martes, marzo 24, 2020

LIVE IN 243: EL ROCK CONTADO Y SENTIDO

Enfoquemos la música que más nos gusta a través de un par de libros. Uno, historia oral, cuenta en la voz de unos 250 testimonios el origen, el auge y el modo en que se fue consumiendo la movida musical de Seattle en las décadas de los ochenta y noventa, aquello que puso apellido (grunge) al rock duro surgido de una lluviosa y anodina ciudad del noroeste de los Estados Unidos. Otro, un híbrido de ensayo y memorias, ubica en la aridez apartada de Dakota del Norte, anclada en las monótonas tradiciones rurales, la pasión de su autor por el heavy metal de los ochenta. Historia y sentimiento al servicio de rock.


Todo el mundo adora nuestra ciudad es el laborioso resultado de recopilar entrevistas con recuerdos de aquello que dio forma y sentido al rock de Seattle bautizado como grunge. Aquí se explica por qué de allí creció una ola musical que captó la atención de todo el mundo hasta que la burbuja de su popularidad y la fiebre de su éxito estallaron para romperse en pedazos y causar daños irreparables a la mayoría de los miembros de su comunidad. El periodista Mark Yarm es su esmerado autor. Ante su grabadora hablan componentes de bandas, promotores musicales, managers, críticos musicales, amigos de músicos o novias para trazar una cronología meticulosa de la gloria y el declive de los diversos protagonistas de Seattle y de aquella movida en su conjunto, de Green River a Pearl Jam, de Mudhoney a Nirvana, de Tad a Screaming Trees... A casi todos aquellos tipos les costó digerir que los focos los apuntaran y que el desalmado circo del rock, con sus contratos tramposos, sus caprichos, sus manipuladores sin escrúpulos y sus drogas, les hiciera salir indemnes de la aventura.


Fargo Rock City es la reunión de entretenidísimas reflexiones de otro periodista, Chuck Klosterman, sobre su devoción por el heavy metal desde que estudiaba Secundaria en un pequeño pueblo donde la música era quizá la última de las distracciones. Pero el pequeño Chuck quedó fascinado por aquellas guitarras de fuego, el cuero apretado, los cardados imposibles, las chicas de vicio en los videoclips y el grito de chulería que un amplio puñado de bandas proferían para conquistar el mundo en los años ochenta. Del glam rock al heavy metal, de Mötley Crüe a Iron Maiden, de Lita Ford a Ozzy Osbourne, de 1984 a Appetite for destruction. Precisas y divertidas cada una de las reseñas, breves o largas, de los álbumes y artistas mencionados, textos que dan en el clavo sobre la huella que dejaron en el género músicos y álbumes y el peso (y la justicia) que tuvieron en los resortes de la cultura musical. Imprescindible libro para cualquier melómano, aunque no seas de los de agitar la melena y abrir las piernas para tirarte a tu guitarra.

domingo, marzo 22, 2020

BOOTLEG SERIES 84: BLACK AMERICA SINGS OTIS

Los discos tributo, en general, sirven para reafirmar la grandeza creativa del homenajeado, altura a la que no suelen estar gran parte de los homenajeadores. El trabajo que hoy comentamos es más una colección de canciones ajenas interpretadas por autores que un tributo póstumo o tardío a un artista capital y referencial, aunque no deja de ser tributo al mismo tiempo, habida cuenta de que nos referimos a Otis Redding, genial intérprete y no menos genial compositor, del que en vida (hasta su triste muerte en 1967) vio interpretados sus temas por grupos que se movían en la misma esfera. Hablamos de uno de los gigantes del soul, un tipo difícil de comparar, que prestó sus canciones a contemporáneos (igualmente notables algunos) para que ofreciesen versiones y actuaciones excelentes.

Veamos: el repertorio que contiene Hard to handle. Black America sings Otis Redding, reunido en el sello Ace, cae en manos de voces sublimes como Etta James, The Staples Singles, Clarence Carter o Aretha Franklin (con la inmortal Respect); pero también se adapta al talento vocal de otros nombres de menor entidad dignos de recuerdo como Lou Rawls, Arthur Conley, Patti Drew o James Carr. Y todo, todo, se disfruta por igual.

jueves, marzo 19, 2020

FATHER'S DAY

Hoy juntos pero dentro. Otro día, otro año, estaremos fuera juntos, el sol nos calentará la cara y tú me ganarás una carrera. Vacaciones frente a un cielo que se apaga, los pies descalzos en la orilla y una canción que nos una para siempre.

martes, marzo 17, 2020

GREATEST HITS 238: CLOSE TO ME (THE CURE)

En algún momento del confinamiento no he podido evitar recordar (lo admito) historias apocalípticas: novelas de ciencia ficción que hoy se nos presentan reales como la vida que tenemos delante, películas en las que un futuro impreciso nos obliga a adaptarnos a una realidad inimaginable... Soy leyenda, La hora final, La carretera, 28 días después... Veo por algún lado que algún cineasta sugiere su particular banda sonora para el aislamiento. Si me pongo a pensar... En otro momento. Pero también me viene a la memoria esta canción y sobre todo este vídeo claustrofóbico con el que hace mucho tiempo descubrí a The Cure. Hoy tenemos a alguien cerca, necesitamos a alguien cerca. Tú.

jueves, marzo 12, 2020

UN NUEVO AMANECER PARA SENTIRSE BIEN

... lo que dure la espera...

Alicia & Kelly.


domingo, marzo 08, 2020

VOLUME ONE 528: DIXIE BLUR (JONATHAN WILSON)

En los músicos que más te gustan (viejos o nuevos, de masas o de culto) te detienes más que en otros de tu agrado. Cuando despachan un nuevo disco le dedicas más atención para advertir matices y encontrar hallazgos, o lees más sobre esa última obra que han compuesto, y que comparas con las que la preceden tratando de encontrarte, por un momento, en la mente del creador. Jonathan Wilson está para mí en esta categoría de músicos. Le encaja muy bien esa denominación de creador. Así que vamos con Dixie Blur (Bella Union, 2020), un álbum que supone un ligero desvío en la dirección que iba tomando su música.

Wilson nació y creció en Carolina del Norte y en su tercera década de vida se trasladó a Los Ángeles, a la zona de Topanga y Laurel Canyon. En ese apartado enclave que entre finales de los sesenta y mediados de los setenta juntó a una dispar comunidad cultivada en el rico folk rock americano de aquellos tiempos Wilson ha creado -y producido para otros músicos (Father John Misty, Dawes, Karen Elson)- un rock de texturas resbaladizas al que ha barnizado con brochazos psicodélicos sin desechar viejas brisas folk. En su música en cambio destaca más el lustre de una producción prodigiosa con espacio para las extravagancias que envuelve algunas canciones en polvo cósmico. Con esa fórmula ha grabado dos sensacionales álbumes como Gentle spirit (2011) y Fanfare (2013) y el más ambicioso Rare birds (2018), en el que recursos electrónicos, variados instrumentos y no pocos juegos de efectismo sonoro crean extrañas atmósferas. Ahora con Dixie Blur, Wilson no solo cambia de estudio base para sacudirse ropaje y purpurina, también viaja a su pasado para buscarse en emociones y añoranzas.

En sociedad con Pat Sansone, miembro de Wilco, nuestro protagonista se traslada a Nashville, y en el Cowboy Jack Clement's Sound Emporium Studio junto a una brigada de veteranos músicos de sesión echa mano de pedal steel guitars, violines, armónicas y guitarras acústicas como si con estos instrumentos y en otra clave tratase de recuperar raíces. El cambio de vestuario no es radical, aún afloran en las piezas livianas de Dixie Blur modestos trucos sonoros que no olvidan Topanga ni los privilegiados talentos de Jonathan Wilson.

Nota: 7,5/10
 

sábado, marzo 07, 2020

RESISTENCIA Y ADICCIÓN

Se nos va uno de la comunidad. Uno más. Un vecino longevo que podría haber perdido la cuenta de sus escritos sobre la música que adora; pero no, no es su caso, la repasa en su último post. ¡Madre mía! Sentimos el vacío que deja, ya resuena perdiéndose en la distancia el eco de la voz que compartía con nosotros, una pasión que era (y es) parte de su organismo. 

En el entorno en que respira este blog parece que vamos quedando menos. Unos se han ido y han vuelto; otros se lo piensan un mes y al siguiente y continúan, resisten; otros abandonan. Y aquellos entre los que me incluyo nos preguntamos a menudo por qué, después de más de 15 años y casi 2.000 escritos, seguimos en esta extraña comunidad de melómanos adictos.

¿Por qué? Un día te diría que porque me da pena perder a mi criatura, con la que hemos crecido ella y yo, cada uno en su dimensión. Otro día respondería que siento la necesidad de que en algún lugar perdido de la realidad intangible quede constancia de lo que un día (o siempre) pensé sobre un disco, un grupo musical, una película o una serie de televisión. También podría decirte que no quiero perder, con la renuncia a este blog humilde, una gran parte de mí.

jueves, marzo 05, 2020

VOLUME ONE 527: BRAVADO (ROSE COUSINS)


Esta mujer que nos mira entre la relajación y la ausencia como si la hubiera fotografiado Sven Nykvist para un film de Ingmar Bergman no es sueca sino canadiense, tierra que guarda muchos músicos dignos de ser alumbrados. Rose Cousins merece altavoces para su música frágil pero elegante, próxima en su esmerado porte, con deslizante electricidad bajo capas de precisos pianos y ricos arreglos. Bravado (Outside Music, 2020) sucede tres años después al sensacional álbum Natural conclusion, esta vez al calor de músicos de Toronto en sesiones que respiran sencillez y pureza, como cuando Elton John o Jackson Browne daban forma a sus mejores discos. Cada título, acompañado de un subtítulo adicional explicativo, es tan directo como El retorno, El nadador, El fraude, El acuerdo o ese principio tan enviable como Los beneficios de estar solo, fantástico arranque para un hermoso trabajo.

Nota: 8/10
 

lunes, marzo 02, 2020

BONUS TRACK 221: APPLE (MOTHER LOVE BONE)

En marzo de 2020 escucho Apple, el legado escaso que dejaron Mother Love Bone, un disco grabado hace ya ¡30 años!, pieza clave, y cumbre, de lo que fue la escena musical de Seattle en los años ochenta y noventa. Tres décadas después, volver a escuchar álbumes creados en aquellos años cambia algunas impresiones firmes que teníamos entonces y entierra el buen recuerdo que guardábamos de una música que nos había hipnotizado. No pasa con todo, por suerte, y hay discos de aquel tiempo a los que no se les ha escapado nada de su nervio y su magia; uno de esos discos es la única obra grabada por el grupo que una vez formaron Andrew Wood, Jeff Ament, Bruce Fairweather, Stone Gossard y Greg Gilmore. Con la prematura muerte del insensato showman que fue Wood, Seattle descubrió el veneno despiadado que la música le había administrado y vio cómo se esfumaba gran parte de su buen rollo, pero se abrieron puertas hacia nuevas aventuras musicales que supieron mantener firme y sana la entrega al éxtasis del rock.


Apple llegó después de la explosión y generó nuevos terremotos en el entorno agitado de una ciudad que vio nacer y morir bandas atrevidas y afligidas, ambiciosas y destructivas, unas engullidas por los remolinos del éxito y el exceso y otras con músicos capaces de sacar la cabeza a flote entre las mareas para permanecer unidos o explorar nuevos terrenos. Mother Love Bone procedían de otros grupos de corta vida y acabaron también como una estación de paso. Grabaron el disco en San Francisco y lo publicaron unos días después de la muerte de Wood en marzo de 1990. Treinta años después guarda la jovialidad de su vocalista y resiste bien empaquetado por la solidez de unos instrumentistas en fase de lucidez, cosa que no se puede decir de otros discos de aquellos años de quienes fueron sus colegas y amigos. Oíd de nuevo Stardog champion, Holly roller, Stargazer, Gentle groove y el díptico electrizante que forman Chloe dancer y Crown of thorns para rejuvenecer 30 años.

Hoy todos detestan oír aquella palabra tan unida al sonido de la ciudad que definió aquel rock mugriento y duro que convirtió Seattle en el centro de atención del mundo musical y en un horno de historias cargadas de éxito, drogas, envidias y ambiciones en torno al sello Sub Pop y las hambrientas multinacionales, pero que en el fondo era una música que bebía de la dureza rockera con la que se expresaban multitud de bandas rock, punk y heavy desde hacía veinte años. Probad a reencontraros con discos de Soundgarden, Mudhoney, Alice in Chains o los mismos Nirvana y veréis que mal envejecen. Apple dura sin arrugas.

miércoles, febrero 26, 2020

VOLUME ONE 526: SATURN RETURN (THE SECRET SISTERS)

¿Qué me cuenta esta imagen? Me transmite ternura y seguridad, amor en las adversidades, lazos fuertes a través del tiempo. Me lleva, con su textura austera y el foco de luz consoladora que nace de la espalda de estas mujeres unidas, a décadas de las que se pierde el recuerdo. Días en gris y negro. ¿La foto se tomó en los sesenta, en los setenta? ¿Son las chicas hoy unas abuelas cariñosas? La música que guarda este disco tampoco encuentra un tiempo concreto: ¿se grabó en los sesenta, en los setenta, hoy con una entrega incondicional hacia los días en que fuimos jóvenes? Es una música en la que coinciden corrientes, ráfagas desde las praderas del country, el folk, el blues y el pop creando remolinos frondosos. Es un disco, Saturn return (New West, 2020), de una intemporal belleza. La de The Secret Sisters.

En poco tiempo las hermanas Laura y Lydia Rogers han conocido el lado ingrato del negocio musical. Despegue inesperado, éxito, ruina, decepción, resistencia, recuperación. Sus desilusiones despiertan en mí simpatía y cariño por ellas. Porque además me gusta oírlas cantar. Son de Muscle Shoals, Alabama, cuna del mejor sonido de grabación, con los mejores músicos de estudio, que ha tenido y tiene la música americana. Despuntaron en Nashville, triunfaron en Los Angeles, donde también cayeron, y se han rehecho en el estado de Washington. T Bone Burnett las aupó con dos buenos trabajos, pero tras el segundo álbum la discográfica las abandonó y no tuvieron ni con que pagar a sus músicos. Tenían muy claro dejar la música, pese a que la llevaban en la sangre y sus voces se armonizaban de maravilla. Brandi Carlile les abrió la puerta de la esperanza produciéndoles su tercer álbum y el cuarto, este Saturn return que abriga géneros y los deja flotar en canciones transparentes como el cristal.

Nota: 8/10

sábado, febrero 22, 2020

LIVE IN 242: SUPERBLOOD WOLFMOON

Bien. Son ellos. Unos chavales. Aúllan los lobos.

 

BONUS TRACK 220: JOHN R. CASH (JOHNNY CASH)

Veinte años antes de que Johnny Cash escarbase en el cancionero americano tradicional y contemporáneo de la mano de Rick Rubin, con una producción austera y un fantasmagórico clima que dio como resultado una sensacional colección de seis volúmenes, el incansable hombre de negro despachaba un álbum casi entero a base de versiones (The Band, Tim Hardin, Randy Newman...). Su larga carrera estuvo cargada de muchísimas canciones de otros autores acopladas a su voz, tempo y atmósfera. El disco de 1974, de título John R. Cash (imagen frontal de Johnny con parcheada cazadora vaquera), carece de la profundidad dramática de los álbumes producidos por Rubin décadas después, pero en sus hechuras artesanas demuestra la facilidad con que el autor hacía suya cualquier tema ajeno. En obras menores como esta, músicos grandes como Cash no dejan lugar a dudas sobre altura.

miércoles, febrero 19, 2020

GREATEST HITS 237: ONCE I WAS... CONTINUACIÓN (TIM BUCKLEY)

El frío de la mañana. El calor de un café con cruasán tras los cristales de un café donde podrías pasar todo el día. Buenos días con Crosby Stills & Nash, Joni Mitchell, Van Morrison... Suena Once I Was en la voz distante de Tim Buckley. Oh, cómo me conmueve esta canción, me invade la sensación de emerger del océano tras entrar en una ola mientras el sol se escapa. Un escalofrío me recorre la espalda en la lectura de un hermoso reportaje. Pienso en la buena salud que nos hace afortunados, en la enfermedad que nos despide de la vida. Y pienso, una vez más, en lo que nos perdimos de Tim y su hijo Jeff cuando se adentraron en las aguas que nos los quitaron. Por eso hoy, entre la nostalgia y la desazón, repito esta canción que había rescatado en este blog hace doce años.

 

domingo, febrero 16, 2020

VOLUME ONE 525: SISTER (PUSS N BOOTS)

Me choca, me descoloca un poco, Norah Jones en este trío. Renuncia al piano, se cuelga una guitarra y comparte voces con dos amigas cercanas, Sasha Dobson y Catherine Popper. Aquí, en Puss N Boots, no hay jazz ni pop bien fabricado (sí, bien hecho siempre), más bien un idilio tambaleante entre el country y el folk. La sofisticación brilla por su ausencia, las guitarras se conjugan algo torpes, poco seguras de querer trazar las líneas de una canción con toda su entidad. Y solo Norah da la talla en el apartado vocal. Pero en esa tosca irregularidad asoma alguna placentera finura. El trío ha dejado pasar seis años para grabar su segundo disco, Sister (Blue Note, 2020). En algo mejora aquel olvidable debut, tampoco mucho.

Nota: 6/10

viernes, febrero 14, 2020

LIVE IN 241: DULLI

A este hombre siempre lo tengo vigilado, a mano. No le encuentro manchas en el historial. En un formato o en otro (Afghan Whigs, Twilight Singers, Gutter Twins) su música me atrae y me fascina. Late en ella una intensidad emocional que agranda a los mejores compositores. Leo una entrevista a Greg Dulli que calienta mis ganas por escuchar ya su nueva obra, Random Desire (en unos días será), esta vez bajo su propio nombre, cocinada por entero por él mismo y con unas pocas colaboraciones en el desierto de Joshua Tree. "No grabo discos para ganar dinero. Para ello tengo que hacer giras, dar conciertos y vender merchandising. Por eso tengo bares y propiedades inmobiliarias", cuenta. Y no deja de tener ganas de escribir canciones y grabarlas. Él a mil tareas en esta ocasión. "Soy un hombre feliz", admite ahora. He escuchado dos temas; este es el que más me gusta de los dos.

 

domingo, febrero 09, 2020

VOLUME ONE 524: AFTER THE FIRE AFTER THE RAIN (THE LOST BROTHERS)

Preguntaos cómo Tony Garnier, el más leal de los músicos de Bob Dylan en la gira sin fin, acabó en un estudio de Brooklyn con Oisin Leech y Mark McCausland, The Lost Brothers. El impagable bajista coproduce el último álbum de estos delicados amigos irlandeses, After the fire after the rain (Bird Dog, 2020), una obra que traspira relajante belleza e invita a deslizarse con sigilo por sus canciones a Howe Gelb, Jolie Holland, M Ward y el propio Garnier. Y qué canciones. Con Gelb ya habían grabado su anterior trabajo, otra delicia titulada Halfway towards a healing, con el que los conocí hace dos años. Vaya, lo mismo que escribía en aquel post, podría repetirlo en este (el parecido vocal con Milk Carton Kids, la deuda íntima con Calexico, la resurrección sonora del score de Dylan para Pat Garrett & Billy the Kid en los temas intrumentales -¿Garnier tiene algo que ver en esto?-). Todo aquello vale ahora. Y gusta tanto o más.

Nota: 8,5/10

jueves, febrero 06, 2020

SOUNDTRACK 247: EL HOYUELO DE KIRK

Fue un actor de mi infancia. Como lo fueron Cary y Gary, Jimmy Stewart, Errol Flynn, Burt, Paul Newman o John Wayne. El del hoyuelo en la barbilla, decía mi madre: Hoy ponen en la tele una del actor del hoyuelo, Kirk Douglas. En Primera Sesión, con aquella cabecera que se cerraba con los corazones rojos y el rostro de Marilyn multiplicado por cuatro, o en Sábado Noche. Ponían Los vikingos, 20.000 leguas de viaje submarino, Retorno al pasado o Duelo de titanes por las tardes. Y Cautivos del mal, Senderos de gloria, El gran carnaval o El loco del pelo rojo por las noches. Qué grande ese cine.


Como aquellos actores de mi infancia, Kirk era perfecto para cualquier papel que le cayese. Te podía caer más o menos simpático, pero todo lo que hacía, lo hacía bien. No te podías fiar de él: había un cinismo oculto en sus miradas y sus poses que lo hacía temible e irresistible; podía ser un tipo íntegro ante los que tenías que andarte con cuidado. Valía para todo, para hacer de boxeador, investigador, amante, productor de cine, vikingo, justiciero a caballo, periodista sin alma, soldado enfrentado a sus superiores, Van Gogh, Espartaco.

Hoy me acuerdo durante un rato del niño que fui disfrutando de aquellas películas, con mis padres o mis abuelos, más tarde yo solo. Entraba en un mundo que sentía real, del que quería formar parte cubierto por una gabardina o bajo la sombra de un sombrero, en un duelo de pistolas a las puertas de un saloon o en las barricadas. Kirk Douglas estaba allí. Kirk y su hoyuelo estarán siempre ahí. Gracias por tu cine. Por el cine.

miércoles, febrero 05, 2020

BONUS TRACK 219: FISHERMAN'S BLUES (THE WATERBOYS)

La música de los Waterboys transmite el éxtasis que traen los subidones de la vida. Uno puede sentirse libre de cadenas en uno de sus estribillos cantados desde la cima de un acantilado, lleno de furiosa alegría cuando se cruzan sus guitarras y violines y brama Mike Scott en la proa de su navío. Muchas de sus canciones me producen estas sensaciones, sobre todo las de los primeros cuatro discos, todos en los años ochenta. Sí, The Waterboys resisten la corrosión que ha dejado la música de aquella década tan borrosa, una década que a ellos los hizo fuertes, ajenos a extravagancias musicales y reacios a la comodidad de venderse al diablo. Integridad, se llama. El cuarto de aquellos álbumes es Fisherman's blues (1988), una obra que suena hoy tan sublime como entonces.

El buen ojo de Dufresne para reciclar discos a través de sus incursiones en las 'charity shops' londinenses me trae este disco a casa. Habían pasado tres años desde This is the sea y Mike y sus chicos, exiliados en Irlanda, eludieron la presión del éxito que les sonreía y dedicaron el retiro a fundirse con la tierra que los acogía y grabar un disco magistral. Desde la hermosa Fisherman's blues y la excitante We will not be lovers hasta la belleza sinuosa de Dunford's fairy. Hoy Scott y los Waterboys se defienden con discos decentes, pero no tan triunfales como Fisherman's blues, aunque no han dejado escapar su integridad, ni su 'big music'.
.

lunes, febrero 03, 2020

SOUNDTRACK 246: YESTERDAY

Imaginad (sin la banda sonora de Lennon) un mundo sin los Beatles y sus canciones. ¿Seríamos más felices? ¿La música popular nos seguiría volviendo locos? ¿Buscaríamos respuestas en las palabras cantadas? ¿Nos enamoraríamos con la misma facilidad? Pensar en ello se presta al juego, se abre al debate, a imaginar una vida distinta, quizá con un concepto de la fama y el éxito que nos fuera extraño. Yesterday, la película de Danny Boyle, propone esa idea, pero apuesta por envolverla (y llega a taparla) con el disfraz de una historia romántica y una sencilla, banal y nada arriesgada reflexión sobre el precio de la fama y la gloria y la exposición a las masas. El flojo guión de Richard Curtis estropea una historia conducida con agilidad por Boyle, bien interpretada por su pareja de protagonistas, pero en el fondo, insustancial. Ni siquiera las canciones de John, Paul, Ringo y George se sienten tan necesarias, ni siquiera son tan nuestras, patrimonio de la humanidad. No basta el entretenimiento en este caso. No intuía gran cosa y esperé a ver esta película en casa, donde me enfadaría menos.

domingo, febrero 02, 2020

VOLUME ONE 523: THERE IS NO OTHER... (ISOBEL CAMPBELL)

De no haber dedicado horas de estudio y escenario a entenderse con Mark Lanegan, dudo que le hubiera dado yo parte de mi tiempo a Isobel Campbell. Ni Belle and Sebastian ni la que fuera su vocalista no han sido mucho del gusto de mi paladar, pero... Aquella unión de Campbell y Lanegan, atípica y con la apariencia de estar destinada al fracaso, dio como resultado una colección de tres estimulantes discos entre 2006 y 2010 que hicieron del fuerte contraste entre las voces de uno (siniestra) y otra (susurrante) su mejor baza. Tras el último de aquellos episodios han pasado diez años e Isobel acaba de estrenar There is no other... (Cooking Vinyl, 2010), que bien podría haber incluido a Lanegan en un puñado de sus temas para revivir aquel matrimonio musical. No es el caso, pero el álbum se deshace en la boca dejando buen sabor, con su intérprete flotando sobre una nube por encima de las canciones. Destacan un par de jugosidades (la versionada Runnin' down a dream de Tom Petty, Hey world y sobre todo The heart of it all) en un trabajo adecuado para darse una desconexión.

Nota: 7/10

jueves, enero 30, 2020

BONUS TRACK 218: WHAT'S GOING ON (THE DIRTY DOZEN BRASS BAND)

La revisión de álbumes completos a cargo de otros músicos que se mueven en esferas y ambientes distintos no es cosa de hace unos pocos años. La idea es tan aceptable como variados sus resultados. (Pienso ahora en que salió bien el Bandwagonesque de Teenage Fanclub a cargo de Ben Gibbard y mal el Delta Sweete de Bobbie Gentry en la versión de Mercury Rev.) Hace catorce años, uno después de padecer la furia del huracán Katrina en su ciudad, Nueva Orleans, los Dirty Dozen Brass Band volvieron más de tres décadas atrás para revivir el disco What's going on de Marvin Gaye. (Entonces aún no se había puesto a caminar este blog, qué lejos se ve el Katrina.) El álbum fue tanto un tributo a Gaye como una arenga a la ciudad para recobrarse de la tragedia que la había ahogado. La banda transmite la alegría genética de New Orleans pero templada por las circunstancias. Un circo sin payasos, pero revitalizador. En los contornos elásticos de su música el jazz y el funk se agitan para salir a flote.

lunes, enero 27, 2020

SABINESQUE

Estas cosas no van conmigo, pero he hecho un esfuerzo. En etapas, a ratos, le he dedicado tiempo al tributo a Joaquín Sabina, el más reciente que ha parido la escena nacional: casi 40 músicos españoles (y algún latinoamericano) se han metido en el pellejo de Sabina para entrar en sus canciones y darles otra voz, otro eco, un sentido nuevo o paralelo al de su concepción original. Han mostrado su forma de rendir honor y amor, aprecio o distancia. Debo decir que Sabina me importa poco; nunca he sentido ni cercanía ni simpatía por su universo y la riqueza de sus letras no me ha proporcionado canciones que merezca guardar. 

Tras leer un artículo reciente sobre la complejidad de reinterpretar el cancionero de Sabina, me ha despertado la curiosidad por saber quién había estado a buena altura y quién se había despeñado, quién se entregaba con rigor y quién pasaba por allí para salir en la foto. Son muchas las versiones, destacaré lo mal que me suenan Amaral y Manolo García (Con la frente marchita), Robe (Calle Melancolía), Pablo López (Quién me ha robado el mes de abril) y Funambulista e Ismael Serrano (Eclipse de mar); o lo bien que me han parecido Leiva (El caso de la rubia platino), Manuel Carrasco (La canción más hermosa del mundo), Los Rodríguez (Princesa) y Mikel Erentxun y Rufus T. Firefly (Lo niego todo). El resto, en tierra de nadie. Como Sabina.

viernes, enero 24, 2020

VOLUME ONE 522: KINGDOM IN MY MIND (THE WOOD BROTHERS)

En terrenos fraternales empiezo a confundirme, a no distinguir a unos hermanos de otros hasta que dedico un poco de tiempo a aclararme. En los últimos meses he pasado por los Barr, los Teskey, los Cactus Blossoms, los Felice, los Lost (que no son hermanos)... En fin, que ahora tocan los Wood, que pensé que alguna vez los había escuchado pero no. Chris y Oliver Wood, junto al versátil Jano Rix forman un trío que desde hace más de diez años cocina un caldo musical fantástico. Me limito de momento a Kingdom in my mind (Honey Jar Records, 2020), el último de sus ocho discos, cuyo brebaje de folk y blues adopta diversos perfiles y se adhiere refrescante al paladar. Hay jugos de funk y ráfagas de jazz en lo que hacen, y todo fluye como improvisado, muy natural y callejero, surgido de acogedoras locales o viejos barracones que podrían trasladarnos a Nueva Orleans. Y eso es bueno.

Nota: 7,5/10

miércoles, enero 22, 2020

LIVE IN 240: PEARL JAM, GIGATON... CUENTA ATRÁS

Creces con ellos y quieres tenerlos cerca. Te haces mayor y esperas que no te defrauden. Nunca lo han hecho y ahora crees que tampoco lo harán. Tu madurez ha sido la suya. Gigaton nos reencuentra a muchos con Pearl Jam. En dos meses hay nuevo disco, Vedder & Co. han vuelto al estudio y crees que aún tienen mucho que decirte. Me suenan distintos, no sé aún bien a qué, pero siento que siguen siendo de fiar, tan gloriosos como siempre. Pearl Jam.

domingo, enero 19, 2020

VOLUME ONE 521: EL DORADO (MARCUS KING)

Lo primero que escucho de Marcus King, el guitarrista americano del que he leído y oído hablar por su poderosa precocidad, ya es el cuarto de sus discos, el primero en el que prescinde de la Marcus King Band que daba nombre a los álbumes anteriores desde 2014 (cuando solo tenía 18 años), y con el que accede, de la mano de Dan Auerbach, a circuitos más amplios y escaparates más expuestos a juicios de mayor exigencia. Ello, según leo, suscita cierta desconfianza y las primeras críticas contrarias, reservas en todo caso. No puedo (aún) comparar el King de El Dorado (Fantasy, 2020) con el King previo (intuyo que lo haré), pero la propuesta actual me resulta muy satisfactoria. 

No sé cuánto ha dejado guiarse King por Auerbach ni cuánto ha dejado Auerbach de libertad al prodigioso chaval, propietario de una voz madura y expresiva que no da pista alguna de su edad. No sé tampoco si ha podido más la nostalgia retro de Auerbach en el enfoque del álbum o si el variado aprendizaje sonoro de un desenvuelto Marcus en una familia de raíces musicales se ha expuesto abiertamente en su nuevo trabajo. Porque soul estiloso, fino country y sudoroso rock de acento blues se cruzan en El Dorado engrasados con vientos amables y coros cálidos; eso, sí lo veo claro, por cortesía lujosa de Auerbach. Y me fío.

Nota: 7,5/10

viernes, enero 17, 2020

LIVE IN 239: NINA Y MORGAN, A CORUÑA 2020

El abrazo que te das con tu banda porque el bolo ha salido genial, porque habéis estado intensos y brillantes, y porque el público se os ha entregado y habéis conseguido que salga contento del teatro, ese abrazo, esos abrazos y besos de unos con otros que sueles reservar para el camerino se los dieron los miembros de Morgan al terminar la función, sobre el escenario, antes de enlazarse frente al patio de butacas e inclinarse en señal de agradecimiento. Éxtasis compartido. Merecido. Morgan son muy buenos. En estudio y en vivo siento que han alcanzado un estado de confort y seguridad al que creo que le vendría bien desatarse un poco (algo de incorrección, en el sentido más ventajoso), y que quizá el grupo persiga ahora que pone fin a su viaje y encara una nueva etapa y nuevos trabajos.

Nina aludió más de una vez a ese viaje de la banda en el concierto de anoche en el Teatro Colón, al explicarse y darse vueltas a sí misma, con la naturalidad incontrolada de quien mucho habla, y deprisa, porque mucho quiere contar. Nos hizo reír, maravillada con nosotros y con lo bien que ellos lo estaban haciendo. Escogieron buenos temas de North y de Air para repasarse, reconocerse, explayerse y emocionarse, junto un par de tranquilas versiones (Neil Young incluido). "Aunque no lo parezca, nos gusta pasarlo bien", nos dijo Nina tras sus piezas más íntimas al dar paso a un tema que invitaba al baile. Como luego, al final, con Another road (gettin' ready) para bailar ella entre sus chicos y fundirse con la música.

miércoles, enero 15, 2020

VOLUME TWO 102: THE STAVES

Emily, Jessica y Camilla son hermanas. Las Staveley-Taylor. The Staves; así empezaron a llamarlas hace tiempo y así se las conoce. Son de Watford, al norte de Londres. Cantan de maravilla: tres voces muy bien armonizadas que transmiten una plácida serenidad. Eran unas adolescentes, casi unas niñas, cuando empezaron a cantar en pubs de su localidad, piezas folk con más acento americano que británico, para orientarnos. Y se fueron haciendo más conocidas en su entorno, y a girar... y por ahí andan, un poco en tierra de nadie sin dejar claro si aún les queda recorrido. Hace un par de años las descubrí con su segundo álbum, If I was, que me dejó frío. Después probé con el primero, donde gozaron del más que estimable apoyo en la producción ni más ni menos que de Glyn Johns y de su hijo Ethan. Dead & Born & Grown se titulaba aquel disco, de 2012, que reescucho estos días. Disfruto con estas chicas, me dan quietud y sosiego.

domingo, enero 12, 2020

SOUNDTRACK 245: 1917


Las guerras en las que no hemos estado necesitan el cine para ser mostradas, y sentidas. La guerra, la barbarie y el horror contra la humanidad, contra el ser humano. Como si el barro y el polvo entrasen en la garganta y asfixiasen los pulmones, como si encima notásemos el peso del fusil y el armamento, como si el miedo nos aplastase en la butaca, como si un instante de calma (una canción susurrada en el bosque) fuera el umbral de una muerte de la que no escaparemos. El cine bélico guarda cumbres donde fondo y forma congelan el alma. Apocalypse Now y Salvar al soldado Ryan tienen rival en el podio de sus obras maestras, de las cimas extraordinarias del cine: 1917.

sábado, enero 11, 2020

LIVE IN 238: ALICIA

Tengo mis debilidades. Me puede Alicia Keys. Oírla. Verla. Un estado de ánimo. Here (2016) me pone, tiene golpes fantásticos. Alicia da su nombre al título de su próximo álbum. Será en primavera. Escucho un tema. No es que sea de escándalo, no es que me deje de una pieza (y Ed Sheeran pone firma compartida a la letra, aaaah)... Pero algo tiene Underdog que me gusta. Quizá solo la tiene a ella. Alicia.

 

jueves, enero 09, 2020

BOOTLEG SERIES 83: IDA MAE

El seguimiento que hago de las carreras de ciertos productores me permite descubrir nuevos proyectos, trabajos en los que los profesionales se implican para dar a conocer autores en busca de sus primeras oportunidades de peso y difusión. Ethan Johns, nombre detrás de las últimas grandes obras de Tom Jones y capital colaborador de Ryan Adams o Laura Marling, patrocina el debut del joven matrimonio que forman Chris Turpin y Stephanie Jean, unidos con el nombre de Ida Mae. El álbum lleva el título de Chasing lights, es de mediados del año pasado, y supone un prometedor despegue para esta pareja británica. Tienen gusto por dar pinceladas de guitarreo nervioso a tenues estampas atmosféricas. La propuesta alterna ajetreo con reposo, y eso es lo que deja el disco siempre a punto de ebullición, como si no se atreviese a quemar, de sonido de roca sin que haga ruido a caer. Atractivo en todo caso.

martes, enero 07, 2020

VOLUME ONE 520: BETWEEN THE COUNTRY (IAN NOE)

Esto se me pasó en 2019, y es de lo mejor. Ian Noe tiene 29 años y dirías que lleva unas décadas cantando y narrando desoladas historias de la árida Norteamérica, rumbos perdidos, redenciones, vacíos. Resuena una madurez en su música y una hondura emocional en su voz que no solo esconden su juventud sino que remiten a consagrados 'storytellers' del folk rock americano. Dave Cobb, atareado productor que ha puesto firma a trabajos de gente como Jason Isbell, The Highwomen, Chris Stapleton, Sturgill Simpson, Shooter Jennings o John Prine, ayuda al joven Noe en este gran debut, Between the country (National Treasure Recordings, 2019), obra a descubrir de un artista al que seguir ya.

Nota: 7,5/10

domingo, enero 05, 2020

VOLUME TWO 101: JONI MITCHELL

Ni entonces ni ahora hubo ni hay artistas como Joni Mitchell. Hay una fragilidad de cristal y emocionante en su música, en su forma de cantar y de componer, que se encuentra en muy pocas cantantes. Un ADN extinto bendice a la canadiense. Puedes sentirte arropado en el interior de una cabaña perdida en las montañas cuando Joni habla. Estos días he descansado con el abrigo de algunas de sus canciones, las de sus primeros álbumes, y me he sentido realmente a salvo: Big yellow taxi, Chelsea morning, Help me y sobre todo las geniales y esponjosas Woodstock y River.

Cuanto más envejeces, más aprecias a Joni Mitchell. Incluso en sus osados enfoques a partir de mediados de los setenta, cuando el jazz y el pop, ahogado muchas veces por el frívolo uso de sintetizadores en los ochenta, arruga su música, algo sutil y excitante queda de su delicadeza para componer. Ya no son discos para recogerte en las noches como los de antes, los de Nueva York y Los Angeles, aunque sirven para mirar desde la ventana un paisaje helado.

En un documental que una vez vi, no recuerdo cuál, Joni cantaba en un festival, ella sola con su guitarra, meditaba sobre lo que decían sus letras y el público no iba con ella, no le prestaba atención. Joni se enfadaba, pero sin gritar, guardándose las lágrimas, decepcionada porque el público no llegase a ella o no supiera hacerlo. Una niña indefensa. Sus canciones quedan y protegen.

viernes, enero 03, 2020

GREATEST HITS 236: SEVENTEEN (SHARON & NORAH)

De uno de tantos buenos discos que nos dejó el año acabado, esta es su mejor canción. En más de una reseña y en más de un comentario hubo quien encontró ecos de Springsteen en las letras que despereza primero y enciende después Sharon Van Etten en Seventeen; yo sigo sin darme cuenta del parentesco. No importa. Es un gran tema. Con la cadencia distinta, más adormecida pero de sinuosas sugerencias, en esta versión que Sharon comparte con Norah Jones en un plató de televisión. Bienvenido sea el año nuevo.