lunes, febrero 25, 2019

SOUNDTRACK 226: VIGGO Y BALE


Dejé hace tiempo de interesarme por los Oscars, de seguir una gala que me juntaba con amigos de madrugada, de conceder equivocadamente más valor a las películas que aspiraban a los premios principales que a muchas otras de las que la farándula de Hollywood se había olvidado de nominar, y, en definitiva y más allá, de magnificar las evasiones que el cine nos ofrece desde sus orígenes. Este año tampoco habrá Oscars por mi parte, aunque no puedo evitar mirarlos de reojo, en los días anteriores, cuando veo una película en la que actores y actrices que me gustan merecen nominaciones. Me gustaría mucho que en unas horas ganasen el Oscar al mejor actor Viggo Mortensen o Christian Bale.

A Viggo, con el paso de las películas, lo sitúo en el grupo de actores mayúsculos que aparentan esforzarse poco para resultar convincentes y transmitir complicidad con el espectador. Good, The road, Promesas del Este y Captain Fantastic me parecen  interpretaciones suyas formidables, tanto como la que dibuja a su personaje en el film Green book. Aquí el actor, que ganó peso y absorbió el habla y los modos de los italianos residentes en el Bronx, vuelve a entusiasmar con una sonrisa, con un giro en la mirada o solo con la manera de caminar. Viggo Mortensen tiene el carisma de quien conduce la película entera para que al final te quede el recuerdo de ella porque él estaba al frente del reparto.


Otro que engordó, todavía más kilos, ha sido Christian Bale, quien me ha asustado más de una vez con las transformaciones a las que somete su cuerpo con esa asombrosa facilidad para en un mismo año ser el fornido Batman o un traumático esqueleto. Bale, de la mano de una habilidosa dirección, la de Adam McKay, se impone admirablemente en El vicio del poder convertido en ese maquiavélico gobernante en la sombra que fue Dick Cheney. El maquinista ofrecía una de sus mejores actuaciones, o American Psycho, o The Fighter, por la que ya ha ganado el Oscar este actor que me seduce tanto como me intimida.

miércoles, febrero 20, 2019

GREATEST HITS 219: SAIL AWAY (DAVID GRAY)

Añoro las grandes canciones que una vez compuso David Gray. Me aparecen a una distancia más lejana de lo que en realidad están: tanto como 1993 (Shine o Birds without wings en su álbum de debut); o 1999 (todo el disco White ladder, que decoraba aquella bonita película que era El amor de este año); incluso en 2005 Life in slow motion contaba con alguna pieza que estaba a la altura de las de aquellos trabajos. Desde entonces el bueno de David se ha agrisado un poco, con discos dignos pero sin pegada. En marzo tendrá otro en el mercado que, me temo, no regresará a aquellos años de jovial inspiración. Hoy rescato Sail away, de 1999, interpretada hace muy poco y todavía emocionante.

martes, febrero 19, 2019

SOUNDTRACK 225: HEARTS BEAT LOUD / RITMOS DEL CORAZÓN

Un padre a punto de cerrar un negocio que es más que un negocio: su tienda de discos. Una hija que se enamora poco antes de marcharse al otro extremo del país para empezar la universidad. La música que los une más allá de las barreras que distancian sus edades, sus gustos y su relación con los instrumentos. Vender música, crear música. Una fuerza junto a la otra, los lazos que hacen hablar las emociones. Con estos dos personajes, un par de secundarios con cierto encanto (no del todo aprovechados) y muy pocos escenarios (esa tienda llena de vinilos que acabará sus días vendidos a dos o tres dólares), se levanta Hearts beat loud (Ritmos del corazón), esta modesta película que nos recuerda que el poder de la música se expresa en acciones y relaciones cotidianas, en situaciones al límite que nos hacen fuertes como personas, ayer cuando mirábamos adelante y mañana cuando añoraremos lo que dejamos atrás. Vedla si podéis.

Ella remueve entre los discos y saca Rain dogs, de Tom Waits. "Papá, no puedes desprenderte de esto".

viernes, febrero 15, 2019

BONUS TRACK 204: DISINTEGRATION (THE CURE)

Esta es la cumbre de The Cure, la cima de su popularidad y el compendio de sus mejores canciones. Su creciente eco desde los primeros años ochenta como bandera de un post-punk de mensajes de huida y seductora sordidez crearon una amplia cadena de seguidores por todo el mundo y el culmen creativo de la banda británica se encuentra en Disintegration (1989), un álbum empujado por el pesadillesco tema (y videoclip) Lullaby, la fuerza hipnótica de Pictures of you o el pop adhesivo de Lovesong. El resto del disco se mueve entre la bruma de su arrebatadora ensalada de teclados y el brío misterioso de sus bajos y guitarras, siempre causando la sensación de que la música se va a hacer pedazos o a fundirse con el aire. Wish y The Cure fueron trabajos posteriores que no estaban nada mal, pero para mí el magnetismo de Robert Smith y los suyos ya había perdido atracción.

Este post, motivado por la entretenida lectura de las irregulares memorias de Lol Tolhurst (Cured. The tale of two imaginary boys, publicado por Malpaso), me reencuentra también con una antigua parte de mí, la de aquellos días de vinilos en los que desgastaba sin descanso el tocadiscos de casa, en una adolescencia que perfilaba mis gustos musicales, pasajeros unos, como resultaron ser The Cure, y a las puertas de que me atrapasen muchos otros.

miércoles, febrero 13, 2019

VOLUME ONE 494: BOBBIE GENTRY'S THE DELTA SWEETE REVISITED (MERCURY REV)

La esfera de quebradiza psicodelia con que Mercury Rev envuelve su música, como si sus canciones pasaran por una máquina de lavado que las recarga de abalorios ruidosos en lugar de depurarlas, nunca me ha convencido, y eso que he gastado esfuerzos en este grupo. Otro esfuerzo más es el que dedico a su última propuesta, atractiva sobre el papel, frustrante de nuevo en la práctica. Porque aunque trece voces femeninas poco o nada próximas a las esencias evasivas de la banda hayan reinterpretado medio siglo después las doce canciones del estupendo segundo álbum de Bobbie Gentry, The Delta Sweete, de 1968, el experimento empaña cualquier brisa del disco original para que prevalezca la espesa capa en que se diluye la música de Mercury Rev. Uno querría que de algún modo cercano Hope Sandoval, Norah Jones, Marissa Nadler, Laetitia Sadier o Lucinda Williams le devolviesen desde el tributo a la fresca voz y figura que fue Bobby Gentry. Pero no, Mercury Rev lleva la revisitación a sus dominios, digno desde luego pero decepcionante.

(Ejemplo de álbum revisitado que escapa de las fronteras de su modelo sin desmarcarse de su poderosa intensidad interior es en cambio la recuperación que David Rawlings, Gillian Welch, Emmylou Harris, Steve Earle o Kris Kristofferson, entre otros, hicieron del Bitter tears (1964) de Johnny Cash en Look again to the wind, de 2015)

Nota: 4/10

domingo, febrero 10, 2019

VERSIONES

En estos días de fiebre y exaltación desbordada parece que revivir una vieja canción de amor o desamor con hechuras y esencias cercanas pero distintas, adaptada a nuevos consumos de concepto e imagen y explotada hasta la extenuación, se vende como un hito. Lo nunca oído. Excepcional. Extraordinario. Es gratis convertir una interpretación en magisterio, cuando escasean los maestros. Ayuda y mucho que el derroche de promoción se arroje sobre quien bucea en el pasado para presentarse como monarca del presente. Otros dignos versioneadores no llegan a los telediarios ni a los debates de entendidos, no sacan del olvido a los autores originales en reportajes bien arreglados para que den el beneplácito 'buenrollista' a quien tributa. Penosa la versión, por cierto. Si unos se rinden a sus pies, otros se agachan para contener fugas del estómago.

Puestos a regresar a cuando no nos crispábamos tanto, Matthew y Flo no fueron tan profundos y sí frívolos, con un impulso ingenuo de nostalgia, para reinterpretar Grease, de la película Grease, que incluyeron en su disco de versiones de 2017 Gentlewoman, Ruby man. No es para tanto, desde luego, pero yo sí digo bravo.

jueves, febrero 07, 2019

BOOTLEG SERIES 71: JESS MORGAN

Ya saben que me gusta remover en todas partes y que más pronto que tarde salen a la superficie, cuando menos te lo esperas, joyas de los baúles de la música. Nombres y sus canciones que ayer nunca había oído y a los que ahora ya puedo seguirles la pista para comprobar si merece la pena continuar más tiempo sobre sus raíles. Me invita a ello esta mujer de Norwich, Jess Morgan, hoy ya conocida gracias a una colección de temas (Everything I did last year, 2019) después de sus cuatro primeros discos y otros tantos EPs. Suena limpia, nada novedosa pero de una cercanía que desprende honradez. Y te deja en suspensión. Prueben.

lunes, febrero 04, 2019

BONUS TRACK 203: STOLEN MOMENTS (JOHN HIATT)

No por sabido deja de sorprender. Rescatas cualquier álbum, ni el más dorado ni el más apagado de entre la extensa discografía de un músico de confianza, y te encuentras con un trabajo que reafirma tu admiración y cariño por ese autor, alguien que hace de su infalibilidad el mayor de los méritos. Con John Hiatt me veo en apuros para desechar obra, porque nada sobra. Puede más en su trabajo el sello de la regularidad que la distinción de sus álbumes sobresalientes. Me paro en un disco que me faltaba, radiante al precio de una libra recién llegado de Londres, y me dejo encarrilar por Stolen moments (1990). Esto es es tan bueno como maravillas que Hiatt dejaba atrás (Bring the family) y que vendrían pronto (Perfectly good guitar) y mucho más adelante (Master of disaster). Este es el segundo álbum de Hiatt producido por Glyn Johns, al que presta percusión y guitarras su hijo y después ingeniero a los mandos Ethan Johns. Y como cada entrega del de Indianápolis hay canciones para correr contra el viento y levantarse para flotar (Real fine love, Seven little indians, Child of the wild blue yonder).

sábado, febrero 02, 2019

VOLUME ONE 493: THE IMPERIAL (THE DELINES)

Desde la tienda y la marca Rough Trade y su selección mensual de tesoros musicales gestados en el ámbito de la independencia, llega esta acertada recomendación. Son The Delines, que celebro conocer en estos tiempos ávidos de conectar con nuevas figuras dignas de atención. The Imperial (Decor, 2019) es el segundo disco de esta formación de Portland, un álbum que tardó en rematarse lo que duró la recuperación de su vocalista, Amy Boon, de un serio accidente de circulación. La acompañan músicos de oficio, entre ellos miembros de Richmond Fontaine. La unión de unos y otros en este trabajo apacible ofrece una sedosa sesión de romance entre folk-rock y soul, con pedal guitars que flirtean sin adornos con serena música de viento, un mensaje de serenidad abrigado por la voz calmosa de Amy. Crece.

Nota: 7,5/10

jueves, enero 31, 2019

VOLUME ONE 492: WHAT WILL WE DO (LULA WILES)

Bajo el paraguas de la Americana se protegen músicos de todo perfil que con un pie en la raíz de la música folk y country y otro en la adaptación contemporánea de las mismas desarrollan dispares carreras. Hay muchos nombres en la sombra y en segundas y terceras filas, figuras con destellos que pronto se apagan y ejemplos de creciente madurez y consolidación. Hoy me detengo en Lula Wiles, un trío de voces que en su primer álbum, What will we do (Smithsonian Folkways Recordings, 2019), airean el vínculo a la tradición sin renunciar a sonidos más actualizados. Cuerdas de suave balanceo para el reposo de canciones de profunda huella. Hoy son una incógnita bien recibida.

Se han ganado mi confianza con su estreno. Será que me sugieren una relación de cercanía pura, tres amigas que estudian juntas y se entregan a la música unidas, en pequeños escenarios desde Boston y de paso por festivales de verano. Isa Burke, Eleanor Buckland, Mali Obomsawin. A veces noto a Gillian Welch en ellas, o a Whiskeytown, o a The Be Good Tanyas. Acaban de llegar y aún parecen algo tímidas; si esconden su reserva auguro mejores entregas.

Nota: 7,5/10

domingo, enero 27, 2019

LIVE IN 226: CHUCK & CHARLIE Y LOS STONES (VIGO, 2019)

El rock es ante todo una fiesta, una celebración. Despojado de sus ambiciones y horizontes trascendentes, en su sentido inmediato y actitud más pura, el rock and roll se vive para celebrar un estado de euforia y de comunión entre el músico y su público. Y eso, fiesta, euforia y comunión, se vivió (lo viví) en La Iguana de Vigo con Chuck Prophet, Charlie Sexton y The Rolling Stones. Están de gira por el país junto a un bajista y un baterista para rescatar el disco Some girls de los Stones, grabado hace 40 años. Chuck y Charlie entran en la esencia del álbum y lo tocan entero, sin orden, con unos temas más de Jagger y Richards como colofón (Brown sugar, Star star y Jumpin' Jack Flash) para llevar su homenaje a la apoteosis.

Lo bueno de todo, ya digo, es que la pareja de músicos se lo pasan en grande y se lo hacen pasar a los demás con casi hora y media de rock and roll de toda la vida, ardiente y carnal, en este paréntesis que han hecho en sus carreras para juntarse y vestirse de los Stones. Por eso, más que con algún tema o momento en concreto mejores que otros (que los hubo), me quedo con la satisfacción que Chuck y Charlie y sus prodigiosas guitarras tan bien entrecruzadas como lo estaban las de Keith y Ronnie, exhibían en la apretada sala, a medio metro de quienes estábamos delante. De eso se trata también, de que veteranos como ellos sigan siendo, ellos mismos, jóvenes poseídos por la excitante fuerza vital del rock.

jueves, enero 24, 2019

VOLUME ONE 491: GOES WEST (WILLIAM TYLER)

Lo que a menudo pasas por alto se te aparece más adelante en campo abierto para disfrutar en plenitud. La música guarda en su vasta jungla miles de prodigios a los que no llegamos, o en los que no nos fijamos, hasta que un día nos tropezamos con ellos para liberar la admiración. Me acaba de pasar con William Tyler. Este hombre fue guitarrista de Lambchop y Silver Jews, bandas de las que aprecio algún trabajo pero a las que no acompaño. Desconocía esta vinculación. Tyler tiene discografía propia y su más reciente album, de este año, es Goes West (Merge Records, 2019). Me dejo poseer en sus diez temas, todos instrumentales, y en los que mete mano otro guitarrista excepcional como Bill Frisell y un productor que me encanta como Tucker Martine, por un apacible remolino de delicadas cuerdas acústicas, puestas aquí al servicio de líquidas atmósferas y territorios que llaman a ser explorados en soledad. Una invitación introspectiva a echarse a un lado, a tomarse un respiro y no pensar en nada más.

Nota: 7/10

martes, enero 22, 2019

GREATEST HITS 218: THIS IS LOVE (PJ HARVEY)

A esto lo llamo autoridad. Saber domar tu guitarra y explotar tu imagen, intimidante y arrebatadora a la vez. Basta un fondo blanco y un enredo de cables sobre los que moverse, salirse de cuadro y dar la espalda. Un riff directo que se lanza a por ti y te atrapa. El escote desnudo bajo la chaqueta, vicio en los labios, pecado en el cabello. Atrévete a tocarme y quédate con esto. Es amor. Esta es mi mejor PJ Harvey.

domingo, enero 20, 2019

SOUNDTRACK 224: BLAZE

El tercer largometraje dirigido por Ethan Hawke, Blaze, se detiene en Blaze Foley, un nombre en letra pequeña dentro de la música country americana, un inadaptado en el olvido. Con las memorias escritas de la pareja del músico como soporte, Hawke no apuesta por el biopic ni de corte convencional ni proclive a la inventiva, quizá porque no hay mucho en la vida de Blaze digno de que el cine lo recuerde a través del formato biográfico, sino por un homenaje íntimo, con crudeza y desesperanza, que sí trata de dignificar los sueños truncados de un forajido del country y el folk que no supo buscarse la suerte y dejó este mundo con un disparo en el pecho en 1989, antes de cumplir 40 años.

Hay cosas que me gustan en Blaze. El enfoque y los ángulos con que paseamos por algunas vivencias y desventuras del músico, a través de los recuerdos de sus amigos más íntimos, uno de ellos Townes van Zandt, o de la propia memoria de Blaze en sus últimos conciertos en garitos de mala muerte, cuando vuelve atrás para añorar los días en que vivía con Sybil en la profundidad de la naturaleza, en una casa en mitad del bosque. El tono crepuscular del relato, que lo sitúa en ambientes dignos del universo fracasado que tan bien retrataba John Huston (por momentos me acuerdo de su obra maestra Fat City). La dirección convincente de Ethan Hawke, certero cuando se pone romático, pese a dedicarle demasiado tiempo a los sollozos de Blaze y a dejarse llevar por algunas luces y filtros preciosistas. Y sobre todo el reparto, con Ben Dickey como Blaze transmitiendo hastío y desamparo, nostalgia y arrepentimiento; Alia Shawkat como Sybil, y el músico Charlie Sexton, espléndido como Van Zandt.

Pero hay también algo que no me gusta: el propio Blaze, un tipo autodestructivo vencido por el alcohol y el descontrol, agrio aunque se le quiera cubrir de bondad. Años después de su muerte se ha ensalzado en círculos menores la figura olvidada de Blaze Foley, músico triste y amargo al que en mi opinión no le hacía falta una buena película como esta, en el fondo una historia de amor.

jueves, enero 17, 2019

VOLUME ONE 490: REMIND ME TOMORROW (SHARON VAN ETTEN)

El aclamado álbum Are we there (2014) me puso en contacto con Sharon van Etten. Descubrí a una autora cómoda en paisajes etéreos por los que su música penetra y se expande, hábil terreno en el que desnudar emociones y ganar adeptos. Repetir escuchas conseguía que calase aquel disco. Me gustó, y también el trabajo que le sucede cinco años después, Remind me tomorrow (Jagjaguwar, 2019), de nuevo superior cuanto más tiempo se le dedica. ¿Por qué? Porque Sharon, de voz relajada e intrigante, se mantiene fiel a ella controlando la incorporación de capas a sus canciones, con más trucos atmosféricos vía sintetizador. O porque entre los diez temas hay unos cuantos de seductora fuerza (Comeback kid, Seventeen, You shadow). Le auguro nuevas aclamaciones a esta chica lista.

Nota: 7,5/10

BONUS TRACK 202: REACTOR (NEIL YOUNG & CRAZY HORSE)

La bipolaridad / multipolaridad de Neil Young le ha dado un reconocimiento como autor, emblema y referente musical al que no siempre le ha acompañado una valoración justa de sus trabajos más deficientes, al menos criticables. En los años ochenta está su bache más profundo, cuando cada disco parecía estar grabado con un humor distinto, como si a su responsable no le convenciese nada de lo que hacía y diera un giro radical a su registro en el álbum siguiente. Ahí están disparates como Trans y Landind on water o fruslerías como Everybody's rockin' y Old ways, trabajos erróneos a los que, admito, tengo cariño. Reactor (con un punto entre las sílabas), de 1981, no es de lo peor de esa década dispersa de Young, aunque sí es ejemplo de esa faceta sucia y tosca que empapa su música. Recuerdo que un conocido al que le faltaba este disco para completar la discografía del canadiense me había advertido de que Reactor era muy duro. Diría, tiempo después y tras una escucha recuperada, que el álbum respira una dureza más bien tibia pero propaga desvaríos zafios (T-Bone, Shots) entre un repertorio discreto con poco salvable (Southern Pacific, Rapid transit). Neil volvería a abrir otras grises etapas de caprichos años más tarde.

lunes, enero 14, 2019

SOUNDTRACK 223: HERRMANN Y HITCHCOCK

Me han entrado unas ganas tremendas de volver a ver todas las películas de Hitchcock, sobre todo aquellas para las que Bernard Herrmann compuso su música: Vértigo, Los pájaros, Con la muerte en los talones, El hombre que sabía demasiado, Psicosis...

Pongo el play en el presente: acabo de ver el documental Hitchcock Truffaut, que recrea la elaboración de la entrevista que el cineasta francés le hizo al británico en los años sesenta y luego se convirtió en libro, imprescindible para todo cinéfilo y aconsejable para todo lector.

Rebobino: aquellas (y muchas) películas de Hitchcock las vi más de una vez después de que TVE las emitiese hace muchos años, cuando en ciclos presumía de una gran programación cinematográfica. El libro lo leí hace 25 años, aún conservo su edición de bolsillo.

Avanzo: he escuchado una selección de piezas de Herrmann para films de Hitchcock y de Truffaut, y de Welles, de Mankiewicz, de King, de De Palma y de Scorsese. Su música hipnotiza y avasalla, se derrite en melancolía y explota en señales de riesgo. Sí, es obra de genio.

Herrmann tenía mucho de genio: maniático, solitario, depresivo, agrio, obsesivo (quizá un genio también se muere justo después de tras terminar la música que le puso a Taxi Driver). Por eso era ideal para la perfección narrativa y estilística de las películas de Alfred Hitchcock, otro Artista (subrayo la mayúscula) genial.

Nadar sobre las aguas de la música de Bernard Herrmann, bucear bajo sus espesos mantos de lirismo y fiebre violenta, es entregarse al embrujo poderoso del cine. Es bella y deseable, pero siempre advierte de que acechan peligros en sus notas.

miércoles, enero 09, 2019

BONUS TRACK 201: REVIVAL (GILLIAN WELCH)

En su larga carrera musical, T Bone Burnett ha sido mecenas de un lote de buenos artistas a los que ha promocionado o producido en sus primeros pasos. Su espaldarazo le da a uno seguridad y a la vez exigencia, lo convierte en principio en un nuevo chico o chica en la ciudad a quien tener en cuenta; en sus manos estará después cultivar una digna carrera. A mediados de los noventa el músico metió a Gillian Welch en el estudio para su primer disco, Revival (1996), junto a su compañero de cuerdas, inspiración y escenarios David Rawlings. Una y otro, con sus reposadas guitarras acústicas y algún ronquido eléctrico, dominan este álbum frágil y cristalino, que refuerzan con delicadeza estilistas veteranos como Greg Leisz, Jim Keltner y el propio Burnett. Guarda hoy una áspera ternura este hermoso disco, con piezas artesanales enraizadas en el country y el blues, canciones para noches frías como las de estos días a la luz de la hoguera.

lunes, enero 07, 2019

MÚSICA PARA "AGARRAR CON LAS MANOS"

Leo esta expresión en un artículo de prensa esta mañana. Música para "agarrar con las manos", a propósito de una pequeña semblanza de las tiendas de discos a las que los musiqueros acudían hace décadas en sus viajes a Londres para aprovisionarse de álbumes que en España no se vendían. Dejo la nostalgia para otro momento. Pero vuelvo a Londres, o miro a Londres más bien, donde Dufresne, en sus rutas por las charity shops y las tiendas de saldos ha contribuido en los últimos meses a aumentar nuestras pertenencias musicales. Ayer me empaquetó varios discos que le había pedido (y alguna sorpresa) entre sus regalos. Discos que hoy son baratos, pero que para mí valen demasiado. Y los tuve agarrados en las manos, notando su peso y sintiendo su valor. Música que ocupa las manos y, desde ahí, entra en nosotros con el más directo de los placeres cuando sacamos el disco de la caja. Muchas gracias.

sábado, enero 05, 2019

BOOTLEG SERIES 70: THE CACTUS BLOSSOMS

Por esta sección pasaron hace poco dos hermanas oxidadas en blues bajo el nombre Larkin Poe; hoy lo hacen los hermanos Jack Torrey y Page Burkhum, de Minneapolis, que forman el dúo The Cactus Blossoms. Country y folk son la sangre que les da aliento, con la dosis justa de nostalgia por lo clásico y una sutil ilusión eléctrica que los hace próximos. En 2016 grabaron su primer álbum, con la producción y el empuje de JD McPherson. Yo los encuentro a punto de publicar el segundo, Easy way, colección de muy bonitas canciones. Sus guitarras son tranquilas y las voces fluyen mansas, con un leve espíritu de los Everly o los Louvin Brothers en el repertorio, aunque reinstaladas en el siglo XXI. No olvides el ayer.

miércoles, enero 02, 2019

GREATEST HITS 217: DEADLY VALENTINE (CHARLOTTE GAINSBOURG)

En recuerdo de la amenísima aventura de su padre Serge, convertida en el libro Elefantes rosas, de Felipe Cabrerizo, su hija Charlotte nos saluda en el comienzo del año. En detalle para Luis, por haberse emocionado tanto con esta adhesiva canción y su hermoso vídeo. Marca Gainsbourg.

viernes, diciembre 28, 2018

LIVE IN 225: LOS DISCOS QUE MÁS ME HAN GUSTADO

Una decena de discos para recordar con el regusto de este año y la evocación para años venideros. Esto es lo que más he disfrutado en 2018, casi tanto unos trabajos como otros. No se trata de distinguir lo que merece un 7,5 de un 8 o un 8,5, lo que hoy se gana cuatro o cinco estrellas y mañana tres y media o cuatro y media. En el fondo se trata de muy buena música, original o versionada, de aquí de allá y de todas partes... And we like it!

-Amy Helm, This too shall light
-Calexico, The thread that keeps us
-Dawes, Passwords
-Glen Hansard, Between two shores
-Hiss Golden Messenger, Virgo fool
-Jonathan Jeremiah, Good day
-Jonathan Wilson, Rare birds
-Milana, Desierto cicatriz
-The Milk Carton Kids, All the things that I did and all the things that I didn't do
-Sam Phillips, World on sticks

Feliz 2019 a tod@s.

miércoles, diciembre 26, 2018

QUERER MAL

Entre los nombres del año, las personas o personajes que más han dado que hablar en 2018, estará el suyo. El poder del marketing, la fuerza de imágenes y sonidos que crean y explotan un producto de consumo instantáneo. De eso se trata. El eco está ya formado, ahora que dure, que dé aún más que hablar, que venda mallas o lápiz de labios, quizá un bizcocho, que aparezca en las revistas y los programas, en unas cuantas galas, que todo el mundo crea saber quién es ella. Adhesión, indiferencia o hartazgo dirán cuán efímera o permanente es su huella en el universo de la moda y la fama contemporáneas.

Tarde y con mínima curiosidad, pero con atención, escucho El mal querer, de Rosalía. Quiero tener una impresión para no precipitarme a condenarlo o a incluirlo entre las obras magnas. Carezco de referentes para enjuiciarlo del mismo modo en que me siento más capacitado para valorar discos de pop y de rock, así que no me atrevo a ser categórico, aunque estoy seguro de que, según me cuadre, lo pisotearía o arrojaría por la ventana. No solo mi poco aprecio por el flamenco me aparta de este disco, su maridaje con el pop y la electrónica me escuece. Canta la chica, pero ¿sabe cantar? (no la he visto interpretar, cierto, cuando afloran talentos naturales y la música enseña su alma) ¿En realidad importa?

viernes, diciembre 21, 2018

SOUNDTRACK 222: WATERBOYS

Waterboys, la banda de Mike Scott, engrandece esta pequeña película, Waterboys (2016), del cineasta holandés Robert Jan Westdijk. La música de los Waterboys se abre para propagarse por los pliegues de la nostalgia. Siempre me han gustado, y mucho, los Waterboys.

Dos hombres con su vida sentimental hecha pedazos, padre e hijo, comparten viaje por mar y carretera desde Holanda hasta Escocia, adonde el primero acude a promocionar, en Edimburgo, la primera de una popular serie de 17 novelas policiacas con el mismo detective que es traducida al escocés (sic). El padre es juerguista y despreocupado, con bromas que ofenden más que divierten; el hijo, más sensible e inseguro, no deja de ser, en palabras de su padre, un calzonazos. El contraste de costumbres, el peso de la convivencia, los caprichos del amor, desfilan en matices y situaciones ligeras por este film, sin ansias de profundizar pero eficaces en su medida justa.


Waterboys podría ser una película fácilmente olvidable, pero las escenas en que los personajes asisten a un concierto del grupo escocés en un teatro la revistan de una fuerza memorable. En ese momento alguien echa la vista atrás y añora las emociones más importantes de su vida, en la que las canciones de los Waterboys fueron su banda sonora; y alguien mira hacia delante con el escalofrío evocador de la música, mientras el sol vuelve a salir.

jueves, diciembre 20, 2018

BONUS TRACK 200: A PERIOD OF TRANSITION (VAN MORRISON)

Qué grato es reencontrarse con buenos álbumes olvidados de una extensa discografía. A period of transition (1977) es uno de esos trabajos de Van Morrison de los que apenas uno se acuerda. Pasa también con gran parte de su producción posterior, irregular en los ochenta y noventa y mucho más centrada en los últimos quince años, aunque su piloto automático se haya acomodado en una eficiente elegancia que nada apuesta por la variedad, y que seguramente no necesita. Este disco, grabado tras su periodo más largo de inactividad, tres años (en los dos últimos ha despachado cuatro vinilos), sí salta de los terrenos melancólicos del folk rock de sus obras previas (Hard nose the highway, el hermoso Veedon Fleece) a las parcelas calurosas del R&B por las que después navegaría el irlandés en gran parte de sus discos. Lo tenía tan borrado el disco de la memoria que no ubicaba en él a Dr. John en las teclas y la producción compartida, no sentía su ligero aire de New Orleans; como tampoco recordaba que Van the Man, oh milagro, se atreve a sonreir en una de las quince imágenes suyas de la cubierta.

martes, diciembre 18, 2018

BONUS TRACK 199: TENOR CONCLAVE (COLTRANE/MOBLEY/SIMS/COHN)

Mi oído es hábil en distinguir voces y guitarras a lo largo del tiempo y de los discos, en identificar de quién es ese solo o ese riff que alegra, entristece o conmueve un tema musical. Más dificultades tengo en reconocer el sello instrumental de los músicos de jazz cuando escucho piezas aisladas o determinados álbumes. Pongamos por caso que en un mismo disco tocan cuatro saxofonistas con sendos saxos tenores y con sus sonidos entrecruzados en los mismos temas. Quizá a John Coltrane, con su corpórea seguridad, lo puedo distinguir mejor que a los demás. Quizá la finura melodiosa del no tan estimado Hank Mobley es reconocible. A Zoot Sims y Al Cohn los tengo más apartados y no sabría decir de cuál es este o aquel saxo. Tenor conclave, grabado en 1956 por el sello Prestige, reúne a estos cuatro saxos en cuatro temas. La primera portada (mangas de camisa en lugar de trajes oscuros) sitúa a los músicos en el mismo nivel, sin un nombre en letras más grandes que los demás; una reedición posterior, de 1962, la tipografía resaltaba a Coltrane sobre el resto, los cuatro con traje y corbata. La obra, a caballo entre el cool y el hard bop, es una delicia, con una cumbre como How deep is the ocean? ideal para bucear en las aguas del ensueño en el cierre del repertorio.

lunes, diciembre 17, 2018

GREATEST HITS 216: CANCIONES QUE ME HAN GUSTADO

Llego al final de este año algo apagado musicalmente. Sin alicientes, desganado, y no en las mejores condiciones para entregarme a nuevas escuchas detenidas o a repasos discográficos. Pero no quiero olvidarme de muy buenas canciones disfrutadas estos meses. Son temas que aparecen en BUENOS discos, pero NO los mejores de 2018 para quien continúa alimentando este blog.

-I get weak, Amos Lee
-Woman, Cat Power
-What makes you happy, Edie Brickell & New Bohemians
-Hammer ring, Doyle Bramhall II
-Tucumcari, Goodnight, Texas
-Mama proud, Jess Williamson
-All the way to the river, John Hiatt
-Oracle of the maritimes, Neko Case
-The only thing worth fighting for, Rosanne Cash
-Straight Street, Ry Cooder

miércoles, diciembre 12, 2018

BONUS TRACK 198: THE DARK SIDE OF THE MOON (PINK FLOYD)

Nunca he tenido a Pink Floyd en mis altares, aunque alguno de sus discos y, sobre todo, canciones merecen una justa adoración. Con The dark side of the moon (1973) no caben discusiones: hoy me sigue pareciendo un álbum de extraordinaria ejecución que conserva su poder de asombro y -lo que considero más elogiable- su capacidad para transmitir la trascendencia de la creación musical. Vuelvo a este disco, que podría haber sido grabado en cualquiera de las últimas cinco décadas, porque uno de sus temas consigue hacer fascinante un trailer de la última película de Alfonso Cuarón, la unánimemente aclamada Roma. The great gig in the sky, con su crescendo de voces femeninas en éxtasis apocalíptico, es uno de los cortes sublimes de The dark side of the moon, la obra con la que Pink Floyd dejaron atrás sus inquietudes psicodélicas para ocupar el escalón de las bandas mayores llamadas a crear una marca. Disco concepto, disco uniforme, de una belleza templada y adornada, disco arte.

domingo, diciembre 09, 2018

BOOTLEG SERIES 69: AMERICAN TREASURE

Sí, un tesoro auténtico. ¿Americano? Universal. Habría llamado a este legado póstumo Un tesoro universal. La raíz de la música, los genes líricos, la actitud y el carisma del intérprete y cuanto se quiera advertir bajo y sobre la superficie de estas canciones suelen asociarse a la cultura americana, pero pertenecen a la humanidad. Música sin bandera ni nación. Los camaradas Mike Campbell, Benmont Tench y Ryan Uliate, con el beneplácito familiar, se encargaron de reunir parte del material inédito o apenas difundido de su jefe Tom Petty, solo o con sus fantásticos Heartbreakers, en la caja recopilatoria An American Treasure, comercializada un año después del fallecimiento del músico de Gainesville. El tesoro, con grabaciones en directo, versiones descartadas, temas desconidos, canciones tal cual fueron grabadas en álbum y alguna rareza de las décadas de los setenta, ochenta, noventa y dos mil, cada una comentada por Campbell y Tench, reafirma la condición de Tom Petty y su banda como emblema capital de la música americana y glorioso patrimonio de la humanidad. Su música aún sigue con nosotros.

viernes, diciembre 07, 2018

GREATEST HITS 215: TE SIGO SOÑANDO (DEPEDRO Y LUZ)

No retengo demasiadas canciones españolas, lo reconozco, en ese espacio de la memoria que guarda versos, estrofas o melodías que nos acompañan para conservar vivencias y recuerdos, personas y ambientes. Quizá alguna de hace décadas, frases y ritmos sobre negras flores y escuelas de calor. Pero siempre que escucho esta canción la repito en las horas siguientes en la intimidad de la voz baja o callada. Depedro / Jairo Zavala me cae muy bien, es un guitarrista excelente que no presume ni de su talento ni de la suerte que tiene. Sin él, estoy convencido, Calexico seguiría siendo una gran banda pero perdería bastante. Te sigo soñando es una canción que siempre gana. Y aquí con Luz Casal, también, y mucho.

 

martes, diciembre 04, 2018

BOOTLEG SERIES 68: THE STRANGE

Mi conocimiento del rock balcánico es muy limitado. El primer grupo que me viene a la mente es The Bambi Molesters, una formación croata que practica el surf-rock con la que tropecé hace varios años en su divertido disco Sonic Bullets 13 From the Hip. En él tocaban Peter Buck y Chris Eckman invitados por el grupo, allá por 2001. El músico de The Walkabouts vivió una temporada en la capital eslovena, Ljubljama, donde pasó tiempo con los miembros de Bambi Molesters. Unieron fuerzas y con el nombre The Strange grabaron un disco en 2004, Nights of forgotten films, al que le sigue, catorce años después, Echo Chamber. En una etapa en la que me cuesta encontrar y celebrar estímulos musicales siento recuperar latigazos de excitación con este álbum de Eckman y sus amigos croatas. Sigue salpicando oleaje surfero, atmósferas misteriosas sobre raíles sin estilos ni destinos determinados, ensaladas sonoras aliñadas con sabores que se repiten en el paladar. Un poco de Walkabouts, finuras rockeras y algo de Calexico hacen suculenta la receta.

sábado, diciembre 01, 2018

VOLUME ONE 489: WARM (JEFF TWEEDY)

Jeff Tweedy, ese hombre que hoy parece un oso o un ajado lugareño (en aspecto y voz me resulta inevitable no pensar en un Neil Young desaliñado y sin amparo), arrastra la sombra y el eco de Wilco allá donde lleva su propia música. Al margen de su banda, Tweedy ha grabado música impredecible y esquiva, de aparente simpleza pero con giros, rincones y complejidades que encierran poco apego a lo convencional. Como Wilco en realidad, ya digo, que no sabes por dónde van a salir ni en cada disco ni en cada canción, casi siempre brillantes en su esencia inclasificable. Warm (dBpm, 2018) es el nuevo trabajo del autor en solitario, el primero con material original, con el apoyo de su hijo en la percusión y unos pocos músicos distintos a los de su grupo, aunque el baterista Glen Kotche encuentra algún tema para sentarse. 

El disco, creado a partir de los malos tragos por los que ha pasado Tweedy en la familia (fallecimientos y enfermedades), ofrece refugio en sus canciones reposadas, elaboradas con parsimonia en torno a suaves cuerdas acústicas y expresivas guitarras eléctricas tocadas de madrugada a la luz de una hoguera en el bosque, de finas extravagancias tan del gusto del músico. A veces parecen revivir los Wilco de A.M. y Being there, otras veces los temas se digieren como esbozos de piezas que con el grupo al completo alcanzarían el momento de estallar pero prefieren resguardarse. Warm es cálido y tranquilizador, una experiencia interior que exige empatía. Yo la encuentro.

Nota: 7,5/10

martes, noviembre 27, 2018

VOLUME ONE 488: NEGATIVE CAPABILITY (MARIANNE FAITHFULL)

Quizá algunos músicos estén cerca de brindarnos sus últimos trabajos, los que pongan fin a una larga carrera o a una vida. Quizá Marianne Faithfull es una de ellas. O quizá no. Pero me hace pensar en ello, que el final está próximo, la fragilidad que transmite hoy esta mujer, una de las más bellas que parió Inglaterra, en su último álbum: apoyada en un bastón contra la artritis, la voz cada vez más gastada, la pronunciación lenta de las palabras... Negative capability (BMG, 2018) es la última entrega de una larga trayectoria de más de cincuenta años y al oírla siento que la débil pero respetable Marianne, como el eco resonante de los espíritus sabios, nos lanza mensajes y advertencias a modo de despedida. 

El disco, triste y de una belleza crepuscular, despierta algunas sensaciones encontradas: diría que es un álbum de Nick Cave con la mitad de los Bad Seeds y con la voz invitada y dominante de Marianne para dar continuidad a Skeleton tree. Warren Ellis, de hecho, es uno de los productores y su violín se extiende como una capa quejumbrosa por más de un tema; y Nick Cave pone voces dolientes y textos a canciones, apartado el compositivo en el que también intervienen Ed Harcourt y Mark Lanegan. Me sobran dos versiones que Faithfull ya había cantado cuando era casi una adolescente, As tears go by e It's all over now, baby blue, que son nostalgia recargada en un disco que invita a la retirada y el recogimiento.

Nota: 7/10

viernes, noviembre 23, 2018

MEDIA HORA EN EL JUKEBOX DE LOS 70

Hay un café en mi ciudad, de nombre literario y edad que hace décadas, en el que me gusta entrar y detenerme entre las prisas del día. Mi hora preferida en ese café es después de comer y hasta que los clientes, de paso entre las calles céntricas o al salir de trabajar, empiezan a llegar a media tarde. En ese tiempo predilecto apenas se oyen voces entre el ruido tímido de la máquina del café y las cucharas que remueven las consumiciones en las tazas; en ese tiempo se oye el ruido de las páginas de un periódico al cambiar de sección y una o dos personas, como mucho, se pierden a sí mismas entre las páginas de un libro. En ese tiempo también se siente gemir y murmurar con nitidez y calor la música que da vida al café, casi siempre música rock y pop de los años setenta, algo de blues, un tema de jazz que no se sabe bien quién lo ha invitado a sonar en la fiesta.

Hoy estuvimos allí, en el café, de tres a tres y media. La mañana había sido larga, de madrugón antes de que el despertador avisase, de ir de aquí para allá y esperas tediosas en esos lugares donde nuestra salud lo último que quiere es esperar. Volvimos andando a paso lento, apuramos la comida de unos platos combiados y buscamos un lugar donde reposarla con la ayuda de un café. El café, el café que toma su nombre del pueblo ficticio de una novela, estaba en nuestro camino de vuelta a casa y allí nos detuvimos. Un joven mantenía un libro abierto y levantado en la mesa donde la luz mejor traspasaba la ventana. Otro hombre leía la prensa concentrado en la barra. En una mesa, la otra arrimada al ventanal, pasamos media hora en un túnel musical del tiempo con nuestros libros en la vista y nada más en lo que pensar. Estábamos con Neil Young, America, Dylan, Doobie Brothers, Lennon, The Band. Salimos de aquella dimensión pacífica de música y silencio en mitad del ruido y el ritmo de un día en la ciudad y seguimos con nuestras vidas.

martes, noviembre 20, 2018

SOUNDTRACK 221: MERLÍ... O EL PLACER DE EDUCAR

(Para nuestros maestros)


Merlí es una oda contemporánea a la enseñanza y a la educación que se nos dona en las escuelas. Es la vida en el momento en que dejamos de ser críos para divisar al hombre que seremos. Miedo, celos, amor, amistad, obsesión, alegrías y tristezas, llantos y carcajadas que nos definen entre el instituto y la familia y nos conducirán por el largo e incierto trecho que se nos abre por delante.


Merlí es una serie de televisión catalana emitida entre 2015 y comienzos de 2018 en la TV3 que desde otras zonas del país se puede ver en Netflix. Ahí me he enganchado yo en las últimas semanas a ella, como el estudiante de bachillerato que fui y el padre de familia que soy, preocupado (aún no tanto) por la adolescencia que espera por mi hijo. Con la inspiración evidente en El club de los poetas muertos, los creadores de Merlí han dibujado a un personaje tan o más carismático como el que tenía los rasgos de Robin Williams en la película. Un sensacional, entrañable, imponente y muy divertido Francesc Orella es Merlí, ese peculiar profesor de filosofía, descarado con las mujeres y provocador con sus rivales, que utiliza las doctrinas de Platón, Aristóteles, Hume, Schopenhauer, Nietzsche o los peripatéticos para guiar a sus alumnos, para hacerlos comprender su propia personalidad y transmitirles la libertad de pensamiento que hace falta para entender el mundo con coherencia y disfrutarlo como buenas personas.

Enfrente, Merlí, siempre con un consejo a mano o un reproche conveniente, será testigo, apoyo y confidente de las vivencias de sus alumnos del instituto público en el que da clase, de sus enfados y aislamientos, de lo que callan y lo que deberían haber guardado. En el retrato honrado de esos chicos y chicas, excelentes actores además, descansa otro de los grandes méritos de esta serie que muestra a los jóvenes como son, cercanos y reales, sin problemas ni vicios forzados... tú y yo cuando fuimos niños, como debería ser siempre. 

Al concluir la primera de las tres temporadas de Merlí me he sentido lleno, contento, pletórico de ánimo. Puede que porque en el fondo un trozo de mí ha estado con Gerard y con Pol, con Bruno y con Tania, con Joan y con Mónica de Villamore, o con la abuela Calduch, y sobre todo con Merlí, el profesor que siempre hubiera deseado tener.

sábado, noviembre 17, 2018

BONUS TRACK 197: SPIRIT IN THE DARK (ARETHA FRANKLIN)

Le debía un homenaje desde agosto, un sencillo recuerdo en la duración de uno de sus álbumes, cualquiera de los que tenga y me gusten mucho para escucharlo simplemente de corrido. Este disco bien vale, y mucho: Spirit in the dark (1970). Escuchar a Aretha Franklin es entrar en la dimensión de su fuerza, dejarse llevar por el eco de su voz torrencial, al que en este trabajo abrigan los mejores músicos de sesión que una estrella se puede encontrar y los fantásticos ingenieros del sello Atlantic. En la música cálida e irrepetible de este disco de soul nocturno y arenoso se acomodan miembros de la familia sagrada del estudio Muscle Shoals e invitados de lujo como Jim Dickinson y Duane Allman. Aretha aporta cinco temas propios a una colección de versiones que en su voz adquieren un nervio apasionado e intenso. Único.

miércoles, noviembre 14, 2018

SOUNDTRACK 220: JULIET, NAKED

El texto de Juliet, Naked pedía a gritos una película, como ocurría con Alta fidelidad, Un niño grande o Fiebre en las gradas, las tres novelas de Nick Hornby mejor adaptadas al cine. Juliet, Naked, tanto el libro como la película, atrapan la esencia auténtica de Hornby, desde su pasión mitómana por la música a la facilidad para convertir en cercanos y entrañables personajes reales con más errores que virtudes y sin aparente encanto. La adaptación, con dirección de Jesse Peretz, resulta tan próxima y a la vez tierna como los libretos de Hornby.

La historia une a una aburrida y poco decidida mujer casada (Rose Byrne) en un costumbrista pueblo costero de Inglaterra con el mito que obsesiona a su también aburrido marido (Chris O'Dowd), el músico Tucker Crowe (un adecuado y carismático Ethan Hawke), un hombre que renunció hace décadas a su carrera musical en plena ola de veneración sin dar explicaciones y sobre el que circulan teorías de todo tipo que poco cuadran con la realidad común, más bien desorganizada, en la que vive. Cuando ambos coinciden sus vidas aceptarán riesgos, se quitarán la pereza de encima, sin mitos, sin viejos discos sobrevalorados en los que ampararse. Como en los libros de Hornby, como en sus adaptaciones, la vida merece sonrisas.

lunes, noviembre 12, 2018

VOLUME ONE 487: SHE REMEMBERS EVERYTHING (ROSANNE CASH)

Me gustan mucho los álbumes de madurez de Rosanne Cash, si así podemos llamar los cinco trabajos grabados desde el cambio de siglo, poco antes de cumplir la artista los 50 años. Una madurez que prensa musical y oyentes atribuimos a la solidez y lucidez creativas que bendice la trayectoria de determinados músicos veteranos (ellos y ellas) cuando visten de etiqueta sus nuevas producciones, escalones más de una carrera que actualiza sus orígenes y mira al futuro con la autoridad de la sabiduría. Son muy buenos todos esos discos de Rosanne Cash, el último también, recién terminado: She remembers everything (Blue Note, 2018), ni mejor ni peor. Su marido, John Leventhal, vuelve a producir, si bien se suma Tucker Martine. Invitados de altura (Kris Kristofferson, Sam Phillips, Colin Meloy, Elvis Costello) manejan junto a Rosanne, de voces y tonos templados, una selección de canciones pulidas con suavidad. Ojo a The only thing worth fighting for... así se arranca un disco infalible.

Nota: 7,5/10

domingo, noviembre 11, 2018

PORQUERÍA

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Bravo, Santy.