Hoy toca Jeff. Jeff el músico, aparcamos al actor. Jeff Bridges, como muchos otros artistas de las pantallas, cubre su currículo con algún que otro episodio musical y discográfico, nada del otro mundo, una experiencia más para fortalecer su atractiva figura.
Allá por el año 2000 me encontré sin esperármelo con Be here soon, su primer álbum, en la que por entonces era mi tienda habitual de discos (hoy ya no existe, hoy ya no queda ninguna que merezca favoritismos). El actor venía de ser el mítico Nota en El gran Lebowski y su capricho musical, con Michael McDonald entre los productores, dio como resultado un trabajo fresco y sin ambiciones. A Jeff se le notaba suelto y cómodo, disfrutando con algo con lo que no iba a pasar a la historia pero era más que digno.
Pasaron once años y un merecido Oscar en el pellejo de un músico de country en el film Crazy Heart para que Jeff volviese al estudio para cantar. Como el respetado productor T Bone Burnett había sido el director musical de aquella película, debió convencer a Bridges para rubricar la colaboración con un segundo disco. Tenía buena pinta la propuesta, con Burnett reclutando a sus hombres y mujeres de confianza (Ribot, Crouch, Bellerose, Ciancia, Pahl, Sam Phillips, Rosanne Cash) para respaldar al actor. En cambio la aventura salió torcida. A veces ocurre eso, que los buenos músicos no forman la orquesta que mejor debe sonar. Porque a Jeff no se le nota tan relajado como en su primer disco sino más bien constreñido por la pulida pero plana producción de T-Bone, que no suele fallar con la batuta pero esta vez patinó.
Un par de discos más firmó Bridges en los años siguientes, que no he tenido a mi alcance. Quizá algún día.

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