miércoles, septiembre 24, 2008

VOLUME TWO 41: NEKO CASE

Aunque no estén en mi selección de favoritos hay músicos que me agrada visitar de vez en cuando, más bien tarde que pronto, pero que en cada una de esas veces desprenden un halo casi imperceptible que me ata a ellos contagiosamente. Busco ejemplos antes de llegar a la protagonista de este post: Buddy Miller, Nick Drake, Laura Nyro, Stephen Stills, Gillian Welch. Y Neko Case también. En su caso encuentro vigor en su expresividad, una huella profunda en su manera de cantar, prolongando el eco metálico y retumbante de su voz americana en la madeja formada por su country alternativo.

Me pasó al conocerla. Tuve que escuchar su música más de una vez para descansar en su tirante calidez con comodidad. Una vez conseguida esta sensación reconocí hermosas canciones, fascinantes acordes y una espontánea emoción en su puesta en escena, en su interpretación.

Nació en Virginia hace 38 años y se movió por varios estados antes de su adolescencia; abandonó el nido para probar fortuna en círculos artísticos y tocó la batería en bandas menores canadienses; saltó sin red de la escena punk a la country y adoptó en sus versiones y en sus propias composiciones un estilo personal, una refrescante y modernizada recuperación de los esquemas country-folk-rock americanos. Quedó adoptada al norte de los USA, por eso prestó su voz dominante a The New Pornographers mientras comenzó a grabar por su cuenta junto al grupo The Boyfriends. En 1997 publicó su primer disco, The Virginian, al que siguieron trabajos más corpulentos: Furnace Room Lullaby(2000) y Blacklisted (2002), su obra casi redonda (¡qué enorme canción Deep red bells!), grabado en tierra de maestros, Tucson. Repitió en la ciudad de Arizona con Fox confessor brings the flood (2006) bajo el techo del sello Anti.

Os dejo estos ejemplos, los que despiertan cada cierto tiempo mi admiración por Neko Case.

domingo, septiembre 21, 2008

VOLUME ONE 157: CARRIED TO DUST (CALEXICO)

Me gusta pensar que Burns, Convertino y el grupo de estupendos músicos que reclutan son como unos amigos que nunca te fallan, y que cada vez que los invitas a comer o a cenar en vez de presentarse con una botella de vino o unos pasteles te entregan una bandeja de hermosas canciones para saborear a la hora de cualquier postre. Carried to dust (Quarterstick, 2008) es otro sabroso colofón a la velada.

No encuentro mejor forma de referirme a este disco que como en este otro blog ya lo ha hecho otro cronista, otro gran oyente con un oído más fino… otra víctima del embrujo de Calexico.

Noya: 8/10

sábado, septiembre 20, 2008

BONUS TRACK 57: BRING IT ON (GOMEZ)

Diez años no son nada. O son muchos. Según. Hace diez años publicaron su primer disco los británicos Gomez, Bring it on, que en su décimo aniversario han reeditado con el añadido de otro cd de versiones diferentes, descartes y rarezas. Llevaba tiempo sin escuchar a esta peculiar banda, su imprevisible música, laberíntica y juguetona, capaz de irritar o enfadar al más intransigente y de conmover al más delicado. Bring it on, de nuevo hoy, me sigue pareciendo su mejor álbum.

Es curioso aún que no sepa bien cómo describir lo que sale de los instrumentos variados que combinan los cinco componentes de Gomez. Quizá son listos de más o genios modestos; no dan el coñazo en cualquier caso, pero cada vez que hablan lo hacen con unas cuantas joyas musicales bajo el brazo. Bring it on las tiene (esa pesadilla inicial que es Get miles, Tijuana lady, Free to run, Rie’s wagon), envueltas en efectos, giros imposibles, despistes asombrosos, frivolidades y sabia inventiva. El pop, rock, blues o lo que sea que hacen Gomez me ha sonado esta vez más psicodélico que nunca.

jueves, septiembre 18, 2008

VOLUME ONE 156: SEX & GASOLINE (RODNEY CROWELL)

Los resúmenes biográficos de Rodney Crowell lo presentan como un forajido musical del country rock americano muy bien rodeado. Tuvo buenas amistades (Townes Van Zandt), prestó su guitarra y unas cuantas canciones a figuras de cabecera del movimiento (Emmylou Harris) y se unió a familias legendarias (Rosanne le hizo suegro de su padre, el gran Johnny Cash). Además tuvo sus propias bandas, su propia carrera y su propio estudio, en el que produjo a algunos músicos de generación a lo largo de un par de décadas, entre otros a su esposa. Yo descubrí su faceta en solitario después de quedarme con su nombre en los créditos de algunos discos, un poco tarde, cuando ya había superado la decena de álbumes al publicar Fate’s right hand (2003). Ahora entrega un nuevo trabajo, Sex & gasoline (Yep Roc, 2008), material de primera para un autor con apariencia de segunda.

Joe Henry produce, y esto es una garantía mayor. Me encanta Henry desde que me fijé en sus tareas de producción y luego en sus discos en solitario (comentado alguno en este blog). Canta en un tema con Rodney y aporta su guitarra. No sólo eso, también dota al disco, con el apoyo de músicos de altura como Greg Leisz o Doyle Bramhall III, de dulzura acústica y sutileza ambiental. Las pocas cuerdas eléctricas producen un efecto escalofriante, son un ideal acompañamiento para la voz y el tono crepuscular de un Rodney Crowell gastado pero conmovedor (Sex & gasoline, Who do you trust, Funky and the farm-boy).

Nota: 8/10

lunes, septiembre 15, 2008

VOLUME ONE 155: ONLY BY THE NIGHT (KINGS OF LEON)

Estos chavales me despistan. Cuando los escuché por primera vez me parecían unos discretos vástagos surgidos de la tradición sureña de rock, impresión apoyada por la imagen desarrapada que lucían. Pero si se les afeita, se les corta el pelo y se les despeina cuidadosamente el flequillo, podrían pasar por el último grupo explotado por una multinacional con dos o tres sencillos programados para vender más de lo habitual. Pero no, no son tal, aunque ahora parezcan colegas de los Strokes o Jet, formaciones ramplonas con las que irrumpieron en el mismo pelotón a comienzos de esta década. Podrían llamarse The Followill (Brothers), pero los tres hermanos de Nashville y un primo con el mismo apellido son los Kings of Leon, que no sé aún muy bien ni por dónde caminan ni hacia dónde se van a dirigir.

Pero no está mal, eh. Su debut, Youth & young manhood (2003), me pareció superfluo, insignificante. Pasé por alto su continuación dos años después, y en 2007 me encontré con que Because of the times borraba todo rastro de aquellos críos melenudos huidos de su padre evangelista y embarcados en la caravana de bandas enraizadas en el blues rock americano; ahora sonaban más limpitos, experimentales y atmosféricos, más modernos (o modernillos), en definitiva.

Aquel tercer disco terminaba de manera magistral con un tema titulado Arizona y el cuarto recién terminado, Only by the night (Columbia, 2008), se pone en marcha del mismo modo con un no menos soberbio corte titulado Closer. Lo que sigue viene a ser una aproximada continuación de Because of the times, un trabajo que descubre equilibrismos sonoros y variadas piruetas climáticas cuanto más se escucha para desnudar sus atractivas capas. Van un poco deprisa, seguro que dispuestos a dar otro giro en cualquier momento.

Nota: 7/10

sábado, septiembre 13, 2008

LIVE IN 61: ¿SE LES ECHABA DE MENOS?

¿Echamos de menos tanto a un músico o a un grupo musical como a un ser querido? En mi caso, no. Es un sentimiento simplemente, único e intransferible. Incluso cuando se trata de uno o más artistas por los que la admiración se puede llegar a confundir con la devoción. Si Neil Young, por ejemplo, se toma un descanso de cinco o más años sin publicar nada de nada, creo que no lo voy a echar de menos. ¿Jeff Buckley? Claro que lamento su prematura muerte. ¿Lo echo en falta? No, al fin y al cabo puedo resucitarlo cuando quiera.

¿A qué viene esto? A que al leer una reciente crítica negativa del disco de regreso de un grupo que llevaba once años sin juntarse, el cronista se quedó a gusto al comentar que su retorno le parecía vacío e insignificante, movido por las necesidades alimenticias (¿qué tiene de malo?), que “nadie los echaba de menos” y que “su regreso no aporta nada”. Comentarios respetables, claro. Por mi parte, creo que en realidad a nadie, a ningún grupo, se le echa de menos y que, además, todo lo nuevo que pueda ofrecer, a estas alturas de caminata musical en el panorama rockanrolero, va a aportar muy poco.

The Verve y Metallica, dos bandas bien opuestas, han vuelto a grabar. Los primeros, once años después de su tercer álbum; los segundos no han tardado tanto desde el anterior trabajo de hace cinco. ¿Y? Me ciño al final del segundo párrafo. No hay revolución (ni se pretende), no hay bruscos cambios, no hay frescura. Dentro de unos meses intuyo que muy pocos se acordarán de que estos grupos han vuelto a la batalla y que las revistas no los incluirán entre los mejores de este año. Por cierto, que el disco tan maltratado era el de The Verve, titulado Forth, un regreso nada sobrenatural de la banda de Richard Ashcroft, pero sí por momentos gratificante. De Death Magnetic, obra de Metallica, no se puede ser tan halagador; su intento de volver al pasado se queda sin gasolina a mitad del camino, ahogado en un mar de cargante virtuosismo.

miércoles, septiembre 10, 2008

GREATEST HITS 55: STILL IN LOVE WITH YOU (THIN LIZZY)

Desde una pequeña tribuna del Porterhouse de Dublín, el refugio en miniatura de cuatro músicos cualesquiera, el sábado pasado una banda irlandesa interpretaba uno tras otro clásicos del rock mientras su público le vitoreaba desde los balcones de la segunda y tercera planta. Un tal Ditch Cassidy y su grupo, eran. Le sobraban años pero no voz ni pasión al ‘front man’, y le faltaban aún muchos por recorrer a su joven e intenso guitarrista. La actuación alcanzó su cumbre, entre la improvisación y la fidelidad generosa de minutos, cuando Phil Lynott volvió de entre los muertos entre las notas y palabras de Still in love with you, incluida en el disco Nightlife de 1974. Las canciones de amor con los títulos más sencillos alcanzan alturas místicas como esta.

martes, septiembre 09, 2008

LIVE IN 60: LA ALEGRÍA DE BEBER

No figura entre mis consumiciones, mas no he necesitado probar de nuevo el peculiar sabor que una vez me desagradó para dejarme convencer por sus efectos en el humor. He sido testigo en vivo, esta vez en la tierra de origen, a unos minutos de la fábrica desde donde fluye hacia todos los rincones de la tierra. La Guinness (o cualquier otra cerveza helada con el tostado, el claro o el negro como color)… una forma de ser feliz, una filosofía de vida.

Me quedo sobre todo con ese buen rollo: con los amigos que ríen cada uno agarrado a una pinta, con jóvenes y mayores girando sobre sí mismos al son de una pieza tradicional o pletóricos de voz como coristas de un guitarrista anónimo que comparte su pasión desde la esquina de un bar… y qué bar, un laberinto interminable de áreas y habitaciones donde la falta de espacio para avanzar o encontrar un hueco en el que pedir algo de beber mantiene unidos a los joviales camaradas.

Me quedo con esa alegría vetada a los borrachos crónicos (y con la paz de St. Stephen’s Green, las mareas de gente en Grafton Street, la paz de Howth, Dalkey y esos pueblos hermanos, los adoquines del templo, las rubias bonitas, la estatua de Phil y el aire que huele a U2).

sábado, septiembre 06, 2008

GREATEST HITS 54: WINDOW IN THE SKIES (U2)

Me escapo unos días. Un visto y no visto. Quizá sea suficiente. Necesito contemplar un cielo distinto, un mar diferente, cargar de kilómetros estas piernas, oír otras voces, cruzarme con rostros extraños, sentirme un desconocido en otro rincón del mundo… abrir la ventana aunque luego haya que volver a cerrarla y todo vuelva a ser lo mismo.

miércoles, septiembre 03, 2008

BOOTLEG SERIES 14: EVEN COWGIRLS GET THE BLUES

Otros cuadros americanos encuentran compañía sonora en la voz calmosa de algunas vaqueras de la tierra abrazadas a una guitarra. Hay muchas, muchísimas, que empiezan a cantar sus poemas un año y no reaparecen hasta mucho más tarde; que componen desde la soledad de un bungaló montañoso; desde las plazas más tranquilas de una ciudad bulliciosa… Un grupo de casi una veintena de estas chicas se puede escuchar en Even cowgirls get the blues, una recopilación del sello Fargo que me acabo de encontrar y que no debe confundirse con el espantoso film de Gus van Sant con el mismo título, desde luego que no.

Son éstas las voces del ‘alternate country’ del siglo XXI, de ese ‘americana’ a veces tan insulso a veces tan gratificante. Dawn Landes, Jesse Sykes y Sera Cahoone ya han pasado por este blog y aquí se dejan escuchar tiernas y flotantes junto a otras compañeras de escena cuya música parece radiografiar la melancolía para fabricar hermosas canciones. Entre Cat Power y Joanna Newsom como límites, cabe de todo en esta colección fechada el año pasado, descubrimientos de chicas que van a merecer más de una escucha: Lauren Hoffman, Liz Durrett, Bosque Brown, Sarah White o Mariee Sioux.

martes, septiembre 02, 2008

SOUNDTRACK 66: FAT CITY

Repasando el disco de 1971 Me and Bobby McGee, el eco abandonado y el acento acrobático de Kris Kristofferson me empujaron de inmediato al ambiente deprimente que recorre prácticamente cada fotograma de Fat City, la obra maestra que John Huston dirigió un año después. De hecho, el tema Help me make it through the night, incluido por Kristofferson en aquel álbum, abre la película durante sus créditos, detalle que había olvidado. Con el film en la cabeza durante unos minutos me recreé en escenas que de pronto empezaron a sucederse sin lagunas de memoria y me reafirmé en la última impresión que dejó en mí esta gran película.

Creo que los años hacen más dura Fat City, más fatalista. Si la ves cuando aún eres un chaval que se quiere ver todas las películas de Huston quizá te lleves una decepción, como me pasó a mí. Vista de nuevo años más tarde, cuando te has cansado de leer críticas sublimes hacia este film y la vida te va enseñando aspectos con los que nunca quisieras tener que lidiar, puede que Fat City te parezca una dolorosa maravilla, un puñetazo directo en los riñones.

De puños va la cosa. Y de mucho más: de soledad alcoholizada, del vacío estancado en ninguna parte, de voluntades perdidas y talentos malgastados, de un futuro sin esperanza. El boxeador en decadencia que interpreta Stacey Keach, mucho antes de que se convirtiera en el televisivo detective Mike Hammer, es un tronco a la deriva incluso cuando se acerca a la orilla, y el novato púgil al que da vida un imberbe Jeff Bridges es un ingenuo desibucado. El primero no tiene remedio, por mucho que trate de salvar su carrera hundida y quiera sentirse una persona digna parece condenado a que su vida caiga en un pozo sin salida; gana un combate y la ducha le deja maltrecho mientras que su contrincante sale erguido del pabellón. Para el segundo el boxeo no es en realidad lo suyo y más real todavía es que, aún tan joven, va a iniciar con su pareja un largo camino en una dirección no demasiado estimulante.

La dirección fría y sin concesiones de Huston (en su salsa al pincelar a sus personajes favoritos, los perdedores) el naturalismo descarnado con el que trabajan los actores, la fotografía luminosa de Conrad L. Hall y esos desoladores paisajes de campo y urbe decoran una Ciudad dorada que ha perdido cualquier huella de brillo.

sábado, agosto 30, 2008

VOLUME ONE 154: MED SUD I EYRUM VID SPILUM ENDALAUST (SIGUR RÓS)

El film Heima supuso para mí hace unos meses el primer contacto serio con Sigur Rós, una banda a la que siempre daba esquinazo en cuanto me tropezaba de casualidad con su música etérea y nada amoldable a las descripciones. El score y las canciones de aquella película me revelaron que el grupo islandés, habitualmente bendecido por los favores de la crítica, practica y regala, con la exigencia cómplice del público, una música que traspasa las fronteras físicas de la sensación y se introduce en las entrañas privadas de quien la escucha con atención.

Cada canción, cada disco, es tan distinto como sus oyentes, cierto, y Med Sud I Eyrum Vid Spilum Endalaust (XL, 2008), el quinto álbum de Sigur Rós, sólo se puede describir del modo en que se detalla y comparte una íntima experiencia personal. Los liberadores efectos, las tímidas voces islandesas y las ambientales capas sinfónicas que sonaban en Heima reaparecen en este nuevo disco, al que reaniman de su catarsis unos pocos cortes más accesibles con sutil parentesco incluso con Coldplay.

El tema que abre el disco, Gobbledigook (algo así como “galimatías”), ensalza el espíritu agreste del universo del grupo y se digiere, acompañado de estas puras y desnudas imágenes, como un pequeño himno de libertad.

miércoles, agosto 27, 2008

GREATEST HITS 53: GRADUATION DAY (CHRIS ISAAK)

No sé por qué repentina razón me ha apetecido recordar canciones de Chris Isaak y buscar vídeos suyos. ¿Será porque a la espera de que el año entregue el último cargamento de interesantes discos ninguna de las más recientes novedades (salvo contadas excepciones) ha logrado espabilarme… ni siquiera quedarme con el nombre del responsable una vez acabada su escucha? Es muy probable. O que últimamente ando algo distraído. El caso es que Isaak siempre me ha caído bien. A las razones musicales de mi simpatía debo añadir que una mañana, hace más de quince años, al bueno de Chris le entraron las ganas de tomar el sol y darse un baño en la playa de mi ciudad. Y eso mola.

Sus discos no llegan a entusiasmarme, ninguno me parece redondo, aunque encierren cada uno más de un par de joyas encantadoras. Es también su imagen limpia de crooner de carretera, un heredero guapo de Roy Orbison, y la sencillez pura de sus canciones lo que más me gusta de Chris Isaak. Varios de esos temas se colaron de refilón en las películas (Suspicion of love en Casada con todos) o se popularizaron gracias a ellas (Baby did a bad bad thing en Eyes wide shut o Wicked game en Corazón salvaje). Otra maravilla es este Graduation day, sintonía de nostalgia para los niños crecidos de Beautiful girls.

domingo, agosto 24, 2008

GREATEST HITS 52: DO YA THINK I’M SEXY (ROD STEWART)


Cuesta creer que se pueda ser sexy con esta facha. Se lo preguntaba Rod Stewart a cualquier hembra que se le pusiera delante en los albores de la fiebre disco y al muy truhán seguro que le respondían que sí, que era demasiado sexy aunque se vistiese como una nena, peinase una fregona dorada en la cabeza y diese esos giros tan afeminados cuando cantaba. Seguro que entre las sábanas le respondían lo mismo minutos después. Así forjó su historial sexual de conquistas.

A mí esta canción me encanta. Quizá porque siempre encuentro un cuerpo humeante moviéndose muy sexy cada vez que me recibe en cualquier parte. Rod ya había dejado atrás sus mejores discos, los cinco que grabó con Mercury y los dos primeros con Warner. En Blondes have more fun (1978) la música disco contagió al escocés, en cierto modo le obligó a ambicionar más público y empapó casi por completo un trabajo que ahora parece remoto y olvidable. Salvo este fantástico ¿Crees que soy sexy?

NATURAL

¿De qué vale que Sasha Rubia, Giorgi Red y Dame Dode te digan que es difícil encontrar por ahí a alguien tan natural? A ninguna de ellas las vas a encontrar entonces tan natural como ellas creen que tú eres. Quedamos pocos, creo… aquellos a los que no nos vale cualquier trapo para limpiarnos, cualquier guarida donde vaciar. No se trata de jugar y olvidar. No es sólo eso, es más, lo creas o no.

El abuso cansa. ¿Con qué me quedo? Con la música del desierto. Con el estudio en Nueva Orleans. Con los días que no viví. Con un trago entre sesiones. Contigo.

jueves, agosto 21, 2008

LIVE IN 59: EXTRAS

Cambio de aires y me dejo convencer por Yojimbo para prestarle tiempo de ocio a una serie de televisión. Con tantos vicios sanos que cuidar cuesta encontrar tiempo que compaginarlos o dedicárselo a otras actividades evasivas. Por eso he sido reacio durante bastante tiempo a seguir series TV, por rechazo a que me quitasen horas que invertir en libros, discos y películas. Pero esta vez sí, esta vez necesito un cambio y hago caso a mi amigo, pruebo con su recomendación: Extras.

Los premios lustran el historial de Extras, una serie cómica de la BBC y HBO, de sólo doce episodios reunidos en dos temporadas, galardonada con Baftas, Emmys y Globos de Oro. Sus creadores, los humoristas británicos Ricky Gervais y Stephen Mercant, son los protagonistas, además de la actriz escocesa Ashley Jensen. Gervais y Jensen interpretan a extras de cine y televisión anclados en su rol artístico y en sus vidas anodinas, ansiosos por ser algo más que figurantes y tener frases en una película o en una serie; Merchant en el desesperante agente de Gervais, un zoquete que en nada ayuda al protagonista a progresar en su profesión. En cada episodio, de casi media hora de duración, interviene una estrella invitada, que se trata de una celebridad del cine, la televisión o la canción, como Orlando Bloom, Kate Winslet, Ben Stiller, David Bowie o incluso Robert De Niro, quienes no tienen pudor alguno a la hora de interpretarse a sí mismos y ridiculizarse con la distorsión a la que someten su imagen.

Aunque Extras es una comedia, está salpicada por situaciones embarazosas en las que la farsa, la ironía o la exageración se hacen terriblemente incómodas. Esa es quizá una de las claves principales de tantas buenas comedias, la de saber reírse de lo que no tiene gracia, de lo que a uno nunca le gustaría que le ocurriese. A ello ayuda un preciso retrato de personajes, nada ejemplar ninguno cuando detrás de su aparente torpeza o bondad esconden egoísmo o ambición. Por supuesto, hacer reír es muy complicado y para ello hay que ser muy buen actor, como en este caso es el comediante Ricky Gervais (¡qué descubrimiento!), creador también de la exitosa The Office; Gervais, como Jensen, confieren matices patéticos a personajes bondadosos o patosos, y lo hacen con una nada disimulada naturalidad que resalta el efecto cómico de sus palabras y sus acciones; Merchant, por su lado, retuerce el retrato desalmado del circense agente artístico y sus rasgos desproporcionados lo convierten en un ‘freak’ adorable.

Aquí tenéis más información y valoraciones sobre EXTRAS a modo de recomendación. La mía en este caso.

lunes, agosto 18, 2008

VOLUME ONE 153: TOOL BOX (CALEXICO)

Esto es un aperitivo con sabor a primer plato. A manjar, en realidad. Abre boca como anticipo del nuevo álbum de Calexico, oficialmente en las tiendas el día 9 de septiembre con el título de Carried to dust. Tool Box, grabado en 2007 a continuación del disco Garden ruin (2006), sirve de puente entre el trabajo con el que el formidable grupo de Tucson se alejaron unos metros de su producción anterior y su nueva oferta musical, que al parecer retoma sus inconfundibles sonoridades fronterizas norteamericanas tan bien descritas en los primeros álbumes.

Carried to dust promete una nueva dosis de polvo y calor a cargo de Burns, Convertino y sus chicos en pleno desierto. Pero es que Tool box (no me importa que se considere una rareza o un trabajo aparte en el conjunto de su obra) anticipa esa atmósfera esperada con la sutil maestría que siempre ha bendecido a Calexico a través de una docena de piezas instrumentales donde diáfanas cuerdas, teclados dolientes, cálidos vibráfonos y acordeones y huecas percusiones componen un mural emocionante hasta el estremecimiento. Geniales.

Nota: 9/10

domingo, agosto 17, 2008

“DÉMONOS UN TIEMPO…”

(O “Abramos un paréntesis…”) …un tiempo, ¿para qué? No tiene buena pinta la frase, ¿verdad? Seguro que con sólo oírla nos asalta antes la desconfianza y el miedo que la esperanza y la reflexión. Supongo que todo precisa tiempo, un tiempo para recuperar la sintonía o arreglar los desajustes, un tiempo para despejar la vista y recuperar el sentido común… o para echarlo todo a perder, quién sabe.

Lo vamos a dejar por una temporada, a separar nuestros caminos hasta saber si algún día podemos cerrar el paréntesis y retomar nuestro romance. Son muchos años así, empeñados en vernos al menos una vez al día en un espacio de nuestras agendas. Ha habido de todo, unas veces terminábamos en los cielos, otras, a golpes por los suelos; hemos pasado del júbilo a la indiferencia, del éxtasis a la insignificancia. Pero no hemos podido separarnos ni un momento, raro era el día en que no te mencionaba o recordaba con alguna de tus muecas, triste, alegre, asustada, apagada, despierta, relajada…

Ahora pienso que sí, que hace falta un tiempo. Te veía y no sentía nada. Si me lo permites (seguro que sí), durante una temporada voy a salir con tu hermana pequeña.

jueves, agosto 14, 2008

VOLUME ONE 152: THE HARD WAY (JAMES HUNTER)

En el fondo, aunque caminemos hacia adelante de algún modo no dejamos de mirar hacia atrás, de buscar ciertas inspiraciones en hechos de otros tiempos. En la música no cesa esta tendencia, en ocasiones con rachas fuertes y otras veces más tenues. En lo que va de año algunas novedades discográficas han bebido de fuentes pasadas, como (artistas aludidos en entradas anteriores) demuestran los últimos discos de Vetiver, en el folk americano de los años sesenta y setenta, o Sharon Jones & The Dap-Kings en el soul callejero de la primera de estas décadas. Otro ejemplo es James Hunter, un autor secundario con hechuras de actor principal, una rara avis en los tiempos que corren, un británico blanco con delicada voz de negro que reinterpreta con cariñosa naturalidad soul y rock and roll que hace cuarenta y cincuenta años entusiasmaban a las audiencias.

Yo lo he conocido a través de su último álbum, el cuarto suyo en doce años, The hard way (Hear Music, 2008), con el que de un modo magistral rinde admiración y revive la figura de Sam Cooke, principalmente. Su forma de cantar es casi idéntica, aunque sin el grado de genialidad innata y énfasis emocional que sí tenía la voz de Cooke. Otras veces parece brotar de alguna de sus canciones el fantasma de Otis Redding o sentirse la fiebre de un Little Richard más moderado. Hunter es sencillo y sincero, además de un excelente guitarrista que con su vocación retro le da una bofetada a la música del futuro (sea cual sea).

Nota: 8/10

miércoles, agosto 13, 2008

BONUS TRACK 56: OH, MY GIRL (JESSE SYKES & THE SWEET HEREAFTER)

Hace unos años cayó en mis manos este disco, el de alguien que ahora podría estar diseñando camisetas con mensajes llamativos o manteniendo como puede una modesta empresa de publicidad con clientela más o menos estable; algo así, por ejemplo, alguna creatividad parecida como empleo al que añadir las no muy cuantiosas ganancias que produce el arte de la creación e interpretación musical. Son tantos y tantos los músicos que un día se nos aparecen, pronto se ocultan y más tarde vuelven a asomarse con sigilo inofensivo, que es difícil guardar la cuenta. Aquí, allá, en todas partes. Un día escuché este álbum de Jesse Sykes y su banda, The Sweet Hereafter, una formación asentada en Seattle cuyo segundo trabajo, Oh, my girl (Barsuk, 2004), me fascinó durante una temporada.

El primer (Reckless burning, 2002) y el tercer disco (Like, Love, Lust & the open halls of the soul, 2007) de esta chica y su grupo tienen un clima similar, un aire cansino pero pasional, de sentimiento profundo y eco duradero, pero es Oh, my girl el que perdura, el que vuelto a escuchar unos años después sitúa a uno durante una hora junto al crepitar de los troncos de una chimenea en plena madrugada, si es entre las paredes de un escondido bungalow, mejor. Jesse Sykes es una moza lozana a la que traiciona su voz arenosa y prudente, como la de una Marianne Faithful sólo unos pocos años más joven de lo mayor que es. Sólo lo extendidos que se hacen algunos temas impide disfrutar el disco plenamente como un excepcional trabajo total, pero dejarse mecer por temas como Troubled soul, The dreaming dead o Tell the boys compensan cualquier inconveniente y convierten Oh, my girl en una obra calurosamente relajante.

domingo, agosto 10, 2008

SWEET THING

Todo tiene un punto final que es un punto y seguido.


Es cuestión de volver a empezar.

Se acaban las vacaciones,

el agua de una cascada,

el sol de una mañana

y la sed.

De algún modo todo volverá.

My my my my my my my hasta la eternidad.

Sólo el Hombre lo sabe cantar

así… hasta la eternidad.

Van.


Para C. V. M. y L. R. M.

sábado, agosto 09, 2008

BONUS TRACK 55: WAR (U2)


Tengo que contradecir a Jim Garry en su comentario al post correspondiente al álbum Boy, pues después de haber escuchado por enésima vez War (ahora reeditado y remasterizado) llego a la conclusión de que hay cierta música inmune a la caducidad. Así como una buena parte del primer disco de U2 sí me parecía desfasada y a sólo una pequeña porción del segundo, October, podría aplicársele el mismo adjetivo, con War no es posible repetir la impresión. La trilogía inicial (llamémosla así sólo porque abarca los tres primeros discos del grupo) culmina en War (Island, 1983), un trabajo colosal.

U2 robustece su música y en cierto modo su imagen. La denuncia y la política empiezan a vestir las letras. En el aspecto técnico los irlandeses se sueltan en sus funciones, con Larry más calculador e igualmente contundente, Adam más presente y preciso, y Edge sublime al llenar de músculo sus fibrosas guitarras; Bono alcanza en su voz la personalidad que tanto marcó los discos siguientes y eleva al éxtasis de la emoción temazos como Drowning man o Sunday Bloody Sunday, al que siempre se le perdonará el abuso que del tema hacen quienes pinchan en los locales. Además, la banda apoya su madurez en el adecuado uso de la instrumentación, con la intromisión fascinante de violines eléctricos (Sunday… ), variadas percusiones (The refugee) y trompetas (Red light), sin olvidar el atmosférico empleo de coros masculinos o femeninos (Seconds, Surrender). La cara A de War es simplemente perfecta, con esos tres primeros temas que uno aún recita de carrerilla mientras la música vuelve a sonar tantos años después, por no hablar del conmovedor cierre del disco con 40.

Son las personas las que cambian, la música resiste el azote del viento. Pero a veces las personas les ponemos un pequeño freno a nuestro cambio para retroceder varias estaciones y convertirnos por un momento en aquellos que éramos cuando la música llegaba por primera vez a nuestros oídos.

BONUS TRACK 54: OCTOBER (U2)


U2 se quitaron de encima la inocente estampa con la que a comienzos de los ochenta asaltaron la escena rockera con su álbum Boy sólo un año después al publicar October (Island, 1981). Desde luego que la banda no se hizo rica con su primer disco, tampoco con el segundo, aunque con este trabajo despejó la incógnita que crea siempre un álbum de debut al dar un paso seguro hacia delante y pulir las deficiencias de la primera experiencia discográfica. Boy flirtea; October va directo al grano.

¡Qué arranque, para empezar!: Gloria gloriosa; I threw a brick through a window demoledora; Rejoice regocijante… Tomorrow inaugura la cara B con el lamento agónico de Bono por su madre perdida y Edge se luce sutilmente al añadir teclas a partir de October y llenar de bruma Stranger in a strange land y Scarlet. Larry juguetea con los platillos en delicias redescubiertas como With a shout e Is that all? y pierde la tosquedad del año anterior antes de pulir por completo su técnica. Una vez más la tecnología, milagro o castigo según el caso y la tolerancia de cada uno, se encarga de quitarle años de encima a una música casi totalmente rejuvenecida, que al que escribe le encantaría volver a escuchar en vivo si estos tipos que caminan hacia los cincuenta se animan a incluirla en su próxima gira.

Los chicos ya no prometían, le habían cogido el gusto al asunto. Y aún seguían siendo inocentes.

jueves, agosto 07, 2008

BONUS TRACK 53: UNHALFBRICKING (FAIRPORT CONVENTION)

El rock británico de los años sesenta y comienzos de los setenta atrajo hacia sí diversas líneas musicales que contribuyeron a cimentar corrientes vinculadas al folk, al progresivo, al blues, al sinfónico o el heavy metal, originando interesantes bandas (no todas fáciles de escuchar) como Soft machine, Fleetwood Mac, Nazareth o Black Sabbath. El folk rock de las islas bebió de sus raíces tradicionales y también sorbió, aunque sin el gen natural que reposa en la propia tierra, la inspiración del folk norteamericano. Fairport Convention, un grupo al que siempre he tenido pereza conocer y del que no puedo profundizar porque mis escuchas no van más allá de cuatro entre su extensa discografía, cultivaron ese folk rock inglés con variadas vertientes en un magnífico disco de 1969, Unhalfbricking, presentado con la curiosa fotografía de un avanzado matrimonio en la puerta de su vivienda con el grupo de música, en un segundo plano, descansando en el jardín.

Este álbum, el tercero de su carrera, se allega al universo folk americano a través de tres versiones de Bob Dylan acompañadas de instrumentación más próxima a la música celta, en las que la voz de la malograda Sandy Denny (brillante discografía la suya) imprime una extraña exaltación. En otros temas, la cantante esconce su alegría y parece más melancólica (Who knows where the time goes?) o intrigante (Autopsy). Un extraordinario corte de once minutos, A sailor’s life, bañado por potentes bajos y una espesa nube psicodélica, corona este gran disco.

martes, agosto 05, 2008

VOLUME ONE 151: THING OF THE PAST (VETIVER)

Otra imagen, como la presentada en el post anterior aunque con otro contexto, que incita a entrar, la de esta chica que sostiene cuidadosamente un vinilo antes de hacerlo rodar en el plato, arrodillada junto a una estantería de discos y algunas fundas esparcidas sobre la alfombra. Thing of the past (Fat Cat, 2008); reza el título escogido por el grupo Vetiver para su tercer disco, en este caso compuesto por versiones de viejas canciones de artistas en su mayor parte olvidados o muy poco conocidos. Después de Townes Van Zandt, Loudon Wainwright III e Iain Matthews, a mí se me escapan los demás autores originales, aunque escuchado el honroso trabajo hecho por los nuevos intérpretes me animo ahora a conocer un poco más a Derroll Adams, Michael Hurley o Norman Greenbaum.

A Vetiver le estamparon desde la prensa la etiqueta ‘freak folk’, que parece definir a ese tipo de música estrafalaria con explosión de arreglos rimbombantes o inusuales sobre esquemas acústicos o que, en otra vertiente, opta por el folk más desnudo y espiritual. Además, Vetiver, a través de su voz principal, Andy Cabic, tiene estrecha amistad con Joanna Newsom y Devendra Banhart, especies del mismo movimiento que tienden a despertar opiniones contrapuestas. Después de un apagado disco de debut (Vetiver) y de una más despierta continuación (Too find me gone), Vetiver encuentra ahora, aunque con el recurso de las versiones, quizá el punto perfecto para empezar a saborear su caldo.

Porque Thing of the past es un trabajo sencillamente hermoso, un disco nada rizado ni complicado que no precisa el apellido ‘freak’ cuando consigue hacernos imaginar a Wilco metido en la faena de revivir el espíritu remoto de Faces, Buffalo Springfield, Gene Clark o Crosby, Stills, Nash & Young.

Nota: 9/10

domingo, agosto 03, 2008

VOLUME ONE 150: DIRTMUSIC (DIRTMUSIC)

Semejante portada merece un mínimo de atención. ¿Los exteriores desolados de un pueblo muerto perdido en el desierto? ¿La soledad en medio de la nada? Quizá la música escondida prometa una banda sonora acorde con la imagen. Bajo el nombre que titula la foto, Dirtmusic, aparecen los de tres varones reunidos que forman esta banda. Chris Eckman, una de las mitades creativas de los estupendos Walkabouts; Hugo Race, un ex Bad Seed de Nick Cave y cabecilla del grupo True Spirit; y Chris Brokaw, del que desconozco su trabajo en las formaciones Come y Codeine y músico a la sombra de tipos como Steve Wynn, forman Dirtmusic. Su disco homónimo, grabado a finales de 2007 en la República Checa y editado por el sello Glitterhouse Records (hogar de Walkabouts), suena como el vuelo perezoso de un moscardón y sobrevuela paisajes de folk rock generalmente apaciguados por el entramado de guitarras acústicas, ligeros pero atmosféricos teclados y escasa percusión. Se descartan comparaciones con Calexico.

Escuchar este disco de corrido no es fácil, varios temas son demasiado largos. Resulta algo agotador, aunque deja el pálpito de que conviene pinchar sus canciones por separado o dedicarle la atención a tramos. De este modo se disfrutan de forma más directa las composiciones de Chris Eckman, vencedor del duelo a seis puños con clara superioridad sobre unos más blandos e irregulares Race y Brokaw.

Nota: 7/10

viernes, agosto 01, 2008

GREATEST HITS 51: STAND BY ME (JOHN LENNON)

Hay canciones de las que nace una llama que nunca se apaga. Creo que una de ellas es Stand by me, sobre la que no importa el tiempo que pase para que siga desprendiendo un poder de melancolía sublime. En Stand by me, la celebre película de Rob Reiner, la canción se apoderaba de la bonita historia de Stephen King gracias a la inmortalizada versión cantaba por Ben E. King, uno de sus compositores. He vuelto a escuchar esta maravillosa pieza en la voz dulce y cristalina de Aaron Neville en un disco suyo de 2006. Al intentar encontrar el tema en imágenes me he tropezado con esta otra versión de Stand by me que había olvidado, y que un festivo John Lennon incluyó en su disco de 1975 Rock ‘N’ Roll. Cuenta conmigo.