lunes, octubre 20, 2008

BOOTLEG SERIES 15: COWBOYS IN SCANDINAVIA

Las vaqueras que conocí hace poco me pusieron en contacto con estos vaqueros escandinavos de porte macizo y espíritu afligido. El sello Fargo juntó hace tres años casi una veintena de ejemplos del estilo americana (más o menos) que en la década presente vienen escuchándose y empaquetándose desde Suecia y Noruega. Allá por el norte helado subsisten huellas de Tim Buckley, Townes Van Zandt o Gordon Lightfoot, si es que alguna vez pisaron aquella nieve. Aparecen en Cowboys in Scandinavia. The New Folk Sounds Of Northern Europe.

Dice la información del disco que Lee Hazlewood, un huidizo autor country de los sesenta y setenta, se instaló en Suecia en 1970 para dar forma a una obra de culto posterior llamada Cowboy in Sweden. El impacto que causó el disco en aquellos días, poco después del Sweetheart of the Rodeo de The Byrds y en vísperas de las primeras delicias de los Eagles. Al parecer, la experiencia dejó marca en el territorio y con el paso de los años muchos cantantes y compositores nórdicos que en los setenta aún no eran ni proyectos de criaturas tomaron aquellos discos como inspiración para cultivar una cosecha de interesantes carreras. A mí me sonaban unos pocos. Con éstos y con los que completan la colección puedes percibir una delicada sensibilidad musical, voces personales de ecos lastimeros al servicio de canciones sencillas.

Si algunas películas de Bergman como Pasión, Persona, La hora del lobo o Secretos de un matrimonio se rodaran hoy en día, podrían tener como adecuada banda sonora las canciones de Christian Kjellvander, Christer Knutsen, José González, Junip, Tobias Fröberg, Thomas Dybdhal, Mattias Hellberg o Tarantula.

sábado, octubre 18, 2008

SOUNDTRACK 68: los COEN

Ha ocurrido varias veces que al hablar con amigos o conocidos del cine de los hermanos Joel y Ethan Coen yo destaco las películas que ellos olvidan o ataco las que ellos más defienden. A mí me encanta El gran salto, por ejemplo, y me espanta Barton Fink. Es difícil llegar a un acuerdo. Quizá nadie los odie, quizá nadie los adore, pero sus films, en general, gustan. Al público, a los críticos y a los programadores de festivales de primera categoría, a los que dan prestigio con la proyección de sus nuevos trabajos.

Con el paso de los años y de sus películas yo mantengo una distancia vacilante con los Coen. Creo que son capaces de lo mejor y de lo peor. Veo a los hermanos Coen en el centro de una equilibrada balanza cuyas bandejas sostienen buenas y malas películas (películas que me gustan y que no me gustan, debería decir); ninguna me entusiasma, ninguna la aborrezco (bueno Barton Fink…). Aplaudo, eso sí, la habilidad para armar y desarmar géneros más allá de los resultados. Lo que parece una comedia no tiene ninguna gracia, lo que parece un thriller se transforma en un drama. ¿De qué trata?, me intereso antes. Es una de los Coen, me digo después de verla. Lo cómico alcanza niveles surrealistas en sus guiones y debajo del aparente absurdo de las situaciones hay en realidad bastante inteligencia retratando comportamientos inverosiblemente humanos, moviendo los hilos y guiando la historia. Tengo además la impresión de que actores como Jeff Bridges, George Clooney, Tom Hanks y recientemente Brad Pitt se lo pasan de miedo distorsionando su imagen a las órdenes de los Coen.

En la bandeja del BIEN: Arizona Baby, Muerte entre las flores, El gran salto, Fargo, El gran Lebowski, O Brother, The ladykillers y Quemar después de leer.

En la bandeja del MAL: Sangre fácil, Barton Fink, El hombre que nunca estuvo allí, Crueldad intolerable y No es país para viejos.

miércoles, octubre 15, 2008

VOLUME ONE 161: LITTLE HONEY (LUCINDA WILLIAMS)

No me dio buena espina enterarme hace poco de que Lucinda iba a publicar tan pronto un nuevo álbum, sólo año y medio después de su magnífico disco anterior, West. No sabría explicar los motivos que mantienen mi confianza en algunos músicos admirados que se toman poco tiempo entre grabación y grabación, y por qué de otros artistas que también me gustan y hacen lo mismo no me suelo fiar tanto. En veinte años grabó cuatro discos minoritarios que la mantuvieron casi enterrada y ahora que desde 1998 ha alcanzado una admiración de culto que sobrepasa los contornos del country-folk-rock americano, ya ha firmado cinco álbumes y un directo. Adelante, que siga, su trabajo me gusta, a veces me encanta. Pero el presentimiento que tuve esta vez se ha cumplido y Lucinda Williams no sólo se ha desbordado, sino que lo ha hecho esta vez sin medida.

A Little Honey (Lost highway, 2008) le falta homogeneidad, le falta airear su olor o enseñar la lengua para que sepamos a qué sabe. Para empezar, se hace muy largo; cuando las canciones superan los cuatro minutos ya están agotadas y las dos que van más allá de los seis minutos se eternizan de aburrimiento. La autora de Louisiana, por su parte, no acierta esta vez a calibrar el tono de sus canciones; ahora rockea, ahora blusea, ahora se enfada, ahora se hunde, ahora se ríe, ahora llora; la pereza habitual de su recitado parece incluso convertirse en dolor de estómago, especialmente en el tramo final del disco, soporífero. El peor de los despropósitos es que se fíe de su dudoso amigo Elvis Costello, cuya cancerígena aparición estropea una canción que prometía elogios.

No todo es censurable en Little Honey. Su primera mitad contiene algunos dignos testimonios, crudas canciones de las que transpira amargura, rencor o dolor, como Little rock star o Honey Bee. Otra más, Heaven Blues, se canta desde el fondo del local entre whiskis y naipes con la verja del local bajada, justo antes de que Lucinda digiera la resaca. Son destellos tras la niebla de una mujer a la que me gustaría volverle a escuchar otro Essence (2001).

Nota: 5/10

martes, octubre 14, 2008

GREATEST HITS 57: DREAMIN’ OF YOU (BOB DYLAN)

¡Qué grandiosa manera de anunciar una nueva recopilación, otro glorioso Bootleg Series! Entre el inabarcable contenido de su caja fuerte guardaba este magistral tema descartado para una obra maestra. Lo comparte ahora con todos en su Volume 8, que en unos días tendrá por aquí su comentario. Algunos de nosotros somos un poco como ese Harry Dean Stanton sin rumbo fijo pero con una obsesión en el itinerario.

Dreamin’ of you.

domingo, octubre 12, 2008

DE PASO

En la vida hay gente que pasa y gente que queda.

No existen reglas para marcar a unos y a otros, todo depende de quién te crees que eres tú y de quién es en realidad la otra persona. Así sabremos quién aparece un día y desaparece cualquier otro o quién se quedará hasta el final de los días.

Quizá fue poco el tiempo que estuvimos juntos, quizá fue demasiado. Seguiremos pasando las páginas de un libro que nunca acaba, tú al final o al principio, yo al principio o al final. Yo no te di nada, tú me diste lo suficiente.

Ojalá nos hubiéramos conocido en otro momento, ni tú ni yo habríamos sido entonces los mismos que ahora. Tú buscas el paraíso cercano y alguien que lo comparta, yo lo busco en las voces que no conozco.

Yo no me olvidaré de la gente que parece que pasa pero en el fondo se queda.

(Gene Clark, Chris Robinson o Faces sirven para poner música a este post)

viernes, octubre 10, 2008

VOLUME ONE 160: …OF MONARCHS AND BEGGARS (DIRTY SWEET)

Este disco es uno de los grandes descubrimientos de 2008. Grandeza. Ojalá lo recuerde así, con este término, dentro de un tiempo, el año que viene por ejemplo, o dentro de media década, cuando sea. Ahora que los conozco no me hace falta saber más de ellos, no necesito más que verlos ahí a los cinco chicos desastrados de San Diego con sus pelambreras y mostachos, las camisetas apretadas, las patas de elefante y los cuerpos sudorosos. He puesto en marcha su disco una vez y otra hasta cinco o seis (he perdido la cuenta) y me basta el rock resbaladizo que discurre por sus arterias.

Son Dirty Sweet, nuevos bárbaros de la cerveza y el billar, descendientes prodigiosos de Black Crowes, Allman Brothers, Blind Melon, Thin Lizzy o Grand Funk. Bueno, muy bueno es en este caso que surjan tantos espejos en los que mirarse cuando han servido de inspiración tan lícita y pasional. Esos reflejos se proyectan en …Of Monarchs and Beggars (Seedling Records, 2008). Si trato de encontrar un debut tan brutalmente genuino tengo que recordar entonces al que hace unos años brindaron Wolfmother. Ojo al tema Long line down, una proeza inconmensurable no sólo de este año, sino de esta década.

Nota: 9/10

miércoles, octubre 08, 2008

VOLUME ONE 159: DIG OUT YOUR SOUL (OASIS)

Otros que vuelven sin haberse antes marchado son Oasis. Ya no entro a valorar si alguien los echaba en falta. Regresan los Gallagher & Co. con su séptimo álbum (sin contar rarezas ni directos) tres años después de su anterior trabajo. La vulgaridad confundía los anteriores discos, cargados de temas olvidables y desganados. Ellos mismos han admitido hace días que después de sus primeras dos obras se vieron superados por la pérdida de calidad. Puede que de entusiasmo también, arrogante entusiasmo. Coincido, aunque reivindico The masterplan (1998), fabulosa colección de caras B. El caso es que Oasis están aquí de nuevo con canciones nuevas y demostrando que en ocasiones les salen muy bien.

Dig out your soul (Reprise, 2008) recupera al cobijo de un nuevo sello a ese grupo que se desmarca de su fabricada imagen caótica para centrarse en el detalle de su trabajo, en la grabación y la experimentación, en el juego de texturas y la riqueza compositiva. Desfilan por este disco los ecos propios del grupo, esos signos de identidad con los que parece que llegarán a la tumba para hacer reconocibles sus canciones (Bag it up), esos fraseos cansados y recitados prolongados. Los Gallagher alternan voces y cubren su música de gravedad sonora saturada (Soldier on) y ritmos tan pegadizos como ásperos (I’m outta time, High horse lady, Falling down). Una apuesta al caballo de siempre, pero dopado esta vez.

Nota: 7/10

lunes, octubre 06, 2008

LIVE IN 63 / VOLUME ONE 158: BUNBURY, EN VIVO Y EN ESTUDIO

Dediqué parte de la semana a escuchar el último disco de Enrique Bunbury, el que le devuelve a las andanzas musicales en solitario tras el colapso que sufrió hace tres años y con el que puso fin a sus agotadoras giras ambulantes. Vuelve Bunbury, lo que no significa que para mí sea una gran noticia. Pero esta vez tenía cierta fe en que su regreso iba a resultar más satisfactorio que su previo recorrido. ¿Por qué? Porque Hellville De Luxe (así se llama su nuevo álbum) venía acompañado de apuntes e informaciones que lo acercaban a los territorios musicales americanos, demostrando de nuevo que la inquieta vena creativa del autor zaragozano al menos es de apreciar y aplaudir. Además, esta vez pensaba asistir a un concierto suyo que iba a dar en mi ciudad, el primero en el que me lo encontraría enfrente después de una lejana actuación de los Héroes del Silencio a comienzos de los noventa en el Coliseum de A Coruña.

Vamos con el disco primero. (Con el CD, no con el vinilo, porque a Bunbury se le ha ocurrido discriminar esta vez a los compradores/consumidores de CDs al privarles de cuatro canciones más que sí incluirá en la edición del doble LP; me referiré entonces al trabajo sencillo de once temas que es Hellville De Luxe)

Podría decirse que éste es el ‘disco americano’ de Bunbury que sucede a su densa etapa fusionista y mestiza. Sonidos, estructuras, entonaciones y fluidos musicales que recuerdan a Springsteen, Mellencamp, Petty o Dylan flotan en el ambiente, tratados con respeto y leal admiración, sin ánimo de repetirlos ni explotarlos impersonalmente. Al menos una mitad del disco bebe de esas raíces rockeras con energía y rigor, filtradas por el estilo vigoroso de un Bunbury generalmente más contenido que en trabajos anteriores. Es en esos temas donde el disco alcanza una admirable fuerza, sobre todo en Bujías para el dolor y esa inicial El hombre delgado que no flaqueará jamás, un tema soberbio que me atrevo a decir sin temblar que es el Hurricane (Bob Dylan) de Bunbury. La dinamita que explota al principio se convierte después en una sucesión de petardos, porque el disco aún contiene dignos temas como Si no fuera por ti o El porqué de tus silencios antes de desinflarse y perderse en temas olvidables.

Nota: 7/10

Vamos con el concierto, de nuevo en el Coliseum de A Coruña, el 4 de octubre de 2008.

Carlos y Dufresne fueron la ejemplar y agradable compañía. Bunbury, delante, se entregó sin escatimar sudor, pasión, carisma, cariño y agradecimiento hacia su público. Todo eso no se le puede negar. El sonido, fantástico. La puesta en escena, eficaz pese a fallar (como el propio autor avisó) el mecanismo que proyectaba imágenes y vídeos. La banda, sólida, aunque en ocasiones con sonidos guitarreros de más. Las dos joyas de Hellville De Luxe coronaron la actuación. También Apuesta por el (puto) rock and roll. Lady Blue y Viento a favor llevaron el concierto a momentos poderosos. Flamingos fue el álbum más recurrido. A la actuación le ocurrió algo parecido a lo del último disco. Empezó muy arriba con cuatro temas, bajó, subió de nuevo con El hombre delgado…, descendió cuando acudió a los cortes de Pequeño, se volvió a levantar y también acabó perdiendo aire. Pero bien, bien por Bunbury, por su oficio y el amor que mostró a su profesión.

sábado, octubre 04, 2008

SOUNDTRACK 67: LA PEOR CANCIÓN DE JAMES BOND

Debería pasarlo por alto, pero me tomaré este post como un aviso, una advertencia para todo aquel que caiga por estas líneas y sepa lo que no debe mirar o escuchar. No deja de ser publicidad aunque no quiera dársela. La publicidad negativa es en ocasiones un impulso más fuerte que el cúmulo interesado o no de virtudes encadenadas. Así que este es mi consejo: no escuchéis la última canción compuesta para la nueva película de la saga James Bond, interpretada a dúo por Alicia Keys y Jack White y titulada Another way to die.

El mismo James Bond me va cayendo cada año más gordo aunque haya cambiado el tipo y el rostro. Incluso su aparente humanización me resulta falsa y me sigue molestando bastante la insultante facilidad con la que sabe acompañarse en el catre por esculturas de otra galaxia. Ahora, aunque le ponga cara y cuerpo un zopenco como Daniel Craig. Lo de las canciones también va de mal en peor. Garbage, Madonna, Chris Cornell… (qué buenas parecen aquéllas de A-Ha o Duran Duran) y ahora estos dos para abrir el film Quantum of solace, que se estrenará en cines en breve. ¡Qué pedo de canción la de la negrita dolorosa y el fantasmal amago de geniecillo! No saben cómo arrancar el tema, que se pierde en la cuenta de introducciones instrumentales marcadas por la pauta general del resto de canciones de la serie; se acelera, se frena, se enciende, se apaga y, desde luego, no parecen entenderse dos veces condenadas al divorcio, la de ella muy distraída y la de él envenenada. Una vergüenza.

Me guardo la libertad de adjuntar el vídeo y pensar rápidamente en otra cosa o disfrutar de cualquier otra canción.

jueves, octubre 02, 2008

500

Tribecasessions cumple 500 posts. ¿Muchos? ¿Pocos? Cada uno pensará… Lo hace al mismo tiempo en que celebra su tercer aniversario. Aquella tarde de comienzos de octubre en la oficina de Isra… la de cosas que han pasado. Este blog festeja sus tres años y sus 500 posts con una canción sobre las canciones, una canción que aún no se ha cantado. Sólo le falta la música que cada uno lleve dentro. Gracias a todos.

Me sacas del atasco sin abrir la puerta

Me ayudas a pensar que llevo a los niños al colegio

Enciendo el fuego y las bestias esperan afuera

Son dueñas del bosque durante el invierno

Esta es tu cosecha

Este es mi alimento.

Me haces volar sin alas ni viento

En los números me pierdo

A las palabras no me acostumbro

De los hechos no me fío sin cautela

¿Para qué sirve el dinero si no es para comprarte?

Te quiero incluso si no he de pagar nada.

Me llevas a las Antípodas sin dejar el sitio

No aceptas cerrojos ni viajes de vuelta

Allá en cualquier parte habrá un plato rodando

Habrá un bufón con bocina

En ti sé reconocerme

En tus notas y en cómo se convierten en mi casa.

¿Sabes lo que me das?

¿Tienes idea de cuánto te debo?

No me pongas a prueba

Saldrás perdiendo

Esperaría por ti en el aeropuerto

Con mis maletas como armario

El tiempo que fuere

Apuesta por mí

Sin arriesgar tu dinero

Soy yo quien te pide más

Pero si estás es suficiente

Llévame a bailar

A oscuras y por encima de la tierra.

martes, septiembre 30, 2008

LIVE IN 62: REINA SIN TRONO

No debería darle más vueltas, lo sé. Han vuelto y punto, están en su derecho y no se lo voy a reprochar ni mucho menos a prohibir. Aunque me preguntó por qué o para qué lo han hecho. El placer de tocar nunca se agota, quiero suponer, pero, ¿qué nos puede ofrecer Queen ahora?

Estas reflexiones completan las que hace poco y hace algo más de tiempo expuse sobre el regreso a los estudios y a los escenarios de bandas que llevaban largo tiempo inactivas y que (realmente, la verdad) no eran añoradas. El rock sobrevive a las mareas con sus esquemas vacilantes, azotado a veces por periodos de mediocridad o aburrimiento hasta que asoman de nuevo a la superficie atisbos de frescura y brillantez. Muchas genialidades están aún por descubrir. Queen, en cambio, dejaron de ser geniales hace mucho tiempo, si es que alguna vez lo fueron. Marcaron unos cuantos años de una década, quizá dos, con su brutal despegue (desde el 73 al 76) y una consolidada madurez (del 84 al 86). Freddy Mercury traspasó las fronteras del liderato escénico para convertirse en un incansable y divertido ‘showman’ y un póstumo icono sexual. Irremplazable él tras su muerte en 1991, el grupo vivió de reediciones y recopilaciones hasta que, descabalgado el bajista, John Deacon, decidió unir a un excelente vocalista como Paul Rodgers, torrencial cabecilla de Free y Bad Company pero sin el carisma de Mercury. Grabaron un directo y ahora acaban de publicar un disco de estudio con material nuevo, The Cosmos rocks (Hollywood, 2008).

Queen, para mí, se agotaron fulminantemente, envejecieron enseguida y perdieron una chispa que los volúmenes históricos del rock, en cambio, van a dejar siempre encendida. Ahora, con canciones originales, no es más que un grupo de oficio incapaz de entusiasmar. Su blando rock duro actual lo sitúa en ninguna parte, sin que parezca Queen un viejo grupo que se adapta a los nuevos tiempos ni tampoco una vieja banda fiel a los primitivos patrones. Doy un bocado y sus espirales guitarrísticas, su entramado rítmico o su refuerzo vocal no me saben a nada.

Punto final a este asunto.

sábado, septiembre 27, 2008

GREATEST HITS 56: THE NIGHT THEY DROVE OLD DIXIE DOWN (II, by JOAN & JOHNNY)

Esta canción la destaqué en el blog hace tiempo, aunque no la pinché con su correspondiente imagen. Entonces me refería a la versión original de The Band que tanto nos encanta. De paseo entre vídeos y viejas actuaciones se planta de nuevo Old Dixie ante mis oídos, demostrándome que las buenas canciones, las grandes canciones, las canciones enormes, no se pueden estropear de ningún modo.

Joan Baez y Johnny Cash fueron también seducidos por la pócima mágica que fluye por The night they drove old Dixie down. Ella la interpreta abrigada por su guitarra y su canto de ave en un programa de televisión. Él la murmura en una sola estrofa al calor de una hoguera cual temible hechicero de la noche que narra sus conjuros a una tropa de soldados.


SIEMPRE VIVO

Hay gente que nunca se muere.

Hay gente que no puede morir.

Pero hoy se ha muerto algo dentro de mí.

Gracias por todo, GIGANTE. Gracias por Butch Cassidy, Billy el Niño, Frank Galvin, Sully, Rocky, Lew Harper, Brick, Luke, Hud, Roy Bean, Eddie Felson…

Hasta siempre. Siempre vivo.

miércoles, septiembre 24, 2008

VOLUME TWO 41: NEKO CASE

Aunque no estén en mi selección de favoritos hay músicos que me agrada visitar de vez en cuando, más bien tarde que pronto, pero que en cada una de esas veces desprenden un halo casi imperceptible que me ata a ellos contagiosamente. Busco ejemplos antes de llegar a la protagonista de este post: Buddy Miller, Nick Drake, Laura Nyro, Stephen Stills, Gillian Welch. Y Neko Case también. En su caso encuentro vigor en su expresividad, una huella profunda en su manera de cantar, prolongando el eco metálico y retumbante de su voz americana en la madeja formada por su country alternativo.

Me pasó al conocerla. Tuve que escuchar su música más de una vez para descansar en su tirante calidez con comodidad. Una vez conseguida esta sensación reconocí hermosas canciones, fascinantes acordes y una espontánea emoción en su puesta en escena, en su interpretación.

Nació en Virginia hace 38 años y se movió por varios estados antes de su adolescencia; abandonó el nido para probar fortuna en círculos artísticos y tocó la batería en bandas menores canadienses; saltó sin red de la escena punk a la country y adoptó en sus versiones y en sus propias composiciones un estilo personal, una refrescante y modernizada recuperación de los esquemas country-folk-rock americanos. Quedó adoptada al norte de los USA, por eso prestó su voz dominante a The New Pornographers mientras comenzó a grabar por su cuenta junto al grupo The Boyfriends. En 1997 publicó su primer disco, The Virginian, al que siguieron trabajos más corpulentos: Furnace Room Lullaby(2000) y Blacklisted (2002), su obra casi redonda (¡qué enorme canción Deep red bells!), grabado en tierra de maestros, Tucson. Repitió en la ciudad de Arizona con Fox confessor brings the flood (2006) bajo el techo del sello Anti.

Os dejo estos ejemplos, los que despiertan cada cierto tiempo mi admiración por Neko Case.

domingo, septiembre 21, 2008

VOLUME ONE 157: CARRIED TO DUST (CALEXICO)

Me gusta pensar que Burns, Convertino y el grupo de estupendos músicos que reclutan son como unos amigos que nunca te fallan, y que cada vez que los invitas a comer o a cenar en vez de presentarse con una botella de vino o unos pasteles te entregan una bandeja de hermosas canciones para saborear a la hora de cualquier postre. Carried to dust (Quarterstick, 2008) es otro sabroso colofón a la velada.

No encuentro mejor forma de referirme a este disco que como en este otro blog ya lo ha hecho otro cronista, otro gran oyente con un oído más fino… otra víctima del embrujo de Calexico.

Noya: 8/10

sábado, septiembre 20, 2008

BONUS TRACK 57: BRING IT ON (GOMEZ)

Diez años no son nada. O son muchos. Según. Hace diez años publicaron su primer disco los británicos Gomez, Bring it on, que en su décimo aniversario han reeditado con el añadido de otro cd de versiones diferentes, descartes y rarezas. Llevaba tiempo sin escuchar a esta peculiar banda, su imprevisible música, laberíntica y juguetona, capaz de irritar o enfadar al más intransigente y de conmover al más delicado. Bring it on, de nuevo hoy, me sigue pareciendo su mejor álbum.

Es curioso aún que no sepa bien cómo describir lo que sale de los instrumentos variados que combinan los cinco componentes de Gomez. Quizá son listos de más o genios modestos; no dan el coñazo en cualquier caso, pero cada vez que hablan lo hacen con unas cuantas joyas musicales bajo el brazo. Bring it on las tiene (esa pesadilla inicial que es Get miles, Tijuana lady, Free to run, Rie’s wagon), envueltas en efectos, giros imposibles, despistes asombrosos, frivolidades y sabia inventiva. El pop, rock, blues o lo que sea que hacen Gomez me ha sonado esta vez más psicodélico que nunca.

jueves, septiembre 18, 2008

VOLUME ONE 156: SEX & GASOLINE (RODNEY CROWELL)

Los resúmenes biográficos de Rodney Crowell lo presentan como un forajido musical del country rock americano muy bien rodeado. Tuvo buenas amistades (Townes Van Zandt), prestó su guitarra y unas cuantas canciones a figuras de cabecera del movimiento (Emmylou Harris) y se unió a familias legendarias (Rosanne le hizo suegro de su padre, el gran Johnny Cash). Además tuvo sus propias bandas, su propia carrera y su propio estudio, en el que produjo a algunos músicos de generación a lo largo de un par de décadas, entre otros a su esposa. Yo descubrí su faceta en solitario después de quedarme con su nombre en los créditos de algunos discos, un poco tarde, cuando ya había superado la decena de álbumes al publicar Fate’s right hand (2003). Ahora entrega un nuevo trabajo, Sex & gasoline (Yep Roc, 2008), material de primera para un autor con apariencia de segunda.

Joe Henry produce, y esto es una garantía mayor. Me encanta Henry desde que me fijé en sus tareas de producción y luego en sus discos en solitario (comentado alguno en este blog). Canta en un tema con Rodney y aporta su guitarra. No sólo eso, también dota al disco, con el apoyo de músicos de altura como Greg Leisz o Doyle Bramhall III, de dulzura acústica y sutileza ambiental. Las pocas cuerdas eléctricas producen un efecto escalofriante, son un ideal acompañamiento para la voz y el tono crepuscular de un Rodney Crowell gastado pero conmovedor (Sex & gasoline, Who do you trust, Funky and the farm-boy).

Nota: 8/10

lunes, septiembre 15, 2008

VOLUME ONE 155: ONLY BY THE NIGHT (KINGS OF LEON)

Estos chavales me despistan. Cuando los escuché por primera vez me parecían unos discretos vástagos surgidos de la tradición sureña de rock, impresión apoyada por la imagen desarrapada que lucían. Pero si se les afeita, se les corta el pelo y se les despeina cuidadosamente el flequillo, podrían pasar por el último grupo explotado por una multinacional con dos o tres sencillos programados para vender más de lo habitual. Pero no, no son tal, aunque ahora parezcan colegas de los Strokes o Jet, formaciones ramplonas con las que irrumpieron en el mismo pelotón a comienzos de esta década. Podrían llamarse The Followill (Brothers), pero los tres hermanos de Nashville y un primo con el mismo apellido son los Kings of Leon, que no sé aún muy bien ni por dónde caminan ni hacia dónde se van a dirigir.

Pero no está mal, eh. Su debut, Youth & young manhood (2003), me pareció superfluo, insignificante. Pasé por alto su continuación dos años después, y en 2007 me encontré con que Because of the times borraba todo rastro de aquellos críos melenudos huidos de su padre evangelista y embarcados en la caravana de bandas enraizadas en el blues rock americano; ahora sonaban más limpitos, experimentales y atmosféricos, más modernos (o modernillos), en definitiva.

Aquel tercer disco terminaba de manera magistral con un tema titulado Arizona y el cuarto recién terminado, Only by the night (Columbia, 2008), se pone en marcha del mismo modo con un no menos soberbio corte titulado Closer. Lo que sigue viene a ser una aproximada continuación de Because of the times, un trabajo que descubre equilibrismos sonoros y variadas piruetas climáticas cuanto más se escucha para desnudar sus atractivas capas. Van un poco deprisa, seguro que dispuestos a dar otro giro en cualquier momento.

Nota: 7/10

sábado, septiembre 13, 2008

LIVE IN 61: ¿SE LES ECHABA DE MENOS?

¿Echamos de menos tanto a un músico o a un grupo musical como a un ser querido? En mi caso, no. Es un sentimiento simplemente, único e intransferible. Incluso cuando se trata de uno o más artistas por los que la admiración se puede llegar a confundir con la devoción. Si Neil Young, por ejemplo, se toma un descanso de cinco o más años sin publicar nada de nada, creo que no lo voy a echar de menos. ¿Jeff Buckley? Claro que lamento su prematura muerte. ¿Lo echo en falta? No, al fin y al cabo puedo resucitarlo cuando quiera.

¿A qué viene esto? A que al leer una reciente crítica negativa del disco de regreso de un grupo que llevaba once años sin juntarse, el cronista se quedó a gusto al comentar que su retorno le parecía vacío e insignificante, movido por las necesidades alimenticias (¿qué tiene de malo?), que “nadie los echaba de menos” y que “su regreso no aporta nada”. Comentarios respetables, claro. Por mi parte, creo que en realidad a nadie, a ningún grupo, se le echa de menos y que, además, todo lo nuevo que pueda ofrecer, a estas alturas de caminata musical en el panorama rockanrolero, va a aportar muy poco.

The Verve y Metallica, dos bandas bien opuestas, han vuelto a grabar. Los primeros, once años después de su tercer álbum; los segundos no han tardado tanto desde el anterior trabajo de hace cinco. ¿Y? Me ciño al final del segundo párrafo. No hay revolución (ni se pretende), no hay bruscos cambios, no hay frescura. Dentro de unos meses intuyo que muy pocos se acordarán de que estos grupos han vuelto a la batalla y que las revistas no los incluirán entre los mejores de este año. Por cierto, que el disco tan maltratado era el de The Verve, titulado Forth, un regreso nada sobrenatural de la banda de Richard Ashcroft, pero sí por momentos gratificante. De Death Magnetic, obra de Metallica, no se puede ser tan halagador; su intento de volver al pasado se queda sin gasolina a mitad del camino, ahogado en un mar de cargante virtuosismo.

miércoles, septiembre 10, 2008

GREATEST HITS 55: STILL IN LOVE WITH YOU (THIN LIZZY)

Desde una pequeña tribuna del Porterhouse de Dublín, el refugio en miniatura de cuatro músicos cualesquiera, el sábado pasado una banda irlandesa interpretaba uno tras otro clásicos del rock mientras su público le vitoreaba desde los balcones de la segunda y tercera planta. Un tal Ditch Cassidy y su grupo, eran. Le sobraban años pero no voz ni pasión al ‘front man’, y le faltaban aún muchos por recorrer a su joven e intenso guitarrista. La actuación alcanzó su cumbre, entre la improvisación y la fidelidad generosa de minutos, cuando Phil Lynott volvió de entre los muertos entre las notas y palabras de Still in love with you, incluida en el disco Nightlife de 1974. Las canciones de amor con los títulos más sencillos alcanzan alturas místicas como esta.

martes, septiembre 09, 2008

LIVE IN 60: LA ALEGRÍA DE BEBER

No figura entre mis consumiciones, mas no he necesitado probar de nuevo el peculiar sabor que una vez me desagradó para dejarme convencer por sus efectos en el humor. He sido testigo en vivo, esta vez en la tierra de origen, a unos minutos de la fábrica desde donde fluye hacia todos los rincones de la tierra. La Guinness (o cualquier otra cerveza helada con el tostado, el claro o el negro como color)… una forma de ser feliz, una filosofía de vida.

Me quedo sobre todo con ese buen rollo: con los amigos que ríen cada uno agarrado a una pinta, con jóvenes y mayores girando sobre sí mismos al son de una pieza tradicional o pletóricos de voz como coristas de un guitarrista anónimo que comparte su pasión desde la esquina de un bar… y qué bar, un laberinto interminable de áreas y habitaciones donde la falta de espacio para avanzar o encontrar un hueco en el que pedir algo de beber mantiene unidos a los joviales camaradas.

Me quedo con esa alegría vetada a los borrachos crónicos (y con la paz de St. Stephen’s Green, las mareas de gente en Grafton Street, la paz de Howth, Dalkey y esos pueblos hermanos, los adoquines del templo, las rubias bonitas, la estatua de Phil y el aire que huele a U2).

sábado, septiembre 06, 2008

GREATEST HITS 54: WINDOW IN THE SKIES (U2)

Me escapo unos días. Un visto y no visto. Quizá sea suficiente. Necesito contemplar un cielo distinto, un mar diferente, cargar de kilómetros estas piernas, oír otras voces, cruzarme con rostros extraños, sentirme un desconocido en otro rincón del mundo… abrir la ventana aunque luego haya que volver a cerrarla y todo vuelva a ser lo mismo.

miércoles, septiembre 03, 2008

BOOTLEG SERIES 14: EVEN COWGIRLS GET THE BLUES

Otros cuadros americanos encuentran compañía sonora en la voz calmosa de algunas vaqueras de la tierra abrazadas a una guitarra. Hay muchas, muchísimas, que empiezan a cantar sus poemas un año y no reaparecen hasta mucho más tarde; que componen desde la soledad de un bungaló montañoso; desde las plazas más tranquilas de una ciudad bulliciosa… Un grupo de casi una veintena de estas chicas se puede escuchar en Even cowgirls get the blues, una recopilación del sello Fargo que me acabo de encontrar y que no debe confundirse con el espantoso film de Gus van Sant con el mismo título, desde luego que no.

Son éstas las voces del ‘alternate country’ del siglo XXI, de ese ‘americana’ a veces tan insulso a veces tan gratificante. Dawn Landes, Jesse Sykes y Sera Cahoone ya han pasado por este blog y aquí se dejan escuchar tiernas y flotantes junto a otras compañeras de escena cuya música parece radiografiar la melancolía para fabricar hermosas canciones. Entre Cat Power y Joanna Newsom como límites, cabe de todo en esta colección fechada el año pasado, descubrimientos de chicas que van a merecer más de una escucha: Lauren Hoffman, Liz Durrett, Bosque Brown, Sarah White o Mariee Sioux.

martes, septiembre 02, 2008

SOUNDTRACK 66: FAT CITY

Repasando el disco de 1971 Me and Bobby McGee, el eco abandonado y el acento acrobático de Kris Kristofferson me empujaron de inmediato al ambiente deprimente que recorre prácticamente cada fotograma de Fat City, la obra maestra que John Huston dirigió un año después. De hecho, el tema Help me make it through the night, incluido por Kristofferson en aquel álbum, abre la película durante sus créditos, detalle que había olvidado. Con el film en la cabeza durante unos minutos me recreé en escenas que de pronto empezaron a sucederse sin lagunas de memoria y me reafirmé en la última impresión que dejó en mí esta gran película.

Creo que los años hacen más dura Fat City, más fatalista. Si la ves cuando aún eres un chaval que se quiere ver todas las películas de Huston quizá te lleves una decepción, como me pasó a mí. Vista de nuevo años más tarde, cuando te has cansado de leer críticas sublimes hacia este film y la vida te va enseñando aspectos con los que nunca quisieras tener que lidiar, puede que Fat City te parezca una dolorosa maravilla, un puñetazo directo en los riñones.

De puños va la cosa. Y de mucho más: de soledad alcoholizada, del vacío estancado en ninguna parte, de voluntades perdidas y talentos malgastados, de un futuro sin esperanza. El boxeador en decadencia que interpreta Stacey Keach, mucho antes de que se convirtiera en el televisivo detective Mike Hammer, es un tronco a la deriva incluso cuando se acerca a la orilla, y el novato púgil al que da vida un imberbe Jeff Bridges es un ingenuo desibucado. El primero no tiene remedio, por mucho que trate de salvar su carrera hundida y quiera sentirse una persona digna parece condenado a que su vida caiga en un pozo sin salida; gana un combate y la ducha le deja maltrecho mientras que su contrincante sale erguido del pabellón. Para el segundo el boxeo no es en realidad lo suyo y más real todavía es que, aún tan joven, va a iniciar con su pareja un largo camino en una dirección no demasiado estimulante.

La dirección fría y sin concesiones de Huston (en su salsa al pincelar a sus personajes favoritos, los perdedores) el naturalismo descarnado con el que trabajan los actores, la fotografía luminosa de Conrad L. Hall y esos desoladores paisajes de campo y urbe decoran una Ciudad dorada que ha perdido cualquier huella de brillo.