viernes, enero 02, 2026

EL ROCK Y EL CINE, EL CINE Y EL ROCK


Se lo leo a un cineasta que tiene trece años más que yo, un hombre al que, por su obra, incluyo en mi generación. Duda que la siguiente, la de nuestros hijos, tenga el cine o el rock entre sus pasiones vitales, las que conforman y dan sentido a su persona. Lo veo a mi alrededor o en mi entorno, niños y niñas, chicos y chicas menores de treinta años a los que no me encaja descubrirles el cine o la música rock como pasiones. Yo también dudo.

Sus vidas tendrán otros referentes, otros patrones; en sus horas de aprendizaje u ocio, de distracción y entretenimiento productivos recibirán estímulos pasionales de fuentes diferentes. Puede incluso que cada cierto tiempo una película o un disco les enganche durante una temporada con el cine y la música; me refiero a leer sobre cine, verlo y apreciarlo, a saber más de un grupo o un cantante, querer comprar (¡¡comprar!!) otro disco.

A menudo me veo con unos cuantos años menos y consigo reconocerme en mi inocencia, con mis ganas de saber más sobre algo que de repente me atrae y seduce, me hechiza. Con hambre por ver y escuchar más, recreado en mi pasión... que hoy a veces me cuesta descifrar como impulso e ilusión auténticos. Sí, ahí están, aunque no lo parezca: un cine que me reconcilia, un disco que me zapatea.