Cuando nací, el tipo que cantaba con sus labios gruesos estaba a punto de cumplir 30 años, los mismos a los que se acercaba el guitarrista tan feo que se movía a su lado.
El tiempo corrió, unas veces despacio, otras deprisa. Más canciones, más guitarras, más discos que empecé a comprar cuando llegué a la adolescencia. Que seguiré comprando.
Mick tiene 82 años, como Keith. Yo hoy cumpliré uno más. Muchos se quedaron por el camino, el suyo no tiene fin, yo les acompañaré. Sus lenguas nos lamen, su música nos mantiene vivos.
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