Como arrancar un coche, robado o no, y dejar que las ruedas se acoplen al asfalto. Así avanza la canción que nos dio a conocer a la espigada británica Beth Orton. Llega un momento en que cada instrumento se entrelaza sigilosamente bajo la cristalina languidez de Beth, que después de aquel estreno nos dejó bellos, aunque poco frecuentes, testimonios de su arrebatadora exquisitez.
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