viernes, julio 25, 2014

UN ROCKERO COMO NOSOTROS



Dos naranjas en zumo y una tostada con mermelada de fresa para desayunar. Se levantó temprano, debía ir al banco primero a revisar sus cuentas y a ordenar una transferencia y tenía cita a las diez en el médico para mirarse una verruga en el cogote que nota cada vez más grande y le molesta al peinarse. Pasó a recoger a su pareja y fueron a comprar productos de jardinería a una tienda del centro comercial, a las afueras. Se probaron ropa para el verano y escogieron unas pocas prendas. Leyeron los periódicos. Le distrajeron varias llamadas telefónicas. Respondió a un breve cuestionario que le envió una revista nacional. De vuelta a la ciudad fueron a buscar a su hija al colegio. Los tres pasearon por el parque con el perro. Por la tarde fue al estudio a revisar las tomas grabadas de la semana anterior. No le convence el material y debe hablar con el productor. Le fue a visitar su agente para hablarle de las fechas de una gira que iniciará a finales del próximo mes, cuando el disco esté ya en el mercado. Un tour por el país en carretera, ciudades pequeñas, locales pequeños. La banda, con la que ha grabado casi al completo, pero habrá que contratar a otro bajista porque el de esta grabación tiene comprometido su bajo con otros músicos hasta final de año. Se pasa por el negocio de camisetas serigrafiadas del que es dueño, revisará albaranes, hará pedidos. Regresa a casa con tiempo para darle las buenas noches a la niña. Cena con su pareja, ven la tele juntos un rato, se sientan a seguir completando un puzzle, les relaja. Una docena de páginas de una novela histórica antes de apagar la luz. Otro día.
Imaginemos un día en la vida de un rockero, uno de esos que tanto admiramos, de los que seguimos su carrera y nos conocemos sus grabaciones, giras, aventuras y travesuras, y vamos a sus conciertos cuando nos quedan a mano. No se llama Elvis ni Mick ni Keith ni Bruce, sino John, Tom, Sam, Chris, Bill o Nick. Un rockero como tantos otros, como tantos de nosotros.

sábado, julio 19, 2014

SOUNDTRACK 153: EL AMOR EN LAS PELÍCULAS



Se está cociendo un libro interesante: El amor en 100 películas… o algo parecido será su título. Conozco a su autor, Alberto Abuín, la pluma más sabia y acertada de la web blogdecine, lo que no significa que esté de acuerdo con todas las impresiones, críticas y comentarios que allí vierte. En estos días he pensado a ratos en su idea, su tema, lo que podremos leer dentro de unos meses, y de lo que espero dar cuenta aquí.

Y me he preguntado: ¿amor de pareja?, ¿amor a los hijos?, ¿a la familia?, ¿a un desconocido?, ¿a la tierra?, ¿a la vida?... ¿amor obsesivo?, ¿amor destructivo?, ¿platónico?, ¿imposible?, ¿soñado?... El cine se detiene en ‘esos amores’ y alguno más. En los argumentos de películas de misterio, terror, ciencia ficción, western o comedia se deslizan grandes historias de amor como elementos secundarios de mayor o menor importancia. Amores ardientes y pasionales se cuentan en películas muy flojas y olvidables; amores sencillos, inocentes, cursis o hasta ridículos hacen memorables films menores o poco conocidos.

A la espera de conocer qué amor escoge, repasa, explica y comparte Alberto Abuín en su libro, también me he permitido bucear en el amor que descansa en casi medio centenar de películas (me ha sorprendido quedarme tan lejos de las 100) tan buenas o malas como cualesquiera otras. El Amor, un concepto, un sentimiento y una emoción tan personal e indiscutible manifestado de infinitas maneras que no admite críticas a nuestras selecciones. 
Por orden alfabético, simplemente:

500 días juntos / Amanecer / Antes de amanecer / Antes de anochecer / Antes de atardecer / Breve encuentro / Brokeback Mountain / Calle Mayor / Carta de una desconocida / Casablanca / Cinema Paradiso / Dejad paso al mañana / Dos en la carretera / El amor / El apartamento / El fantasma y la Sra. Muir / El fin del romance / El próximo año a la misma hora / Enamorarse / Esplendor en la hierba / Harold y Maude / La edad de la inocencia / La mujer de al lado / La mujer del cuadro / La piel suave / Lolita / Los puentes de Madison / Luces de la ciudad / Manhattan / París, Texas / Revolutionary Road / Rompiendo las olas / Secretos de un matrimonio / Tierras de penumbra / Tú y yo / Un día de campo / Vacaciones en Roma / Verano del 42 / Vértigo

VOLUME ONE 335: NO FOOLS, NO FUN (PUSS N BOOTS)


No tenía expectativas claras hacia este disco. Me animó una versión de Neil Young, del tema Down by the river, a la postre lo mejor del álbum. Norah Jones y otras dos chicas bajo el nombre de Puss N Boots. Un trío country rock o country folk o como se quiera de andar por casa. Si tomamos las traducciones que admite su título, No fools, no fun (Blue Note, 2014), diría que no hay locuras ni diversión. A veces dos son más que suficientes para armar un buen ruido (The Black Keys); otras veces tres no bastan, como el caso de estas chicas. Porque al disco le faltan ropajes de producción, un vestido que haga lucir las canciones, la mitad olvidables. Voces discretas, música discreta.

Nota: 5/10

jueves, julio 17, 2014

ALL THAT JAZZ


Hay un local en mi ciudad, al que hace bastante tiempo que no voy, en el que la música jazz, constante y hogareña, traslada a quien entra tras dejar atrás los escalones que llevan al sótano a una burbuja de ensueño atemporal. Suele ser jazz clásico americano lo que suena, jazz negro torrefacto, reacio a la modernidad. Salta de costa a costa, de baterista a trompetista, de tenor a soprano, piano y contrabajo. A veces hay jazz en directo en un pequeño escenario con el suelo de madera gastada. Los músicos que son altos tienen que agachar la cabeza para no tropezar con el techo. Te pides una copa, una cerveza o un refresco y te ves en las catacumbas de una madrugada eterna; solo falta el humo de los cigarros… entonces es ahí cuando te das cuenta de que sueñas demasiado.

Ahora que escapo, como tantas veces cada año en las que no sé a lo que hincar el diente, a las notas vaporosas de aquel jazz eterno, me siento como si estuviera en ese local de mi ciudad dejando flotar mi cabeza delante de Lee Morgan, Freddie Hubbard, Thad Jones, Hank Mobley, Art Pepper, Gene Ammons, Big John Patton o Art Blakey y sus mensajeros imperecederos del jazz.

sábado, julio 12, 2014

VOLUME ONE 334: TERMS OF MY SURRENDER (JOHN HIATT)


Cuarenta años de carrera y 23 discos ni agotan ni desgastan a John Hiatt. Pletórico de salud musical, el de Indianapolis encadena un álbum tras otro en los últimos cinco años, y cuesta quedarse con uno entre los mejores. Ahora que ha pasado más de una vez por mis oídos, diría que elijo su última obra, Terms of my surrender (New West, 2014), al que le auguro que dentro de un tiempo se levantará entre los mejores discos de toda su carrera. Hiatt es un grande, una garantía, un musicazo de los que nunca decepcionan. Terms… se desliza como arena entre los dedos mientras el humo se eleva de las tazas de café cuando el sol se pone. Tranquilo, blusero, a veces cavernoso, siempre insinuante. La voz agravada de John se corona en temazos como Nobody knew his name, Nothin’ I love o Here to stay. Disco maravilloso de John Hiatt.


Nota: 8,5/10

VOLUME ONE 333: THE CEASELESS SIGHT (RICH ROBINSON)


Aunque no han abandonado las giras, llevan media década The Black Crowes sin grabar material nuevo. Sus creadores, se celebra, no dejan de trabajar. Chris Robinson, además de dos decentes obras en solitarios algo más lejanas, se ha juntado en los últimos tres años con su nueva hermandad, acercándose en tres álbumes a terrenos entre pantanosos y psicodélicos con resultados placenteros. Rich Robinson acaba de publicar su tercer álbum en diez años, un trabajo más fiel al repertorio y al clima de los Crowes. The ceaseless sight (The End) lleva fecha de este año. Es directo, sin titubeos, stoniano a ráfagas y más sureño en otros momentos. Trabajo serio y robusto, que una vez masticado se convierte en otro motivo más para reclamar a los Robinson que recluten de nuevo a Gorman, Pipien y demás para hacer volar a los cuervos como dios manda.

Nota: 7/10

BOOTLEG SERIES 36: THE NORTHERN SOUL STORY



El melómano acude constantemente a la máquina del tiempo para recrearse en lo conocido o felicitarse por lo que descubre. Sube por la High Street de Southend-on-sea y remueve un poco entre los cds de una tienda HMV a ver qué encuentra. Vaya, cuatro volúmenes que llevan por título The Northern Soul Story, cada uno con el título complementario de un templo en el que aquel festivo soul juvenil congregaba en el norte de Inglaterra a miles de chicos y chicas para bailar a mediados de los sesenta y durante los diez años siguientes: The Twisted Wheel, The Golden Torch, Blackpool Mecca, Wigan Casino. A 3,99 libras cada disco… ¡a la cesta de la compra!

Y a pinchar. No es la primera vez que el melómano se detiene en aquellas salas de baile resplandecientes en las que sonaban los singles de soul y r&b británicos que interpretaban cientos de anónimas bandas y solistas, la mayoría no más que eso, uno o dos temas que se confunden entre miles grabados entonces en UK y USA. Hay buenas colecciones del género, y si te interesa dejarte llevar por este animado estilo son fáciles de encontrar, quizá los 100 temas que reúnen los cuatro discos recién traídos de Inglaterra aparezcan en casi todos los recopilatorios. No me acordaré de ninguno cuando termine este paseo, pero caray qué bien suenan todavía en este viaje de la máquina del tiempo.

martes, julio 08, 2014

VOLUME TWO 67: ROBERT PLANT


Me refiero a Robert Plant, ese señor que todavía gasta melena rizada y ya pasa de los 65 años, ese tipo de rostro ajado y mirada de malas pulgas y con pantalones vaqueros que le sientan como un guante. El superviviente del presente, no el truhán del pasado.

Ocurre que cuando ahora llega hasta mí alguna vieja canción de Led Zeppelin desde cualquier parte que no sea la intimidad de casa (pues hace ya tiempo que no pincho aquellos tremendos discos), las canciones de Page, Plant, Bonham y Paul Jones se despojan de su aureola de esplendor y les cuesta perdurar en mi particular colección de clásicos rockeros. Pero si escucho al Robert Plant de ahora y a sus bandas más recientes, las de la última década, me tropiezo ante un exponente modélico de músico que ha sabido reconvertirse por los caminos paralelos de su naturaleza musical, apostando por los paisajes tradicionales del folclore americano unas veces y por una brumosa introspección sonora otras.
 
Desde Dreamland (2002) hasta Lullaby and… the ceaseless roar, que saldrá a la venta en septiembre, la obra de Plant combina claros y oscuros climáticos. Los trabajos previos desde comienzos de los ochenta eran más bien discretos. Ahora ya no: versiones irreconocibles, adaptaciones transformadas, piezas crepusculares al trote, agitaciones al galope… lo que sea. Dreamland me gusta más ahora que antes. Mighty rearranger (2005) sigue pareciéndome fascinante. El premiado Raising sand (2007) conserva su poder de evocación paisajística e invita a volar con los ojos cerrados. Band of joy (2010), ora cristalino ora turbulento, es más atragantado. Y el adelanto del próximo álbum tiene muy buena pinta. Plant aún retiene.

domingo, julio 06, 2014

LIVE IN 160: RYAN ADAMS… RECUPERAR LA FE


Me anima mucho no darlo por perdido. Pensé hace tiempo que lo estaba, disco tras disco mediocre que nos daba. Atrás, muy atrás, parecía que quedaban sus gloriosos dos primeros álbumes y aquellas alegrías jóvenes con Whiskeytown. Le atragantó la actividad, que se hablara de él en todas partes, los vicios de la fama, aunque seguía dando cuerda a buenas canciones. Ashes & fire, hace tres años, lo limpió, hermosa lucidez. Y en un par de meses tendremos un nuevo disco que llevará su nombre. Su adelanto es prometedor. Danos algo bueno, por favor.

Por los nuevos y los viejos tiempos, Ryan Adams.

miércoles, julio 02, 2014

GREATEST HITS 161: SPIRIT IN THE NIGHT (BRUCE SPRINGSTEEN & THE E STREET BAND)


Ahora nos grita en la intro si podemos sentir el espíritu, la pasión. Lo hace cuatro, cinco, seis o más veces mientras nos mira desde un lado y otro del escenario. Y luego la banda estalla… pammm, papapapapaaa, pa papapapa pa… En cada concierto en el que he estado ha sido mi canción favorita. Spirit in the night tiene la misma edad que yo. Hemos crecido juntos. La última vez lloré. Ella se dio cuenta, hoy nuestros lazos se aprietan un poco más. Por la mañana y por la noche. Nuestro espíritu. Todavía hierve Spirit…, todavía moja las bragas cuando él canta “me and crazy Janey was makin' love in the dirt…”.

Ahí lo tenéis, a Bruce y la E Street Band, mucho antes de ser millonario, justo cuando yo veía la luz. Cuatro pelos en la barba, las arrugas de la delgadez, la pelambrera madrugadora. Ya el Boss. Grande. Spirit in the night. ¡Qué tipos!

domingo, junio 29, 2014

BONUS TRACK 133: FLY ME TO THE MOON (BOBBY WOMACK)


Hace unos días murió Bobby Womack. Tenía 70 años. Llegué a él por la banda sonora del film policiaco de los años setenta Across 110th street y su reconocible tema principal, rescatado muchos años después en la película Jackie Browne. No me enganché a las pocas cosas que después escuché de él y, al contrario que la crítica, me disgustó bastante su último trabajo, The bravest man in the universe, del año pasado. Sí, era osado Bobby, inquieto compositor, experimental y a veces difícil. Con motivo de su muerte he rescatado trabajos más asequibles, más proclives a dejar huella. Y me he encontrado con este fabuloso Fly me to the moon de 1969, de sus primeros discos. La voz poderosa de Bobby conduce la música a terrenos urbanos y revueltos. Soul sudoroso, funk ardiente, todavía hoy tremendamente arrebatadores.

miércoles, junio 25, 2014

VOLUME TWO 66: DAVE VAN RONK & MacDOUGAL STREET


Me recreo relajado en las páginas de The mayor of MacDougal Street. Aún no he llegado al final de los recuerdos de Dave van Ronk, ese músico y musicólogo del Greenwich Village que a tantos bardos vio llegar y triunfar o pasar de largo por sus calles y cafés. Me lo estoy pasando bien y recomiendo su lectura (por ahora creo que no hay una edición traducida al castellano) porque Dave no sienta cátedra, sino que describe con rigor musical, anécdotas y buen humor el ambiente folkie de New York (y también de California) en los años 50 y 60, el entorno político, los auténticos y los falsos ‘beatniks’… y se entretiene en las peculiaridades de unos cuantos personajes.

No era maestro de nadie, él bebía de aquí y de allá, le encantaba el folclore, la raíz musical de una cultura, por eso uno lo escucha y a veces no sabe muy bien si canta blues o folk o toca jazz o ragtime. Era un buen colega de todos, un digno camarada, por eso siempre se respetó su verbo hasta su muerte hace una década. Grabó sus discos, sobre todo hasta los años 70, y hay por ahí unas cuantas colecciones, grabaciones en vivo y alguna reedición reciente.

Escuché a Van Ronk bastante antes de Inside Llewyn Davis, aunque poco, un par de gotas. Ahora, leyendo, compruebo que en la memoria de Van Ronk se hallan no pocos detalles del guión que los hermanos Coen convirtieron en su entrañable última película: los viajes en la carretera, las noches en los sofás de los pisos de los colegas, las audiciones ante productores, las sesiones musicales en los bares…

La lectura me lleva a la música, ambas se entienden bien. Por eso escucho estos días el álbum Folksinger (1963). Caramba, este Dave es también un portento de alcance. Su voz ronca, más de negro que de blanco, y su entregada y a la vez espontánea interpretación constatan su versatilidad estilística aunque en este disco se lo escuche solo a él y a su guitarra. Sientes que estás en el Gaslight Café, por ejemplo, con el público en silencio y el humo flotando entre las cuerdas y la voz que escapa de la garganta.

Sí, es solo eso, una voz, una guitarra. Sencillo, bien hecho. Hay mucha otra gran música también, cada vez menos, y no puedes evitar lamentar cuánta mierda de música se hace hoy.

jueves, junio 19, 2014

VOLUME ONE 332: STRONG FEELINGS (DOUG PAISLEY)


A quienes no se nos agota el hambre por probar alimentos nuevos entre menúes viejos en nuestra exploración diaria por los paisajes musicales nos ocurre más a menudo de lo deseado que aquellos músicos a quienes descubrimos nos dejan con apetito o no nos saben a nada. Pero otras veces te topas con alguien que te cuenta algo distinto, alguien que sin desviarse en absoluto de las clásicas recetas te sabe diferente. ¿Por qué? Porque la forma de cantar, por cómo encajan las guitarras o se funden un par de voces, por no desvirtuar el talento ni la autenticidad. El último caso de este estilo que me ha pasado es Doug Paisley. Con su tercer álbum, este bonito Strong feelings (No quarter, 2014), perdura un rico sabor en el paladar.

Es el tercer disco de este canadiense de gesto asustadizo y precavido que aparece en la imagen. En Canadá el aire golpea de otro modo, eso creo. Advierto frescura sin corsés y una seguridad natural en varios ejemplos. Escuchando temas de Doug Paisley como Radio girl, To and fro o Where the Light takes you me reafirmo.

Nota: 7,5/10

martes, junio 17, 2014

SOUNDTRACK 152: MUSCLE SHOALS


Muscle Shoals, Alabama. Un paraíso terrenal. En una esquina interior de este estado norteamericano se grabaron los mejores discos de rock y soul de la historia desde finales de los años sesenta. En los estudios que llevan este nombre pasaron horas Aretha Franklin, The Rolling Stones, Traffic, Staples Singers, Etta James, Allman Brothers, Elton John, Paul Simon, Lynyrd Skynyrd, Bob Seger, Wilson Pickett, Black Keys y una larga plantilla de grandes músicos.

A grandes rasgos la historia es esta: también en Alabama, Rick Hall crea los estudios FAME, donde graban estrellas del R&B respaldados por la música y los arreglos de fantásticos músicos de sesión con bagaje en estudios de New York y Nashville. Cuatro de esos músicos (Barry Beckett, David Hood, Jimmy Johnson y Roger Hawkins), conocidos como The Swampers, se marchan de FAME y levantan Muscle Shoals, donde la música, el sonido Muscle Shoals, es lo más parecido a una bendición. La huida enfangó las relaciones durante muchos años, pero pasado el tiempo hicieron las paces. Todo ello, con la elegancia de unas imágenes preciosistas y la aportación de numerosos testimonios, lo cuenta el documental Muscle Shoals, dirigido por Greg Camallier y estrenado en el Festival de Sundance el año pasado.

Todos tenemos en nuestros muebles discos nacidos en Muscle Shoals. No dejéis escapar este documental magnífico para seguir amando la música hasta las entrañas.

viernes, junio 13, 2014

¿DISCOS GIGANTES?


El suplemento de ocio de un periódico nacional le sacude el polvo a unos cuantos discos que califica como “gigantes”, obras grabadas todas hace justo dos décadas, en 1994. La mayoría fueron éxitos de ventas y de relevancia y calado entre la juventud y hoy gozan todavía de un reconocimiento que no ha perdido peso e incluso siguen ganando adeptos. 


Una gran parte de esos discos representa muy bien el ambiente musical de aquel año o aquella época (Dummy de Portishead, Parklife de Blur, Weezer de Weezer, Dog man star de Suede, Definitely maybe de Oasis… muy británico) y con el tiempo perviven más allá de su apogeo como elementos culturales distintivos de un momento. Las obras de Portishead y Suede me chirrían, lo de Weezer me deja indiferente y los jóvenes latidos de Blur y Oasis aún merecen ser refrescados.

Para seguir, digamos que acepto siendo generoso Let love in de Nick Cave. No paso por Illmatic de Nas, III Communication de Beastie Boys, Crazysexycool de TLC. Y nunca me gustaron The Holy Bible de Manic Street Preachers, Super 8 de Los Planetas (no nos olvidemos de casa) ni el fervoroso Dookie de Green Day.

De entre estos selectos discos solo a uno me atrevería a atribuirle un calificativo grandilocuente, no sé si ‘gigante’, pero sí merecedor de formar parte de esta lista. Se trata de Grace de Jeff Buckley.

Ya veis que en pleno auge brit y grunge a ambos lados del Atlántico nadie encumbra las obras de los mejores grupos de Seattle. Lo cual no me extraña, visto el efecto dañino de su oscurantismo lírico y atmosférico sobre el reloj de la vida y los designios de las modas.

La música… también tiene su momento.

Ya no sé bien si me sorprende que no haya encontrado entre casi 900 discos de todos los estilos de aquel año 1994, en mi efervescencia universitaria, obras que pudiera considerar ‘gigantes’. Creo que no. Me tomo la libertad de repasar aquel año e incluir entre los álbumes superiores a los arriba citados (aunque no tan descriptivos de aquel tiempo) otros tantos como, por ejemplo:

Second coming (Stone Roses), Wildflowers (Tom Petty), American Recordings (Johnny Cash), Whiskey for the Holy Ghost (Mark Lanegan), Amorica (The Black Crowes), Welcome to the cruel world (Ben Harper), Voodoo lounge (The Rolling Stones), Talking Tumbuctu (Ry Cooder & Ali Farka Toure), Purple (Stone Temple Pilots), Monster, (REM), Welcome to Sky Valley (Kyuss), Superunknown (Soundgarden) o Vitalogy (Pearl Jam).

miércoles, junio 11, 2014

VOLUME ONE 331: CHILDHOOD HOME (BEN & ELLEN HARPER)


Otra razón para afianzar la fidelidad a Ben Harper. Su madre, Ellen, tuvo gran culpa de que al chico le gustase la música muy pronto. Trabajaba en un centro musical y en un museo y en casa Ben se crió entre pasiones antiguas y referencias continuas. Con una sólida base es más fácil después interpretar bien, crecer mejor y experimentar con soltura. Y eso ha hecho Ben hasta la fecha, componer y producir con destreza y saber acompañarse bien. A los fenomenales discos con Relentless 7 le siguió el fantástico álbum del año pasado junto a Charlie Musselwhite, Get up!, al que ahora sucede este tierno y melancólico Childhood home (Prestige Folklore, 2014). Ben Harper y su madre se reparten composiciones y voces para traer la infancia y los recuerdos a primer término. Folk cálido, descansado y amoroso (amor de madre, amor de hijo). Respaldan entre cuerdas los compañeros de Ben, que sigue tocando las acústicas como los ángeles.

Nota: 7,5/10

VOLUME ONE 330: STRANGERS (SIMONE FELICE)


Apuntes rápidos sobre novedades para conservar. El hermano Simone se apartó en silencio de los Felice Brothers hace unos años, primero para entregar un par de trabajos memorables bajo el nombre The Duke and the King y después para trazar en solitario las líneas reconstruidas de una mala racha personal con su propia firma. Simone Felice titula Strangers (Team Love, 2014) su segundo disco, un ligero desvío de la ruta musical emprendida desde que saliera de la banda fraternal pero que no pierde el norte crepuscular de un tono que parece marca de fábrica. El álbum arranca alegre y se va entristeciendo, aunque las voces traseras de un coro juvenil enciendan algún tema. Simone canta más próximo, sin el sudor y la tierra que brotaba de sus días con sus hermanos. Delicado aún.

Nota: 7/10

domingo, junio 08, 2014

LIVE IN 159: JOE HENRY, AVILÉS 2014

'The soul of a man', se llamaba el ciclo. Joe Henry y su alma. La abrió en la intimidad, compartió el sentimiento palpitante de sus canciones. No le hizo falta más que dos guitarras, un piano, el saxo y el clarinete de su hijo Levon y su voz. La música es tan sencilla… Así le puso el broche dorado a su gira acústica de cinco fechas en España, ayer en el Centro Niemeyer de Avilés.

Mi ciclo de los grandes, el de esos músicos que cada día me regalan razones para ser optimista y que me van a acompañar toda la vida, se va completando. Me quedan muy pocos para disfrutarlos en carne viva, cara a cara. Joe era uno de ellos. Joe está en una dimensión diferente, en la nave de quienes convierten la música en un sentimiento purificador, en una necesidad para la salud. Por cómo canta, por cómo transpira su interpretación, por cómo habla y emociona, por cómo suena.
Casi hora y media. Odetta, Like she was a hammer, God only knows, The man I keep hid y medio repertorio de su maravilloso último album, Invisible hour, sonaron celestiales. Me hubiera encantado tener delante a su banda al completo, pero su actuación fue excepcional. Apenas éramos 100 en un auditorio de más de 1.000 butacas. “Hay más intimidad en mi habitación del hotel”, dijo Joe al pisar las tablas, el eco del paso solitario de sus botas. Una pena. O una bendición.

Life is music. Muchas muchas muchas gracias por tu música, Joe Henry.

jueves, junio 05, 2014

BONUS TRACK 132: STREET LADY (DONALD BYRD)


Donald Byrd es quizá mi ‘jazzman’ favorito. O sin quizá. Qué tipo, qué bien suena haga lo que haga. Porque su evolución musical fue pareja a la de otros grandes como Miles Davis o John Coltrane y sobre todo en los setenta fusionó géneros y exploró nuevos horizontes en los que el jazz se podía estirar a sus anchas. Además de tocar con gente de la altura de Sonny Rollins, Hank Mobley, Kenny Burrell o Art Farmer, por mencionar unos pocos, tiene una veintena de discos bárbaros entre finales de los 50 y mediados de los 70. Tenía una sólida formación musical y hasta que murió el año pasado a los 83 años se dedicó a enseñar música.

Escojo un disco, este Street lady (1973), que curiosamente no es de los mejor valorados, pero que a mí me encanta, y no solo por tan calurosa e incitante portada. Donald deja muestras de su gusto por un funk muy vivo y transparente que se va arrimando a la música de baile, y que todavía se asiente en ritmos ágiles y pegadizos. Con temazos como el que da título al disco o Witch hunt, este álbum es una rareza grandiosa de los archivos mágicos de Blue Note y de la tremenda carrera de Donald Byrd.

martes, junio 03, 2014

VOLUME ONE 329: EMMA JEAN (LEE FIELDS)


Se descubren un poco tarde. Algunos/algunas tuvieron algún éxito hace décadas pero nunca destacaron en primera o segunda línea. Otros/otras empezaron a dejarse a oír ya entrados en años tras mucho tiempo a la sombra o dedicados a otras cosas. Le pasó a artistas como Bettye LaVette, Sharon Jones o Charles Bradley por diferentes razones; también a Lee Fields, admirador en fondo y formas de James Brown, un tipo al que en los últimos años le dedican más espacio en más revistas. Publicó un álbum en l979 y luego no reapareció hasta 1992. Yo lo encuentro en 2008 con My world, tengo pendiente su álbum de 2012 Faithful man, y acudo a él de nuevo con Emma Jean (Truth & Soul, 2014).

Hay calor en este disco, pese a que no lo transmita su helada foto de cubierta. Vibra un funk limpio y acolchado, con el sello elegante de estos tiempos y el aura revestida de años lejanos. Lee Fields afina su garganta y su banda, The Expressions, se encarga de acicalar la música. Se va entonando este viejo socio hasta culminar con alguna que otra descarga enérgica como Stone angel y Don’t leave me this way y dejarte un regusto delicioso.

Nota: 7,5/10

sábado, mayo 31, 2014

SOUNDTRACK 151: A 20 PASOS DE LA FAMA


Están detrás de la estrella, a quince o veinte pasos, dándole cuerpo a las canciones y elevándolas por encima del público, dejándose la garganta y el sudor de sus cuerpos. En directo, y a veces en estudio, tienen tanto peso como el guitarrista o el teclista, por eso ellos las adoran. Y nosotros, deberíamos. Son las coristas, las voces de apoyo, que dan tanta fuerza o sutileza a la música como expresión y viveza. No es la primera vez que me deshago en elogios a los secundarios y estos, estas, bien que lo merecen. De ellas trata el documental A 20 pasos de la fama (Twenty feet from stardom), de Morgan Neville. Y hablan las grandes, pioneras y legendarias como Darlene Love, Claudia Lennear o Merry Clayton, o poderosas prodigiosas como Lisa Fischer o Táta Vega. Son soportes imprescindibles que han estado detrás y dentro de las mejoras canciones de los Rolling Stones, Tina Turner, Ray Charles, Stevie Wonder, Lynyrd Skynyrd, Sting, T-Rex, Elton John, David Bowie… Son también artistas a las que el éxito individual ha regateado y a las que el pago de las facturas les ha jugado alguna mala pasada. La música es muy grande. Muy recomendable película.

jueves, mayo 29, 2014

BOOTLEG SERIES 35: SONGS FOR SLIM


Me gusta el gesto. Slim Dunlap sufrió un derrame cerebral hace dos años, necesita cuidados intensivos para el resto de su vida y el seguro no le cubre toda la atención médica. Sus amigos quisieron ayudar a su familia para poder afrontar los gastos sanitarios e invitaron a músicos a contribuir con versiones de las canciones de Slim para editarlas primero en varios Eps cada mes y después en un disco doble con bonus tracks. El álbum benéfico lleva el nombre de uno de sus temas: Rockin here tonight. Canciones para Slim. De alguna manera creo haber contribuido comprándolo.

Sabía que Dunlap formó parte de The Replacements en un par de discos, pero nunca seguí al grupo de Minneapolis. Después me enteré de que había formado parte de otras bandas de la ciudad y de que en solitario publicó dos trabajos que tuvieron buena acogida hace años. En Rockin here tonight aparecen ‘covers’ de esas canciones de sus dos álbumes. Dan una idea de la versatilidad rockera de un Slim Dunlap ora festivo ora reposado, ora melancólico ora en jolgorio. Entre lo mejor de la colección: Lucinda Williams, Jeff Tweedy, Joe Henry, The Minus 5, Steve Earle, Tim O’Reagan o Jakob Dylan.

sábado, mayo 24, 2014

73… AND LIFE GOES ON


A él un año más quizá ya no le diga nada… bueno, a mí me ha hecho acordarme de él. Puede que lo celebre componiendo una canción nueva, o con una vela encendida que le entregue su banda en la cima de un pastel, esta noche en pleno concierto o de regreso a la carretera, ya en el autobús. 24 de mayo. Feliz vida, Bob.

miércoles, mayo 21, 2014

BONUS TRACK 131: 1972 (JOSH ROUSE)


En los primeros días de este blog, a finales de 2005, le dediqué una entrada a Josh Rouse, alguien a quien había descubierto por casualidad y al que acabé siguiéndole los pasos, no muy de cerca pero siempre sabiendo en qué andaba metido. El hombre, natural de Nebraska, se acabó instalando en España, poniéndole música a la película La gran familia española y hasta cantando en castellano. Su cuarto disco es 1972 (2003), el año de su nacimiento y uno de los mejores ejemplos de álbum pop perfecto; en los siguientes, aunque elogiables casi todos, no alcanzó el mismo nivel.

Sutil, cuidado, suave, sensorial, de arreglos inmaculados… un aura nostálgica e inocente envuelve 1972, fresco pop blanco aderezado de soul sofisticado. De su decena de temas me costaría escoger uno preferido: ¿Love vibration, James, Comeback (Light therapy)…? Entrar en este disco te sitúa en otra parte y otro tiempo. ¿Habéis sentido alguna vez la magia de la música?

lunes, mayo 19, 2014

VOLUME ONE 328: TURN BLUE (THE BLACK KEYS)


De vuelta a otra realidad, hay que detenerse en Turn blue, el esperado nuevo disco de The Black Keys. ¿Por qué esperado? Un par de razones: porque después de dos bombas como Brothers (2010) y El Camino (2011) uno se pregunta si el dúo de Akron será capaz de repetir virtudes y atraer nuevas alabanzas; y porque el grupo es hoy uno de los líderes más estimulantes de la Primera División. Pues Turn blue (Nonesuch Records, 2014) se aúpa sin despeinarse a cotas bien altas y consolida a la banda como una gran (e indiscutible) referencia contemporánea.
Me cuestionaba en las semanas previas a su lanzamiento y tras escuchar su fenomenal single de adelanto, Fever, si The Black Keys sabría mantener intacto su listón y no caería en vicios grandilocuentes o apuestas repetitivas. Hay un poco de El Camino en esas voces afeminadas de Auerbach y esos coros femeninos presentes en un par de temas y algo de Brothers en el aliento atmosférico de otro par de canciones. Pero la propuesta de Turn blue se diferencia de sus precedentes en la creación de unos climas más psicodélicos (Weight of love), frívolos a veces pero siempre pegadizos (10 lovers), sin renunciar a la contundencia rítmica (It’s up to you now) y a las estructuras atrayentes, de las que hacen repetir el estribillo, correr entre las guitarras y dejarse absorber por el ambiente.

Un pequeño pero entre un conjunto notable: la producción demasiado plástica del propio grupo y de Danger Mouse abusa un poco de adornos y trucos caprichosos y da la sensación de que a uno o dos temas les quedaría mejor una capa menos de sonidos o instrumentos.

Nota: 8/10

sábado, mayo 17, 2014

EL VALOR DE UN DISCO


Hablamos estos días, volvemos a decirnos, que las sensaciones de la música se disuelven y confunden, que no recuperamos ya el momento de entrar en los discos como cuando desgastábamos los vinilos debajo del brazo, que los cds que reposan en nuestros estantes desaparecerán para siempre en pocos años, que ya no tiene encanto alguno sacarlos de la caja, meterlos en el equipo y esperar unos segundos a que empiecen a sonar y a atraparnos… Sí, un poco (o un mucho) de todo eso es cierto. Pero algunos aún resistimos.

Yo, por ejemplo, sigo escuchando mucha música pero comprando bastante menos. Al viajar me gusta rebuscar y encontrar rarezas o adquirir lo que me da pereza ir a buscar a media hora de mi casa. En ocasiones me dejo caer por un mercadillo o una feria del disco para remover en el polvo y llevarme un par de piezas. Y otras veces me caen uno, dos o tres discos de regalo que me sientan de maravilla, aunque los abras y no te encuentres más que el cd y el careto del artista, la fotografía de una pradera o un cartón en blanco con nada más que los nombres de quienes intervienen.

Bueno, todo eso no importa, me digo. Porque tengo un disco en mis manos que alguien me ha regalado. Y ese, para mí, es el verdadero valor que tiene un disco. Y la música.

jueves, mayo 15, 2014

SAUDADE


Las palabras se quedan atrás mientras empuja el viento. Un estado de incertidumbre y atontamiento, de apatía y desaliento. Estoy blue sin que me entre un buen blues, descarto a los Black Keys y regreso al desencanto alcoholizado del Tonight’s the night de Neil Young. Es lo más parecido que encuentro a una explicación coherente. Será que las rutinas no me han dado la bienvenida, que la libertad es hoy un derecho demasiado perecedero, o que me aguarda desafiante e invencible el segundo año de esta década.

lunes, mayo 12, 2014

LIVE IN 158: AMOS LEE, BARCELONA 2014



Echaba de menos la excitación de un directo, de un teatro limpio y acogedor sin butacas para acercarse de pie a la primera fila, plantarse allí y esperar entre ingenuo e impaciente a que la música te cubra y el músico te haga sentir bien. El Barts de Barcelona nos llamó para ver a Amos Lee el día 11, y el chico y su música cumplieron. Las simpatías que me despierta desde hace tiempo crecen y el de Philadelphia ofreció un concierto ejemplar, el último de la breve gira europea para presentar su acertado disco Mountains of sorrow, Rivers of song.

Con el carisma calculado para no resultar ni lejano ni empalagoso, sin poses ni estridencias, Amos Lee y sus cinco acompañantes superaron el notable. Imponente, oculto siempre tras sus gafas, sutil en sus movimientos, sensual de voz y entrañable en su actitud, Amos se marcó un directo que repasó los mejores temas de sus álbumes (alguna ausencia perdonable), con puntuales concesiones a las habilidades encomiables de sus músicos y con el añadido singular de un medley de lo más sugerente que unió a Queen y a Beyonce. Ole maestro.

Gustó y dejó huella. Al final del bolo, unos pocos esperamos al artista y su gente. Una monada que había disfrutado antes de lo lindo a los pies del cantante se le acercó para pedirle una foto y la firma de unos discos. Él accedió, claro. Y ella, radiante de gloria, le pidió disculpas por abrazarse a su cintura y mirar a la cámara con la sonrisa pura de la felicidad. Muy bien, Amos.

miércoles, mayo 07, 2014

BONUS TRACK 130: ON THE BEACH (NEIL YOUNG)


Tras navegar hace poco por el sueño memorístico del hippie Neil Young rescaté un par de discos cuyo recuerdo tenía nublado. On the Beach (1974) emerge poderoso en una década fascinante del autor, a la altura de Harvest o Comes a time. Pero distinto: es un álbum de ánimo decadente, marcado por la pérdida de músicos cercanos y el traumático nacimiento de seres íntimos. Suena a depresión, resaca en la playa al amanecer, como transmite su fantástica cubierta. Son los años de Laurel Canyon, con gente como Nash, Crosby, Levon Helm y Rick Danko acompañando a Young y a Crazy Horse. Solo tiene ocho temas, cinco de ellos gloriosos, de los que te cogen del cuello y te ponen la piel de gallina mientras te transportan a otro tiempo (Walk on, On the beach y el trío de blueses crepusculares que forman Revolution, Vampire y Ambulance).
Cada disco tiene su historia propia en cada uno de nosotros. Hace tiempo, cuando grabábamos cintas, un conocido con el que ya no me trato y yo andábamos detrás de este disco. Entonces estaba descatalogado, o eso creíamos, pues no había copia en cd por ningún lado y amazon, por ejemplo, aún no existía. En una feria del disco preguntamos en un puesto si por casualidad tenían On the Beach, de Neil Young. El tipo, con el aire de superioridad del comerciante que presume de tener no pocas rarezas, nos dijo que por ahí andaba, en una de las cajas de discos expuestas. Removimos un poco y lo encontramos. El colega se lo llevó a casa para completar su colección de Neil Young y yo, pues lo grabé en cinta. Años más tarde, el disco se reeditó en cd y aquí lo tengo, bien cuidadito para volver a escuchar en momentos como este.

lunes, mayo 05, 2014

VOLUME ONE 327: PHOSPHORESCENT HARVEST (CHRIS ROBINSON BROTHERHOOD)



La hermandad de Chris Robinson se cita a menudo para brindar y experimentar con la música en directo y en estudio. Entre giras con los Black Crowes, Chris junta a Neal Casal, Mark Dutton, Adam MacDougall y George Sluppick, y bajo la producción de Thom Monahan graba discos que complementan la rica herencia de los cuervos y exploran paisajes coetáneos. No, no son los Crowes, pero no se distancian mucho. La pócima consiste en dejarse empujar por el humo que desprende un rock and roll libre y envolvente y el brebaje que se obtiene es más que sabroso.

Phosphorescent Harvest (Silver Arrow, 2014) es el tercer disco de estudio, el más lisérgico. Lo que suena encuentra mejor acomodo en los años setenta que en estos días, junto a alguna memorable actuación de los hermanos Allman o los Grateful Dead. Son temas que sobrepasan los cinco minutos, con desarrollos muy cuidados que parecen espontáneos, que fluyen describiendo estampas atmosféricas como si a veces los músicos estuvieran en trance. Hay algún que otro tema brillante: About a stranger, Tornado y sobre todo Burn slow. Se disfruta a la espera del próximo graznido de los cuervos.

Nota: 7,5/10

domingo, mayo 04, 2014

VOLUME ONE 326: CAUSTIC LOVE (PAOLO NUTINI)


Tiene apellido (y sangre) italiano, aspecto latino y voz de negro, pero es escocés. Más negro que antes suena en su tercer disco, Caustic love (Atlantic, 2014), para el que ha dejado pasar cinco años desde el exitoso Sunny side up, aquel con el maravilloso tema Candy. Sí, suena soulero y funky Paolo Nutini, aunque su nuevo álbum viste un soul y un funk demasiado premeditados y el conjunto, algo recargado, necesite más de un par de escuchas para encontrarle el encanto. Lo tiene porque hay energía y nervio; y además porque hay un par de canciones deslumbrantes, Better man y Iron sky, que merecen volver a escucharse por separado para guardarse este disco en el cajón de los trabajos refrescantes del año.

Nota: 7/10

jueves, mayo 01, 2014

SOUNDTRACK 150: HOUSE OF CARDS (2)


(Antes de todo, SPOILER Así se dice cuando alertas de que conviene no seguir leyendo para no desvelar algo clave al lector, ¿no?... No me gusta usar anglicismos como este o film noir u overbooking, pero esta vez cae un spoiler para un nuevo comentario sobre una serie que pone de muy mala hostia, pero una serie espléndida. Quienes estáis metidos en faena política pasad de este post.)
Sí, una serie que pone de muy mala hostia, pero ¡una serie de la hostia! Tiene huevos que el hijo de puta más grande de la televisión se salga con la suya incluso cuando está más acorralado, cuando está a punto de ser descubierto, de que se le caiga su castillo de naipes, se delate su maldad o quede atrapado en un renuncio durante la constante partida de póker que lidia con sus rivales, cómplices, socios y camaradas de juego político. Estás deseando que se pudra, que se joda y no parece que haya nada que tumbe a este canalla. Qué bajo caen otros célebres villanos del cine y la tele al lado de Frank Underwood.

En su segunda temporada, House of cards vuelve a regalar otra lección de elegancia visual y brillante factura técnica (Jodie Foster y Robin Wright se suman a la nómina de directores), argumentos de retorcida intriga política (qué divertida es la política cuando USA la sirve tan bien contada en cine y TV y que repugnante es en la vida real), sugerentes subtramas y, de nuevo, recitales magistrales de interpretación. Si Kevin Spacey ya había conseguido guardarse una parcela en la finca de personajes memorables del cine gracias a Seven y American beauty, su Frank Underwood de esta serie lo inmortaliza como una descomunal presencia maléfica.