martes, diciembre 02, 2014

SOUNDTRACK 159: THE RUTLES: ALL YOU NEED IS CASH


¿Conocéis a los Rutles? No, supongo que no, porque The Rutles no existen. O si. Fueron creados por Eric Idle y Gary Weiss en 1978 para parodiar en un programa de televisión el nacimiento, la carrera y la disolución de The Beatles. La idea original era que la producción formase parte del Saturday Night Live y acabó convirtiéndose en un documental descacharrante, delirante, maravilloso.

Con Idle al frente es lógico que The Rutles: All you need is cash esté filtrado por el humor genuino e intransferible del grupo cómico al que pertenecía, los Monty Phyton. La parodia es de campeonato: para empezar, los cuatro de Liverpool son bastante feos, con Idle como McCartney; después, el grupo en sus orígenes, el viaje a Hamburgo (tocan en un local ahora cerrado y lleno de ratas), los cortes de pelo, los ridículos movimientos mientras actuaban, los numeritos infantiles por el campo y las calles, la histeria de las fans, las películas (Ouch! en vez de Help!), el cambio de rumbo gracias al consumo de… té (con quien les pone en contacto un tal Bob Dylan), el viaje espiritual a la India (donde conocen a un gurú del sexo que viste gabardina), Tragical Hystory Tour, el romance del presunto Lennon con una soldado nazi, la fiebre compositora del supuesto McCartney, la separación… y muchas cosas más.
Aparecen Jagger, Bill Murray, Paul Simon, Belushi y Ayckroyd, Ron Wood, Harrison. Y las canciones son variaciones desternillantes de los propios temas de The Beatles. Podéis encontrarlo en la Red. Si queréis partiros de risa un rato, ya sabéis.

sábado, noviembre 29, 2014

BONUS TRACK 137: WHITE LIGHT (GENE CLARK)


Cuenta Sid Griffin en las notas interiores de este disco que de forma incomprensible desapareció su título en la impresión de la imagen de la cubierta. Junto al nombre de Gene Clark debería aparecer “White Light”, pero solo se imprimió el del autor, sentado a lo lejos, se intuye que junto a una guitarra, contra el horizonte que solo ilumina una luz, un sol, crepuscular. Anécdota al margen, el disco perdura a lo largo de los años como una de las joyas más deslumbrantes del country rock americano.

Se he escrito y dicho que Gene Clark era el talento más notable de The Byrds, a los que entregó fantásticas composiciones. Pero los celos y los egos acabaron por apartar a Clark de la banda solo dos años después de cofundarla junto a Roger McGuinn. Inició un camino en solitario irregular, aunque con algunas maravillosas etapas, como ese trío de discos de comienzos de los setenta que componen White Light (1971), Roadmaster (1972) y No other (1974). El primero es finura acústica, profundidad expresiva, atmósfera libre e irrepetible.

THE WORST OF


Qué manía siempre con lo mejor. Conviene desaconsejar, castigar también, lo he dicho en estas líneas. Alguna revista internacional publica ya sus listas anuales de preferencias musicales. Muy pronto lo harán las nacionales. Cada vez más de aquí y de allá. Pero, ¿y lo peor? ¿Qué es lo peor que han escuchado los expertos y melómanos del rock and roll este año? Y a nosotros, ¿qué es lo que nos ha decepcionado más de entre aquello que hemos seleccionado para merecer nuestra escucha? Yo me quedo con esto, siempre dentro de aquellos artistas y bandas que me han interesado entre los muchos que han pasado por mis oídos.

-Beck, Morning phase
-Counting Crows, Somewhere under Wonderland

-Damien Rice, My favourite faded fantasy
-Damon Albarn, Everyday robots
-Neil Young, A letter home
-Russian Red, Agent Cooper
-Stephen Malkmus & The Jicks, Wig out at Jagbags
-Tori Amos, Unrepentant Geraldines
-Tweedy, Sukierae
-Wolfmother, New crown

Y sumemos a Robert Plant, Imelda May, Joan as Police Woman, Mark Olson, Bob Seger.

sábado, noviembre 22, 2014

VOLUME ONE 347: PHANTOM RADIO (MARK LANEGAN BAND)


La escucha de este disco, entrega de un juego al despiste que practica Mark Lanegan desde hace unos años, abre en mí nuevas reflexiones sobre los caminos que toma o debe tomar un músico con el paso del tiempo, sobre el apego a sus orígenes o su apuesta por el riesgo, sobre la permanencia o la radicalización. Apruebo el cambio sin excesos ni traumas Lanegan no sobrepasa los extremos que cabría suponer en la lógica que ha acompañado a su carrera y que nos ha transmitido, aunque a veces se pregunta uno a qué responden ciertas colaboraciones o variantes de registro. Inclinaciones e inquietudes enriquecedoras del autor, debemos creer.

Tras el insípido Black Pudding con Duke Garwood, el anodino Imitations y el descentrado Ep No bells on Sunday, de este año, Phantom Radio (Vagrant, 2014) parece una coherente continuación de Blues Funeral (2012), firmado también por Mark Lanegan Band. Se repiten atmósferas oscuras adornadas con texturas pop y electrónica y reaparecen viejos ecos bajo los que yace la raíz grunge (el inicial Harvest home y el final Death trip to Tulsa). Aunque un poco inferior al funeral del blues, esta radio fantasmagórica reafirma mi aprecio por músicos como Lanegan que en lugar de ceñirse el traje de todos los días, apuesta por variar el vestuario sin desentonar.

Nota: 7/10

viernes, noviembre 21, 2014

BOOTLEG SERIES 41: DOCTORES, PROFESORES, REYES Y REINAS DE NEW ORLEANS


La música nos lleva a miles de lugares sin movernos del sitio. Esa es la fuerza de la música, su capacidad para hacernos volar y sentir, a la que ayuda mucho nuestra voluntad por entrar en el clima de las canciones y el impulso de la imaginación. Con el viaje a través de las autopistas sónicas de Foo Fighters en la HBO estamos haciendo escalas en ciudades americanas de diversa riqueza musical, aunque en ocasiones filtrada por los condicionantes particulares de Dave Grohl y su banda. Otro medio de transporte más circunscrito a un único lugar, aunque empapado de una enorme variedad musical, es dejarse guiar por una fabulosa caja de cuatro cds que viene a almacenar el testimonio de 85 músicos de ayer y de hoy apegados a la ciudad de New Orleans.

La colección presenta la gran caja musical de New Orleans (Doctors, professors, kings and queens: The big ol’ box of New Orleans), donde los doctores, profesores, reyes y reinas de la ciudad (Neville Brothers, Clarence ‘Frogman’ Henry, Dr. John, Irma Thomas, Little Richard, Eddie Bo, Louis Armstrong, Allen Toussaint, Marcia Ball, Professor Longhair, The Dirty Dozen Brass Band, Fats Domino, Sonny Landreth, The Meters…) nos ayudan a pasear, a flotar y a dejarse embrujar por sus calles y locales aunque nunca los hayamos pisado. La apuesta de este tesoro musical maravillosamente presentado y comentado en un estupendo libreto de 84 páginas consiste en combinar sin orden cronológico, de atrás adelante y de delante a atrás, jazz, blues, ragtime, rock, soul y las peculiares combinaciones generadas por el mestizaje cultural de la ciudad. Y vaya que es un viaje fantástico.

lunes, noviembre 17, 2014

LIVE IN 165: EL TIEMPO, EL AMOR Y DYLAN



Una dosis provechosa de lectura musical. Por mucho que sepamos, siempre nos quedará algo por aprender. Por Time out of mind, Love and theft y Modern times navega el periodista Eduardo Izquierdo en su libro Bob Dylan. La trilogía del tiempo y el amor (66rpm). Trilogía o no, el periodo que cubre la aparición de estos tres discos, entre 1997 y2006, es una buena excusa para recrearse una vez más en los misterios, los acertijos, las travesuras, las palabras y la música de Bob Dylan. En una de sus etapas más luminosas y gratificantes, además. Y de eso sabe Izquierdo un rato largo.

Mmmm, delicioso trago es este libro. A lo ya sabido por quienes no le perdemos el rastro a Dylan añaden estas páginas detalles y datos sabrosos que son el resultado de un esforzado trabajo de documentación. Sabes que estos tres discos son 10 sobre 10 y lanzarse a un baño de oro puro nunca es una pérdida de tiempo. Justificación también para escuchar sus canciones mientras la vista pasa por lo escrito acerca de ellas. El autor recorre los surcos de estos tres álbumes fantásticos y cuenta cómo se gestaron, se produjeron, se grabaron y calaron en la prensa y en el público. Interpreta las letras, formula teorías, recoge opiniones y también las lanza. También cubre las brechas entre disco y disco para reforzar la relevancia, la magnitud, de los tres trabajos discográficos y los años que los envuelven: la salud del músico, una película en la que interviene, un glorioso documental sobre sus primeros años, un maravilloso programa de radio, una gira interminable…

Dylan en estado auténtico. Pasión por Dylan desde el refugio de la escritura. Este libro es una buena inversión.

jueves, noviembre 13, 2014

¿CUÁNTO VALE LA MÚSICA?


Nos lo sabemos todo de él. O casi todo. Lo hemos escuchado cientos de veces, en sus discos oficiales y en unos cuantos bootlegs. Leemos artículos sobre él, reportajes, biografías, reseñas, críticas, teorías, juegos. Lo escuchamos en la radio o vemos sus documentales, sus actuaciones, sus películas. Pensamos en él a veces, en sus giras sin final, en sus hábitos diarios, en las reclusiones, en lo que hay detrás de la imagen, del genio y el mito. Y nos acompaña en casa, en nuestras vidas. Oh, dios, agradecemos su música como el salvavidas en el océano.

Una vez se encerró en una casa en el bosque y llamó a unos amigos para tocar. De allí salieron muchas canciones, algunas reunidas años después en un disco doble, otras (más) en una grabación pirata. Ahora todas, todas, 138, componen una caja de seis discos preparada con mimo y lujo en su diseño y en su sonido para el goce de sus oyentes más fervorosos. O para el descubrimiento de todos.

¿Qué precio tiene su obra? ¿Cuánto vale aquel encierro creativo? ¿Pagaríamos casi 120 euros a tocateja por este tesoro real y oficial de nuestro músico favorito, del que llevamos dentro, del que nos hace amar la música cada día un poco más? ¿Tenemos otras facturas en nuestra vida cotidiana en las que emplear esta parte de nuestro sueldo o nuestros ahorros?

The answer, my friend, is…

martes, noviembre 11, 2014

VOLUME ONE 346: SONIC HIGHWAYS (FOO FIGHTERS)


La ambición que caracteriza el proyecto Sonic Highways, surgido de la incontinencia creativa de Dave Grohl, se traduce en un leve desequilibrio en sus resultados. Notable muy alto a la serie de la HBO, aprobado al álbum, el noveno del grupo.

El líder de los Foo Fighters ha querido expresar su amor por la música y los músicos con los que creció, y que de algún modo inspiraron a él y a su banda en su carrera, a través de un apasionante viaje a ocho ciudades estadounidenses y su herencia musical. La serie recoge esos viajes, un repaso a cada entorno (muy bien filmado y ágilmente montado) y la grabación de un tema del disco en un legendario estudio de cada ciudad, con el que se cierra cada episodio.

Grohl no me cae especialmente bien, me carga: sabe rodearse bien y presume de sus amistades, disfruta actuando como un tipo demasiado guay que trabaja mucho y colabora aquí y allá. Pero aprecio parte de esa hiperactividad, como cuando rodó el documental Sound City sobre el célebre estudio de Los Angeles o ahora cuando crea y dirige la serie Sonic Highways. El experimento es una forma diferente, muy atractiva y bien hecha de promocionar el nuevo disco de su banda. Y de manifestar el agradecimiento íntimo que siente por la fuerza emocional de la música.

Un párrafo sobre el disco, Sonic Highways (Roswell, 2014). Foo Fighters no me seducen mucho, nunca lo hicieron, y seguirán sin hacerlo. Sí, más de una canción funciona (Something from nothing, Outside), las guitarras se te meten dentro y te agitan, te hacen saltar y sudar, pero también hacen agotadoras las canciones. Porque Grohl grita de más cuando alcanza el clímax y algunos temas padecen una tendencia nada disimulada a la épica trascendente.

Nota: 6,5/10

SOUNDTRACK 158: UN BODRIO CON ELVIS


Me dio por ver una película con Elvis Presley, una de las más conocidas de la treintena de films que rodó el Rey entre 1956 y 1969. Muy pocas merecen la pena, la mayoría son muy malas. Cita en Las Vegas, o Viva Las Vegas, según su título original y la animosa canción, es una de las malas. Y ridícula, estúpida.

Con el rock and roll prácticamente en pañales y la eclosión social y cultural de esta música y su efecto en la juventud al rojo vivo, Elvis (cantante, showman y fenómeno popular al margen) era sobre todo un suculento producto comercial y para venderlo había que explotarlo al máximo. El coronel Parker utilizó el potencial de la estrella del rock que representaba y lo convirtió además en una figura de cine. Actor es un término que le queda demasiado grande.

Vista en su día, Viva en Las Vegas (George Sidney, 1964) tendría su gracia, lo imagino. Los fans de Elvis la disfrutarán aún con una sonrisa perdonando sus defectos y defendiendo su encanto. Vista hoy, es una película mala de verdad.

Elvis es un mecánico muy chulo que nunca se ensucia ni se despeina ni se desmaquilla, además de un piloto de coches que sabe surfear de maravilla, manejar un helicóptero como si nada y cantar. Canta cuando le apetece, allá donde hay una banda que clava los temas que él interpreta o donde por arte de magia aparecen de la nada una guitarra o un piano para cantarle una canción a una jovencita que le hace tilín, una estupenda Anne Margret. Como quiere conseguir un motor especial para ganar una carrera cree que ganando un concurso de canción (qué casualidad) podrá pagarlo. Su tema (Viva Las Vegas) empata con el de la chica (otra casualidad) y el desempate lo decide la intensidad de los aplausos del público. Al final gana pero no obtiene el dinero, que en un giro incomprensible de argumento se lo financia el padre de la chica. Lo monta en el coche en tiempo récord y llega a punto para correr. Arranca el último en línea de salida y, cómo no, gana. Cruza la meta, cortinilla secuencial, y lo vemos casado con la chiquilla, a la que antes solo le ha dado inocentes besitos. Ah, ingenuo cine.

sábado, noviembre 08, 2014

VOLUME ONE 345: ARE WE THERE (SHARON VAN ETTEN)


Propuesta hipnotizante de la mano de Sharon van Etten. Las canciones de Are we there (Jagjaguwar, 2014) reposan flotantes una vez consumidas, descargan un eco etéreo por esa voz pausada y perezosa de la autora y la música dilatante de su banda. Taking chances, Tarifa o Every time the sun comes up, por ejemplo, dan fe de esa relajante y reflexiva huella que acompaña al regusto que deja la escucha. Acertada se muestra la cubierta viajera del disco, su apuesta cromática y la sensación de recibir el aire en la frente. Acoge dignas críticas este álbum, el cuarto de Sharon desde 2009, espécimen ejemplar para eruditos del universo indie. Merece buena prensa.

Nota: 7,5/10

miércoles, noviembre 05, 2014

VOLUME TWO 70: LA PENOSA REAPARICIÓN DE DAMIEN RICE


Penosa por apenada, por decepcionante y sufridora. Un golpe a la moral. Este hombre sigue siendo un alma en pena. Pero ahora duele. A comienzos de año leí un texto que se preguntaba por qué llevábamos tanto tiempo sin saber de él, qué había pasado con aquel tipo sensible de Irlanda que tan hermosas, intensas y conmovidas canciones había reunido en sus dos primeros discos de mediados de la pasada década, O y 9, que sonaban algunos además y quedaban tan bien en la película Closer, y que de repente se lo había tragado la tierra. Ayer me enteraba de que ocho años después tiene nuevo álbum, con esta semana como fecha de lanzamiento. Hoy lamento haberlo escuchado.

El tercer disco abre siempre interrogantes en la carrera de un artista: puede auparte o derribarte, consolidarte o destrozarte, mantiene una identidad próxima a la de las obras precedentes o apuesta por una actitud renovada, ligera o acusada, según el grado de riesgo que se quiera asumir. ¿Repetición o transformación? Damien Rice se reitera desastrosamente. Ocho temas largos se suceden en My favourite faded fantasy, donde la producción de Rick Rubin no pasa de insustancial. No se puede negar el empeño, la emoción y la sensibilidad que el hombre le ha puesto a su nuevo trabajo, pero la repetición de esquemas, de tristona melancolía, de arreglos llorosos y anhelantes y de atmósferas dolorosas destapan a un autor que se ha quedado ya sin voz en el camino.

lunes, noviembre 03, 2014

SOUNDTRACK 157: EL CINE, LA VIDA Y WOODY ALLEN


El cine, aunque nos peleemos a menudo, nos anima la vida, nos ayuda a digerir con una inyección de esperanza las escenas de nuestro ciclo cotidiano, o a mirarlas desde el perfil más favorecido. Eso consiguen las películas únicas, las películas hermosas, las que se apoderan de nosotros. El cine es un regalo, una ilusión, un sueño, un mundo mejor. La vida enciende la luz y apaga el proyector.

En 82 minutos lo refleja mejor que nadie Woody Allen. Es lo que dura La rosa púrpura del Cairo, cuento encantado y encantador que cabalga entre las dos dimensiones para vestir el cine como la evasión perfecta contra la rutina y el desencanto, o como una ilusoria salvación. Sometida al examen particular del paso del tiempo, esta pequeña gran obra maestra no tiene edad. Es nuestra.

viernes, octubre 31, 2014

BONUS TRACK 136: WHEN THE WORLD KNOWS YOUR NAME (DEACON BLUE)


Rescatemos música salvable de los años 80. En aquella olvidable década en la que el pop se decantó por el populismo facilón y comercial y explotó afluentes como el baile y la electrónica, nacieron en Glasgow Deacon Blue. Su segundo álbum, When the world knows your name (1989), sucedió a un exitoso debut, Raintown, y tuvo un par de singles que sonaron mucho (Wages day y Real gone kid). El disco tiene otros temas con gancho, animosos y elegantes, bien armados y mejor interpretados, como Fergus sings the blues o Love and regret. Eran un sexteto majo, alegre, con una vena de soul. Al escuchar When the world… tengo la sensación de entrar en una gran ciudad (¿Glasgow? No precisamente), de dejarme llevar por su corriente y contagiarme por su jovialidad, de querer quedarme a vivir allí un tiempo. El grupo sigue sacando discos, pero no les he escuchado ninguno más.

Mi breve historia con Deacon Blue nació por accidente. Le había pedido a mi madre que me fuese a buscar un disco de U2 (no recuerdo cuál) a la tienda donde más música compraba. Como habían agotado el álbum que yo quería el chico de la tienda (con quien aún me veo a veces), conociendo ya los gustos que yo empezaba a mostrar, le recomendó When the world knows your name. “¡Pero qué es esto!”, exclamé a mi madre, decepcionado. “Me dijo el chico que te puede gustar”, respondió. “Bueno, no está mal”, dije tras la primera escucha. Veinticinco años después digo que está verdaderamente bien.

jueves, octubre 30, 2014

BONUS TRACK 135: RELISH (JOAN OSBORNE)


Tiene casi veinte años este disco pero suena como si hubiera salido del horno hace bien poco. Destilado, gustoso, duradero. Vale de ejemplo para realzar una colección de temas superiores, y de distinto acento, al flojo single que contiene y que puso en el mapa a su autora. Porque en Relish (1995) hay mucho más y mejor que la canción One of us. ¿La recordáis?: un temita blando, muy gastado por las radios, presente quizá en la escena tierna o ñoña de una peliculita americana. Joan Osborne ya había recorrido garitos en New York en los primeros noventa, había publicado un disco y no pensaba más que en dedicarse a cantar. Relish es el segundo álbum, con más inversión y claridad de ideas pese a su diversidad de estilos. Además del hit popero que lo ayudó a venderse, hay temas buenísimos con raíces country y blues, con calado y sentimiento: Dracula moon, Right hand man y una de las mejores versiones de una pieza de Dylan que he oído nunca, Man in a long black coat.

No he seguido mucho a Joan Osborne, no me gustaron un par de discos posteriores y no la escuché con miembros de los Grateful Dead; pero tras recuperarla con Trigger Hippy, donde está de vicio, he disfrutado con Relish.

jueves, octubre 23, 2014

BOOTLEG SERIES 40: O.V. WRIGHT


Supe de su nombre por Nick Hornby, que lo incluyó en su ejercicio de melomanía íntima 31 canciones. Pero me desentendí enseguida, no tuve la curiosidad de descubrir qué había detrás del nombre y la canción. Supe de su voz y su música porque María escuchó el tema que para el escritor inglés es tan especial durante la lectura de su libro. “¿Sabes quién canta?”, me preguntó. “Ni idea”. Un tal O. V. Wright, la O de Overton, la V de Vertis. Ni remotamente familiar me sonaba. “Pero qué bueno”, dije.

Busquemos entonces: uno de esos hombres del soul pertenecientes a divisiones menores aunque con algunas creaciones de primera categoría. That’s how strong my love is, por ejemplo. No es que cante de locura el tipo, a veces le sale un falsete algo femenino, y según qué piezas, parece que ha perdido los dientes y empapa el micro de saliva mientras canta. Pero tiene gancho, y fuerza, y ese gen irresistiblemente sensual con el que la naturaleza bendice a unos cuantos ‘soul men’ negros. Wright no grabó mucho, tuvo problemas con la ley y las drogas y murió en 1980 a los 41 años.

María escuchaba cada canción escogida por Hornby mientras leía las líneas que le dedicaba. Al llegar a Let’s straighten it out, de O. V. Wright, subió el volumen. Qué pasada. Escuchadlo. Me acerqué a darle un beso mientras la saliva del tipo no dejaba de saltar. Por eso, y por tantas cosas, la quiero tanto.

VOLUME ONE 344: TRIGGER HIPPY (TRIGGER HIPPY)


Alrededor de los Black Crowes se escucha el graznido de sus aves formando parte de otras bandadas. Con Chris con el piloto en sintonía psicodélica y Rich más contenido en paralela aventura rockera algo distante, son su fichaje más reciente para la sección de guitarras, Jackie Greene, y su permanente baterista, Steve Gorman, quienes más se aproximan al sonido y al estilo de los Crowes como miembros de Trigger Hippy. Todos tienen trabajo este mismo año, mientras los cuervos reunidos descansan. Greene y Gorman forman parte de una banda asentada en Nashville desde 2009 y completada por la vocalista Joan Osborne y dos avezados músicos locales de sesión. Suena bien su primer álbum, Trigger Hippy (Rounder, 2014), muy bien: entra en línea recta, es nítido y caluroso, y está diseñado con la infalible fórmula de la pasión y el oficio en perfecto equilibrio y al servicio del rock and roll de esencia americana.

Nota: 8/10

sábado, octubre 18, 2014

LIVE IN 164: LIVE WOODSTOCK


Música, paz y amor, sí. Y drogas, suciedad y caos. Agosto de 1969.
Quienes no estuvimos en Woodstock podemos acercarnos con mucha precisión a su espíritu y a esas sensaciones que las imágenes nos han dejado intuir todos estos años si nos lanzamos de cabeza a las páginas de Woodstock. Three days that rocked the world, una magnífica edición de Mike Evans y Paul Kingsbury con la crónica de aquellos tres días, los antecedentes sociales y musicales que condujeron a un acontecimiento de tal magnitud y la repercusión que alcanzó su celebración en los años posteriores. También podemos comprender con rigor la relevancia histórica, sociológica y cultural de aquella multitudinaria concentración de jóvenes para escuchar música, convivir a la intemperie, drogarse y conocerse a sí mismos en un tiempo en el que USA estaba a punto de perder su inocencia… o aquello que se le pareciese.
En serio, meterse en este libro, con sus luminosas fotografías, los testimonios de organizadores, músicos, técnicos y simples ayudantes del festival, reseñas de prensa y textos contextualizados, es sentir la lluvia y el barro resbalando por la piel, aspirar el sudor brumoso de los cuerpos jóvenes y la esencia áspera de la marihuana, respirar una libertad sin tiempo y oír a lo lejos el rumor insinuante de una música irrepetible.
Del equilibrio en que se asienta la escritura objetiva y los recuerdos personales de los artífices y protagonistas de este libro con tanta vida extraes unas cuantas curiosas conclusiones. Una de ellas, parece mentira, es que la música de Hendrix, Santana, CSN&Y, la Creedence, The Band, Sly, Havens, The Who, Baez y tantos, en realidad, era lo que menos importaba.

miércoles, octubre 15, 2014

VOLUME TWO 69: THE STONE ROSES


Yo no tuve mi etapa Stone Roses. De hecho, escuché sus discos con motivo de un viaje de unos pocos días que hice a Manchester hace tres años. Ya digo, en el bachillerato, por finales de los ochenta, me desviaba hacia bandas de Londres o pasaba demasiado tiempo en Irlanda mientras algunos compañeros se dejaban cautivar por los embrujos zigzagueantes de los Stone Roses. Ahora me acabo de dar un empacho audiovisual de The Stone Roses con la película británica Spike Island, en la que unos chavales planean un viaje para ir al concierto de reaparición del grupo a comienzos de esta década, y con un documental sobre la banda del magnífico director inglés Shane Meadows (Dead man’s shoes, This is England). Una cosa y otra me han hecho imaginar y comprender el impacto que en su momento causaron estos gamberretes de Manchester.
Con la perspectiva que facilitan las incontables horas de aprendizaje y vicio musical, Stone Roses se revelan como el eslabón coherente que recoge las esencias de grupos como The Cure o Echo & The Bunnymen y allana el terreno para que lo arrase la oleada de brit pop liderada por Oasis. Cuesta creer que sus peleas acabaran con ellos tras solo dos discos cuando los Gallagher se han mantenido juntos más tiempo. Hoy su música conserva el atrevimiento sobrado de sus inicios mocosos, el hechizo espontáneo de sus primeros éxitos y la evasión contagioso que pervive en canciones buenísimas como Waterfall, Love Spreads, Breaking into heaven, Fool’s gold o ese himno efervescente que es I wanna be adored.

Todo eso lo refleja Spike Island y sobre todo el documental de Meadows, The Stone Roses: made of stone, cuando los fans de entonces guardan aún ahora fidelidad inquebrantable a un grupo que estuvo separado durante 15 años y se reunió para volver a llenar grandes espacios y demostrar que nunca han dejado de ser jóvenes.

BOOTLEG SERIES 39: TIA BLAKE


Traigo otra de esas historias que, como la de Judee Sill o la de la reseñada aquí unos meses atrás Karen Dalton, reviven a un músico olvidado o que no tuvo ni tiempo para ser recordado. Alguien de quien apenas hay información, dos o tres imágenes tomadas en el mismo lugar, y una obra muy escasa. Entonces un sello pequeño la desoxida y la da a descubrir, sin más trascendencia que la que en su día tuvo, y que fue mínima. Con la reedición de un disco, como en este caso. Hablo de Tia Blake, de quien nunca había oído hablar hasta hace unos pocos días. Solo hizo una grabación, dicen que solo dio una actuación en vivo. En 1971 vivía en París y grabó unas cuantas canciones folk junto a otros dos músicos franceses. Folksongs & Ballads es el título de su único disco, refinada paleta de bellas canciones tradicionales interpretadas con la delicadeza de una voz preciosa y penetrante. ¿Quién era Tia Blake, esa hermosa joven que incrusta su mirada y sus pensamientos en el vacío o el infinito que tiene delante? Parece ser que la chica, americana, se volvió años después a EEUU y nada más se supo de ella.

domingo, octubre 12, 2014

VOLUME ONE 343: WE GO HOME (ADAM COHEN)


Padres e hijos. ¿Se hereda el gen de artista? ¿La poesía, la música, la pintura… son virtudes de la misma sangre? ¿Las cualidades creativas del padre las perfecciona el hijo o son inalcanzables? Me pregunto esto al escuchar por segunda vez a Adam Cohen. Primero fue con Like a man (2011), ahora con We go home (Cooking Vinyl, 2014), que me gusta más. Tiene otros dos álbumes anteriores el hombre. Desconozco de qué modo se han entendido padre e hijo en vida, de qué manera Leonard ha legado a Adam, hijo también de la musicalizada Suzanne, la fuerza expresiva de la canción. A veces se me parecen, en el deje caído de un verso o en la intensidad emocional de una línea cantada. El Adam Cohen de We go home es contenido y elegante, más cotidiano y menos grave que su padre. Leonard ha trabajado un bonito disco este año, Popular problems; Adam también. Buena música en familia.

Nota: 8/10

sábado, octubre 11, 2014

CASETES DE OTRO TIEMPO


De vez en cuando necesitamos ordenar y ordenarnos, revisar y recomponer, desechar y conservar. O hacer sitio a lo que vendrá si contamos con poco espacio. Escogemos una tarde para acabar cansados de tanto vaciar cajones, romper papeles o meter en bolsas ropa que ya no sirve, cambiar cosas de sitio y pensarnos qué hacemos con esas otras que no nos atrevemos a tirar. Las (los) casetes.

Ahí están repartidos en cajones y armarios. Ya no tengo ni cómo escucharlos. Algunos también los tengo en cd, o en vinilo (esos no los tiro), o en mp3. Pero, ¿y los que continúan solo en ese formato? ¿Los voy a convertir a otro? Porque te sorprendes entonces por guardar discos que te preguntas por qué los grabaste en su día con lo malos que te parecen ahora; o tratas de averiguar qué te gustó tanto entonces y ya no te dice absolutamente nada; o no consigues recordar quién demonios es este tío o este grupo que en día muy lejano de tu adolescencia o juventud llegaste a grabar en una cinta.

¿Por qué tienes aún guardado por alguna parte casetes de Helmet, Rollins Band, Killer Barbies, Jarabe de Palo, Gary Moore, Kiss, Skunk Anansie o unas cuantas bandas que una vez hicieron música en tu ciudad, que sabes, dirías con toda seguridad, que no vas a volver a escuchar en tu vida?

martes, octubre 07, 2014

VOLUME ONE 342: PRÍNCIPES VENIDOS A MENOS (EN CASA DEL HERRERO)


O románticos del rock and roll. Hacer buen rock and roll es fácil. O lo parece. El ingrediente básico es el sentimiento, el que perdura sin desvanecerse. Hace falta también ese buen gusto que nace del oído curtido y curioso, el que ayuda a cruzar con naturalidad el blues, el country, el rock y todo cuanto eche chispas sobre la partitura. Lo tiene, ese buen gusto, Eduardo Herrero, el tipo alto de las gafas oscuras al frente de En casa del Herrero, estos coruñeses que hacen entrega de su álbum Príncipes venidos a menos (Mandeo Records, 2014).

Me despitan los saltos de idioma, una flauta dulce que hace algo melosa una canción y algunos parajes en castellano evocadores de Los Secretos. Son resbalones menores. El disco se sostiene con sus virtudes, que son más: la sencillez y el oficio de sus instrumentistas sobre todo, apuesta eficaz que hace que escuchándolo te acuerdes de Elliot Murphy, Johnny Cash, Bruce Springsteen, Willie Nile o Bob Dylan, cómo no. Nile aparece adaptado por Herrero junto a ‘covers’ imprevisibles de Roddy Hart, Jack Hardy y… toma ya, Immaculate Fools. Y queda bien, bastante bien.

Pasé un par de noches dylanianas con Eduardo Herrero, frente al maestro en primera fila, o casi. Otra delante de Lou Reed; él vibraba, yo no tanto. A distancia lo seguí con The Highlights, la banda suya y de sus colegas que versionaba los temas de Infidels, Highway 61 y Blood on the tracks en los locales de mi ciudad. Tiempo atrás fuimos compañeros de rutinas deportivas, él en su medio, yo en el mío; una vez nos apañamos al borde del ring en una gala de boxeo y kick boxing que él narraba para la televisión. Durante un año o más lo veía en pantalla, en sus crónicas informativas desde New York. La última charla musical que tuvimos fue poco después de que saliera a la venta Modern times. Y la última vez que nos vimos, una noche de vuelta a casa, me dijo con prisas que el día anterior se había casado. Me alegro por él, me alegro por su música.

domingo, octubre 05, 2014

LIVE IN 163: JUKEBOX, REPLAY


Por exceso de novedades o por defecto de tiempo o de ganas, es mejor dejar constancia de juicios de forma telegráfica. Para hacernos una idea sin profundizar más. El año pasado por estas fechas despachaba discos en este blog con cuatro o cinco líneas. Ahí va otra ración:

-John Mellencamp / Plain spoken: Es raro que se equivoque, pero hace tiempo que no me entusiasma; ahora tampoco. No se sale de la pista, pero no acelera. Aunque temas sueltos funcionan muy bien, el conjunto es plano, rutinario. 6/10
-Leonard Cohen / Popular problems: No soy devoto, pero vaya, no se me escapan sus discos. Ahí en su gravedad flotante está un vetusto encanto. Old ideas estaba bien, ahora se espabila, alegra sus canciones. Su mejor disco en años. 7,5/10

-Marianne Faithful / Give my love to London: Se pide paciencia para que su voz fracturada no te estropee la escucha. No es de perfiles fáciles, entra en texturas y ambientes imprevisibles, pero este menú de versiones resbala por cojera. 4,5/10

-Justin Townes Earle / Single mothers: Otra oportunidad malgastada. Sigo sin encontrarle alma. El chico factura discos cortos carentes de emoción. Esperas a que dé muestras del fulgor de su linaje y nada, la aguja ya se levanta. 4/10

-Dawn Landes / Bluebird: Como sin querer, de puntillas y silenciosa, esta chica me dice cosas que no se pierden entre sinsabores, que se quedan cerca. Disco descansado este, envuelve con delicadeza tiernas sustancias. 7/10

-Chuck Prophet / Night surfer: Le siguen lloviendo halagos, aunque me parecen lejanas sus mejores obras. Hay alguna pieza electrizante, chispazos aislados en un repertorio correcto que no marca huellas. 5,5/10

-Jackson Browne / Standing in the breach: Menos mal, sus anteriores trabajos eran sintonías para echar la siesta. En algún tema recupera el hechizo juvenil de sus inicios, en otros, la solidez de sus galones. Con muy buenas compañías. 7/10
-Tweedy / Sukierae: Para empezar, es largo; para seguir, se añora lo que Wilco hubiera hecho con la flaca figura de estas canciones de su vocalista y su hijo, experimento prometedor a ratos, también desproporcionado y sin definición. 4/10

miércoles, octubre 01, 2014

VOLUME ONE 341: DOWN WHERE THE SPIRIT MEETS THE BONE (LUCINDA WILLIAMS)


Me ha costado arrancar, no sabía como empezar a reseñar un disco tan tan tan bueno. No hay mucho que decir cuando dejarse llevar por la corriente de la música superior, ideal, lo explica todo. Porque hay discos que tienen un pulso único, una vida y un aura auténticos. Lo tiene Down where the spirit meets the bone (Highway 20, 2014), la última entrega de, sí, esta vez de nuevo maravillosa, Lucinda Williams.

Hay álbumes cortos que rondan la media hora a los que le sobra todo; y hay discos largos, que superan la hora y media y hasta los 100 minutos, a los que no les sobra nada. Salvo el primer tema, un lamento desnudo que por fortuna se presenta introductorio y hace temer un tedioso descenso a los infiernos oxidados que acostumbra a describir la cantautora de Louisiana, a Down where… no le sobra nada. Lo que empieza desde Protection, el segundo corte, es impecable. Lucinda gime, cabalga, se retuerce, llora y añora. Con una música vibrante y estremecedora. Y unos juegos de guitarras extraordinarios que hermanan con sutil precisión las cuerdas de Bill Frisell, Doug Pettibone, Tony Joe White y Jonathan Wilson.
Down where… nace en el sello propio de la autora, que produce la obra junto a Tom Overby y Greg Leisz. De ahí se entiende la prodigiosa arquitectura guitarrística del disco. Son todos temas notables, alguno sobresaliente (Burning bridges, Big mess, Everything but the truth, Walk on) y uno de ellos, Foolishness... mayúsculo, imperial.

Nota: 9/10