jueves, marzo 23, 2017

VOLUME TWO 80: RODNEY CROWELL Y EL OTOÑO LUMINOSO

La madurez, la experiencia acumulada, el oficio, la casta adquirida, los kilómetros y kilómetros de música en el cuerpo… llámese como uno prefiera. Eso ha hecho que no pocos músicos hayan llegado al otoño de sus vidas en un estado de forma artística elogiable, como si la edad, lejos de cansarlos, los llenase de una energía contenida de la que salen las cosechas más deliciosas. Tom Jones, Mavis Staples, Kris Kristofferson, Solomon Burke hasta su muerte o Rosanne Cash son unos pocos ejemplos que me vienen a la mente de músicos que al pasar de los 50 o 60 años entregan magníficos trabajos, sabiamente adaptados a sonidos y terrenos contemporáneos y superiores a obras que firmaron hace 20 o 30 años. Rodney Crowell es otro de ellos.

El bueno de Rodney, con 18 discos a sus espaldas desde finales de los años setenta y el último a punto de publicarse, Close ties, una colección excelente de canciones personales que interpreta con una exquisitez y cariño que le salen de las tripas. Tejano adoptado por Nashville, autor y productor de country y sus géneros hermanos, socio y amigo de tantas enseñas de los escenarios de la ciudad, su carrera ha avanzado con rectitud y coherencia sin perder la brújula y con fidelidad a su aprendizaje.

Desde Fate's right hand (2003) hasta su último trabajo, Rodney ha encadenado formidables obras en las que sin desprenderse de sus raíces las ha dejado crecer hacia ambientes adyacentes a la música americana tradicional de los últimos años. Ahí están Sex and gasoline (2008) o sus dos placenteros duetos con su amiga Emmylou Harris. Close ties, poderosamente emocionante, mantiene las altas calificaciones y refuerza la fe en la sabiduría de la edad que Rodney Crowell y otros viejos maestros representan.

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