De nuevo en el templo temes por un momento que la liturgia caiga en la
monotonía, que desde el altar nada enriquecedor vaya a estimular tu fe, de tantas veces que has asistido. Es una amenaza tibia y fugaz: comienza el sermón y avanza la ceremonia, una más, entre cúspides y hasta el éxtasis. Es la gracia de la creencia. Hoy es un orgullo amar a este hombre.
No importa que eches de menos canciones, que en un tramo de la velada te despisten un par de temas y te salgas de la corriente, o que la guitarra suene a veces apagada. No, de verdad que no importa, porque lo realmente hermoso consigue hacerte llorar cuando se reinventa por enésima vez sin perder el alma con que nació (Don't think twice it's all right, Simple twist of fate), o porque la música, una masa etérea a la que dar múltiples formas, muestra el filo fascinador que se clava en tus entrañas (Early Roman kings, Gotta serve somebody) y te lleva hacia mundos pantanosos (Scarlet Town) o te asalta de euforia (Like a rolling stone).
El maestro ahí delante, ese señor tan débil con un foco a su espalda para no mostrar los rasgos de la vejez, parece que está de buen humor esta noche, aunque tengamos que contentarnos solo con miradas satisfechas desde el frente y dos manos a los labios que parecen el arranque de un beso a la audiencia. Bob Dylan.
A mi lado, en segunda fila, tenía a un tipo que la noche anterior lo había visto en Gijón y antes en Bilbao. "Otro gran concierto", me dijo al despedirse. "Bueno, pues ya he visto a Dylan 26 veces", le oí decir a otro hombre en el camino hacia la salida. Mis modestas 7 veces me hacen dichoso en esta vida.
martes, abril 30, 2019
jueves, abril 25, 2019
LIVE IN 229: DYLANOFILIA
Lo mío es filia, no frikismo. Soy fiel seguidor, no voraz enfermo. Lo adquiero, sin derrochar. No beso el suelo por el que pisa, sé lamentar lo que no merece tenerse en cuenta. A veces, según venga, mi fe se acerca al culto a la divinidad. En algo hay que creer. Y siempre, siempre, me guía.
Este es un post dylanófilo, un pequeño capricho, ahora que vuelve al país a tocar (y no a posar para la borreguez tecnológica), y que en unos días lo volveré a ver muy cerca de mi ciudad. Será la séptima vez en justo 20 años, y me he permitido el gusto (sí, algo friki para variar) de repasar nuestros encuentros. Permítanme los cómplices... y los que no.
He acudido a seis conciertos de Bob Dylan (1999, 2004, 2006, 2006, 2008, 2017), entre los que tocó 101 canciones (41 de ellas una sola vez y ninguna las seis veces, solo Like a rolling stone y Highway 61 revisited sonaron cinco veces, y solo una vez temas como Ballad of a thin man y Desolation row, que me hubiera gustado escuchar más veces) y, según los 'set list' de su gira actual, añadirá otras siete. Fue en Santiago, León, Valladolid, San Sebastián, Vigo y Oslo. Después de las dos últimas veces pensé que sería la última vez que lo veía. Ahora lo pienso con más convicción. En esta historia de nunca acabar.
Este es un post dylanófilo, un pequeño capricho, ahora que vuelve al país a tocar (y no a posar para la borreguez tecnológica), y que en unos días lo volveré a ver muy cerca de mi ciudad. Será la séptima vez en justo 20 años, y me he permitido el gusto (sí, algo friki para variar) de repasar nuestros encuentros. Permítanme los cómplices... y los que no.
He acudido a seis conciertos de Bob Dylan (1999, 2004, 2006, 2006, 2008, 2017), entre los que tocó 101 canciones (41 de ellas una sola vez y ninguna las seis veces, solo Like a rolling stone y Highway 61 revisited sonaron cinco veces, y solo una vez temas como Ballad of a thin man y Desolation row, que me hubiera gustado escuchar más veces) y, según los 'set list' de su gira actual, añadirá otras siete. Fue en Santiago, León, Valladolid, San Sebastián, Vigo y Oslo. Después de las dos últimas veces pensé que sería la última vez que lo veía. Ahora lo pienso con más convicción. En esta historia de nunca acabar.
lunes, abril 22, 2019
VOLUME ONE 499: SOLSTICE (LUTHER DICKINSON)
Me complace cada vez más el saboreo continuo de esos discos de los que te das cuenta de lo buenos que son por su transparente humildad; obras elaboradas con un mimo discreto que eleva su calidad casi sin quererlo. Solstice (New West, 2019) está en esta categoría. Debemos agradecérselo a Luther Dickinson. No solo al excelente guitarrista, respaldado en esta ocasión por un grupo de atractivas voces femeninas, como Allison Russell, Amy Helm, Amy LaVere, Sharde Thomas y el trío góspel Coco Mamas, una especie de hermandad bautizada como la Luna de Fresa (Sisters of the Strawberry Moon). Del encuentro, que se produjo en 2016 y se completó con instrumentación añadida en estudio en los años siguientes, se obtiene una equilibrada combinación que en torno a la música de raíces americana se balancea entre el folk, el blues y el góspel. Ellas son las protagonistas, con su entrega vocal y su acento instrumental (conmovedora Russell cada vez que sopla el clarinete), con Luther y otros guitarristas en un modesto pero esencial segundo plano. Solstice suena y se siente cercano, como el susurro escalofriante de los roces de un ser amado.
Nota: 8,5/10
Nota: 8,5/10
sábado, abril 20, 2019
VOLUME ONE 498: BEGIN AGAIN (NORAH JONES)
It was you, el tercero de los siete temas de Begin again (Blue Note, 2019), es una modélica canción para explicar cómo se compone e interpreta una obra maestra. No recuerdo canciones recientes, de los últimos diez años, que me parecieran tan perfectas nada más escucharlas. El segundo, Begin again, o el séptimo, Just a little bit, merecen una exaltación parecida.
Este nuevo trabajo de Norah Jones es el resultado de unas pocas incursiones en el estudio después de una larga gira de conciertos tras su disco anterior, Day breaks (2016). En estas sesiones, la autora neoyorkina dejó llevarse por la improvisación, por la intuición, con músicos próximos y junto a otros con los que no había trabajado, para jugar con la experimentación y atraer a su clima creativo esencias que ya descansaban en el deslumbrante Little broken hearts (2012). Los tres temas sublimes tienen la producción de la propia Norah, con el genial respaldo rítmico de Brian Blade y Chris Thomas. Thomas Bartlett y Jeff Tweedy colaboran en la mesa y en los instrumentos en otras dos canciones cada uno. Todo adquiere una atmósfera de niebla y vapor hechizante.
Nota: 9/10
Este nuevo trabajo de Norah Jones es el resultado de unas pocas incursiones en el estudio después de una larga gira de conciertos tras su disco anterior, Day breaks (2016). En estas sesiones, la autora neoyorkina dejó llevarse por la improvisación, por la intuición, con músicos próximos y junto a otros con los que no había trabajado, para jugar con la experimentación y atraer a su clima creativo esencias que ya descansaban en el deslumbrante Little broken hearts (2012). Los tres temas sublimes tienen la producción de la propia Norah, con el genial respaldo rítmico de Brian Blade y Chris Thomas. Thomas Bartlett y Jeff Tweedy colaboran en la mesa y en los instrumentos en otras dos canciones cada uno. Todo adquiere una atmósfera de niebla y vapor hechizante.
Nota: 9/10
lunes, abril 15, 2019
GREATEST HITS 222: DREAMS (LISSIE)
Otra de esas canciones infalibles que no toleran versiones fallidas ni corrientes. Hasta The Corrs cumplieron con notable. Mayor nota se gana Lissie, que la ha incluido en su álbum When I'm Alone. Dreams, de Fleetwood Mac, es uno de mis temas favoritos, una debilidad confesable. Y Lissie la envuelve en un remolino embrujado con la piel robusta de las teclas y el portento de su voz. A soñar.
CRUELDAD
Esto no lo admito. No estoy para crueldades como esta. Pornografía sentimental. Los guionistas se han cargado al personaje principal, con saña a la que han puesto el disfraz del panegírico. Qué fácil. Qué original. Otro Verano Azul. Casi 40 capítulos con este hombre haciendo de padre nuestro, de maestro, de amigo, de confidente, de luz... y se lo cargan en el último episodio. En la línea de meta he resbalado y todo me ha pasado por encima. No estoy para llorar porque me obliguen los guionistas. Una serie magnífica estropeada en el último suspiro. No seré tan cruel yo de decir cuál.
jueves, abril 11, 2019
VOLUME ONE 497: THIS WILD WILLING (GLEN HANSARD)
Un año y poco ha pasado desde Between two shores y has dejado que fluya ese río desbordado de música que llevas dentro en un nuevo disco. Has ido hacia arriba desde aquel torbellino de éxito y emociones enfrentadas que fue Once y sus secuelas musicales y me temía que ahora, después de tres álbumes fantásticos, ibas a tener vértigo en el cuarto. Cuánto me alegro de haberme equivocado. This wild willing (Anti-, 2019) es otra de tus cumbres, Glen Hansard.
París (y seguro que la vida que masticas en soledad) te ha inspirado, y has dejado que música y músicos de lugares que parecen lejanos te acompañen. Y de ti han extraído ese lado melancólico de las canciones, la fuerza catárquica de los gritos que claman o lloran palabras. Las que ahora has creado parecen nacer de lugares profundos: unas bucean bajo las olas y me arrastran con ellas hacia rincones turbios, otras me sacan a la superficie y me dan oxígeno y deleite. Termino de oírlas y me dejan revuelto un rato, suspendido en una gravedad de madrugada y en nubes de excitación sensorial.
No solo eres gran músico, tienes contigo a quienes te hacen mejor. Vistes canciones con el rigor de un relojero y el arte de un sastre (o al revés). Me gustan las que se estremecen tanto como las que se deshacen. Llevo días abstraído en I'll be you, be me, en Race to the bottom, en Threading water y en Good life of song. Por cómo se levantan y deshacen en luces, o pelean contra el viento en la noche, o purifican. Y vuelvo a creer que eres un gran tipo con el que me gustaría sentir la música.
Nota: 9,5/10
París (y seguro que la vida que masticas en soledad) te ha inspirado, y has dejado que música y músicos de lugares que parecen lejanos te acompañen. Y de ti han extraído ese lado melancólico de las canciones, la fuerza catárquica de los gritos que claman o lloran palabras. Las que ahora has creado parecen nacer de lugares profundos: unas bucean bajo las olas y me arrastran con ellas hacia rincones turbios, otras me sacan a la superficie y me dan oxígeno y deleite. Termino de oírlas y me dejan revuelto un rato, suspendido en una gravedad de madrugada y en nubes de excitación sensorial.
No solo eres gran músico, tienes contigo a quienes te hacen mejor. Vistes canciones con el rigor de un relojero y el arte de un sastre (o al revés). Me gustan las que se estremecen tanto como las que se deshacen. Llevo días abstraído en I'll be you, be me, en Race to the bottom, en Threading water y en Good life of song. Por cómo se levantan y deshacen en luces, o pelean contra el viento en la noche, o purifican. Y vuelvo a creer que eres un gran tipo con el que me gustaría sentir la música.
Nota: 9,5/10
miércoles, abril 10, 2019
BOOTLEG SERIES 73: HIJAS NATIVAS: ALLISON, AMYTHYST, LEYLA Y RHIANNON
La unión de fuerzas musicales en torno a un mismo concepto o idea, generalmente adscrita a un estilo común y a raíces compartidas, cae a veces en desequilibrios. El bloque no está del todo bien conjuntado, hay fisuras o propuestas incompatibles. Pese a la teórica sintonía, algo desafina en la práctica. (Me viene a la memoria ahora Monsters of Rock, un supergrupo efímero y fallido con Conor Oberst, Jim James, M Ward y Mike Mogis) Esto no ocurre, afortunadamente, con Our Native Daughters, unión entre Allison Russell, Amythyst Kiah, Leyla McCalla y Rhiannon Giddens que, con el alma en el folk, el blues y la tradición oral de la cultura afroamericana, ha alumbrado un álbum emotivo y agradable: Songs of Our Native Daughters.
Este proyecto, producido por Giddens y Dirk Powell, con arrebatadoras canciones, tiene su mejor explicación en la información que acompaña al disco: "SOND arroja una nueva luz sobre las historias de lucha, resistencia y esperanza de las mujeres afroamericanas. Basadas e inspiradas en fuentes de los siglos XVII, XVIII y XIX, entre ellas narraciones de esclavos y los primeros juglares, las almas gemelas del banjo Rhiannon Giddens, Amythyst Kiah, Leyla McCalla y Allison Russell reinterpretan nuevas creaciones partiendo de viejas obras. Con inquebrantable y afilada honestidad, enfrentan depuradas visiones sobre la historia americana de la esclavitud, el racismo y la misoginia desde una poderosa perspectiva, negra y feminista. Estas canciones apelan a los persistentes espíritus de las hijas, madres y abuelas que han luchado por la justicia en ámbitos públicos y solo ahora han sido tenidos en cuenta, y que en muy contados casos apenas han sido reconocidos".
Este proyecto, producido por Giddens y Dirk Powell, con arrebatadoras canciones, tiene su mejor explicación en la información que acompaña al disco: "SOND arroja una nueva luz sobre las historias de lucha, resistencia y esperanza de las mujeres afroamericanas. Basadas e inspiradas en fuentes de los siglos XVII, XVIII y XIX, entre ellas narraciones de esclavos y los primeros juglares, las almas gemelas del banjo Rhiannon Giddens, Amythyst Kiah, Leyla McCalla y Allison Russell reinterpretan nuevas creaciones partiendo de viejas obras. Con inquebrantable y afilada honestidad, enfrentan depuradas visiones sobre la historia americana de la esclavitud, el racismo y la misoginia desde una poderosa perspectiva, negra y feminista. Estas canciones apelan a los persistentes espíritus de las hijas, madres y abuelas que han luchado por la justicia en ámbitos públicos y solo ahora han sido tenidos en cuenta, y que en muy contados casos apenas han sido reconocidos".
domingo, abril 07, 2019
SOUNDTRACK 228: MI BERGMAN
En el ocaso de mi adolescencia empecé a ver películas de Bergman, de Ingmar Bergman. Eran demasiado sesudas para mí entonces y me perdía en sus argumentos y alegorías, no acertaba a comprender los calvarios que martirizaban a sus personajes; no alcanzaba pues a entender la condición de maestro que se le otorgaba al cineasta sueco, tan obsesionado con la muerte, la incomunicación y el dolor. Por aquella época tampoco disfrutaba de las películas 'bergmanianas' de Woody Allen, como Interiores, Septiembre u Otra mujer, que sí admiré más tarde. Y eso me pasó también con el cine de Bergman, aunque con más reservas. Me sigue pareciendo un autor complejo al que descrifrar requiere un ejercicio de autoexigencia no siempre estimulante.
Sin darme cuenta, pasadas casi tres décadas desde aquellos primeros contactos, he visto más de la mitad de las obras cinematográficas de Bergman (tiene además un notable legado televisivo y documental), y debería volver a ver filmes tan elogiados como Persona, Gritos y susuros, Fresas salvajes o Como en un espejo, que en su momento detesté, para advertir la supuesta magnitud que se les ha atribuido. Con los años y la madurez, supe valorar las virtudes de películas como El séptimo sello, La vergüenza, La carcoma, Secretos de un matrimonio o El manantial de la doncella, quizá mi preferida; además de films anteriores y menos conocidos como Crisis o Hacia la felicidad.
Sigo dejándome pescar por Bergman, para que me deprima con Los comulgantes o me excite con El silencio, para esconderme en la isla de Faro, flotar en la luz de Sven Nykvist o angustiarme con las miradas perdidas en el vacío de Liv Ullman y Max von Sydow. En eso consiste también el cine, en conjugar emociones para escapar de la indiferencia.
Sin darme cuenta, pasadas casi tres décadas desde aquellos primeros contactos, he visto más de la mitad de las obras cinematográficas de Bergman (tiene además un notable legado televisivo y documental), y debería volver a ver filmes tan elogiados como Persona, Gritos y susuros, Fresas salvajes o Como en un espejo, que en su momento detesté, para advertir la supuesta magnitud que se les ha atribuido. Con los años y la madurez, supe valorar las virtudes de películas como El séptimo sello, La vergüenza, La carcoma, Secretos de un matrimonio o El manantial de la doncella, quizá mi preferida; además de films anteriores y menos conocidos como Crisis o Hacia la felicidad.
Sigo dejándome pescar por Bergman, para que me deprima con Los comulgantes o me excite con El silencio, para esconderme en la isla de Faro, flotar en la luz de Sven Nykvist o angustiarme con las miradas perdidas en el vacío de Liv Ullman y Max von Sydow. En eso consiste también el cine, en conjugar emociones para escapar de la indiferencia.
miércoles, abril 03, 2019
BOOTLEG SERIES 72: THE BREEZE
He aquí un tributo ejemplar. En la honra, no hay mayor respeto que la fidelidad. Pocos guitarristas tan finos y placenteros ha habido como JJ Cale, templado, como ausente, de goteo delicado en la vibración de sus cuerdas. La discreción era su fuerte, un sello irrepetible. Era otro de los que nunca fallaba, sin mácula en el historial. Falleció en 2013 y al año siguiente su gran amigo Eric Clapton ya tenía listo The Breeze, el homenaje de aprecio con el que elevaba la memoria de su colega. Sí, un tributo honesto de los que merecen la pena, sin invitados de pega ni nada que suene forzado (vicio notable en muchas otras despedidas). A Clapton le secundan Tom Petty, y Knopfler, y John Mayer, y Keltner en la batería, Bramhall, Leisz, Trucks, Raphael, Willie Nelson. Y cada canción revivida de Cale sigue siendo maravillosa en las voces y guitarras de otros.
lunes, abril 01, 2019
GREATEST HITS 221: LAY THERE AND HATE ME (BEN HARPER & RELENTLESS7)
"Nunca confíes en una mujer a la que le encante el blues."
Cuando mi hijo me pide que ponga caña en el coche voy a este disco. Miro hacia atrás al detenerme en un semáforo y lo veo rasgando su guitarra imaginaria y masticando palabras que no comprende o agitando su melena dorada con las primeras canciones. Ayer, unos días después de cumplir 4 años, ahí estaba el niño rockero haciendo duetos con Ben Harper en este tema, uno de los grandes de aquel disco de hace diez años, entre las cumbres del californiano, brebaje explosivo de soul, blues y rock. Para los que respiran caña.
Cuando mi hijo me pide que ponga caña en el coche voy a este disco. Miro hacia atrás al detenerme en un semáforo y lo veo rasgando su guitarra imaginaria y masticando palabras que no comprende o agitando su melena dorada con las primeras canciones. Ayer, unos días después de cumplir 4 años, ahí estaba el niño rockero haciendo duetos con Ben Harper en este tema, uno de los grandes de aquel disco de hace diez años, entre las cumbres del californiano, brebaje explosivo de soul, blues y rock. Para los que respiran caña.
jueves, marzo 28, 2019
LIVE IN 228: SAM, JOEY & JOHN
Hay amistades musicales que bendecimos quienes no formamos parte de ellas, pero que a distancia, desde nuestro ángulo de oyentes entregados, sentimos propias. Me pasa con Sam, Joey y John; es decir, Beam, Burns y Convertino; entiéndase, Iron & Wine y Calexico. No puedo evitar que me remueva la emoción al enterarme de su nuevo encuentro y al escuchar la primera de sus nuevas canciones en colaboración. Catorce años después de aquel breve y fabuloso álbum, In the reins, las bandas/los amigos han grabado nueva obra que presentarán juntos en gira. El disco se titula Years to burn y este adelanto, Father Mountain, me arroja al calor de su amistad.
viernes, marzo 22, 2019
SOUNDTRACK 227: REIR LA MUERTE: MUM Y AFTER LIFE
Nada hay más grave que la muerte. Y sobre esa gravedad el cine y la televisión, muchas veces, han querido aportar una capa de levedad, ofrecer una mirada desdramatizada, una sonrisa frente a la tragedia sin más pretensión que la de asumir con entereza la vida que aún tenemos por delante aquellos a los que aún no nos ha llegado la hora de marchar. Veo dos series inglesas estos días, dos comedias, unidas por ese vínculo mortuorio, en concreto por cómo afrontar la recuperación por la pérdida de quien más queremos: Mum y After life.
Vamos con Mum. Cathy, una deliciosa Lesley Manville (vista en El hilo invisible), pierde a su marido y trata de recomponer su vida junto a su hijo algo simple y bonachón; la novia de éste, una joven demasiado ingenua que comete un estropicio con solo abrir la boca; su hermano calzonazos y su nuera clasista y repugnante; sus suegros soeces en eterna bronca; y su amigo Michael (Peter Mullan), el mejor amigo de su esposo, en el fondo enamorado de ella. Seis capítulos por temporada, cada uno en el transcurso de un día en un mes concreto del año. La torpeza y el desagrado de sus personajes crea incomodidad, de esa con la que estás riendóte al mismo tiempo, y la historia avanza con el detallismo y la ternura adecuadas para darte cuenta de que la compañía es la mejor medicina para los golpes más fuertes de la vida.
Seguimos con After life, la última creación de Ricky Gervais, al que la ficción le convierte en un viudo permanentemente afligido por la soledad en la que se ha quedado. Los paseos con su perro, el consumo de drogas y su aburrido trabajo en un periódico local de una pequeña población inglesa no son consuelo para su personaje, hecho a medida para Gervais, proclive a soltar cualquier opinión cruel sin importarle el daño causado. Incorrecto y sagaz siempre, me encanta Ricky, y me emociona también. Pero en esta serie, también de seis episodios, tengo la impresión de que se ha quedado corto en su acidez, que puede más el drama que la comedia pese a sus rendijas de esperanza. Bonita pero escasa, inferior a todo lo demás (Extras, The Office, Life's too short y Derek).
Vamos con Mum. Cathy, una deliciosa Lesley Manville (vista en El hilo invisible), pierde a su marido y trata de recomponer su vida junto a su hijo algo simple y bonachón; la novia de éste, una joven demasiado ingenua que comete un estropicio con solo abrir la boca; su hermano calzonazos y su nuera clasista y repugnante; sus suegros soeces en eterna bronca; y su amigo Michael (Peter Mullan), el mejor amigo de su esposo, en el fondo enamorado de ella. Seis capítulos por temporada, cada uno en el transcurso de un día en un mes concreto del año. La torpeza y el desagrado de sus personajes crea incomodidad, de esa con la que estás riendóte al mismo tiempo, y la historia avanza con el detallismo y la ternura adecuadas para darte cuenta de que la compañía es la mejor medicina para los golpes más fuertes de la vida.
Seguimos con After life, la última creación de Ricky Gervais, al que la ficción le convierte en un viudo permanentemente afligido por la soledad en la que se ha quedado. Los paseos con su perro, el consumo de drogas y su aburrido trabajo en un periódico local de una pequeña población inglesa no son consuelo para su personaje, hecho a medida para Gervais, proclive a soltar cualquier opinión cruel sin importarle el daño causado. Incorrecto y sagaz siempre, me encanta Ricky, y me emociona también. Pero en esta serie, también de seis episodios, tengo la impresión de que se ha quedado corto en su acidez, que puede más el drama que la comedia pese a sus rendijas de esperanza. Bonita pero escasa, inferior a todo lo demás (Extras, The Office, Life's too short y Derek).
martes, marzo 19, 2019
VOLUME ONE 496: GRENADES (KAIA KATER)
Hace poco el banjo de esta joven me invitó a ir más allá del impacto inicial; sabía que el flechazo no sería de una sola noche. En lo que escribí sobre ella hace casi dos años (lo que me sugería y transmitía, el peso de sus raíces, la intuición de su alcance) me ratifico hoy con otro álbum en su carrera, con el banjo menos a mano esta vez y con una propuesta más depurada. Hay dos temas que me agarran en Grenades (Folkways Smithsonian, 2018): New colossus y especialmente Grenades, en el que me encante bucear. Bajo, batería, teclado y guitarra se alían entre un mar de caricias para hilvanar canciones de sutileza penetrante, por las que la voz sedosa y algo distante de Kaia Kater se desliza entre doliente y compasiva. El resto, con dos fragmentos hablados, baja de altura sin desmerecer el conjunto.
Nota: 7/10
Nota: 7/10
sábado, marzo 16, 2019
DANGER SOUND
Me parece curioso, sin ánimo de reproche, advertir cómo algunos músicos que en el momento en que surgieron o explosionaron apelaron a la aspereza de su rock para convertir en (efímera) tendencia la escasez instrumental o la contención expresiva (con cierta furia y efectivo impacto), pasado un tiempo han acabado rendidas a la incorporación a sus nuevos trabajos de capas sonoras que en su día eran impredecibles. Apuestas, por cierto, que no ensombrecen el conjunto de su obra, sino que la abrillantan, opino. Me apoyo en dos ejemplos para apuntar esta evolución, discutible si se quiere, en ambos casos con la presencia del mismo factor: Danger Mouse.
Porque el músico y productor neoyorquino está detrás de los últimos cuatro trabajos de The Black Keys y del álbum en solitario de Karen O, vocalista de la banda Yeah Yeah Yeahs. Una cualidad que tenían en común estos grupos cuando empezaron fue su parquedad, un sonido óxido y sin adornos que resultaba también cautivador. ¿Era art rock, o una nueva ola de punk rock aquello que salía de Rubber factory o Fever to tell? Llámese como se quiera. ¿Son art rock también discos como El Camino o Lux Prima, esta la obra de este año que firman Karon O y Danger Mouse?
Los Black Keys han prolongado su carrera de forma inteligente, con renuncias a esencias originales o, en todo caso, maquillajes resultones, con lo que han ganado presencia y público y seguramente perdido gran parte de la antigua audiencia que los había venerado y hoy tacha de vendidos. La chica, por su parte, cada vez con más lustre y finura en los álbumes de su banda, ahora se viste de sofisticado enigma para poner voz a un álbum atmosférico, no redondo, envuelto en psicodelia electrónica al que Danger Mouse ha sabido dotar de misterioso clima.
Porque el músico y productor neoyorquino está detrás de los últimos cuatro trabajos de The Black Keys y del álbum en solitario de Karen O, vocalista de la banda Yeah Yeah Yeahs. Una cualidad que tenían en común estos grupos cuando empezaron fue su parquedad, un sonido óxido y sin adornos que resultaba también cautivador. ¿Era art rock, o una nueva ola de punk rock aquello que salía de Rubber factory o Fever to tell? Llámese como se quiera. ¿Son art rock también discos como El Camino o Lux Prima, esta la obra de este año que firman Karon O y Danger Mouse?
Los Black Keys han prolongado su carrera de forma inteligente, con renuncias a esencias originales o, en todo caso, maquillajes resultones, con lo que han ganado presencia y público y seguramente perdido gran parte de la antigua audiencia que los había venerado y hoy tacha de vendidos. La chica, por su parte, cada vez con más lustre y finura en los álbumes de su banda, ahora se viste de sofisticado enigma para poner voz a un álbum atmosférico, no redondo, envuelto en psicodelia electrónica al que Danger Mouse ha sabido dotar de misterioso clima.
martes, marzo 12, 2019
VOLUME ONE 495: GOLD IN A BRASS AGE (DAVID GRAY)
Números redondos: en 25 años David Gray ha llegado a la decena de discos con Gold in a brass age (Iht Records, 2019). Su música, con leves desniveles pero siempre alentadora, me mantiene próximo a él, y si graba algo nuevo le dedico mi tiempo con atención porque estoy convencido de que en la superficie o por debajo encontraré un fulgor de excitación. De su último álbum me agradan no pocos detalles; quizá el que más, la capacidad para crear frágiles texturas de pop con elementos un tanto desconcertantes (percusiones secas, finos caprichos sonoros con teclado) sin perder de vista una marca de identidad autoral que no es tan proclive a la experimentación. Se advierte en este disco una expresividad aparentemente contenida que fluye latente en formidables canciones (The sapling, Hall of mirrors, Hurricane season), como si el músico reservase fuerzas para llevar sus temas a momentos culminantes. Es un David Gray distinto que no deja de ser el mismo. Y que vuelve a ser estupendo.
Nota: 8/10
domingo, marzo 10, 2019
BONUS TRACK 205: LADY'S BRIDGE (RICHARD HAWLEY)
Repasando canciones que tenía grabadas por aquí y por allá, encuentro aislados de sus discos algunos temas de Richard Hawley. Más de una vez he tenido que recrearme en álbumes de este músico inglés para percatarme de cuánta calidad propagan, en especial aquellos que desvelan el perfil más elegante de su repertorio, el aire 'crooner' en que descansa su música, como se ha escrito a menudo y con acierto. Lady's Bridge (2007), su cuarto disco, está en este grupo. Hawley, de raíces familiares musicales, llenó este trabajo de referencias a su Sheffield natal con una colección de canciones suspendidas en el tiempo, como flotando en una niebla que se niega a salir de locales cargados de humo o a permanecer para siempre en húmedas calles donde siempre es de noche. Richard canta despacio y mima sus cuerdas en un ejercicio de seducción intrigante y contagiosa, como refrenda ese maravilloso tema final, The sun refused to shine.
viernes, marzo 08, 2019
miércoles, marzo 06, 2019
LIVE IN 227: HARTAZGO DE QUEEN
Uno asume que el mundo moderno y sus poderes de comunicación e influencia descargan con mayor o menor insistencia aquello que se impone, de lo que se habla o de lo que hay que hablar, de lo que no te puedes perder, llámese Netflix o Inditex, los goles de Ronaldo o de Messi, el procés o la nueva política, Rosalía o Queen. O nos dejamos tragar por la fuerza de la ola o salimos del mar y nos quedamos al borde de la orilla. Ahí en los márgenes trato de mantener yo con muchas de estas corrientes, que de tanto explotarse producen hartazgo. Y con Queen me harto.
No llegaré a repudiar Queen, en cierta medida fueron parte de mi aprendizaje musical y creo que algo les debo, un poquito de mi formación. Pero hoy el grupo (prácticamente desde que Freddy Mercury nos dejó y comenzó la maquinaria comercial de la marca Queen la obra y figura de su líder y de su banda por todas partes) es un producto del que he acabado distanciado tremendamente. Dos detalles.
Conviene escuchar un disco entero de Queen para apreciar la calidad de las canciones que se quedaron por detrás de sus grandes éxitos machacados sin piedad en competiciones deportivas, publicidad o películas. He hecho la prueba con News of the world, álbum de 1977 que contiene piezas mucho más satisfactorias que las dos con que arranca, We will rock you y We are the champions. Otro detalle: el reciente biopic sobre Mercury, esa flojísima película en la que la pretendida emoción/compasión que persigue solo asoma en alguna representación de sus canciones, Bohemian Rhapsody, contribuye a acentuar el rechazo que hoy (creo) muchos dedicamos a esta banda magnificada.
viernes, marzo 01, 2019
VOLUME TWO 94: DAN AUERBACH & EASY EYE SOUND
Estoy atento a lo que lleva su nombre: Dan Auerbach. E Easy Eye Sound merece desde luego un cercano seguimiento. El músico y productor, certero muchas veces dentro y fuera de The Black Keys, errático otras (con la formación The Arcs, a la mesa en aquel mal álbum de Ray Lamontagne, Supernova, creo que se titulaba), comanda el sello discográfico Easy Eye Sound, radicado en Nashville. A su amparo nos está descubriendo y promocionando a un elenco de músicos poco conocidos que en el pasado y en la tradición hallan sus fuentes de inspiración y cierto anhelo de recuperar imágenes vintage. Además da empleo bajo el mismo techo a veteranos músicos de sesión que han dado cuerpo a obras y éxitos de Johnny Cash, Dusty Springfield o Elvis. Quienes ya he tenido el gusto de conocer, aún pocos, me están pareciendo estupendos, lo que me anima a no perder de vista los productos con la estampa de Auerbach.
Robert Finley y Yola, por ejemplo, han grabado con Dan en Easy Eye Sound. Sus discos, Goin' Platinum! (2017) y Walk through fire (2019) respectivamente, nadan en blues grasiento o se tumban relajados sobre olas tranquilas de ese cóctel sugerente en el que se funden sin pelearse el country y el soul. Y son muy buenos trabajos: en el primero se nota la identidad sonora de su productor, en el segundo apenas, como ya pasaba en el propio último álbum de Dan, Waiting on a song, con el que inauguró su propio sello. Shannon Shaw, Sonny Smith, Dee White o Leo Bud Welch son otros autores que ya han pasado por el estudio y a los que acabaré echándole el lazo.
Robert Finley y Yola, por ejemplo, han grabado con Dan en Easy Eye Sound. Sus discos, Goin' Platinum! (2017) y Walk through fire (2019) respectivamente, nadan en blues grasiento o se tumban relajados sobre olas tranquilas de ese cóctel sugerente en el que se funden sin pelearse el country y el soul. Y son muy buenos trabajos: en el primero se nota la identidad sonora de su productor, en el segundo apenas, como ya pasaba en el propio último álbum de Dan, Waiting on a song, con el que inauguró su propio sello. Shannon Shaw, Sonny Smith, Dee White o Leo Bud Welch son otros autores que ya han pasado por el estudio y a los que acabaré echándole el lazo.
miércoles, febrero 27, 2019
GREATEST HITS 220: REAL GONE KID (DEACON BLUE)
En un par de días tocan Deacon Blue en mi ciudad. Guau, los Deacon Blue. Yo creía que se habían disuelto. El caso es que estuvieron separados un par de periodos de unos cuantos años, pero aún graban discos con cierta frecuencia y siguen girando. Y aquí están tan cerca, y es posible que me acerque a verlos. Porque si agarro una de sus canciones me trae inocentes recuerdos y días empañados. Me gusta mucho aquel disco del 89, When the world knows your name, el segundo de los de Glasgow. Y esta canción, Real Gone Kid, con su vigor luminoso, me encantaba y me sigue encantando. Y es probable que cuando suene en el concierto y Ricky Ross y Lorraine McIntosh salten y se abrecen yo me vuelva a sentir como un niño.
lunes, febrero 25, 2019
SOUNDTRACK 226: VIGGO Y BALE
Dejé hace
tiempo de interesarme por los Oscars, de seguir una gala que me juntaba con
amigos de madrugada, de conceder equivocadamente más valor a las películas que
aspiraban a los premios principales que a muchas otras de las que la farándula
de Hollywood se había olvidado de nominar, y, en definitiva y más allá, de magnificar las evasiones
que el cine nos ofrece desde sus orígenes. Este año tampoco habrá Oscars por mi
parte, aunque no puedo evitar mirarlos de reojo, en los días anteriores, cuando
veo una película en la que actores y actrices que me gustan merecen nominaciones.
Me gustaría mucho que en unas horas ganasen el Oscar al mejor actor Viggo Mortensen o Christian Bale.
A Viggo, con
el paso de las películas, lo sitúo en el grupo de actores mayúsculos que
aparentan esforzarse poco para resultar convincentes y transmitir complicidad con el espectador. Good,
The road, Promesas del Este y Captain Fantastic me parecen
interpretaciones suyas formidables, tanto como la que dibuja a su personaje en
el film Green book. Aquí el actor, que ganó peso y absorbió el habla y los modos de los italianos residentes en el Bronx, vuelve a entusiasmar con una sonrisa, con un giro en la mirada o solo con la manera de caminar. Viggo Mortensen tiene el carisma de quien conduce la película entera para que al final te quede el recuerdo de ella porque él estaba al frente del reparto.
Otro que engordó, todavía más kilos, ha sido Christian Bale, quien me ha asustado más de una vez con las transformaciones a las que somete su cuerpo con esa asombrosa facilidad para en un mismo año ser el fornido Batman o un traumático esqueleto. Bale, de la mano de una habilidosa dirección, la de Adam McKay, se impone admirablemente en El vicio del poder convertido en ese maquiavélico gobernante en la sombra que fue Dick Cheney. El maquinista ofrecía una de sus mejores actuaciones, o American Psycho, o The Fighter, por la que ya ha ganado el Oscar este actor que me seduce tanto como me intimida.
miércoles, febrero 20, 2019
GREATEST HITS 219: SAIL AWAY (DAVID GRAY)
Añoro las grandes canciones que una vez compuso David Gray. Me aparecen a una distancia más lejana de lo que en realidad están: tanto como 1993 (Shine o Birds without wings en su álbum de debut); o 1999 (todo el disco White ladder, que decoraba aquella bonita película que era El amor de este año); incluso en 2005 Life in slow motion contaba con alguna pieza que estaba a la altura de las de aquellos trabajos. Desde entonces el bueno de David se ha agrisado un poco, con discos dignos pero sin pegada. En marzo tendrá otro en el mercado que, me temo, no regresará a aquellos años de jovial inspiración. Hoy rescato Sail away, de 1999, interpretada hace muy poco y todavía emocionante.
martes, febrero 19, 2019
SOUNDTRACK 225: HEARTS BEAT LOUD / RITMOS DEL CORAZÓN
Un padre a punto de cerrar un negocio que es más que un negocio: su tienda de discos. Una hija que se enamora poco antes de marcharse al otro extremo del país para empezar la universidad. La música que los une más allá de las barreras que distancian sus edades, sus gustos y su relación con los instrumentos. Vender música, crear música. Una fuerza junto a la otra, los lazos que hacen hablar las emociones. Con estos dos personajes, un par de secundarios con cierto encanto (no del todo aprovechados) y muy pocos escenarios (esa tienda llena de vinilos que acabará sus días vendidos a dos o tres dólares), se levanta Hearts beat loud (Ritmos del corazón), esta modesta película que nos recuerda que el poder de la música se expresa en acciones y relaciones cotidianas, en situaciones al límite que nos hacen fuertes como personas, ayer cuando mirábamos adelante y mañana cuando añoraremos lo que dejamos atrás. Vedla si podéis.
Ella remueve entre los discos y saca Rain dogs, de Tom Waits. "Papá, no puedes desprenderte de esto".
Ella remueve entre los discos y saca Rain dogs, de Tom Waits. "Papá, no puedes desprenderte de esto".
viernes, febrero 15, 2019
BONUS TRACK 204: DISINTEGRATION (THE CURE)
Esta es la cumbre de The Cure, la cima de su popularidad y el compendio de sus mejores canciones. Su creciente eco desde los primeros años ochenta como bandera de un post-punk de mensajes de huida y seductora sordidez crearon una amplia cadena de seguidores por todo el mundo y el culmen creativo de la banda británica se encuentra en Disintegration (1989), un álbum empujado por el pesadillesco tema (y videoclip) Lullaby, la fuerza hipnótica de Pictures of you o el pop adhesivo de Lovesong. El resto del disco se mueve entre la bruma de su arrebatadora ensalada de teclados y el brío misterioso de sus bajos y guitarras, siempre causando la sensación de que la música se va a hacer pedazos o a fundirse con el aire. Wish y The Cure fueron trabajos posteriores que no estaban nada mal, pero para mí el magnetismo de Robert Smith y los suyos ya había perdido atracción.
Este post, motivado por la entretenida lectura de las irregulares memorias de Lol Tolhurst (Cured. The tale of two imaginary boys, publicado por Malpaso), me reencuentra también con una antigua parte de mí, la de aquellos días de vinilos en los que desgastaba sin descanso el tocadiscos de casa, en una adolescencia que perfilaba mis gustos musicales, pasajeros unos, como resultaron ser The Cure, y a las puertas de que me atrapasen muchos otros.
Este post, motivado por la entretenida lectura de las irregulares memorias de Lol Tolhurst (Cured. The tale of two imaginary boys, publicado por Malpaso), me reencuentra también con una antigua parte de mí, la de aquellos días de vinilos en los que desgastaba sin descanso el tocadiscos de casa, en una adolescencia que perfilaba mis gustos musicales, pasajeros unos, como resultaron ser The Cure, y a las puertas de que me atrapasen muchos otros.
miércoles, febrero 13, 2019
VOLUME ONE 494: BOBBIE GENTRY'S THE DELTA SWEETE REVISITED (MERCURY REV)
La esfera de quebradiza psicodelia con que Mercury Rev envuelve su música, como si sus canciones pasaran por una máquina de lavado que las recarga de abalorios ruidosos en lugar de depurarlas, nunca me ha convencido, y eso que he gastado esfuerzos en este grupo. Otro esfuerzo más es el que dedico a su última propuesta, atractiva sobre el papel, frustrante de nuevo en la práctica. Porque aunque trece voces femeninas poco o nada próximas a las esencias evasivas de la banda hayan reinterpretado medio siglo después las doce canciones del estupendo segundo álbum de Bobbie Gentry, The Delta Sweete, de 1968, el experimento empaña cualquier brisa del disco original para que prevalezca la espesa capa en que se diluye la música de Mercury Rev. Uno querría que de algún modo cercano Hope Sandoval, Norah Jones, Marissa Nadler, Laetitia Sadier o Lucinda Williams le devolviesen desde el tributo a la fresca voz y figura que fue Bobby Gentry. Pero no, Mercury Rev lleva la revisitación a sus dominios, digno desde luego pero decepcionante.
(Ejemplo de álbum revisitado que escapa de las fronteras de su modelo sin desmarcarse de su poderosa intensidad interior es en cambio la recuperación que David Rawlings, Gillian Welch, Emmylou Harris, Steve Earle o Kris Kristofferson, entre otros, hicieron del Bitter tears (1964) de Johnny Cash en Look again to the wind, de 2015)
Nota: 4/10
(Ejemplo de álbum revisitado que escapa de las fronteras de su modelo sin desmarcarse de su poderosa intensidad interior es en cambio la recuperación que David Rawlings, Gillian Welch, Emmylou Harris, Steve Earle o Kris Kristofferson, entre otros, hicieron del Bitter tears (1964) de Johnny Cash en Look again to the wind, de 2015)
Nota: 4/10
domingo, febrero 10, 2019
VERSIONES
En estos días de fiebre y exaltación desbordada parece que revivir una vieja canción de amor o desamor con hechuras y esencias cercanas pero distintas, adaptada a nuevos consumos de concepto e imagen y explotada hasta la extenuación, se vende como un hito. Lo nunca oído. Excepcional. Extraordinario. Es gratis convertir una interpretación en magisterio, cuando escasean los maestros. Ayuda y mucho que el derroche de promoción se arroje sobre quien bucea en el pasado para presentarse como monarca del presente. Otros dignos versioneadores no llegan a los telediarios ni a los debates de entendidos, no sacan del olvido a los autores originales en reportajes bien arreglados para que den el beneplácito 'buenrollista' a quien tributa. Penosa la versión, por cierto. Si unos se rinden a sus pies, otros se agachan para contener fugas del estómago.
Puestos a regresar a cuando no nos crispábamos tanto, Matthew y Flo no fueron tan profundos y sí frívolos, con un impulso ingenuo de nostalgia, para reinterpretar Grease, de la película Grease, que incluyeron en su disco de versiones de 2017 Gentlewoman, Ruby man. No es para tanto, desde luego, pero yo sí digo bravo.
Puestos a regresar a cuando no nos crispábamos tanto, Matthew y Flo no fueron tan profundos y sí frívolos, con un impulso ingenuo de nostalgia, para reinterpretar Grease, de la película Grease, que incluyeron en su disco de versiones de 2017 Gentlewoman, Ruby man. No es para tanto, desde luego, pero yo sí digo bravo.
jueves, febrero 07, 2019
BOOTLEG SERIES 71: JESS MORGAN
Ya saben que me gusta remover en todas partes y que más pronto que tarde salen a la superficie, cuando menos te lo esperas, joyas de los baúles de la música. Nombres y sus canciones que ayer nunca había oído y a los que ahora ya puedo seguirles la pista para comprobar si merece la pena continuar más tiempo sobre sus raíles. Me invita a ello esta mujer de Norwich, Jess Morgan, hoy ya conocida gracias a una colección de temas (Everything I did last year, 2019) después de sus cuatro primeros discos y otros tantos EPs. Suena limpia, nada novedosa pero de una cercanía que desprende honradez. Y te deja en suspensión. Prueben.
lunes, febrero 04, 2019
BONUS TRACK 203: STOLEN MOMENTS (JOHN HIATT)
No por sabido deja de sorprender. Rescatas cualquier álbum, ni el más dorado ni el más apagado de entre la extensa discografía de un músico de confianza, y te encuentras con un trabajo que reafirma tu admiración y cariño por ese autor, alguien que hace de su infalibilidad el mayor de los méritos. Con John Hiatt me veo en apuros para desechar obra, porque nada sobra. Puede más en su trabajo el sello de la regularidad que la distinción de sus álbumes sobresalientes. Me paro en un disco que me faltaba, radiante al precio de una libra recién llegado de Londres, y me dejo encarrilar por Stolen moments (1990). Esto es es tan bueno como maravillas que Hiatt dejaba atrás (Bring the family) y que vendrían pronto (Perfectly good guitar) y mucho más adelante (Master of disaster). Este es el segundo álbum de Hiatt producido por Glyn Johns, al que presta percusión y guitarras su hijo y después ingeniero a los mandos Ethan Johns. Y como cada entrega del de Indianápolis hay canciones para correr contra el viento y levantarse para flotar (Real fine love, Seven little indians, Child of the wild blue yonder).
sábado, febrero 02, 2019
VOLUME ONE 493: THE IMPERIAL (THE DELINES)
Desde la tienda y la marca Rough Trade y su selección mensual de tesoros musicales gestados en el ámbito de la independencia, llega esta acertada recomendación. Son The Delines, que celebro conocer en estos tiempos ávidos de conectar con nuevas figuras dignas de atención. The Imperial (Decor, 2019) es el segundo disco de esta formación de Portland, un álbum que tardó en rematarse lo que duró la recuperación de su vocalista, Amy Boon, de un serio accidente de circulación. La acompañan músicos de oficio, entre ellos miembros de Richmond Fontaine. La unión de unos y otros en este trabajo apacible ofrece una sedosa sesión de romance entre folk-rock y soul, con pedal guitars que flirtean sin adornos con serena música de viento, un mensaje de serenidad abrigado por la voz calmosa de Amy. Crece.
Nota: 7,5/10
Nota: 7,5/10
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





























