lunes, septiembre 03, 2007

EL TIEMPO

Azote de pesimistas, compañero de vitalistas. Paciente en el deseo impaciente, súbito en el placer fugaz. Recurso de forma y presunción de fondo en los artistas. Bendición de los nacidos, perdición de los mortales. Real y tramposo. Para lo bueno y lo malo. Fiel y traicionero. El tiempo.

En las agujas de nuestra muñeca cuando nadie consulta la hora, en las olas del océano mientras la playa está desierta o en dos fotografías separadas por décadas. Ahí está. Veía el otro día un documental musical que en capítulos cortos dividía la trayectoria más brillante de una banda de finales de los sesenta, cada uno acabado con una actuación o un vídeo de sus temas más reconocibles. Los seis miembros del grupo comentaban más de treinta años después aquellos días de extravagancias compartidas y canciones inmortales. Ellos que fueron jóvenes y osados, flacos y ceñudos guitarristas o dramáticos y hermoso(a)s vocalistas, parecían ahora anónimos jubilados que reposaban sus cuerpos cansados frente a una cámara enemiga que en primer plano surcaba en sus arrugas y contorneaba las huellas de una remota juventud. Los años.

La incertidumbre viste el presente, dentro de la escena o en el filo de una incierta retirada. Nos vence el hambre de pasteles “para adorar y sudar”, caramelos “pequeños pero nutrientes”, bellos rostros “lánguidos”, musas de nuestros poetas. “Orgasmo y veneno”. El tiempo es perverso como el ángel que se cruza raudo e inabordable ante nosotros sin poder entrar en su mirada, lejos de nuestro alcance.

3 comentarios:

dufresne dijo...

siempre he catalogado las películas utilizando adjetivos colocados de menos a más. Una clasificación que vive desde hace más o menos una década. Estas palabras que has escrito serían para mí esa primera posición, ese término que, sino me equivoco, hizo inmortal para el tiempo, o al menos para mi tiempo, Carlos Pumares en su "polvo de estrellas"; este texto me parece una "Obra maestra". Tus palabras así me lo parecen...

El pasado siempre presente en tantas composiciones, lo que fuimos y pensamos, las oportunidades que tuvimos y las decisiones que tomamos, ahí están en ese pasado a veces torturador; quizá el tiempo lo deje en alegres recuerdos... De hecho, una de las cosas más curiosas del tiempo y que condicionan nuestras impresiones presentes es de las cosas pasadas, solemos recordar más la impresión que nos han producido que las cosas en sí, salvo, claro está, que haya sido especialmente trascendentes para nosotros...
palabras de obra maestra tribecasessions...
gracias por seguir siendo un ejemplo...

Jim Garry dijo...

Gran texto, Ruben. El tiempo es impacable, lo aniquila todo. Pero tb es posible encontrar la belleza en su rastro.

Saludos.

yojimbo dijo...

El tiempo nos hace más sabios, viejos y nostálgicos.
Salvo lo segundo, lo demás no tiene por qué ser malo.
Buena foto de acompañamiento :)