viernes, mayo 10, 2019

VOLUME TWO 95: THE FELICE BROTHERS

El último trabajo de los hermanos Felice, el octavo de su discografía en trece años, da pie a esta entrada y a este retrato somero. No me habría acordado de ellos de no ser por el agradable reencuentro con la mejor versión de la banda que supone Undress (2019) después de una serie de álbumes en esta década tan irregulares como apagados que dejaban al grupo en un punto ciego de orientación. Este descenso de calidad coincidió con el abandono de Simone Felice, en combate con sus problemas de salud y con una aceptable carrera en solitario y con la formación The Duke & The King.


Cuando en su día me encontré con la cubierta de Tonight at the Arizona (2007), cuatro tipos de aspecto oscuro en un paisaje helado, como salidos de films como Los vividores o Forajidos de leyenda, intuí que detrás de la imagen había una sugerente propuesta de folk rock americano. Los hermanos James, Ian y Simone venían de las montañas Catskill, en el norte del estado de Nueva York, y habían crecido entre música de raíz y jam sessions rurales antes de aventurarse a tocar en el metro y las calles de la Gran Manzana. En su música ruda e imperfecta prevalecía el sentimiento, un aroma a tierra y tradición que los acercaba a las esencias de Dylan y sobre todo a The Band. Los dos discos siguientes surcaban el desaliño y la nostalgia con subidas y bajadas de tono, salpicados de emotivas canciones para dejar correr la noche en una taberna, cerca de Woodstock. Hasta que dieron un volantazo a su trayectoria con Celebration, Florida (2011), con un vicio experimental que no encajaba con el grupo, y, en mi opinión, perdieron el rumbo. Otro par de discos monótonos que trataban de volver al punto de partida me hicieron perder la confianza en los Felice. Undress pesca de nuevo en lago seguro, con letras críticas y jocosas hacia su país y un sonido más pulido que no renuncia a la pureza de las semillas de la banda, de nuevo con The Band frente al parabrisas y en el retrovisor.

miércoles, mayo 08, 2019

BONUS TRACK 207: FLEETWOOD MAC (FLEETWOOD MAC)

Qué pensarían entonces, en 1975, los seguidores de Fleetwood Mac apegados al grupo desde sus andanzas bluseras en el Londres grisáceo de finales de los años sesenta, si es que aún quedaban seguidores. Es singular (no diría radical) la transformación de esta banda, su conversión en un grupo tan diferente al que había surgido unos siete años antes. Gran parte de su audiencia quedaría en el camino y la nueva convirtió en millonarios a los miembros que quedaban y a los que se incorporaron. Es significativo que el décimo disco se titulase como el primero, Fleetwood Mac, el despegue de un nuevo grupo, esta vez sin semillas de blues, sopladas de golpe por la brisa pop que desde la coste Oeste traían Lindsey Buckingham y Stevie Nicks.

A mí nunca me entusiasmaron ni los primeros ni los siguientes Fleetwood Mac, aunque admito que cuando cierta madurez se asentó en mí supe apreciar mejor la transfiguración del grupo y la atractiva corteza de las canciones a partir del disco homónimo del 75, con las chicas compartiendo voces y autoría con los hombres (y parejas y drogas, de paso). El álbum es un ejemplar idóneo para reivindicar el pop o el soft rock que mejor resistió aquella década. Y temas como Rhiannon o Say you love me aún guardan pegada.

lunes, mayo 06, 2019

SOUNDTRACK 229: BURT LANCASTER

Qué inmortales los actores de antes, con ese gen único para la interpretación, el rostro y el cuerpo (los gestos para moverlos y excitarlos) ante una cámara que los amaba, ante un público que soñaba con ellos. Nacieron actores, pensamos tanto tiempo después de que nos dejasen. Grant, Stewart, Hepburn, Stanwyck. Y Burt Lancaster. A los que vinieron más tarde, formidables muchos, los vemos de otra manera, como hombres y mujeres que luego se convirtieron en actores.

Burt Lancaster fue un actor de mi infancia. A mi padre le encantaba El halcón y la flecha y El temible burlón, con las piruetas de Lancaster y su amigo sin habla, y me contaba que ese actor había sido acróbata de circo, por eso no paraba de saltar desde las alturas y no utilizaba dobles para las escenas peligrosas. A mí también me entusiasmaban aquellas películas, qué emocionantes y divertidas, que hace treinta años que no veo y tenía grabadas en VHS.


Escribo sobre Burt Lancaster porque veo un film antiguo que no había visto antes, El caso 880, donde interpreta a un agente experto en falsificaciones a la caza de un delincuente. Y disfruto una barbaridad, ausente de mi presente, cuando lo veo fumar apoyado en una puerta y desconfiar con la mirada, o agarrar del brazo a una chica para sacarla a bailar con su sonrisa grande de irresistible seductor, o dirigirse a sus compañeros dando instrucciones para organizar una operación policial como si toda la vida esa actor hubiera sido un investigador. Los mejores actores que le sucedieron nunca fumaron ni bailaron igual. Qué grande eras Burt.

Lancaster era mucho más que un atleta de físico portentoso, era un actor que irradiaba una virilidad contagiosa, que caía bien y transmitía rigor y seguridad. Me gustaba verlo como pirata saltarín, pero también en dramas como Jim Thorpe, De aquí a la eternidad, El fuego y la palabra, El hombre de Alcatraz, El tren o El nadador. Con los años, brindó excelentes trabajos en el cine europeo y en una de sus últimas películas, Campo de sueños, se nos marchó, como un espíritu entrañable pegado a su sonrisa enorme, como el abuelo que siempre nos ha tenido en su altar.

viernes, mayo 03, 2019

BONUS TRACK 206: THE CLASH (THE CLASH)

Se trata de encajar la música como un golpe, no importa lo fuerte que duela: unas veces entrega un revés fulminante, otras un placentero soplido. Lo que cuenta es que el efecto sea revelador. La música de The Clash tiene (o tuvo) ese impacto, que responde al momento en que emergió de la furia londinense a modo de censura y revolución y a cómo caló en el descontento juvenil. Había que estar allí para sentirlo plenamente, claro. O asimilar como tuya la lucha y la rabia contra los poderes que te aplastaban en la cloaca. El caso es que yo no estaba allí, y desde donde estuve nunca me dieron los Clash ese golpe mágico de gracia y tampoco andaba con el puño alzado. Cuando escucho algunas de sus canciones, si suenan muy alto, consigo encender un nervio en el cuerpo, pero dedicarle más tiempo me desconecta.

He querido probar de nuevo tras haber leído un largo artículo del malogrado Lester Bangs sobre una gira que cubrió con el grupo en Inglaterra y después de ver una película que inventa una improbable amistad entre Joe Strummer y un adolescente, London Town, muy flojita la verdad, con Jonathan Rhys Meyers con los rasgos del líder musical. Por eso he pinchado The Clash, el disco con que la banda irrumpió en 1977, un álbum rápido y afilado, feo y enfadado que sigue distanciándome de los Clash, en el que solo contados cortes como Deny o Police & Thieves alumbran al grupo que sí me satisfizo dos años más tarde con London Calling.

martes, abril 30, 2019

LIVE IN 230: BOB DYLAN, SANTIAGO 2019

De nuevo en el templo temes por un momento que la liturgia caiga en la monotonía, que desde el altar nada enriquecedor vaya a estimular tu fe, de tantas veces que has asistido. Es una amenaza tibia y fugaz: comienza el sermón y avanza la ceremonia, una más, entre cúspides y hasta el éxtasis. Es la gracia de la creencia. Hoy es un orgullo amar a este hombre.

No importa que eches de menos canciones, que en un tramo de la velada te despisten un par de temas y te salgas de la corriente, o que la guitarra suene a veces apagada. No, de verdad que no importa, porque lo realmente hermoso consigue hacerte llorar cuando se reinventa por enésima vez sin perder el alma con que nació (Don't think twice it's all right, Simple twist of fate), o porque la música, una masa etérea a la que dar múltiples formas, muestra el filo fascinador que se clava en tus entrañas (Early Roman kings, Gotta serve somebody) y te lleva hacia mundos pantanosos (Scarlet Town) o te asalta de euforia (Like a rolling stone).

El maestro ahí delante, ese señor tan débil con un foco a su espalda para no mostrar los rasgos de la vejez, parece que está de buen humor esta noche, aunque tengamos que contentarnos solo con miradas satisfechas desde el frente y dos manos a los labios que parecen el arranque de un beso a la audiencia. Bob Dylan.

A mi lado, en segunda fila, tenía a un tipo que la noche anterior lo había visto en Gijón y antes en Bilbao. "Otro gran concierto", me dijo al despedirse. "Bueno, pues ya he visto a Dylan 26 veces", le oí decir a otro hombre en el camino hacia la salida. Mis modestas 7 veces me hacen dichoso en esta vida.

jueves, abril 25, 2019

LIVE IN 229: DYLANOFILIA

Lo mío es filia, no frikismo. Soy fiel seguidor, no voraz enfermo. Lo adquiero, sin derrochar. No beso el suelo por el que pisa, sé lamentar lo que no merece tenerse en cuenta. A veces, según venga, mi fe se acerca al culto a la divinidad. En algo hay que creer. Y siempre, siempre, me guía.

Este es un post dylanófilo, un pequeño capricho, ahora que vuelve al país a tocar (y no a posar para la borreguez tecnológica), y que en unos días lo volveré a ver muy cerca de mi ciudad. Será la séptima vez en justo 20 años, y me he permitido el gusto (sí, algo friki para variar) de repasar nuestros encuentros. Permítanme los cómplices... y los que no.

He acudido a seis conciertos de Bob Dylan (1999, 2004, 2006, 2006, 2008, 2017), entre los que tocó 101 canciones (41 de ellas una sola vez y ninguna las seis veces, solo Like a rolling stone y Highway 61 revisited sonaron cinco veces, y solo una vez temas como Ballad of a thin man y Desolation row, que me hubiera gustado escuchar más veces) y, según los 'set list' de su gira actual, añadirá otras siete. Fue en Santiago, León, Valladolid, San Sebastián, Vigo y Oslo. Después de las dos últimas veces pensé que sería la última vez que lo veía. Ahora lo pienso con más convicción. En esta historia de nunca acabar.

lunes, abril 22, 2019

VOLUME ONE 499: SOLSTICE (LUTHER DICKINSON)

Me complace cada vez más el saboreo continuo de esos discos de los que te das cuenta de lo buenos que son por su transparente humildad; obras elaboradas con un mimo discreto que eleva su calidad casi sin quererlo. Solstice (New West, 2019) está en esta categoría. Debemos agradecérselo a Luther Dickinson. No solo al excelente guitarrista, respaldado en esta ocasión por un grupo de atractivas voces femeninas, como Allison Russell, Amy Helm, Amy LaVere, Sharde Thomas y el trío góspel Coco Mamas, una especie de hermandad bautizada como la Luna de Fresa (Sisters of the Strawberry Moon). Del encuentro, que se produjo en 2016 y se completó con instrumentación añadida en estudio en los años siguientes, se obtiene una equilibrada combinación que en torno a la música de raíces americana se balancea entre el folk, el blues y el góspel. Ellas son las protagonistas, con su entrega vocal y su acento instrumental (conmovedora Russell cada vez que sopla el clarinete), con Luther y otros guitarristas en un modesto pero esencial segundo plano. Solstice suena y se siente cercano, como el susurro escalofriante de los roces de un ser amado.

Nota: 8,5/10

sábado, abril 20, 2019

VOLUME ONE 498: BEGIN AGAIN (NORAH JONES)

It was you, el tercero de los siete temas de Begin again (Blue Note, 2019), es una modélica canción para explicar cómo se compone e interpreta una obra maestra. No recuerdo canciones recientes, de los últimos diez años, que me parecieran tan perfectas nada más escucharlas. El segundo, Begin again, o el séptimo, Just a little bit, merecen una exaltación parecida.

Este nuevo trabajo de Norah Jones es el resultado de unas pocas incursiones en el estudio después de una larga gira de conciertos tras su disco anterior, Day breaks (2016). En estas sesiones, la autora neoyorkina dejó llevarse por la improvisación, por la intuición, con músicos próximos y junto a otros con los que no había trabajado, para jugar con la experimentación y atraer a su clima creativo esencias que ya descansaban en el deslumbrante Little broken hearts (2012). Los tres temas sublimes tienen la producción de la propia Norah, con el genial respaldo rítmico de Brian Blade y Chris Thomas. Thomas Bartlett y Jeff Tweedy colaboran en la mesa y en los instrumentos en otras dos canciones cada uno. Todo adquiere una atmósfera de niebla y vapor hechizante.

Nota: 9/10

lunes, abril 15, 2019

GREATEST HITS 222: DREAMS (LISSIE)

Otra de esas canciones infalibles que no toleran versiones fallidas ni corrientes. Hasta The Corrs cumplieron con notable. Mayor nota se gana Lissie, que la ha incluido en su álbum When I'm Alone. Dreams, de Fleetwood Mac, es uno de mis temas favoritos, una debilidad confesable. Y Lissie la envuelve en un remolino embrujado con la piel robusta de las teclas y el portento de su voz. A soñar.

 

CRUELDAD

Esto no lo admito. No estoy para crueldades como esta. Pornografía sentimental. Los guionistas se han cargado al personaje principal, con saña a la que han puesto el disfraz del panegírico. Qué fácil. Qué original. Otro Verano Azul. Casi 40 capítulos con este hombre haciendo de padre nuestro, de maestro, de amigo, de confidente, de luz... y se lo cargan en el último episodio. En la línea de meta he resbalado y todo me ha pasado por encima. No estoy para llorar porque me obliguen los guionistas. Una serie magnífica estropeada en el último suspiro. No seré tan cruel yo de decir cuál.

jueves, abril 11, 2019

VOLUME ONE 497: THIS WILD WILLING (GLEN HANSARD)

Un año y poco ha pasado desde Between two shores y has dejado que fluya ese río desbordado de música que llevas dentro en un nuevo disco. Has ido hacia arriba desde aquel torbellino de éxito y emociones enfrentadas que fue Once y sus secuelas musicales y me temía que ahora, después de tres álbumes fantásticos, ibas a tener vértigo en el cuarto. Cuánto me alegro de haberme equivocado. This wild willing (Anti-, 2019) es otra de tus cumbres, Glen Hansard.

París (y seguro que la vida que masticas en soledad) te ha inspirado, y has dejado que música y músicos de lugares que parecen lejanos te acompañen. Y de ti han extraído ese lado melancólico de las canciones, la fuerza catárquica de los gritos que claman o lloran palabras. Las que ahora has creado parecen nacer de lugares profundos: unas bucean bajo las olas y me arrastran con ellas hacia rincones turbios, otras me sacan a la superficie y me dan oxígeno y deleite. Termino de oírlas y me dejan revuelto un rato, suspendido en una gravedad de madrugada y en nubes de excitación sensorial.

No solo eres gran músico, tienes contigo a quienes te hacen mejor. Vistes canciones con el rigor de un relojero y el arte de un sastre (o al revés). Me gustan las que se estremecen tanto como las que se deshacen. Llevo días abstraído en I'll be you, be me, en Race to the bottom, en Threading water y en Good life of song. Por cómo se levantan y deshacen en luces, o pelean contra el viento en la noche, o purifican. Y vuelvo a creer que eres un gran tipo con el que me gustaría sentir la música. 

Nota: 9,5/10

miércoles, abril 10, 2019

BOOTLEG SERIES 73: HIJAS NATIVAS: ALLISON, AMYTHYST, LEYLA Y RHIANNON

La unión de fuerzas musicales en torno a un mismo concepto o idea, generalmente adscrita a un estilo común y a raíces compartidas, cae a veces en desequilibrios. El bloque no está del todo bien conjuntado, hay fisuras o propuestas incompatibles. Pese a la teórica sintonía, algo desafina en la práctica. (Me viene a la memoria ahora Monsters of Rock, un supergrupo efímero y fallido con Conor Oberst, Jim James, M Ward y Mike Mogis) Esto no ocurre, afortunadamente, con Our Native Daughters, unión entre Allison Russell, Amythyst Kiah, Leyla McCalla y Rhiannon Giddens que, con el alma en el folk, el blues y la tradición oral de la cultura afroamericana, ha alumbrado un álbum emotivo y agradable: Songs of Our Native Daughters.

Este proyecto, producido por Giddens y Dirk Powell, con arrebatadoras canciones, tiene su mejor explicación en la información que acompaña al disco: "SOND arroja una nueva luz sobre las historias de lucha, resistencia y esperanza de las mujeres afroamericanas. Basadas e inspiradas en fuentes de los siglos XVII, XVIII y XIX, entre ellas narraciones de esclavos y los primeros juglares, las almas gemelas del banjo Rhiannon Giddens, Amythyst Kiah, Leyla McCalla y Allison Russell reinterpretan nuevas creaciones partiendo de viejas obras. Con inquebrantable y afilada honestidad, enfrentan depuradas visiones sobre la historia americana de la esclavitud, el racismo y la misoginia desde una poderosa perspectiva, negra y feminista. Estas canciones apelan a los persistentes espíritus de las hijas, madres y abuelas que han luchado por la justicia en ámbitos públicos y solo ahora han sido tenidos en cuenta, y que en muy contados casos apenas han sido reconocidos".

domingo, abril 07, 2019

SOUNDTRACK 228: MI BERGMAN

En el ocaso de mi adolescencia empecé a ver películas de Bergman, de Ingmar Bergman. Eran demasiado sesudas para mí entonces y me perdía en sus argumentos y alegorías, no acertaba a comprender los calvarios que martirizaban a sus personajes; no alcanzaba pues a entender la condición de maestro que se le otorgaba al cineasta sueco, tan obsesionado con la muerte, la incomunicación y el dolor. Por aquella época tampoco disfrutaba de las películas 'bergmanianas' de Woody Allen, como Interiores, Septiembre u Otra mujer, que sí admiré más tarde. Y eso me pasó también con el cine de Bergman, aunque con más reservas. Me sigue pareciendo un autor complejo al que descrifrar requiere un ejercicio de autoexigencia no siempre estimulante.


Sin darme cuenta, pasadas casi tres décadas desde aquellos primeros contactos, he visto más de la mitad de las obras cinematográficas de Bergman (tiene además un notable legado televisivo y documental), y debería volver a ver filmes tan elogiados como Persona, Gritos y susuros, Fresas salvajes o Como en un espejo, que en su momento detesté, para advertir la supuesta magnitud que se les ha atribuido. Con los años y la madurez, supe valorar las virtudes de películas como El séptimo sello, La vergüenza, La carcoma, Secretos de un matrimonio o El manantial de la doncella, quizá mi preferida; además de films anteriores y menos conocidos como Crisis o Hacia la felicidad.

Sigo dejándome pescar por Bergman, para que me deprima con Los comulgantes o me excite con El silencio, para esconderme en la isla de Faro, flotar en la luz de Sven Nykvist o angustiarme con las miradas perdidas en el vacío de Liv Ullman y Max von Sydow. En eso consiste también el cine, en conjugar emociones para escapar de la indiferencia.

miércoles, abril 03, 2019

BOOTLEG SERIES 72: THE BREEZE

He aquí un tributo ejemplar. En la honra, no hay mayor respeto que la fidelidad. Pocos guitarristas tan finos y placenteros ha habido como JJ Cale, templado, como ausente, de goteo delicado en la vibración de sus cuerdas. La discreción era su fuerte, un sello irrepetible. Era otro de los que nunca fallaba, sin mácula en el historial. Falleció en 2013 y al año siguiente su gran amigo Eric Clapton ya tenía listo The Breeze, el homenaje de aprecio con el que elevaba la memoria de su colega. Sí, un tributo honesto de los que merecen la pena, sin invitados de pega ni nada que suene forzado (vicio notable en muchas otras despedidas). A Clapton le secundan Tom Petty, y Knopfler, y John Mayer, y Keltner en la batería, Bramhall, Leisz, Trucks, Raphael, Willie Nelson. Y cada canción revivida de Cale sigue siendo maravillosa en las voces y guitarras de otros.

lunes, abril 01, 2019

GREATEST HITS 221: LAY THERE AND HATE ME (BEN HARPER & RELENTLESS7)

"Nunca confíes en una mujer a la que le encante el blues."

Cuando mi hijo me pide que ponga caña en el coche voy a este disco. Miro hacia atrás al detenerme en un semáforo y lo veo rasgando su guitarra imaginaria y masticando palabras que no comprende o agitando su melena dorada con las primeras canciones. Ayer, unos días después de cumplir 4 años, ahí estaba el niño rockero haciendo duetos con Ben Harper en este tema, uno de los grandes de aquel disco de hace diez años, entre las cumbres del californiano, brebaje explosivo de soul, blues y rock. Para los que respiran caña.


jueves, marzo 28, 2019

LIVE IN 228: SAM, JOEY & JOHN


Hay amistades musicales que bendecimos quienes no formamos parte de ellas, pero que a distancia, desde nuestro ángulo de oyentes entregados, sentimos propias. Me pasa con Sam, Joey y John; es decir, Beam, Burns y Convertino; entiéndase, Iron & Wine y Calexico. No puedo evitar que me remueva la emoción al enterarme de su nuevo encuentro y al escuchar la primera de sus nuevas canciones en colaboración. Catorce años después de aquel breve y fabuloso álbum, In the reins, las bandas/los amigos han grabado nueva obra que presentarán juntos en gira. El disco se titula Years to burn y este adelanto, Father Mountain, me arroja al calor de su amistad.


viernes, marzo 22, 2019

SOUNDTRACK 227: REIR LA MUERTE: MUM Y AFTER LIFE

Nada hay más grave que la muerte. Y sobre esa gravedad el cine y la televisión, muchas veces, han querido aportar una capa de levedad, ofrecer una mirada desdramatizada, una sonrisa frente a la tragedia sin más pretensión que la de asumir con entereza la vida que aún tenemos por delante aquellos a los que aún no nos ha llegado la hora de marchar. Veo dos series inglesas estos días, dos comedias, unidas por ese vínculo mortuorio, en concreto por cómo afrontar la recuperación por la pérdida de quien más queremos: Mum y After life.


Vamos con Mum. Cathy, una deliciosa Lesley Manville (vista en El hilo invisible), pierde a su marido y trata de recomponer su vida junto a su hijo algo simple y bonachón; la novia de éste, una joven demasiado ingenua que comete un estropicio con solo abrir la boca; su hermano calzonazos y su nuera clasista y repugnante; sus suegros soeces en eterna bronca; y su amigo Michael (Peter Mullan), el mejor amigo de su esposo, en el fondo enamorado de ella. Seis capítulos por temporada, cada uno en el transcurso de un día en un mes concreto del año. La torpeza y el desagrado de sus personajes crea incomodidad, de esa con la que estás riendóte al mismo tiempo, y la historia avanza con el detallismo y la ternura adecuadas para darte cuenta de que la compañía es la mejor medicina para los golpes más fuertes de la vida.



Seguimos con After life, la última creación de Ricky Gervais, al que la ficción le convierte en un viudo permanentemente afligido por la soledad en la que se ha quedado. Los paseos con su perro, el consumo de drogas y su aburrido trabajo en un periódico local de una pequeña población inglesa no son consuelo para su personaje, hecho a medida para Gervais, proclive a soltar cualquier opinión cruel sin importarle el daño causado. Incorrecto y sagaz siempre, me encanta Ricky, y me emociona también. Pero en esta serie, también de seis episodios, tengo la impresión de que se ha quedado corto en su acidez, que puede más el drama que la comedia pese a sus rendijas de esperanza. Bonita pero escasa, inferior a todo lo demás (Extras, The Office, Life's too short y Derek).

martes, marzo 19, 2019

VOLUME ONE 496: GRENADES (KAIA KATER)

Hace poco el banjo de esta joven me invitó a ir más allá del impacto inicial; sabía que el flechazo no sería de una sola noche. En lo que escribí sobre ella hace casi dos años (lo que me sugería y transmitía, el peso de sus raíces, la intuición de su alcance) me ratifico hoy con otro álbum en su carrera, con el banjo menos a mano esta vez y con una propuesta más depurada. Hay dos temas que me agarran en Grenades (Folkways Smithsonian, 2018): New colossus y especialmente Grenades, en el que me encante bucear. Bajo, batería, teclado y guitarra se alían entre un mar de caricias para hilvanar canciones de sutileza penetrante, por las que la voz sedosa y algo distante de Kaia Kater se desliza entre doliente y compasiva. El resto, con dos fragmentos hablados, baja de altura sin desmerecer el conjunto.

Nota: 7/10


 

sábado, marzo 16, 2019

DANGER SOUND

Me parece curioso, sin ánimo de reproche, advertir cómo algunos músicos que en el momento en que surgieron o explosionaron apelaron a la aspereza de su rock para convertir en (efímera) tendencia la escasez instrumental o la contención expresiva (con cierta furia y efectivo impacto), pasado un tiempo han acabado rendidas a la incorporación a sus nuevos trabajos de capas sonoras que en su día eran impredecibles. Apuestas, por cierto, que no ensombrecen el conjunto de su obra, sino que la abrillantan, opino. Me apoyo en dos ejemplos para apuntar esta evolución, discutible si se quiere, en ambos casos con la presencia del mismo factor: Danger Mouse.

Porque el músico y productor neoyorquino está detrás de los últimos cuatro trabajos de The Black Keys y del álbum en solitario de Karen O, vocalista de la banda Yeah Yeah Yeahs. Una cualidad que tenían en común estos grupos cuando empezaron fue su parquedad, un sonido óxido y sin adornos que resultaba también cautivador. ¿Era art rock, o una nueva ola de punk rock aquello que salía de Rubber factory o Fever to tell? Llámese como se quiera. ¿Son art rock también discos como El Camino o Lux Prima, esta la obra de este año que firman Karon O y Danger Mouse


Los Black Keys han prolongado su carrera de forma inteligente, con renuncias a esencias originales o, en todo caso, maquillajes resultones, con lo que han ganado presencia y público y seguramente perdido gran parte de la antigua audiencia que los había venerado y hoy tacha de vendidos. La chica, por su parte, cada vez con más lustre y finura en los álbumes de su banda, ahora se viste de sofisticado enigma para poner voz a un álbum atmosférico, no redondo, envuelto en psicodelia electrónica al que Danger Mouse ha sabido dotar de misterioso clima.

martes, marzo 12, 2019

VOLUME ONE 495: GOLD IN A BRASS AGE (DAVID GRAY)


Números redondos: en 25 años David Gray ha llegado a la decena de discos con Gold in a brass age (Iht Records, 2019). Su música, con leves desniveles pero siempre alentadora, me mantiene próximo a él, y si graba algo nuevo le dedico mi tiempo con atención porque estoy convencido de que en la superficie o por debajo encontraré un fulgor de excitación. De su último álbum me agradan no pocos detalles; quizá el que más, la capacidad para crear frágiles texturas de pop con elementos un tanto desconcertantes (percusiones secas, finos caprichos sonoros con teclado) sin perder de vista una marca de identidad autoral que no es tan proclive a la experimentación. Se advierte en este disco una expresividad aparentemente contenida que fluye latente en formidables canciones (The sapling, Hall of mirrors, Hurricane season), como si el músico reservase fuerzas para llevar sus temas a momentos culminantes. Es un David Gray distinto que no deja de ser el mismo. Y que vuelve a ser estupendo.

Nota: 8/10

domingo, marzo 10, 2019

BONUS TRACK 205: LADY'S BRIDGE (RICHARD HAWLEY)

Repasando canciones que tenía grabadas por aquí y por allá, encuentro aislados de sus discos algunos temas de Richard Hawley. Más de una vez he tenido que recrearme en álbumes de este músico inglés para percatarme de cuánta calidad propagan, en especial aquellos que desvelan el perfil más elegante de su repertorio, el aire 'crooner' en que descansa su música, como se ha escrito a menudo y con acierto. Lady's Bridge (2007), su cuarto disco, está en este grupo. Hawley, de raíces familiares musicales, llenó este trabajo de referencias a su Sheffield natal con una colección de canciones suspendidas en el tiempo, como flotando en una niebla que se niega a salir de locales cargados de humo o a permanecer para siempre en húmedas calles donde siempre es de noche. Richard canta despacio y mima sus cuerdas en un ejercicio de seducción intrigante y contagiosa, como refrenda ese maravilloso tema final, The sun refused to shine.

viernes, marzo 08, 2019

miércoles, marzo 06, 2019

LIVE IN 227: HARTAZGO DE QUEEN


Uno asume que el mundo moderno y sus poderes de comunicación e influencia descargan con mayor o menor insistencia aquello que se impone, de lo que se habla o de lo que hay que hablar, de lo que no te puedes perder, llámese Netflix o Inditex, los goles de Ronaldo o de Messi, el procés o la nueva política, Rosalía o Queen. O nos dejamos tragar por la fuerza de la ola o salimos del mar y nos quedamos al borde de la orilla. Ahí en los márgenes trato de mantener yo con muchas de estas corrientes, que de tanto explotarse producen hartazgo. Y con Queen me harto.

No llegaré a repudiar Queen, en cierta medida fueron parte de mi aprendizaje musical y creo que algo les debo, un poquito de mi formación. Pero hoy el grupo (prácticamente desde que Freddy Mercury nos dejó y comenzó la maquinaria comercial de la marca Queen la obra y figura de su líder y de su banda por todas partes) es un producto del que he acabado distanciado tremendamente. Dos detalles.

Conviene escuchar un disco entero de Queen para apreciar la calidad de las canciones que se quedaron por detrás de sus grandes éxitos machacados sin piedad en competiciones deportivas, publicidad o películas. He hecho la prueba con News of the world, álbum de 1977 que contiene piezas mucho más satisfactorias que las dos con que arranca, We will rock you y We are the champions. Otro detalle: el reciente biopic sobre Mercury, esa flojísima película en la que la pretendida emoción/compasión que persigue solo asoma en alguna representación de sus canciones, Bohemian Rhapsody, contribuye a acentuar el rechazo que hoy (creo) muchos dedicamos a esta banda magnificada.

viernes, marzo 01, 2019

VOLUME TWO 94: DAN AUERBACH & EASY EYE SOUND

Estoy atento a lo que lleva su nombre: Dan Auerbach. E Easy Eye Sound merece desde luego un cercano seguimiento. El músico y productor, certero muchas veces dentro y fuera de The Black Keys, errático otras (con la formación The Arcs, a la mesa en aquel mal álbum de Ray Lamontagne, Supernova, creo que se titulaba), comanda el sello discográfico Easy Eye Sound, radicado en Nashville. A su amparo nos está descubriendo y promocionando a un elenco de músicos poco conocidos que en el pasado y en la tradición hallan sus fuentes de inspiración y cierto anhelo de recuperar imágenes vintage. Además da empleo bajo el mismo techo a veteranos músicos de sesión que han dado cuerpo a obras y éxitos de Johnny Cash, Dusty Springfield o Elvis. Quienes ya he tenido el gusto de conocer, aún pocos, me están pareciendo estupendos, lo que me anima a no perder de vista los productos con la estampa de Auerbach.

Robert Finley y Yola, por ejemplo, han grabado con Dan en Easy Eye Sound. Sus discos, Goin' Platinum! (2017) y Walk through fire (2019) respectivamente, nadan en blues grasiento o se tumban relajados sobre olas tranquilas de ese cóctel sugerente en el que se funden sin pelearse el country y el soul. Y son muy buenos trabajos: en el primero se nota la identidad sonora de su productor, en el segundo apenas, como ya pasaba en el propio último álbum de Dan, Waiting on a song, con el que inauguró su propio sello. Shannon Shaw, Sonny Smith, Dee White o Leo Bud Welch son otros autores que ya han pasado por el estudio y a los que acabaré echándole el lazo.

miércoles, febrero 27, 2019

GREATEST HITS 220: REAL GONE KID (DEACON BLUE)

En un par de días tocan Deacon Blue en mi ciudad. Guau, los Deacon Blue. Yo creía que se habían disuelto. El caso es que estuvieron separados un par de periodos de unos cuantos años, pero aún graban discos con cierta frecuencia y siguen girando. Y aquí están tan cerca, y es posible que me acerque a verlos. Porque si agarro una de sus canciones me trae inocentes recuerdos y días empañados. Me gusta mucho aquel disco del 89, When the world knows your name, el segundo de los de Glasgow. Y esta canción, Real Gone Kid, con su vigor luminoso, me encantaba y me sigue encantando. Y es probable que cuando suene en el concierto y Ricky Ross y Lorraine McIntosh salten y se abrecen yo me vuelva a sentir como un niño.

lunes, febrero 25, 2019

SOUNDTRACK 226: VIGGO Y BALE


Dejé hace tiempo de interesarme por los Oscars, de seguir una gala que me juntaba con amigos de madrugada, de conceder equivocadamente más valor a las películas que aspiraban a los premios principales que a muchas otras de las que la farándula de Hollywood se había olvidado de nominar, y, en definitiva y más allá, de magnificar las evasiones que el cine nos ofrece desde sus orígenes. Este año tampoco habrá Oscars por mi parte, aunque no puedo evitar mirarlos de reojo, en los días anteriores, cuando veo una película en la que actores y actrices que me gustan merecen nominaciones. Me gustaría mucho que en unas horas ganasen el Oscar al mejor actor Viggo Mortensen o Christian Bale.

A Viggo, con el paso de las películas, lo sitúo en el grupo de actores mayúsculos que aparentan esforzarse poco para resultar convincentes y transmitir complicidad con el espectador. Good, The road, Promesas del Este y Captain Fantastic me parecen  interpretaciones suyas formidables, tanto como la que dibuja a su personaje en el film Green book. Aquí el actor, que ganó peso y absorbió el habla y los modos de los italianos residentes en el Bronx, vuelve a entusiasmar con una sonrisa, con un giro en la mirada o solo con la manera de caminar. Viggo Mortensen tiene el carisma de quien conduce la película entera para que al final te quede el recuerdo de ella porque él estaba al frente del reparto.


Otro que engordó, todavía más kilos, ha sido Christian Bale, quien me ha asustado más de una vez con las transformaciones a las que somete su cuerpo con esa asombrosa facilidad para en un mismo año ser el fornido Batman o un traumático esqueleto. Bale, de la mano de una habilidosa dirección, la de Adam McKay, se impone admirablemente en El vicio del poder convertido en ese maquiavélico gobernante en la sombra que fue Dick Cheney. El maquinista ofrecía una de sus mejores actuaciones, o American Psycho, o The Fighter, por la que ya ha ganado el Oscar este actor que me seduce tanto como me intimida.