejamos entregar por los sonidos y las imágenes.

Este es el rostro de Jenny Lewis. La conocí primero como cantante y me enteré después de que es también actriz. Tiene un precioso disco con las gemelas Watson, Rabbit fur coat (2006), un dulce fresco de canciones que se deshacen en la boca con aliento de country rock. Este año ha publicado sola Acid tongue, un trabajo menos inspirado, más disperso, con la voz menos inocente y más ofensiva, madurada, con algún destello abrupto de ingenio. A Jenny Lewis da gusto escucharla también en Rilo Kiley, una banda de Los Angeles de la que es vocalista, una formación que juega alegremente sobre las ramas que el pop y el rock extienden en todas direcciones en discos interesantes como More adventurous (2004) y Under the blacklight (2007). Y Jenny es además actriz, no demasiado popular. Empezó con diez años en episodios de series televisivas y continuó en telefilmes y alguna producción de cine como Pleasantville hasta retirarse de las cámaras hace siete años.

Este es el rostro de Zooey Deschanel, a la que descubrí antes su historial cinematográfico que musical. Hace muy poco la hemos visto en El incidente, frágil y despistada con su imposible mirada azul cristalina como el mar descansado de una isla caribeña. Empezó mucho antes a aparecer en películas, encantadora siempre con sus ojos celestes y celestiales en roles secundarios en Mumford, Casi famosos o The good girl. Su rostro es sencillo e incorruptible como las melodías que canta en el dúo She & Him que forma junto al solista y compositor M. Ward. A lo largo de dos años grabaron y seleccionaron temas tiernos y bonitos, caramelos pop que salen de otra época y entran con sigilo en nuestros días recogidos en Volume one (2008). En Acid tongue, incluso, Zooey le echa un cable a Jenny con las voces. Dos hermosuras atrapadas en la memoria.

jueves, diciembre 18, 2008

SOUNDTRACK 74: LA MEJOR PELÍCULA DEL AÑO ES…

… (Para mí, por supuesto) Son of Rambow.

Ni Scorsese, ni los Coen, ni Shyamalan, ni Eastwood, ni Batman, ni Pixar, ni las películas de los Oscar, sino Son of Rambow, estreno que en las pantallas de cine españolas veremos a primeros de enero de 2009 con el título de El hijo de Rambow. Algunas de las películas arriba aludidas o firmadas por los autores mencionados no están nada mal (Quemar después de leer, Juno), o están muy bien (Wall-E, El incidente), o por el contrario son decepciones (Expiación, El caballero oscuro, No es país para viejos). Son of Rambow, dirigida por Garth Jennings, es en cambio una sorpresa deliciosa, el film con el que mejor me lo he pasado en los últimos doce meses. Y eso es suficiente.

Rambo, John Rambo, el veterano del Vietnam desfigurado por el rostro de Sylvester Stallone en cuatro entregas, es el vínculo que une a dos niños ingleses en una escuela privada ubicada en el campo. Lee (Will Poulter), el más travieso del centro, admira al personaje y ama el cine, así que quiere hacer una película en Super 8, muy cutre en el aspecto pero muy trabajada en la planificación. Su aliado principal va a ser el reservado Will (Bill Milner), educado bajo una estricta enseñanza religiosa y coartado por las prohibiciones, entre ellas la de ver cine y televisión; pero en cuanto conoce a Lee y éste le enseña quién es Rambo va a alucinar de inmediato y a meterse al personaje en su menudo cuerpo y en su inmenso espíritu. Juntos van a hacer la película, ayudados por otros niños de la escuela y por un extravagante alumno francés de intercambio. De principio a fin, Son of Rambow es un encanto, un abrazo a la inocencia y a la amistad, a la magia de la ficción y de las películas, una inesperada, tierna y conmovedora gozada.

Otros buenos trabajos disfrutados a lo largo del último y, en general, flojo año son: Hacia rutas salvajes (Sean Penn), Antes que el diablo sepa que has muerto (Sidney Lumet), Mil años de oración (Wayne Wang) o La escafandra y la mariposa (Julian Schnabel).

Feliz cine a todos.

domingo, diciembre 14, 2008

GREATEST HITS 60: I HEARD IT THROUGH THE GRAPEVINE (CREEDENCE CLEARWATER REVIVAL)

La Creedence. El tema más largo de aquel vinilo doble que compré en la adolescencia era este, I heard it through the grapevine. El disco giró días y días en mi plato. La Creedence era una droga. Era un grupazo. Más tarde me enteré de que el tema pertenecía a la Motown, que salió de la pluma de Norman Whitfield y Barrett Strong, y que lo interpretaron unos cuantos artistas negros antes, entre ellos Marvin Gaye, cuya versión sonaba en el arranque de la película Reencuentro (1983), la magnífica obra de Lawrence Kasdan. Yo me quedo con la Creedence tocando este tema en 1970, alargándolo hasta más allá de los nueve minutos y sumergiéndolo en las aguas de los pantanos. Este es un fragmento de una banda imborrable…

viernes, diciembre 12, 2008

VOLUME ONE 168: HOMEWRECKERS & HEARTBREAKERS (THE QUIREBOYS)

Muchas veces la esencia del rock n roll reposa en la sencillez, en una música directa y una voz apasionada que nace de las profundidades del sentimiento y fluye por el cuerpo de un vocalista hasta engullir a su audiencia, un público incontable o un público de uno, uno mismo. Nada más que eso. En realidad es muy fácil esto de la música. O lo parece. A mí me lo parece escuchando Homewreckers & Heartbreakers (Jerkin’ Crocus, 2008), el último trabajo de The Quireboys. Debo hacerles una reverencia y castigarme a mí mismo por no haber ido a verlos hace muy poco, con lo cerca que han estado…

Hacía tiempo que no los escuchaba, son una banda que aparece y desaparece, que ha tenido etapas y ha espaciado sus discos. This is Rock & Roll (2001) me encanta, lo machaqué una temporada. Y esa es la pureza de esta banda, Rock N Roll crujiente y sabroso, con ese aceite que te resbala por la barbilla. Guitarras con músculo, pianos con garra, una voz, la de Spike, conmovedora cuando brinca o cuando se enternece. Rod Stewart todavía joven dándole patadas a un balón, los primeros Black Crowes, los Stones siempre.

Homewreckers & Heartbreakers te agarra por la cintura de inmediato para invitarte a una copa y las que hagan falta hasta que deje de sonar el jukebox. El sudor es auténtico, resbala por el cuerpo de unos tipos que aman una música salvadora y sagrada, el amigo que nunca falta. Mona Lisa smiled, Hall of shame, Hello… y otro glorioso temazo de este año, Blackwater.

Nota: 9/10

miércoles, diciembre 10, 2008

SOUNDTRACK 73: ZELIG

Otra sesión con Woody Allen. Sigo rescatando aquellas películas que tenía más olvidadas y de las que al mismo tiempo conservo impresiones más bajas.

Zelig (1983) es un divertimento absurdo en la carrera del célebre director, un experimento cuya gracia dura media hora, a pesar de que se trata del film más corto de su filmografía, apenas una hora y cuarto. En su día fue recibido con hilaridad por la crítica y su simpática puesta en escena formal, como si se tratase de un viejo documental de época, resultó chocante y confirmó la habilidad del autor para entretenerse con diferentes técnicas de narración a lo largo de su carrera. Zelig se inventa el anómalo caso de un tipo, Leonard Zelig (el propio Allen), que se convierte en un fenómeno médico y popular por su capacidad para adaptar los rasgos físicos y la personalidad de las personas con las que se encuentra, sean blancos, negros o indios, o se hallen en uno u otro continente. Una doctora, interpretada por Mia Farrow, sigue el caso e intima con Zelig para tratar de descubrir que hay de verdad o falsedad en su historia.

No cabe duda de que Allen disfrutaba combinando estilos y referencias hasta el momento de rodar Zelig, film que formalmente se parece a su primera obra, Toma el dinero y corre. Ya había bebido de Bergman (Interiores) y de Fellini (Recuerdos) y más tarde probaría técnicas radicales y argumentos estrafalarios como los empleados en La rosa púrpura del Cairo, Maridos y mujeres, Desmontando a Harry o Todos dicen I love you, por poner algunos ejemplos. Zelig costó más montar que rodar, según cuenta el director en el libro Conversaciones con Woody Allen. Su singularidad cautiva la mitad de su metraje, ya que las terapias que comparte con la doctora se alargan demasiado como puente de un estado a otro en la vida documentada de este personaje. Se queda en una ligera broma que toca por encima otros aspectos paranormales más interesantes que podrían estar presentes en el fenómeno fisiológico que tratará el esperado estreno El curioso caso de Benjamin Button.

lunes, diciembre 08, 2008

VOLUME ONE 167: READY FOR THE FLOOD (MARK OLSON & GARY LOURIS)

Noto que los corazones se ablandan y que se escapa algún suspiro de nostalgia cuando salen a colación The Jayhawks, un grupo al que nunca le cogí el pulso y del que para mí no nacieron nunca signos de especial admiración. Los seguí escuchando aunque tuviera siempre la sensación de la indiferencia; presté también atención a los caminos paralelos o alternativos que tomaron sus dos vocalistas, Mark Olson y Gary Louris; del primero sí me agradó su trabajo junto a su entonces pareja, Victoria Williams, y con la formación The Creekdippers, y su posterior trabajo a solas, mientras que del segundo me harté enseguida de su aportación al colectivo Golden Smog y me pareció muy discreto su reciente álbum Vagabonds (2008). Incluso asistir a un concierto de Jayhawks, con Louris pero sin Olson, no ayudó tampoco a convertirme en un seguidor de la banda; es más, creo que fui el único espectador que salió desencantado del teatro.

Y ahora se reúnen Mark Olson y Gary Louris después de trece años de separación para firmar Ready for the flood (New West, 2008), una colección de trece nuevas canciones que respiran con melancolía el aire musical de aquellos primeros Jayhawks a través de las características armonías vocales del grupo. Pasado el tiempo reposa ahora un clima de pesar y reflexión en las letras y los dos intérpretes no sólo gastan canas sino que desentonan y se chocan cantando. Poco molestará a ciertos fieles. El disco, producido con neutra intimidad por Chris Robinson (The Black Crowes), viene a tener el tono de los viejos álbumes de CSNY, James Taylor, Joni Mitchell, The Byrds o Simon & Garfunkel. En un día de tormenta incluso puede sonar maravilloso. Algunos temas (Turn your pretty name around, Chamberlain SD, Bloody hands, The trap’s been set) también lo son, aunque aparecen dentro de un conjunto más bien nublado.

Nota: 6/10

sábado, diciembre 06, 2008

BESOS ROBADOS

En el centro está una mujer, una de mucho cuidado, la que un día traga de una saliva y al siguiente de otra saliva. Lo jodido es que son las dos salivas las que se distancian, las mismas que compartieron más de un día una afición pornográfica. Ahora le acaricia la nuca a uno sin haber jugado con el cabello del otro; ahora se la chupa a uno sin habérsela mamado del todo al otro. ¿Quién tiene la culpa? Nadie. Cuestión de apetencias. ¿Quién es serpiente y quién es imbécil? ¿Quién es una santa y quién es un pardillo? Nadie será definitivo. Besos robados.

jueves, diciembre 04, 2008

SOUNDTRACK 72: MUSIC BY CLINT EASTWOOD

Hasta para componer tiene un estilo inconfundible. Como cuando dirige. Un sello firme y sobrio, parsimonioso y sin efectismos, donde la dirección (o la composición) se ajustan al dictado de lo necesario. El clasicismo, en una palabra. Una marca que deja huella casi sin notarse, sin levantar la voz. Así se ha ganado un respeto mayúsculo entre su mundo y el de quienes lo admiran al otro lado de la pantalla, con muy buenas películas y con fidelidad a un método infalible de apenas perceptible intensidad. Y cuando compone la música de sus películas es también un autor dotado de virtuosismo ajustado y sencillez clásica. Suenan sus notas y son igualmente reconocibles. Tres notas de piano, tres de guitarra y el posterior acompañamiento orquestal, sutil, sin ganas de acelerar. Queda bien esta música en las películas, fuera no. Y ya va siendo repetitiva.

Desde Mystic River (2003) Clint Eastwood firma el score de casi todos sus largometrajes (incluso el de alguno que no es suyo, como La vida sin Grace, del año pasado). Después su buen amigo Lennie Niehaus, firmante de la música de la mayoría de los anteriores films que dirigió, se pone a arreglar y a conducir la orquesta. Últimamente le apoyan su hijo, Kyle Eastwood, y un tal Michael Stevens. Yo apuesto a que incluso en la invención de aquellos acordes y melodías que Niehaus escribía para Sin perdón, Un mundo perfecto o Los puentes de Madison, estaba Eastwood como coautor.

Son éstas precisamente las únicas partituras que guarda mi memoria de las obras dirigidas por Clint Eastwood. No sólo porque las películas son inolvidables, sino porque la música, con su combinación de tenebrismo, melancolía, dolor y esperanza, ensalzaba el resto de virtudes generales. Él mismo o el propio Niehaus no han hecho después, me parece, más que arrimarse de algún modo a distintos fragmentos de estas composiciones sin volver a repetir partes o cortes que se te queden incrustados en la memoria.

Desde aquellos trabajos y hasta Mystic River, y desde éste hasta los que veremos seguidos en los dos próximos meses, El intercambio y Gran Torino, Eastwood ha subido muy arriba (Mystic River) y se ha caído por las escaleras (Cartas desde Iwo Jima); también ha recorrido una línea estable sin resbalarse (Million Dollar Baby, Banderas de nuestros padres, El intercambio). Pero siempre, de algún modo que incluso a veces nos costará explicar, estaremos atentos a sus siguientes pasos.

En Gran Torino, la segunda de sus películas de 2008, que en España podremos ver en enero de 2009, Clint canta. Lo hace mucho tiempo después de hacerlo tan bien en la maravillosa El aventurero de la medianoche (1982). Y ahora, la verdad es que no canta, murmulla más bien como si le costara vocalizar sobre las tres o cuatro notas de piano de rigor dignas de olvidar. No es gran cosa el tema, en el que le acompaña en un fuerte contraste Jamie Cullum. Aquí lo tenéis (pinchad en el último de los cortes que aparecen a la derecha).

martes, diciembre 02, 2008

VOLUME ONE 166: TU LABIO SUPERIOR (CRISTINA ROSENVINGE)

No contaba yo con dedicarle unas líneas a Cristina Rosenvinge, responsable del calamitoso Continental 62 y pareja musical y sentimental del insufrible Nacho Vegas, pero su nuevo disco, Tu labio superior, ha supuesto una sorpresa imprevista, un pequeño catálogo de dulces pop-rock tan fáciles de digerir como sugerentes al profundizar. Además, con esta autora confieso tener aún despierta una lejana atracción, la que provocaban sus ropas de colores y sus movimientos infantiles ante los ojos de un púber despistado o la que consigue resucitar al fantasma de una vieja conocida con muy alto parecido físico por la que más de uno andábamos loquitos hace unos cuantos años.

Recuerdos aparte, Tu labio superior (Warner, 2008) es una especie de retorno musical de Rosenvinge a terrenos más flexibles y menos quebradizos a los que envuelve una disfrazada inocencia. La voz todavía adolescente de esta cuarentona (qué mal suena este término asociado a su imagen) de perpetuo aspecto naïve y la sencillez natural de sus composiciones la acercan más a las solistas pop europeas que a las rockeras americanas, aunque se haya rodeado en la grabación de miembros de Come y Sonic Youth y una vena noise deje correr sangre por Anoche y la garagera Tres minutos. Lujuria, seducción y algún espasmo psicodélico transpiran otros temas como Eclipse, Tu negro cinturón o Nadie como tú. Son éstos los besos de cristal que aún sigue lanzando Cristina.

Nota: 7/10

domingo, noviembre 30, 2008

GREATEST HITS 59: CIVIL WAR (GUNS N’ ROSES)

Con feliz nostalgia atiendo a estas imágenes.


Por los viejos tiempos... que se pierden pero no se olvidan. Por Jose y sus pistolas… que se vuelven a disparar.

jueves, noviembre 27, 2008

SOUNDTRACK 71: OTRA MUJER

El cine me puede, me vence con palos aunque arroje la toalla. Es una relación masoquista la nuestra. Afuera nada me ilusiona, ni la artesana y sosa parafernalia de Ridley Scott, ni la última estupidez de James Bond, ni el vergonzoso epitafio del western. Así que dentro, en la intimidad de mi cuarto, me dedico a tratar de encontrar un poco de gusto a aquello que en su día no me lo proporcionó. Sigo viendo las películas de Woody Allen que hace años no me agradaron para comprobar quién ha cambiado más, ellas o yo. La siguiente ha sido Otra mujer (1988).

Se trata quizá del trabajo del cineasta neoyorquino con la huella más profunda del cine de Ingmar Bergman que tanto admira. A ello contribuye su primera colaboración con el maestro Sven Nykvist, el director de fotografía habitual del autor sueco, quien confiere a la imagen del film un tono desnudo y gélido al colorido marrón y tostado que cubre casi toda la filmografía de Allen. Otra mujer es un film introspectivo, el breve viaje de una mujer madura dentro de sí misma a través de sus frustraciones, su soledad, su falta de pasión y su conformismo a raíz de la fortuita escucha de las confesiones desesperadas que una mujer más joven hace a su psiquiatra y que la protagonista escucha por el conducto de ventilación de su piso. Esa relación a distancia destapará los traumas no curados que el personaje aún no ha superado y que tímidamente tratará de olvidar.

Otra mujer tampoco me gusta ahora. Es pedante y distante, deudora del simbolismo más arrogante del cine de Bergman. Pero sí hay un par de cosas que salvo de este film más complejo y esquivo de Allen: la sobria interpretación de Gena Rowlands, una veterana actriz que siempre me gustó; y los últimos tres minutos de película, en los que la protagonista lee el fragmento de una novela cuyo autor, al que interpreta Gene Hackman, creó un personaje inspirado en ella por la pasión imposible que un día en él despertó. Sublime cierre de un trabajo olvidable.

martes, noviembre 25, 2008

VOLUME ONE 165: CHINESE DEMOCRACY (GUNS N’ ROSES)

Bueno, ¡pues aquí está! Este disco sale del cajón de la leyenda y llega al oído de todos los mortales. Fin del mito. Bienvenida a la realidad. Se puede tocar, se puede oler su libreto, se puede mimar en el lugar preferente de la estantería y, sobre todo, se puede escuchar. Aunque apuesto a que pasado el tiempo, más tiempo incluso que el que hemos esperado para que Chinese Democracy fuera algo real, dará más que hablar y que leer la gestación eterna de este disco que la propia música que tan costosamente (en todos los aspectos) ha llegado al fin a presentar. ¡Aquí está entonces Chinese Democracy!, un trabajo que seguro que nada hubiera revolucionado hace una década y que ahora, cuando se acaba 2008 tampoco va a traer ninguna transformación brutal consigo. Las críticas, eso sí, tendrán más heridas de pistolas que olor a rosas. No deja de ser un disco más, pero al que yo le doy una sincera bienvenida.

Hubo un tiempo, allá por mediados y finales de los noventa (y seguro que no soy el único al que le ocurrió), en que esperé con distinta (y contenida) impaciencia la aparición del anunciado Chinese Democracy. Los Guns N’ Roses planeaban un nuevo disco, pero el grupo no parecía muy dispuesto a parecerse a un grupo. Axl Rose ya no se trataba con nadie y los demás no querían verlo ni en pintura. Así, los Guns se fueron partiendo y cada componente se buscó las judías en cualquier otro lado, lejos de Axl mejor. Éste empezó a reclutar a otros músicos, a hacer nuevos amigos, a grabar canciones que fue guardando y regrabando, variando o descartando, a gastarse en 15 años casi otros tantos millones de dólares en contratar a músicos, técnicos y productores y solicitar caprichosas costumbres que ayudaron a alimentar una leyenda con aspecto de maldición. Rumores y más rumores, noticias y más noticias, bulos, mentiras, pero el disco no aparecía por ninguna parte, tan sólo algunas canciones se escuchaban en los conciertos de las giras donde Axl era el único superviviente de aquella gran banda de Los Angeles que fueron los Guns N Roses.

Bueno, Chinese Democracy (Geffen, 2008) es el disco de Axl Rose y sus amigos, no el de Guns N’ Roses. Me resisto a pensar que los autores de Appetite for destruction y los Use your illussion son los mismos responsables de este disco en cuestión. Y no lo ataco, no, aunque encuentro motivos para no estar satisfecho con el resultado final del disco. Sin embargo, pesan un poquito más los buenos momentos que me hacen discrepar con todos aquellos que llevarán esta obra a la hoguera.

No me gusta el acento industrial que aporta el ex Nine Inch Nails Robin Finck en fragmentos de algunos temas. No me gustan incluso fragmentos absurdos dentro de canciones aceptables, introducciones o pasajes poperos y electrónicos que no son más que frivolidades sin sentido. No me gusta el exceso de grandilocuencia que alcanzan algunos cortes con onanismo guitarrero y despelote orquestal. No me gustan tonterías como Street of dreams o This I love, empachadas de piano. No me gusta que no contenga ninguna canción para la historia, ningún himno inmortal.

Me gusta que Axl Rose vuelva a gritar (aunque sin la frescura jovial del pasado). Me gusta dejarme tragar por remolinos de rock duro apabullante. Me gusta escuchar una caña que echaba de menos. Me gusta Sorry, I.R.S., Madagascar, Prostitute o If the World y There was a time, dos piezas que encajarían perfectamente en películas de James Bond. Me gusta que GNR (o Axl & Co.) no hayan malgastado el tiempo en una basura pese a ser incapaces de resucitar el pasado.

Nota: 7/10

(PD: Mientras Axl vuelve al mundo de los vivos, Scott Weiland, el líder al que acompañan Slash y Duff en Velvet Revolver, se dedicar a vagar como un cadáver perpetrando soberanas mierdas como Happy in galoshes, el primer 0/10 rotundo del año)

sábado, noviembre 22, 2008

VOLUME ONE 164: FLEET FOXES (FLEET FOXES)

Todos los años aparece un disco que concilia a la crítica y encandila a mucho público pero que a mí, vaya, no me gusta o me defrauda. Los expertos se relamen de placer con los méritos y virtudes del responsable y yo, pese a darle más de una oportunidad al músico o al grupo, no consigo encontrar tales cualidades. El ejemplo del año pasado es Back to Black, de Amy Winehouse; el de este es Fleet Foxes, el disco de la banda de Seattle con el mismo nombre.


En varias publicaciones, webs y blogs he leído elogios a este disco espiritual y atemporal, a las armonías delicadas que remiten a unos Beach Boys campestres y a la construcción lujosa de sus melodías. Fleet Foxes respira cierta psicodelia bucólica que nace de la voz difusa de su cantante (componente que acerca al grupo a Band of horses o a My Morning Jacket) y fluye por los diversos canales de su música serena, una especie de folk pastoral que invita al descanso sobre la hierba. Es un trabajo sorprendentemente maduro para un grupo tan nuevo y arriesgadamente diferente, un rara avis sin fecha ni referencia que choca contra cualquier tendencia musical del momento. Pero no, no me convence, no me entra después de más de un par de escuchas. Y me llego a preguntar si en realidad me ocurre algo extraño que me convierte a mí, en este caso, también en un rara avis.

Lo mejor de este disco es, sin duda, su portada, una pintura del autor flamenco Pieter Bruegel titulada Proverbios Neerlandeses inspirada en la obra magistral de El Bosco, una imagen donde entretenerse buscando detalles e imaginando historias.

Nota: 4/10

martes, noviembre 18, 2008

LIVE IN 65: SOBREDOSIS DE NINA

Un inoportuno virus me ha privado de ponerme al día en cuanto a novedades discográficas y a otras curiosidades musicales, así que he tenido que escoger en el mueble y me he decidido por aquellos discos que una vez me grabó Fer con los trabajos de Nina Simone para los sellos Mercury y Philips. No es que los tuviera olvidados, me apetecía volver a dejarme cubrir por la voz singular y abrigada de Nina ahora que los días se vuelven fríos. Me he visto de nuevo empachado de Nina, pero en absoluto harto de su manjar musical.

Dios, esta mujer era una artista extraordinaria. Me refería a ella hace tiempo del mismo modo y me reafirmo. Su modo de cantar y saltar de una emoción a otra con fascinante facilidad, incluso en la misma canción, la convierten en una intérprete de lujo. Su piano es suave, pero su voz guarda un carácter imprevisible. O murmuraba hasta el punto de amagar el comienzo de un llanto o, por el contrario, se excitaba como estado previo a un pronto de enfado. Hacía versiones de artistas variados del blues, el jazz y el pop y las convertía en canciones propias (I put a spell on you, Ne me quite pas, The ballad of Hollis Brown, Here comes the sun…).

Cada disco suyo, por muy convencional que pareciese, tenía una o dos canciones asombrosas. En alguno de estos álbumes que acabo de volver a escuchar (I put a spell on you y Pastel Blues, de 1965, y Let it all out y Wild is the wind, de 1966) se encuentran joyas de trazo sencillo cubiertas de ese blues espumoso y ese soul terriblemente sentimental que la voz andrógina de Nina Simone y la música libre y cómoda de sus estupendos acompañantes bordaban.


Aquí os dejo dos muestras: un directo de la popular Ain’t got no/I’ve got life y el fragmento de la magnífica película El secreto de Thomas Crown con la perfecta decoración musical de Sinner man, un tema espectacular que Nina parecía no querer terminar de cantar hasta más allá de los diez minutos de duración.


sábado, noviembre 15, 2008

SOUNDTRACK 70: GORDON WILLIS

Leo un poco cada día “Conversaciones con Woody Allen”, una sucesión de numerosas entrevistas que desde comienzos de los setenta ha mantenido el periodista Eric Lax con el cineasta neoyorquino, reunidas ahora en un volumen publicado por Lumen. Allen se desnuda hasta donde su timidez natural se lo permite para compartir sus métodos de trabajo, su elección de actores y actrices y el trato con los mismos, el modo en cómo desarrolla las ideas y los guiones, la forma en que dirige desde delante y por detrás de la cámara, incluso algunas fobias personales… Un placer. Esta extensa conversación está seccionada en apartados. En uno de ellos describe con detalle su relación con los directores de fotografía utilizados a lo largo de su carrera y se detiene especialmente en los tres más significativos, no sólo por haber prestado su talento artístico en más películas que ningún otro, sino por su maestría con las luces y los objetivos. Se trata de Carlo Di Palma, Sven Nykvist y Gordon Willis.

Y yo me paro un rato en Gordon Willis, a quien Woody Allen considera un mago de la luz que convierte sus iluminaciones en sublimes obras de arte. He recordado entonces algunas películas fotografiadas por Gordon Willis, las de Woody Allen y las de Coppola o Alan J. Pakula. Además he vuelto a ver Interiores (1978), el primero de los dramas y la primera de las películas bergmanianas de Allen, donde explota su admiración confesa por el cine introspectivo de Ingmar Bergman y a la que la luz envuelta en niebla o camuflada en la penumbra de Willis convierte en un espectáculo para la vista. Interiores defrauda en la adolescencia y conmueve en la madurez. Es dura y fría, pedante y soberbia, sus personajes son aborrecibles y su trama, irritante. Sigue sin gustarme. Pero la luz de Willis es mágica, anima al espectador a tocar la pantalla y acariciarla: esos contraluces a través de las grandes ventanas, esos rostros en la sombra, esas lámparas tenues en los extremos de una habitación, ese amanecer tenebroso y el mar mostrando sus fauces.

Gordon Willis lleva diez años sin fotografiar películas, desde La sombra del diablo, el film póstumo de Pakula. Como los grandes artistas de su especialidad, no se preocupaba por buscar la luz más bonita, sino la luz ideal para cada escena y para lo que el guión exigía. Era impetuoso en el trabajo, cuenta Woody Allen, se enfadaba con frecuencia, estallaba de los nervios, pero encontraba la imagen perfecta para cada situación. Basta recordar unos pocos momentos, unos pocos fotogramas de las obras de Allen y Coppola para rendirnos a la elegancia naturalista del ojo de Gordon Willis: los banquetes de la saga de El Padrino, la matanza en la escalera y la huida por las azoteas, el despacho de claroscuros sepia de Don Vito Corleone, la arenosa Sicilia; los rostros de Allen y Diane Keaton rodeados de estrellas en el planetario de Manhattan, la postal del banco bajo el puente, el calor resplandeciente del verano, las dos dimensiones de La Rosa Púrpura del Cairo, las calles de Nueva York en color y blanco y negro…