Mi eclipse consiste en darle la espalda al sol, tumbado junto a una piscina y sin más compañía que la de un libro que retrata a los gallegos en su emigración. Tengo una playlist a mano, 96 minutos repartidos en 28 canciones que mencionan, celebran, honran o aluden al sol. Yo mismo la he elaborado como respuesta íntima a la expectación colectiva. Se hace de noche durante algo más de un minuto; en ese momento no me da la vista para seguir la lectura. Y Bill Withers, en reproducción aleatoria, canta justo en esos segundos que el sol ya no desprende brillo. Magia.
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