Ya que son mentados, vamos a ellos, a los Fleetwood Mac de Rumours (1977). La intrahistoria turbulenta de este disco está a la altura de su contenido. Hay mucha literatura testimonial. Un superventas colosal, una banda en situación volcánica (atrás quedaban sus raíces de blues, ahora desprendía brisas de pop lustroso), un trabajo impecable que acabó adoptando hechuras míticas. En aquellos días unos se peleaban con otros, regados de drogas y capaces así de crear un álbum de esos que décadas después conservan su aura legendaria.
Las fotos elevaban su poderoso grado de seducción, el que nacía de la mera presencia de Stevie Nicks y Lindsey Buckingham, pareja antes de entrar en el grupo y disuelta mientras se grababa Rumours. Las canciones hervían de fascinación (Dreams, You make loving fun), vibrantes en su cabalgada (Go your own way) e hipnóticas en su éxtasis (Gold dust woman). La música soberana de los años setenta.

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