miércoles, diciembre 12, 2007

BONUS TRACK 37: AVALANCHA (HÉROES DEL SILENCIO)

Estoy inmerso en la lectura de un libro recién publicado que repasa la carrera musical de Enrique Bunbury, Bunbury. Lo demás es silencio (Plaza & Janés), firmado por el periodista musical Pep Blay. No contaba yo con bucear por los caminos del éxito y del exceso que recorrieron los Héroes del Silencio y su carismático líder. De Bunbury ya dejé constancia hace tiempo de mi rechazo, la antipatía que me provoca y la poca fiabilidad que me transmiten sus viajes musicales, por suerte, apartados del acomodado y mediocre pop rock nacional y siempre con tendencia a la exploración, eso hay que reconocérselo con moderado agrado. Ha sido la construcción ágil e inteligente del libro, a modo a veces de montaje cinematográfico, y la sencillez con que el autor narra unos hechos y comparte unos testimonios lo que me mantiene atrapado a las páginas de su libro y al curso aún inagotado de la trayectoria vital y musical que sigue el músico y cantante aragonés. Si no es porque tengo ahora el libro entre manos no hubiera vuelto a escuchar en mucho tiempo el último disco de estudio de los Héroes, Avalancha (EMI, 1995), antes de su gira final y su adiós (de momento me olvido de su lucrativo reencuentro).

Tengo la impresión de que Bunbury ha castigado la música de los Héroes. Me explico. El curso que tomó el autor tras la ruptura del grupo navegó por el tecno rock primero y luego zigzagueó por corrientes revueltas de folclore y mestizaje donde cabía el pop, el tango, la ranchera, el soul, el cabaret y el rock, claro. Toda esa experimentación un tanto circense que entusiasmó a mareas de aficionados en Latinoamérica y levantó otras tantas olas de admiración (¡incluso devoción!) entre los seguidores de España acabó por hundir bajo tierra con el peso del paso del tiempo la música, más bien el sonido, de los Héroes del Silencio. Y aunque el grupo zaragozana vio nacer a miles de fieles en España, Europa y Sudamérica en el transcurso de su propia evolución, lo que queda de ellos se antoja ahora caduco, desfasado, y por qué no decirlo, algo viejo. A mí por lo menos me lo parece.

Avalancha es un buen disco en líneas generales. Su sonido y la producción de un experimentado técnico como Bob Ezrin (Pink Floyd, Alice Cooper, Jane’s Addiction) es la que mejor resiste el daño del tiempo. Sus fuentes hard rockeras construyen riffs contagiosos y todavía perdurables en el recuerdo (Días de borrasca, Iberia sumergida, Avalancha) y cuando se toma un respiro puede llegar a ser conmovedor (Opio, Morír todavía, La chispa adecuada). En el lado negativo hay que apuntar que la grandilocuencia casi mística con la que Bunbury se expresa mediante su voz y sus letras resulta excesiva, incluso ridícula. Su teatralidad siempre ha llegado a ser cargante y a ella ayudan también en este disco unos cuantos desvaríos guitarreros y los sombríos coros que la acompañan.

PD: Que conste que el Bunbury autor sigue sin gustarme, pero la persona me va cayendo mejor.

domingo, diciembre 09, 2007

VOLUME ONE 105: A YEAR IN THE WILDERNESS (JOHN DOE)

Celebro que las bandas sonoras sigan presentándome nuevos músicos, o viejos a los que hasta ahora no conocía. O de los que simplemente había oído hablar. Lejos quedan los días en que descubrí a Crosby, Stills & Nash, a la Creedence o a Bob Seger gracias a las películas. Ahora, el último artista escondido que se me descubre es John Doe. Su nombre es el que en Estados Unidos se le asigna a una persona sin identidad, que no tiene identificación, y es el que escogió John Nommensen Duchac para formar en los años ochenta una banda punk rock de Los Angeles llamada X. Antes de su disolución inició una travesía por su cuenta y desde 1990 hasta ahora ha grabado siete discos con su nombre, John Doe. El último, A year in the wilderness (Yep Roc, 2007), es el que me ha permitido conocer un poco mejor a este músico a raíz de su inclusión en la larga nómina de invitados que aportan una canción al soundtrack del film I’m not there.

Los USA están plagados de músicos brillantes que se expresan cómodamente en la sombra. Joe Henry, Todd Thibaud, Chris Knight, Kathleen Edwards, Anne McCue, Neko Case, Jim White… son unos pocos ejemplos de autores y autoras alejados de los grandes sellos, de la industria y del éxito masivo. En su música también se acercan más a Tom Petty y a Mellencamp que a Springsteen. A John Doe lo podemos añadir a esta categoría si nos fiamos del rock más bien urbano y de sólida construcción que contiene A year in the wilderness.


Tras un breve y sutil prólogo, el disco arranca de una forma arrolladora con los temas Hotel Ghost y The golden state, dos cortes que elevan la marca mínima que el resto de canciones debe superar. Como era de esperar, ninguna más llega a su altura, pero no desmerecen en el conjunto. El trabajo de John Doe en este séptimo disco de su producción es directo y seguro y lo demuestra con temas eficaces, firmes estructuras de rock y blues y la honrada actitud de esos cientos de autores de una segunda división de muy alta estima.

Nota: 7/10

viernes, diciembre 07, 2007

BONUS TRACK 36: THE JOSHUA TREE (U2)

(Un post, este en concreto, es un espacio mísero para referirse a este disco. Pero su autor, sin más intención que la de recordar y emocionarse un poquito, aprovecha estas pocas líneas para volver al pasado, ahora que los aniversarios en números redondos sirven para explotar productos viejos con un lavado de cara y contenido adicional en los nuevos mercados.)

Recordemos The Joshua Tree. Nada más. The Joshua Tree (Island, 1987), ni la modestia que le precedió ni el exceso que le sucedió; ni las libras ahorradas para grabar el primer single ni el derroche de dólares después de los discos de oro; ni las causas nobles, las buenas acciones, el ego en una imagen y las fortunas en casa y el extranjero; las palabras dignas y las acciones dudosas; ni la ciega legión de talibanes ni U2 hasta en la sopa, ni… El Árbol de Joshua, nada más.

Todos tenemos un disco que nos transforma, con el que saltamos del sueño a la vigilia o de la infancia a la adolescencia. Hubo un antes para nosotros y luego llegó un después más rico y abierto. El impulso que a mí me ayudó a crecer fue The Joshua Tree, mi Disco entre los discos. El blanco y negro de Anton Corbijn, cuatro tíos tan serios, aquel videoclip en un programa del sábado por la tarde, with or without you (al oído), el desierto, el árbol de Joshua, los posters, las camisetas, las revistas, los discos, los maxis, los bootlegs, los viajes, los conciertos… la música, me quedo con la música, que es lo que importa, y después un sinfín de música diferente más.

Allá donde las calles no tengan nombre seguiré buscando lo que todavía no he encontrado, contigo o sin ti.

jueves, diciembre 06, 2007

VOLUME TWO 34: MINGUS

De Mingus, Charles Mingus, lo primero que me atrajo fue su nombre, la sonoridad de su apellido, poderoso pese a sus vocales débiles. Mingus. Nacido en Nogales y finado en Cuernavaca 56 años después. Pronto Fer me dio unos apuntes de este músico de jazz, después Carlos V. M. aportó más información. Y a un par de recopilaciones le sucedieron otro par de compras, varios préstamos y una autobiografía muy sui generis, Menos que un perro, fascinante en su arranque, monótona y cansina en cuanto alcanza su mitad y con un regusto intrascendente en cuanto se guarda en el cajón, con más obstinación por resaltar los conflictos (a veces extremistas) de raza y las proezas sexuales que por subrayar la mella que la música hizo en un personaje cuya obra suele descansar en los altares del jazz.

Hay algo turbio e inquietante en la música de Mingus y a mí me sobrecoge de algún modo. Atroz y sereno al mismo tiempo, este grueso contrabajista se codeó con los grandes del género hasta rozar (sino tocar) su altura y compuso un nutrido enjambre de piezas salpicadas de nerviosismo contagioso y voraz experimentalismo. Me falta bastante aún por penetrar en la compleja y no siempre fácil personalidad musical de Mingus pero me queda tiempo, tiempo aún para imaginar que en la esquina apagada de cualquier tugurio un huraño músico abraza su contrabajo y pinta un mural de sonidos sobrecogedores.

martes, diciembre 04, 2007

SOUNDTRACK 48: CATE BLANCHETT

El cine me presentó a Cate Blanchett como reina Isabel I de Inglaterra hace casi diez años. Nada sabía yo hasta entonces de aquella actriz nominada al Oscar por el correcto film Elizabeth (Shekhar Kapur, 1998) ni la había visto a ella en sus cinco películas anteriores y unas cuantas series y miniseries de televisión de Australia, el país donde nació cuatro años y dos días antes que yo. Tras aquel trabajo que la catapultó de inmediato al cine británico y al norteamericano ha participado en 26 largometrajes en casi una década, ha ganado un Oscar y varios premios internacionales y ha sido dirigida por cineastas de la talla de Martin Scorsese, Joel Schumacher, Tom Tykwer, Steven Soderberg, Alejandro González Iñárritu y Todd Haynes (en sus dos próximas películas la veremos a las órdenes de Steven Spielberg y David Fincher, vaya lujo).

Me gusta, me encanta Cate Blanchett por varios motivos. Quizá sea el morbo animal de su físico el atributo que vence a todos los demás y lo que me anima a estar atento a los pasos de su carrera. Su rostro de elegante perfil y ondulado trazado y su espigada figura propagan la virilidad de las mujeres seguras, el carácter férreo de las hembras incorruptibles. Esos claros ojos azules y profundos, la nariz huesuda, la boca amplia y apetitosa, la sonrisa transparente y el mentón de rictus aristocrático pertenecen a una mujer que desprende una fragancia irresistible.

Y me parece una excelente actriz, además: vencedora en repartos masculinos como los de El talento de Mr. Ripley (1999) o Bandits (2001); poderosa como cabeza de cartel en Veronica Guerin (2003) o en amistosos duelos interpretativos como el que mantiene con Judi Dench en Diario de un escándalo (2006); espectacular como secundaria histórica en El aviador (2004) o peso pesado en obras menores pero atractivas como Heaven (2002) o Little fish (2005). Muchos, muchos, contenemos las ganas de verla y oírla en I’m not there. Cuanto antes, mejor.

sábado, diciembre 01, 2007

SOUNDTRACK 47: I’M NOT THERE

Creo que todos somos hijos suyos aunque la sangre fluya por ríos distintos. Los que llevamos la música dentro y no somos capaces de expulsarla si no es con palabras y ojos cerrados con el grito al cielo, y los que la sienten crecer por su cuerpo y transpiran sudor guardado en notas y entonaciones. Padre nuestro que estás en nosotros…

Estés o no estés ahí, no importa, siempre habrá alguien que se atreva a ocupar tu lugar: Million Dollar Bashers y Calexico(s), Jim James y Eddie Vedder, Willie Nelson y Ramblin’ Jack Elliott, Cat Power y Charlotte Gainsbourg, Glen Hansard y John Doe, Yo La Tengo y Sonic Youth, Antony y Verlaine, Lanegan y Iron & Wine… Gracias.

Tú a lo tuyo y nosotros a lo nuestro, recordarte cada poco tiempo sobre el asfalto de una carretera, en el descanso de los guerreros, en el rostro de un quimera, en deseos imposibles. Ahí estás tú, con tus dedos de nicotina y el caos en tu cabello, el bigote marchito y los huesos débiles… Detrás tu aurora, delante un templo. Nadie reza si no es en las oraciones de tus versos.

Vives más allá de la muerte. Allá nos veremos, estancados en Mobile, envueltos en abrigos negros, tus ojos frente a los nuestros aunque nunca se hayan cruzado. Hombre delgado, cuántas verdades de las que no damos aprendido. Nos vemos.

(Nota: 10)

viernes, noviembre 30, 2007

BONUS TRACK 35: BURGERS (HOT TUNA)

De nuevo de inspección comercial por la sección de importación me encuentro con una reedición de un disco medio perdido en la memoria que nunca había visto en formato original: Burgers (RCA, 1972), de Hot Tuna. De esta entrañable y por mí siempre reivindicable banda americana y su entorno, Jorma, Jack, los Jefferson y aquellos años de folk, blues y rock psicodélico, hemos escrito un rato por aquí. No está de más volver a recordarla con la excusa de la adquisición de este fenomenal álbum.

Dos aspectos sobresalen en Burgers: uno es el empleo entrecruzado con finura de las guitarras acústica y eléctrica de Jorma Kaukonen. El grupo se había presentado en sociedad como una rama de blues acústico de Jefferson Airplane unos años antes de que la banda californiana se disolviera. Para su tercer disco dieron entrada a las cuerdas eléctricas que el ceñudo Kaukonen tan sutil y cautivadoramente tocaba con su primera formación. En Burgers empieza algún tema en acústico y lo termina en eléctrico, llegando a compartir ambos formatos algunos segundos.

El otro matiz llamativo y enormemente diferenciador es el violín eléctrico de Papa John Creach, un veterano músico de más 50 años cuando se unió a Jefferson y que después continuó su carrera junto a Hot Tuna. Su instrumento toma a veces el lugar de una guitarra más y confiere un nervio achispado a la música de Burgers y a gran parte del arsenal musical de una banda discretamente grande.

miércoles, noviembre 28, 2007

GREATEST HITS 33: HAVE A LITTLE FAITH IN ME (JOHN HIATT)

Mencioné este disco hace dos posts. Se encuentra entre los contables trabajos excelentes que el rock and roll dejo en la desconcertante, desorientada y pobre década musical de los ochenta. Lowe, Keltner, Cooder y John Hiatt, su firmante, formaron una pequeña familia para dar a luz este Bring the family, uno de los mejores, si no el mejor, álbumes de Hiatt. Después navegó entre otras obras fantásticas (The Tiki Bar is open, Master of disaster) y algunas más discretas (Little head, Beneath the gruff exterior). Bring the family contiene música optimista y hermanada, directa y serena, sin frivolidades y formidable en su ejecución. Entre sus diez canciones el ecuador lo marca Have a little faith in me, un tema de una sencillez aplastante, interpretado con entregada emoción por un autor cuya música es lo que transmite esta canción, un obsequio bienintencionado:

“Cuando la carretera oscurezca y apenas puedas ver, deja que mi amor arroje una chispa, ten un poco de fe en mí…

Cuando las lágrimas que lloras sean lo único en lo que crees, dale una oportunidad a mis brazos, ten un poco de fe en mí…

Y cuando estés contra la pared sólo date la vuelta y verás, me verás a mí atrapando tu caída, sólo ten un poco de fe en mí…”

martes, noviembre 27, 2007

VOLUME ONE 104: TONIGHT AT THE ARIZONA (THE FELICE BROTHERS)

Este disco me perturba desde hace días. No es una obra extraordinaria ni un trabajo sobrenatural, pero su música rústica e insinuante ronronea en mi cabeza.

Por un lado, fijaos en la foto de la portada. A mí me anima a descubrir que hay detrás de estos cuatro tipos perdidos en la nieve, forajidos de postal de un fotograma extraviado de Los vividores, el film de Robert Altman. ¿Descendientes de The Band en otro bosque remoto donde retratar imágenes legendarias? Cuando empiezan a sonar sus voces reaparece una vez más… Dylan, ni más ni menos. Con un par. ¿Por qué? Porque se parecen los recitados y lamentos, sin más. Lo que desconozco es si estos tres hermanos lo hacen a propósito o es que los genes del maestro flotan de manera espontánea y fugitiva por la atmósfera hasta caer sobre cualquiera de sus sucesores.

The Felice Brothers son tres chicos del estado de Nueva York, en cuya región de Woodstock precisamente Bob Dylan & The Band grabaron muchas canciones juntos. Con uno y otros tienen estos tres hermanos y su bajista un parentesco musical figurado en su disco Tonight at the Arizona (Loose, 2007), once canciones que lindan con la amargura y dibujan paisajes agrestes. Cantar no cantan muy bien, con un timbre y desgañite que remite al Dylan de sus primeros acústicos (también a Leonard Cohen y hasta David Gray) y una decoración musical sobria que en momentos puntuales también rescata a The Band. ¿Nueva oleada de folk-rock americana? Lo que sea, que en este caso no está mal.

Nota: 7/10

domingo, noviembre 25, 2007

BONUS TRACK 34: LITTLE VILLAGE (LITTLE VILLAGE)

En 1992 cuatro amigos, músicos de rock de alto bagaje y larga trayectoria, se juntaron en un estudio para grabar un disco en común. Cinco años antes habían coincidido en el álbum de uno de ellos, un trabajo de los mejores de su carrera, y quisieron repetir la experiencia con un nuevo nombre. El resultado no fue el mismo ni el deseado. Se divirtieron en una gira, vendieron poco, olvidaron aquellas canciones, aparcaron cualquier futura reunión y siguieron tocando y produciendo música cada uno por su lado, a veces incluso reencontrándose uno de ellos con otro años después. Se llamaron Little Village.

Los guitarristas eran Ry Cooder y John Hiatt, el bajista era Nick Lowe y el batería, Jim Keltner. Salvo éste, los demás también pusieron las voces. De Cooder y Keltner he escrito más de una vez y me asombra e interesa la variedad de su producción y el estatus que han alcanzado. Al británico autor y productor británico Nick Lowe lo he seguido muy poco. Y John Hiatt me parece uno de esos secundarios de primerísimo nivel, de los que se comen a menudo a los actores principales. Los cuatro habían colaborado en el espléndido disco de Hiatt Bring the family (A&M, 1987) y a aquel encuentro le sucedió tiempo después la fugaz formación que fue Little Village.

Escuché este disco hace años y no guardaba recuerdo alguno de él, ni grato ni ingrato, lo cual es más bien malo que bueno. El otro día lo encontré en una tienda en una sección de cds de importación y le di otra oportunidad al comprármelo. Si seguía sin transmitirme gran cosa, bueno, pues no pasaba nada; si por el contrario ahora encontraba detalles y hallazgos más sobresalientes, saldría ganando con la nueva adquisición y ese pedazo de música compartida por los cuatro autores entre tan amplio repertorio. Sigo pensando que Little Village, el disco, es sólo un buen disco, un trabajo artesanal y doméstico con el encanto personal que cada seguidor de estos músicos le quiera dar, al que le pesa la ligereza y la ausencia de canciones memorables pese a la destreza de sus responsables, como las que había en Bring the family y otras obras de Hiatt. No siempre las plantillas fantásticas o galácticas componen un señor equipo.

jueves, noviembre 22, 2007

EL AÑO EN QUE NACÍ

Un post del gran rockero Luis Moro me sugirió este otro post. A veces ves una película antigua y, sorprendido por los estragos que el paso del tiempo produce en el rostro y el cuerpo de un actor o una actriz a los que hoy sigues viendo todavía en una pantalla, de repente te das cuenta: “¡coño, pero si esta peli es del año en que yo nací!”. O ves una vieja actuación de un músico veterano y te percatas que allá en aquel momento, mientras él o ella serpenteaban en un escenario, tú estabas pisando por vez primera las tablas de la vida. Varios años después compré y escuché discos de estilos diferentes grabados en 1973, publicados aquel año, exitosos en su día o algo más tarde, reeditados algunos y completados décadas después, olvidados otros y con suerte a veces también reivindicados.

En 1973, mientras yo descansaba en el vientre de mi madre o recibía el calor de los primeros mimos de mi padre, nació además otra música importante: Dark side of the moon (Pink Floyd), Let’s get it on (Marvin Gaye), Goats head soup (Rolling Stones), Quadrophenia (The Who), Over-nite sensation (Frank Zappa), Raw power (Iggy & The Stooges), Greetings from Asbury Park (Bruce Springsteen), Brothers and sisters (Allman Brothers Band)…

Yo también le quitaré las telarañas a otra música de mi edad: River (Terry Reid), Head hunters (Herbie Hancock), The Byrds (The Byrds), Ooh La La (Faces), Vagabonds of the western world (Thin Lizzy), Closing time (Tom Waits), Betty Davis (Betty Davis), We’re an American band (Grand Funk Railroad)…

PD: Creo que el 72 fue un poco mejor.

lunes, noviembre 19, 2007

GREATEST HITS 32: SOMETHIN’ HOT (AFGHAN WHIGS)

He aquí uno de mis arranques de disco favoritos, una canción tremenda, Somethin’ hot, la que abre el último álbum que grabaron Afghan Whigs, 1965 (Columbia, 1998). Una pena que el grupo americano acortase su unión tras seis lps, aunque Greg Dulli, su líder y vocalista alguna que otra vez recordado en estas páginas, siguiese bastante ocupado con proyectos en solitario y al frente de otra formación, la también interesante aunque más sombría The Twilight Singers.

Me detengo en Somethin’ hot porque durante una temporada estuve colgado a este tema, lo pinchaba una y otra vez y dejaba que 1965 entero fluyese como un río revuelto hasta su desembocadura. El disco posee un tempo fulgurante y un espíritu muy soulero camuflado entre la rigidez de sus guitarras pero asomado en las voces resbaladizas de Dulli y sus acompañantes (sobre todo las femeninas). No se me ocurre mejor ejemplo para ilustrar esta sensación que esta rítmica y pasional canción.

domingo, noviembre 18, 2007

VOLUME ONE 103: THE SALVATION BLUES (MARK OLSON)

Primero debo apuntar que nunca sentí una admiración mayúscula por The Jayhawks y más de una persona no entendió en su día mi postura al tener en cuenta que me gustaban grupos o artistas similares. Sus discos tenían buenas, hermosas canciones, pero el conjunto me empalagaba, incluso cuando fueron dejando atrás la tierna atmósfera de sus primeros álbumes. Los vi en directo en el Teatro Rosalía de A Coruña poco después de que Mark Olson se bajase del tren para iniciar un camino paralelo junto a su pareja, Victoria Williams (¿otra mujer que tiene la culpa de una separación en una banda?). Lo que grabó a continuación me interesó, me gustó sin más, no así las diferentes aventuras que fueron dando otros componentes de Jayhawks, como el otro líder, Gary Louris, que formó parte de otro grupo poco afortunado, Golden Smog. Pero ahora me centro en Olson, que ya no tiene pareja, al parecer ni musical ni sentimental, y acaba de publicar un álbum fantástico, de los que me gustan más cada vez que los escucho.

Se titula The salvation blues (HackTone, 2007), cortito, ni cuarenta minutos. Delicioso. En su música limpia y de armonías tristonas se intuyen dolores y nostalgias. Cada una de sus canciones es sutilmente precisa; avanzan cadenciosas con esas pedal steels lloronas (Greg Leisz, un músico de sesión que aparece en todas partes, las toca) y con la voz frágil de Mark Olson (Sandy Denny); y varias de ellas (Poor Michael’s boat, National Express, Look into the night) reeditan y refrescan los primeros días de Jayhawks pero sin ningún tipo de merengue en su composición. No esperaba que me fuera a gustar tanto.

Nota: (ya) 9.

PD: Algún blogero afortunado ha tenido el placer de escuchar a Olson hace poco por nuestro país. Me parece que ningún teatro coruñés va a tener el detalle de programarlo con un concierto.

viernes, noviembre 16, 2007

SANGRE EN LAS PISTAS / 16 NOVIEMBRE

“No sé lo que los demás están haciendo con sus vidas, pero yo, yo sigo en la carretera dirigiéndome a otro cruce”.

“La gente me dice que es un pecado saber y sentir demasiado dentro aún creo que era mi gemela, pero perdí el anillo, nació en primavera, pero yo nací demasiado tarde. La culpa la tiene un simple giro del destino”.

“El amor es tan simple como citar una frase, tú lo supiste todo el tiempo, yo lo sé ahora. Sé dónde encontrarte, en la habitación de alguien”.

“Viento idiota, que sopla a través de los botones de nuestros abrigos, a través de las cartas que escribimos. Viento idiota, que sopla a través del polvo sobre las estanterías. Somos idiotas, cariño, es asombroso que aún podamos alimentarnos”.

“Te buscaré en el viejo Honolulu, San Francisco, Ashtabula. Vas a dejarme ahora, lo sé, pero te veré ahí arriba en el cielo, en la hierba alta y en los seres queridos”.

“Dicen que la hora más oscura es justo antes del amanecer, pero no sabríais que para mí todos los días han sido oscuros desde que te fuiste”.

“Oigo su nombre aquí y allá mientras voy de ciudad en ciudad. Nunca me he acostumbrado, acabo de aprender a desconectar, será que soy demasiado sensible y me estoy volviendo blando”.

“Si pudiera retrasar el reloj hasta cuando Dios y ella nacieron entra, me dijo, te daré cobijo contra la tormenta”.

“La vida es triste, la vida es un fracaso. Todo lo que puedes hacer es hacer lo que debes, haces lo que debes hacer y lo haces bien, yo lo haré por ti, cariño”.

jueves, noviembre 15, 2007

LIVE IN 45: JAZZ GIOIA

El 5 de febrero pasado me dejé casi 35 euros en Historia del Jazz, por Ted Gioia, un libro que me sugirió el gran oyente y conversador que es el ascensorista de cristal al pedirle recomendación acerca de alguna guía o estudio que me ayudase a conocer y comprender (debería añadir sentir) la historia e intrahistoria del jazz. A lo largo de sus más de 500 densas páginas y durante nueve meses largos he leído en la cama, en el coche, en la playa, en la espera del comienzo de una película en el cine, en el cuarto de baño…y al fin terminado una estupenda gran aproximación a este género musical tan complejo como absorbente, a este peculiar mundo paralelo que impulsa la música a través de nuestras venas.

Con la precisión de un académico y la pasión de un fanático, el músico, escritor, profesor, analista e historiador Ted Gioia arrastra al lector a un viaje extenso y parsimonioso por el nacimiento y crecimiento del jazz, por sus ramificaciones y vertientes, por su entorno social y cultural a través de un recorrido ordenado y coherente que se detiene en las figuras más relevantes, los personajes más singulares y las evoluciones más significativas del género. Aunque el trayecto se olvida al parecer de algún área geográfica de desarrollo musical y, pese a su extensión, no se detiene tanto en otros autores concretos que quizá merecerían más espacio, el Jazz de Gioia cumple a mi entender el propósito educativo y entretenido de acercar el jazz a los menos puestos y enriquecer todavía más a los que ya controlan demasiado del asunto. Con un lenguaje rico y cambiante además, técnico a veces, pero que no cae nunca en la pedantería ni en la arrogancia y ayuda al lector a compartir una santa devoción.

Por supuesto, durante estos nueve meses de embarazo jazzístico he tomado clases prácticas con préstamos, compras y descargas de tipos como Louis, Duke, Benny, Charlie, Miles, Bud, Coleman, Freddie, Sonny, Herbie, Wayne y unos cuantos más de altísima segunda fila (también con algún que otro irritante ¿geniecillo?) que ya entran a formar parte de mi grupo de colegas musicales.

lunes, noviembre 12, 2007

VOLUME ONE 101 & 102: BETTYE & LEVON

Mientras algunos viejos monumentos de la música en activo prefieren hinchar sus arcas con la enésima reedición de su colección de éxitos, completada o remasterizada (mejor si las fechas de hacer regalos están cerca), otras reliquias con actividad más puntual, sin sucesiones de ‘greatest hits’ en sus carreras más modestas y con una fama mucho más baja reaparecen cada cierto tiempo para demostrar que la música que nace con pureza de sus sentimientos no hace viejo a nadie, que sus voces grabadas llegan a nuestro oído sin ninguna edad. Esta semana me he reencontrado con Bettye Lavette y Levon Helm.

A Bettye Lavette la adoré hace ya tiempo en estas líneas después de la publicación de su soberbio disco I’ve got my own hell to raise (Anti, 2005). Bajo el mismo sello y con unos inesperados músicos de sesión, ni más ni menos que Drive-By Truckers, la veterana cantante de 61 años explota ahora en su madurez con la arrolladora fuerza con que apenas pudo empujar hace cuatro décadas, cuando era una solista secundaria y grababa singles para estudios de soul. Con la banda sureña y su productor, David Barbe, la rugiente Bettye ha grabado este año The scene of the crime, un álbum que roza la grandeza de su predecesor, stoniano a ráfagas, de agitadas melodías rockeras y baladas quejumbrosas, un disco de garito que conjuga la juerga y la resaca, como en el tema de Elton John Talking old soldiers que Mrs. Lavette reconvierte en una plegaria nocturna de Tom Waits.

Nota: 9/10

Levon Helm, 67 años. Batería de The Band. Hace poco intervino como actor en un pequeño y conmovedor papel de ermitaño ciego en la película de Tommy Lee Jones Los tres entierros de Melquiades Estrada. Su físico está desmejorado, apenas queda el rastro de la frescura jovial con que cantaba canciones sentado a la batería en su fabulosa banda, y sus cuerdas vocales han sido castigadas por un cáncer. Hacía 25 años que no editaba un disco en solitario y en 2007 ha reaparecido con Dirt farmer (Vanguard). Su voz templada pero vibrante resuena de nuevo alegre aunque melancólica en un álbum que resucita a The Band sin The Band, con violines y mandolinas, campos abiertos y porches al atardecer después de una jornada laboriosa. Larry Campbell, uno de los mejores guitarristas que ha tocado con Bob Dylan, parientes y amigos de Levon Helm como Julie y Buddy Miller, se reúnen reconfortados los unos con los otros en este trabajo añejo y sentimental.

Nota: 8/10

sábado, noviembre 10, 2007

VOLUME ONE 100: IN RAINBOWS (RADIOHEAD)

Sigo siendo el mismo, el mismo que en uno o dos lejanos posts despotricó con brevedad (más tampoco merecen los que son criticados) sobre Radiohead. Sus dos discos más ensalzados, The bends (1995) y Ok Computer (1997), me parecen aburridos y pretenciosos, dos bostezos premeditados. Mi paciencia y sentido del gusto no pudo terminar de escuchar otro par de álbumes más allá del quinto corte. Y del resto de trabajos ya escapé. Por mucho que lo intentara no era capaz de entender la aureola de veneración que rodeaba al grupo de Oxford entre crítica y público. Pero ahora, aunque mantengo mi rechazo pleno hacia la parte de su obra que he escuchado, tengo que reconocer que su último disco, In Rainbows (2007), me ha agradado hasta el punto de escucharlo dos veces con toda mi atención en menos de veinticuatro horas.

De entrada, no me disgusta que la banda, por su cuenta, coste y riesgo, haya ofrecido la oportunidad a todo interesado de descargarse el disco a través de una página web dos meses antes de ponerlo a la venta en las tiendas; su único afán recaudatorio dentro de esta medida ha sido el de sugerir a cada ‘descargador’ que, si lo desea, aporte los euros, libras o dólares que crea conveniente, desde cero hasta lo que el más generoso considere. Claro, que esta medida me parece que poco daña a la economía y al status de grupos que ya han rentabilizado cualquier tipo de inversión lejana gracias al eco que ha tenido su música, como Radiohead por ejemplo. Al margen de todo ello, me agrada más que el contenido de su nuevo disco, el octavo, sea elogiable.

No puedo comparar In rainbows con ninguno de los trabajos previos que he escuchado, quienes alaban más al grupo sabrán hacerlo con todo detalle. Sólo puedo decir que mientras el pasado me resultaba gris oscuro, caótico y rallante, el presente se me descubre despejado y ordenado (vete a saber, ahora quizá su público y crítica más ferviente le dan la espalda). Ni siquiera la quebrada voz de Thom Yorke me ahoga con su lamento permanente. El grupo mantiene cierta desesperación en su tono y sus letras, pero las deja reposar en canciones decoradas con atrezzo inquietante que tienden a crecer en intensidad. La orientación sigue siendo confusa, es decir, ¿a qué tipo de rock han sonado y suenan Radiohead? Quizá sean casi únicos en sus formas. De cualquier manera, esta vez me gusta perderme en su arco iris.

Nota: 8/10

jueves, noviembre 08, 2007

VOLUME ONE 99: SMOKEY ROLLS DOWN THUNDER CANYON (DEVENDRA BANHART)

Es un bazar musical, un cofre con tesoros y baratijas. No sabes lo que te puedes encontrar en cuanto lo destapas. Sea lo que sea no te lo vas a esperar. Es fácil que logre enervarte, también fácil que te adhiera a su universo idílico e imposible. Seguro que las revistas con inclinaciones más rockeras disfrutan lanzándole dardos y a las que presumen de presentar y devorar vanguardias les encanta alzarlo a pedestales (lo poco que de él he leído en uno y otro lado me anima a pensar en ello). Son éstas quienes más páginas prestan a esta y a otras figuras de eso que hace poco han bautizado como freak folk o new weird America. O sea, una fusión de la que no sabes hacia qué lado se inclina más. Sí, Devendra Banhart es un tipo raro, un músico indescifrable, como Sufjan Stevens, Will Oldham o las encantadoras Cat Power y Joanna Newsom.

Me da miedo escucharle, aunque acabo por rendirme y me sumo después de su escucha a un estado de traumático reposo en una dimensión desconocida. Me ha pasado ya tres veces lo mismo, con Niño rojo (2004), Cripple crow (2005) y ahora con Smokey rolls down Thunder Canyon (XL, 2007), su quinto álbum, un jeroglífico más cuyas pistas y claves resbalan y se te escapan, cuyas canciones pausadas y silenciosas guardan giros inesperados y curvas sorprendentes.

Banhart, esta especie de espantapájaros hippie o psicodélico Robinson Crusoe, teje en su último disco una pálida sábana de melodías, instrumentos, idiomas, bromas, estilos. Su mestizaje cultural se traslada a la música que propone, simple en su trazado aunque de apariencia compleja. Es un trovador fantasmal, también un singular e inteligente fenómeno de feria al que es barato llamar genio, y tampoco es para tanto. Seguro que no me he explicado bien, pero es que no es fácil explicar los sonidos variados de la música de Devendra Banhart.

Nota: Me gusta, pero me resulta imposible aprobarle con un número.

martes, noviembre 06, 2007

GREATEST HITS 31: RIDERS ON THE STORM (THE DOORS (OF 21st CENTURY))

Parece que fue hace mucho tiempo cuando en aquella entrañable serie americana de televisión The Wonder Years (Aquellos maravillosos años) escuché de fondo en una escena de uno de los primeros episodios una misteriosa canción desconocida que me cautivó al instante. No sólo aquella serie me descubrió a The Doors, sino a James Taylor, Steppenwolf, Crosby, Stills & Nash o Carole King. Pero si me tengo que quedar con un legado imborrable de su riquísima banda sonora escojo Riders on the storm. Lo demás llegó de golpe: un recopilatorio, los seis discos de estudio, dos directos, varios piratas (todo en vinilo), algunos libros, revistas, una película… Sí, un poco fan, cuando el fan es adolescente y su ilusión es pura e inofensiva y aún no se ha vuelto caprichoso y hasta repugnante.

Hace poco volví a escuchar Riders on the storm en una actuación reciente del grupo en que se ha convertido el 50% de los Doors. Ray Manzarek y Robbie Krieger. Los herederos de Jim Morrison y el otro superviviente del mítico grupo, el batería John Densmore, provocaron una batalla legal por los derechos de utilización del nombre de la banda y la formación actual ha tomado distintos nombres en los conciertos que ha dado desde 2002: The Doors of 21st century, D21C, incluso Riders on the storm… La sección rítmica la completan dos músicos que han tocado con Krieger en su propia banda después de un frustrado intento por reclutar al gran Stewart Copeland para la batería, mientras que la nueva voz nace de la garganta del líder y vocalista de The Cult, Ian Astbury, quien da el pego físico como doble de Morrison, comparte una huraña voz que recuerda al ‘rey lagarto’ de sus últimos días y en absoluto pretende resucitarlo con poses y comportamientos para la galería.

Pero a lo que iba, que yo de purista no tengo nada: que Riders on the storm, interpretada ahora por la mitad de The Doors y un acertado acompañamiento, conserva todavía el brumoso clima psicodélico con que fue concebida, atrapa al oyente en su remolino ácido y aún da gusto disfrutarla como una canción inmortal cuando está muy bien interpretada.

domingo, noviembre 04, 2007

JAM SESSION (V)

El aturdimiento es el justo, el que te permite descifrar los códigos de la otra dimensión y los enigmas de nuestra plataforma real. Piensas en ti y en los demás, en la vulnerabilidad total, la prensa amarilla y sus métodos desalmados, los mensajes de la vida a través del cine y la melodía de una canción en el momento justo. Trovadores de ensueño entre adolescentes con sueños sin caparazón, nínfulas risueñas entre padres de familia sin gracia en una trazado sin sueños. Todo parece un caos, así que pongámosle una banda sonora: Free Jazz, con la firma de Ornette Coleman.

En otro momento no se puede escuchar mejor esto. Esto. ¿Qué es esto? Dicen que un testimonio cumbre, una piedra y un pilar, un desafío a la paciencia, al orden, al pulso de la ambigüedad, la obra de un sinvergüenza, un tipo que no tiene vergüenza y al que no le duelen las palizas. ¿Qué más da? Ese soy yo. Ornette, un basurero del ruido al que ya nadie discute. Vivo de mi leyenda, de un peso que me he ganado y que no voy a rebajar. Un cuarteto por aquí, otro por allá, enredados en un mar de vil solemnidad. Yo es que de esto no entiendo.

Me lo voy a grabar, por si acaso…