jueves, octubre 30, 2014

BONUS TRACK 135: RELISH (JOAN OSBORNE)


Tiene casi veinte años este disco pero suena como si hubiera salido del horno hace bien poco. Destilado, gustoso, duradero. Vale de ejemplo para realzar una colección de temas superiores, y de distinto acento, al flojo single que contiene y que puso en el mapa a su autora. Porque en Relish (1995) hay mucho más y mejor que la canción One of us. ¿La recordáis?: un temita blando, muy gastado por las radios, presente quizá en la escena tierna o ñoña de una peliculita americana. Joan Osborne ya había recorrido garitos en New York en los primeros noventa, había publicado un disco y no pensaba más que en dedicarse a cantar. Relish es el segundo álbum, con más inversión y claridad de ideas pese a su diversidad de estilos. Además del hit popero que lo ayudó a venderse, hay temas buenísimos con raíces country y blues, con calado y sentimiento: Dracula moon, Right hand man y una de las mejores versiones de una pieza de Dylan que he oído nunca, Man in a long black coat.

No he seguido mucho a Joan Osborne, no me gustaron un par de discos posteriores y no la escuché con miembros de los Grateful Dead; pero tras recuperarla con Trigger Hippy, donde está de vicio, he disfrutado con Relish.

jueves, octubre 23, 2014

BOOTLEG SERIES 40: O.V. WRIGHT


Supe de su nombre por Nick Hornby, que lo incluyó en su ejercicio de melomanía íntima 31 canciones. Pero me desentendí enseguida, no tuve la curiosidad de descubrir qué había detrás del nombre y la canción. Supe de su voz y su música porque María escuchó el tema que para el escritor inglés es tan especial durante la lectura de su libro. “¿Sabes quién canta?”, me preguntó. “Ni idea”. Un tal O. V. Wright, la O de Overton, la V de Vertis. Ni remotamente familiar me sonaba. “Pero qué bueno”, dije.

Busquemos entonces: uno de esos hombres del soul pertenecientes a divisiones menores aunque con algunas creaciones de primera categoría. That’s how strong my love is, por ejemplo. No es que cante de locura el tipo, a veces le sale un falsete algo femenino, y según qué piezas, parece que ha perdido los dientes y empapa el micro de saliva mientras canta. Pero tiene gancho, y fuerza, y ese gen irresistiblemente sensual con el que la naturaleza bendice a unos cuantos ‘soul men’ negros. Wright no grabó mucho, tuvo problemas con la ley y las drogas y murió en 1980 a los 41 años.

María escuchaba cada canción escogida por Hornby mientras leía las líneas que le dedicaba. Al llegar a Let’s straighten it out, de O. V. Wright, subió el volumen. Qué pasada. Escuchadlo. Me acerqué a darle un beso mientras la saliva del tipo no dejaba de saltar. Por eso, y por tantas cosas, la quiero tanto.

VOLUME ONE 344: TRIGGER HIPPY (TRIGGER HIPPY)


Alrededor de los Black Crowes se escucha el graznido de sus aves formando parte de otras bandadas. Con Chris con el piloto en sintonía psicodélica y Rich más contenido en paralela aventura rockera algo distante, son su fichaje más reciente para la sección de guitarras, Jackie Greene, y su permanente baterista, Steve Gorman, quienes más se aproximan al sonido y al estilo de los Crowes como miembros de Trigger Hippy. Todos tienen trabajo este mismo año, mientras los cuervos reunidos descansan. Greene y Gorman forman parte de una banda asentada en Nashville desde 2009 y completada por la vocalista Joan Osborne y dos avezados músicos locales de sesión. Suena bien su primer álbum, Trigger Hippy (Rounder, 2014), muy bien: entra en línea recta, es nítido y caluroso, y está diseñado con la infalible fórmula de la pasión y el oficio en perfecto equilibrio y al servicio del rock and roll de esencia americana.

Nota: 8/10

sábado, octubre 18, 2014

LIVE IN 164: LIVE WOODSTOCK


Música, paz y amor, sí. Y drogas, suciedad y caos. Agosto de 1969.
Quienes no estuvimos en Woodstock podemos acercarnos con mucha precisión a su espíritu y a esas sensaciones que las imágenes nos han dejado intuir todos estos años si nos lanzamos de cabeza a las páginas de Woodstock. Three days that rocked the world, una magnífica edición de Mike Evans y Paul Kingsbury con la crónica de aquellos tres días, los antecedentes sociales y musicales que condujeron a un acontecimiento de tal magnitud y la repercusión que alcanzó su celebración en los años posteriores. También podemos comprender con rigor la relevancia histórica, sociológica y cultural de aquella multitudinaria concentración de jóvenes para escuchar música, convivir a la intemperie, drogarse y conocerse a sí mismos en un tiempo en el que USA estaba a punto de perder su inocencia… o aquello que se le pareciese.
En serio, meterse en este libro, con sus luminosas fotografías, los testimonios de organizadores, músicos, técnicos y simples ayudantes del festival, reseñas de prensa y textos contextualizados, es sentir la lluvia y el barro resbalando por la piel, aspirar el sudor brumoso de los cuerpos jóvenes y la esencia áspera de la marihuana, respirar una libertad sin tiempo y oír a lo lejos el rumor insinuante de una música irrepetible.
Del equilibrio en que se asienta la escritura objetiva y los recuerdos personales de los artífices y protagonistas de este libro con tanta vida extraes unas cuantas curiosas conclusiones. Una de ellas, parece mentira, es que la música de Hendrix, Santana, CSN&Y, la Creedence, The Band, Sly, Havens, The Who, Baez y tantos, en realidad, era lo que menos importaba.

miércoles, octubre 15, 2014

VOLUME TWO 69: THE STONE ROSES


Yo no tuve mi etapa Stone Roses. De hecho, escuché sus discos con motivo de un viaje de unos pocos días que hice a Manchester hace tres años. Ya digo, en el bachillerato, por finales de los ochenta, me desviaba hacia bandas de Londres o pasaba demasiado tiempo en Irlanda mientras algunos compañeros se dejaban cautivar por los embrujos zigzagueantes de los Stone Roses. Ahora me acabo de dar un empacho audiovisual de The Stone Roses con la película británica Spike Island, en la que unos chavales planean un viaje para ir al concierto de reaparición del grupo a comienzos de esta década, y con un documental sobre la banda del magnífico director inglés Shane Meadows (Dead man’s shoes, This is England). Una cosa y otra me han hecho imaginar y comprender el impacto que en su momento causaron estos gamberretes de Manchester.
Con la perspectiva que facilitan las incontables horas de aprendizaje y vicio musical, Stone Roses se revelan como el eslabón coherente que recoge las esencias de grupos como The Cure o Echo & The Bunnymen y allana el terreno para que lo arrase la oleada de brit pop liderada por Oasis. Cuesta creer que sus peleas acabaran con ellos tras solo dos discos cuando los Gallagher se han mantenido juntos más tiempo. Hoy su música conserva el atrevimiento sobrado de sus inicios mocosos, el hechizo espontáneo de sus primeros éxitos y la evasión contagioso que pervive en canciones buenísimas como Waterfall, Love Spreads, Breaking into heaven, Fool’s gold o ese himno efervescente que es I wanna be adored.

Todo eso lo refleja Spike Island y sobre todo el documental de Meadows, The Stone Roses: made of stone, cuando los fans de entonces guardan aún ahora fidelidad inquebrantable a un grupo que estuvo separado durante 15 años y se reunió para volver a llenar grandes espacios y demostrar que nunca han dejado de ser jóvenes.

BOOTLEG SERIES 39: TIA BLAKE


Traigo otra de esas historias que, como la de Judee Sill o la de la reseñada aquí unos meses atrás Karen Dalton, reviven a un músico olvidado o que no tuvo ni tiempo para ser recordado. Alguien de quien apenas hay información, dos o tres imágenes tomadas en el mismo lugar, y una obra muy escasa. Entonces un sello pequeño la desoxida y la da a descubrir, sin más trascendencia que la que en su día tuvo, y que fue mínima. Con la reedición de un disco, como en este caso. Hablo de Tia Blake, de quien nunca había oído hablar hasta hace unos pocos días. Solo hizo una grabación, dicen que solo dio una actuación en vivo. En 1971 vivía en París y grabó unas cuantas canciones folk junto a otros dos músicos franceses. Folksongs & Ballads es el título de su único disco, refinada paleta de bellas canciones tradicionales interpretadas con la delicadeza de una voz preciosa y penetrante. ¿Quién era Tia Blake, esa hermosa joven que incrusta su mirada y sus pensamientos en el vacío o el infinito que tiene delante? Parece ser que la chica, americana, se volvió años después a EEUU y nada más se supo de ella.

domingo, octubre 12, 2014

VOLUME ONE 343: WE GO HOME (ADAM COHEN)


Padres e hijos. ¿Se hereda el gen de artista? ¿La poesía, la música, la pintura… son virtudes de la misma sangre? ¿Las cualidades creativas del padre las perfecciona el hijo o son inalcanzables? Me pregunto esto al escuchar por segunda vez a Adam Cohen. Primero fue con Like a man (2011), ahora con We go home (Cooking Vinyl, 2014), que me gusta más. Tiene otros dos álbumes anteriores el hombre. Desconozco de qué modo se han entendido padre e hijo en vida, de qué manera Leonard ha legado a Adam, hijo también de la musicalizada Suzanne, la fuerza expresiva de la canción. A veces se me parecen, en el deje caído de un verso o en la intensidad emocional de una línea cantada. El Adam Cohen de We go home es contenido y elegante, más cotidiano y menos grave que su padre. Leonard ha trabajado un bonito disco este año, Popular problems; Adam también. Buena música en familia.

Nota: 8/10

sábado, octubre 11, 2014

CASETES DE OTRO TIEMPO


De vez en cuando necesitamos ordenar y ordenarnos, revisar y recomponer, desechar y conservar. O hacer sitio a lo que vendrá si contamos con poco espacio. Escogemos una tarde para acabar cansados de tanto vaciar cajones, romper papeles o meter en bolsas ropa que ya no sirve, cambiar cosas de sitio y pensarnos qué hacemos con esas otras que no nos atrevemos a tirar. Las (los) casetes.

Ahí están repartidos en cajones y armarios. Ya no tengo ni cómo escucharlos. Algunos también los tengo en cd, o en vinilo (esos no los tiro), o en mp3. Pero, ¿y los que continúan solo en ese formato? ¿Los voy a convertir a otro? Porque te sorprendes entonces por guardar discos que te preguntas por qué los grabaste en su día con lo malos que te parecen ahora; o tratas de averiguar qué te gustó tanto entonces y ya no te dice absolutamente nada; o no consigues recordar quién demonios es este tío o este grupo que en día muy lejano de tu adolescencia o juventud llegaste a grabar en una cinta.

¿Por qué tienes aún guardado por alguna parte casetes de Helmet, Rollins Band, Killer Barbies, Jarabe de Palo, Gary Moore, Kiss, Skunk Anansie o unas cuantas bandas que una vez hicieron música en tu ciudad, que sabes, dirías con toda seguridad, que no vas a volver a escuchar en tu vida?

martes, octubre 07, 2014

VOLUME ONE 342: PRÍNCIPES VENIDOS A MENOS (EN CASA DEL HERRERO)


O románticos del rock and roll. Hacer buen rock and roll es fácil. O lo parece. El ingrediente básico es el sentimiento, el que perdura sin desvanecerse. Hace falta también ese buen gusto que nace del oído curtido y curioso, el que ayuda a cruzar con naturalidad el blues, el country, el rock y todo cuanto eche chispas sobre la partitura. Lo tiene, ese buen gusto, Eduardo Herrero, el tipo alto de las gafas oscuras al frente de En casa del Herrero, estos coruñeses que hacen entrega de su álbum Príncipes venidos a menos (Mandeo Records, 2014).

Me despitan los saltos de idioma, una flauta dulce que hace algo melosa una canción y algunos parajes en castellano evocadores de Los Secretos. Son resbalones menores. El disco se sostiene con sus virtudes, que son más: la sencillez y el oficio de sus instrumentistas sobre todo, apuesta eficaz que hace que escuchándolo te acuerdes de Elliot Murphy, Johnny Cash, Bruce Springsteen, Willie Nile o Bob Dylan, cómo no. Nile aparece adaptado por Herrero junto a ‘covers’ imprevisibles de Roddy Hart, Jack Hardy y… toma ya, Immaculate Fools. Y queda bien, bastante bien.

Pasé un par de noches dylanianas con Eduardo Herrero, frente al maestro en primera fila, o casi. Otra delante de Lou Reed; él vibraba, yo no tanto. A distancia lo seguí con The Highlights, la banda suya y de sus colegas que versionaba los temas de Infidels, Highway 61 y Blood on the tracks en los locales de mi ciudad. Tiempo atrás fuimos compañeros de rutinas deportivas, él en su medio, yo en el mío; una vez nos apañamos al borde del ring en una gala de boxeo y kick boxing que él narraba para la televisión. Durante un año o más lo veía en pantalla, en sus crónicas informativas desde New York. La última charla musical que tuvimos fue poco después de que saliera a la venta Modern times. Y la última vez que nos vimos, una noche de vuelta a casa, me dijo con prisas que el día anterior se había casado. Me alegro por él, me alegro por su música.

domingo, octubre 05, 2014

LIVE IN 163: JUKEBOX, REPLAY


Por exceso de novedades o por defecto de tiempo o de ganas, es mejor dejar constancia de juicios de forma telegráfica. Para hacernos una idea sin profundizar más. El año pasado por estas fechas despachaba discos en este blog con cuatro o cinco líneas. Ahí va otra ración:

-John Mellencamp / Plain spoken: Es raro que se equivoque, pero hace tiempo que no me entusiasma; ahora tampoco. No se sale de la pista, pero no acelera. Aunque temas sueltos funcionan muy bien, el conjunto es plano, rutinario. 6/10
-Leonard Cohen / Popular problems: No soy devoto, pero vaya, no se me escapan sus discos. Ahí en su gravedad flotante está un vetusto encanto. Old ideas estaba bien, ahora se espabila, alegra sus canciones. Su mejor disco en años. 7,5/10

-Marianne Faithful / Give my love to London: Se pide paciencia para que su voz fracturada no te estropee la escucha. No es de perfiles fáciles, entra en texturas y ambientes imprevisibles, pero este menú de versiones resbala por cojera. 4,5/10

-Justin Townes Earle / Single mothers: Otra oportunidad malgastada. Sigo sin encontrarle alma. El chico factura discos cortos carentes de emoción. Esperas a que dé muestras del fulgor de su linaje y nada, la aguja ya se levanta. 4/10

-Dawn Landes / Bluebird: Como sin querer, de puntillas y silenciosa, esta chica me dice cosas que no se pierden entre sinsabores, que se quedan cerca. Disco descansado este, envuelve con delicadeza tiernas sustancias. 7/10

-Chuck Prophet / Night surfer: Le siguen lloviendo halagos, aunque me parecen lejanas sus mejores obras. Hay alguna pieza electrizante, chispazos aislados en un repertorio correcto que no marca huellas. 5,5/10

-Jackson Browne / Standing in the breach: Menos mal, sus anteriores trabajos eran sintonías para echar la siesta. En algún tema recupera el hechizo juvenil de sus inicios, en otros, la solidez de sus galones. Con muy buenas compañías. 7/10
-Tweedy / Sukierae: Para empezar, es largo; para seguir, se añora lo que Wilco hubiera hecho con la flaca figura de estas canciones de su vocalista y su hijo, experimento prometedor a ratos, también desproporcionado y sin definición. 4/10

miércoles, octubre 01, 2014

VOLUME ONE 341: DOWN WHERE THE SPIRIT MEETS THE BONE (LUCINDA WILLIAMS)


Me ha costado arrancar, no sabía como empezar a reseñar un disco tan tan tan bueno. No hay mucho que decir cuando dejarse llevar por la corriente de la música superior, ideal, lo explica todo. Porque hay discos que tienen un pulso único, una vida y un aura auténticos. Lo tiene Down where the spirit meets the bone (Highway 20, 2014), la última entrega de, sí, esta vez de nuevo maravillosa, Lucinda Williams.

Hay álbumes cortos que rondan la media hora a los que le sobra todo; y hay discos largos, que superan la hora y media y hasta los 100 minutos, a los que no les sobra nada. Salvo el primer tema, un lamento desnudo que por fortuna se presenta introductorio y hace temer un tedioso descenso a los infiernos oxidados que acostumbra a describir la cantautora de Louisiana, a Down where… no le sobra nada. Lo que empieza desde Protection, el segundo corte, es impecable. Lucinda gime, cabalga, se retuerce, llora y añora. Con una música vibrante y estremecedora. Y unos juegos de guitarras extraordinarios que hermanan con sutil precisión las cuerdas de Bill Frisell, Doug Pettibone, Tony Joe White y Jonathan Wilson.
Down where… nace en el sello propio de la autora, que produce la obra junto a Tom Overby y Greg Leisz. De ahí se entiende la prodigiosa arquitectura guitarrística del disco. Son todos temas notables, alguno sobresaliente (Burning bridges, Big mess, Everything but the truth, Walk on) y uno de ellos, Foolishness... mayúsculo, imperial.

Nota: 9/10

lunes, septiembre 29, 2014

EL DIQUE DE MI BAHÍA (SIN OTIS, CON LUCINDA)


Hace muchos veranos mi bici me llevaba allí todas las tardes de cielo abierto. La apoyaba en las rocas y me tumbaba en una de ellas con un libro, una edición entonces nueva de Servidumbre humana. Me acompañaban los gatos, huidizos siempre de quienes invadíamos su territorio. Éramos unos cuantos los que no faltaban a su cita con el sol. Dos o tres horas cada día y de vuelta a casa… Al ritmo de una vez al año vuelvo al dique. Hoy lo he hecho en un paréntesis entre rachas largas de rutina y trabajo, en un suspiro previo a la revolución que se aproxima en el horizonte, para dejarme saludar por el sol hogareño y el calor tibio de finales de septiembre. Un largo paseo, reposo en un banco, otros gatos, otro libro, y música. No, no era Otis Redding en el muelle de mi bahía, sino Lucinda Williams encaramada en las nubes.

jueves, septiembre 25, 2014

SOUNDTRACK 156: MASTERS OF SEX (I)


El sexo lo ocupa todo: conversaciones, pensamientos, fantasías, sueños… publicidad, cine, ciencia, evolución, el curso de la vida… El sexo es el hilo conductor, y también una excusa, para hablar de amor, más bien de falta de amor, en la serie Masters of sex, magnífica producción del canal Showtime que vemos en España desde hace un año y cuya primera temporada (la segunda ya va avanzada) acabo de digerir.

Estamos a mediados de los años 60. Oh oh, el sexo aún es un tema delicado, tabú de retrógrados e hipócritas, un pecado. Michael Sheen y Lizzy Caplan (espléndidos ambos) son un ginecólogo y una psiquiatra que en el entorno de un hospital privado y de forma un tanto clandestina estudian el comportamiento de los humanos cuando practican sexo a través de contactos entre parejas voluntarias y prácticas individuales. Él es concienzudo, exigente, egoísta, desagradable, insensible, cobarde. Ella, separada y con dos hijos a cuestas, es valiente, entregada, comprensiva, leal, una mujer atípica, adelantada a su tiempo

En esta serie hay mucho sexo (bien filmado, con sutilezas y sin zafiedades) y muy poco amor (mostrado a distancia y fríamente). Sí hay afecto, necesidad, aprecio, necesidad, cariño, pero los personajes no se aman demasiado en realidad. Buscan respuestas, estabilidad y comprensión, en el fondo ese amor ausente que no se atreven a pedir o a ofrecer con libertad. En el primer capítulo ocurre de todo, da para una película; después la trama se va dilatando, abriendo vías sugerentes sin perder un gramo de intriga, emoción, elegancia. Como debe ser el sexo.

lunes, septiembre 22, 2014

GREATEST HITS 165: NORTHERN SKY (NICK DRAKE)


Fascinan ciertos mitos místicos de la cultura pop y el ‘animalario’ rock: músicos fracasados, autores malditos o personajes marginales olvidados en vida y resucitados post mortem o desde el más cruel de los olvidos. Tres ejemplos dispares: Peter Green, Rodríguez, Daniel Johnston. Sus biografías, en algunos casos, tienen más valor que su legado musical. Nick Drake, del que se cumplen 40 años de su suicidio, entra en este grupo. Depresivo, misterioso, sensible, fatalista, incomprendido. A día de hoy sus canciones siguen sin cautivarme tanto como el enigma de su personalidad o las razones que le llevaron a borrarse del mundo.

Pero hay excepciones: Northern sky es un bonito tema, una postal sonora que nos mueve a prados mojados por el rocío, bosques donde el silencio es la conquista que nos hermana con la naturaleza. 

miércoles, septiembre 17, 2014

SOUNDTRACK 155: SENTIMIENTOS DE LA HUMANIDAD


Hubo veces en las que el cine me dejó sin ganas de volver a ver películas. No me satisfacían, me hartaban o no conseguía yo encontrarles virtudes a su lenguaje ni a sus presumibles encantos. Solía ocurrir tras una racha de mediocres, malas o inútiles películas. Otras veces el cine y todo su poder, su conexión tan íntima con la vida, me quitan las ganas de ver más películas porque me cuesta pensar que encontraré otras tan buenas, tan inmensas como las últimas que he disfrutado.
Momentos: un padre que explica la grandeza de una canción de Wilco o regala la genialidad de los Beatles; un baño en la montaña; una partida de bolos; un corte de pelo que nos hace parecer ridículos; fotografías; una bronca de mamá; un amanecer en una azotea; preguntarse de qué va todo esto; una canción dedicada a un chico que ha crecido; los viajes de la vida. El tiempo y los momentos nos explican.
El cine. Alguien ha tenido la brillante idea de reponer el mayor homenaje al propio cine que el cine ha brindado. Mis lágrimas me nublaron la vista hace 25 años delante del televisor. Ahora también en pantalla grande. Crecemos pero seguimos siendo vulnerables. Por amistades eternas y pasiones inmortales. Por un haz de luz que sale de la boca de un león de piedra y cuenta una historia sobre una sábana blanca. Por la búsqueda del amor. El tiempo que pasa.

Boyhood y Cinema Paradiso. Patrimonio de la Humanidad. ¿Hay algo mejor?

domingo, septiembre 14, 2014

VOLUME ONE 340: SONGS OF INNOCENCE (U2)


Hoy ya no solemos pinchar la cara de un vinilo y darle la vuelta, pero sí lo hacíamos cuando todos éramos más inocentes, cuando Boy, War, The Joshua Tree, Achtung Baby… Qué bien sonaba, que bien suena todo aquello. La cara A de Songs of innocence (2014), hasta el quinto tema, es muy floja. La cara B, desde el sexto hasta el undécimo, es muy buena. Así que por un lado el disco, al acabar de escucharlo, te deja un buen sabor de boca; y, por otro, te da un poco de pena.

Pero estos son unos U2 desperezados, enchufados, que suenan briosos y convencidos. El rock de la sangre aflora en el envoltorio que comparte con el pop. El intento por volver al pasado (letras nostálgicas y personales, ambientes retrospectivos) con las herramientas del presente (varios productores con nombre, sonoridades contundentes y recargadas) es loable pese a que la esencia originaria, la del siglo pasado, ya no la recuperemos. Calma, no es necesario afilar las cuchillas.

Fueron otros momentos. Son otros momentos. Centrémonos en la música, en la creación que tanto amamos, para dar la bienvenida de regreso a U2. Solo música, solo estas 11 canciones (sin futuros añadidos) que en cierto modo devuelven al grupo a su inocencia (sobre alfombras de millones de dólares).

De la prescindible primera mitad me quedo con el tercer corte, California, y algunos momentos del primero, The Miracle (of Joey Ramone). Every breaking wave dice poca cosa pese a su prometedor arranque. Song for someone y Iris (hold me close) son piezas blandas y banales. Otra cosa es a partir de Volcano: bajos con garra, guitarras poderosas, fuerza vocal, delicadeza climática.

Lo mejor: Cedarwood Road y Sleep like a baby tonight y la nostalgia de la infancia, el crecimiento y el romance con el rock. Lo peor: sonoridades de estadio, refuerzo de coros, huellas de insignificancia reciente en los primeros temas.

No se han ido. No están acabados. Songs of innocence es una pequeña victoria de U2 en su lucha consigo mismos.

Nota: 7/10

viernes, septiembre 12, 2014

GREATEST HITS 164: THE FLY (U2)


Esta elección serviría para el apartado ‘grandes canciones de grupos que dejaron de ser grandes’. Bueno, pero siguen ahí…

Uf, ha llovido. Aún éramos críos: gafas de mosca, ropas de cuero, viaje en tren a San Sebastián, diez horas en primera fila en Anoeta, coches colgando, pantallas de televisión, Bono a unos pasos. Entonces la música de U2 era muy grande.

jueves, septiembre 11, 2014

VOLUME ONE 339: LULLABY AND… THE CEASELESS ROAR (ROBERT PLANT & THE SENSATIONAL SPACE SHIFTERS)


El adelanto, hace un par de meses, resultó prometedor; el disco, ahora completo, no resiste una segunda escucha. La apuesta de Robert Plant, a sus 66 años y en compañía de una poblada banda, The Sensational Space Shifters, es la siguiente: se vuelve a recoger, como en trabajos recientes, tras una música de aura enigmática recargada de adornos (percusiones acolchadas, guitarras punzantes, grabaciones ambientales entrelazadas, exóticos velos de folk y música africana) y bañada con espesas capas de sonido psicodélico. En el fondo, pese a una apariencia de ecos ambiciosos, se distingue a un autor acomodado. Se aprecian algunos buenos temas (Rainbow, Turn it up, House of love), pero no dejan sustancia. Lullaby and… (Nonesuch, 2014) se pierde en el sueño.

Nota: 5,5/10

domingo, septiembre 07, 2014

GREATEST HITS 163: I’D RATHER GO BLIND (ETTA JAMES)


"Whoo, I would rather, I would rather go blind, boy
Then to see you walk away from me, child, no”


Hay canciones gigantescas en frascos pequeños, inmensas en la voz y la interpretación de artistas únicos. I’d rather go blind solo dura dos minutos y medio y deseas que no termine nunca cuando la canta Etta James. Hay muy buenas versiones, como la de Clarence Carter o la que ofrece Beyonce en la película Cadillac Records, donde da vida precisamente a Etta. Fue grabada en los estudios Fame de Muscle Shoals en 1967 y hoy conserva intacta toda su emoción. Escribir sobre el dolor que causa lo que se acaba nos brinda obras maestras como esta.

martes, septiembre 02, 2014

VOLUME ONE 338: RYAN ADAMS (RYAN ADAMS)


El rock. ¿Qué es el rock? Del rock hablamos, lo sentimos, pero no lo definimos. No se puede, no tiene forma ni color. El rock es de cada uno. Hoy para mí es Ryan Adams, el último disco de Ryan Adams. Mañana ya veremos.

El rock es hoy esto. Son guitarras crepitantes, teclados vaporosos, voces puras, interpretación auténtica, un talento que bendice a unos pocos, huellas profundas. Es caminar con canciones bellas y poderosas junto a los oídos, llevarse la mano a la cintura y dibujar un guitarrazo en el aire, seguir avanzando con los ojos cerrados poseído por la música.
Ryan Adams (Blue Note, 2014) eleva al autor a las cimas a las que apuntaba cuando empezaba la pasada década con Gold y Rock N Roll. Lo di por perdido a partir de 2005 con discos para el olvido durante cinco años. Se emborrachó de codicia creativa, hizo el imbécil, cayó preso de las estupideces que también tiene el rock. Ashes & fire lo enchufó de nuevo en 2011. Ryan Adams rebosa luz ahora. De principio a fin este disco, con ecos de un joven Tom Petty, el rastro más lucido de Whiskeytown y ramalazos ochenteros incluso, es sensacional.

Nota: 9,5/10

BONUS TRACK 134: HEY JUDE (WILSON PICKETT)



De Wilson Pickett tuve consciencia cuando ansiaban su presencia en Dublín y lo tenían presente de inspiración los músicos de la película The Commitments, de Alan Parker. Hablamos de 1991 y mucho me faltaba entonces por conocer. Después Wilson, un tipo un tanto malvado, caótico y conflictivo en su vida, agresivo e intenso ante el micrófono, fue apareciendo en colecciones de soul-rock de iba comprando y consiguiendo. Ahora paseo por algunos de sus discos, reliquias de media hora grabadas entre mediados de los sesenta y mediados de los setenta que suenan de maravilla. Hey Jude (1969) es una de ellas. Sitúa A Pickett en los estudios Fame a las órdenes de Rick Hall y Tom Dowd. Sonido robusto, perfecto, por tanto. Duane Allman pasea sus dedos por el mástil en la versión del tema titular, una muy buena versión del clásico de los Beatles. Lo demás está a la altura. Suda el alma rockera y diabólica de Wilson Pickett.

sábado, agosto 30, 2014

VOLUME TWO 68: JOHNNY CASH & CO.


Haber entrado en la discografía de Johnny Cash a saltos (no toda, es demasiado gruesa), sin orden cronológico pero con cierta coherencia, me ha permitido situarlo en un espacio más bien templado entre esos músicos de eco perdurable y legado artístico agraciado. Resumiendo: admiro un par de discos grabados entre mediados de los sesenta y los últimos ochenta; las actuaciones carcelarias en Folsom y San Quintín tienen su gancho; y sin duda enmarco y saco brillo a sus últimos trabajos, esas colecciones en blanco y negro del hombre de negro viejo vitaminizado por Rick Rubin pero cada vez más próximo a la tumba; de hecho, el volumen que lleva por título The man comes around me parece una obra sublime. Johnny Cash, así lo veo yo, tiene una importancia notable en la cultura musical americana, pero yo discuto el atractivo de una buena parte de su obra.
Su herencia, construida con muchos discos y constante inmersión en las raíces de la música y la cultura americanas e impulsada por una fuerte personalidad que lo convierte en el personaje de una jugosa biografía, ayudan a consolidar su figura emblemática y su peso referencial. Por eso con el tiempo, y más tras su muerte, han ido apareciendo infinidad de colecciones, homenajes, reediciones, libros o grabaciones recuperadas de dudosa calidad (este mismo año). Es reciente la revisitación de su disco Bitter tears a cargo de una reunión de buenos músicos como Steve Earle, Kris Kristofferson, Gillian Welch, David Rawlings, The Milk Carton Kids o Nancy Blake en el tributo Look again to the wind, que deja un poso escalofriante de íntima nostalgia.

jueves, agosto 28, 2014

EL GUITARRISTA


Su guitarra es su voz. Es una persona callada. Como el escritor que se expresa mejor con su pluma y se frustra y se azora cuando las palabras habladas no le dejan decir con exactitud lo que siente, él rompe el silencio y se hace entender cuando sus dedos dan sonido a una guitarra. Solo en la terraza de su apartamento o frente a una audiencia de varios cientos de personas. En la furgoneta de la banda camino de algún bolo en un lugar perdido o en el sofá raído de un sucio camerino. Que sepan quienes lo observan y escuchan lo que hay detrás de la expresión de su rostro, lo que esconde en el corazón, el mensaje que encierra la música de una canción, el sentimiento que embarga al guitarrista. Se obstina en que cada emoción tenga su correspondiente sonido de guitarra, en probar una y otra vez variedades diferentes de sonidos nacidos del contacto de los dedos con las cuerdas y que encajen con un sentimiento, un gesto o un movimiento. Como el cocinero que prueba todos los ingredientes de su despensa y calcula con rigor las dosis y los tiempos de cocción hasta dar con la receta perfecta para un nuevo plato. Quiere que una guitarra ría o llore, que coja un berrinche, que le duelan las entrañas, que entre de puntillas en una habitación, se sostenga en el aire como una hoja de otoño desplazada por el viento antes de caer sobre la hierba húmeda, le traslade al verano cuando es invierno o al invierno cuando es verano. Es un libro en blanco si sus manos están vacías, si sus dedos no se deslizan por el mástil de una guitarra acariciando las cuerdas, mimándolas como a una criatura de su propia sangre.

sábado, agosto 23, 2014

FREE MUSIC


Tiempo sin cadenas. Voces en el aire que llenan los vacíos. Baladas afroamericanas, lágrimas negras al borde de la zanja y dedos despellejados en las cuerdas de una guitarra vieja. Ahí está el truco, sin ello no hay sentido. Déjate llevar. Dormir, nadar, tumbarse a leer, limpiar, descansar, pasear, practicar y explorar otra lengua, escribir, mirar el mar, escuchar música. Espíritus gentiles para perderse y volverse a encontrar.

miércoles, agosto 20, 2014

GREATEST HITS 162: TELL ME IF YOU WANNA GO HOME (KEIRA KNIGHTLEY)


Ayer era blues (sigo enraizado en el polvo y el cielo abierto por un tiempo), hoy soy un rato pop. Pop sin posturas, natural, bien arreglado, recién salido del horno. No importa que ande en pañales si no le tiembla la voz. Es de esa peli tan fresca que recuerdo con tanto agrado, con canciones para comenzar de nuevo y compartir escuchando ambos de los mismos auriculares o en la misma dirección hacia un lugar en el que nos encontremos a gusto. Dime si quieres ir a casa.

domingo, agosto 17, 2014

LIVE IN 162: BLUES AT NIGHT


La música es de todos y es nuestra, sobre todo nuestra, personal, late dentro de los contornos de nuestro cuerpo. Y pertenece a un momento. Ayer llorabas con una balada rock, hoy con un lamento blues, mañana con una pieza electrónica. Hay música para cada uno de nosotros. Hoy, hace un momento, yo era blues.
De regreso del primer día de trabajo tras las vacaciones, de un horario de cierre que llegó hasta casi la una de la madrugada y de un paseo con el perro, me planté ante la pantalla para revisar cosas e historias mientras escuchaba una de esas compilaciones que la Red me regala: un volumen del sello Smithsonian Folkways que guarda la riqueza musical americana, el pulso de sus raíces. Con el estímulo de un licor junto a mi mano izquierda, me dejé llevar por la magia orgásmica de la música pura, humana, preciosa: Classic African American Songsters. Con tipos viejos y muertos que ya conocía (Reverend Gary Davis, Leadbelly, Mississippi John Hurt), con otros de los que nunca había oído hablar (Peg Leg Sam, Snooks Eaglin, Marvin Foddrell).

Hoy soy blues.

viernes, agosto 15, 2014

MÚSICA PERFECTA


Nos silencia el rumor turquesa de las olas y la belleza ardiente del horizonte. Unos apoyan solos sus codos en la balaustrada, otros rodean los hombros de su pareja, estos detienen su paseo con el perro, aquellos interrumpen su lectura. La vista al frente. El sol, testigo eterno y empequeñecido, allá insignificante, allá poderoso, desciende bostezante hasta que el mar lo esconde para el día siguiente. Son tres minutos de magia cotidiana sin precio. La música retiene el momento. Buena música, desde luego, aunque ahora me parece que estas canciones de Jonathan Wilson son lo más parecido a la perfección inalcanzable que tan lejos todos divisamos. Mañana es otro día. Mañana nacen otras vidas.

lunes, agosto 11, 2014

VOLUME ONE 337: MUTINEERS (DAVID GRAY)


Hay músicos a los que dejas a un lado un rato largo como si no tuvieran nada más que ofrecerte y sin que logren captar tu atención de nuevo, pero cuando reaparecen sin que lo esperes les concedes el beneplácito que un día les diste y que aún hoy mantiene su validez. David Gray es para mí uno de estos casos. Ninguno de sus discos, y van nueve desde 1993, es extraordinario, aunque casi todos contienen hermosas y perdurables canciones. White ladder (1999) y Life in slow motion (2005) diría que son sus obras más notables.

Con Mutineers (Iht Records, 2014) regresa un David Gray sobrio, refinado, heredero constante de los climas y paisajes del Van Morrison más apegado a la tierra. Last summer y Birds of the High Arctic son los bellos temas de esta entrega. Creo siempre que este músico británico debería ser menos británico y mojarse con el riesgo, experimentar fuera de corsés y gestos reconocibles (aires y melodías de nostalgia, orquestaciones melancólicas), aunque la fidelidad a su fórmula bien trabajada y honrada me sigue agradando.

Nota: 7/10

BOOTLEG SERIES 38: ROO & THE HOWL Y EATEN BY DOGS


Hasta hace pocos días de nada me sonaban estos grupos: Roo & The Howl por un lado, Eaten by Dogs por otro. La Red tiene portales para todos los oídos y estómagos e Israbox, con su continuo caudal de música diaria, a menudo presenta rarezas anónimas con escuetas referencias estilísticas que te animan a probar el producto. Me atrajeron las dos portadas tan distintas de estos discos de debut y me aventuré en lo desconocido.

Roo & The Howl tiene al frente a un chica de Colorado, Bekah Wagner, y a una buena banda detrás en el álbum Me / We. Lo que en el arranque me pareció un discreto disco indie rock (ciñámonos a esas etiquetas orientativas) del montón con discreta protagonista vocal se fue convirtiendo con el paso de los temas en un más que digno trabajo de grupo bien compenetrado con riqueza instrumental y solidez melódica. Con Eaten by Dogs, trío country blues de australianos de Melbourne y esa colorida cubierta resacosa de su disco homónimo, me esperaba alguna broma agitada, pero me encontré con un reposado disco de paisajes desérticos y profundidad vocal que muy bien hubieran podido firmar los primeros Felice Brothers

Desde aquí mis recomendaciones a quienes merecen ser escuchados.

sábado, agosto 09, 2014

LIVE IN 161: ELLA Y ÉL


Estación musical fuera de servicio. Casi cinco días sin escuchar un disco nuevo. Reposo, paseo, comida, playa, puerto, campo, fotos y carretera. Al regreso… ¿por dónde continuar? Llega una brisa antes de tiempo, voces y melodías siempre bien recibidas. Vale esta, la de este tema que tanto me entusiasma en la versión de Rod Stewart. Zooey y Matt.

lunes, agosto 04, 2014

MORE TODAY THAN YESTERDAY


Es tan fácil decirlo… tal y como lo sentimos. Si alguna vez lo fue, es mucho más que una frase publicitaria. No nos la creemos si alguien la dice en la saga Crepúsculo o en una estúpida novela de Nicholas Sparks. No lo sienten solo los jóvenes que se acaban de enamorar y no viven hasta que llega la hora del encuentro siguiente. Lo decimos todos cuando de verdad lo sentimos. Afortunados quienes lo decimos todos los días.

Es el título de una canción: Hoy más que ayer. “Te quiero más que ayer pero no tanto como mañana”. La escuché hace mucho tiempo en una película. Aquella melodía, aquella música, me parecen hoy bonitas pero lejanas. La frase no tiene edad, no tiene límites. La canta un grupo de esos que no llegó a más de un single y un disco al que pierde la memoria: Spiral Starecase. Volví a escuchar el tema hace unos días, de casualidad. Es tan fácil decirlo, pensé otra vez.

Yo te lo digo todos los días. Hoy con esta canción. Te quiero más que ayer, menos que mañana. Para ti.

domingo, agosto 03, 2014

SOUNDTRACK 154: BEGIN AGAIN… LA MÚSICA Y LA MAGIA


La música… que del roce de una cuerda, la pulsación de una tecla o el golpe en una caja acompañando una voz desnuda nazcan sonidos y crezcan melodías… tiene magia. Dos escenas de Begin again, ahora en nuestros cines, transmiten a la perfección esa magia única y poderosa de la música. Un milagro en nuestras vidas, la música. Acabada la película de John Carney, el autor del también cuento musical Once, sales pletórico de la sala, quieres bailar en la calle y ser parte de una canción. Id a verla. Por esas dos escenas maravillosas que unen la música con las personas. Por las canciones que canta Keira Knightley. Por un fenomenal Mark Ruffalo. Por New York. Por la música.

viernes, agosto 01, 2014

VOLUME ONE 336: HYPNOTIC EYE (TOM PETTY & THE HEARTBREAKERS)



Dejas que el disco avance, que la mecha se mantenga chispeante con Red river y All you can carry, que la música vibre en Forgotten man y se vaya acercando hacia el final, de subidón con U get me high y de placentera expiración con Shadow people. Y te tienes que decir: por algo eres grande tío, por algo sois de los mejores entre los muy buenos. Bravo. El bueno de Tom Petty y los buenos de sus Heartbreakers te regalan otro disco fantástico. Cojonudo.

Como si no les costase esfuerzo alguno, así de fácil y de bien. Hypnotic eye (Reprise, 2014) podría figurar en cualquier década, después de Hard promises o antes de Echo. Sus temas se grabaron en los últimos cuatro años, después del no menos fabuloso Mojo, pero Tom y la banda no los han juntado hasta ahora. El álbum enchufa guitarrazos de campeonato y estribillos melodiosos. El sello eficaz, la garantía eterna, de Tom Petty & The Heartbreakers.

Nota: 9/10