miércoles, octubre 26, 2005

VOLUME TWO 4: MARIANNE FAITHFULL

Reconozco haber tenido pereza por acercarme a la música de Marianne Faithfull, me parece mucho más atractiva y entretenida su biografía, que algún día quizá lea. Una de las ex novias de Mick Jagger puede construir otras memorias parciales mucho más corrosivas de lo que fueron sobre los últimos años sesenta en las vidas de los Rolling Stones y, si opta por no callarse todo cuanto sabe, sus recuerdos serán muy apetecibles de conocer.

Desde luego, sí que impone por lo menos respeto la figura de Marianne Faithfull. Puede que por la azorosa juventud que tuvo junto a Jagger y Richards, a quienes se acercó por medio del agente de los Stones, Andrew Oldham; o por la respetable carrera musical que tuvo a partir de mediados de los setenta tras un intervalo infernal dominado por las drogas; por la belleza aparentemente pura que la pintaba en sus años primaverales o por la callada sobriedad con que se ha ido aproximando a sus días otoñales.

Viendo viejas fotografías en blanco y negro, la inglesita Marianne es ese "ángel de tetas grandes" que Oldham llegó a llamar, una niña crecida de mirada triste y labios carnosos, larga melena rubia y faldas cortas. Ya en color, la Faithfull fue transformándose primero en una moderna mujer independiente y luego en una señora vencida por las arrugas, una sombra pálida del ángel que fue.

La primera canción que escuché de ella fue The ballad of Lucy Jordan, todavía más enternecedora de lo que es en la secuencia nocturna en que Thelma y Louise recorrían los caminos desiertos de Monument Valley. Ese tema aparece en uno de sus álbumes más reconocidos, Broken English, del que llegué a escuchar otras canciones que poco me gustaron. Y desde entonces, casi nada... hasta hace muy poco, cuando su último disco, Before the poison, de finales del año pasado, cayó en mis manos.

La veterana dama inglesa, misteriosa y dócil como una sirvienta de mansión como aparece en la portada, prosigue en este disco con su fórmula de arrimarse a músicos a los que dobla en edad, carne de festival de prestigio y de carreras más o menos consolidadas y bien reconocidas (Nick Cave, Damon Albarn, PJ Harvey) para dar consistencia y buscar una garantía artística a su propia evolución. Había hecho lo mismo en su trabajo anterior, Kissin’ time, junto a Beck, Jarvis Cocker y Billy Corgan entre otros, pero con sonidos y resultados parece que bastante chirriantes. Su voz rota y emborrachada cobra en Before the poison una extraña compasión y la buena compañía que tiene le permite plantarse entre sus discípulos con confianza y seguridad. Cave y Harvey componen temas y escriben algunas letras y Faithfull los canta con su alma sobre la base musical que define muchos de los trabajos de la inglesa PJ y el australiano Nick y sus Bad Seeds. No son estos músicos santos de mi devoción, pero su aportación a la carrera de Marianne Faithfull, quizá un ángel inmortal, merece mi aprobación.

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