Este calor me está animando a dejarme acompañar por cálidas músicas alejadas de las tópicas sintonías veraniegas, dignas o indignas. Nada de surf rockero o pachangada fresca, sino rock and roll de las profundidades americanas, tirando hacia el sur, por Atlanta, lejos de los clásicos aunque con ellos siempre presentes. Porque The Black Crowes son ya, para mí, unos enormes clásicos del rock. Y cuando en estos días he terminado de empaparme de la suave fragancia que contienen todos los discos de Sophie Zelmani no he optado por otra cosa que por los Crowes. De entre su magnífico baúl de joyas, aquí está imperecedero este The Southern Harmony and Musical Companion (1992), con su tórrida atmósfera, sus voces gritonas, las guitarras danzantes explorando paisajes gamberros, su Remedy, Sting me, Hotel Illness, My morning song y los Robinson y sus colegas en estado de gracia. Como maestros.

























