jueves, noviembre 28, 2013

BONUS TRACK 124: EASTERN SOUNDS (YUSEF LATEEF)


Conviene dejarse llevar sobre los raíles del jazz cada cierto tiempo. Yo lo hago, bien sea en un viaje placentero para ingerir un calmante de efectos sedantes o en otro más agitado para darle un poco de nervio al ánimo. No es lo mismo descansar con Bill Evans que excitarse con Thelonious Monk. Tratándose de un terreno tan resbaladizo como el jazz, por donde no siempre es sencillo transitar, hay ciertos discos que ayudan mucho a conectar, y comenzar a simpatizar incluso, con autores y corrientes. Creo que uno de ellos es este álbum de Yusef Lateef, un brebaje para viajar entre plumas y almohadones.

Eastern sounds se grabó en 1961, con Ernie Farrow al contrabajo, Barry Harris al piano y Lex Humphries en la batería dando compañía a Lateef. Poco he escuchado de este sutil virtuoso del saxo tenor y otros recursos de viento aleccionado en su juventud por Gillispie, Mingus o Byrd. Su carrera llega hasta los noventa, salta de tendencias y se alía con el funk sin tener por qué respetar los cánones revoltosos del jazz. En este disco la percusión se insinúa hechizante y los saxos airean muy seductores. Nada suena alterado ni improvisado, sino fluido, relajante. Una perla del jazz.

VOLUME ONE 312: SI TUVIERAS UN MOMENTO… (FRISCO)


Un clima de cálida camaradería, de conversaciones de madrugada con la música flotando en el ambiente y las cervezas y el tabaco por compañía, empapa la música fresca y abierta que se extiende a lo largo de Si tuvieras un momento… El primer disco de larga duración del ourensano afincado en A Coruña Frisco se baña de ese buen rollo creativo para conjugar rock y jazz de manera estrecha, con unas gotas de rumba por aquí, una pizca de flamenco por allá y un regusto funky que brota de la convivencia de ritmos por todas partes. El cóctel, lejos de aturdir o empachar, entra rico en el paladar y uno llega al último segundo con una sonrisa en los labios.

Se advierte un ambicioso afán en el producto, el empeño de un músico meticuloso de sobrada formación y amplios horizontes musicales. Frisco ha ensamblado ocho instrumentos y ha hecho de la voz (de su propia voz ronca y gamberra siempre, aunque parezca que suena una decena de voces de personas distintas) un recurso instrumental más, un juguete divertido. Se ha colgado todas las guitarras, se ha sentado en los teclados, tocado los bajos y encargado de percusiones menores.

En la aventura le secunda Marcos Paz en la batería, Víctor Sánchez con el clarinete y el saxo alto, Santi González al saxo tenor, Fernando con el violín y la trompeta y Toni González a cargo de otras percusiones. El esfuerzo conjunto, con notables temas como Anda chaval, Siempre he dicho que está mal o Miénteme, miénteme, remite unas veces a Funkadelic, otras veces a Primus o a Jaco Pastorius. El resultado final invita al compadreo y a la diversión. Si tenéis un momento, tomaos un sabroso trago de Frisco.

Nota: 7/10

sábado, noviembre 23, 2013

LIVE IN 155: BACK TO U2


La música regala el viaje más placentero al pasado. Pinchas en el jukebox y cambias tu edad, tu entorno, tu propio yo. La nostalgia te conquista.

Hoy me dijeron que tenían una canción nueva, algo normal, sencillo, un tema para una película al parecer, Ordinary love, nada del otro mundo pero bonito. El vídeo está disponible. Lo busqué, lo ví, escuché, recordé. El otro día me crucé con un colega de mi edad al que hacía muchos años que no veía con el que asistí al primer concierto que viví de ellos. Me acordé de aquel viaje tan largo, del libro que llevaba en el tren (Lolita), de la espera desde primeras horas de la mañana en la primera fila de Anoeta, de ellos en el escenario, con los coches, las pantallas, las luces y las gafas de mosca.

Yo crecí con ellos, qué huevos, y no me arrepiento. Gracias a ellos, en el fondo, han llegado después todos los demás. Añoro a U2. Dicen que vuelven pronto. Que me den una alegría. Eso lo añoro más.

miércoles, noviembre 20, 2013

BONUS TRACK 123: THE THORNS (THE THORNS)


El mejor y más cercano disco de homenaje a Crosby Still & Nash no es un álbum tributo con versiones de sus canciones, sino aquel que hace diez años llevó la firma de Matthew Sweet, Pete Droge y Shawn Mullins, unidos bajo el nombre de The Thorns en un trabajo, el único que han grabado juntos, titulado como la propia banda. Salvo una versión (de The Jayhawks), el disco contenía material inédito, temas escritos y compuestos a seis manos embellecidos por un juego de voces apacible y evocador que despertaba el inmediato recuerdo de las dulces armonías vocales de CSN. Produjo Brendan O’Brien y en el respaldo instrumental había personal de la talla de Greg Leisz y Jim Keltner, además del productor.

Da la impresión, ahora que vuelvo a escuchar el disco varios años después de que lo recibiese como inesperado regalo en un cumpleaños, de que es muy fácil entrelazar tres voces limpias al abrigo de una simple melodía. No lo es, aunque lo parece. Hay muy bellas canciones en The Thorns (Runaway feeling, Think it over, Dragonfly, Such a shame), el tributo (o no) sincero de un trío de músicos americanos a otro trío único que una vez acordaron caminar juntos con sus guitarras acústicas hacia el horizonte acogedor del atardecer.

sábado, noviembre 16, 2013

SOUNDTRACK 136: FRIENDS, MI VERSIÓN


Qué más puedo decir… Yo también quedé atrapado. Pero más allá de las gansadas inverosímiles de Joey, los numeritos infantiles de Ross, las manías desquiciantes de Monica, los caprichos pijos de Rachel, los arrebatos surrealistas de Phoebe y las ironías puñeteras de Chandler, me quedo con la inocencia de todos ellos, la bondad, la lealtad, el calor, el humor y el amor de los amigos… tan difícil (o no) de poner en práctica.

Friends fue, y es aún, una de las comedias más populares de la historia de la televisión. Creó una adicción que se transformó en estrecha fidelidad de su audiencia y juntó a amigos ante el televisor para seguir las andanzas semanales de sus personajes o hacer maratones en tardes y noches sin fin. Cuando me planté ante la tele el día de su estreno en España, en 1995, sus personajes me parecieron idiotas, inmaduros, antipáticos e imposibles. No vi más de dos episodios y cuando después me tropezaba con ellos al cambiar de canal no esperaba ni a que terminara el chiste. La serie duró diez temporadas, hasta 2004.

Mucho tiempo después, circunstancias de la vida mediante, fui viendo episodios salteados. Este año regalé la serie completa y en menos de doce meses he visto por orden sus 238 capítulos. Son una estupenda terapia para terminar el día olvidándose de las horas agrias y tareas vacuas que depara, una vía de escape hacia una ficción cercana, de apariencia un tanto idílica y a veces improbable pero en el fondo entrañable y familiar como la vida misma. Con el paso de las temporadas a los personajes les di primero dando mi aprobación y después les encontré la gracia. Acabé escuchando mi propia carcajada en algún momento de cada episodio y, todavía mejor, escuchando la mejor risa del mundo a mi lado.

Quizá cuando pise New York me acerque a la esquina de Bedford con Grove y mire al edificio de cinco plantas con la ilusión de esperar a que Ross, Joey, Monica, Chandler, Phoebe o Rachel me saluden desde una ventana. Salud, amigos.

VOLUME ONE 311: PALOSANTO (BUNBURY)



Creo (confío en) que algún día Bunbury firmará un disco realmente grande. El camino que conduce hasta ese momento, mientras, lo ve sembrando de trabajos irregulares que casi siempre, al final de cada escucha, dejan la sensación de que todo cuanto ha volcado en ellos con concienzuda entrega, es manifiestamente mejorable. Palosanto (Warner, 2013), otro irregular disco, está mejor de lo que esperaba, mejor de lo que temía después de conocer su single de lanzamiento, Despierta, con diferencia el peor tema del disco, una canción sencillamente mala.

Yo no voy a leer las letras ni ser tan profundo, las revistas se han encargado de apuntarlo y continúan haciéndolo, y a mí me aburre bucear en la trascendencia. Mantengo una distancia recelosa con Bunbury y evito dedicarle tiempo. Pero confieso que he empezado a apreciarle después de mucho tiempo condenándole. Le agradezco Hellville de Luxe, le reprocho El viaje a ninguna parte y no comulgo con quienes encumbran Pequeño. Ahora con Palosanto tengo que aplaudirle la mitad de sus quince temas, en concreto aquellos en los que suena manso, relajado y reflexivo, la música tranquila, creada y disfrutada mirando atardeceres y regresando al pasado melancólico (Más alto que nosotros sólo el cielo, Salvavidas, Los inmortales, Prisioneros, Miento cuando digo que lo siento). Lo demás, ni fu fi fa.

Nota: 6/10

jueves, noviembre 14, 2013

SOUNDTRACK 135: INSIDE LLEWYN DAVIS


Los Coen me han pescado con tan suculento anzuelo. Ha sido fácil: un folk singer (con gato) en la helada New York en los primeros sesenta… sus canciones, sus mujeres, sus miserias, sus sueños… Me recuerdo todo a eso que tantas veces hemos leído, esas calles y bares que conocemos de nuestras lecturas y de los delirios de la imaginación. Un tristón Oscar Isaacs, una irreconocible Carey Mulligan, el talismán John Goodman. Inside Llewyn Davis. Espero el estreno con ganas, aunque me guardo de hacerme esperanzas mágicas, que los hermanos Coen son género aparte y nunca me han vuelto loco.

He abierto boca con la banda sonora: folk tierno, íntimo, bonito. Oh, aquellos tiempos…

miércoles, noviembre 13, 2013

GREATEST HITS 154: THIS MUST BE THE PLACE (DAVID BYRNE)

Ni Talking Heads ni David Byrne me han chistado nunca, y eso que al grupo neoyorquino le he dado oportunidades de sobra para encontrarle su gracia. Pues no, no hay manera. En cambio hay una o dos canciones suyas que de algún modo bromista y misterioso me parecen simpáticas y cargadas de encanto. Una de ellas es This must be the place. Ayudó a un nuevo flechazo que su título fuera también el de una película de Paolo Sorrentino estrenada el año pasado, una especie de fábula de carretera a lo Wim Wenders donde un Sean Penn con la facha trasnochada de Robert Smith se persigue a sí mismo en un entorno desconocido.

Aquí tenemos a Byrne en 2004 sin los Talking Heads, pero con muchos músicos a su alrededor, haciendo ingenua y entrañable This must be the place y su pegadizo ritmo.

sábado, noviembre 09, 2013

BONUS TRACK 122: WILD LIFE (WINGS)


¿A qué vida salvaje se refieren desde la ciénaga los Wings? Detrás de esta estampa de promoción hippy se escucha una broma divertida, un disco que arranca marchoso y se vuelve turbio y sentimental. Eran los primeros Wings, en realidad era Paul McCartney y los músicos que necesitaba para tener él su propia banda. Por tener, hasta tenía una mujer bien cerca sacando tajada que tampoco recibía las alegrías de la prensa. Estamos en 1971, ya no hay Beatles. Las drogas pintan a sir Paul más desaseado, un tipo poco fiable. Sobre las ramas de la imagen le secundan la churri Linda, Denny Laine y Denny Seiwell. Wild life es el primero de los discos de la banda… antes de llegar a los 80 ya son ceniza.

Me saturan los Beatles, no su música (salvo las primeras ñoñadas), sino que estén en todas partes todavía y que la magnificación impida ver sus renglones torcidos. A veces me desvío de la autopista y tomo carreteras secundarias. Paul tiene trabajos muy buenos, éste es uno de ellos (temazos son Love is strange, Wild life, Some people never know, Dear friend). También se pierde en cosas que no saben a nada, el último álbum, por ejemplo, no me convence. Un poco de vida salvaje, un tiempo irrepetible.

miércoles, noviembre 06, 2013

VOLUME TWO 64: SMOG


El encanto (no tan) inocente de lo rudimentario sobrevuela gran parte de la apuesta musical de Smog. Es el pseudónimo que Bill Callahan adoptó desde que tenía unos 25 años para registrar sus primitivos experimentos de baja fidelidad y grabar casi una docena de discos entre 1992 y 2005, a los que con el paso de los años fue dotando de más limpieza y calidad en las grabaciones. Acertado alias el de Smog, pues entre el humo y la niebla se desliza sinuosa la música climática de este singular creador. Después el tipo recuperó su propio nombre y firmó otros seis trabajos que no desentonan con respecto a buena parte de los anteriores y que incluso alcanzan cotas muy elevadas (Apocalypse, Dream river).
Impulsado por su último gran disco, me ha animado a bucear en las aguas espesas de Smog, en la mitad de aquellas grabaciones lo-fi que fueron perfilando una carrera peculiar. Hay ritmos repetidos, escasa instrumentación al principio y un recitado con voz de barítono entre siniestro y desganado que puede resultar asfixiante. Pero todo ello se empapa de una atmósfera que unas veces es irreal y otras describe ambientes a cielo abierto, sobre todo, a partir de álbumes realmente buenos como Knock Knock (1999) y Dongs of sevotion (2000), a los que suceden otros tan atractivos como Supper (2003) y A river ain’t too much to love. Ya anticipan éstos una propuesta que bebe del mismo manantial que las obras firmadas por Callahan pero que fluye más desinhibida, en la que los instrumentos zurcen escenas perturbadoras.

Le cuesta calar al amigo Callahan, también a Smog, pero a mí me seduce en momentos ideales para bajarse del tren de cada día y flotar huidizo no sé muy bien por dónde.

sábado, noviembre 02, 2013

VOLUME ONE 310: REFLEKTOR (ARCADE FIRE)

El peor de sus cuatro discos es este. No es que sea el menos bueno, tampoco es que sea malo. No sé si me explico acertadamente. A Reflektor (Merge, 2013) le ocurre lo que a las obras construidas con un ansia tal por marcar diferencias, dar que hablar y alcanzar el terreno de lo trascendente que a la hora de la verdad, cuando llega el momento de ofrecer y escuchar, el que recibe y atiende se encuentra con que hay demasiada ambición y abundante empalago, mucha altanería y poca humildad. Será que es un grupo de demasiadas personas y no se conforma con la moderación. Así me ha parecido al navegar un par de veces por el nuevo álbum de Arcade Fire.

Sobre todo es muy largo (trece temas en 75 minutos), buena parte de las canciones se hacen también inacabables, empezando por su correcto single, su arranque. Hay cuatro temas realmente buenos (We exist, Natural person, Porno, Afterlife) y lo demás es histriónico o perezoso, según con qué pie se levantara el grupo el día de grabar y mezclar el material. Tiene el disco ritmos marcados, un pop que tanto se baila como se siente tumbado, y un estilo que huye de las comparaciones. Pero las canciones, salvo ese cuarteto selecto, acaban agotando, se llenan de pistas de sonido abiertas a un lucimiento nada modesto. Si quisieron dar que hablar, como creo que pretendieron, por mi parte no tengo más que decir. A otra cosa.

Nota: 5/10

GREATEST HITS 153: CAT PEOPLE (DAVID BOWIE)


En los años ochenta David Bowie aportó un par de estupendas canciones al cine, medio que frecuentó en esa y otras décadas para hacer gala de su facilidad para adaptarse a sugerentes personajes. Una de esas buenas canciones fue Absolute beginners, el épico y nostálgico tema principal del film del mismo título. La otra, esta fenomenal Cat people (putting out fire) para El beso de la pantera, una revisión de La mujer pantera dirigida por Paul Schrader en 1982. Poco recuerdo de aquella película más que ese manso felino que durante aquellos años me parecía la actriz Nastassja Kinski y, por supuesto, esta genialidad turbadora de Bowie.

miércoles, octubre 30, 2013

VOLUME ONE 309: ISRAEL NASH’S RAIN PLANS (ISRAEL NASH GRIPKA)


Algo etéreo y arrebatador emerge de la música que envuelve este álbum, un billete de ida a la evasión y el aislamiento. Sobresaliente propuesta la del chico, Israel Nash Gripka, residente en Texas tras su paso creativo por New York y sus norteños paisajes montañosos. Se dibujan cielos despejados y paisajes abiertos en la imaginación, praderas, silencio, un jinete a lo lejos. Con solo el ambiente, Israel Nash’s rain plans (Loose music, 2013) ya roza el cielo.

Nada nuevo bajo el sol al bajar la aguja, es cierto, pero cuidado, este disco no es uno cualquiera. Reaparece el Neil Young con los Crazy Horse de comienzos de los setenta, cubiertos por un oleaje sonoro que remite a los tapices sosegados de Jonathan Wilson. Israel canta distante, con la voz baja, pero el juego de guitarras que despliega su banda eleva las canciones a alturas de excelente rock psicodelizado y creo a veces que me están tocando versiones honrosas de Like a hurricane o Down by the river. Una gozada.

Nota: 9/10

domingo, octubre 27, 2013

LIVE IN 154: WILD LOU


El miércoles compré en cd uno de sus discos, Magic & loss, uno de los que aún conservo en vinilo. Es un álbum conmovedor, crudo, profundo y hermoso. Se lo dedicaba a dos personas que había perdido. Unos días atrás leía la descripción que de él hacía Rosa Montero, con la mirada en sus ojos, antes de entrevistarlo hace años para un periódico. Y hoy… nada. Un día aquí estamos y al otro ya no somos más que polvo y recuerdo. Lejano, una roca, así parecía aquella noche de verano de 2004 en Santiago. Vino en lugar de Bowie, qué putada. Él estuvo bien, pero el escenario, el Monte do Gozo, no era el idóneo para uno de sus conciertos. Cerró con Sweet Jane y Perfect day, se llevo un merecido aplauso. No estará en mi isla desierta Lou Reed, pero vaya, era más que bueno. Feliz viaje al lado salvaje. 

jueves, octubre 24, 2013

GREATEST HITS 152: NONE OF US ARE FREE (SOLOMON BURKE)


La música perfecta, mejor compartirla. Cuentas que este hombre es tan grande, que está tan gordo, que tiene que cantar sentado, con un traje impecable puesto mientras un ayudante le seca con una toalla el sudor de la cara entre tema y tema. Cuentas que fue padre de 21 hijos y que nos dejó hace poco, poco antes de dar un concierto. Que sus últimos trabajos fueron estupendos. Que se llamaba (que se llama) Solomon Burke, el rey Solomon. Y ves que las canciones animan a mover los hombros sin despegar las manos del volante, a chasquear los dedos, a dejarse mecer con la vista apagada. A recrearte en la belleza. A sentir que la carretera que hay delante y el camino que queda atrás es lo más parecido a la libertad. Esta es una canción perfecta.

miércoles, octubre 23, 2013

SOUNDTRACK 134: EL CINE NO ES UNA FIESTA


Estos tres días de sesiones a 2,90 euros me han devuelto cuatro veces al cine en una semana y me han hecho recuperar y celebrar añejas sensaciones como la de SENTIR una proyección con la sala a rebosar o esperar con paciencia a comprar una entrada en una larga cola de espectadores. Lo de menos ha sido la calidad de las películas (dos buenas, dos malas); lo de más, esa experiencia resucitada, agazapada en el recuerdo de quienes hemos dedicado al cine muchas horas de nuestro crecimiento.

La fiesta del cine, se bautizó la oferta. Y la gente respondió, porque el cine, ir al cine, gusta, vaya si gusta. Pero el cine no es una fiesta, es un negocio (y un arte y todo lo que se quiera discutir) y un entretenimiento. Y entretenerse cuesta. Paga quien lo ofrece y paga quien lo recibe. Y ya sabemos cómo respira el mercado y cómo joden los impuestos. Cuando la entrada vuelva a costar 5 euros los jueves, 6,20 en la sesión golfa y 8,40 en la sesión convencional (creo que no me equivoco mucho en los precios), comprobaremos que el cine es cualquier cosa menos una fiesta como la que ha tenido lugar estos días. Ojalá me equivoque.

viernes, octubre 18, 2013

VOLUME ONE 308: CIELO COLOR BURDEOS (LUIS MORO)



“Enhorabuena. Buen trabajo”. Qué gran recompensa el sonido de estas palabras. Se las dedico a Luis Moro por afinidades, patria y sangre. Y por un buen disco.

La grandeza y el mérito de una obra se encuentran, más que en los resultados finales, en el esfuerzo que requiere ponerla en pie: en los paréntesis que dispersan la intención de unidad, en las distancias que impiden encuentros, en la incompatibilidad de horarios, la acumulación de ideas y pruebas, las tomas definitivas y los descartes, lo que parece que funciona un día y se estropea al siguiente. Todo ello acompañó la gestación de Cielo color Burdeos, un disco detrás del cual hay muchas semanas, meses, más de un año de ese esfuerzo perseverante que nunca es en vano… pese a que el consumo rutinario que en general se le dedica a la música no deje tratar a sus intérpretes como merecen.

Sigo la música de Luis Moro desde sus orígenes, me remonto a mediados de los noventa, cuando el autor coruñés encontró en su guitarra, su voz y su inquietud creativa la materia con la que encender un sueño. En todo este camino ha bebido, y se nota, de muchas jarras de buena música, de corrientes de admiración y orientación. Y su gran mérito es no haber caído nunca en la fácil tendencia a reproducir esas enseñanzas musicales ni ajustarse a los contornos de sus modelos, sino haber tenido muy presente esas referencias para crear una manera propia, un sello o estilo auténticos de rock que le confieren una identidad y un clima distintivos.
En Cielo color Burdeos (Laboratorio azul, 2013) hay una sutil inclinación al perfeccionismo, un reto que no siempre es bueno marcarse porque muchas veces coarta la espontaneidad. Se advierte en el esmero estilístico con que se combinan instrumentos y sonidos (de impecable elaboración, por otra parte), una compenetración que una vez más me conduce, salvando distancias (aunque no muy largas), a los trabajos de producción del gran Joe Henry.

El último disco de Luis Moro empieza en lo alto de una montaña con el tema que le da título, todo un manifiesto de intenciones que encuentra la inspiración en Tom Waits y la expresividad en Nick Cave. Navega después entre mareas relajantes muy bien interpretadas (Santa María, Marianne) y se agita con una vigorosa marejada (Judith Mishima & Alex Lafontaine). Una lástima que desde las alturas en las que despega el disco caiga a la llanura pacífica por la que discurren los dos últimos cortes, dos piezas aún más íntimas y más bien insatisfactorias. En apenas media hora el músico de A Coruña, eso sí, demuestra que no necesita mirar ni al pasado ni a los maestros que le mantienen con aliento y resistencia en su carrera. Le queda aún gasolina que quemar y apuesto a que en el camino cubrirá etapas tan estimulantes como este cielo al que dar un trago de Burdeos.

Nota: 7,5/10

miércoles, octubre 16, 2013

VOLUME ONE 307: LIGHTNING BOLT (PEARL JAM)


Esta es la mejor noticia musical del año. Sabía que volverían, que después de aquella despedida en Lisboa y del reencuentro en medio de ninguna parte en la Isla de Wight habría un nuevo estudio en el que detenerse, nuevas canciones con las que crecer. Pearl Jam y yo seguimos caminando de la mano, compartiendo arrugas y tragos de rock and roll en la sangre. We are still alive!

Sí, lo reconozco, un poco viejo me sentí al escuchar por primera vez la furia que nunca han perdido. (O, ¿será que la juventud nos abandona deprisa?) Admito que no me gustaron los adelantos, que albergué dudas y augurios decepcionantes que lejos de dejarme indiferente me fastidiaban. Rectifico ahora, después de las tres escuchas de rigor que merece un disco en el que te vuelcas durante un par de días y al que dedicas todo el mimo que sus autores merecen. Lightning bolt (Monkeywrench, 2013) es un muy buen disco, no es la leche, no es la hostia… pero dios, qué bien sienta escuchar a Pearl Jam.
Tampoco queremos un nuevo Ten, el trono lo conservará hasta la eternidad y tan contentos, ¿verdad? Y superar Backspacer no era tarea complicada. Así que esa misión la han cumplido sin mucho esfuerzo. El nuevo álbum enciende a una banda adulta sin rastro alguno de cansancio, heredera aún del arrojo juvenil con el que irrumpieron hace más de veinte años, con los cabellos grasientos, en los huesos y arrojándose sobre el público. Ahora padres y mejor alimentados, Mike, Matt, Stone, Jeff y Eddie sientan cátedra desde el escenario. Así se envejece con dignidad y la cabeza alta, vienen a enseñarnos. Y una docena de buenas canciones.

¿Atractivos? No pocos: un arranque electrizante (Getaway, Mind your manners), pasajes calmados en atmósferas brumosas (Pendulum), riffs con personalidad (My father’s song), punteos justos y eficientes (Sirens, Infallible), el dúo rítmico contundente (Lightning bolt), y un Eddie entrañable (Sleeping by myself) e imponente (Let the records play). Sí, cada vez que lo escucho me gusta más. Y ya me apunto a la próxima visita que nos hagan o que le hagamos. We are still alive ye ye ye ye yeeeeeeeh!

Nota: 8/10

sábado, octubre 12, 2013

BONUS TRACK 121: LEONA NAESS (LEONA NAESS)


Unos cuantos años después me tropiezo con esta inglesa misteriosa por caprichos del azar. Allá por el cambio de siglo la encontré en un videoclip de esos con la solista en vestido de andar por casa y los tirantes a medio caer por la habitación de un motel y con una canción pop de esas que encajan tan bien en el arranque amable de una comedia americana. Allí se quedó la chica. Ahora me entero de que solo cuatro discos llegó a publicar desde entonces, el último hace ya cinco años. Este es el tercero, Leona Naess (2003), grabado en L.A., el más interesante por cuenta de quien la respalda: Ethan Johns (Ryan Adams, Tom Jones, Laura Marling, el último de McCartney) con las baquetas y en la sutil y hogareña producción. La música tiene poco rastro de lo que denotaba aquella despreocupada canción primeriza del vídeo, es más consistente y atractiva. A la chica se la ve con más kilómetros en la mochila y afonías en el escenario, enamorada y en camino hacia la felicidad. Un bonito reencuentro.

martes, octubre 08, 2013

LIVE IN 153: PRE ARCADE, POST MONSTERS


Me han entrado por el lado malo, lo reconozco, y quizá merezcan un aprecio mayor. Me refiero a Of Monsters and Men, de los que he leído comparaciones con Arcade Fire. “Los Arcade Fire islandeses”, rezan titulares de críticas elogiosas con ‘indie folk’ o ‘chamber pop’ como etiquetas para la orientación o el postureo. Los tenía ahí guardados para escuchar, atraído por la cubierta familiar de su disco My head is an animal, y desde hace unos días por un tema que acompaña el trailer de una comedia prometedora. Y me han caído mal. ¿Por qué? Porque en sus canciones caen en el vicio machacón de Mumford & Sons con su segundo álbum: un arranque manso y acústico, voces amables de chica y chico, intensidad creciente, coros encadenados y grandilocuencia en el éxtasis. Un poquito más contenido que los Mumford, pero acabado el disco me siento saturado.
A propósito… Arcade Fire ya tienen disco, Reflektor, listo para venderse a finales de mes. El adelanto atrapa, es eficaz, aunque su excesiva duración, preveo, puede lastrar el tema después de un par de escuchas y quizá todo el disco, que al parecer va a ser doble. Cuando aparecieron los canadienses con Funeral eran incomparables, ahora ya tienen el estatus de servir de modelo a quienes vienen después. Es un buen grupo, tiene personalidad y un talento un tanto crecido, arrogante, pero no son para tanto.

lunes, octubre 07, 2013

VOLUME ONE 306: WARP & WEFT (LAURA VEIRS)


Hace diez años (nada menos) me cautivó su acústica dibujada junto a las vías del tren en la portada de su tercer álbum y no he dejado de seguir a cierta distancia su frágil voz de perenne adolescente y los climas bucólicos de su música. Se había extraviado un poco con trabajos discretos, pero un embarazo la ha alumbrado para firmar un sensacional último disco, Warp & Weft (Raven Marching Band, 2013). Produce Tucker Martine, su marido, y a este hombre lo vengo marcando desde hace un tiempo por su fértil conexión con otras señoritas (Tift Merritt, Beth Orton). Laura Veirs renace erguida y segura con un repertorio excelente, bien respaldada (Brian Blade, Neko Case, Rob Burger, personal de My Morning Jacket) e iluminada en la rúbrica de canciones de lustroso pulido (Sun song, That Alice, White Cherry) que mejoran el disco a medida que transcurre.

Nota: 8/10

domingo, octubre 06, 2013

SOUNDTRACK 133: GRAVITY



Ese íntimo brebaje de ilusiones que es el cine nos ofrece a veces, muy pocas, un trago de refresco único, de un sabor nunca antes probado y que se antoja fascinante. Extraordinario. Gravity, asombrosa obra del mexicano Alfonso Cuarón, es una película y una experiencia extraordinarias.

A veces el cine, muy pocas veces, penetra en el cuerpo y la mente del espectador, en nosotros mismos, que nos sentimos transportados al núcleo de un relato o al éxtasis de una emoción, que traspasamos la pantalla (o las imágenes que en ella se suceden se incrustan en nosotros) para vivir y sentir más allá de nuestro alcance. Gravity entra en nosotros, que gravitamos en el espacio a la deriva como sus personajes.

Se pasa mal, se llora, se emociona, se disfruta. La vida. Y sale uno pleno y satisfecho por los regalos milagrosos que el cine, pocas veces, nos dedica.

jueves, octubre 03, 2013

LIVE IN 152: JUKEBOX


Una remesa más de música nueva digerida con atención antes de cumplir con los sugerentes lanzamientos del último tramo del año. Discos que he despachado con dedicación pero que merecieron una tibia acogida. Decentes trabajos unos, decepciones otros. Tres líneas, poco más que decir.

-Franz Ferdinand / Right thoughts, right words, right action: Lo equivocado es el resultado, sin nada chisposo que celebrar. El ánimo con el que empieza pronto se evapora y los temas se hacen banales y olvidables. El regreso no tiene nada de triunfal, sino de discreto. 5/10
-Mazzy Star / Seasons of your day: Una vuelta que se hizo esperar más, 17 años. Hope Sandoval levita aún en una atmósfera irreal y acaricia con su voz de ninfa canciones narcotizadas. Sutiles guitarras metálicas adornan unos pocos temas lindos. 6/10

-Placebo / Loud like love: Poco me han seducidos estos chavales a los que los singles, eso sí, les funcionan. En su octavo disco los trabajan con más madurez, sin buscar tanto el impacto directo. Hay consistencia en el conjunto, pero no abandona la insipidez. 5/10

-Elton John / The diving board: Lleva años sin interesarme y de nuevo a las órdenes de T-Bone Burnett, que le ha convencido para hacer caja, palpa su piano hasta la extenuación por un álbum plomizo sin atisbo alguno de las genialidades que hace mucho tiempo compuso. 3/10

-Elvis Costello & The Roots / Wise up ghost and other songs: Oírlo cantar me enfada, pues sigue haciéndolo mal de campeonato. Con el formato con The Roots y más variedad étnica y musical por compañía, se toleran mejor ritmos y canciones y la voz pasa desapercibida. 6/10

-Kings of Leon / Mechanical bull: A la chita callando suman ya seis álbumes los hermanos de Nashville, ahora revisando a ráfagas el primoroso rock enfangado de sus dos primeras entregas. Con más limpieza en la producción, pero bien hecho, más allá de cuerpos y rostros bonitos. 7/10

-Goldfrapp / Tales of us: Alison me embriaga de vez en cuando con la sutileza de sus voces y ambientes, aunque sigo sin hincarle bien el diente al grupo. No lo hago con este álbum, demasiado distante, crepuscular y cubierto de velos que lo oscurecen. 3/10
-Mark Lanegan / Imitations: Segunda entrega de versiones de Lanegan, muy inferior a la primera. Se le da por algún standard americano y por interpretaciones de crooner empapadas en hipnótica pero pesada música. Su voz no encaja en más de un corte. Patinazo. 5/10

domingo, septiembre 29, 2013

VOLUME ONE 305: DREAM RIVER (BILL CALLAHAN)


Me dura varios días el asombro y el placer. Se lo debo a Bill Callahan y a su Dream river (Drag City, 2013). Un discazo colosal.
Ojo, no es fácil sintonizar de inmediato con su atmósfera. Por el tono aletargado de la voz, las palabras arrastradas que parecen recitadas y no cantadas, el aire adormecido en el que se suspende la música. Donde Nick Cave pone la furia incluso cuando descansa, Bill Callahan se lo toma con parsimonia. Yo conecto entre la segunda y la tercera escucha. Entonces es cuando me dejo llevar, sumergido en el remolino tranquilo y enigmático por el que fluye su música climática. La riqueza de detalles instrumentales (congas, flautas, percusión, cuerdas malabares) va descubriendo capas prodigiosas de música y dibujando canciones extraordinarias (Spring, Ride my arrow, Summer painter). Dream river me anima a consagrar a Callahan, a recuperar su fértil obra anterior con Smog. Y a celebrar su solemne genialidad.

(Willard, ¿le darás otra oportunidad?)

Nota: 9/10

miércoles, septiembre 25, 2013

VOLUME ONE 304: FROM HERE TO NOW TO YOU (JACK JOHNSON)


A tipos majos y músicos valiosos como Jack Johnson (diría lo mismo de Josh Rouse, JJ Cale o Terry Callier) no les pedimos que cambien demasiado, más bien que sean fieles a sí mismos. Lo que hacen, lo hacen bien, corren riesgos mínimos y no tropiezan, se ciñen a un estilo que los identifica y consolida. Mientras que de otros que no se desmarcan una gota de su fórmula me canso pronto, me ocurre que de Jack Johnson no me harto pese a que me vuelva a ofrecer más de lo mismo. Porque From here to now to you (Brushfire Records, 2013) es una muestra más de lo agradable que suena esa música cercana y amistosa del surfista hawaiano.

De nuevo las canciones nacen de la misma playa, al cobijo de las palmeras después de una sesión de surf, dejando que el día se agote y la madrugada acoja las últimas notas, una nueva grabación con guitarras acústicas y percusión reconfortante. Los temas son sencillos, frescos, bonitos, acarician el oído. No puede fallar, en absoluto, un álbum que empiece así…

“Te conseguí, conseguí todo, te he conseguido. No necesito nada más que a ti. Conseguí todo, te he conseguido”

… no se me ocurre nada mejor que dedicarte, nena, jiji.

Nota: 7/10

martes, septiembre 24, 2013

GREATEST HITS 151: OH! NO NOT MY BABY (ROD STEWART)


Rod se apunta a las rarezas. Aparcado su serial de standards americanos, recuperado para la composición de nuevas canciones y alentado por su jugosa y prometedora autobiografía (‘negro’ mediante), acaba de lanzar un doble álbum de extrañezas (no todas) donde aparece una versión primeriza, con la letra diferente, de la maravillosa Maggie May. Yo me quedo con esta otra delicia, un éxito de la factoría de Carole King y Gerry Goffin para el que travieso Stewart posó así de hortera en un lejano y entrañable video clip.

LA CIMA DEL MUNDO



Un día en la vida, al menos, te sientes atrapado entre las montañas, tragado por la insignificancia, bendecido por la naturaleza. Yo estuve allí, dices, y nada te lo va a quitar. Apagas el motor en una curva, gritas en el silencio sin que nadie te oiga, te sientes en la cima del mundo, al alcance del cielo si levantas las manos.

sábado, septiembre 14, 2013

VOLUME ONE 303: AM (ARCTIC MONKEYS)


El presentimiento se cumplió: este es un muy buen disco. Dejémoslo así. Pasado el tiempo y llegados al quinto disco, apruebo a los Arctic Monkeys. No les hallé nada para celebrar en los primeros álbumes, tampoco al girarse con discreción hacia el stoner al firmar el tercero. El single de AM (Emi, 2013), Do I wanna know?, destapó una esencia turbia y atractiva y a continuación, tras esa bruma climática, zas, un notable en el expediente.

El disco, y ahora el grupo, me remite a The Black Keys con El camino. Directos al meollo, sin rodeos, con gancho y unos coros que crean adicción (puede que sobren en alguna canción). El segundo, tercer y cuarto tema se desatan, se acomodan en ese stoner tibio y desahogado que recrudece al grupo. Flojea la cosa con el quinto y sexto cortes, prescindibles. Se enternece con el séptimo. Y desde el octavo hasta el final ahí tenemos un recta final brillante, más sutil, más sobrada. No sé si aún son críos. No lo parecen. Y en directo este disco tiene que flipar.

Nota: 8/10

VOLUME ONE 302: SONGS FOR MARY (CLEM SNIDE)



Eef Barzelay me conmueve. En la delicada manera de navegar por sus canciones y penetrar en las letras y las historias se distingue la virtud loable y auténtica de un músico que interpreta con letras mayúsculas. Hay una nostalgia suspendida que protege la superficie de la música de Clem Snide, que la hace íntima. Se encuentra también en las canciones de Songs for Mary (2013), una extraña propuesta surgida de la recopilación de canciones personalizadas que pidió el músico a sus fans para que él luego las interpretase. Le llegaron 150 y escogió 10, editadas en un álbum sin sello que parece más de su cosecha en solitario que del grupo. El resultado es irregular, aunque elogiable. Se acerca a un compendio de temas y argumentos herméticos, confesionales, tristes, pero que esconden una belleza crepuscular sencilla de matizar.

En Eef advierto además, y me entusiasma, una íntima expresividad en el sonido de las guitarras que acompañan a las letras, la habilidad para dar con la nota, el sonido y el lamento precisos que requiere cada palabra. Ocurre en este último trabajo, inferior a los anteriores pero de todos modos recomendable.

Nota: 6/10

miércoles, septiembre 11, 2013

VOLUME TWO 63: SHERYL CROW



Un pequeño tributo a Sheryl, por cariño lejano y añoranza. Acaba de grabar disco, el décimo, Feels like home. Es flojo, un par de temas al menos lo levantan hacia el final. Pero es poca cosa.

Veo a Sheryl Crow siempre cómoda en lo que hace, convencida de sus apetencias y apuestas… al margen de la impresión que cause, del sabor que me deje. Sus buenas amistades no la han hecho desvariar ni echarse a perder. Pero la línea de su carrera va subiendo y bajando en la montaña rusa de mis preferencias rockeras: fenomenal en Tuesday night music club y The Globe sessions, discreta en C’mon C’mon, anodina en Detours, de nuevo estupenda con 100 miles from Memphis, ahora plana con su último trabajo, más castizo y de aires country.

Pero ahí está, no le falla la voz ni la belleza. Cuántas voces sin personalidad de contemporáneas y sucesoras se apagan y olvidan, cuántos rostros se han marchitado. Uno de sus grandes temas para recordarla en sus mejores momentos, allá por el 99 en Detroit.

domingo, septiembre 08, 2013

VOLUME ONE 301: THE WORSE THINGS GET, THE HARDER I FIGHT, THE HARDER I FIGHT, THE MORE I LOVE YOU (NEKO CASE)



El día en que Neko Case cumple 43 años yo le regalo la escucha de su último disco. Por partida doble. Y pasaré por caja. “Cuanto peor se ponen las cosas, más duro lucho, cuanto más duro lucho, más te quiero” (Anti-, 2013)… no puede encerrar nada malo semejante título, desde luego que no. Me gusta mucho esta mujer, no le patina ninguno de sus siete álbumes. El séptimo la mantiene imponente, la voz firme y alta, el eco largo y profundo de Neko.

Se disfrutan sus extravagancias: un tema a capella con leve compañía vocal en el que manda a un tipo ‘que se aleje de ella de una puta vez’, otro corte que parece cantado desde el interior de un submarino, una versión somnífera de Nico. Son un lujo la jugosa variedad de guitarras e instrumentos de viento encajados con sutileza y maestría. Y se celebra que por el estudio pasaran sus amigos de Calexico para dejar su marca reconocible en un buen puñado de canciones. De ellas me acabo quedando con un par de maravillas que engrandecen este disco: Calling cards y City swans. Bravo.

Nota: 8/10

miércoles, septiembre 04, 2013

BOOTLEG SERIES 30: ANOTHER SELF PORTRAIT, 1969-1971 (BOB DYLAN)



Los dylanófilos nos entregamos a la práctica de nuestra religión, de un modo que no dedicaríamos a cualquier otro músico, cuando nos caen del cielo renovadas oraciones. En 2013 hay más, nuevas selecciones de un filón inagotable. El volumen décimo de las series oficiales de bootlegs rescata los tres años que van incluidos entre 1969 a 1971 en los que Dylan rompió con su productor, se agazapó en Woodstock, flirteó con el country, cambió el timbre de voz al cantar y grabó un disco extraño, una broma de sutil cinismo titulada Self portrait.

El doble cd Another self portrait (un cuádruple de lujo se escapa de los bolsillos modestos) reúne temas inéditos descartados en aquel disco y en New morning, versiones alternativas sin sonorizar debidamente de sus álbumes de aquella época, demos de piezas más antiguas y un par de cortes en directo de la actuación en la isla de Wight con The Band. Son rarezas que nos fascinan, ya digo, material extra regalado que escudriñamos como arqueólogos como no haríamos en el de casi ningún otro gran músico. Así jugamos a escarbar en la impenetrable creatividad de nuestro Bob, a intuir lo que pasaba por su mente.
No es cuestión de comparar este Bootleg Series con los nueve anteriores, todos contienen sabrosísimo repertorio y no todos sentimos debilidad por la misma etapa dylaniana. En Another self portrait hay algún corte en los que canta verdaderamente mal o que está mal grabado. Entre los inéditos destaca Tattle O’Day y Working on a guru. Entre las versiones alternativas son tan buenas como las originales las de Alberta, If not for you, Copper Kettle y Days of 49. Larga vida.

GREATEST HITS 150: LET IT RAIN (BADLY DRAWN BOY)


El 'chico mal dibujado' suele trazar en sus libretas rasgos bien derechos, unas bonitas acuarelas. Sus discos, de difícil inclinación dentro del cambiante y caprichoso espectro del pop, contienen muestras de ello. Dos o tres magníficos temas sobresalen en cada uno. El año pasado le puso música a una película de esas que ya no se estrenan en una sala de cine como dios manda: Being Flynn, la adaptación de una novela autobiográfica sobre refugios para 'sin techo' y lazos familiares perdidos. Un duro pero esperanzador relato, con Robert De Niro y Paul Dano encabezando el reparto. Los créditos finales arrastran esta hermosa canción que Badly Drawn Boy desliza en sus labios junto a Angie Pollock. El montaje visual de cielos, mares y aves reclama el frescor de la lluvia. Let it rain.