Una decena de discos para recordar con el regusto de este año y la evocación para años venideros. Esto es lo que más he disfrutado en 2018, casi tanto unos trabajos como otros. No se trata de distinguir lo que merece un 7,5 de un 8 o un 8,5, lo que hoy se gana cuatro o cinco estrellas y mañana tres y media o cuatro y media. En el fondo se trata de muy buena música, original o versionada, de aquí de allá y de todas partes... And we like it!
-Amy Helm, This too shall light
-Calexico, The thread that keeps us
-Dawes, Passwords
-Glen Hansard, Between two shores
-Hiss Golden Messenger, Virgo fool
-Jonathan Jeremiah, Good day
-Jonathan Wilson, Rare birds
-Milana, Desierto cicatriz
-The Milk Carton Kids, All the things that I did and all the things that I didn't do
-Sam Phillips, World on sticks
Feliz 2019 a tod@s.
viernes, diciembre 28, 2018
miércoles, diciembre 26, 2018
QUERER MAL
Entre los nombres del año, las personas o personajes que más han dado que hablar en 2018, estará el suyo. El poder del marketing, la fuerza de imágenes y sonidos que crean y explotan un producto de consumo instantáneo. De eso se trata. El eco está ya formado, ahora que dure, que dé aún más que hablar, que venda mallas o lápiz de labios, quizá un bizcocho, que aparezca en las revistas y los programas, en unas cuantas galas, que todo el mundo crea saber quién es ella. Adhesión, indiferencia o hartazgo dirán cuán efímera o permanente es su huella en el universo de la moda y la fama contemporáneas.
Tarde y con mínima curiosidad, pero con atención, escucho El mal querer, de Rosalía. Quiero tener una impresión para no precipitarme a condenarlo o a incluirlo entre las obras magnas. Carezco de referentes para enjuiciarlo del mismo modo en que me siento más capacitado para valorar discos de pop y de rock, así que no me atrevo a ser categórico, aunque estoy seguro de que, según me cuadre, lo pisotearía o arrojaría por la ventana. No solo mi poco aprecio por el flamenco me aparta de este disco, su maridaje con el pop y la electrónica me escuece. Canta la chica, pero ¿sabe cantar? (no la he visto interpretar, cierto, cuando afloran talentos naturales y la música enseña su alma) ¿En realidad importa?
Tarde y con mínima curiosidad, pero con atención, escucho El mal querer, de Rosalía. Quiero tener una impresión para no precipitarme a condenarlo o a incluirlo entre las obras magnas. Carezco de referentes para enjuiciarlo del mismo modo en que me siento más capacitado para valorar discos de pop y de rock, así que no me atrevo a ser categórico, aunque estoy seguro de que, según me cuadre, lo pisotearía o arrojaría por la ventana. No solo mi poco aprecio por el flamenco me aparta de este disco, su maridaje con el pop y la electrónica me escuece. Canta la chica, pero ¿sabe cantar? (no la he visto interpretar, cierto, cuando afloran talentos naturales y la música enseña su alma) ¿En realidad importa?
viernes, diciembre 21, 2018
SOUNDTRACK 222: WATERBOYS
Waterboys, la banda de Mike Scott, engrandece esta pequeña película, Waterboys (2016), del cineasta holandés Robert Jan Westdijk. La música de los Waterboys se abre para propagarse por los pliegues de la nostalgia. Siempre me han gustado, y mucho, los Waterboys.
Dos hombres con su vida sentimental hecha pedazos, padre e hijo, comparten viaje por mar y carretera desde Holanda hasta Escocia, adonde el primero acude a promocionar, en Edimburgo, la primera de una popular serie de 17 novelas policiacas con el mismo detective que es traducida al escocés (sic). El padre es juerguista y despreocupado, con bromas que ofenden más que divierten; el hijo, más sensible e inseguro, no deja de ser, en palabras de su padre, un calzonazos. El contraste de costumbres, el peso de la convivencia, los caprichos del amor, desfilan en matices y situaciones ligeras por este film, sin ansias de profundizar pero eficaces en su medida justa.
Waterboys podría ser una película fácilmente olvidable, pero las escenas en que los personajes asisten a un concierto del grupo escocés en un teatro la revistan de una fuerza memorable. En ese momento alguien echa la vista atrás y añora las emociones más importantes de su vida, en la que las canciones de los Waterboys fueron su banda sonora; y alguien mira hacia delante con el escalofrío evocador de la música, mientras el sol vuelve a salir.
Dos hombres con su vida sentimental hecha pedazos, padre e hijo, comparten viaje por mar y carretera desde Holanda hasta Escocia, adonde el primero acude a promocionar, en Edimburgo, la primera de una popular serie de 17 novelas policiacas con el mismo detective que es traducida al escocés (sic). El padre es juerguista y despreocupado, con bromas que ofenden más que divierten; el hijo, más sensible e inseguro, no deja de ser, en palabras de su padre, un calzonazos. El contraste de costumbres, el peso de la convivencia, los caprichos del amor, desfilan en matices y situaciones ligeras por este film, sin ansias de profundizar pero eficaces en su medida justa.
Waterboys podría ser una película fácilmente olvidable, pero las escenas en que los personajes asisten a un concierto del grupo escocés en un teatro la revistan de una fuerza memorable. En ese momento alguien echa la vista atrás y añora las emociones más importantes de su vida, en la que las canciones de los Waterboys fueron su banda sonora; y alguien mira hacia delante con el escalofrío evocador de la música, mientras el sol vuelve a salir.
jueves, diciembre 20, 2018
BONUS TRACK 200: A PERIOD OF TRANSITION (VAN MORRISON)
Qué grato es reencontrarse con buenos álbumes olvidados de una extensa discografía. A period of transition (1977) es uno de esos trabajos de Van Morrison de los que apenas uno se acuerda. Pasa también con gran parte de su producción posterior, irregular en los ochenta y noventa y mucho más centrada en los últimos quince años, aunque su piloto automático se haya acomodado en una eficiente elegancia que nada apuesta por la variedad, y que seguramente no necesita. Este disco, grabado tras su periodo más largo de inactividad, tres años (en los dos últimos ha despachado cuatro vinilos), sí salta de los terrenos melancólicos del folk rock de sus obras previas (Hard nose the highway, el hermoso Veedon Fleece) a las parcelas calurosas del R&B por las que después navegaría el irlandés en gran parte de sus discos. Lo tenía tan borrado el disco de la memoria que no ubicaba en él a Dr. John en las teclas y la producción compartida, no sentía su ligero aire de New Orleans; como tampoco recordaba que Van the Man, oh milagro, se atreve a sonreir en una de las quince imágenes suyas de la cubierta.
martes, diciembre 18, 2018
BONUS TRACK 199: TENOR CONCLAVE (COLTRANE/MOBLEY/SIMS/COHN)
Mi oído es hábil en distinguir voces y guitarras a lo largo del tiempo y de los discos, en identificar de quién es ese solo o ese riff que alegra, entristece o conmueve un tema musical. Más dificultades tengo en reconocer el sello instrumental de los músicos de jazz cuando escucho piezas aisladas o determinados álbumes. Pongamos por caso que en un mismo disco tocan cuatro saxofonistas con sendos saxos tenores y con sus sonidos entrecruzados en los mismos temas. Quizá a John Coltrane, con su corpórea seguridad, lo puedo distinguir mejor que a los demás. Quizá la finura melodiosa del no tan estimado Hank Mobley es reconocible. A Zoot Sims y Al Cohn los tengo más apartados y no sabría decir de cuál es este o aquel saxo. Tenor conclave, grabado en 1956 por el sello Prestige, reúne a estos cuatro saxos en cuatro temas. La primera portada (mangas de camisa en lugar de trajes oscuros) sitúa a los músicos en el mismo nivel, sin un nombre en letras más grandes que los demás; una reedición posterior, de 1962, la tipografía resaltaba a Coltrane sobre el resto, los cuatro con traje y corbata. La obra, a caballo entre el cool y el hard bop, es una delicia, con una cumbre como How deep is the ocean? ideal para bucear en las aguas del ensueño en el cierre del repertorio.
lunes, diciembre 17, 2018
GREATEST HITS 216: CANCIONES QUE ME HAN GUSTADO
Llego al final de este año algo apagado musicalmente. Sin alicientes,
desganado, y no en las mejores condiciones para entregarme a nuevas
escuchas detenidas o a repasos discográficos. Pero no quiero olvidarme
de muy buenas canciones disfrutadas estos meses. Son temas que aparecen
en BUENOS discos, pero NO los mejores de 2018 para quien continúa
alimentando este blog.
-I get weak, Amos Lee
-Woman, Cat Power
-What makes you happy, Edie Brickell & New Bohemians
-Hammer ring, Doyle Bramhall II
-Tucumcari, Goodnight, Texas
-Mama proud, Jess Williamson
-All the way to the river, John Hiatt
-Oracle of the maritimes, Neko Case
-The only thing worth fighting for, Rosanne Cash
-Straight Street, Ry Cooder
-I get weak, Amos Lee
-Woman, Cat Power
-What makes you happy, Edie Brickell & New Bohemians
-Hammer ring, Doyle Bramhall II
-Tucumcari, Goodnight, Texas
-Mama proud, Jess Williamson
-All the way to the river, John Hiatt
-Oracle of the maritimes, Neko Case
-The only thing worth fighting for, Rosanne Cash
-Straight Street, Ry Cooder
miércoles, diciembre 12, 2018
BONUS TRACK 198: THE DARK SIDE OF THE MOON (PINK FLOYD)
Nunca he tenido a Pink Floyd en mis altares, aunque alguno de sus discos y, sobre todo, canciones merecen una justa adoración. Con The dark side of the moon (1973) no caben discusiones: hoy me sigue pareciendo un álbum de extraordinaria ejecución que conserva su poder de asombro y -lo que considero más elogiable- su capacidad para transmitir la trascendencia de la creación musical. Vuelvo a este disco, que podría haber sido grabado en cualquiera de las últimas cinco décadas, porque uno de sus temas consigue hacer fascinante un trailer de la última película de Alfonso Cuarón, la unánimemente aclamada Roma. The great gig in the sky, con su crescendo de voces femeninas en éxtasis apocalíptico, es uno de los cortes sublimes de The dark side of the moon, la obra con la que Pink Floyd dejaron atrás sus inquietudes psicodélicas para ocupar el escalón de las bandas mayores llamadas a crear una marca. Disco concepto, disco uniforme, de una belleza templada y adornada, disco arte.
domingo, diciembre 09, 2018
BOOTLEG SERIES 69: AMERICAN TREASURE
Sí, un tesoro auténtico. ¿Americano? Universal. Habría llamado a este legado póstumo Un tesoro universal. La raíz de la música, los genes líricos, la actitud y el carisma del intérprete y cuanto se quiera advertir bajo y sobre la superficie de estas canciones suelen asociarse a la cultura americana, pero pertenecen a la humanidad. Música sin bandera ni nación. Los camaradas Mike Campbell, Benmont Tench y Ryan Uliate, con el beneplácito familiar, se encargaron de reunir parte del material inédito o apenas difundido de su jefe Tom Petty, solo o con sus fantásticos Heartbreakers, en la caja recopilatoria An American Treasure, comercializada un año después del fallecimiento del músico de Gainesville. El tesoro, con grabaciones en directo, versiones descartadas, temas desconidos, canciones tal cual fueron grabadas en álbum y alguna rareza de las décadas de los setenta, ochenta, noventa y dos mil, cada una comentada por Campbell y Tench, reafirma la condición de Tom Petty y su banda como emblema capital de la música americana y glorioso patrimonio de la humanidad. Su música aún sigue con nosotros.
viernes, diciembre 07, 2018
GREATEST HITS 215: TE SIGO SOÑANDO (DEPEDRO Y LUZ)
No retengo demasiadas canciones españolas, lo reconozco, en ese espacio de la memoria que guarda versos, estrofas o melodías que nos acompañan para conservar vivencias y recuerdos, personas y ambientes. Quizá alguna de hace décadas, frases y ritmos sobre negras flores y escuelas de calor. Pero siempre que escucho esta canción la repito en las horas siguientes en la intimidad de la voz baja o callada. Depedro / Jairo Zavala me cae muy bien, es un guitarrista excelente que no presume ni de su talento ni de la suerte que tiene. Sin él, estoy convencido, Calexico seguiría siendo una gran banda pero perdería bastante. Te sigo soñando es una canción que siempre gana. Y aquí con Luz Casal, también, y mucho.
martes, diciembre 04, 2018
BOOTLEG SERIES 68: THE STRANGE
Mi conocimiento del rock balcánico es muy limitado. El primer grupo que me viene a la mente es The Bambi Molesters, una formación croata que practica el surf-rock con la que tropecé hace varios años en su divertido disco Sonic Bullets 13 From the Hip. En él tocaban Peter Buck y Chris Eckman invitados por el grupo, allá por 2001. El músico de The Walkabouts vivió una temporada en la capital eslovena, Ljubljama, donde pasó tiempo con los miembros de Bambi Molesters. Unieron fuerzas y con el nombre The Strange grabaron un disco en 2004, Nights of forgotten films, al que le sigue, catorce años después, Echo Chamber. En una etapa en la que me cuesta encontrar y celebrar estímulos musicales siento recuperar latigazos de excitación con este álbum de Eckman y sus amigos croatas. Sigue salpicando oleaje surfero, atmósferas misteriosas sobre raíles sin estilos ni destinos determinados, ensaladas sonoras aliñadas con sabores que se repiten en el paladar. Un poco de Walkabouts, finuras rockeras y algo de Calexico hacen suculenta la receta.
sábado, diciembre 01, 2018
VOLUME ONE 489: WARM (JEFF TWEEDY)
Jeff Tweedy, ese hombre que hoy parece un oso o un ajado lugareño (en aspecto y voz me resulta inevitable no pensar en un Neil Young desaliñado y sin amparo), arrastra la sombra y el eco de Wilco allá donde lleva su propia música. Al margen de su banda, Tweedy ha grabado música impredecible y esquiva, de aparente simpleza pero con giros, rincones y complejidades que encierran poco apego a lo convencional. Como Wilco en realidad, ya digo, que no sabes por dónde van a salir ni en cada disco ni en cada canción, casi siempre brillantes en su esencia inclasificable. Warm (dBpm, 2018) es el nuevo trabajo del autor en solitario, el primero con material original, con el apoyo de su hijo en la percusión y unos pocos músicos distintos a los de su grupo, aunque el baterista Glen Kotche encuentra algún tema para sentarse.
El disco, creado a partir de los malos tragos por los que ha pasado Tweedy en la familia (fallecimientos y enfermedades), ofrece refugio en sus canciones reposadas, elaboradas con parsimonia en torno a suaves cuerdas acústicas y expresivas guitarras eléctricas tocadas de madrugada a la luz de una hoguera en el bosque, de finas extravagancias tan del gusto del músico. A veces parecen revivir los Wilco de A.M. y Being there, otras veces los temas se digieren como esbozos de piezas que con el grupo al completo alcanzarían el momento de estallar pero prefieren resguardarse. Warm es cálido y tranquilizador, una experiencia interior que exige empatía. Yo la encuentro.
Nota: 7,5/10
El disco, creado a partir de los malos tragos por los que ha pasado Tweedy en la familia (fallecimientos y enfermedades), ofrece refugio en sus canciones reposadas, elaboradas con parsimonia en torno a suaves cuerdas acústicas y expresivas guitarras eléctricas tocadas de madrugada a la luz de una hoguera en el bosque, de finas extravagancias tan del gusto del músico. A veces parecen revivir los Wilco de A.M. y Being there, otras veces los temas se digieren como esbozos de piezas que con el grupo al completo alcanzarían el momento de estallar pero prefieren resguardarse. Warm es cálido y tranquilizador, una experiencia interior que exige empatía. Yo la encuentro.
Nota: 7,5/10
martes, noviembre 27, 2018
VOLUME ONE 488: NEGATIVE CAPABILITY (MARIANNE FAITHFULL)
Quizá algunos músicos estén cerca de brindarnos sus últimos trabajos, los que pongan fin a una larga carrera o a una vida. Quizá Marianne Faithfull es una de ellas. O quizá no. Pero me hace pensar en ello, que el final está próximo, la fragilidad que transmite hoy esta mujer, una de las más bellas que parió Inglaterra, en su último álbum: apoyada en un bastón contra la artritis, la voz cada vez más gastada, la pronunciación lenta de las palabras... Negative capability (BMG, 2018) es la última entrega de una larga trayectoria de más de cincuenta años y al oírla siento que la débil pero respetable Marianne, como el eco resonante de los espíritus sabios, nos lanza mensajes y advertencias a modo de despedida.
El disco, triste y de una belleza crepuscular, despierta algunas sensaciones encontradas: diría que es un álbum de Nick Cave con la mitad de los Bad Seeds y con la voz invitada y dominante de Marianne para dar continuidad a Skeleton tree. Warren Ellis, de hecho, es uno de los productores y su violín se extiende como una capa quejumbrosa por más de un tema; y Nick Cave pone voces dolientes y textos a canciones, apartado el compositivo en el que también intervienen Ed Harcourt y Mark Lanegan. Me sobran dos versiones que Faithfull ya había cantado cuando era casi una adolescente, As tears go by e It's all over now, baby blue, que son nostalgia recargada en un disco que invita a la retirada y el recogimiento.
Nota: 7/10
El disco, triste y de una belleza crepuscular, despierta algunas sensaciones encontradas: diría que es un álbum de Nick Cave con la mitad de los Bad Seeds y con la voz invitada y dominante de Marianne para dar continuidad a Skeleton tree. Warren Ellis, de hecho, es uno de los productores y su violín se extiende como una capa quejumbrosa por más de un tema; y Nick Cave pone voces dolientes y textos a canciones, apartado el compositivo en el que también intervienen Ed Harcourt y Mark Lanegan. Me sobran dos versiones que Faithfull ya había cantado cuando era casi una adolescente, As tears go by e It's all over now, baby blue, que son nostalgia recargada en un disco que invita a la retirada y el recogimiento.
Nota: 7/10
viernes, noviembre 23, 2018
MEDIA HORA EN EL JUKEBOX DE LOS 70
Hay un café en mi ciudad, de nombre literario y edad que hace décadas, en el que me gusta entrar y detenerme entre las prisas del día. Mi hora preferida en ese café es después de comer y hasta que los clientes, de paso entre las calles céntricas o al salir de trabajar, empiezan a llegar a media tarde. En ese tiempo predilecto apenas se oyen voces entre el ruido tímido de la máquina del café y las cucharas que remueven las consumiciones en las tazas; en ese tiempo se oye el ruido de las páginas de un periódico al cambiar de sección y una o dos personas, como mucho, se pierden a sí mismas entre las páginas de un libro. En ese tiempo también se siente gemir y murmurar con nitidez y calor la música que da vida al café, casi siempre música rock y pop de los años setenta, algo de blues, un tema de jazz que no se sabe bien quién lo ha invitado a sonar en la fiesta.
Hoy estuvimos allí, en el café, de tres a tres y media. La mañana había sido larga, de madrugón antes de que el despertador avisase, de ir de aquí para allá y esperas tediosas en esos lugares donde nuestra salud lo último que quiere es esperar. Volvimos andando a paso lento, apuramos la comida de unos platos combiados y buscamos un lugar donde reposarla con la ayuda de un café. El café, el café que toma su nombre del pueblo ficticio de una novela, estaba en nuestro camino de vuelta a casa y allí nos detuvimos. Un joven mantenía un libro abierto y levantado en la mesa donde la luz mejor traspasaba la ventana. Otro hombre leía la prensa concentrado en la barra. En una mesa, la otra arrimada al ventanal, pasamos media hora en un túnel musical del tiempo con nuestros libros en la vista y nada más en lo que pensar. Estábamos con Neil Young, America, Dylan, Doobie Brothers, Lennon, The Band. Salimos de aquella dimensión pacífica de música y silencio en mitad del ruido y el ritmo de un día en la ciudad y seguimos con nuestras vidas.
Hoy estuvimos allí, en el café, de tres a tres y media. La mañana había sido larga, de madrugón antes de que el despertador avisase, de ir de aquí para allá y esperas tediosas en esos lugares donde nuestra salud lo último que quiere es esperar. Volvimos andando a paso lento, apuramos la comida de unos platos combiados y buscamos un lugar donde reposarla con la ayuda de un café. El café, el café que toma su nombre del pueblo ficticio de una novela, estaba en nuestro camino de vuelta a casa y allí nos detuvimos. Un joven mantenía un libro abierto y levantado en la mesa donde la luz mejor traspasaba la ventana. Otro hombre leía la prensa concentrado en la barra. En una mesa, la otra arrimada al ventanal, pasamos media hora en un túnel musical del tiempo con nuestros libros en la vista y nada más en lo que pensar. Estábamos con Neil Young, America, Dylan, Doobie Brothers, Lennon, The Band. Salimos de aquella dimensión pacífica de música y silencio en mitad del ruido y el ritmo de un día en la ciudad y seguimos con nuestras vidas.
martes, noviembre 20, 2018
SOUNDTRACK 221: MERLÍ... O EL PLACER DE EDUCAR
(Para nuestros maestros)
Merlí es una oda contemporánea a la enseñanza y a la educación que se nos dona en las escuelas. Es la vida en el momento en que dejamos de ser críos para divisar al hombre que seremos. Miedo, celos, amor, amistad, obsesión, alegrías y tristezas, llantos y carcajadas que nos definen entre el instituto y la familia y nos conducirán por el largo e incierto trecho que se nos abre por delante.
Merlí es una serie de televisión catalana emitida entre 2015 y comienzos de 2018 en la TV3 que desde otras zonas del país se puede ver en Netflix. Ahí me he enganchado yo en las últimas semanas a ella, como el estudiante de bachillerato que fui y el padre de familia que soy, preocupado (aún no tanto) por la adolescencia que espera por mi hijo. Con la inspiración evidente en El club de los poetas muertos, los creadores de Merlí han dibujado a un personaje tan o más carismático como el que tenía los rasgos de Robin Williams en la película. Un sensacional, entrañable, imponente y muy divertido Francesc Orella es Merlí, ese peculiar profesor de filosofía, descarado con las mujeres y provocador con sus rivales, que utiliza las doctrinas de Platón, Aristóteles, Hume, Schopenhauer, Nietzsche o los peripatéticos para guiar a sus alumnos, para hacerlos comprender su propia personalidad y transmitirles la libertad de pensamiento que hace falta para entender el mundo con coherencia y disfrutarlo como buenas personas.
Enfrente, Merlí, siempre con un consejo a mano o un reproche conveniente, será testigo, apoyo y confidente de las vivencias de sus alumnos del instituto público en el que da clase, de sus enfados y aislamientos, de lo que callan y lo que deberían haber guardado. En el retrato honrado de esos chicos y chicas, excelentes actores además, descansa otro de los grandes méritos de esta serie que muestra a los jóvenes como son, cercanos y reales, sin problemas ni vicios forzados... tú y yo cuando fuimos niños, como debería ser siempre.
Al concluir la primera de las tres temporadas de Merlí me he sentido lleno, contento, pletórico de ánimo. Puede que porque en el fondo un trozo de mí ha estado con Gerard y con Pol, con Bruno y con Tania, con Joan y con Mónica de Villamore, o con la abuela Calduch, y sobre todo con Merlí, el profesor que siempre hubiera deseado tener.
Merlí es una oda contemporánea a la enseñanza y a la educación que se nos dona en las escuelas. Es la vida en el momento en que dejamos de ser críos para divisar al hombre que seremos. Miedo, celos, amor, amistad, obsesión, alegrías y tristezas, llantos y carcajadas que nos definen entre el instituto y la familia y nos conducirán por el largo e incierto trecho que se nos abre por delante.
Merlí es una serie de televisión catalana emitida entre 2015 y comienzos de 2018 en la TV3 que desde otras zonas del país se puede ver en Netflix. Ahí me he enganchado yo en las últimas semanas a ella, como el estudiante de bachillerato que fui y el padre de familia que soy, preocupado (aún no tanto) por la adolescencia que espera por mi hijo. Con la inspiración evidente en El club de los poetas muertos, los creadores de Merlí han dibujado a un personaje tan o más carismático como el que tenía los rasgos de Robin Williams en la película. Un sensacional, entrañable, imponente y muy divertido Francesc Orella es Merlí, ese peculiar profesor de filosofía, descarado con las mujeres y provocador con sus rivales, que utiliza las doctrinas de Platón, Aristóteles, Hume, Schopenhauer, Nietzsche o los peripatéticos para guiar a sus alumnos, para hacerlos comprender su propia personalidad y transmitirles la libertad de pensamiento que hace falta para entender el mundo con coherencia y disfrutarlo como buenas personas.
Enfrente, Merlí, siempre con un consejo a mano o un reproche conveniente, será testigo, apoyo y confidente de las vivencias de sus alumnos del instituto público en el que da clase, de sus enfados y aislamientos, de lo que callan y lo que deberían haber guardado. En el retrato honrado de esos chicos y chicas, excelentes actores además, descansa otro de los grandes méritos de esta serie que muestra a los jóvenes como son, cercanos y reales, sin problemas ni vicios forzados... tú y yo cuando fuimos niños, como debería ser siempre.
Al concluir la primera de las tres temporadas de Merlí me he sentido lleno, contento, pletórico de ánimo. Puede que porque en el fondo un trozo de mí ha estado con Gerard y con Pol, con Bruno y con Tania, con Joan y con Mónica de Villamore, o con la abuela Calduch, y sobre todo con Merlí, el profesor que siempre hubiera deseado tener.
sábado, noviembre 17, 2018
BONUS TRACK 197: SPIRIT IN THE DARK (ARETHA FRANKLIN)
Le debía un homenaje desde agosto, un sencillo recuerdo en la duración de uno de sus álbumes, cualquiera de los que tenga y me gusten mucho para escucharlo simplemente de corrido. Este disco bien vale, y mucho: Spirit in the dark (1970). Escuchar a Aretha Franklin es entrar en la dimensión de su fuerza, dejarse llevar por el eco de su voz torrencial, al que en este trabajo abrigan los mejores músicos de sesión que una estrella se puede encontrar y los fantásticos ingenieros del sello Atlantic. En la música cálida e irrepetible de este disco de soul nocturno y arenoso se acomodan miembros de la familia sagrada del estudio Muscle Shoals e invitados de lujo como Jim Dickinson y Duane Allman. Aretha aporta cinco temas propios a una colección de versiones que en su voz adquieren un nervio apasionado e intenso. Único.
miércoles, noviembre 14, 2018
SOUNDTRACK 220: JULIET, NAKED
El texto de Juliet, Naked pedía a gritos una película, como ocurría con Alta fidelidad, Un niño grande o Fiebre en las gradas, las tres novelas de Nick Hornby mejor adaptadas al cine. Juliet, Naked, tanto el libro como la película, atrapan la esencia auténtica de Hornby, desde su pasión mitómana por la música a la facilidad para convertir en cercanos y entrañables personajes reales con más errores que virtudes y sin aparente encanto. La adaptación, con dirección de Jesse Peretz, resulta tan próxima y a la vez tierna como los libretos de Hornby.
La historia une a una aburrida y poco decidida mujer casada (Rose Byrne) en un costumbrista pueblo costero de Inglaterra con el mito que obsesiona a su también aburrido marido (Chris O'Dowd), el músico Tucker Crowe (un adecuado y carismático Ethan Hawke), un hombre que renunció hace décadas a su carrera musical en plena ola de veneración sin dar explicaciones y sobre el que circulan teorías de todo tipo que poco cuadran con la realidad común, más bien desorganizada, en la que vive. Cuando ambos coinciden sus vidas aceptarán riesgos, se quitarán la pereza de encima, sin mitos, sin viejos discos sobrevalorados en los que ampararse. Como en los libros de Hornby, como en sus adaptaciones, la vida merece sonrisas.
La historia une a una aburrida y poco decidida mujer casada (Rose Byrne) en un costumbrista pueblo costero de Inglaterra con el mito que obsesiona a su también aburrido marido (Chris O'Dowd), el músico Tucker Crowe (un adecuado y carismático Ethan Hawke), un hombre que renunció hace décadas a su carrera musical en plena ola de veneración sin dar explicaciones y sobre el que circulan teorías de todo tipo que poco cuadran con la realidad común, más bien desorganizada, en la que vive. Cuando ambos coinciden sus vidas aceptarán riesgos, se quitarán la pereza de encima, sin mitos, sin viejos discos sobrevalorados en los que ampararse. Como en los libros de Hornby, como en sus adaptaciones, la vida merece sonrisas.
lunes, noviembre 12, 2018
VOLUME ONE 487: SHE REMEMBERS EVERYTHING (ROSANNE CASH)
Me gustan mucho los álbumes de madurez de Rosanne Cash, si así podemos llamar los cinco trabajos grabados desde el cambio de siglo, poco antes de cumplir la artista los 50 años. Una madurez que prensa musical y oyentes atribuimos a la solidez y lucidez creativas que bendice la trayectoria de determinados músicos veteranos (ellos y ellas) cuando visten de etiqueta sus nuevas producciones, escalones más de una carrera que actualiza sus orígenes y mira al futuro con la autoridad de la sabiduría. Son muy buenos todos esos discos de Rosanne Cash, el último también, recién terminado: She remembers everything (Blue Note, 2018), ni mejor ni peor. Su marido, John Leventhal, vuelve a producir, si bien se suma Tucker Martine. Invitados de altura (Kris Kristofferson, Sam Phillips, Colin Meloy, Elvis Costello) manejan junto a Rosanne, de voces y tonos templados, una selección de canciones pulidas con suavidad. Ojo a The only thing worth fighting for... así se arranca un disco infalible.
Nota: 7,5/10
Nota: 7,5/10
domingo, noviembre 11, 2018
viernes, noviembre 09, 2018
LIVE IN 224: LAS CARAS B DEL ÉXITO
Las caras B del
éxito en el circo del rock and roll me fascinan tanto o más como las vidas y
vivencias de quienes abrazan la gloria. Un músico casi anónimo, un tipo en
realidad de lo más común que huye de las luces cegadoras de la fama sin perder
respeto ni prestigio, o incluso un fracasado me caen mejor que los bendecidos
por las luces y la fortuna. Hay algunos documentales que se detienen en casos como
ellos: Anvil: The story of Anvil, The devil and Daniel Johnston y New York Doll
son tres buenos ejemplos que, respectivamente, todos con un enfoque de nostalgia
y amargura, dan voz a una banda a la que no sonrió la suerte que sí tuvieron
multitud de bandas de heavy metal, a un trastornado músico underground, y al
miembro caído en desgracia y en el olvido de una célebre banda de los años
setenta. Hoy he leído otra historia de esas que merecería otro documental, la
de John Deacon, el bajista de Queen, un multimillonario dedicado a su familia y
sus aficiones totalmente alejado de legado musical y de cualquier asunto que incumba
a su explotado grupo, un hombre cualquiera entre la multitud.
lunes, noviembre 05, 2018
BOOTLEG SERIES 67: LARKIN POE
Esto merece un alto, detenerse un momento. En ello estoy, con reservas, y con esperanzas. Por sus venas corre la sangre de un ilustre pariente lejano, Edgar Allan Poe. Dos hermanas de Atlanta que viven en Nashville, Rebecca y Megan Lovell: dos caras bonitas con gusto por la música sucia. Guitarras secas y afiladas, ecos sureños de blues roto en lodazales, una voz que se atreve a dejar bien claro que pertenece a una tipa dura. Larkin Poe. Estoy en ello, en ellas. Me gusta, promete, pero... Ya tienen su tercer disco, Venom & Faith, donde suena esto.
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