jueves, septiembre 14, 2006

VOLUME ONE 35: DEFECTOGRAFÍA (LUIS MORO)

Cuatro años reúnen hasta ahora las cuatro producciones de Luis Moro, compositor de rock coruñés que os recomendé hace meses tras ser testigo de la perfecta sintonía musical y emocional que guarda en vivo con su banda, la Tribeca’s Band. Está su grupo y otros cercanos colaboradores de la escena coruñesa detrás de Defectografía (Nothing Toulouse Recordings, 2006), un nuevo álbum que bebe de la propia mitomanía que el autor no duda en compartir con el oyente. Versos recitados o sonidos reconstruidos llevan su disco al espacio que en las estanterías dedicaríamos a Tom Waits, Ryan Adams, Ry Cooder o Calexico, referencias (esta última la más notable en buena parte de sus nuevas canciones) que al tener tan presentes podrían contagiar demasiado al creador de su fuente de inspiración, pero que, por fortuna, mantiene a un prudente margen y asimiladas a un estilo propio. Es ello lo que más se le agradece a la música de Luis Moro, que sea auténtica sin ocultar sus orígenes y modelos y que suene como muy pocos o casi nadie lo haga en la geografía musical española.

La sinceridad y el compromiso nada más que con la pasión personal con la música recorren los sonidos de Defectografía. “Creíamos que las canciones podían cambiar el mundo, ahora sé que no, pero no me importa, me basta con que me hagan sentir bien”, musita Luis en Despertares literarios, el tema más redondo de su nuevo álbum. Mejor no se puede definir su actitud. Además, de la noche nace su música y para la noche, mejor en la carretera, es perfecta su escucha; la propia Días en la carretera y todo su atrezzo sonoro lo confirman.

Defectografía es una continuación más o menos fiel y lógica de Psicodelia? (Falcatruada, 2003) y Los Vulnerables (Falcatruada, 2005) en la carrera de Luis Moro. Aparcada ahora su propuesta de guitarras eléctricas, el nuevo disco transmite calidez e intimidad (Mi sueño), relajación y cariño (Desde que decidiste no volver, La esperanza). Te sitúa en escenas de madrugada con la delicadeza con que la batería de Jose García y el bajo de Alejandro Masafret acompañan los teclados variados y sensibles de Víctor Iglesias o la trompeta de Guillermo Lancelotti. Al conjunto le pesa el tono dramático descrito por algunas letras, defectos virtuosos de la grafía de un trabajo firmado por un artista diferente y siembre bienvenido por estas tierras, las de España entera. Y eso hace falta.

www.luismoro.net
Nota: 8/10

4 comentarios:

Anónimo dijo...

No tengo palabras para describir la emoción que he sentido al leer tus notas sobre defectografia. Para mi, sin duda, el mejor disco de luis moro hasta el momento. Yo sigo pensando que las canciones pueden cambiar el mundo, y espero y deseo que las canciones de luis moro cambien el mundo.

rubén darío dijo...

A mí también me gustaría que algunas canciones provocasen cambios, no sé si en el mundo, pero al menos en "nuestro mundo" más allegado. Como canta el propio autor, yo creo que ya no lo harán, y como también dice Luis Moro, muchas veces "me basta con que me hagan sentir bien".

Defectografía es un buen disco, pero no es el que más me gusta de Luis Moro.

Anónimo dijo...

No sé si me encontré con el nuevo disco de Luis en el momento más oportuno. Dejar que la melancolía se haga fuerte acaba doliendo, y como me temía, su colección de defectos (enhorabuena por el título, todo lo hermoso es imperfecto y defectuoso) la alimentarán por una buena temporada. Gracias.
Lo primero que me atrajo del CD fue su diseño: sencillo, sugerente y elegante. Además suena muy bien, tanto su voz como los instrumentos, con unos músicos de pata negra. Luego están las canciones. De las que reivindican su procedencia a gritos: noches, amaneceres, recuerdos e instantes custodiados con mimo en un rincón muy preciado de la memoria. Naturalmente tengo mis momentos preferidos: “Despertares literarios”; los coros de “La esperanza”; los aullidos desgarrados, armónicos, definitivos de “Las condiciones”; el arrebato eléctrico en “No te duelas”; ese entrañable cuento de carretera y amistad; o por supuesto, el prometedor inicio (y evocadora despedida) que supone “Música medicina”…
Lamento que sus canciones no vayan a cambiar el Mundo –ninguna lo ha logrado jamás-, pero si consiguen que el suyo y el de quienes lo rodean sea un lugar algo más habitable y acogedor ya habrá merecido la pena. Mucho.
La dosis de arena en otra ocasión. En privado. Y a ser posible agarrados a un Jim Beam. Un abrazo.

rubén darío dijo...

¡Bravo Willard! Creo que ni yo explicaría algunas cosas tan bien. Creo que al responsable de Defectografía le gustará tu valoración. Coincidimos en varias apreciaciones (incluso en las que menos nos gustan).

Otro abrazo.