Nunca tuve sintonía con Roxy Music. Cantaban que el amor es la droga, pero no llegué a enamorarme de su música, ninguna adicción hizo amago de darse. Y eso que el erotismo exuberante de las portadas de sus primeros discos invitaba a descubrir si detrás de los encantos de aquellas mujeres había música igual de seductora. Pues a mí no me hacía tilín. No quita ello para elogiar un manojo de singles eficaces, certeros, duraderos, y algún disco meritorio de ser guardado en las estanterías. Avalon, por ejemplo, o este Flesh + Blood (1980) con el que la banda de Brian Ferry entraba en su segunda década de vida.
Descolocan y a la vez emocionan las relecturas de In the midnight hour y Eight Miles High, distantes de su esencia soul y psicodélica, revestidas de fascinación. Se impone un single infalible como Same old scene y deslumbra una joya secundaria como My only love. Todo suena con el escrúpulo de la exquisita factura, muy Roxy Music, que casi siempre a uno no le aportan sustancia pero alguna vez se le da por saber de maravilla. Como aquí.










