Bajo el paraguas de la Americana se protegen músicos de todo perfil que con un pie en la raíz de la música folk y country y otro en la adaptación contemporánea de las mismas desarrollan dispares carreras. Hay muchos nombres en la sombra y en segundas y terceras filas, figuras con destellos que pronto se apagan y ejemplos de creciente madurez y consolidación. Hoy me detengo en Lula Wiles, un trío de voces que en su primer álbum, What will we do (Smithsonian Folkways Recordings, 2019), airean el vínculo a la tradición sin renunciar a sonidos más actualizados. Cuerdas de suave balanceo para el reposo de canciones de profunda huella. Hoy son una incógnita bien recibida.
Se han ganado mi confianza con su estreno. Será que me sugieren una relación de cercanía pura, tres amigas que estudian juntas y se entregan a la música unidas, en pequeños escenarios desde Boston y de paso por festivales de verano. Isa Burke, Eleanor Buckland, Mali Obomsawin. A veces noto a Gillian Welch en ellas, o a Whiskeytown, o a The Be Good Tanyas. Acaban de llegar y aún parecen algo tímidas; si esconden su reserva auguro mejores entregas.
Nota: 7,5/10
jueves, enero 31, 2019
domingo, enero 27, 2019
LIVE IN 226: CHUCK & CHARLIE Y LOS STONES (VIGO, 2019)
El
rock es ante todo una fiesta, una celebración. Despojado de sus
ambiciones y horizontes trascendentes, en su sentido inmediato y actitud
más pura, el rock and roll se vive para celebrar un estado de euforia y
de comunión entre el músico y su público. Y eso, fiesta, euforia y
comunión, se vivió (lo viví) en La Iguana de Vigo con Chuck Prophet, Charlie Sexton y The Rolling Stones. Están de gira por el país junto a un bajista y un baterista para rescatar el disco Some girls de los Stones, grabado hace 40 años. Chuck y Charlie entran en la esencia del álbum y lo tocan entero, sin orden, con unos temas más de Jagger y Richards como colofón (Brown sugar, Star star y Jumpin' Jack Flash) para llevar su homenaje a la apoteosis.
Lo bueno de todo, ya digo, es que la pareja de músicos se lo pasan en grande y se lo hacen pasar a los demás con casi hora y media de rock and roll de toda la vida, ardiente y carnal, en este paréntesis que han hecho en sus carreras para juntarse y vestirse de los Stones. Por eso, más que con algún tema o momento en concreto mejores que otros (que los hubo), me quedo con la satisfacción que Chuck y Charlie y sus prodigiosas guitarras tan bien entrecruzadas como lo estaban las de Keith y Ronnie, exhibían en la apretada sala, a medio metro de quienes estábamos delante. De eso se trata también, de que veteranos como ellos sigan siendo, ellos mismos, jóvenes poseídos por la excitante fuerza vital del rock.
Lo bueno de todo, ya digo, es que la pareja de músicos se lo pasan en grande y se lo hacen pasar a los demás con casi hora y media de rock and roll de toda la vida, ardiente y carnal, en este paréntesis que han hecho en sus carreras para juntarse y vestirse de los Stones. Por eso, más que con algún tema o momento en concreto mejores que otros (que los hubo), me quedo con la satisfacción que Chuck y Charlie y sus prodigiosas guitarras tan bien entrecruzadas como lo estaban las de Keith y Ronnie, exhibían en la apretada sala, a medio metro de quienes estábamos delante. De eso se trata también, de que veteranos como ellos sigan siendo, ellos mismos, jóvenes poseídos por la excitante fuerza vital del rock.
jueves, enero 24, 2019
VOLUME ONE 491: GOES WEST (WILLIAM TYLER)
Lo que a menudo pasas por alto se te aparece más adelante en campo abierto para disfrutar en plenitud. La música guarda en su vasta jungla miles de prodigios a los que no llegamos, o en los que no nos fijamos, hasta que un día nos tropezamos con ellos para liberar la admiración. Me acaba de pasar con William Tyler. Este hombre fue guitarrista de Lambchop y Silver Jews, bandas de las que aprecio algún trabajo pero a las que no acompaño. Desconocía esta vinculación. Tyler tiene discografía propia y su más reciente album, de este año, es Goes West (Merge Records, 2019). Me dejo poseer en sus diez temas, todos instrumentales, y en los que mete mano otro guitarrista excepcional como Bill Frisell y un productor que me encanta como Tucker Martine, por un apacible remolino de delicadas cuerdas acústicas, puestas aquí al servicio de líquidas atmósferas y territorios que llaman a ser explorados en soledad. Una invitación introspectiva a echarse a un lado, a tomarse un respiro y no pensar en nada más.
Nota: 7/10
Nota: 7/10
martes, enero 22, 2019
GREATEST HITS 218: THIS IS LOVE (PJ HARVEY)
A esto lo llamo autoridad. Saber domar tu guitarra y explotar tu imagen, intimidante y arrebatadora a la vez. Basta un fondo blanco y un enredo de cables sobre los que moverse, salirse de cuadro y dar la espalda. Un riff directo que se lanza a por ti y te atrapa. El escote desnudo bajo la chaqueta, vicio en los labios, pecado en el cabello. Atrévete a tocarme y quédate con esto. Es amor. Esta es mi mejor PJ Harvey.
domingo, enero 20, 2019
SOUNDTRACK 224: BLAZE
El tercer largometraje dirigido por Ethan Hawke, Blaze, se detiene en Blaze Foley, un nombre en letra pequeña dentro de la música country americana, un inadaptado en el olvido. Con las memorias escritas de la pareja del músico como soporte, Hawke no apuesta por el biopic ni de corte convencional ni proclive a la inventiva, quizá porque no hay mucho en la vida de Blaze digno de que el cine lo recuerde a través del formato biográfico, sino por un homenaje íntimo, con crudeza y desesperanza, que sí trata de dignificar los sueños truncados de un forajido del country y el folk que no supo buscarse la suerte y dejó este mundo con un disparo en el pecho en 1989, antes de cumplir 40 años.
Hay cosas que me gustan en Blaze. El enfoque y los ángulos con que paseamos por algunas vivencias y desventuras del músico, a través de los recuerdos de sus amigos más íntimos, uno de ellos Townes van Zandt, o de la propia memoria de Blaze en sus últimos conciertos en garitos de mala muerte, cuando vuelve atrás para añorar los días en que vivía con Sybil en la profundidad de la naturaleza, en una casa en mitad del bosque. El tono crepuscular del relato, que lo sitúa en ambientes dignos del universo fracasado que tan bien retrataba John Huston (por momentos me acuerdo de su obra maestra Fat City). La dirección convincente de Ethan Hawke, certero cuando se pone romático, pese a dedicarle demasiado tiempo a los sollozos de Blaze y a dejarse llevar por algunas luces y filtros preciosistas. Y sobre todo el reparto, con Ben Dickey como Blaze transmitiendo hastío y desamparo, nostalgia y arrepentimiento; Alia Shawkat como Sybil, y el músico Charlie Sexton, espléndido como Van Zandt.
Pero hay también algo que no me gusta: el propio Blaze, un tipo autodestructivo vencido por el alcohol y el descontrol, agrio aunque se le quiera cubrir de bondad. Años después de su muerte se ha ensalzado en círculos menores la figura olvidada de Blaze Foley, músico triste y amargo al que en mi opinión no le hacía falta una buena película como esta, en el fondo una historia de amor.
Hay cosas que me gustan en Blaze. El enfoque y los ángulos con que paseamos por algunas vivencias y desventuras del músico, a través de los recuerdos de sus amigos más íntimos, uno de ellos Townes van Zandt, o de la propia memoria de Blaze en sus últimos conciertos en garitos de mala muerte, cuando vuelve atrás para añorar los días en que vivía con Sybil en la profundidad de la naturaleza, en una casa en mitad del bosque. El tono crepuscular del relato, que lo sitúa en ambientes dignos del universo fracasado que tan bien retrataba John Huston (por momentos me acuerdo de su obra maestra Fat City). La dirección convincente de Ethan Hawke, certero cuando se pone romático, pese a dedicarle demasiado tiempo a los sollozos de Blaze y a dejarse llevar por algunas luces y filtros preciosistas. Y sobre todo el reparto, con Ben Dickey como Blaze transmitiendo hastío y desamparo, nostalgia y arrepentimiento; Alia Shawkat como Sybil, y el músico Charlie Sexton, espléndido como Van Zandt.
Pero hay también algo que no me gusta: el propio Blaze, un tipo autodestructivo vencido por el alcohol y el descontrol, agrio aunque se le quiera cubrir de bondad. Años después de su muerte se ha ensalzado en círculos menores la figura olvidada de Blaze Foley, músico triste y amargo al que en mi opinión no le hacía falta una buena película como esta, en el fondo una historia de amor.
jueves, enero 17, 2019
VOLUME ONE 490: REMIND ME TOMORROW (SHARON VAN ETTEN)
El aclamado álbum Are we there (2014) me puso en contacto con Sharon van Etten. Descubrí a una autora cómoda en paisajes etéreos por los que su música penetra y se expande, hábil terreno en el que desnudar emociones y ganar adeptos. Repetir escuchas conseguía que calase aquel disco. Me gustó, y también el trabajo que le sucede cinco años después, Remind me tomorrow (Jagjaguwar, 2019), de nuevo superior cuanto más tiempo se le dedica. ¿Por qué? Porque Sharon, de voz relajada e intrigante, se mantiene fiel a ella controlando la incorporación de capas a sus canciones, con más trucos atmosféricos vía sintetizador. O porque entre los diez temas hay unos cuantos de seductora fuerza (Comeback kid, Seventeen, You shadow). Le auguro nuevas aclamaciones a esta chica lista.
Nota: 7,5/10
Nota: 7,5/10
BONUS TRACK 202: REACTOR (NEIL YOUNG & CRAZY HORSE)
La bipolaridad / multipolaridad de Neil Young le ha dado un reconocimiento como autor, emblema y referente musical al que no siempre le ha acompañado una valoración justa de sus trabajos más deficientes, al menos criticables. En los años ochenta está su bache más profundo, cuando cada disco parecía estar grabado con un humor distinto, como si a su responsable no le convenciese nada de lo que hacía y diera un giro radical a su registro en el álbum siguiente. Ahí están disparates como Trans y Landind on water o fruslerías como Everybody's rockin' y Old ways, trabajos erróneos a los que, admito, tengo cariño. Reactor (con un punto entre las sílabas), de 1981, no es de lo peor de esa década dispersa de Young, aunque sí es ejemplo de esa faceta sucia y tosca que empapa su música. Recuerdo que un conocido al que le faltaba este disco para completar la discografía del canadiense me había advertido de que Reactor era muy duro. Diría, tiempo después y tras una escucha recuperada, que el álbum respira una dureza más bien tibia pero propaga desvaríos zafios (T-Bone, Shots) entre un repertorio discreto con poco salvable (Southern Pacific, Rapid transit). Neil volvería a abrir otras grises etapas de caprichos años más tarde.
lunes, enero 14, 2019
SOUNDTRACK 223: HERRMANN Y HITCHCOCK
Me han entrado unas ganas tremendas de volver a ver todas las películas de Hitchcock, sobre todo aquellas para las que Bernard Herrmann compuso su música: Vértigo, Los pájaros, Con la muerte en los talones, El hombre que sabía demasiado, Psicosis...
Pongo el play en el presente: acabo de ver el documental Hitchcock Truffaut, que recrea la elaboración de la entrevista que el cineasta francés le hizo al británico en los años sesenta y luego se convirtió en libro, imprescindible para todo cinéfilo y aconsejable para todo lector.
Rebobino: aquellas (y muchas) películas de Hitchcock las vi más de una vez después de que TVE las emitiese hace muchos años, cuando en ciclos presumía de una gran programación cinematográfica. El libro lo leí hace 25 años, aún conservo su edición de bolsillo.
Avanzo: he escuchado una selección de piezas de Herrmann para films de Hitchcock y de Truffaut, y de Welles, de Mankiewicz, de King, de De Palma y de Scorsese. Su música hipnotiza y avasalla, se derrite en melancolía y explota en señales de riesgo. Sí, es obra de genio.
Herrmann tenía mucho de genio: maniático, solitario, depresivo, agrio, obsesivo (quizá un genio también se muere justo después de tras terminar la música que le puso a Taxi Driver). Por eso era ideal para la perfección narrativa y estilística de las películas de Alfred Hitchcock, otro Artista (subrayo la mayúscula) genial.
Nadar sobre las aguas de la música de Bernard Herrmann, bucear bajo sus espesos mantos de lirismo y fiebre violenta, es entregarse al embrujo poderoso del cine. Es bella y deseable, pero siempre advierte de que acechan peligros en sus notas.
Pongo el play en el presente: acabo de ver el documental Hitchcock Truffaut, que recrea la elaboración de la entrevista que el cineasta francés le hizo al británico en los años sesenta y luego se convirtió en libro, imprescindible para todo cinéfilo y aconsejable para todo lector.
Rebobino: aquellas (y muchas) películas de Hitchcock las vi más de una vez después de que TVE las emitiese hace muchos años, cuando en ciclos presumía de una gran programación cinematográfica. El libro lo leí hace 25 años, aún conservo su edición de bolsillo.
Avanzo: he escuchado una selección de piezas de Herrmann para films de Hitchcock y de Truffaut, y de Welles, de Mankiewicz, de King, de De Palma y de Scorsese. Su música hipnotiza y avasalla, se derrite en melancolía y explota en señales de riesgo. Sí, es obra de genio.
Herrmann tenía mucho de genio: maniático, solitario, depresivo, agrio, obsesivo (quizá un genio también se muere justo después de tras terminar la música que le puso a Taxi Driver). Por eso era ideal para la perfección narrativa y estilística de las películas de Alfred Hitchcock, otro Artista (subrayo la mayúscula) genial.
Nadar sobre las aguas de la música de Bernard Herrmann, bucear bajo sus espesos mantos de lirismo y fiebre violenta, es entregarse al embrujo poderoso del cine. Es bella y deseable, pero siempre advierte de que acechan peligros en sus notas.
miércoles, enero 09, 2019
BONUS TRACK 201: REVIVAL (GILLIAN WELCH)
En su larga carrera musical, T Bone Burnett ha sido mecenas de un lote de buenos artistas a los que ha promocionado o producido en sus primeros pasos. Su espaldarazo le da a uno seguridad y a la vez exigencia, lo convierte en principio en un nuevo chico o chica en la ciudad a quien tener en cuenta; en sus manos estará después cultivar una digna carrera. A mediados de los noventa el músico metió a Gillian Welch en el estudio para su primer disco, Revival (1996), junto a su compañero de cuerdas, inspiración y escenarios David Rawlings. Una y otro, con sus reposadas guitarras acústicas y algún ronquido eléctrico, dominan este álbum frágil y cristalino, que refuerzan con delicadeza estilistas veteranos como Greg Leisz, Jim Keltner y el propio Burnett. Guarda hoy una áspera ternura este hermoso disco, con piezas artesanales enraizadas en el country y el blues, canciones para noches frías como las de estos días a la luz de la hoguera.
lunes, enero 07, 2019
MÚSICA PARA "AGARRAR CON LAS MANOS"
Leo esta expresión en un artículo de prensa esta mañana. Música para "agarrar con las manos", a propósito de una pequeña semblanza de las tiendas de discos a las que los musiqueros acudían hace décadas en sus viajes a Londres para aprovisionarse de álbumes que en España no se vendían. Dejo la nostalgia para otro momento. Pero vuelvo a Londres, o miro a Londres más bien, donde Dufresne, en sus rutas por las charity shops y las tiendas de saldos ha contribuido en los últimos meses a aumentar nuestras pertenencias musicales. Ayer me empaquetó varios discos que le había pedido (y alguna sorpresa) entre sus regalos. Discos que hoy son baratos, pero que para mí valen demasiado. Y los tuve agarrados en las manos, notando su peso y sintiendo su valor. Música que ocupa las manos y, desde ahí, entra en nosotros con el más directo de los placeres cuando sacamos el disco de la caja. Muchas gracias.
sábado, enero 05, 2019
BOOTLEG SERIES 70: THE CACTUS BLOSSOMS
Por esta sección pasaron hace poco dos hermanas oxidadas en blues bajo el nombre Larkin Poe; hoy lo hacen los hermanos Jack Torrey y Page Burkhum, de Minneapolis, que forman el dúo The Cactus Blossoms. Country y folk son la sangre que les da aliento, con la dosis justa de nostalgia por lo clásico y una sutil ilusión eléctrica que los hace próximos. En 2016 grabaron su primer álbum, con la producción y el empuje de JD McPherson. Yo los encuentro a punto de publicar el segundo, Easy way, colección de muy bonitas canciones. Sus guitarras son tranquilas y las voces fluyen mansas, con un leve espíritu de los Everly o los Louvin Brothers en el repertorio, aunque reinstaladas en el siglo XXI. No olvides el ayer.
miércoles, enero 02, 2019
GREATEST HITS 217: DEADLY VALENTINE (CHARLOTTE GAINSBOURG)
En recuerdo de la amenísima aventura de su padre Serge, convertida en el libro Elefantes rosas, de Felipe Cabrerizo, su hija Charlotte nos saluda en el comienzo del año. En detalle para Luis, por haberse emocionado tanto con esta adhesiva canción y su hermoso vídeo. Marca Gainsbourg.
viernes, diciembre 28, 2018
LIVE IN 225: LOS DISCOS QUE MÁS ME HAN GUSTADO
Una decena de discos para recordar con el regusto de este año y la evocación para años venideros. Esto es lo que más he disfrutado en 2018, casi tanto unos trabajos como otros. No se trata de distinguir lo que merece un 7,5 de un 8 o un 8,5, lo que hoy se gana cuatro o cinco estrellas y mañana tres y media o cuatro y media. En el fondo se trata de muy buena música, original o versionada, de aquí de allá y de todas partes... And we like it!
-Amy Helm, This too shall light
-Calexico, The thread that keeps us
-Dawes, Passwords
-Glen Hansard, Between two shores
-Hiss Golden Messenger, Virgo fool
-Jonathan Jeremiah, Good day
-Jonathan Wilson, Rare birds
-Milana, Desierto cicatriz
-The Milk Carton Kids, All the things that I did and all the things that I didn't do
-Sam Phillips, World on sticks
Feliz 2019 a tod@s.
-Amy Helm, This too shall light
-Calexico, The thread that keeps us
-Dawes, Passwords
-Glen Hansard, Between two shores
-Hiss Golden Messenger, Virgo fool
-Jonathan Jeremiah, Good day
-Jonathan Wilson, Rare birds
-Milana, Desierto cicatriz
-The Milk Carton Kids, All the things that I did and all the things that I didn't do
-Sam Phillips, World on sticks
Feliz 2019 a tod@s.
miércoles, diciembre 26, 2018
QUERER MAL
Entre los nombres del año, las personas o personajes que más han dado que hablar en 2018, estará el suyo. El poder del marketing, la fuerza de imágenes y sonidos que crean y explotan un producto de consumo instantáneo. De eso se trata. El eco está ya formado, ahora que dure, que dé aún más que hablar, que venda mallas o lápiz de labios, quizá un bizcocho, que aparezca en las revistas y los programas, en unas cuantas galas, que todo el mundo crea saber quién es ella. Adhesión, indiferencia o hartazgo dirán cuán efímera o permanente es su huella en el universo de la moda y la fama contemporáneas.
Tarde y con mínima curiosidad, pero con atención, escucho El mal querer, de Rosalía. Quiero tener una impresión para no precipitarme a condenarlo o a incluirlo entre las obras magnas. Carezco de referentes para enjuiciarlo del mismo modo en que me siento más capacitado para valorar discos de pop y de rock, así que no me atrevo a ser categórico, aunque estoy seguro de que, según me cuadre, lo pisotearía o arrojaría por la ventana. No solo mi poco aprecio por el flamenco me aparta de este disco, su maridaje con el pop y la electrónica me escuece. Canta la chica, pero ¿sabe cantar? (no la he visto interpretar, cierto, cuando afloran talentos naturales y la música enseña su alma) ¿En realidad importa?
Tarde y con mínima curiosidad, pero con atención, escucho El mal querer, de Rosalía. Quiero tener una impresión para no precipitarme a condenarlo o a incluirlo entre las obras magnas. Carezco de referentes para enjuiciarlo del mismo modo en que me siento más capacitado para valorar discos de pop y de rock, así que no me atrevo a ser categórico, aunque estoy seguro de que, según me cuadre, lo pisotearía o arrojaría por la ventana. No solo mi poco aprecio por el flamenco me aparta de este disco, su maridaje con el pop y la electrónica me escuece. Canta la chica, pero ¿sabe cantar? (no la he visto interpretar, cierto, cuando afloran talentos naturales y la música enseña su alma) ¿En realidad importa?
viernes, diciembre 21, 2018
SOUNDTRACK 222: WATERBOYS
Waterboys, la banda de Mike Scott, engrandece esta pequeña película, Waterboys (2016), del cineasta holandés Robert Jan Westdijk. La música de los Waterboys se abre para propagarse por los pliegues de la nostalgia. Siempre me han gustado, y mucho, los Waterboys.
Dos hombres con su vida sentimental hecha pedazos, padre e hijo, comparten viaje por mar y carretera desde Holanda hasta Escocia, adonde el primero acude a promocionar, en Edimburgo, la primera de una popular serie de 17 novelas policiacas con el mismo detective que es traducida al escocés (sic). El padre es juerguista y despreocupado, con bromas que ofenden más que divierten; el hijo, más sensible e inseguro, no deja de ser, en palabras de su padre, un calzonazos. El contraste de costumbres, el peso de la convivencia, los caprichos del amor, desfilan en matices y situaciones ligeras por este film, sin ansias de profundizar pero eficaces en su medida justa.
Waterboys podría ser una película fácilmente olvidable, pero las escenas en que los personajes asisten a un concierto del grupo escocés en un teatro la revistan de una fuerza memorable. En ese momento alguien echa la vista atrás y añora las emociones más importantes de su vida, en la que las canciones de los Waterboys fueron su banda sonora; y alguien mira hacia delante con el escalofrío evocador de la música, mientras el sol vuelve a salir.
Dos hombres con su vida sentimental hecha pedazos, padre e hijo, comparten viaje por mar y carretera desde Holanda hasta Escocia, adonde el primero acude a promocionar, en Edimburgo, la primera de una popular serie de 17 novelas policiacas con el mismo detective que es traducida al escocés (sic). El padre es juerguista y despreocupado, con bromas que ofenden más que divierten; el hijo, más sensible e inseguro, no deja de ser, en palabras de su padre, un calzonazos. El contraste de costumbres, el peso de la convivencia, los caprichos del amor, desfilan en matices y situaciones ligeras por este film, sin ansias de profundizar pero eficaces en su medida justa.
Waterboys podría ser una película fácilmente olvidable, pero las escenas en que los personajes asisten a un concierto del grupo escocés en un teatro la revistan de una fuerza memorable. En ese momento alguien echa la vista atrás y añora las emociones más importantes de su vida, en la que las canciones de los Waterboys fueron su banda sonora; y alguien mira hacia delante con el escalofrío evocador de la música, mientras el sol vuelve a salir.
jueves, diciembre 20, 2018
BONUS TRACK 200: A PERIOD OF TRANSITION (VAN MORRISON)
Qué grato es reencontrarse con buenos álbumes olvidados de una extensa discografía. A period of transition (1977) es uno de esos trabajos de Van Morrison de los que apenas uno se acuerda. Pasa también con gran parte de su producción posterior, irregular en los ochenta y noventa y mucho más centrada en los últimos quince años, aunque su piloto automático se haya acomodado en una eficiente elegancia que nada apuesta por la variedad, y que seguramente no necesita. Este disco, grabado tras su periodo más largo de inactividad, tres años (en los dos últimos ha despachado cuatro vinilos), sí salta de los terrenos melancólicos del folk rock de sus obras previas (Hard nose the highway, el hermoso Veedon Fleece) a las parcelas calurosas del R&B por las que después navegaría el irlandés en gran parte de sus discos. Lo tenía tan borrado el disco de la memoria que no ubicaba en él a Dr. John en las teclas y la producción compartida, no sentía su ligero aire de New Orleans; como tampoco recordaba que Van the Man, oh milagro, se atreve a sonreir en una de las quince imágenes suyas de la cubierta.
martes, diciembre 18, 2018
BONUS TRACK 199: TENOR CONCLAVE (COLTRANE/MOBLEY/SIMS/COHN)
Mi oído es hábil en distinguir voces y guitarras a lo largo del tiempo y de los discos, en identificar de quién es ese solo o ese riff que alegra, entristece o conmueve un tema musical. Más dificultades tengo en reconocer el sello instrumental de los músicos de jazz cuando escucho piezas aisladas o determinados álbumes. Pongamos por caso que en un mismo disco tocan cuatro saxofonistas con sendos saxos tenores y con sus sonidos entrecruzados en los mismos temas. Quizá a John Coltrane, con su corpórea seguridad, lo puedo distinguir mejor que a los demás. Quizá la finura melodiosa del no tan estimado Hank Mobley es reconocible. A Zoot Sims y Al Cohn los tengo más apartados y no sabría decir de cuál es este o aquel saxo. Tenor conclave, grabado en 1956 por el sello Prestige, reúne a estos cuatro saxos en cuatro temas. La primera portada (mangas de camisa en lugar de trajes oscuros) sitúa a los músicos en el mismo nivel, sin un nombre en letras más grandes que los demás; una reedición posterior, de 1962, la tipografía resaltaba a Coltrane sobre el resto, los cuatro con traje y corbata. La obra, a caballo entre el cool y el hard bop, es una delicia, con una cumbre como How deep is the ocean? ideal para bucear en las aguas del ensueño en el cierre del repertorio.
lunes, diciembre 17, 2018
GREATEST HITS 216: CANCIONES QUE ME HAN GUSTADO
Llego al final de este año algo apagado musicalmente. Sin alicientes,
desganado, y no en las mejores condiciones para entregarme a nuevas
escuchas detenidas o a repasos discográficos. Pero no quiero olvidarme
de muy buenas canciones disfrutadas estos meses. Son temas que aparecen
en BUENOS discos, pero NO los mejores de 2018 para quien continúa
alimentando este blog.
-I get weak, Amos Lee
-Woman, Cat Power
-What makes you happy, Edie Brickell & New Bohemians
-Hammer ring, Doyle Bramhall II
-Tucumcari, Goodnight, Texas
-Mama proud, Jess Williamson
-All the way to the river, John Hiatt
-Oracle of the maritimes, Neko Case
-The only thing worth fighting for, Rosanne Cash
-Straight Street, Ry Cooder
-I get weak, Amos Lee
-Woman, Cat Power
-What makes you happy, Edie Brickell & New Bohemians
-Hammer ring, Doyle Bramhall II
-Tucumcari, Goodnight, Texas
-Mama proud, Jess Williamson
-All the way to the river, John Hiatt
-Oracle of the maritimes, Neko Case
-The only thing worth fighting for, Rosanne Cash
-Straight Street, Ry Cooder
miércoles, diciembre 12, 2018
BONUS TRACK 198: THE DARK SIDE OF THE MOON (PINK FLOYD)
Nunca he tenido a Pink Floyd en mis altares, aunque alguno de sus discos y, sobre todo, canciones merecen una justa adoración. Con The dark side of the moon (1973) no caben discusiones: hoy me sigue pareciendo un álbum de extraordinaria ejecución que conserva su poder de asombro y -lo que considero más elogiable- su capacidad para transmitir la trascendencia de la creación musical. Vuelvo a este disco, que podría haber sido grabado en cualquiera de las últimas cinco décadas, porque uno de sus temas consigue hacer fascinante un trailer de la última película de Alfonso Cuarón, la unánimemente aclamada Roma. The great gig in the sky, con su crescendo de voces femeninas en éxtasis apocalíptico, es uno de los cortes sublimes de The dark side of the moon, la obra con la que Pink Floyd dejaron atrás sus inquietudes psicodélicas para ocupar el escalón de las bandas mayores llamadas a crear una marca. Disco concepto, disco uniforme, de una belleza templada y adornada, disco arte.
domingo, diciembre 09, 2018
BOOTLEG SERIES 69: AMERICAN TREASURE
Sí, un tesoro auténtico. ¿Americano? Universal. Habría llamado a este legado póstumo Un tesoro universal. La raíz de la música, los genes líricos, la actitud y el carisma del intérprete y cuanto se quiera advertir bajo y sobre la superficie de estas canciones suelen asociarse a la cultura americana, pero pertenecen a la humanidad. Música sin bandera ni nación. Los camaradas Mike Campbell, Benmont Tench y Ryan Uliate, con el beneplácito familiar, se encargaron de reunir parte del material inédito o apenas difundido de su jefe Tom Petty, solo o con sus fantásticos Heartbreakers, en la caja recopilatoria An American Treasure, comercializada un año después del fallecimiento del músico de Gainesville. El tesoro, con grabaciones en directo, versiones descartadas, temas desconidos, canciones tal cual fueron grabadas en álbum y alguna rareza de las décadas de los setenta, ochenta, noventa y dos mil, cada una comentada por Campbell y Tench, reafirma la condición de Tom Petty y su banda como emblema capital de la música americana y glorioso patrimonio de la humanidad. Su música aún sigue con nosotros.
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