domingo, junio 29, 2014
BONUS TRACK 133: FLY ME TO THE MOON (BOBBY WOMACK)
Hace unos días murió Bobby Womack. Tenía 70 años. Llegué a él por la banda sonora del film policiaco de los años setenta Across 110th street y su reconocible tema principal, rescatado muchos años después en la película Jackie Browne. No me enganché a las pocas cosas que después escuché de él y, al contrario que la crítica, me disgustó bastante su último trabajo, The bravest man in the universe, del año pasado. Sí, era osado Bobby, inquieto compositor, experimental y a veces difícil. Con motivo de su muerte he rescatado trabajos más asequibles, más proclives a dejar huella. Y me he encontrado con este fabuloso Fly me to the moon de 1969, de sus primeros discos. La voz poderosa de Bobby conduce la música a terrenos urbanos y revueltos. Soul sudoroso, funk ardiente, todavía hoy tremendamente arrebatadores.
miércoles, junio 25, 2014
VOLUME TWO 66: DAVE VAN RONK & MacDOUGAL STREET
Me recreo relajado en las páginas
de The mayor of MacDougal Street. Aún no he llegado al final de los recuerdos
de Dave van Ronk, ese músico y musicólogo del Greenwich Village que a tantos bardos
vio llegar y triunfar o pasar de largo por sus calles y cafés. Me lo estoy
pasando bien y recomiendo su lectura (por ahora creo que no hay una edición
traducida al castellano) porque Dave no sienta cátedra, sino que describe con rigor
musical, anécdotas y buen humor el ambiente folkie de New York (y también de
California) en los años 50 y 60, el entorno político, los auténticos y los
falsos ‘beatniks’… y se entretiene en las peculiaridades de unos cuantos personajes.
No era maestro de nadie, él bebía
de aquí y de allá, le encantaba el folclore, la raíz musical de una cultura,
por eso uno lo escucha y a veces no sabe muy bien si canta blues o folk o toca
jazz o ragtime. Era un buen colega de todos, un digno camarada, por eso siempre
se respetó su verbo hasta su muerte hace una década. Grabó sus discos, sobre
todo hasta los años 70, y hay por ahí unas cuantas colecciones, grabaciones en
vivo y alguna reedición reciente.
Escuché a Van Ronk bastante
antes de Inside Llewyn Davis, aunque poco, un par de gotas. Ahora, leyendo,
compruebo que en la memoria de Van Ronk se hallan no pocos detalles del guión que
los hermanos Coen convirtieron en su entrañable última película: los viajes en
la carretera, las noches en los sofás de los pisos de los colegas, las
audiciones ante productores, las sesiones musicales en los bares…
La lectura me lleva a la
música, ambas se entienden bien. Por eso escucho estos días el álbum Folksinger (1963).
Caramba, este Dave es también un portento de alcance. Su voz ronca, más de
negro que de blanco, y su entregada y a la vez espontánea interpretación constatan
su versatilidad estilística aunque en este disco se lo escuche solo a él y a su
guitarra. Sientes que estás en el Gaslight Café, por ejemplo, con el público en
silencio y el humo flotando entre las cuerdas y la voz que escapa de la
garganta.
Sí, es solo eso, una voz, una
guitarra. Sencillo, bien hecho. Hay mucha otra gran música también, cada vez menos,
y no puedes evitar lamentar cuánta mierda de música se hace hoy.
jueves, junio 19, 2014
VOLUME ONE 332: STRONG FEELINGS (DOUG PAISLEY)
A quienes no se nos agota el hambre
por probar alimentos nuevos entre menúes viejos en nuestra exploración diaria
por los paisajes musicales nos ocurre más a menudo de lo deseado que aquellos músicos
a quienes descubrimos nos dejan con apetito o no nos saben a nada. Pero otras
veces te topas con alguien que te cuenta algo distinto, alguien que sin desviarse
en absoluto de las clásicas recetas te sabe diferente. ¿Por qué? Porque la
forma de cantar, por cómo encajan las guitarras o se funden un par de voces,
por no desvirtuar el talento ni la autenticidad. El último caso de este estilo que
me ha pasado es Doug Paisley. Con su tercer álbum, este bonito Strong feelings
(No quarter, 2014), perdura un rico sabor en el paladar.
Es el tercer disco de este
canadiense de gesto asustadizo y precavido que aparece en la imagen. En Canadá el
aire golpea de otro modo, eso creo. Advierto frescura sin corsés y una
seguridad natural en varios ejemplos. Escuchando temas de Doug Paisley como Radio girl, To and
fro o Where the Light takes you me reafirmo.
Nota: 7,5/10
martes, junio 17, 2014
SOUNDTRACK 152: MUSCLE SHOALS
Muscle Shoals, Alabama. Un paraíso
terrenal. En una esquina interior de este estado norteamericano se grabaron los
mejores discos de rock y soul de la historia desde finales de los años sesenta.
En los estudios que llevan este nombre pasaron horas Aretha Franklin, The
Rolling Stones, Traffic, Staples Singers, Etta James, Allman Brothers, Elton
John, Paul Simon, Lynyrd Skynyrd, Bob Seger, Wilson Pickett, Black Keys y una
larga plantilla de grandes músicos.
A grandes rasgos la historia
es esta: también en Alabama, Rick Hall crea los estudios FAME, donde graban
estrellas del R&B respaldados por la música y los arreglos de fantásticos músicos
de sesión con bagaje en estudios de New York y Nashville. Cuatro de esos músicos
(Barry Beckett, David Hood, Jimmy Johnson y Roger Hawkins), conocidos como The
Swampers, se marchan de FAME y levantan Muscle Shoals, donde la música, el
sonido Muscle Shoals, es lo más parecido a una bendición. La huida enfangó las
relaciones durante muchos años, pero pasado el tiempo hicieron las paces. Todo ello,
con la elegancia de unas imágenes preciosistas y la aportación de numerosos
testimonios, lo cuenta el documental Muscle Shoals, dirigido por Greg Camallier
y estrenado en el Festival de Sundance el año pasado.
Todos tenemos en nuestros
muebles discos nacidos en Muscle Shoals. No dejéis escapar este documental magnífico
para seguir amando la música hasta las entrañas.
viernes, junio 13, 2014
¿DISCOS GIGANTES?
El suplemento de ocio de un periódico nacional le sacude el polvo a unos cuantos discos que califica como “gigantes”, obras grabadas todas hace justo dos décadas, en 1994. La mayoría fueron éxitos de ventas y de relevancia y calado entre la juventud y hoy gozan todavía de un reconocimiento que no ha perdido peso e incluso siguen ganando adeptos.
Una gran parte de
esos discos representa muy bien el ambiente musical de aquel año o aquella
época (Dummy de Portishead, Parklife de Blur, Weezer de Weezer, Dog man star de
Suede, Definitely maybe de Oasis… muy británico) y con el tiempo perviven más
allá de su apogeo como elementos culturales distintivos de un momento. Las
obras de Portishead y Suede me chirrían, lo de Weezer me deja indiferente y los
jóvenes latidos de Blur y Oasis aún merecen ser refrescados.
Para seguir,
digamos que acepto siendo generoso Let love in de Nick Cave. No paso por Illmatic
de Nas, III Communication de Beastie Boys, Crazysexycool de TLC. Y nunca me
gustaron The Holy Bible de Manic Street Preachers, Super 8 de Los Planetas (no
nos olvidemos de casa) ni el fervoroso Dookie de Green Day.
De entre estos selectos
discos solo a uno me atrevería a atribuirle un calificativo grandilocuente, no
sé si ‘gigante’, pero sí merecedor de formar parte de esta lista. Se trata de
Grace de Jeff Buckley.
Ya veis que en
pleno auge brit y grunge a ambos lados del Atlántico nadie encumbra las obras
de los mejores grupos de Seattle. Lo cual no me extraña, visto el efecto dañino
de su oscurantismo lírico y atmosférico sobre el reloj de la vida y los
designios de las modas.
La música… también
tiene su momento.
Ya no sé bien si
me sorprende que no haya encontrado entre casi 900 discos de todos los estilos de
aquel año 1994, en mi efervescencia universitaria, obras que pudiera considerar
‘gigantes’. Creo que no. Me tomo la libertad de repasar aquel año e incluir
entre los álbumes superiores a los arriba citados (aunque no tan descriptivos
de aquel tiempo) otros tantos como, por ejemplo:Second coming (Stone Roses), Wildflowers (Tom Petty), American Recordings (Johnny Cash), Whiskey for the Holy Ghost (Mark Lanegan), Amorica (The Black Crowes), Welcome to the cruel world (Ben Harper), Voodoo lounge (The Rolling Stones), Talking Tumbuctu (Ry Cooder & Ali Farka Toure), Purple (Stone Temple Pilots), Monster, (REM), Welcome to Sky Valley (Kyuss), Superunknown (Soundgarden) o Vitalogy (Pearl Jam).
miércoles, junio 11, 2014
VOLUME ONE 331: CHILDHOOD HOME (BEN & ELLEN HARPER)
Otra razón para afianzar la fidelidad a Ben Harper. Su madre, Ellen, tuvo gran culpa de que al chico le gustase la música muy pronto. Trabajaba en un centro musical y en un museo y en casa Ben se crió entre pasiones antiguas y referencias continuas. Con una sólida base es más fácil después interpretar bien, crecer mejor y experimentar con soltura. Y eso ha hecho Ben hasta la fecha, componer y producir con destreza y saber acompañarse bien. A los fenomenales discos con Relentless 7 le siguió el fantástico álbum del año pasado junto a Charlie Musselwhite, Get up!, al que ahora sucede este tierno y melancólico Childhood home (Prestige Folklore, 2014). Ben Harper y su madre se reparten composiciones y voces para traer la infancia y los recuerdos a primer término. Folk cálido, descansado y amoroso (amor de madre, amor de hijo). Respaldan entre cuerdas los compañeros de Ben, que sigue tocando las acústicas como los ángeles.
Nota: 7,5/10
VOLUME ONE 330: STRANGERS (SIMONE FELICE)
Apuntes rápidos sobre novedades para conservar. El hermano Simone se apartó en silencio de los Felice Brothers hace unos años, primero para entregar un par de trabajos memorables bajo el nombre The Duke and the King y después para trazar en solitario las líneas reconstruidas de una mala racha personal con su propia firma. Simone Felice titula Strangers (Team Love, 2014) su segundo disco, un ligero desvío de la ruta musical emprendida desde que saliera de la banda fraternal pero que no pierde el norte crepuscular de un tono que parece marca de fábrica. El álbum arranca alegre y se va entristeciendo, aunque las voces traseras de un coro juvenil enciendan algún tema. Simone canta más próximo, sin el sudor y la tierra que brotaba de sus días con sus hermanos. Delicado aún.
Nota:
7/10
domingo, junio 08, 2014
LIVE IN 159: JOE HENRY, AVILÉS 2014
'The soul
of a man', se llamaba el ciclo. Joe Henry y su alma. La abrió en la intimidad, compartió
el sentimiento palpitante de sus canciones. No le hizo falta más que dos
guitarras, un piano, el saxo y el clarinete de su hijo Levon y su voz. La música
es tan sencilla… Así le puso el broche dorado a su gira acústica de cinco
fechas en España, ayer en el Centro Niemeyer de Avilés.
Mi ciclo
de los grandes, el de esos músicos que cada día me regalan razones para ser
optimista y que me van a acompañar toda la vida, se va completando. Me quedan muy
pocos para disfrutarlos en carne viva, cara a cara. Joe era uno de ellos. Joe
está en una dimensión diferente, en la nave de quienes convierten la música en
un sentimiento purificador, en una necesidad para la salud. Por cómo canta, por
cómo transpira su interpretación, por cómo habla y emociona, por cómo suena.
Casi hora
y media. Odetta, Like she was a hammer, God only knows, The man I keep hid y
medio repertorio de su maravilloso último album, Invisible hour, sonaron celestiales.
Me hubiera encantado
tener delante a su banda al completo, pero su actuación fue excepcional. Apenas
éramos 100 en un auditorio de más de 1.000 butacas. “Hay más intimidad en mi
habitación del hotel”, dijo Joe al pisar las tablas, el eco del paso solitario de
sus botas. Una pena. O una bendición.
Life is
music. Muchas muchas muchas gracias por tu música, Joe Henry.
jueves, junio 05, 2014
BONUS TRACK 132: STREET LADY (DONALD BYRD)
Donald Byrd es quizá mi ‘jazzman’ favorito. O sin quizá. Qué tipo, qué bien suena haga lo que haga. Porque su evolución musical fue pareja a la de otros grandes como Miles Davis o John Coltrane y sobre todo en los setenta fusionó géneros y exploró nuevos horizontes en los que el jazz se podía estirar a sus anchas. Además de tocar con gente de la altura de Sonny Rollins, Hank Mobley, Kenny Burrell o Art Farmer, por mencionar unos pocos, tiene una veintena de discos bárbaros entre finales de los 50 y mediados de los 70. Tenía una sólida formación musical y hasta que murió el año pasado a los 83 años se dedicó a enseñar música.
Escojo un disco,
este Street lady (1973), que curiosamente no es de los mejor valorados, pero
que a mí me encanta, y no solo por tan calurosa e incitante portada. Donald deja
muestras de su gusto por un funk muy vivo y transparente que se va arrimando a
la música de baile, y que todavía se asiente en ritmos ágiles y pegadizos. Con
temazos como el que da título al disco o Witch hunt, este álbum es una rareza grandiosa
de los archivos mágicos de Blue Note y de la tremenda carrera de Donald Byrd.
martes, junio 03, 2014
VOLUME ONE 329: EMMA JEAN (LEE FIELDS)
Se descubren un poco tarde. Algunos/algunas tuvieron algún éxito hace décadas pero nunca destacaron en primera o segunda línea. Otros/otras empezaron a dejarse a oír ya entrados en años tras mucho tiempo a la sombra o dedicados a otras cosas. Le pasó a artistas como Bettye LaVette, Sharon Jones o Charles Bradley por diferentes razones; también a Lee Fields, admirador en fondo y formas de James Brown, un tipo al que en los últimos años le dedican más espacio en más revistas. Publicó un álbum en l979 y luego no reapareció hasta 1992. Yo lo encuentro en 2008 con My world, tengo pendiente su álbum de 2012 Faithful man, y acudo a él de nuevo con Emma Jean (Truth & Soul, 2014).
Hay calor en
este disco, pese a que no lo transmita su helada foto de cubierta. Vibra un
funk limpio y acolchado, con el sello elegante de estos tiempos y el aura revestida
de años lejanos. Lee Fields afina su garganta y su banda, The Expressions, se
encarga de acicalar la música. Se va entonando este viejo socio hasta culminar con
alguna que otra descarga enérgica como Stone angel y Don’t leave me this way y
dejarte un regusto delicioso.
Nota: 7,5/10
sábado, mayo 31, 2014
SOUNDTRACK 151: A 20 PASOS DE LA FAMA

Están detrás de la estrella, a quince o veinte pasos, dándole cuerpo a las canciones y elevándolas por encima del público, dejándose la garganta y el sudor de sus cuerpos. En directo, y a veces en estudio, tienen tanto peso como el guitarrista o el teclista, por eso ellos las adoran. Y nosotros, deberíamos. Son las coristas, las voces de apoyo, que dan tanta fuerza o sutileza a la música como expresión y viveza. No es la primera vez que me deshago en elogios a los secundarios y estos, estas, bien que lo merecen. De ellas trata el documental A 20 pasos de la fama (Twenty feet from stardom), de Morgan Neville. Y hablan las grandes, pioneras y legendarias como Darlene Love, Claudia Lennear o Merry Clayton, o poderosas prodigiosas como Lisa Fischer o Táta Vega. Son soportes imprescindibles que han estado detrás y dentro de las mejoras canciones de los Rolling Stones, Tina Turner, Ray Charles, Stevie Wonder, Lynyrd Skynyrd, Sting, T-Rex, Elton John, David Bowie… Son también artistas a las que el éxito individual ha regateado y a las que el pago de las facturas les ha jugado alguna mala pasada. La música es muy grande. Muy recomendable película.
jueves, mayo 29, 2014
BOOTLEG SERIES 35: SONGS FOR SLIM

Me gusta el gesto. Slim Dunlap sufrió un derrame cerebral hace dos años, necesita cuidados intensivos para el resto de su vida y el seguro no le cubre toda la atención médica. Sus amigos quisieron ayudar a su familia para poder afrontar los gastos sanitarios e invitaron a músicos a contribuir con versiones de las canciones de Slim para editarlas primero en varios Eps cada mes y después en un disco doble con bonus tracks. El álbum benéfico lleva el nombre de uno de sus temas: Rockin here tonight. Canciones para Slim. De alguna manera creo haber contribuido comprándolo.
Sabía que Dunlap
formó parte de The Replacements en un par de discos, pero nunca seguí al grupo
de Minneapolis. Después me enteré de que había formado parte de otras bandas de
la ciudad y de que en solitario publicó dos trabajos que tuvieron buena acogida
hace años. En Rockin here tonight aparecen ‘covers’ de esas canciones de sus dos álbumes. Dan una
idea de la versatilidad rockera de un Slim Dunlap ora festivo ora reposado, ora
melancólico ora en jolgorio. Entre lo mejor de la colección: Lucinda Williams,
Jeff Tweedy, Joe Henry, The Minus 5, Steve Earle, Tim O’Reagan o Jakob Dylan.
sábado, mayo 24, 2014
73… AND LIFE GOES ON
A él un año más quizá ya no le diga nada… bueno, a mí me ha hecho acordarme de él. Puede que lo celebre componiendo una canción nueva, o con una vela encendida que le entregue su banda en la cima de un pastel, esta noche en pleno concierto o de regreso a la carretera, ya en el autobús. 24 de mayo. Feliz vida, Bob.
miércoles, mayo 21, 2014
BONUS TRACK 131: 1972 (JOSH ROUSE)
En los primeros días de este blog, a finales de 2005, le dediqué una entrada a Josh Rouse, alguien a quien había descubierto por casualidad y al que acabé siguiéndole los pasos, no muy de cerca pero siempre sabiendo en qué andaba metido. El hombre, natural de Nebraska, se acabó instalando en España, poniéndole música a la película La gran familia española y hasta cantando en castellano. Su cuarto disco es 1972 (2003), el año de su nacimiento y uno de los mejores ejemplos de álbum pop perfecto; en los siguientes, aunque elogiables casi todos, no alcanzó el mismo nivel.
Sutil, cuidado, suave,
sensorial, de arreglos inmaculados… un aura nostálgica e inocente envuelve 1972,
fresco pop blanco aderezado de soul sofisticado. De su decena de temas me
costaría escoger uno preferido: ¿Love vibration, James, Comeback (Light therapy)…?
Entrar en este disco te sitúa en otra parte y otro tiempo. ¿Habéis sentido
alguna vez la magia de la música?
lunes, mayo 19, 2014
VOLUME ONE 328: TURN BLUE (THE BLACK KEYS)
De vuelta a otra realidad, hay que detenerse en Turn blue, el esperado nuevo disco de The Black Keys. ¿Por qué esperado? Un par de razones: porque después de dos bombas como Brothers (2010) y El Camino (2011) uno se pregunta si el dúo de Akron será capaz de repetir virtudes y atraer nuevas alabanzas; y porque el grupo es hoy uno de los líderes más estimulantes de la Primera División. Pues Turn blue (Nonesuch Records, 2014) se aúpa sin despeinarse a cotas bien altas y consolida a la banda como una gran (e indiscutible) referencia contemporánea.
Me cuestionaba
en las semanas previas a su lanzamiento y tras escuchar su fenomenal single de
adelanto, Fever, si The Black Keys sabría mantener intacto su listón y no caería
en vicios grandilocuentes o apuestas repetitivas. Hay un poco de El Camino en
esas voces afeminadas de Auerbach y esos coros femeninos presentes en un par de
temas y algo de Brothers en el aliento atmosférico de otro par de canciones. Pero
la propuesta de Turn blue se diferencia de sus precedentes en la creación de
unos climas más psicodélicos (Weight of love), frívolos a veces pero siempre
pegadizos (10 lovers), sin renunciar a la contundencia rítmica (It’s up to you
now) y a las estructuras atrayentes, de las que hacen repetir el estribillo,
correr entre las guitarras y dejarse absorber por el ambiente.
Un pequeño
pero entre un conjunto notable: la producción demasiado plástica del propio
grupo y de Danger Mouse abusa un poco de adornos y trucos caprichosos y da la
sensación de que a uno o dos temas les quedaría mejor una capa menos de sonidos
o instrumentos.
Nota:
8/10
sábado, mayo 17, 2014
EL VALOR DE UN DISCO
Hablamos estos días, volvemos a decirnos, que las sensaciones de la música se disuelven y confunden, que no recuperamos ya el momento de entrar en los discos como cuando desgastábamos los vinilos debajo del brazo, que los cds que reposan en nuestros estantes desaparecerán para siempre en pocos años, que ya no tiene encanto alguno sacarlos de la caja, meterlos en el equipo y esperar unos segundos a que empiecen a sonar y a atraparnos… Sí, un poco (o un mucho) de todo eso es cierto. Pero algunos aún resistimos.
Yo, por ejemplo,
sigo escuchando mucha música pero comprando bastante menos. Al viajar me gusta
rebuscar y encontrar rarezas o adquirir lo que me da pereza ir a buscar a media
hora de mi casa. En ocasiones me dejo caer por un mercadillo o una feria del
disco para remover en el polvo y llevarme un par de piezas. Y otras veces me
caen uno, dos o tres discos de regalo que me sientan de maravilla, aunque los
abras y no te encuentres más que el cd y el careto del artista, la fotografía
de una pradera o un cartón en blanco con nada más que los nombres de quienes
intervienen.
Bueno, todo eso
no importa, me digo. Porque tengo un disco en mis manos que alguien me ha
regalado. Y ese, para mí, es el verdadero valor que tiene un disco. Y la música.
jueves, mayo 15, 2014
SAUDADE
Las palabras se quedan atrás mientras empuja el viento. Un estado de incertidumbre y atontamiento, de apatía y desaliento. Estoy blue sin que me entre un buen blues, descarto a los Black Keys y regreso al desencanto alcoholizado del Tonight’s the night de Neil Young. Es lo más parecido que encuentro a una explicación coherente. Será que las rutinas no me han dado la bienvenida, que la libertad es hoy un derecho demasiado perecedero, o que me aguarda desafiante e invencible el segundo año de esta década.
lunes, mayo 12, 2014
LIVE IN 158: AMOS LEE, BARCELONA 2014
Echaba de menos
la excitación de un directo, de un teatro limpio y acogedor sin butacas para acercarse
de pie a la primera fila, plantarse allí y esperar entre ingenuo e impaciente a
que la música te cubra y el músico te haga sentir bien. El Barts de Barcelona
nos llamó para ver a Amos Lee el día 11, y el chico y su música cumplieron. Las
simpatías que me despierta desde hace tiempo crecen y el de Philadelphia ofreció
un concierto ejemplar, el último de la breve gira europea para presentar su
acertado disco Mountains of sorrow, Rivers of song.
Con el carisma calculado
para no resultar ni lejano ni empalagoso, sin poses ni estridencias, Amos Lee y
sus cinco acompañantes superaron el notable. Imponente, oculto siempre tras sus
gafas, sutil en sus movimientos, sensual de voz y entrañable en su actitud,
Amos se marcó un directo que repasó los mejores temas de sus álbumes (alguna
ausencia perdonable), con puntuales concesiones a las habilidades encomiables de
sus músicos y con el añadido singular de un medley de lo más sugerente que unió
a Queen y a Beyonce. Ole maestro.
Gustó y dejó
huella. Al final del bolo, unos pocos esperamos al artista y su gente. Una monada
que había disfrutado antes de lo lindo a los pies del cantante se le acercó
para pedirle una foto y la firma de unos discos. Él accedió, claro. Y ella,
radiante de gloria, le pidió disculpas por abrazarse a su cintura y mirar a la
cámara con la sonrisa pura de la felicidad. Muy bien, Amos.
miércoles, mayo 07, 2014
BONUS TRACK 130: ON THE BEACH (NEIL YOUNG)
Tras navegar hace poco por el sueño memorístico del hippie Neil Young rescaté un par de discos cuyo recuerdo tenía nublado. On the Beach (1974) emerge poderoso en una década fascinante del autor, a la altura de Harvest o Comes a time. Pero distinto: es un álbum de ánimo decadente, marcado por la pérdida de músicos cercanos y el traumático nacimiento de seres íntimos. Suena a depresión, resaca en la playa al amanecer, como transmite su fantástica cubierta. Son los años de Laurel Canyon, con gente como Nash, Crosby, Levon Helm y Rick Danko acompañando a Young y a Crazy Horse. Solo tiene ocho temas, cinco de ellos gloriosos, de los que te cogen del cuello y te ponen la piel de gallina mientras te transportan a otro tiempo (Walk on, On the beach y el trío de blueses crepusculares que forman Revolution, Vampire y Ambulance).
Cada
disco tiene su historia propia en cada uno de nosotros. Hace tiempo, cuando grabábamos
cintas, un conocido con el que ya no me trato y yo andábamos detrás de este
disco. Entonces estaba descatalogado, o eso creíamos, pues no había copia en cd
por ningún lado y amazon, por ejemplo, aún no existía. En una feria del disco
preguntamos en un puesto si por casualidad tenían On the Beach, de Neil Young.
El tipo, con el aire de superioridad del comerciante que presume de tener no
pocas rarezas, nos dijo que por ahí andaba, en una de las cajas de discos expuestas.
Removimos un poco y lo encontramos. El colega se lo llevó a casa para completar
su colección de Neil Young y yo, pues lo grabé en cinta. Años más tarde, el
disco se reeditó en cd y aquí lo tengo, bien cuidadito para volver a escuchar
en momentos como este.
lunes, mayo 05, 2014
VOLUME ONE 327: PHOSPHORESCENT HARVEST (CHRIS ROBINSON BROTHERHOOD)
La hermandad
de Chris Robinson se cita a menudo para brindar y experimentar con la música en
directo y en estudio. Entre giras con los Black Crowes, Chris junta a Neal
Casal, Mark Dutton, Adam MacDougall y George Sluppick, y bajo la producción de
Thom Monahan graba discos que complementan la rica herencia de los cuervos y
exploran paisajes coetáneos. No, no son los Crowes, pero no se distancian mucho.
La pócima consiste en dejarse empujar por el humo que desprende un rock and
roll libre y envolvente y el brebaje que se obtiene es más que sabroso.
Phosphorescent
Harvest (Silver Arrow, 2014) es el tercer disco de estudio, el más lisérgico. Lo
que suena encuentra mejor acomodo en los años setenta que en estos días, junto
a alguna memorable actuación de los hermanos Allman o los Grateful Dead. Son temas
que sobrepasan los cinco minutos, con desarrollos muy cuidados que parecen espontáneos,
que fluyen describiendo estampas atmosféricas como si a veces los músicos
estuvieran en trance. Hay algún que otro tema brillante: About a stranger,
Tornado y sobre todo Burn slow. Se disfruta a la espera del próximo graznido de
los cuervos.
Nota:
7,5/10
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






















