domingo, junio 18, 2017

GREATEST HITS 194: FIND ME A HOME (NATALIE DUNCAN)

Sale Londres por la noche -unos pocos planos y lugares- acompañando esta canción. A uno le apena que hoy la ciudad sea trágica imagen de primera plana, realidad negra y sin razón. Sale Natalie Duncan buscando un hogar en el que estar o al que volver cuando grabó su primer álbum. Escucho de nuevo Devil in me (2012) y me emociona su expansivo escalofrío, cómo te agarra y te mastica su música. Precioso disco con canciones divinas como esta: Find me a home.

Con este tema abrimos otro paréntesis blogero hasta dentro de unos días. Descanso y tranquilidad. Unión.


martes, junio 13, 2017

BOOTLEG SERIES 54: THE MAGPIE SALUTE

Esto va de urracas y cuervos, de cuervos y urracas, no importa cuáles primero. The Magpie Salute (el saludo de las urracas) se crea el año pasado por la reunión del ‘black crowe’ Rich Robinson en un estudio de Woodstock con antiguos compañeros de The Black Crowes y actuales miembros de su grupo. Hasta diez personas se acaban juntando, con los cuervos Marc Ford, Sven Pipien y el fallecido Eddie Harsch. Tocan, ensayan, versionan, componen y graban. Una de esas grabaciones con público deriva en disco, The Magpie Salute (2017), diez cortes que incluyen un tema original muy muy Black Crowes, Omission, y ‘covers’ de Faces, Pink Floyd, Bobby Hutcherson, Delaney and Bonnie y los propios Crowes.
 
Nostalgia o revisión. El resplandor candente o el fuego vivo. Puedes pensar una cosa o la otra al escuchar a The Magpie Salute. Los Crowes parecen seguir volando, sin Chris Robinson pero con el mismo vigor guitarrero. Rich también parece haber querido despertar antiguas sensaciones inmunes al desgaste junto a gente de la que fiarse y con la que perderse en largos temas. La aparición de este supergrupo ha causado gran expectación y pronto se agotaron las entradas para buena parte de los conciertos de la gira que este año les llevará por Europa y numerosas salas de USA. El disco, sin ser puro Black Crowes quiere confundirse con ellos, y se paladea como un sabroso consuelo para quienes no los veremos. Ni a unos ya más ni muy probablemente a otros.

domingo, junio 11, 2017

VOLUME TWO 82: GOV'T MULE

Reencontrarte con algunos músicos es volver a otros días, a otras gentes, a periodos de tu vida que duraron solo un tiempo o siguieron contigo adelante. Gov't Mule me lleva varios años atrás a otras etapas de aprendizaje e indagación musical. Me fui desatándome del grupo, cansado, vencido por el continuo desinterés o movido por la necesidad de seguir abriendo nuevas zanjas en la tierra de mis cultivos sonoros. Ocurre a veces aunque veas que te apartas de músicos enormes, monstruosos. Como Gov't Mule.

Surgieron de su inclusión en la Allman Brother Band a finales de los ochenta: Allen Woody al bajo, Warren Haynes en la guitarra. En el 95, con el baterista Matt Abts, tenían su primer álbum. Un poderoso trío de blues-rock, robusto, intimidante, proclive a alargar los temas y a recrearse en embriagadoras jams. Instrumentistas colosales. Llegaron más discos, el glorioso directo del fin de año del 98 en el Roxy de Atlanta. La muerte de Woody y los volúmenes The Deep End con numerosos bajistas. Hubo más sustitutos con el paso de los años y discos engrasados en los que fueron cabiendo el funk, la psicodelia y el reagge entre los pliegues blueseros de su rock contundente. Me sentía distanciado de ellos, ajeno a climas que me parecían ya pesados, cuando encuentro su último trabajo: Revolution come… revolution go, que grabaron el año pasado y acaban de poner a la venta para reconciliarme con la Mula.

martes, junio 06, 2017

LIVE IN 204: MARC FORD & NEPTUNE BLUES CLUB, A CORUÑA 2017

Desde que abrió en 1999, la sala Mardi Gras de mi ciudad, A Coruña, ha programado 2.000 conciertos. Pop, blues, funk, soul, indie, variedad de fusiones estilísticas y, sobre todo, mucho rock and roll nacional e internacional han sonado en su escenario y hecho sudar las paredes del local, cubiertas por los carteles de muchos de esos bolos. El concierto número 2.000 fue el que la noche del domingo ofreció Marc Ford y dos de los miembros de su banda, la Neptune Blues Club. Fenomenal coincidencia. Velada ideal para quienes hemos disfrutado tanto en la Mardi estos 18 años con grandes conciertos de rock, para quienes ya no nos dejamos ver tanto.

 
Ford ha estado otras dos veces en la ciudad. Esta vez, la primera que lo veo, agitó magistralmente un espumoso cóctel de rock y blues e hizo hervir vibrantes canciones de caldeados ambientes. Marc, más delgado y con aspecto algo frágil, entró en el concierto con parsimonia, manejando habilidoso su ardiente guitarra sobre las envolventes capas rítmicas de sus músicos, y avanzó por densos pasajes instrumentales que combinó con piezas más directas. Por momentos parecían transformarse en los Neil Young y Crazy Horse de las mejores obras de los años setenta tocando temas como Tonight's the night o Cortez the Killer, o los Led Zeppelin que alargaban y retorcían Since I've been loving you o Dazed and confused. El ex ‘black crowe’ demostró su completa destreza como guitarrista rítmico y virtuoso solista, jugando con riffs, ritmos, efectos y lucimientos. Así se trabajó un fantástico concierto que me hacía falta y me sentó muy bien.

lunes, junio 05, 2017

VOLUME ONE 442: WAITING ON A SONG (DAN AUERBACH)

Una de las cosas que me gusta de este disco es su cristalina simpleza, una cualidad en absoluto reñida con la capacidad de llegar a provocar grandes emociones. Otra es que su responsable, Dan Auerbach, exhibe su admirable capacidad para transformarse delicadamente con un giro imprevisible en su carrera autoral, muy alejado de la ruidosa parafernalia experimentada hace un par de años con The Arcs y también de los crujientes ritmos de The Black Keys. Waiting on a song (Easy Eye Sound, 2017), su segundo disco en solitario, contiene una decena de preciosas canciones pop (contención eléctrica, predominio acústico, palmas, suaves coros femeninos, sonidos limpios) y colaboraciones instrumentales y compositivas que parecen pasar de puntillas (Duane Eddy, John Prine, Mark Knopfler) en menos de 33 minutos, tiempo suficiente para enamorar en el calor del verano.
 
Nota: 7,5/10

viernes, junio 02, 2017

BONUS TRACK 177: PACIFIC OCEAN BLUE (DENNIS WILSON)

Otro Wilson, otro 'beach boy', Dennis. Otro disco de excepción, de esos que merecen consideraciones de joya olvidada o clásico perdido en el tiempo. Puede ser. Otro disco de esos que la primera vez pasan y huyen, y que años más tarde, con mejor oído y mayor atención, crecen como obra atrayente de un elogio que alcanza la fascinación. Pacific Ocean Blue (1977) fue el único álbum grabado por Dennis Wilson, el primero de un 'beach boy' en solitario.

Dennis, baterista y ocasional compositor de temas del grupo, era el auténtico hombre de mar, surfista encadenado a la arena y las olas, gamberro, alcohólico, guapo, seductor. Interpretó en 1971 el mítico film Carretera asfaltada en dos direcciones y llegó a ser amigo de Charles Manson antes de la matanza de Beverly Hills. En la banda era el que mejor entendía y aceptaba los delirios de Brian y desde 1970 empezó a registrar piezas propias. Hasta seis años después no empezó a darles forma, a crear con ellas un disco misteriosamente brumoso, nada convencional tras su aparente sencillez, rock inclasificable de autor bajo una capa de bochorno y melancolía. Decenas de músicos trabajaron con él en Pacific Ocean Blue, 37 minutos de entrañables evocaciones californianas con música hechizante y la voz lastimosa de Dennis Wilson.

lunes, mayo 29, 2017

SOUNDTRACK 201: LOVE & MERCY

Siempre me ha costado advertir en Brian Wilson la genialidad que se le atribuye. O no he conectado yo con las versiones playeras o psicodélicas de la música engañosa de los Beach Boys (aún me cuesta mojarme en sus aguas) o se me resiste el anzuelo visionario del hermano Brian, el factor clave de una personalidad que le llevaría a la paranoia y la reclusión. El más frágil y complejo de los Beach Boys es abordado en dos momentos determinantes de su vida en la película Love & Mercy, estimable aproximación tratada precisamente con el amor y la misericordia de su título por el productor y ocasional director Bill Pohlad.
 
Tenemos por un lado al Brian Wilson creador de la (sobrevalorada) obra Pet Sounds en 1966, una odisea en la que el autor se erigió sin sus hermanos y en compañía de excelentes músicos de sesión en el arquitecto de un proyecto sonoro arriesgado y rompedor, una bomba de impredecible alcance en la carrera del grupo que de hecho le hizo perder una gran parte de su poco exigente audiencia inicial y comenzar a ganar otra más abierta y audaz. A partir de aquel momento, Wilson se distanció de sus hermanos, abusó del LSD y las voces y sonidos que empezaba a almacenar en su cerebro se apoderaron de él hasta perder conciencia de la realidad. Esta etapa, rica en detalles, bien esquematizada, se beneficia en el film de magníficas escenas de grabación musical y sobre todo de un extraordinario Paul Dano en la cada vez más oronda carne de un autor incomprendido que se creía genial.
 
Por otro lado tenemos al Brian Wilson de los últimos años ochenta con el rostro y cuerpo de un también excelente John Cusack. Wilson, vigilado por un tirano doctor que controla cada uno de sus pasos desde que se despierta hasta que se acuesta, conoce a una atractiva vendedora de coches con la que empieza a relacionarse más allá de sus propias celdas, a abrirse, a intimar, a salir débilmente de su burbuja hacia una vida de integración y normalidad. Es este un Wilson menos entregado a la música, un hombre aún enfermo que piensa como un niño y desprende una tierna compasión.

Buena película. Digno fragmento biográfico que hace olvidar otros recientes biopics sobre músicos (Miles Davis, Nina Simone, Chet Baker) de mayor altura que no merecían películas mediocres.

domingo, mayo 28, 2017

LIVE IN 203: DUANE & GREGG

De inmediato pienso que ahora vuelven a estar juntos, más de cuarenta años después tocando algo en cualquier otro lugar distinto a la tierra. Música sin tiempo ni barreras.

jueves, mayo 25, 2017

VOLUME ONE 441: BINARY (ANI DIFRANCO)

En mitad de un año de notables, muy notables, álbumes firmados por autoras con marcada personalidad, emerge deslumbrante (cegador casi) el perfil prominente de una mujer menuda, sutil aspiradora de estilos y estilo, género, en sí misma desde la sólida fortaleza de su independencia. Ani DiFranco es otra de esas figuras musicales que lleva mucho tiempo acompañándome, por las que la música nos recuerda cada poco tiempo la asombrosa facilidad que tiene de hacernos ver las cosas claras en momentos oscuros. Más de veinte años, más de veinte discos, un par de directos e incontables sensaciones nos unen. Binary (Righteous Babe, 2017) me entrega a una autora sublime con uno de sus álbumes cumbre.

Desde la desnudez acústica de su primer álbum hasta el prodigioso ensamblaje de sonidos, géneros y atmósferas que empapan esta última obra, Ani ha demostrado (casi siempre con acierto, alguna vez apagada) que ni tiene límites ni hay recursos ni herramientas que se le resistan. Con soltura y viveza, Binary salta del funk al soul, juguetea con el folk y amaga con el jazz o el hip hop. Con una buena gama de flecos y adornos instrumentales que vigorizan cada tema (ojo a Pacifist's lament, Zizzing, Telepathic o Sasquatch). Ah, admirable siempre. Ani. Única.

Nota: 9/10

miércoles, mayo 24, 2017

SI NO ES POR TI

Uno más, un año más. “Si no es por ti”. A cuántos pocos podemos dedicar un agradecimiento como este: si no es por ti. Cada día tengo a quien decírselo a mi lado, unas veces lo digo y siempre, sin decirlo, lo siento. “If not for you”. Hoy es para él, allá donde esté, viajando, descansando, cantando o ensayando. Un año más.

lunes, mayo 22, 2017

“EL ÚLTIMO GRAN DISCO DE ROCK CUMPLE 20 AÑOS...”, ¡VENGA YA!

Leo un magnífico reportaje con el que no comparto la trascendencia elogiosa de su mensaje. Su autor reúne impresiones propias y de músicos, periodistas musicales y entendidos sobre la calidad, influencia y aureola de un álbum grabado hace veinte años por una prestigiosa y venerada banda británica al que el titular del texto califica como “el último gran disco del rock”.
 
Este es el párrafo final del largo artículo:

“No hay una canción obvia, las letras no tienen sentido a la primera, la mayoría de los temas son demasiado lentos, ruidosos o raros para la radio y en conjunto suena como algo que no vende”, escribió Barry Walters en Spin. “Pero la audaz expansión sónica de este quinteto del Reino Unido es el esfuerzo más atractivo y extraño de una banda de rock en años”. Para muchos, que opinan que este es el último gran disco de rock de la historia, esa audacia no se ha vuelto a repetir.
 
Se habla de OK Computer, de Radiohead. Aconsejo leer el reportaje completo, tanto a seguidores del grupo como a quienes no lo son, que es mi caso.
 
He vuelto a escuchar OK Computer solo porque me ha animado a hacerlo este artículo que alude con un entusiasmo contenido, calculado pero en verdad profundo, a la producción del álbum, al lugar y el contexto en que fue concebido y grabado, a sus letras, sonidos, texturas, a sus firmantes… Hace tiempo rechacé este disco de plano, me agotaba, me desquiciaba la tormentosa atmósfera que salía de la voz agónica de Thom Yorke y de la música ambiciosa y laberíntica del grupo, con su descarada disposición a querer fascinar. Debo admitir que yo me unía con fervor al sector antiRadiohead, ese que hunde toda tendencia a elevar a la banda a la altura de la genialidad y de la rendición de culto. Con los años y los juicios más equilibrados, más tolerante en las elecciones musicales, abrí mejor los oídos a la música de la banda, hasta el punto de apreciar una o dos canciones brillantes por disco y hasta una obra completa, In rainbows. Lo demás no, no, incluido OK Computer, un álbum cuya pretenciosidad (espontánea o premeditada) y atmósfera deprimente todavía hoy me siguen castigando.
 
No tengo tiempo ni ganas de repasar qué grandes discos se han grabado desde 1997, pero me quemo la mano al encontrar… 200 (tirando por lo bajo) que sin ninguna duda me parece que han llegado más lejos que esta obra de Radiohead; claro que igual no los encajamos indudablemente en la carpeta del rock. No entro a valorar si, como resalta el artículo, la (dudosa) excelencia de OK Computer lo ha convertido en un disco visionario. Afirmaciones en las que es inevitable agarrarse a impresiones subjetivas.

jueves, mayo 18, 2017

LIVE IN 202: CHRIS


Nunca les has mirado a los ojos, ni siquiera les has saludado más allá de un estadio o un pabellón en el que tú eras un punto anónimo y ellos eran los reyes del escenario. Solo los tienes cerca en la imagen de un disco que te acompaña en la sala, porque su música te gusta o te ha gustado, una parte o toda ella; porque creciste con ellos en algún momento de esa fase de la vida en la que crees que te vas haciendo maduro. Y cuando se van inesperadamente algo se sobrecoge en ti. En su natal Seattle cayeron otros hace tiempo; hoy deja amigos a los que algún día lloraré más. La vida sigue y por la noche (o dentro de un rato) habré pasado página, pero ahora siento un poco de pena por el adiós final de Chris Cornell, unos minutos después de haber dado su último concierto con Soundgarden.

miércoles, mayo 17, 2017

VOLUME ONE 440: A KIND REVOLUTION (PAUL WELLER)

De algunas obras de Paul Weller sale y queda una sensación cálida, un reposo alfombrado al anochecer. Se nota en Wild wood, Heavy soul o As is now, este su último gran disco. No sube tanto A kind revolution (Parlophone, 2017), pero sí consigue apartar la fría huella dejada por trabajos previos no tan logrados, o más bien torcidos, como 22 dreams o Sonik kicks. Dicen que está optimista Weller ahora, hábil prestidigitador de estilos en sus creaciones, rugidor y sutil según se precie en su álbum más fresco, elegante soulman de alta gama, sobrado rockero imperecedero. Que llamara a Robert Wyatt y a Boy George para sendos temas no pasa de ser una anécdota que hoy ya pierde cultismo y frivolidad. Muy buenos cortes hablan por sí solos (Woo Sé Mama, Satellite kid, One tear), palpitantes en manos de Paul Weller.
 
Nota: 7,5/10

lunes, mayo 15, 2017

LIVE IN 201: LOS PLUTONES, LOS NIÑOS Y EL ROCK AND ROLL

Quiero pensar, o soñar, que algún niño o alguna niña de las que allí estaban muy pronto les pedirán a sus papis que les compren una guitarra; y un poco más tarde, que alguien les enseñe a tocarla; o que les apunten a una clase para aprender a tocar la batería o el bajo. ¿Demasiado soñar? Me atrevo a hacerlo cuando veo a esos niños de 2 años, de 3, 4, 5 o 6, saltar torpemente sobre sí mismos y dar vueltas a su alrededor y llevarse las manos a sus barrigas como si tuvieran allí una guitarra y aplaudir al final de cada canción, aunque no sepan que se trata de Tutti Frutti, We can't work it out, I'm a believer, Surf in USA o (I can't get no) Satisfaction.

Ahí estaban el domingo Los Plutones, estos chicos de mi ciudad con Félix Arias al frente narrando una pequeña historia de música y amistad entre cada canción, enloqueciendo a unos cuantos críos, algunos en el primer concierto de rock and roll de sus vidas. Sabias enseñanzas.

viernes, mayo 12, 2017

GREATEST HITS 193: DRIFT AWAY (ROD STEWART)

¿Verdad que hay canciones no demasiado conocidas y de las que no sabéis quién las interpreta o quien la compuso que cada vez que las oís pensáis que son realmente buenas, realmente bonitas, y siempre pensaréis lo mismo? Drift away quizá es para vosotros una de ellas. Yo pienso eso. Nunca recuerdo quién es su compositor ni sé quién la grabó y cantó por primera vez, pero siempre que la escucho en la voz de alguien me gusta cómo suena, cómo se interpreta. Mi primer contacto fue gracias a un vinilo de la banda sonora de aquella serie de los ochenta titulada Aquellos maravillosos años. ¿Os acordáis? La versión era de Judson Spence. Pasado el tiempo he escuchado Drift away por muchos otros músicos, y casi siempre me ha resultado conmovedora. Será por esos versos del estribillo que dicen que “dame ritmo y libera mi alma, quiero perderme en tu rock and roll e ir a la deriva”, puede ser. Una de las versiones que más me gusta de este tema, que compuso Mentor Williams en 1972 y cantó por vez primera el poco conocido Dobey Gray un año después, es la de Rod Stewart, la que aparece en su álbum Atlantic Crossing (1974). Hoy me sigue pareciendo una muy bonita canción.

martes, mayo 09, 2017

BOOTLEG SERIES 53: LOS 50 AÑOS DE BLONDE ON BLONDE, POR OLD CROW MEDICINE SHOW

Sobre el papel, la cosa desprende unas expectativas elevadas, una sensación de tributo entrañable en forma de rito ocasional con motivo del medio siglo desde su creación, la creación de Blonde on Blonde, la obra impresionante que Bob Dylan grabó en 1966. Las versiones de temas de Dylan se han enfocado y ejecutado desde variados estilos y con diferentes climas, como su autor y la magnitud de su obra y su figura sugieren. Unas veces con cercana fidelidad, otras con atrevida excentricidad. Todo válido, desde luego. Old Crow Medicine Show se encargan del homenaje en este lanzamiento fresco, 50 years of Blonde on Blonde. El año pasado dieron un par de conciertos interpretando el álbum de principio a fin y por el orden original, del que se suponen los mejores episodios han sido reunidos en el disco que tenemos entre manos, con los cuervos sobrevolando y surgiendo del enmarañado cabello de Dylan.

¿Y qué hacen los OCMS? Arrojarse con sus combinadas esencias de folk, blues, country, bluegrass y tradición americana en las canciones originales de Dylan con derroche y optimismo, con más aproximación que riesgo, pero en mi opinión con demasiado ajetreo y ahogando la emoción íntima que brotaba de la obra de hace cincuenta años. Noto el estorbo de guitarras acústicas, pedal steels o violines donde antes no hubo nada de eso, y, salvo contadas versiones, añoro un poquito de calma y de voces que bajen el volumen. He leído un par de reseñas entusiastas de este tributo (e imagino que habrá más) con las que no concuerdo. Me canso y me distraigo.

viernes, mayo 05, 2017

VOLUME ONE 439: PLEASURE (FEIST)

Te da la impresión de que falta algo en cada tema y de que los instrumentos no se atreven a entrar, pero hay en verdad sonidos de sobra (los suficientes), y si irrumpen solo unos segundos es porque no es necesario que persistan más. Crees que una guitarra seca sobre la que los dedos saltan y rebotan podría expandir su eco y darle grosor a una canción, aunque bien visto esa canción no precisa de más ropajes. Intuyes que un tema va a seguir un curso determinado y de repente cambia de corriente con un imprevisible salto de ritmo o giro instrumental. Lo encajas como un disco desnudo y crudo, cierto, pero bajo su superficie yace una secreta calidez. Estas son algunas paradojas que despierta(n) la(s) escucha(s) de Pleasure (Interscope, 2017), la vuelta al estudio de Feist seis años después del excelente Metals con una obra desconcertante, tan excéntrica como contenida. Del juego de contrastes sale bien parada, por su capacidad de absorción y una latente conmoción que consigue salir a flote.


Puede recordarme a una primitiva PJ Harvey por el rasgueo frío de las cuerdas, o a Bill Callahan por la forma en que con economía instrumental y calculada habilidad vocal alcanza una profunda expresividad. ¿Indie rock experimental? ¿Vanguardismo estético? Feist, de la que hoy parece anómalo aquel bonito y optimista single que era 1234, ha grabado un artefacto (me parece el término apropiado) atrevido y atrayente (magníficos temas Century, Lost dreams y Get no high, get no low), quizá algo espeso en su conjunto, pero satisfactorio.

Nota: 7,5/10 
 

jueves, mayo 04, 2017

VOLUME ONE 438: IN SPADES (THE AFGHAN WHIGS)

Hace cuatro años regresaban tras 16 años de separación The Afghan Whigs. Volvían con Do to the beast, un notable reencuentro que guardaba fidelidad al enérgico latido sonoro con el que la banda respiraba en la década de los noventa, con trabajos explosivos como Black love y 1965. Lo que en este blog se decía entonces de aquel disco, leído ahora, valdría para describir también In spades (Sub Pop, 2017). Suscribo (repito) por tanto el elogio a las emociones profundas que fluyen por las canciones del grupo, al falsetto conmovedor de la arrugada voz de Greg Dulli y al azote rítmico que provocan intensas composiciones en cadena (Oriole, Copernicus, The spell, Light as a feather), esta vez retornando más en línea recta al espíritu y a las texturas de aquellas poderosas obras de hace dos décadas.

 
Nota: 7,5/10

martes, mayo 02, 2017

BONUS TRACK 176: ARC ANGELS (ARC ANGELS)

En 1992 se grabó un fantástico álbum de blues-rock que, conociendo los hechos, los protagonistas y el entorno, vino a convertirse en eso que de algún modo ensalzador y caprichoso se conoce como disco de culto. ¿Es de culto Arc Angels, el único disco de estudio del grupo del mismo nombre? Podría ser. De culto o no, excepcional pero no maldito, merece el rescate esta obra extraordinaria, ejemplo de una confluencia de músicos nada corrientes que crearon un solo trabajo juntos y probablemente no estaban llamados a producir más.

En Arc Angels, texanos de nacimiento y carrera, estaban dos jóvenes guitarristas que acabarían fortaleciendo sesiones y giras para otros músicos, el zurdo Doyle Bramhall II y el diestro Charlie Sexton, y la base rítmica de la banda del malogrado Stevie Ray Vaughan, el bajista Tommy Shannon y el baterista Chris Layton. Producidos por Little Steven, dieron aire y libertad al rock y al blues con los que habían crecido y dado sus primeros pasos en los escenarios locales, en Dallas, Austin y otros lugares del estado sureño. Firmaron un disco vibrante, sin fecha de caducidad, legado de un encuentro que al final se quedó en los apéndices de las hemerotecas del rock.

VOLUME TWO 81: MELLENCAMP

Más de 40 años de carrera visten a John Mellencamp. Una fila por detrás de autores mayúsculos como Springsteen o Petty (se aceptan sanas discrepancias), Mellencamp es otro de esos músicos puramente americanos de los que se puede uno fiar, sin apenas manchas en su historial, firmante de canciones poderosas y álbumes compactos. Uno mira en sus archivos y encuentra bien alineados en el estante un buen lote de discos de los más de veinte que suma John Cougar Mellencamp de los que echar mano de vez en cuando (Scarecrow, The lonesome jubilee o Human wheels hasta los primeros noventa; Freedom's Road o Life death love and freedom en el siglo presente). Podría aumentar el grupo de obras en la estantería, quizá, si le damos entrada a Sad clowns & hillbillies (2017), un álbum en colaboración con Carlene Carter, el primero producido por el músico, que sin devolverlo a sus etapas más brillantes, en su distinguida veteranía se disfruta reposadamente.

Volvemos atrás un momento a las marcas sobre el asfalto que ha dejado Mellencamp, ambicioso veinteañero con mala suerte cuando peleaba por hacerse un nombre entre tantos músicos de perfil castizo y combativo; un tipo a tener en cuenta nada más saborear el éxito (hablamos de American fool en 1982) y hacer brillar las letras de su nombre en los carteles de los conciertos. Un disco tras otro, Mellencamp (ya sin Cougar en el apellido) ha lucido un cómodo estatus entre los rockeros norteamericanos de raíz. Le ha faltado quizá el riesgo al que se han atrevido generaciones mayores (y, desde luego, menores), desapegarse un poco de su esencia hogareña para demostrar que por pastar en otros prados no iba a sentirse desplazado e iba a salir airoso. Sad clowns… añade a su bagaje otro digno capítulo.

domingo, abril 30, 2017

GREATEST HITS 192: CAN'T GET ENOUGH OF YOUR LOVE BABE (THE AFGHAN WHIGS)

Quince años antes de que (esta semana) se nos marchase Jonathan Demme, su sobrino Ted fallecía de un ataque al corazón. Tenía 38 años y un puñado de películas dispares detrás, entre las que sobresalía Beautiful girls, maravilloso retrato sobre el paso a la madurez y las incertidumbres que arrastra, las amistades y relaciones duraderas y la búsqueda de un lugar en el mundo y un propósito en la vida (Ah, Marty!). Una estupenda banda sonora acompañaba aquel film. En una secuencia en un bar una banda le metía caña rockera al soul profiláctico de Barry White. Allí estaban The Afghan Whigs con su versión de Can't get enough of your love babe. Por los Demme.

jueves, abril 27, 2017

SOUNDTRACK 200: UN PEQUEÑO HOMENAJE A JONATHAN DEMME

Este texto es un pequeño homenaje de agradecimiento y cariño a Jonathan Demme, que nos ha dejado esta semana a los 73 años. Siempre me cayó bien este director de cine, formado en la escuela de Roger Corman. Una buena parte de sus películas, ya con las lecciones bien aprendidas, me gustan mucho, empezando por el magnífica obra referencial que es El silencio de los corderos. Otros filmes dejaron huella en mi post adolescencia, como Algo salvaje y Casada con todos. Y pasados los años disfruté de títulos como El mensajero del miedo o el concierto-documental con su amigo Neil Young, Heart of gold. La selección musical de sus películas (y también sus obras musicales) siempre me ha parecido uno de sus puntos fuertes, porque su elección encajaba muy bien con el ritmo y el tono de las imágenes y de las historias que se nos contaban. Con estas canciones por ejemplo, si les dedicamos una escucha, deseamos un feliz descanso a Jonathan Demme.

-Streets of Philadelphia (Bruce Springsteen)
-Liar Liar (Debbie Harry)
-Heart of gold (Neil Young)
-Goodbye horses (Q. Lazzarus)
-Loco de amor (David Byrne & Celia Cruz)
-Up to our nex (Robyn Hitchcock)
-My love will not let you down (Meryl Streep)
-This must be the place (Talking Heads)

martes, abril 25, 2017

VOLUME ONE 437: BE MYSELF (SHERYL CROW)

Sheryl Crow no ha podido disimular en su nuevo álbum la nostalgia de los tiempos tiernos, las brisas que desprendía en aquel 1993 su estupendo álbum de debut, Tuesday Night Music Club. En Be myself (Warner Bros, 2017) reviven canciones como Strong enough o la popular y pegadiza All I want to do en otros temas igualmente notables, como Long way back, Heartbeat away o el que da título al disco. Porque su autora, en su décimo álbum de estudio, ha querido que a sus arrugas las cubran esencias musicales rejuvenecidas. La táctica convierte Be myself en un estimable ejercicio de revisión con nuevas composiciones que, aunque con resultados predecibles y sin giros que entusiasmen, se acoge con agradecimiento. No mejorará ni empeorará su currículum.
 
Nota: 6,5/10

lunes, abril 24, 2017

VOLUME ONE 436: GARGOYLE (MARK LANEGAN BAND)

¿No os pasa a veces que vais dispuestos con pereza a la escucha del nuevo trabajo de un músico que en realidad os gusta? Mas con pereza, allá vais, allá vamos. Me ha pasado ahora con Mark Lanegan, quien ha juntado a sus amigos más íntimos (Josh Homme, Greg Dulli, Duke Garwood) para repetir bajo la Mark Lanegan Band una producción más en su generosa, atrayente siempre y en cierto punto camaleónica, carrera post Screaming Trees. Hay algunos resbalones en su obra (Imitations), aventuras de las que unas veces ha salido bien parado (la trilogía de discos con Isobel Campbell) y otras no (Black pudding). A lo que más se parece este brumoso Gargoyle (Heavenly, 2017) es al arremolinado Blues funeral (2002).
 
Aunque sus inclinaciones no pareciesen acercarse a la naturaleza musical que él nos sugiere, Lanegan, errático o no, siempre ha sabido adaptarse a sonidos y ambientes distanciados. En Gargoyle lo oímos demasiado envuelto en teclados y efectos de sintetizador, fórmula que en ocasiones acrecienta esa pereza de la que hablaba o que por el contrario confiere a las canciones una apretada energía (Nocturne). El disco, no entre lo mejor del músico, se levanta en momentos en los que Lanegan parece salido del álbum Whiskey for the Holy Ghost (Sister) o se deja caer en crepusculares ambientes (Goodbye to beauty).
 
Nota: 6,5/10

jueves, abril 20, 2017

SOUNDTRACK 199: NATALIE 'LLORONA' PORTMAN

Me parece una gran actriz. Una gran actriz que -me pregunto- parece haber incluido una cláusula en los contratos para reservarse al menos una escena en sus películas para llorar. Por el motivo que sea: porque le hacen daño casi siempre, porque sufre por sus debilidades o por las desgracias que la castigan, o porque se le vuelve a estropear el coche. Siempre hay una razón de peso en los argumentos de sus films para que el personaje que interpreta se comprima de angustia o expulse su aflicción con el derramamiento de lágrimas y la necesidad de consuelo. Con dos seguidas hace muy poco, he visto 26 de las 39 películas hasta este año en las que ha trabajado; si alguien ha visto una en la que Natalie Portman no llore, que me lo diga.

Insisto: natural en sus papeles vulnerables, de un control sutil de sus personajes para que no se le vayan de las manos y con una hermosura inmarchitable, Natalie Portman es una gran actriz que llora demasiado.

lunes, abril 17, 2017

VOLUME ONE 435: DOUBLE ROSES (KAREN ELSON)

¿Nos fiamos de una supermodelo metida a cantante? ¿Le damos una oportunidad a una supermodelo que compartió hogar y comparte un par de hijos con Jack White? ¿Por qué no? Y no por White precisamente. Karen Elson, británica del 79, grabó su primer álbum hace siete años con el empuje lógico de su marido, productor y músico de aquella experiencia. The ghost who walks se titulaba, y no recuerdo qué tal sonaba, algo hechizante, espeso y resbaladizo, creo. Sin el padre de sus hijos junto a ella, Karen ha buscado buenas compañías (o la han buscado a ella) para expresarse mejor en su segundo álbum, Double roses (Hot Records, 2017).
Al mirar los créditos nos encontramos con Pat Carney (la otra parte de Black Keys) y el genial Jonathan Wilson en la producción y algunos instrumentos, además de otros nombres mayúsculos como Greg Leisz, Pat Sansone (Wilco) y Benmont Tench en las cuerdas y las teclas, o Dhani Harrison y Laura Marling con voces. Con un elenco así, imposible fallar. Claro que no. Aunque la voz de Karen Elson podría confundirse con la de tantas solistas del montón, en ocasiones se retuerce sobrecogida y el escultórico acompañamiento musical que la arropa ayuda a construir unas cuantas canciones de sobresaliente (Wonderblind, Raven, A million stars). Descubrid más.
 
Nota: 7,5/10

DRUMS

Desde el fondo, sentado, domina los latidos de una canción. Con sus manos controla el ritmo de la música, la adormece o la despierta, la cubre o la despoja de adornos con los golpes sutiles o poderosos de sus leales herramientas de percusión. Son dueños del carisma mudo de una banda, piezas de engranaje aparentemente discretas del grupo de músicos que arropa a un autor. Son quienes se sientan en la batería.
 
Un buen amigo es baterista. De los buenos, profesional de las baquetas en no pocas bandas y proyectos de mi ciudad y experto en la ingeniería sonora en diferentes campos. Nos vemos menos ahora, pero al encontrarnos surgen siempre gloriosas conversaciones con la música como argumento (además de recuerdos de grandes conciertos vividos juntos). En la última que tuvimos regresamos a uno de nuestros temas favoritos: la batería, los bateristas. Aaaaah, nos dejamos muchas cosas en el tintero pero sacamos a relucir viejos y nuevos protagonistas: los bateras de Pearl Jam y por qué a él quien menos le gusta es Matt Cameron; la añoranza de Jack Irons; el vigor adictivo de Chad Smith; Steven Adler frente a Matt Sorum; la eficaz sobriedad Larry Mullen Jr; la maestría sencilla e incontestable del eterno Jim Keltner… (la madrugada y los brebajes hacen que me olvide de otros nombres, quizá lo pensé o quizá le dije también, no sé, que me pirran algunos bateristas de jazz como Tony Williams o Philly Joe Jones o que me dejo hipnotizar por las percusiones de Jay Bellerose).
 
José García, el buen amigo, es exquisito con sus manos, un artesano de las baquetas y las cajas que te levanta al enchufarse al rojo vivo y te seduce cuando se pone fino. Maestro en lo suyo.

viernes, abril 14, 2017

BONUS TRACK 175: DARK CHORDS ON A BIG GUITAR (JOAN BAEZ)

Apenas ha pasado por aquí Joan Baez. Ni la de cuando aún no habíamos nacido ni la de nuestra madurez, ni la icónica figura de los tiempos de protesta ni el ángel de la conciencia. Como muchos otros ilustres supervivientes ha sabido envejecer con dignidad, poco prolífica en estudio en este siglo aunque activa en escenarios y en causas que merecen defensa. Está ahora en buenas manos grabando nuevo álbum, que sucederá al que en 2008 trabajara junto a Steve Earle, Day after tomorrow. Cinco años antes había acabado un magnífico trabajo, una muestra de ejemplar adaptación a las corrientes musicales que estrechan los vínculos ente el folk y el rock: Dark chords on a big guitar (2003). Baez toma prestadas composiciones de autores como Earle, Welch y Rawlings, Josh Ritter o Ryan Adams para deslizarse sigilosa y elegantemente sobre ellas. Como apunta con acierto la reseña del álbum en allmusic, “Baez no es una cantante de rock ni lo intenta, pero el disco es un disco de rock”. Da la sensación de que el Daniel Lanois que produjera a Emmylou Harris en Wrecking ball se encarga de la armadura sonora de esta obra de atmósfera cautivadora. Te esperamos este año, Joan.

lunes, abril 10, 2017

VOLUME ONE 434: LIFE. LOVE. FLESH. BLOOD (IMELDA MAY)




A nivel profesional Imelda May ha traducido los giros de su vida privada en un cambio de estilo musical acompañado de nueva imagen. La Imelda rockabilly se esconde para descubrir a una Imelda salpicada de soul, country, folk y rock en su quinto álbum, Live. Love. Flesh. Blood (Decca, 2017). El ritmo agitado se relaja y aflora la templanza. Ya no hay rizo rubio en el flequillo de su cabello oscuro, ni maquillaje rojizo, ni faldas apretadas. Ahora Imelda se tiñe de blanco y negro y suelta su melena alisada, con tirantes resbaladizos sobre la piel en la imagen de la portada. Gran parte de culpa de esta transformación la tiene el fin de un largo matrimonio con el músico que la acompañaba en sus álbumes anteriores, Darrell Highman.

El cambio ha volcado a la irlandesa en la escritura de sus nuevas canciones y la ha relacionado con un productor de primer nivel, el respetable y siempre interesante T Bone Burnett, que echa mano de gran parte del equipo con el que había grabado el exitoso Raising sand de Robert Plant y Allison Krauss para decorar este estimable nuevo disco de Imelda May. Aún subyace, aunque muy levemente, un rastro nervioso de la rabia rockabilera de la mujer, que ahora comprime sus emociones para cantar bonitas baladas (Call me, How bad can a good girl be) y tensos tempos mayores (Leave me lonely y la tremenda tremenda Bad habit). No me convence la intervención de Jeff Beck en un tema ni un facilón corte pop, pero son manchas menores (Cuatro temas adicionales de la edición Deluxe se nota que son relleno pero no están nada mal).

Nota: 7/10