Sonó de golpe a una hora cualquiera en una de esas emisoras que programan lo que llaman, lo que se consideran, clásicos. Los más de cuarenta años pasados la han convertido en eso, en un clásico, pero yo creo que la canción Dancing in the dark fue un clásico desde el momento que se escuchó por primera vez. Mi momento. ¿Por qué? Bueno, pues porque suena como un suave cortejo, irresistible y seductor, la invitación a bailar de un buen tipo que guarda la rudeza para desnudarse como un hombre tierno. O porque la música va en locomotora con el viento en la cara. Come on baby, hay canciones que están hechas para nosotros, que nunca te cansas de escuchar aunque suenen en el lugar más insospechado o el momento menos adecuado pero consiguen que estés contento. Como los tipos que la cantan ante la multitud. Te llaman para decirte que siempre es bueno encontrarte bailando en la oscuridad.
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