sábado, abril 23, 2016

VOLUME ONE 399: PAGING MR. PROUST (THE JAYHAWKS)


De algunos grupos no te esperas ya que te entusiasmen como lo hicieron hace tiempo, en juventudes idílicas de vivencias añoradas. Pero… nunca es tarde y nada es definitivo. A The Jayhawks, adorados por un público apegado y recelados por una crítica exigente y reacia a los sentimentalismos, yo me he arrimado con retraso, después de una etapa de indiferencia y reconociendo ahora sus reconocibles virtudes. Hoy celebro la imprevista reaparición de la banda con el lanzamiento de su noveno disco, Paging Mr. Proust (2016). Bonito, muy bonito, y bueno, muy bueno.

¿A qué Jayhawks nos encontramos? Mark Olson volvió en 2011 para el inadvertido pero meritorio Mockingbird time, pero esta vez se baja de la nave, donde a Gary Louris le acompañan Tim O’Reagan, Marc Perlman y Karen Grotberg. ¿Y por qué suenan tan bien, tan irresistiblemente bien estos Jayhawks? Creo que en gran parte por la producción equilibrada de Tucker Martine y Peter Buck, con la que el grupo se balancea placenteramente entre la armoniosa calidez (Quiet corners & empty spaces, Isabel’s daughter) y el músculo atmosférico (Ace, Comeback kids). Hoy la banda luce un sonido más huesudo sin perder el delicioso sabor de su carne.

Nota: 9/10

martes, abril 19, 2016

VOLUME TWO 77: PJ HARVEY

Crujen guitarras, chirría un saxofón, inquietan percusiones, raspa un violín, arañan teclados y alerta y se expande una voz que deja en suspenso su eco. Gran parte de los discos de PJ Harvey mezclan sonidos y sentimientos de esta manera, en una misma canción o en el conjunto del álbum. Ocurre en su último trabajo, The hope six demolition project (2016), o en el anterior Let England shake (2011), disco demoledor con el que su nueva muestra comparte radiografías críticas y peregrinajes por la denuncia y el sonrojo. Así, es difícil que PJ siembre la indiferencia. Todo lo contrario. Un extraño y adictivo encanto transmite su música, su discurso y la propia trayectoria que la británica ha moldeado desde que a finales de los ochenta saliera de la granja para colgarse una guitarra y gritar unas cuantas crudas verdades.

Su obra expulsa suciedad y virulencia en dosis calculadas, aunque también se suaviza para recogerse en incómodas reflexiones. Por eso conviven el punk, el rock, el pop y un blues un tanto bizarro en una propuesta que alumbra discos brillantes (Dry, To bring you my love, Stories from the city, stories from the sea) y también frustrantes (White chalk, A woman a man walked by). Como ocurrió hace cinco años, ahora con su nuevo proyecto, Polly Jean Harvey me seducirá durante unas semanas.

viernes, abril 15, 2016

VOLUME ONE 398: CALL IT WHAT IT IS (BEN HARPER & THE INNOCENT CRIMINALS)

Convenía con un músico fiable el otro día en que Ben Harper es tan brillante como reprochable. Los dos lo admiramos mucho. Apreciamos sus pasos y nos llena su música abierta, unas veces intensa y otras delicada, a veces tan sutil como inflamable. Es raro que tropiece, no hay una canción desaprovechable en sus repertorios, pero… Los matices surgen porque pensamos que en prácticamente cada disco quiere jugar demasiadas bazas y eso puede impedirle ganar la partida. Cabe preguntarse si eso es positivo o no, que sus álbumes salten del soul al blues, del funk al rock y del reggae al folk o que lo mezclen todo sin dar con la tecla perfecta. En ocasiones, actuando así, ha estado sublime: Both sides of the gun (2006).
 
Harper lleva un año girando con su mejor banda, los Innocent Criminals, con la que se reencontró tras dos álbumes de estudio con el trío Relentless7 y otros dos en la buena compañía de Charlie Musselwhite y su madre Ellen Harper. La reunión ha traído un nuevo disco con material nuevo, Call it what it is (Stax, 2016). ¿Qué tal? Fenomenal, como era de esperar, como yo esperaba. Rock stoniano, funk veraniego, soul cálido, blues crudo. Call it what it is, Pink balloon o Shine son para degustar. Sigo pensando que Ben Harper es demasiado bueno.

Nota: 8/10

miércoles, abril 13, 2016

SOUNDTRACK 182: MOM

Los personajes de la ‘sitcom’ Mom son mal ejemplo, seres poco recomendables. Tienen un pasado y un presente más que reprochables: la protagonista es una divorciada exalcohólica y las amigas con las que acude a las reuniones anónimas también; ha empezado a estudiar tarde y sus relaciones sentimentales no son para presumir; su madre, con la que se reencuentra al comienzo de la serie tras varios años sin contacto, fue drogadicta y ahora se presenta ante su puerta para encontrar un tejado; su hija da a su bebé en adopción en la primera temporada y luego rompe con el novio; su exmarido, un patán colgado con el que comparte la custodia de su hijo, se transforma en un patán patético al juntarse con la hija de un millonario; ahora viven madre e hija juntas, que se pican, se reprochan, se enfadan y se quieren. En las tres temporadas que lleva la serie ha habido muerte, enfermedad, conflictos familiares y generacionales. Aunque no lo parezca, Mom es una comedia, sí, de las de risas enlatadas.

Chuck Lorre, responsable de otras 'sitcoms' como Cybill o The Big Bang Theory, es uno de sus creadores y guionistas. Y dos buenas actrices como Anna Faris en el papel de hija y Allison Janney, la entrañable CJ Cregg de West Wing, como la madre, sus protagonistas principales. Los guiones alternan situaciones predecibles con desenlaces inesperados y en ellos está la clave de que los dramas encajen tan bien con las risas, como polos próximos del escenario de la vida. De un modo que pasa de la rudeza a la sutileza, de la carcajada a la desolación. Mom es equilibrio llevadero, aire frente al ahogo.

sábado, abril 09, 2016

VOLUME ONE 397: PAREJAS


Sin proponérmelo, en esta semana pasan por los auriculares las voces acompasadas de tres dúos, tres parejas musicales. Uniones impulsivas, experimentos compartidos, comunión de sangre. Una se escucha y se olvida, su disco no llega al aprobado (4/10); otra se entrelaza entre mimos, sugerentemente (7/10); y la otra, delicada y crepuscular, se merece un notable alto (8,5/10).

Un 4 para Teddy Thompson, en decadencia a cada disco que graba, arrimado a Kelly Jones. Little windows, casi media hora de country en pareja de sabor añejo, pretende ser dulce y le faltan terrones de azúcar.

Un 7 para Jesca Hoop y Sam Beam (Iron & Wine), cruzados en una atmósfera de ensueño y armonías, picante y preciosista en Love letter for fire, con el refuerzo de músicos de altura, entre ellos Glen Kotche (Wilco) en la percusión.

Un 8,5 para los hermanos Matthew y Jill Barber, canadienses, de los que hasta ahora no sabía nada. Él tiene tablas, poco más puedo decir. The family álbum es una preciosidad vocal y sonora, de cielos abiertos, guitarras cálidas y violines nostálgicos. Hay versiones y un tema es sobresaliente, maravilloso, The sweeter the dawn.

lunes, abril 04, 2016

VOLUME ONE 396: REAL MIDNIGHT (BIRDS OF CHICAGO)

A este disco le tengo gran cariño. Las razones sentimentales son íntimas e indestructibles, no se cuestionan.

Birds of Chicago (JT Nero y Allison Russell) ha sido uno de los más gratos descubrimientos que he tenido en los últimos años, eso para empezar. Real midnight (Five Head Entertainment, 2016), su segundo trabajo de estudio, es novedad desde febrero aunque se grabó el año pasado. Gran parte de su coste se financió con la voluntad de los amigos y otras aportaciones altruistas. Fue el último disco que salió de Garfield House, en South Pasadena, el hogar en el que ha vivido Joe Henry en más de una década y donde ha producido gran parte de su obra y algunos de los mejores álbumes de músicos sobresalientes (Solomon Burke, Bettye LaVette, Ramblin' Jack Elliot, Hugh Laurie, Mary Gauthier, Rodney Crowell, Bonnie Raitt...). Quien pase a menudo por este blog será conocedor de mi debilidad por Mr. Henry y no le sorprenderá que confiese que me haya emocionado insospechadamente al enterarme de que Joe deja Garfield House. Espero que allá donde siga grabando su música no deje de producirme tanto placer.

Birds of Chicago, en cierto modo, saltan de categoría con Real midnight, aunque a la larga su trabajo se confunda entre tantos por la fugacidad del consumo y lo que dura el saboreo de la música, incluso para quienes ponemos empeño y parsimonia (cuando se puede) en ello. Los rigurosos paladares mantendremos el bocado más tiempo en la boca. El disco trota por el folk y el country con la tranquilidad de los rastreadores de caminos. Las voces de Allison y JT mueven canciones de bellas melodías, con exquisitos pianos y percusiones que acarician. Falta quizá un par de piedras pesadas que destaquen, pero no importa. Agradable de escuchar cuanto más se pincha, que es cuando lo bueno parece mejor. O lo es.

Nota: 8/10

domingo, abril 03, 2016

SOUNDTRACK 181: JANIS. LITTLE GIRL BLUE

El rock and roll crea estrellas frágiles, juguetes que se rompen con facilidad. Algunas son débiles instrumentos en manos de fenómenos incontrolables o seres abocados a la soledad más cruel, la que se agacha tras la apariencia de festiva compañía. Janis Joplin era todo eso: estrella, juguete, instrumento, fenómeno y una persona hundida en la soledad después de cada fiesta. Dejó otro hermoso cadáver a los 27 años, en 1970, y una vida que detrás de las risas y el exceso fue desesperadamente triste.

Se aprecia esto en Janis. Little girl blue, documental dirigido por Amy Berg y narrado por Chan Marshall en la voz que pasea por las líneas de las cartas escritas por Janis cuando dejó su Texas natal, se adentró en la florida San Francisco y se embarcó en una carrera musical de fulgurante éxito y prematura destrucción. El film toma para el título uno de sus temas más demoledores, colofón de un relato que no cuenta casi nada que no supiéramos y explora con demasiada rectitud la clásica historia de artista sorprendente que encuentra su sitio deslumbrante en el circo del rock y acaba vencida por el torbellino en que se juntan el ascenso, la caída, las drogas y el alcohol.

Janis quería ser feliz, lo gritaba desesperadamente en sus cartas. Su risa escondía una profunda pena. Eso falta en el documental, garra y desesperación, mejor mostradas en el también reciente Amy, sobre Amy Winehouse, otro juguete estropeado y al final roto.

viernes, abril 01, 2016

LIVE IN 187: SABIO CHRIS

Paso por estas líneas y aplaudo al leer esto: “Es por la música por la que lo abandonas todo”. O esto: “Al final, lo único que te queda son las experiencias y la música”.

Lo dice Chris Isaak, un músico de fiar, un tipo de los que caen bien, con el que me gustaría tomar algo. Me brindó uno de los conciertos en los que más he disfrutado, una noche en un parque de Ourense. Tiene 13 álbumes y va camino de los 60 años. Todos esos discos tienen un puñado de canciones buenas de verdad.

La entrevista es corta, da la sensación de que el poco espacio impide imprimir respuestas más largas. Pero las publicadas revelan dependencia fiel al oficio y la carretera, añoranza de lo que nunca se tuvo, y respeto a lo que queda para la posteridad: la música. Sabio Chris.

lunes, marzo 28, 2016

LEO, 1

Le dimos este nombre, Leo. Porque nos gusta leer y deseamos que a él también le guste. Queremos leer juntos, comprarle libros y hablar de lecturas. Ojalá. Además de muchas otras cosas, como hacerle sentir el rey León, el rey de nuestra vida. Cambiaba la hora y las agujas se adelantaban cuando a él le dio por nacer. Lloró un poco, tembló y se agarró a nuestros dedos, se pegó a los cuerpos. ¿Esto lo hemos hecho nosotros, de verdad? Un milagro. ¿Y a partir de ahora, qué? El año se me ha hecho eterno, aunque todos digan lo contrario. He aprendido algo: que todo está contado y nada escrito, cada vida es un relato diferente. Largo año, sí. El primero con Leo. Felicidades.

A Leo y María. 

jueves, marzo 24, 2016

VOLUME ONE 395: TOMORROW IS MY TURN (RHIANNON GIDDENS)

Criarse en la raíz estrecha apegos, refuerza vínculos de sangre o lazos musicales. De raíces y tradición, blues rural, folk agreste y jazz caliente y polvoriento sabe un poco Rhiannon Giddens. Banjos y violines pasan por sus manos con la banda The Carolina Chocolate Drops y su voz decidida sobresale elevada cuando canta. Grabó Tomorrow is my turn (Nonesuch, 2015) con T-Bone Burnett como aval tras coincidir en el grato experimento que fue The New Basement Tapes. La imagen directa de su rostro limpio y exótico no esconde un disco fácil de pop, sino un jugo sabrosísimo de ese hermanamiento íntimo entre el folk, el country y el blues de polvo y raíz embellecido para estos días. Me resbaló este disco el año pasado, hoy lo mastico mejor, con detenimiento y placer.

Nota: 8/10

miércoles, marzo 23, 2016

VOLUME ONE 394: THE NARROWS (GRANT-LEE PHILLIPS)

Otro voto a favor de las esencias americanas. Espacios, relatos y sonidos. Caigo muy de tarde en tarde en Grant-Lee Phillips o en la banda en la que tocaba antes de firmar solo, Grant Lee Buffalo. No suelen dejar estampa y lo que de su obra guardo crea polvo y olvido. Quizá más adelante lo haga The narrows (Yep Roc, 2016), el último de sus nueve álbumes, pero de momento mantiene un espontáneo brillo que resplandece en un puñado de memorables canciones (Cry cry, Taking on weight in Hot Springs, San Andreas fault). Parece desmejorado el autor en esta imagen, grueso y cansado. Se siente una pereza doliente en el paseo apesadumbrado por temas tan nostálgicos como esperanzadores.

Nota: 7/10

jueves, marzo 17, 2016

LIVE IN 186: MIRACLE MEN

La música, la buena la mala y la que no es ni mala ni buena, me parece un milagro. Sobre todo la buena de verdad. Tantas veces. O una obra extraordinaria en la que conviven la destreza y los sentidos del ritmo y la melodía y la personal idea de la belleza. De noche ahondo en la piel de las canciones y la música, atento a cómo armonizan instrumentos y ruidos y las voces cosen piezas de porcelana. Me gusta creerme por un momento o dos que en mis manos y en mi cabeza dirijo en el trono tras el cristal las pistas que recogen las palabras y los sonidos atados, que escojo a los músicos adecuados y de ellos extraigo sus instantes perfectos.

A Ethan, Larry, Rick, Craig, Brendan, Tucker, Glyn, Daniel, T-Bone, Joe y muchos otros que están detrás.

VOLUME ONE 393: ME MATA SI ME NECESITAS (QUIQUE GONZÁLEZ)

Ejemplos. Hay músicos que pierdes por el camino y ya no vuelven (Pete Yorn) o con los que te reencuentras satisfactoriamente (Ryan Adams) tras creer que se habían ido y nunca volverían. La música de Quique González creí haberla perdido con sus cinco últimos trabajos, que son unos cuantos como para acabar de enterrar la confianza suscitada por sus prometedores tres primeros discos. Vuelve ahora el madrileño con Me mata si me necesitas (2016), su álbum más inspirado en este tiempo en el que me ha movido por la decepción y el desinterés. Inspirado sí, digamos que seguro en la creación de canciones con más fortaleza y más fe como para dejar cierta estampa (Sangre en el marcador, No es lo que habíamos hablado). Y me quedo aquí, que no comparto elogios mayores leídos o escuchados (enlazarlo con el mediocre Ron Sexsmith no le hace favor alguno a nuestro músico) ni un exceso de virtudes y comparaciones agradables de encajar. Bien sin más, que en este caso no es mala noticia.

Nota: 6/10

lunes, marzo 14, 2016

GREATEST HITS 183: JOY (BETTYE LAVETTE)


Me entusiasma el entusiasmo ajeno cuando la música tiene la culpa. La buena, muy buena música. Si es en vivo, mejor. En la distancia comparto esa emoción. Me llama Luis, alegre, con el júbilo en la voz, para contarme que Bettye Lavette ha estado sobresaliente en un teatro de Sevilla (ah, qué nostalgia, yo la disfruté hace unos años en otro de A Coruña). Tremenda esta fiera, capaz de estremecerte y arrancarte unas lágrimas cuando estruja su voz y expulsa canciones ardientes, lamentos pasionales. Sus discos y sus directos son de lujo. Regocijo. Joy.
 

jueves, marzo 10, 2016

VOLUME ONE 392: YOU CAN'T GO BACK IF THERE'S NOTHING TO GO BACK (RICHMOND FONTAINE)

A estas alturas, muy lejos de los días de adhesión, superada la fase del desencanto e instalado en la indiferencia y más bien la poca confianza hacia el alt-country, americana o como se quiera llamar y recordar, de un modo inesperado me sorprendo disfrutando con el último trabajo de Richmond Fontaine. Este grupo se me escapa, o yo escapo de él, o es que siempre estuvimos alejados y lo que había escuchado (no más de dos discos y alguna canción suelta) no conseguía acercarnos. Por alguna razón de explicación imprecisa me veo mirando más allá del burro solitario en mitad del desierto y averiguando si, como reza el título, no se puede volver atrás si no hay nada por lo que volver. Pues sí, merece la pena regresar. You can't go back if there's nothing to go back to (Fluff & Gravy, 2016) es un trabajo de una tristeza árida y hermosa (Wake up Ray, A night in the city), una colección de relatos que parecen salidos de las plumas de Raymond Carver o Richard Ford, musicalizados por una banda enraizada sin rigores en aquel country alternativo o lo que fuera que despierta a los primeros Wilco, Son Volt o Whiskeytown. Y me vuelve a gustar.

Nota: 8/10

lunes, marzo 07, 2016

VOLUME TWO 76: RAY LAMONTAGNE

Un párrafo para Ray LaMontagne. Atrás cuando te encuentras con su primer álbum (Trouble, 2004) te causa un agradable cosquilleo, un despertar de interés que persiste en las dos siguientes entregas, trabajos que ganan riqueza y crean nuevos ambientes, que aplacan una ambición y riesgo exhibidos más adelante. Hasta entonces el músico y productor Ethan Johns protegía la música de LaMontagne, folk rock de otoñal cubierto por su voz arenosa que al crecer se tiñó de rock más maduro y flirteó con el soul. Cuando Ray se decide a producir él mismo recluta a un cuarteto de lujo, afortunada reunión de los musicazos de sesión Greg Leisz, Eric Heywood, Jennifer Condos y Jay Bellerose con el nombre de The Pariah Dogs: el álbum que fabrican suena impecable pero algo hueco, carece de director de orquesta. Cuatro años después Ray se asocia con Dan Auerbach (The Black Keys) para grabar Supernova, un proyecto fallido, de indefinible y perezoso estilo, en el que ninguno parece estar a gusto Ahora se junta a Jim James (My Morning Jacket) para terminar Ouroboros (Columbia/RCA, 2016), un paso en la misma línea que el anterior pero más centrado, de aspereza guitarrística y climas espesos, de nuevo una decisión que todavía no me ayuda a subir a Ray LaMontagne a una división mayor.

sábado, marzo 05, 2016

SONG FEVER

Parecen impropios estos tiempos para la música, banalidad secundaria, pasión debilitada. Lamento notar cómo se pierde la capacidad de impresionarme con la fuerza evocadora de las canciones. Entonces, una canción te hablaba desde la funda del vinilo y la banda estaba ahí para acompañarte toda la vida y darte respuestas. Después, las canciones nacen y mueren enseguida y se confunden en una marea revuelta de hartazgo y resignación. Debes volver pues a aquella época, y está claro, ya, que no puedes o que cuando más crees que te acercas ya no es como era entonces. Hay fiebres que tardan en curar, en el proceso crees que se han convertido en epidemias.

martes, marzo 01, 2016

BONUS TRACK 160: MILES AHEAD (MILES DAVIS)


Regreso al jazz para tener hambre de Miles Davis, de quien el actor Don Cheadle ha protagonizado, coproducido, coescrito y dirigido un biopic titulado Miles Ahead, de previsible estreno este año. Este es también el nombre de un álbum que Miles grabado a mediados de 1957 con Gil Evans al frente de una orquesta en una época en las que las grandes formaciones de jazz empezaban a desaparecer o a perder la popularidad de las décadas anteriores y el género se asentaba en nuevos esquemas o exploraba territorios con más tendencia a la experimentación, como se comprobaría unos pocos años más tarde. En el combo que interviene en Miles Ahead ya había gigantes como Paul Chambers, Art Blakey y Philly Joe Jones, hermanados al servicio de una música sin edad, fina y dinámica, el sonido de unos tiempos que nunca fueron nuestros.
Uh, Miles. Hacía tiempo que no volvía a él. He escuchado un buen lote de sus discos en todas las etapas y, salvo las flojas décadas de los ochenta y parte de la de los setenta, me cuesta decantarme por el Miles de una época concreta, aunque me encanta su segundo quinteto clásico a finales de los sesenta. Siempre he sentido que su trompeta llegaba a mí como el discurso apacible de los elegidos, la voz de una sabiduría y genialidad prodigiosas, palabra sagrada. Y eso se aprecia en Miles Ahead. He escuchado bastante jazz y sin embargo me cuesta hablar o escribir de jazz. Prefiero entrar, escuchar y perderme.