¿Qué puedo escribir y contar de Paul McCartney a estas alturas? ¿O de los Beatles? Todos tenemos un beatle dentro, uno al que queremos más, con el que abrazamos nuestra debilidad, pero cedo la palabra a los que saben más que yo. Podría decir que el último álbum de Macca es bueno de verdad, fantástico, más rico cuanto más se escucha, y qué gusto da ver que se llega tan lejos sin perder brillantez. Pero no, escuchando y disfrutando The boys of Dungeon Lane me he puesto a pensar y fantasear con...
Y si resulta que Lennon ha estado vivo todo este tiempo y todo el mundo se despierta mañana con un disco nuevo que ha grabado en el último año. Y si ahora salen a la luz las canciones que Lennon tenía grabadas poco antes de morir y se convierten en un álbum póstumo tanto tiempo después. Y si Paul y John dejaron acabado un disco que ha estado hasta ahora guardado con candado y se edita cuando los dos se reencuentren en el más allá. Y si los cuatro, antes de la separación, firmaron un disco maldito que se hará público cuando ninguno viva para contarlo.
Piensas esto, y alguna que otra fantasía que se te ocurre, porque lo último de McCartney, de lo bueno que es te invita a soñar.

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