martes, septiembre 02, 2014

BONUS TRACK 134: HEY JUDE (WILSON PICKETT)



De Wilson Pickett tuve consciencia cuando ansiaban su presencia en Dublín y lo tenían presente de inspiración los músicos de la película The Commitments, de Alan Parker. Hablamos de 1991 y mucho me faltaba entonces por conocer. Después Wilson, un tipo un tanto malvado, caótico y conflictivo en su vida, agresivo e intenso ante el micrófono, fue apareciendo en colecciones de soul-rock de iba comprando y consiguiendo. Ahora paseo por algunos de sus discos, reliquias de media hora grabadas entre mediados de los sesenta y mediados de los setenta que suenan de maravilla. Hey Jude (1969) es una de ellas. Sitúa A Pickett en los estudios Fame a las órdenes de Rick Hall y Tom Dowd. Sonido robusto, perfecto, por tanto. Duane Allman pasea sus dedos por el mástil en la versión del tema titular, una muy buena versión del clásico de los Beatles. Lo demás está a la altura. Suda el alma rockera y diabólica de Wilson Pickett.

sábado, agosto 30, 2014

VOLUME TWO 68: JOHNNY CASH & CO.


Haber entrado en la discografía de Johnny Cash a saltos (no toda, es demasiado gruesa), sin orden cronológico pero con cierta coherencia, me ha permitido situarlo en un espacio más bien templado entre esos músicos de eco perdurable y legado artístico agraciado. Resumiendo: admiro un par de discos grabados entre mediados de los sesenta y los últimos ochenta; las actuaciones carcelarias en Folsom y San Quintín tienen su gancho; y sin duda enmarco y saco brillo a sus últimos trabajos, esas colecciones en blanco y negro del hombre de negro viejo vitaminizado por Rick Rubin pero cada vez más próximo a la tumba; de hecho, el volumen que lleva por título The man comes around me parece una obra sublime. Johnny Cash, así lo veo yo, tiene una importancia notable en la cultura musical americana, pero yo discuto el atractivo de una buena parte de su obra.
Su herencia, construida con muchos discos y constante inmersión en las raíces de la música y la cultura americanas e impulsada por una fuerte personalidad que lo convierte en el personaje de una jugosa biografía, ayudan a consolidar su figura emblemática y su peso referencial. Por eso con el tiempo, y más tras su muerte, han ido apareciendo infinidad de colecciones, homenajes, reediciones, libros o grabaciones recuperadas de dudosa calidad (este mismo año). Es reciente la revisitación de su disco Bitter tears a cargo de una reunión de buenos músicos como Steve Earle, Kris Kristofferson, Gillian Welch, David Rawlings, The Milk Carton Kids o Nancy Blake en el tributo Look again to the wind, que deja un poso escalofriante de íntima nostalgia.

jueves, agosto 28, 2014

EL GUITARRISTA


Su guitarra es su voz. Es una persona callada. Como el escritor que se expresa mejor con su pluma y se frustra y se azora cuando las palabras habladas no le dejan decir con exactitud lo que siente, él rompe el silencio y se hace entender cuando sus dedos dan sonido a una guitarra. Solo en la terraza de su apartamento o frente a una audiencia de varios cientos de personas. En la furgoneta de la banda camino de algún bolo en un lugar perdido o en el sofá raído de un sucio camerino. Que sepan quienes lo observan y escuchan lo que hay detrás de la expresión de su rostro, lo que esconde en el corazón, el mensaje que encierra la música de una canción, el sentimiento que embarga al guitarrista. Se obstina en que cada emoción tenga su correspondiente sonido de guitarra, en probar una y otra vez variedades diferentes de sonidos nacidos del contacto de los dedos con las cuerdas y que encajen con un sentimiento, un gesto o un movimiento. Como el cocinero que prueba todos los ingredientes de su despensa y calcula con rigor las dosis y los tiempos de cocción hasta dar con la receta perfecta para un nuevo plato. Quiere que una guitarra ría o llore, que coja un berrinche, que le duelan las entrañas, que entre de puntillas en una habitación, se sostenga en el aire como una hoja de otoño desplazada por el viento antes de caer sobre la hierba húmeda, le traslade al verano cuando es invierno o al invierno cuando es verano. Es un libro en blanco si sus manos están vacías, si sus dedos no se deslizan por el mástil de una guitarra acariciando las cuerdas, mimándolas como a una criatura de su propia sangre.

sábado, agosto 23, 2014

FREE MUSIC


Tiempo sin cadenas. Voces en el aire que llenan los vacíos. Baladas afroamericanas, lágrimas negras al borde de la zanja y dedos despellejados en las cuerdas de una guitarra vieja. Ahí está el truco, sin ello no hay sentido. Déjate llevar. Dormir, nadar, tumbarse a leer, limpiar, descansar, pasear, practicar y explorar otra lengua, escribir, mirar el mar, escuchar música. Espíritus gentiles para perderse y volverse a encontrar.

miércoles, agosto 20, 2014

GREATEST HITS 162: TELL ME IF YOU WANNA GO HOME (KEIRA KNIGHTLEY)


Ayer era blues (sigo enraizado en el polvo y el cielo abierto por un tiempo), hoy soy un rato pop. Pop sin posturas, natural, bien arreglado, recién salido del horno. No importa que ande en pañales si no le tiembla la voz. Es de esa peli tan fresca que recuerdo con tanto agrado, con canciones para comenzar de nuevo y compartir escuchando ambos de los mismos auriculares o en la misma dirección hacia un lugar en el que nos encontremos a gusto. Dime si quieres ir a casa.

domingo, agosto 17, 2014

LIVE IN 162: BLUES AT NIGHT


La música es de todos y es nuestra, sobre todo nuestra, personal, late dentro de los contornos de nuestro cuerpo. Y pertenece a un momento. Ayer llorabas con una balada rock, hoy con un lamento blues, mañana con una pieza electrónica. Hay música para cada uno de nosotros. Hoy, hace un momento, yo era blues.
De regreso del primer día de trabajo tras las vacaciones, de un horario de cierre que llegó hasta casi la una de la madrugada y de un paseo con el perro, me planté ante la pantalla para revisar cosas e historias mientras escuchaba una de esas compilaciones que la Red me regala: un volumen del sello Smithsonian Folkways que guarda la riqueza musical americana, el pulso de sus raíces. Con el estímulo de un licor junto a mi mano izquierda, me dejé llevar por la magia orgásmica de la música pura, humana, preciosa: Classic African American Songsters. Con tipos viejos y muertos que ya conocía (Reverend Gary Davis, Leadbelly, Mississippi John Hurt), con otros de los que nunca había oído hablar (Peg Leg Sam, Snooks Eaglin, Marvin Foddrell).

Hoy soy blues.

viernes, agosto 15, 2014

MÚSICA PERFECTA


Nos silencia el rumor turquesa de las olas y la belleza ardiente del horizonte. Unos apoyan solos sus codos en la balaustrada, otros rodean los hombros de su pareja, estos detienen su paseo con el perro, aquellos interrumpen su lectura. La vista al frente. El sol, testigo eterno y empequeñecido, allá insignificante, allá poderoso, desciende bostezante hasta que el mar lo esconde para el día siguiente. Son tres minutos de magia cotidiana sin precio. La música retiene el momento. Buena música, desde luego, aunque ahora me parece que estas canciones de Jonathan Wilson son lo más parecido a la perfección inalcanzable que tan lejos todos divisamos. Mañana es otro día. Mañana nacen otras vidas.

lunes, agosto 11, 2014

VOLUME ONE 337: MUTINEERS (DAVID GRAY)


Hay músicos a los que dejas a un lado un rato largo como si no tuvieran nada más que ofrecerte y sin que logren captar tu atención de nuevo, pero cuando reaparecen sin que lo esperes les concedes el beneplácito que un día les diste y que aún hoy mantiene su validez. David Gray es para mí uno de estos casos. Ninguno de sus discos, y van nueve desde 1993, es extraordinario, aunque casi todos contienen hermosas y perdurables canciones. White ladder (1999) y Life in slow motion (2005) diría que son sus obras más notables.

Con Mutineers (Iht Records, 2014) regresa un David Gray sobrio, refinado, heredero constante de los climas y paisajes del Van Morrison más apegado a la tierra. Last summer y Birds of the High Arctic son los bellos temas de esta entrega. Creo siempre que este músico británico debería ser menos británico y mojarse con el riesgo, experimentar fuera de corsés y gestos reconocibles (aires y melodías de nostalgia, orquestaciones melancólicas), aunque la fidelidad a su fórmula bien trabajada y honrada me sigue agradando.

Nota: 7/10

BOOTLEG SERIES 38: ROO & THE HOWL Y EATEN BY DOGS


Hasta hace pocos días de nada me sonaban estos grupos: Roo & The Howl por un lado, Eaten by Dogs por otro. La Red tiene portales para todos los oídos y estómagos e Israbox, con su continuo caudal de música diaria, a menudo presenta rarezas anónimas con escuetas referencias estilísticas que te animan a probar el producto. Me atrajeron las dos portadas tan distintas de estos discos de debut y me aventuré en lo desconocido.

Roo & The Howl tiene al frente a un chica de Colorado, Bekah Wagner, y a una buena banda detrás en el álbum Me / We. Lo que en el arranque me pareció un discreto disco indie rock (ciñámonos a esas etiquetas orientativas) del montón con discreta protagonista vocal se fue convirtiendo con el paso de los temas en un más que digno trabajo de grupo bien compenetrado con riqueza instrumental y solidez melódica. Con Eaten by Dogs, trío country blues de australianos de Melbourne y esa colorida cubierta resacosa de su disco homónimo, me esperaba alguna broma agitada, pero me encontré con un reposado disco de paisajes desérticos y profundidad vocal que muy bien hubieran podido firmar los primeros Felice Brothers. 

Desde aquí mis recomendaciones a quienes merecen ser escuchados.

sábado, agosto 09, 2014

LIVE IN 161: ELLA Y ÉL


Estación musical fuera de servicio. Casi cinco días sin escuchar un disco nuevo. Reposo, paseo, comida, playa, puerto, campo, fotos y carretera. Al regreso… ¿por dónde continuar? Llega una brisa antes de tiempo, voces y melodías siempre bien recibidas. Vale esta, la de este tema que tanto me entusiasma en la versión de Rod Stewart. Zooey y Matt.

lunes, agosto 04, 2014

MORE TODAY THAN YESTERDAY


Es tan fácil decirlo… tal y como lo sentimos. Si alguna vez lo fue, es mucho más que una frase publicitaria. No nos la creemos si alguien la dice en la saga Crepúsculo o en una estúpida novela de Nicholas Sparks. No lo sienten solo los jóvenes que se acaban de enamorar y no viven hasta que llega la hora del encuentro siguiente. Lo decimos todos cuando de verdad lo sentimos. Afortunados quienes lo decimos todos los días.

Es el título de una canción: Hoy más que ayer. “Te quiero más que ayer pero no tanto como mañana”. La escuché hace mucho tiempo en una película. Aquella melodía, aquella música, me parecen hoy bonitas pero lejanas. La frase no tiene edad, no tiene límites. La canta un grupo de esos que no llegó a más de un single y un disco al que pierde la memoria: Spiral Starecase. Volví a escuchar el tema hace unos días, de casualidad. Es tan fácil decirlo, pensé otra vez.

Yo te lo digo todos los días. Hoy con esta canción. Te quiero más que ayer, menos que mañana. Para ti.

domingo, agosto 03, 2014

SOUNDTRACK 154: BEGIN AGAIN… LA MÚSICA Y LA MAGIA


La música… que del roce de una cuerda, la pulsación de una tecla o el golpe en una caja acompañando una voz desnuda nazcan sonidos y crezcan melodías… tiene magia. Dos escenas de Begin again, ahora en nuestros cines, transmiten a la perfección esa magia única y poderosa de la música. Un milagro en nuestras vidas, la música. Acabada la película de John Carney, el autor del también cuento musical Once, sales pletórico de la sala, quieres bailar en la calle y ser parte de una canción. Id a verla. Por esas dos escenas maravillosas que unen la música con las personas. Por las canciones que canta Keira Knightley. Por un fenomenal Mark Ruffalo. Por New York. Por la música.

viernes, agosto 01, 2014

VOLUME ONE 336: HYPNOTIC EYE (TOM PETTY & THE HEARTBREAKERS)



Dejas que el disco avance, que la mecha se mantenga chispeante con Red river y All you can carry, que la música vibre en Forgotten man y se vaya acercando hacia el final, de subidón con U get me high y de placentera expiración con Shadow people. Y te tienes que decir: por algo eres grande tío, por algo sois de los mejores entre los muy buenos. Bravo. El bueno de Tom Petty y los buenos de sus Heartbreakers te regalan otro disco fantástico. Cojonudo.

Como si no les costase esfuerzo alguno, así de fácil y de bien. Hypnotic eye (Reprise, 2014) podría figurar en cualquier década, después de Hard promises o antes de Echo. Sus temas se grabaron en los últimos cuatro años, después del no menos fabuloso Mojo, pero Tom y la banda no los han juntado hasta ahora. El álbum enchufa guitarrazos de campeonato y estribillos melodiosos. El sello eficaz, la garantía eterna, de Tom Petty & The Heartbreakers.

Nota: 9/10

lunes, julio 28, 2014

BOOTLEG SERIES 37: THE BREEZE OF JJ CALE



Esto es novedad y pequeño tesoro. También tierno homenaje al gran JJ Cale, que se nos marchó hace un año. Bravo Clapton, por recordar a tu viejo amigo. Eric Clapton & Friends ponen la firma a The Breeze: An appreciation of JJ Cale. Se unen a Clapton en el mejor trabajo que ha hecho en muchos años Tom Petty, John Mayer, Mark Knopfler, Willie Nelson, Don White, Derek Trucks y Christine Lakeland interpretando temas de Cale con la misma sutileza afilada del de Oklahoma. Suenan de maravilla las canciones, como suena siempre la música de JJ mientras sobrevuela las carreteras, como brisa de áridos paisajes junto a los trenes de mercancías y vagabundos. Desde más allá de las nubes, aquí en la tierra te quedan buenos amigos.

viernes, julio 25, 2014

UN ROCKERO COMO NOSOTROS



Dos naranjas en zumo y una tostada con mermelada de fresa para desayunar. Se levantó temprano, debía ir al banco primero a revisar sus cuentas y a ordenar una transferencia y tenía cita a las diez en el médico para mirarse una verruga en el cogote que nota cada vez más grande y le molesta al peinarse. Pasó a recoger a su pareja y fueron a comprar productos de jardinería a una tienda del centro comercial, a las afueras. Se probaron ropa para el verano y escogieron unas pocas prendas. Leyeron los periódicos. Le distrajeron varias llamadas telefónicas. Respondió a un breve cuestionario que le envió una revista nacional. De vuelta a la ciudad fueron a buscar a su hija al colegio. Los tres pasearon por el parque con el perro. Por la tarde fue al estudio a revisar las tomas grabadas de la semana anterior. No le convence el material y debe hablar con el productor. Le fue a visitar su agente para hablarle de las fechas de una gira que iniciará a finales del próximo mes, cuando el disco esté ya en el mercado. Un tour por el país en carretera, ciudades pequeñas, locales pequeños. La banda, con la que ha grabado casi al completo, pero habrá que contratar a otro bajista porque el de esta grabación tiene comprometido su bajo con otros músicos hasta final de año. Se pasa por el negocio de camisetas serigrafiadas del que es dueño, revisará albaranes, hará pedidos. Regresa a casa con tiempo para darle las buenas noches a la niña. Cena con su pareja, ven la tele juntos un rato, se sientan a seguir completando un puzzle, les relaja. Una docena de páginas de una novela histórica antes de apagar la luz. Otro día.
Imaginemos un día en la vida de un rockero, uno de esos que tanto admiramos, de los que seguimos su carrera y nos conocemos sus grabaciones, giras, aventuras y travesuras, y vamos a sus conciertos cuando nos quedan a mano. No se llama Elvis ni Mick ni Keith ni Bruce, sino John, Tom, Sam, Chris, Bill o Nick. Un rockero como tantos otros, como tantos de nosotros.

sábado, julio 19, 2014

SOUNDTRACK 153: EL AMOR EN LAS PELÍCULAS



Se está cociendo un libro interesante: El amor en 100 películas… o algo parecido será su título. Conozco a su autor, Alberto Abuín, la pluma más sabia y acertada de la web blogdecine, lo que no significa que esté de acuerdo con todas las impresiones, críticas y comentarios que allí vierte. En estos días he pensado a ratos en su idea, su tema, lo que podremos leer dentro de unos meses, y de lo que espero dar cuenta aquí.

Y me he preguntado: ¿amor de pareja?, ¿amor a los hijos?, ¿a la familia?, ¿a un desconocido?, ¿a la tierra?, ¿a la vida?... ¿amor obsesivo?, ¿amor destructivo?, ¿platónico?, ¿imposible?, ¿soñado?... El cine se detiene en ‘esos amores’ y alguno más. En los argumentos de películas de misterio, terror, ciencia ficción, western o comedia se deslizan grandes historias de amor como elementos secundarios de mayor o menor importancia. Amores ardientes y pasionales se cuentan en películas muy flojas y olvidables; amores sencillos, inocentes, cursis o hasta ridículos hacen memorables films menores o poco conocidos.

A la espera de conocer qué amor escoge, repasa, explica y comparte Alberto Abuín en su libro, también me he permitido bucear en el amor que descansa en casi medio centenar de películas (me ha sorprendido quedarme tan lejos de las 100) tan buenas o malas como cualesquiera otras. El Amor, un concepto, un sentimiento y una emoción tan personal e indiscutible manifestado de infinitas maneras que no admite críticas a nuestras selecciones. 
Por orden alfabético, simplemente:

500 días juntos / Amanecer / Antes de amanecer / Antes de anochecer / Antes de atardecer / Breve encuentro / Brokeback Mountain / Calle Mayor / Carta de una desconocida / Casablanca / Cinema Paradiso / Dejad paso al mañana / Dos en la carretera / El amor / El apartamento / El fantasma y la Sra. Muir / El fin del romance / El próximo año a la misma hora / Enamorarse / Esplendor en la hierba / Harold y Maude / La edad de la inocencia / La mujer de al lado / La mujer del cuadro / La piel suave / Lolita / Los puentes de Madison / Luces de la ciudad / Manhattan / París, Texas / Revolutionary Road / Rompiendo las olas / Secretos de un matrimonio / Tierras de penumbra / Tú y yo / Un día de campo / Vacaciones en Roma / Verano del 42 / Vértigo

VOLUME ONE 335: NO FOOLS, NO FUN (PUSS N BOOTS)


No tenía expectativas claras hacia este disco. Me animó una versión de Neil Young, del tema Down by the river, a la postre lo mejor del álbum. Norah Jones y otras dos chicas bajo el nombre de Puss N Boots. Un trío country rock o country folk o como se quiera de andar por casa. Si tomamos las traducciones que admite su título, No fools, no fun (Blue Note, 2014), diría que no hay locuras ni diversión. A veces dos son más que suficientes para armar un buen ruido (The Black Keys); otras veces tres no bastan, como el caso de estas chicas. Porque al disco le faltan ropajes de producción, un vestido que haga lucir las canciones, la mitad olvidables. Voces discretas, música discreta.

Nota: 5/10

jueves, julio 17, 2014

ALL THAT JAZZ


Hay un local en mi ciudad, al que hace bastante tiempo que no voy, en el que la música jazz, constante y hogareña, traslada a quien entra tras dejar atrás los escalones que llevan al sótano a una burbuja de ensueño atemporal. Suele ser jazz clásico americano lo que suena, jazz negro torrefacto, reacio a la modernidad. Salta de costa a costa, de baterista a trompetista, de tenor a soprano, piano y contrabajo. A veces hay jazz en directo en un pequeño escenario con el suelo de madera gastada. Los músicos que son altos tienen que agachar la cabeza para no tropezar con el techo. Te pides una copa, una cerveza o un refresco y te ves en las catacumbas de una madrugada eterna; solo falta el humo de los cigarros… entonces es ahí cuando te das cuenta de que sueñas demasiado.

Ahora que escapo, como tantas veces cada año en las que no sé a lo que hincar el diente, a las notas vaporosas de aquel jazz eterno, me siento como si estuviera en ese local de mi ciudad dejando flotar mi cabeza delante de Lee Morgan, Freddie Hubbard, Thad Jones, Hank Mobley, Art Pepper, Gene Ammons, Big John Patton o Art Blakey y sus mensajeros imperecederos del jazz.

sábado, julio 12, 2014

VOLUME ONE 334: TERMS OF MY SURRENDER (JOHN HIATT)


Cuarenta años de carrera y 23 discos ni agotan ni desgastan a John Hiatt. Pletórico de salud musical, el de Indianapolis encadena un álbum tras otro en los últimos cinco años, y cuesta quedarse con uno entre los mejores. Ahora que ha pasado más de una vez por mis oídos, diría que elijo su última obra, Terms of my surrender (New West, 2014), al que le auguro que dentro de un tiempo se levantará entre los mejores discos de toda su carrera. Hiatt es un grande, una garantía, un musicazo de los que nunca decepcionan. Terms… se desliza como arena entre los dedos mientras el humo se eleva de las tazas de café cuando el sol se pone. Tranquilo, blusero, a veces cavernoso, siempre insinuante. La voz agravada de John se corona en temazos como Nobody knew his name, Nothin’ I love o Here to stay. Disco maravilloso de John Hiatt.


Nota: 8,5/10

VOLUME ONE 333: THE CEASELESS SIGHT (RICH ROBINSON)


Aunque no han abandonado las giras, llevan media década The Black Crowes sin grabar material nuevo. Sus creadores, se celebra, no dejan de trabajar. Chris Robinson, además de dos decentes obras en solitarios algo más lejanas, se ha juntado en los últimos tres años con su nueva hermandad, acercándose en tres álbumes a terrenos entre pantanosos y psicodélicos con resultados placenteros. Rich Robinson acaba de publicar su tercer álbum en diez años, un trabajo más fiel al repertorio y al clima de los Crowes. The ceaseless sight (The End) lleva fecha de este año. Es directo, sin titubeos, stoniano a ráfagas y más sureño en otros momentos. Trabajo serio y robusto, que una vez masticado se convierte en otro motivo más para reclamar a los Robinson que recluten de nuevo a Gorman, Pipien y demás para hacer volar a los cuervos como dios manda.

Nota: 7/10

BOOTLEG SERIES 36: THE NORTHERN SOUL STORY



El melómano acude constantemente a la máquina del tiempo para recrearse en lo conocido o felicitarse por lo que descubre. Sube por la High Street de Southend-on-sea y remueve un poco entre los cds de una tienda HMV a ver qué encuentra. Vaya, cuatro volúmenes que llevan por título The Northern Soul Story, cada uno con el título complementario de un templo en el que aquel festivo soul juvenil congregaba en el norte de Inglaterra a miles de chicos y chicas para bailar a mediados de los sesenta y durante los diez años siguientes: The Twisted Wheel, The Golden Torch, Blackpool Mecca, Wigan Casino. A 3,99 libras cada disco… ¡a la cesta de la compra!

Y a pinchar. No es la primera vez que el melómano se detiene en aquellas salas de baile resplandecientes en las que sonaban los singles de soul y r&b británicos que interpretaban cientos de anónimas bandas y solistas, la mayoría no más que eso, uno o dos temas que se confunden entre miles grabados entonces en UK y USA. Hay buenas colecciones del género, y si te interesa dejarte llevar por este animado estilo son fáciles de encontrar, quizá los 100 temas que reúnen los cuatro discos recién traídos de Inglaterra aparezcan en casi todos los recopilatorios. No me acordaré de ninguno cuando termine este paseo, pero caray qué bien suenan todavía en este viaje de la máquina del tiempo.

martes, julio 08, 2014

VOLUME TWO 67: ROBERT PLANT


Me refiero a Robert Plant, ese señor que todavía gasta melena rizada y ya pasa de los 65 años, ese tipo de rostro ajado y mirada de malas pulgas y con pantalones vaqueros que le sientan como un guante. El superviviente del presente, no el truhán del pasado.

Ocurre que cuando ahora llega hasta mí alguna vieja canción de Led Zeppelin desde cualquier parte que no sea la intimidad de casa (pues hace ya tiempo que no pincho aquellos tremendos discos), las canciones de Page, Plant, Bonham y Paul Jones se despojan de su aureola de esplendor y les cuesta perdurar en mi particular colección de clásicos rockeros. Pero si escucho al Robert Plant de ahora y a sus bandas más recientes, las de la última década, me tropiezo ante un exponente modélico de músico que ha sabido reconvertirse por los caminos paralelos de su naturaleza musical, apostando por los paisajes tradicionales del folclore americano unas veces y por una brumosa introspección sonora otras.
 
Desde Dreamland (2002) hasta Lullaby and… the ceaseless roar, que saldrá a la venta en septiembre, la obra de Plant combina claros y oscuros climáticos. Los trabajos previos desde comienzos de los ochenta eran más bien discretos. Ahora ya no: versiones irreconocibles, adaptaciones transformadas, piezas crepusculares al trote, agitaciones al galope… lo que sea. Dreamland me gusta más ahora que antes. Mighty rearranger (2005) sigue pareciéndome fascinante. El premiado Raising sand (2007) conserva su poder de evocación paisajística e invita a volar con los ojos cerrados. Band of joy (2010), ora cristalino ora turbulento, es más atragantado. Y el adelanto del próximo álbum tiene muy buena pinta. Plant aún retiene.

domingo, julio 06, 2014

LIVE IN 160: RYAN ADAMS… RECUPERAR LA FE


Me anima mucho no darlo por perdido. Pensé hace tiempo que lo estaba, disco tras disco mediocre que nos daba. Atrás, muy atrás, parecía que quedaban sus gloriosos dos primeros álbumes y aquellas alegrías jóvenes con Whiskeytown. Le atragantó la actividad, que se hablara de él en todas partes, los vicios de la fama, aunque seguía dando cuerda a buenas canciones. Ashes & fire, hace tres años, lo limpió, hermosa lucidez. Y en un par de meses tendremos un nuevo disco que llevará su nombre. Su adelanto es prometedor. Danos algo bueno, por favor.

Por los nuevos y los viejos tiempos, Ryan Adams.

miércoles, julio 02, 2014

GREATEST HITS 161: SPIRIT IN THE NIGHT (BRUCE SPRINGSTEEN & THE E STREET BAND)


Ahora nos grita en la intro si podemos sentir el espíritu, la pasión. Lo hace cuatro, cinco, seis o más veces mientras nos mira desde un lado y otro del escenario. Y luego la banda estalla… pammm, papapapapaaa, pa papapapa pa… En cada concierto en el que he estado ha sido mi canción favorita. Spirit in the night tiene la misma edad que yo. Hemos crecido juntos. La última vez lloré. Ella se dio cuenta, hoy nuestros lazos se aprietan un poco más. Por la mañana y por la noche. Nuestro espíritu. Todavía hierve Spirit…, todavía moja las bragas cuando él canta “me and crazy Janey was makin' love in the dirt…”.

Ahí lo tenéis, a Bruce y la E Street Band, mucho antes de ser millonario, justo cuando yo veía la luz. Cuatro pelos en la barba, las arrugas de la delgadez, la pelambrera madrugadora. Ya el Boss. Grande. Spirit in the night. ¡Qué tipos!

domingo, junio 29, 2014

BONUS TRACK 133: FLY ME TO THE MOON (BOBBY WOMACK)


Hace unos días murió Bobby Womack. Tenía 70 años. Llegué a él por la banda sonora del film policiaco de los años setenta Across 110th street y su reconocible tema principal, rescatado muchos años después en la película Jackie Browne. No me enganché a las pocas cosas que después escuché de él y, al contrario que la crítica, me disgustó bastante su último trabajo, The bravest man in the universe, del año pasado. Sí, era osado Bobby, inquieto compositor, experimental y a veces difícil. Con motivo de su muerte he rescatado trabajos más asequibles, más proclives a dejar huella. Y me he encontrado con este fabuloso Fly me to the moon de 1969, de sus primeros discos. La voz poderosa de Bobby conduce la música a terrenos urbanos y revueltos. Soul sudoroso, funk ardiente, todavía hoy tremendamente arrebatadores.

miércoles, junio 25, 2014

VOLUME TWO 66: DAVE VAN RONK & MacDOUGAL STREET


Me recreo relajado en las páginas de The mayor of MacDougal Street. Aún no he llegado al final de los recuerdos de Dave van Ronk, ese músico y musicólogo del Greenwich Village que a tantos bardos vio llegar y triunfar o pasar de largo por sus calles y cafés. Me lo estoy pasando bien y recomiendo su lectura (por ahora creo que no hay una edición traducida al castellano) porque Dave no sienta cátedra, sino que describe con rigor musical, anécdotas y buen humor el ambiente folkie de New York (y también de California) en los años 50 y 60, el entorno político, los auténticos y los falsos ‘beatniks’… y se entretiene en las peculiaridades de unos cuantos personajes.

No era maestro de nadie, él bebía de aquí y de allá, le encantaba el folclore, la raíz musical de una cultura, por eso uno lo escucha y a veces no sabe muy bien si canta blues o folk o toca jazz o ragtime. Era un buen colega de todos, un digno camarada, por eso siempre se respetó su verbo hasta su muerte hace una década. Grabó sus discos, sobre todo hasta los años 70, y hay por ahí unas cuantas colecciones, grabaciones en vivo y alguna reedición reciente.

Escuché a Van Ronk bastante antes de Inside Llewyn Davis, aunque poco, un par de gotas. Ahora, leyendo, compruebo que en la memoria de Van Ronk se hallan no pocos detalles del guión que los hermanos Coen convirtieron en su entrañable última película: los viajes en la carretera, las noches en los sofás de los pisos de los colegas, las audiciones ante productores, las sesiones musicales en los bares…

La lectura me lleva a la música, ambas se entienden bien. Por eso escucho estos días el álbum Folksinger (1963). Caramba, este Dave es también un portento de alcance. Su voz ronca, más de negro que de blanco, y su entregada y a la vez espontánea interpretación constatan su versatilidad estilística aunque en este disco se lo escuche solo a él y a su guitarra. Sientes que estás en el Gaslight Café, por ejemplo, con el público en silencio y el humo flotando entre las cuerdas y la voz que escapa de la garganta.

Sí, es solo eso, una voz, una guitarra. Sencillo, bien hecho. Hay mucha otra gran música también, cada vez menos, y no puedes evitar lamentar cuánta mierda de música se hace hoy.

jueves, junio 19, 2014

VOLUME ONE 332: STRONG FEELINGS (DOUG PAISLEY)


A quienes no se nos agota el hambre por probar alimentos nuevos entre menúes viejos en nuestra exploración diaria por los paisajes musicales nos ocurre más a menudo de lo deseado que aquellos músicos a quienes descubrimos nos dejan con apetito o no nos saben a nada. Pero otras veces te topas con alguien que te cuenta algo distinto, alguien que sin desviarse en absoluto de las clásicas recetas te sabe diferente. ¿Por qué? Porque la forma de cantar, por cómo encajan las guitarras o se funden un par de voces, por no desvirtuar el talento ni la autenticidad. El último caso de este estilo que me ha pasado es Doug Paisley. Con su tercer álbum, este bonito Strong feelings (No quarter, 2014), perdura un rico sabor en el paladar.

Es el tercer disco de este canadiense de gesto asustadizo y precavido que aparece en la imagen. En Canadá el aire golpea de otro modo, eso creo. Advierto frescura sin corsés y una seguridad natural en varios ejemplos. Escuchando temas de Doug Paisley como Radio girl, To and fro o Where the Light takes you me reafirmo.

Nota: 7,5/10

martes, junio 17, 2014

SOUNDTRACK 152: MUSCLE SHOALS


Muscle Shoals, Alabama. Un paraíso terrenal. En una esquina interior de este estado norteamericano se grabaron los mejores discos de rock y soul de la historia desde finales de los años sesenta. En los estudios que llevan este nombre pasaron horas Aretha Franklin, The Rolling Stones, Traffic, Staples Singers, Etta James, Allman Brothers, Elton John, Paul Simon, Lynyrd Skynyrd, Bob Seger, Wilson Pickett, Black Keys y una larga plantilla de grandes músicos.

A grandes rasgos la historia es esta: también en Alabama, Rick Hall crea los estudios FAME, donde graban estrellas del R&B respaldados por la música y los arreglos de fantásticos músicos de sesión con bagaje en estudios de New York y Nashville. Cuatro de esos músicos (Barry Beckett, David Hood, Jimmy Johnson y Roger Hawkins), conocidos como The Swampers, se marchan de FAME y levantan Muscle Shoals, donde la música, el sonido Muscle Shoals, es lo más parecido a una bendición. La huida enfangó las relaciones durante muchos años, pero pasado el tiempo hicieron las paces. Todo ello, con la elegancia de unas imágenes preciosistas y la aportación de numerosos testimonios, lo cuenta el documental Muscle Shoals, dirigido por Greg Camallier y estrenado en el Festival de Sundance el año pasado.

Todos tenemos en nuestros muebles discos nacidos en Muscle Shoals. No dejéis escapar este documental magnífico para seguir amando la música hasta las entrañas.

viernes, junio 13, 2014

¿DISCOS GIGANTES?


El suplemento de ocio de un periódico nacional le sacude el polvo a unos cuantos discos que califica como “gigantes”, obras grabadas todas hace justo dos décadas, en 1994. La mayoría fueron éxitos de ventas y de relevancia y calado entre la juventud y hoy gozan todavía de un reconocimiento que no ha perdido peso e incluso siguen ganando adeptos. 


Una gran parte de esos discos representa muy bien el ambiente musical de aquel año o aquella época (Dummy de Portishead, Parklife de Blur, Weezer de Weezer, Dog man star de Suede, Definitely maybe de Oasis… muy británico) y con el tiempo perviven más allá de su apogeo como elementos culturales distintivos de un momento. Las obras de Portishead y Suede me chirrían, lo de Weezer me deja indiferente y los jóvenes latidos de Blur y Oasis aún merecen ser refrescados.

Para seguir, digamos que acepto siendo generoso Let love in de Nick Cave. No paso por Illmatic de Nas, III Communication de Beastie Boys, Crazysexycool de TLC. Y nunca me gustaron The Holy Bible de Manic Street Preachers, Super 8 de Los Planetas (no nos olvidemos de casa) ni el fervoroso Dookie de Green Day.

De entre estos selectos discos solo a uno me atrevería a atribuirle un calificativo grandilocuente, no sé si ‘gigante’, pero sí merecedor de formar parte de esta lista. Se trata de Grace de Jeff Buckley.

Ya veis que en pleno auge brit y grunge a ambos lados del Atlántico nadie encumbra las obras de los mejores grupos de Seattle. Lo cual no me extraña, visto el efecto dañino de su oscurantismo lírico y atmosférico sobre el reloj de la vida y los designios de las modas.

La música… también tiene su momento.

Ya no sé bien si me sorprende que no haya encontrado entre casi 900 discos de todos los estilos de aquel año 1994, en mi efervescencia universitaria, obras que pudiera considerar ‘gigantes’. Creo que no. Me tomo la libertad de repasar aquel año e incluir entre los álbumes superiores a los arriba citados (aunque no tan descriptivos de aquel tiempo) otros tantos como, por ejemplo:

Second coming (Stone Roses), Wildflowers (Tom Petty), American Recordings (Johnny Cash), Whiskey for the Holy Ghost (Mark Lanegan), Amorica (The Black Crowes), Welcome to the cruel world (Ben Harper), Voodoo lounge (The Rolling Stones), Talking Tumbuctu (Ry Cooder & Ali Farka Toure), Purple (Stone Temple Pilots), Monster, (REM), Welcome to Sky Valley (Kyuss), Superunknown (Soundgarden) o Vitalogy (Pearl Jam).

miércoles, junio 11, 2014

VOLUME ONE 331: CHILDHOOD HOME (BEN & ELLEN HARPER)


Otra razón para afianzar la fidelidad a Ben Harper. Su madre, Ellen, tuvo gran culpa de que al chico le gustase la música muy pronto. Trabajaba en un centro musical y en un museo y en casa Ben se crió entre pasiones antiguas y referencias continuas. Con una sólida base es más fácil después interpretar bien, crecer mejor y experimentar con soltura. Y eso ha hecho Ben hasta la fecha, componer y producir con destreza y saber acompañarse bien. A los fenomenales discos con Relentless 7 le siguió el fantástico álbum del año pasado junto a Charlie Musselwhite, Get up!, al que ahora sucede este tierno y melancólico Childhood home (Prestige Folklore, 2014). Ben Harper y su madre se reparten composiciones y voces para traer la infancia y los recuerdos a primer término. Folk cálido, descansado y amoroso (amor de madre, amor de hijo). Respaldan entre cuerdas los compañeros de Ben, que sigue tocando las acústicas como los ángeles.

Nota: 7,5/10

VOLUME ONE 330: STRANGERS (SIMONE FELICE)


Apuntes rápidos sobre novedades para conservar. El hermano Simone se apartó en silencio de los Felice Brothers hace unos años, primero para entregar un par de trabajos memorables bajo el nombre The Duke and the King y después para trazar en solitario las líneas reconstruidas de una mala racha personal con su propia firma. Simone Felice titula Strangers (Team Love, 2014) su segundo disco, un ligero desvío de la ruta musical emprendida desde que saliera de la banda fraternal pero que no pierde el norte crepuscular de un tono que parece marca de fábrica. El álbum arranca alegre y se va entristeciendo, aunque las voces traseras de un coro juvenil enciendan algún tema. Simone canta más próximo, sin el sudor y la tierra que brotaba de sus días con sus hermanos. Delicado aún.

Nota: 7/10

domingo, junio 08, 2014

LIVE IN 159: JOE HENRY, AVILÉS 2014

'The soul of a man', se llamaba el ciclo. Joe Henry y su alma. La abrió en la intimidad, compartió el sentimiento palpitante de sus canciones. No le hizo falta más que dos guitarras, un piano, el saxo y el clarinete de su hijo Levon y su voz. La música es tan sencilla… Así le puso el broche dorado a su gira acústica de cinco fechas en España, ayer en el Centro Niemeyer de Avilés.

Mi ciclo de los grandes, el de esos músicos que cada día me regalan razones para ser optimista y que me van a acompañar toda la vida, se va completando. Me quedan muy pocos para disfrutarlos en carne viva, cara a cara. Joe era uno de ellos. Joe está en una dimensión diferente, en la nave de quienes convierten la música en un sentimiento purificador, en una necesidad para la salud. Por cómo canta, por cómo transpira su interpretación, por cómo habla y emociona, por cómo suena.
Casi hora y media. Odetta, Like she was a hammer, God only knows, The man I keep hid y medio repertorio de su maravilloso último album, Invisible hour, sonaron celestiales. Me hubiera encantado tener delante a su banda al completo, pero su actuación fue excepcional. Apenas éramos 100 en un auditorio de más de 1.000 butacas. “Hay más intimidad en mi habitación del hotel”, dijo Joe al pisar las tablas, el eco del paso solitario de sus botas. Una pena. O una bendición.

Life is music. Muchas muchas muchas gracias por tu música, Joe Henry.

jueves, junio 05, 2014

BONUS TRACK 132: STREET LADY (DONALD BYRD)


Donald Byrd es quizá mi ‘jazzman’ favorito. O sin quizá. Qué tipo, qué bien suena haga lo que haga. Porque su evolución musical fue pareja a la de otros grandes como Miles Davis o John Coltrane y sobre todo en los setenta fusionó géneros y exploró nuevos horizontes en los que el jazz se podía estirar a sus anchas. Además de tocar con gente de la altura de Sonny Rollins, Hank Mobley, Kenny Burrell o Art Farmer, por mencionar unos pocos, tiene una veintena de discos bárbaros entre finales de los 50 y mediados de los 70. Tenía una sólida formación musical y hasta que murió el año pasado a los 83 años se dedicó a enseñar música.

Escojo un disco, este Street lady (1973), que curiosamente no es de los mejor valorados, pero que a mí me encanta, y no solo por tan calurosa e incitante portada. Donald deja muestras de su gusto por un funk muy vivo y transparente que se va arrimando a la música de baile, y que todavía se asiente en ritmos ágiles y pegadizos. Con temazos como el que da título al disco o Witch hunt, este álbum es una rareza grandiosa de los archivos mágicos de Blue Note y de la tremenda carrera de Donald Byrd.