Un viejo éxito de un grupo español que suena en la radio, quizá el primero con que se dieron a conocer, despierta los recuerdos de las primeras veces. Quizá entonces empezamos a tararear, a repetir estribillos, a interesarnos por algo que se escuchaba en la radio, en el coche, en la tele. La música.
Aquel fue el primer disco. La fiesta de la primera comunión me trajo un tocadiscos portátil, una caja naranja que al abrirse enseñaba un plato y la aguja. Cayeron dos singles, dos pequeños vinilos. La chica de un trío cantaba que se había colado en otra fiesta y bebía coca-cola. Hoy escucho esa canción. Me río.
No tardaron en llegar los vinilos grandes. Ahora dudo. El legendario Rock & Ríos, doble, del que hoy solo conservo un disco, u otro álbum de leyenda, Thriller de Michael Jackson, del que últimamente sigo escuchando aquellos temazos grabados por el menor de los Jackson con Quincy Jones. Escalofrío.
Llegaron los compact disc más tarde. Para escucharlos tenía un discman que alguien me regaló unas navidades y acabaron pasando por el cuarto de la residencia universitaria. En una tienda que había en mi calle (hoy una oficina inmobiliaria) la Creedence fueron los primeros, un recopilatorio de oro que hoy descansa en la estantería entre un disco de Cracker y otro de The Cult. Los de la Creedence, por cierto, los tengo en vinilo.
Del primer disco descargado en Mp3 ya no me acuerdo. Eso ya no tiene tanto encanto.













