lunes, noviembre 20, 2006

VOLUME ONE 40: 9 (DAMIEN RICE)

Su música es triste hasta el llanto. Sus canciones son bellas hasta el sobrecogimiento. La banda sonora de una ruptura, de la soledad, del abatimiento en un callejón sin salida. Un día te abrazarás a sus temas, al siguiente te entrarán las ganas de quemar sus grabaciones. Damien Rice.

A mediados de 2004 me recomendaron su primer disco, O; decían que era lo que más se escuchaba en aquel momento en Inglaterra. Faltó poco para que me llevara al sueño. A finales de aquel año me tropecé con una actuación suya por televisión en mi primer viaje a Londres. Sin conocer el nombre de aquel músico en vivo hasta el final del concierto me quedé boquiabierto con el afectado dramatismo y a la vez esperanzadora belleza de su repertorio. Damien Rice. Pero no me acordé de él hasta volver a escuchar un par de canciones de su primer álbum en la película Closer, con Jude Law, Natalie Portman, Clive Owen y Julia Roberts. Me sirvieron de segunda oportunidad y para congraciarme con el artista. Dos años después ve la luz el segundo disco de este autor irlandés, bautizado con otro título sencillo y difícil de olvidar, 9.

Y como entonces, necesité un par de sesiones seguidas de su material nuevo para saber valorarlo como se merece. En el caso de algunos músicos aún no sé si eso es bueno o malo, pero sí sé que es más satisfactorio percatarse casi al instante de lo bueno que es un disco si te fascina en la segunda escucha cuando en la primera te ha dejado descolocado. Damien Rice. Un tipo intenso al 200 por ciento, poseído por las entrañas de sus historias, un torbellino emocional.

9 corre el riesgo de apreciarse, por culpa de sus tres primeros temas, como una continuación sin reformas del contenido de O, acompañado de nuevo por la calmosa voz de Lisa Hannigan. Cierto. Superado este aperitivo, el álbum se transforma de forma progresiva desde la sutileza (Rootless tree) hasta el exceso (Coconut skins, Me, my yoke and I, digna de PJ Harvey) en una nueva banda sonora de la desesperación. Con la instrumentación sencilla y justa y unos arreglos esmerados, 9 no supone ninguna maduración en la breve carrera de Damien Rice, pero sí la constatación de lo paradójicamente hermoso que es sentirse bien con la tristeza.
Nota: 8/10

sábado, noviembre 18, 2006

MY BEST OF… U2

Olvidémonos de Bono, de Bono junto a Nelson Mandela o Kofi Annan, de Bono llorando por los niños de África, de Bono evadiendo impuestos en su patria. A mí no me importa ese Bono. A mí me gusta ese Bono que canta al frente de un grupo de música.

Olvidémonos de Pride, One, I still haven’t found... With or without you, Sunday bloody Sunday y demás. Olvidémonos de los inmensos estadios llenos hasta la bandera y las entradas a casi 100 euros.

Beatles y Rolling Stones fueron los padres de millones de hijos y herederos del rock. U2 se llevan la mejor parte de la herencia. U2 fueron los mejores descendientes. Dentro de 50 ó 100 años ya no estaremos… pero se seguirá hablando de Beatles, Rolling Stones y U2. ¿De Radiohead y Franz Ferdinand?

Hace bien poco rescaté unas grabaciones en directo de U2 a comienzos de los años ochenta. A menudo llega a mí en cualquier lugar una canción de U2 de esas que no fueron single y que es tan buena como los mejores singles. Entonces cierro los ojos y sólo me dejo atrapar por esas canciones. Por 11 o’clock tick tock, Fire, Rejoice, Heartland, In God’s country, Surrender, Indian summer sky, New York, Twilight, Acrobat, Kite, 40, Dirty day, Wire, All I want is you…

Unos han crecido con y gracias a los Allman Brothers (estupendo), otros con Limp Bizkit (…), yo con U2. Dejadme decir por una vez que son los mejores. Mis mejores. Después seguimos disfrutando de los otros mejores.

miércoles, noviembre 15, 2006

ANTON CORBIJN

Si hace poco reseñaba el trabajo fotográfico y visual de Danny Clinch en el escenario musical, ahora paso página sin salir de lugar y repaso las imágenes que en las últimas casi tres décadas ha captado la cámara del holandés Anton Corbijn, cuya mayoría de instantáneas poseen un estilo, un color y un contraste de claroscuros inconfundibles que nunca se han visto en otros artistas. También labrado en campos de prestigio como las revistas Vogue y Rolling Stone, Corbijn ganó peso y notoriedad con sus retratos y atmósferas para Joy Division y Echo & The Bunnymen, y especialmente para Depeche Mode y U2 en sus discos. Sin necesidad de leer la firma son reconocibles sus fotografías en blanco y negro cargadas de calor y de negro profundo, que surcan la piel atentas al detalle y embellecen las arrugas; otras veces desenfoca los colores por delante de fondos enfermizos sobre un personaje del que el fotógrafo extrae a menudo gestos cómicos e poco comunes. La lista de músicos y celebridades que se han dejado retratar por su cámara no tiene fin: los Rolling Stones, Metallica, Bruce Springsteen, Nick Cave, David Gray, REM, John Lee Hooker, Tricky, José Mercé, Bon Jovi, Skunk Anansie…

Anton Corbijn es también autor de varios libros, más de medio centenar de vídeos (incluidos de Nirvana y por supuesto U2 y Depeche Mode), un ciento largo de portadas y fotos de discos y acaba de terminar una película que recoge la vida del fallecido cantante de Joy Division, Ian Curtis.

Aquí os muestro algunas de sus obras de arte fotográficas:


SOUNDTRACK 22: BEYOND THE SEA WITH KEVIN SPACEY

Beyond the sea, animosa y romántica canción americana de los años cincuenta, incluida en numerosas películas de la época o en otras que recrean aquellos días, fue popularizada por Bobby Darin, cantante italoamericano que se convirtió durante varios años en ídolo de ingenuas adolescentes gracias a sus festivos temas y que entre sus pretensiones incluía la de destronar a Frank Sinatra como rey de las grandes salas de fiestas y conciertos. Se casó con la estrella juvenil de cine Sandra Dee, fue actor (y nominado al Oscar), acabó componiendo alguna canción protesta a finales de los sesenta, se apartó durante unos años de sus seres cercanos y murió en 1973 debido a problemas respiratorios. Su biografía no parece especialmente apasionante, pero en Estados Unidos es muy corriente ensalzar a cualquier artista por menor que sea o aunque ocupe un lugar en la segunda fila por detrás de los grandes. El actor Kevin Spacey ha querido compartir su devoción por Bobby Darin y ha coescrito, coproducido, dirigido, cantado e interpretado el biopic de este personaje, Beyond the sea. Su completo trabajo data de 2004 y el film se estrena ahora en los cines españoles.

Cierto, la vida de Bobby Darin no parece que sea, como se suele decir, “la historia más grande jamás contada”, no presenta grandes retos de superación ni importantes episodios lacrimógenos. Aunque algunos pasajes y personajes han sido retocados con respecto a la realidad (apunta una aclaración en el film), el retrato que Kevin Spacey hace de él lo presenta como un tipo que acaba cayendo bien, con unos sueños en ocasiones algo desmedidos, más bien fuera de lugar y, sobre todo, como un vocacional cantante que era feliz con un micrófono en su mano, una sonrisa en su rostro y una audiencia generosa. “No hay nada que me produzca tanto placer como cantar”, grita en una de sus canciones. Su amor por la música merece todos los honores.

Spacey se convierte en un completísimo hombre-espectáculo en Beyond the sea. Desde American Beauty no brindaba una interpretación tan espléndida y entregada. Quizá consciente de que su película no va a atraer a las masas a los cines, el actor-director y además magnífico cantante eleva la temperatura de su obra con un par de coreografías coloridas y otro par de canciones con orquesta y coro en las salas Flamingo y Copacabana. La película no evita ciertos tópicos de las historias biográficas (conflictos matrimoniales, identidad familiar), pero son defectos pequeños a los que vence el enorme cariño y la puesta en escena de un director entusiasta.

Hasta Bobby Darin se merecía un buen biopic y Kevin Spacey se lo ha regalado.

jueves, noviembre 09, 2006

SOUNDTRACK 21: BOND SONGS

Dentro de una semana se estrena en las cada vez menos frecuentadas pantallas grandes de los cines la última entrega del superagente James Bond, Casino Royale, cuya mayor expectación (además de ver a la arrebatadora Eva Green) no es otra que el debut en la saga de un nuevo intérprete del personaje, Daniel Craig. Por lo que a mí respecta la serie 007 ha dejado de interesarme desde hace bastante tiempo, especialmente desde que Pierce Brosnan se enfundó el traje y Bond perdió su genuino carisma y los films abusaron de una espectacularidad en ocasiones ridícula. Reconozco que aunque hayan alcanzado sus peores niveles en los últimos años al final he acabado viendo las películas. Goldfinger (1964), de Guy Hamilton y con Sean Connery como Bond, es mi favorita.

Y si las películas han empeorado veo que tampoco han sido mejores las canciones compuestas para los films y cantadas por artistas populares del soul y el jazz en su día y del pop y el rock en la actualidad. Mi preferida, sin ninguna duda, es la que el gran Louis Armstrong cantó para Al servicio de su Majestad, la única interpretada por George Lazenby en 1969, titulada We have all the time in the world y presentada poco antes de la muerte del genial músico. De todas las canciones de la colección Bond es quizá la más tierna, como una balada que suena a despedida en el atardecer de un verano mientras las gaviotas se pierden en el sol de poniente.

Me gustan también las canciones cantadas por Shirley Bassey para Goldfinger por su perversa sensualidad; la acelerada Live and let die, de Paul McCartney & Wings para Vive y deja morir (1973); y la excitante A view to kill del grupo Duran Duran que suena en Panorama para matar (1985).

Aún no he visto Casino Royale, pero sí he escuchado su canción, sorprendentemente cantada por un músico procedente del rock duro como Chris Cornell y no por una estrella más cercana al pop, como antes lo hicieron con canciones poco afortunadas Sheryl Crow, Garbage y Madonna. Para nada el nuevo tema You know my name suena a algo parecido a Soundgarden o Audioslave, más bien el ritmo, el tono y el clima de la canción repiten la línea de los artistas anteriores y la ligera orquestación dirigida por David Arnold que envuelve el tema lo convierte en una pieza inconfundible de la banda sonora de la serie. Cornell contiene su garganta para suavizar, eso sí, el tema más rockero desde aquel de Duran Duran.

Estos son las canciones y los temas compuestos especialmente para la saga James Bond:

-The James Bond Theme (John Barry/Monty Norman)
-From Russia With Love (Matt Munro)
-Goldfinger (Shirley Bassey)
-Thunderball (Tom Jones)
-You Only Live Twice (Nancy Sinatra)
-On Her Majesty's Secret Service (John Barry)
-We Have All The Time In The World (Louis Armstrong)
-Diamonds Are Forever (Shirley Bassey)
-Live and Let Die (Paul McCartney & Wings)
-The Man With The Golden Gun (Lulu)
-Nobody Does It Better (Carly Simon)
-Moonraker (Shirley Bassey)
-For Your Eyes Only (Sheena Easton)
-All-Time High (Rita Coolidge)
-A View to a Kill (Duran Duran)
-The Living Daylights (A-ha)
-License to Kill (Gladys Knight)
-Goldeneye (Tina Turner)
-Tomorrow Never Dies (Sheryl Crow)
-The World is Not Enough (Garbage)
-Die Another Day (Madonna)
-You know my name (Chris Cornell)

VOLUME ONE 39: ENDLESS WIRE (THE WHO)

Tanto tiempo... ¿para esto? No, no se trata de la ‘democracia china’ de los Guns ‘N’ Roses, aunque la reacción pueda ser la misma dentro un tiempo cada vez más improbable. Tanto tiempo, 24 años sin temas nuevos y disco de estudio… ¿para que los Who hayan grabado esto? Esto es Endless wire (Universal Republic, 2006), el disco que los dos supervivientes de la mítica banda inglesa, Pete Townshend y Roger Daltrey, acaban de publicar tras cuatro años de gestación, fermentado desde 2005 y al fin completado y rubricado a finales de 2006.

Ante un retorno como este cabe preguntarse de antemano qué aspira a encontrarse el oyente. ¿El disco definitivo de The Who?, ¿un muestrario más decente que los últimos trabajos previos de estudio, los de principios de los ochenta?, ¿un patinazo propio de músicos inadaptados a los tiempos que corren? ¿o un digno retorno? Desde luego, con más de medio siglo a cuestas en el cuerpo de sus líderes es poco probable firmar una obra cumbre y definitiva; tengo pobres referencias de aquellos trabajos (los Who nunca han estado entre mis favoritos), así que desconozco si el nuevo material es superior; no creo que Daltrey y Townshend sean unos inadaptados, simplemente han sido más que menos fieles a su música y estilo sin importarles si debían adecuarse o acercarse a un sonido más contemporáneo; el retorno no me parece digno, sino fútil, mediocre e insignificante (aunque tampoco tuviera importancia el regreso de los Rolling Stones el año pasado con A bigger bang, sí en cambio me parecía una creación mucho más brillante).

El bajista Pino Palladino (ocasional con Elton John, Clapton, Tears for Fears, David Gilmour y un largo etcétera), el batería Zak Starkey (actual miembro de Oasis) y un puñado de invitados acompañan a Daltrey y Townshend en Endless wire. Su primera escucha deja frío; de inmediato, la segunda permite encontrar algún que otro detalle que degustar con un poco más de satisfacción y la sensación alcanza una temperatura más templada, pero insuficiente si las perspectivas eran altas.

La guitarra de Townshend pierde su furia y la voz de Daltrey, su juventud. Unos teclados electrónicos casi idénticos a los de Baba O’Riley abren el álbum como esperanzador aperitivo en Fragments y el recorrido oscila a continuación entre lentos y olvidables cortes y canciones enchufadas de energía media (Mike Post Theme, It’s not enough). Apenas se intuye a Townshend haciendo el molino con el brazo. El disco entra a partir del décimo tema en una especie de pequeña ópera titulada Wire & Glass con breves cortes que prometen más que los nueve anteriores, pero que la banda desarrolla a la mitad en minuto y medio o dos minutos escasos, por lo que saben a bien poco. Endless wire, We got a hit o Mirror door elevan el estrellato de calidad que merece el disco aunque no evitan que el conjunto sea una decepción. No se han vuelto locos otra vez.
Nota: 5/10

domingo, noviembre 05, 2006

BONUS TRACK 14: ABOVE (MAD SEASON)

Varios años después vuelves a escuchar un disco que te gustaba mucho y una sonrisa permanente y reconfortante luce tu cara durante el viaje. "No es bueno, es mejor", te dices. Y coincides con tus compañeros de travesía. "Qué buenos tiempos aquellos, qué grandes momentos de música vivimos", piensas. No somos tan viejos, la verdad. Above (1995), de Mad Season, tampoco ha envejecido.

La elección fue de Pepe Guns camino de Gijón en busca de un concierto. Él, Dufresne y yo hinchamos el pecho y compartimos un sonoro asombro de satisfacción en cuanto comenzaron a sonar las relajantes primeras notas de Wake up. Así da gusto despertarse. Once años atrás pinchamos por primera vez Above, el único disco de aquel efímero supergrupo de Seattle en plena ebullición grunge en el panorama rockero. Estupendo, fue mi primera impresión. Formidable, es la que el disco merece para mí tras mucho tiempo sin escucharlo. En compañía y en la carretera.

Mientras que algunos álbumes y bandas contemporáneas a Mad Season han resistido mal el paso del tiempo (Nirvana, algo de Soundgarden), otras han superado mejor el peligro de la caducidad (Alice in Chains, Screaming Trees); ahí debe incluirse a Mad Season, formación nacida de un encuentro entre el bajista John Baker Saunders y Mike McCready. De vuelta a Seattle, el guitarrista de Pearl Jam convenció a Layne Staley, vocalista de Alice in Chains y a Barrett Martin, batería de Screaming Trees. Después de varios ensayos y bolos amistosos, se encerraron en un estudio para coproducir con Brett Eliason, ingeniero de sonido de Pearl Jam, un disco de diez cortes que alcanza años después la categoría de culto, una condición agridulce tras el fallecimiento de dos de sus miembros, Saunders y Staley, vencidos por las drogas.

Above transmite angustia, dolor y resentimiento. Está impregnado de un fatalismo que parece natural si el malogrado Layne Staley anda por el medio. Escuchar a Alice in chains, según en qué momento, puede hundirte sin levantarte. Sin embargo, el disco logra darle esquinazo a la desesperación que ahoga algunos discos de su banda para sonar algo más esperanzador y menos truculento. El gran Mark Lanegan presta su amistad para aclarar un par de cortes (I'm above, Long gone day) entre magníficas piezas presididas por el veloz e inconfundible estilo de McCready y el golpeo preciso de Martin (X-Ray mind, I don't know anything). El colocón instrumental de November Hotel, la preciosa River of deceit y esa irresistible Wake up que abre el disco mejoran con cada escucha el breve testamento de un grupo para no olvidar.

miércoles, noviembre 01, 2006

DANNY CLINCH

Quienes dedicamos varios minutos a recrearnos en el diseño de los discos, sus imágenes, la disposición de las letras y los créditos, vamos archivando el nombre de ciertos fotógrafos, dibujantes o diseñadores que aparecen aquí y allá, y de los que empezamos a conocer sus señas de identidad en cada disco en el que trabajan. Siempre me fijo en los autores de las fotos, los responsables de las imágenes del músico o la banda que aparecen en el disco mismo y de aquellas otras promocionales que después emplean las revistas y los periódicos. Uno de los que me llama la atención tiene numerosos artistas en cartera y además ha dirigido unos cuantos documentales musicales o vídeos adicionales. Se trata de Danny Clinch.

Discípulo y ayudante de la prestigiosa fotógrafo Annie Liebowitz y reportero desde mediados de los noventa del Tibetian Freedom Concert promovido por músicos de hip hop, Clinch ha retratado en estudio y en directo a Bruce Springsteen, Bjork, Drive-By Truckers, Metallica, Afghan Whigs y su precioso portafolio del álbum Black love, Bo Diddley, Iggy Pop, Elliot Smith, Ben Harper, Jack Johnson, Ani Difranco, Dave Matthews, Pearl Jam, Tom Waits, LL Cool J, Beastie Boys, Johnny Cash…

Hablan mejor sus imágenes.


VOLUME ONE 38: NU FUNK (VOL.2)

Tras varios meses sin pinchar música negra y ritmos funk en mi reproductor decidí hace poco volverme a inyectar una nueva dosis con diferentes componentes y efectos parecidos. Me entró el mono repentino al ver la sencilla cubierta del segundo volumen de una recopilación doble y a buen precio llamada Nu Funk, ejemplar de una serie de discos que recogen las nuevas tendencias del jazz, el soul, el pop y el funk. Apenas conocía a un par de los 32 artistas seleccionados, pero el disco me dio buena espina.

¿Por qué ‘Nu’?, ¿no es lo mismo neo o new? Da igual, sólo es un término que viene a significar lo mismo. El caso es que el prefijo que se añaden distintos estilos musicales viene a pulir con ribetes de modernidad y sonorización atípica la esencia del estilo original. Así, en el llamado nu blues en líneas generales se mantienen las bases propias del género, pero algunas guitarras electrificadas se escuchan distorsionadas, con efectos y reverberaciones, la percusión se golpea más desnuda, a veces hueca, y las canciones adoptan un clima extraño, sucio, paradójicamente más próximo a los orígenes que a las variantes eléctricas más recientes.

Si las muestras básicas del nu funk aparecen recogidas en el doble volumen de esta colección, entonces diría que este funk esclarece su color, lava el cutis con samples de temas algo más reconocibles y convierte las canciones en piezas bailables para una larga estancia en un night club. Incorpora voces negras de machos y hembras a la sesión de djs, combina un sinfín de instrumentos y ritmos sincopados, es una vibración modernizada, intensificada por una duración mayor. Música de la noche en Nueva York, discos de diseño cerca de la Quinta Avenida. Es un funk de blancos para blancos, por eso se echa en falta la negrura primitiva del funk, la espesura de los cabellos cardados y las voces viciosas de los grandes del género. The James Taylor Quartet es un ejemplo claro. Después, el compacto te permite descubrir a Flevans, The Quantic Soul Orchestra, Greyboy y Sharon Jones, The Bamboos… y puede que hasta seguirles la pista.
Nota: 7/10

sábado, octubre 28, 2006

BONUS TRACK 13: YOUNG AMERICANS (DAVID BOWIE)

Tal vez un poco tarde, supongo, y después de un buen número de obras que considero menores he acabado escuchando el disco Young americans, firmado por David Bowie en 1975. Le tengo un especial cariño al tema titular por razones que enlazan el terreno musical con el campo cinematográfico. Tiene la culpa el cineasta danés Lars von Trier, quien utilizó el tema inicial del disco de Bowie como epitafio sonoro de sus (de momento) dos películas de su ‘trilogía americana’, las incómoda y sobrecogedoramente espléndidas Dogville y Manderlay. Sobre una sucesión de fotografías que muestran las clases más bajas de ciudadanos americanos en los años de la Depresión, las olvidadas comunidades negras, parados en la ruina y tipos sin hogar, el director de cine ironiza en los títulos de crédito finales al contrastar la miseria de las imágenes con el glamouroso sentimiento que desprende Bowie en su magnífica canción.

Young americans encabeza un álbum justamente radiante, del que brota el resplandor de clubes luminosos, mujeres exuberantes y agitación nocturna hasta la claridad del amanecer. Las chicas que prestan voces de coro al autor en varios temas otorgan una alegría natural al disco no carente de nostalgia, mejor intuida años después, por unos festivos tiempos mejores. Pero no eran aquellos felices días para Bowie, fueron incluso la antesala de horas todavía más próximas a un preocupante paréntesis de autodestrucción que llevó al cantante a perder muchos kilos, presentar un aspecto cadavérico y lindar con la muerte. Esa crisis vital quedaría mejor reflejada en la serie de discos siguientes, los sombríos y complejos Station to station, Low y Heroes, favorecidos entonces y con el tiempo por la crítica.

Young americans, bañado de soul húmedo expuesto al sol para secarse, no sólo se beneficia del mejor tema, sino también de sufridores testamentos como los de Win y Somebody up there likes me, la creatividad suprema de Fascination y Right y dos romances ‘beatleianos’, una bonita versión de la canción Across de universe y el electrificado tema Fame, cantado a dúo con John Lennon. Un joya joven hoy en día.

jueves, octubre 26, 2006

SOUNDTRACK 20: SCARLETT CANTA A TOM

La noticia ya ha circulado por blogs y webs y creo que, aunque con un poco de retraso, merece caer por aquí por tribecasessions para despertar ya el apetito de sus lectores y visitantes. Pensemos en una pareja tan opuesta e improbable como Tom Waits y Scarlett Johansson, el tahur de antro y la nueva princesa de Hollywood, el perdedor de night club y la reina de corazones. No salen juntos, no (les separan 35 años); no han trabajado aún en la misma película (él aparece más bien en cameos); y tampoco han coincidido todavía en un disco. Pero un disco les unirá sin estar el uno junto al otro. Está anunciado ya, aunque aún no ha entrado nadie en el estudio: Scarlett grabará un disco de versiones de canciones de Tom. Mmmmmm.

Scarlett Johansson sings Tom Waits. Este será el título de un trabajo que la joven actriz grabará cuando su agenda de compromisos de cine se lo permita y que podría ver la luz en la próxima primavera.

De entrada, surge la aprobación y también varios interrogantes de expectación. Sí, la voz más bien áspera y con matices varoniles de Scarlett podría convertirse en un aceptable vehículo para que por ella circulen los paisajes urbanos que la garganta rugosa de Tom acostumbra a dibujar. Luego cabe preguntarse si ella interpretará los temas con las cuerdas vocales raspadas como él lo hace; si participará él haciendo segundas o primeras voces en algún corte o como responsable de algún instrumento; si ella escogerá canciones jazzísticas de la primer etapa de discos del músico en Asylum o si, por el contrario, elegirá las piruetas experimentales y con frecuencia estrafalarias de los numerosos trabajos bajos los sellos Island y Anti; si los músicos que la acompañen serán habituales de las sesiones de él o alejados de su circuito…

Son interesantes incógnitas sobre un trabajo que ojalá mejore las incursiones de otras actrices en el terreno de la canción (Milla Jovovich se dio un trompazo, aunque Julie Delpy cumplió con decencia) y que mantiene vivo y alerta el gusto por Scarlett Johansson tras su sucesión de presencias cinematográficas (La dalia negra, Scoop, The prestige) y por Tom Waits justo cuando acaba de publicar un triple álbum de rarezas y temas inéditos (Orphans: Brawlers, Bawlers, Bastards) del que muy pronto tendréis más referencias por estos lugares.

sábado, octubre 21, 2006

LIVE IN 30: CALEXICO

Cuando pensaba que la temporada norteña de conciertos se había terminado una interesante actuación más por tierras asturianas me lanzó de nuevo a la carretera. Por supuesto, de nuevo en la mítica compañía de Pepe Guns y esta vez muy bien acompañados los dos por Dufresne desde nuestro punto de partida y Borja esperándonos en Gijón. Allí, en la sensacional y acogedora sala Albéniz, nos esperaban también Calexico. A ellos les he dedicado mis mejores críticas en posts anteriores y ya que se presentó la ocasión de sentirlos en vivo no dudé en comprobar si la admiración que siento por sus discos se trasladaba también a su directo. Desde luego.

Sobra decir que el sexteto que lideran sus fundadores, Joey Burns y John Convertino, es un sensacional compendio de músicos polifacéticos. Sobra decir también que su producción aúna calidad instrumental, dulzura vocal y aspereza paisajística. Lo que no esperaba es que con tan sólo las dos primeras canciones se metiese el grupo de Arizona a una entusiasmada audiencia en el bolsillo. Burns parece un tipo encantador, marchoso tras su apariencia seria, al que le gusta hablar y no le cuesta conectar con el público. Más taciturno se antoja Convertino, "sobresaliente" batería y percusionista, soporte lujoso en el que se asienta la música fronteriza de Calexico, su rock fino, su folk de raíces chicanas, su pop desértico.

Toda esa gama de dialectos, acentuada por las imágenes enigmáticas de contexto en la pantalla de fondo, tuvo cabida en la actuación gijonesa de la banda, que saltó de álbum en álbum combinando las trompetas alegres con las cuerdas diversas de sus multiinstrumentistas. Suplicantes suenan los temas de su último trabajo, como Roka o Deep down; festivos sus buceos latinos, como Ojitos traidores o Güero Canelo; que cerró el concierto; relajantes los interludios sin letra y abrasadores un par de clásicos de su repertorio, como Jesús and tequila, Sunken waltz o Crystal frontier, el tema previo a los bisses. Sobraron esas últimas elecciones como esos escasos minutos de más que muchas veces le sobran a las grandes películas. Y a los conciertos magníficos.

martes, octubre 17, 2006

VOLUME ONE 37: ROGUE’S GALLERY. BALADAS DE PIRATAS, CANCIONES DEL MAR Y CÁNTICOS

No entraba entre mis preferencias comprarme una colección de viejas canciones de piratas y melodías del mar actualizadas por más de una treintena de músicos contemporáneos, pero una corazonada extraña me animó a lanzarme al abordaje y navegar de la mano de su música por los mares de la imaginación. Pero es la fácil capacidad de evocación y la sutil manera de guiar al oyente a todos los paisajes de aquellos mares surcados por bandidos y marineros, tuertos capitanes, rudos bucaneros, bravos grumetes y mujeres fantasmales o añoradas lo más gratificante de Rogue’s Gallery. Pirates Ballads, Sea Songs & Chanteys, una recopilación auspiciada por el pirata Jack Sparrow (es decir, el actor Johnny Depp) y el director de cine Gore Verbinski, firmante de la trilogía Piratas del Caribe protagonizada por el actor y músico estadounidense.

Hal Willner, uno de los impulsores en los últimos años de los discos de tributo, es el productor del doble disco de 43 canciones. Ha sido el encargado de bucear en multitud de archivos tradicionales, consultar numerosas fuentes y convencer a varios artistas musicales para dejar su grano de arena en Rogue’s Gallery cantando viejas canciones de varios siglos de antigüedad. Lo ha hecho con diversa ayuda y desde varios puntos cardinales, Londres, Los Angeles, Dublín, Nueva York, lugares de grabación donde se ha rescatado parte del folclore y la historia o leyenda del mar.

Aparecen Bono, Brian Ferry, Nick Cave, Antony, Gavin Friday, casi entera la familia Wainwright, Lucinda Williams, Sting, Lou Reed o el actor John C. Reilly entre los más conocidos, alguno con más de una canción. Unos y otros pasan por vestuario para transformarse en los narradores de la imaginería pirata a través de bellas piezas musicales, emotivas unas, fantasmagóricas otras, algunas bizarras y otras beodas. Tragárselo todo de un sorbo se antoja agotador, pero a sorbitos supone un descanso anómalo, un pequeño viaje en bergantín en pleno océano, con sólo el murmullo y también el silencio del mar.
Nota: 7/10

sábado, octubre 14, 2006

SOUNDTRACK 19: LLAMANDO A LAS PUERTAS DEL CIELO

No me resisto a hacer una nueva incursión cinéfila entre las sesiones habituales de música para comentar la última película de un cineasta que por una indiscutible obra maestra, un par de magníficos trabajos y un resto de filmografía tan errática como, por otra parte, interesante siempre ha despertado mis ganas de seguirle los pasos. Además tiene un gran gusto musical Wim Wenders, autor en 2005 de Don’t come knocking, traducida en el mercado español como la célebre canción, Llamando a las puertas del cielo.

En realidad, visto el resultado se puede concluir que la película es más de su guionista y actor principal, Sam Shepard, que del propio Wenders. Sobre todo por la recuperación en la trama de los temas fetiche en la obra del escritor y dramaturgo norteamericano, traducidos de manera fiel y clara por el director alemán en su primera colaboración, Paris, Texas, esa obra magistral de Wenders. En su nuevo encuentro, pluma y cámara, tono y estilo, se compenetran ajustadamente para volver a enfrentar a un hombre solitario con su incomunicación, con su incapacidad para asentarse y la imposibilidad de encontrarse a sí mismo.

Tan pesimista panorama aparece además ubicado en medio de la nada, o algo parecido: en desiertos perdidos, aburridas ciudades de Nevada donde la única diversión es un gigante y hortera casino o pueblos de Montana donde todo el mundo se conoce pero casi nunca hay nadie en la calle. Por ahí se mueve Howard Spence, el patético personaje al que da vida Sam Shepard: un actor de westerns con un enorme historial de problemas de alcohol, drogas y mujeres a sus espaldas que huye de un rodaje, se reencuentra con su madre (Eva Marie Saint) y parte en busca de un hijo al que desconoce (Gabriel Mann) sin saber en absoluto qué hacer con su miserable y dernortada vida. La mujer a la que embarazó (su esposa en la vida real Jessica Lange), un investigador de una aseguradora (Tim Roth) y una misteriosa joven (Sarah Polley) que va a todas partes con las cenizas de su madre en una urna se le cruzan en su viaje sin destino.


Wenders convierte el argumento compartido con Shepard en un film con sus acostumbradas palpitaciones, donde todo el mundo actúa al margen de todo el mundo y cuyo pasado es tan amargo como el futuro que le espera. Su cámara compone planos hermosísimos y se desliza hipnótica alrededor de los personajes (Shepard sentado durante varias horas en un sofá en plena calle), casi siempre acompañados en sus pasos por una partitura de T-Bone Burnett que remite a las de Ry Cooder para otros films del director alemán, entre ellos Paris, Texas. Shepard está magnífico, Lange fuerte pero desmejorada, Roth conciso, Saint entrañable, Polley frágil y maravillosa. Sólo desentonan los algo caricaturescos Mann y Fairuza Balk como su novia en un film desesperanzador y crepuscular. De lo mejor de Wenders, quien vuelve a llamar a su amigo Bono para cantar a dúo con Andrea Corr la preciosa canción Don't come knocking.

martes, octubre 10, 2006

VOLUME TWO 22: BLACK REBEL MOTORCYCLE CLUB

Primero no me interesaron, tuve una pronta desconfianza. Más tarde no me dijeron nada, aunque preferí reservar una mejor improsión para otro momento. Después me sedujeron tanto con su cambio de tono como con sus líneas previas de estilo. Ocurre con ciertos grupos a veces, incluso con los que comienzas recibiendo con una patada para luego cambiarla por un abrazo. No es ningún delito.

De quien pasé primero, a quien le di una oportunidad después y acabaron agradándome son los Black Rebel Motorcycle Club, un trío de San Francisco muy bien disfrazado de banda inglesa, sobre todo en los dos primeros de sus tres discos.

Lo que mejor le sienta a esta formación es el blanco y negro de sus imágenes, esa parca variedad cromática que preside sus portadas y se extiende a la música de esos trabajos iniciales en concreto, B.R.M.C. (2001) y Take them on, on your own (2003). Ahí no pueden tapar los californianos cierta herencia adquirida de ruidosas bandas británicas como My Bloody Valentine o los más melódicos Stone Roses y trasladada a temas de ritmos espesos, cargados con robustas líneas de bajo, percusión hipnótica y guitarras que en un mismo corte pierden su sobriedad y se transforman en ebrios aullidos. Esa propuesta gustó también a los hermanos Gallagher y los Oasis se convirtieron en sus padrinos a la hora de seducir al mercado inglés.

Tras un primer álbum bañado por el clima de un tugurio de clientela empastillada y una continuación algo más aseada con contados estribillos acercados a los de los Dandy Warhols (a quienes telonearon), BRMC cambió el uniforme para su tercera entrega, Howl (2005), esta vez más americana que británica. Este disco pasa por la ducha para dejar al descubierto la predilección del grupo por los paisajes del folk americano de aire turbio, unas veces siniestro, otras delicado. Acústicas finas, eléctricas gruesas, armónicas metálicas y platillos elegantes llenan un espléndido trabajo de madurez que anticipa tiempos aún más brillantes para BRMC.

GREATEST HITS 13: CANCIONES QUE ME HACEN SENTIR BIEN

Tribecasessions acaba de cumplir un año y durante todo este tiempo he querido compartir con los visitantes un poco de la emoción que la música y el cine me producen. Lo he hecho a través de retratos o perfiles de solistas y grupos, comentarios y críticas de discos, crónicas de conciertos y reseñas de películas o estrellas de cine. Lo he hecho a mi manera, escribiendo tal y como siento, aportando los datos que conozco y que me gusta que conozcáis. Gracias a todos por estar ahí, a los que leéis y a los que no, a los que escribís y a los que pasáis… en definitiva, a los que escucháis música y veis películas, dos de nuestros mayores tesoros. Espero seguir mucho más tiempo.

Dicen por ahí, y estoy de acuerdo, que las canciones quizá ya no cambien el mundo aunque es suficiente con que a cada uno le hagan sentir bien. A mí algunas de las que he comentado todos estos meses lo consiguen. Estas también:

-Tenth Avenue Freeze-out (Bruce Springsteen)
-Freddie’s dead (Curtis Mayfield)
-Once I was (Tim Buckley)
-Sweet thing (Van Morrison)
-What’s going on (Marvin Gaye)
-Yellow (Coldplay)
-Litte girl blue (Janis Joplin)
-Just like a woman (Bob Dylan)
-Who’ll stop the rain (Creedence Clearwater Revival)
-Ooh La La (Faces)
-No expectations (The Rolling Stones)
-We float (PJ Harvey)
-With or without you (U2)

... y tantas.

miércoles, octubre 04, 2006

LIVE IN 29: DERIVACIONES DEL CD

Como llevo unas semanas sin escuchar material musical fresco y distintas ocupaciones me han quitado tiempo para detenerme a escuchar con atención nueva o vieja música, me recreo una vez más en esas manías o costumbres extrañas que tipos a veces raros como nosotros tratamos como tema de evasión y conversación en las noches de los sábados cuando no hay nada mejor que hacer.

-¿Le pones plástico al DG Pack para que no se te desgasteni tan siquiera con el roce con los muebles? (Sí)
-¿Te gusta que los títulos de las canciones no aparezcan en la contracubierta y haya que buscarlos en el libreto? (No, mejor en la parte de atrás que en la de delante)
-Si aparecen los títulos, ¿que lleven número o no? (Que venga el número antes del título, no me gusta tener que contar para descubrir qué tema es)
-¿Con duración o sin duración de los temas? (Prefiero que la duración vaya en el interior, no en la contraportada, no sé, me da la sensación de que los números afean un poco la imagen exterior)
-¿Te gusta que las letras de las canciones estén escritas con la caligrafía del autor? (Sí, pero que entienda su letra)
-¿Te gusta que aparezca una imagen debajo del soporte del cd en cuanto lo quitas para escucharlo? (Me resulta bonito que la haya)
-¿Le quitas al cd las pegatinas promocionales sobre la caja o el cartón? (Sí, y si es posible que no esté pegada con tanta fuerza que desgaste la superficie)
-¿Prefieres un libreto sofisticado con muchos pliegues o uno sencillo a modo de librillo? (Uno sencillo y sin decoraciones excesivas)
-¿No te fastidian los discos esos en los que el último corte tiene una duración de media hora pero sólo suenan 4 minutos al principio y 2 al final entre un espacio en el medio sin nada? (Un chiste sin gracia)
-¿No te gusta poner juntos sobre la mesa o el suelo varios discos de un mismo autor, ordenados cronológicamente, y recrearte con el contraste de colores entre uno y otro, con las diferencias de tipografía, con el tamaño del título y del músico, con la posición que ocupa el autor en cada cuadrado de imagen, con el color del canto del disco o multitud de pequeños detalles? (Agradables tonterías)

Responded a preguntas como éstas.

LIVE IN 28: BEST OF OR NOT BEST OF

Alguna vez he leído u oído rechazos a los discos recopilatorios con las mejores o más conocidas canciones de grupos o solistas. Habrá quien se contente con lo llamado 'best of' de tal o cual sin necesidad de profundizar más en los discos de estudio o en directo oficiales. Habrá también quien considere limitada esta opción para conocer a los músicos y defienda que no hay mejor manera de hacerlo que acercándose a ellos disco a disco para comprender mejor el significado de cada obra en cada momento. Entiendo las dos posturas y no quiero llamar superficial al que confía nada más que en los' best of' o 'greatest hits' con uno o dos temas inéditos de regalo, ni presuntuoso al melómano que aborrece las compilaciones y desconfía de aquellos que les basta con 'The Essential'.

A muchos grupos los he descubierto con un 'best of' tras oír una canción suya en una película, un programa o un anuncio. Si me han gustado mucho me he informado de sus discos más destacables para completar luego más o menos su obra. De lo contrario, no he invertido ni más tiempo ni dinero. Así de simple.

También hay que saber valorar las recopilaciones. No me gusta ver como cada poco tiempo se explota un nuevo 'best of' de Prince, Queen, Aerosmith o Eric Clapton. Y me agobia visitar la sección de blues o jazz de una buena tienda de discos y no saber por qué colección decidirme de entre un montón según el sello con que el músico trabajó o según las etapas de su extensa obra. A veces decantarse por un 'best of' es todo un dilema.

Puestos a jugar... de Prince precisamente me basta un 'best of', de Madonna no. De los Who también, de los Kinks no. Poco para los Jam, más para Paul Weller. Suficiente una colección de Blur o Pulp, escasa una de Oasis o Supergrass. Lo justo aunque sea grande de AC/DC o Frank Zappa, un poco más de Pink Floyd y Marc Bolan. Curtis Mayfield completo, Isaac Hayes incompleto... Best or not Best.