martes, septiembre 02, 2008

SOUNDTRACK 66: FAT CITY

Repasando el disco de 1971 Me and Bobby McGee, el eco abandonado y el acento acrobático de Kris Kristofferson me empujaron de inmediato al ambiente deprimente que recorre prácticamente cada fotograma de Fat City, la obra maestra que John Huston dirigió un año después. De hecho, el tema Help me make it through the night, incluido por Kristofferson en aquel álbum, abre la película durante sus créditos, detalle que había olvidado. Con el film en la cabeza durante unos minutos me recreé en escenas que de pronto empezaron a sucederse sin lagunas de memoria y me reafirmé en la última impresión que dejó en mí esta gran película.

Creo que los años hacen más dura Fat City, más fatalista. Si la ves cuando aún eres un chaval que se quiere ver todas las películas de Huston quizá te lleves una decepción, como me pasó a mí. Vista de nuevo años más tarde, cuando te has cansado de leer críticas sublimes hacia este film y la vida te va enseñando aspectos con los que nunca quisieras tener que lidiar, puede que Fat City te parezca una dolorosa maravilla, un puñetazo directo en los riñones.

De puños va la cosa. Y de mucho más: de soledad alcoholizada, del vacío estancado en ninguna parte, de voluntades perdidas y talentos malgastados, de un futuro sin esperanza. El boxeador en decadencia que interpreta Stacey Keach, mucho antes de que se convirtiera en el televisivo detective Mike Hammer, es un tronco a la deriva incluso cuando se acerca a la orilla, y el novato púgil al que da vida un imberbe Jeff Bridges es un ingenuo desibucado. El primero no tiene remedio, por mucho que trate de salvar su carrera hundida y quiera sentirse una persona digna parece condenado a que su vida caiga en un pozo sin salida; gana un combate y la ducha le deja maltrecho mientras que su contrincante sale erguido del pabellón. Para el segundo el boxeo no es en realidad lo suyo y más real todavía es que, aún tan joven, va a iniciar con su pareja un largo camino en una dirección no demasiado estimulante.

La dirección fría y sin concesiones de Huston (en su salsa al pincelar a sus personajes favoritos, los perdedores) el naturalismo descarnado con el que trabajan los actores, la fotografía luminosa de Conrad L. Hall y esos desoladores paisajes de campo y urbe decoran una Ciudad dorada que ha perdido cualquier huella de brillo.

sábado, agosto 30, 2008

VOLUME ONE 154: MED SUD I EYRUM VID SPILUM ENDALAUST (SIGUR RÓS)

El film Heima supuso para mí hace unos meses el primer contacto serio con Sigur Rós, una banda a la que siempre daba esquinazo en cuanto me tropezaba de casualidad con su música etérea y nada amoldable a las descripciones. El score y las canciones de aquella película me revelaron que el grupo islandés, habitualmente bendecido por los favores de la crítica, practica y regala, con la exigencia cómplice del público, una música que traspasa las fronteras físicas de la sensación y se introduce en las entrañas privadas de quien la escucha con atención.

Cada canción, cada disco, es tan distinto como sus oyentes, cierto, y Med Sud I Eyrum Vid Spilum Endalaust (XL, 2008), el quinto álbum de Sigur Rós, sólo se puede describir del modo en que se detalla y comparte una íntima experiencia personal. Los liberadores efectos, las tímidas voces islandesas y las ambientales capas sinfónicas que sonaban en Heima reaparecen en este nuevo disco, al que reaniman de su catarsis unos pocos cortes más accesibles con sutil parentesco incluso con Coldplay.

El tema que abre el disco, Gobbledigook (algo así como “galimatías”), ensalza el espíritu agreste del universo del grupo y se digiere, acompañado de estas puras y desnudas imágenes, como un pequeño himno de libertad.

miércoles, agosto 27, 2008

GREATEST HITS 53: GRADUATION DAY (CHRIS ISAAK)

No sé por qué repentina razón me ha apetecido recordar canciones de Chris Isaak y buscar vídeos suyos. ¿Será porque a la espera de que el año entregue el último cargamento de interesantes discos ninguna de las más recientes novedades (salvo contadas excepciones) ha logrado espabilarme… ni siquiera quedarme con el nombre del responsable una vez acabada su escucha? Es muy probable. O que últimamente ando algo distraído. El caso es que Isaak siempre me ha caído bien. A las razones musicales de mi simpatía debo añadir que una mañana, hace más de quince años, al bueno de Chris le entraron las ganas de tomar el sol y darse un baño en la playa de mi ciudad. Y eso mola.

Sus discos no llegan a entusiasmarme, ninguno me parece redondo, aunque encierren cada uno más de un par de joyas encantadoras. Es también su imagen limpia de crooner de carretera, un heredero guapo de Roy Orbison, y la sencillez pura de sus canciones lo que más me gusta de Chris Isaak. Varios de esos temas se colaron de refilón en las películas (Suspicion of love en Casada con todos) o se popularizaron gracias a ellas (Baby did a bad bad thing en Eyes wide shut o Wicked game en Corazón salvaje). Otra maravilla es este Graduation day, sintonía de nostalgia para los niños crecidos de Beautiful girls.

domingo, agosto 24, 2008

GREATEST HITS 52: DO YA THINK I’M SEXY (ROD STEWART)


Cuesta creer que se pueda ser sexy con esta facha. Se lo preguntaba Rod Stewart a cualquier hembra que se le pusiera delante en los albores de la fiebre disco y al muy truhán seguro que le respondían que sí, que era demasiado sexy aunque se vistiese como una nena, peinase una fregona dorada en la cabeza y diese esos giros tan afeminados cuando cantaba. Seguro que entre las sábanas le respondían lo mismo minutos después. Así forjó su historial sexual de conquistas.

A mí esta canción me encanta. Quizá porque siempre encuentro un cuerpo humeante moviéndose muy sexy cada vez que me recibe en cualquier parte. Rod ya había dejado atrás sus mejores discos, los cinco que grabó con Mercury y los dos primeros con Warner. En Blondes have more fun (1978) la música disco contagió al escocés, en cierto modo le obligó a ambicionar más público y empapó casi por completo un trabajo que ahora parece remoto y olvidable. Salvo este fantástico ¿Crees que soy sexy?

NATURAL

¿De qué vale que Sasha Rubia, Giorgi Red y Dame Dode te digan que es difícil encontrar por ahí a alguien tan natural? A ninguna de ellas las vas a encontrar entonces tan natural como ellas creen que tú eres. Quedamos pocos, creo… aquellos a los que no nos vale cualquier trapo para limpiarnos, cualquier guarida donde vaciar. No se trata de jugar y olvidar. No es sólo eso, es más, lo creas o no.

El abuso cansa. ¿Con qué me quedo? Con la música del desierto. Con el estudio en Nueva Orleans. Con los días que no viví. Con un trago entre sesiones. Contigo.

jueves, agosto 21, 2008

LIVE IN 59: EXTRAS

Cambio de aires y me dejo convencer por Yojimbo para prestarle tiempo de ocio a una serie de televisión. Con tantos vicios sanos que cuidar cuesta encontrar tiempo que compaginarlos o dedicárselo a otras actividades evasivas. Por eso he sido reacio durante bastante tiempo a seguir series TV, por rechazo a que me quitasen horas que invertir en libros, discos y películas. Pero esta vez sí, esta vez necesito un cambio y hago caso a mi amigo, pruebo con su recomendación: Extras.

Los premios lustran el historial de Extras, una serie cómica de la BBC y HBO, de sólo doce episodios reunidos en dos temporadas, galardonada con Baftas, Emmys y Globos de Oro. Sus creadores, los humoristas británicos Ricky Gervais y Stephen Mercant, son los protagonistas, además de la actriz escocesa Ashley Jensen. Gervais y Jensen interpretan a extras de cine y televisión anclados en su rol artístico y en sus vidas anodinas, ansiosos por ser algo más que figurantes y tener frases en una película o en una serie; Merchant en el desesperante agente de Gervais, un zoquete que en nada ayuda al protagonista a progresar en su profesión. En cada episodio, de casi media hora de duración, interviene una estrella invitada, que se trata de una celebridad del cine, la televisión o la canción, como Orlando Bloom, Kate Winslet, Ben Stiller, David Bowie o incluso Robert De Niro, quienes no tienen pudor alguno a la hora de interpretarse a sí mismos y ridiculizarse con la distorsión a la que someten su imagen.

Aunque Extras es una comedia, está salpicada por situaciones embarazosas en las que la farsa, la ironía o la exageración se hacen terriblemente incómodas. Esa es quizá una de las claves principales de tantas buenas comedias, la de saber reírse de lo que no tiene gracia, de lo que a uno nunca le gustaría que le ocurriese. A ello ayuda un preciso retrato de personajes, nada ejemplar ninguno cuando detrás de su aparente torpeza o bondad esconden egoísmo o ambición. Por supuesto, hacer reír es muy complicado y para ello hay que ser muy buen actor, como en este caso es el comediante Ricky Gervais (¡qué descubrimiento!), creador también de la exitosa The Office; Gervais, como Jensen, confieren matices patéticos a personajes bondadosos o patosos, y lo hacen con una nada disimulada naturalidad que resalta el efecto cómico de sus palabras y sus acciones; Merchant, por su lado, retuerce el retrato desalmado del circense agente artístico y sus rasgos desproporcionados lo convierten en un ‘freak’ adorable.

Aquí tenéis más información y valoraciones sobre EXTRAS a modo de recomendación. La mía en este caso.

lunes, agosto 18, 2008

VOLUME ONE 153: TOOL BOX (CALEXICO)

Esto es un aperitivo con sabor a primer plato. A manjar, en realidad. Abre boca como anticipo del nuevo álbum de Calexico, oficialmente en las tiendas el día 9 de septiembre con el título de Carried to dust. Tool Box, grabado en 2007 a continuación del disco Garden ruin (2006), sirve de puente entre el trabajo con el que el formidable grupo de Tucson se alejaron unos metros de su producción anterior y su nueva oferta musical, que al parecer retoma sus inconfundibles sonoridades fronterizas norteamericanas tan bien descritas en los primeros álbumes.

Carried to dust promete una nueva dosis de polvo y calor a cargo de Burns, Convertino y sus chicos en pleno desierto. Pero es que Tool box (no me importa que se considere una rareza o un trabajo aparte en el conjunto de su obra) anticipa esa atmósfera esperada con la sutil maestría que siempre ha bendecido a Calexico a través de una docena de piezas instrumentales donde diáfanas cuerdas, teclados dolientes, cálidos vibráfonos y acordeones y huecas percusiones componen un mural emocionante hasta el estremecimiento. Geniales.

Nota: 9/10

domingo, agosto 17, 2008

“DÉMONOS UN TIEMPO…”

(O “Abramos un paréntesis…”) …un tiempo, ¿para qué? No tiene buena pinta la frase, ¿verdad? Seguro que con sólo oírla nos asalta antes la desconfianza y el miedo que la esperanza y la reflexión. Supongo que todo precisa tiempo, un tiempo para recuperar la sintonía o arreglar los desajustes, un tiempo para despejar la vista y recuperar el sentido común… o para echarlo todo a perder, quién sabe.

Lo vamos a dejar por una temporada, a separar nuestros caminos hasta saber si algún día podemos cerrar el paréntesis y retomar nuestro romance. Son muchos años así, empeñados en vernos al menos una vez al día en un espacio de nuestras agendas. Ha habido de todo, unas veces terminábamos en los cielos, otras, a golpes por los suelos; hemos pasado del júbilo a la indiferencia, del éxtasis a la insignificancia. Pero no hemos podido separarnos ni un momento, raro era el día en que no te mencionaba o recordaba con alguna de tus muecas, triste, alegre, asustada, apagada, despierta, relajada…

Ahora pienso que sí, que hace falta un tiempo. Te veía y no sentía nada. Si me lo permites (seguro que sí), durante una temporada voy a salir con tu hermana pequeña.

jueves, agosto 14, 2008

VOLUME ONE 152: THE HARD WAY (JAMES HUNTER)

En el fondo, aunque caminemos hacia adelante de algún modo no dejamos de mirar hacia atrás, de buscar ciertas inspiraciones en hechos de otros tiempos. En la música no cesa esta tendencia, en ocasiones con rachas fuertes y otras veces más tenues. En lo que va de año algunas novedades discográficas han bebido de fuentes pasadas, como (artistas aludidos en entradas anteriores) demuestran los últimos discos de Vetiver, en el folk americano de los años sesenta y setenta, o Sharon Jones & The Dap-Kings en el soul callejero de la primera de estas décadas. Otro ejemplo es James Hunter, un autor secundario con hechuras de actor principal, una rara avis en los tiempos que corren, un británico blanco con delicada voz de negro que reinterpreta con cariñosa naturalidad soul y rock and roll que hace cuarenta y cincuenta años entusiasmaban a las audiencias.

Yo lo he conocido a través de su último álbum, el cuarto suyo en doce años, The hard way (Hear Music, 2008), con el que de un modo magistral rinde admiración y revive la figura de Sam Cooke, principalmente. Su forma de cantar es casi idéntica, aunque sin el grado de genialidad innata y énfasis emocional que sí tenía la voz de Cooke. Otras veces parece brotar de alguna de sus canciones el fantasma de Otis Redding o sentirse la fiebre de un Little Richard más moderado. Hunter es sencillo y sincero, además de un excelente guitarrista que con su vocación retro le da una bofetada a la música del futuro (sea cual sea).

Nota: 8/10

miércoles, agosto 13, 2008

BONUS TRACK 56: OH, MY GIRL (JESSE SYKES & THE SWEET HEREAFTER)

Hace unos años cayó en mis manos este disco, el de alguien que ahora podría estar diseñando camisetas con mensajes llamativos o manteniendo como puede una modesta empresa de publicidad con clientela más o menos estable; algo así, por ejemplo, alguna creatividad parecida como empleo al que añadir las no muy cuantiosas ganancias que produce el arte de la creación e interpretación musical. Son tantos y tantos los músicos que un día se nos aparecen, pronto se ocultan y más tarde vuelven a asomarse con sigilo inofensivo, que es difícil guardar la cuenta. Aquí, allá, en todas partes. Un día escuché este álbum de Jesse Sykes y su banda, The Sweet Hereafter, una formación asentada en Seattle cuyo segundo trabajo, Oh, my girl (Barsuk, 2004), me fascinó durante una temporada.

El primer (Reckless burning, 2002) y el tercer disco (Like, Love, Lust & the open halls of the soul, 2007) de esta chica y su grupo tienen un clima similar, un aire cansino pero pasional, de sentimiento profundo y eco duradero, pero es Oh, my girl el que perdura, el que vuelto a escuchar unos años después sitúa a uno durante una hora junto al crepitar de los troncos de una chimenea en plena madrugada, si es entre las paredes de un escondido bungalow, mejor. Jesse Sykes es una moza lozana a la que traiciona su voz arenosa y prudente, como la de una Marianne Faithful sólo unos pocos años más joven de lo mayor que es. Sólo lo extendidos que se hacen algunos temas impide disfrutar el disco plenamente como un excepcional trabajo total, pero dejarse mecer por temas como Troubled soul, The dreaming dead o Tell the boys compensan cualquier inconveniente y convierten Oh, my girl en una obra calurosamente relajante.

domingo, agosto 10, 2008

SWEET THING

Todo tiene un punto final que es un punto y seguido.


Es cuestión de volver a empezar.

Se acaban las vacaciones,

el agua de una cascada,

el sol de una mañana

y la sed.

De algún modo todo volverá.

My my my my my my my hasta la eternidad.

Sólo el Hombre lo sabe cantar

así… hasta la eternidad.

Van.


Para C. V. M. y L. R. M.

sábado, agosto 09, 2008

BONUS TRACK 55: WAR (U2)


Tengo que contradecir a Jim Garry en su comentario al post correspondiente al álbum Boy, pues después de haber escuchado por enésima vez War (ahora reeditado y remasterizado) llego a la conclusión de que hay cierta música inmune a la caducidad. Así como una buena parte del primer disco de U2 sí me parecía desfasada y a sólo una pequeña porción del segundo, October, podría aplicársele el mismo adjetivo, con War no es posible repetir la impresión. La trilogía inicial (llamémosla así sólo porque abarca los tres primeros discos del grupo) culmina en War (Island, 1983), un trabajo colosal.

U2 robustece su música y en cierto modo su imagen. La denuncia y la política empiezan a vestir las letras. En el aspecto técnico los irlandeses se sueltan en sus funciones, con Larry más calculador e igualmente contundente, Adam más presente y preciso, y Edge sublime al llenar de músculo sus fibrosas guitarras; Bono alcanza en su voz la personalidad que tanto marcó los discos siguientes y eleva al éxtasis de la emoción temazos como Drowning man o Sunday Bloody Sunday, al que siempre se le perdonará el abuso que del tema hacen quienes pinchan en los locales. Además, la banda apoya su madurez en el adecuado uso de la instrumentación, con la intromisión fascinante de violines eléctricos (Sunday… ), variadas percusiones (The refugee) y trompetas (Red light), sin olvidar el atmosférico empleo de coros masculinos o femeninos (Seconds, Surrender). La cara A de War es simplemente perfecta, con esos tres primeros temas que uno aún recita de carrerilla mientras la música vuelve a sonar tantos años después, por no hablar del conmovedor cierre del disco con 40.

Son las personas las que cambian, la música resiste el azote del viento. Pero a veces las personas les ponemos un pequeño freno a nuestro cambio para retroceder varias estaciones y convertirnos por un momento en aquellos que éramos cuando la música llegaba por primera vez a nuestros oídos.

BONUS TRACK 54: OCTOBER (U2)


U2 se quitaron de encima la inocente estampa con la que a comienzos de los ochenta asaltaron la escena rockera con su álbum Boy sólo un año después al publicar October (Island, 1981). Desde luego que la banda no se hizo rica con su primer disco, tampoco con el segundo, aunque con este trabajo despejó la incógnita que crea siempre un álbum de debut al dar un paso seguro hacia delante y pulir las deficiencias de la primera experiencia discográfica. Boy flirtea; October va directo al grano.

¡Qué arranque, para empezar!: Gloria gloriosa; I threw a brick through a window demoledora; Rejoice regocijante… Tomorrow inaugura la cara B con el lamento agónico de Bono por su madre perdida y Edge se luce sutilmente al añadir teclas a partir de October y llenar de bruma Stranger in a strange land y Scarlet. Larry juguetea con los platillos en delicias redescubiertas como With a shout e Is that all? y pierde la tosquedad del año anterior antes de pulir por completo su técnica. Una vez más la tecnología, milagro o castigo según el caso y la tolerancia de cada uno, se encarga de quitarle años de encima a una música casi totalmente rejuvenecida, que al que escribe le encantaría volver a escuchar en vivo si estos tipos que caminan hacia los cincuenta se animan a incluirla en su próxima gira.

Los chicos ya no prometían, le habían cogido el gusto al asunto. Y aún seguían siendo inocentes.

jueves, agosto 07, 2008

BONUS TRACK 53: UNHALFBRICKING (FAIRPORT CONVENTION)

El rock británico de los años sesenta y comienzos de los setenta atrajo hacia sí diversas líneas musicales que contribuyeron a cimentar corrientes vinculadas al folk, al progresivo, al blues, al sinfónico o el heavy metal, originando interesantes bandas (no todas fáciles de escuchar) como Soft machine, Fleetwood Mac, Nazareth o Black Sabbath. El folk rock de las islas bebió de sus raíces tradicionales y también sorbió, aunque sin el gen natural que reposa en la propia tierra, la inspiración del folk norteamericano. Fairport Convention, un grupo al que siempre he tenido pereza conocer y del que no puedo profundizar porque mis escuchas no van más allá de cuatro entre su extensa discografía, cultivaron ese folk rock inglés con variadas vertientes en un magnífico disco de 1969, Unhalfbricking, presentado con la curiosa fotografía de un avanzado matrimonio en la puerta de su vivienda con el grupo de música, en un segundo plano, descansando en el jardín.

Este álbum, el tercero de su carrera, se allega al universo folk americano a través de tres versiones de Bob Dylan acompañadas de instrumentación más próxima a la música celta, en las que la voz de la malograda Sandy Denny (brillante discografía la suya) imprime una extraña exaltación. En otros temas, la cantante esconce su alegría y parece más melancólica (Who knows where the time goes?) o intrigante (Autopsy). Un extraordinario corte de once minutos, A sailor’s life, bañado por potentes bajos y una espesa nube psicodélica, corona este gran disco.

martes, agosto 05, 2008

VOLUME ONE 151: THING OF THE PAST (VETIVER)

Otra imagen, como la presentada en el post anterior aunque con otro contexto, que incita a entrar, la de esta chica que sostiene cuidadosamente un vinilo antes de hacerlo rodar en el plato, arrodillada junto a una estantería de discos y algunas fundas esparcidas sobre la alfombra. Thing of the past (Fat Cat, 2008); reza el título escogido por el grupo Vetiver para su tercer disco, en este caso compuesto por versiones de viejas canciones de artistas en su mayor parte olvidados o muy poco conocidos. Después de Townes Van Zandt, Loudon Wainwright III e Iain Matthews, a mí se me escapan los demás autores originales, aunque escuchado el honroso trabajo hecho por los nuevos intérpretes me animo ahora a conocer un poco más a Derroll Adams, Michael Hurley o Norman Greenbaum.

A Vetiver le estamparon desde la prensa la etiqueta ‘freak folk’, que parece definir a ese tipo de música estrafalaria con explosión de arreglos rimbombantes o inusuales sobre esquemas acústicos o que, en otra vertiente, opta por el folk más desnudo y espiritual. Además, Vetiver, a través de su voz principal, Andy Cabic, tiene estrecha amistad con Joanna Newsom y Devendra Banhart, especies del mismo movimiento que tienden a despertar opiniones contrapuestas. Después de un apagado disco de debut (Vetiver) y de una más despierta continuación (Too find me gone), Vetiver encuentra ahora, aunque con el recurso de las versiones, quizá el punto perfecto para empezar a saborear su caldo.

Porque Thing of the past es un trabajo sencillamente hermoso, un disco nada rizado ni complicado que no precisa el apellido ‘freak’ cuando consigue hacernos imaginar a Wilco metido en la faena de revivir el espíritu remoto de Faces, Buffalo Springfield, Gene Clark o Crosby, Stills, Nash & Young.

Nota: 9/10

domingo, agosto 03, 2008

VOLUME ONE 150: DIRTMUSIC (DIRTMUSIC)

Semejante portada merece un mínimo de atención. ¿Los exteriores desolados de un pueblo muerto perdido en el desierto? ¿La soledad en medio de la nada? Quizá la música escondida prometa una banda sonora acorde con la imagen. Bajo el nombre que titula la foto, Dirtmusic, aparecen los de tres varones reunidos que forman esta banda. Chris Eckman, una de las mitades creativas de los estupendos Walkabouts; Hugo Race, un ex Bad Seed de Nick Cave y cabecilla del grupo True Spirit; y Chris Brokaw, del que desconozco su trabajo en las formaciones Come y Codeine y músico a la sombra de tipos como Steve Wynn, forman Dirtmusic. Su disco homónimo, grabado a finales de 2007 en la República Checa y editado por el sello Glitterhouse Records (hogar de Walkabouts), suena como el vuelo perezoso de un moscardón y sobrevuela paisajes de folk rock generalmente apaciguados por el entramado de guitarras acústicas, ligeros pero atmosféricos teclados y escasa percusión. Se descartan comparaciones con Calexico.

Escuchar este disco de corrido no es fácil, varios temas son demasiado largos. Resulta algo agotador, aunque deja el pálpito de que conviene pinchar sus canciones por separado o dedicarle la atención a tramos. De este modo se disfrutan de forma más directa las composiciones de Chris Eckman, vencedor del duelo a seis puños con clara superioridad sobre unos más blandos e irregulares Race y Brokaw.

Nota: 7/10

viernes, agosto 01, 2008

GREATEST HITS 51: STAND BY ME (JOHN LENNON)

Hay canciones de las que nace una llama que nunca se apaga. Creo que una de ellas es Stand by me, sobre la que no importa el tiempo que pase para que siga desprendiendo un poder de melancolía sublime. En Stand by me, la celebre película de Rob Reiner, la canción se apoderaba de la bonita historia de Stephen King gracias a la inmortalizada versión cantaba por Ben E. King, uno de sus compositores. He vuelto a escuchar esta maravillosa pieza en la voz dulce y cristalina de Aaron Neville en un disco suyo de 2006. Al intentar encontrar el tema en imágenes me he tropezado con esta otra versión de Stand by me que había olvidado, y que un festivo John Lennon incluyó en su disco de 1975 Rock ‘N’ Roll. Cuenta conmigo.

martes, julio 29, 2008

BONUS TRACK 52: BOY (U2)

Muchos años después he vuelto a escuchar de un tirón Boy (Island, 1980), el primer disco de U2, cuya reedición con añadidos, para deleite consumista de los fans y perpetuo enriquecimiento de la banda, acaba de entrar en el mercado. Otro buen oyente como Dufresne me acompañó en la experiencia con la carretera de por medio en un breve viaje. Boy desgastó la aguja de mi estropeado tocadiscos y ahora, aunque también se ha vuelto a editar en actualizado vinilo, regresa a mis oídos con la limpieza digital que los puristas aborrecen y que al mismo tiempo permite descubrir nuevos matices de fabricación.

Desde el ahora, no desde hace veintiocho años ni desde hace veinte, cuando me lo fui a comprar a la tienda de toda la vida, Boy es un disco tan irregular como refrescante. Su lavado remasterizado anula cualquier huella de caducidad en su sonido, esa mezcla un tanto alocada de punk con rock y un punto glam con la que se inició una de las carreras musicales más relevantes y brillates del rock, pese a quien le pese. Ni el trabajo de maquillaje sonoro oculta que Boy es un álbum de debut de una banda con mucho por aprender. Sin embargo, guarda temas que el grupo ha sabido revestir de fuerza juvenil en sus giras más recientes como I will follow, Out of control o Stories for boys. Otros como Twilight, The Electric Co. o Another time, another place revelan sin tapujos el entusiasmo que acompañaba a Bono y compañía en aquellos días tan lejanos. También es cierto que A day without me o Shadows and tall trees son patochadas desfasadas.

El disco adicional con temas inéditos y otros cortes y rarezas muestra que las primeras tomas de aquellas canciones eran bastante defectuosas, así como un par de piezas o más garabateadas por cuatro novatos que llegaron, con empeño, suerte y talento, a conquistar el mundo.

domingo, julio 27, 2008

VOLUME ONE 149: I, FLATHEAD (RY COODER)

Ry Cooder aparece como protagonista recurrente por estas páginas digitales porque a este blog siempre le ha interesado la dirección de sus pasos. Ocupado en varios frentes, el compositor norteamericano no ha dejado de trabajar en los últimos años tras un largo periodo centrado en las bandas sonoras para películas, bien produciendo a otros músicos, bien firmando discos para alargar su propia producción. Su cuarto disco en seis años es I, Flathead (Nonesuch, 2008), otra demostración de la admirable habilidad de Cooder para mezclar con envidiable sencillez y naturalidad su siempre inquieta paleta de tonos y estilos, aires y sonidos, raíces y progresos.

El nuevo disco del californiano despega con dos fantásticos temas rockeros tallados con las cuerdas metálicas y afiladas de su guitarra, se desliza sigilosamente hacia el swing, el blues, la música latina (para este blogero su faceta menos apreciada) y los sonidos mariachis sin renunciar a caminar de nuevo por tierras ya pisadas. I, Flathead consigue edificar una sensación desconcertante, la que me produce casi siempre Ry Cooder: sus discos nunca me entusiasmarán, pero me agrada encontrar en ellos momentos de genialidad, la de un autor grande que se divierte con detalles pequeños.

Nota: 7/10

LA MAYOR PARTE DEL TIEMPO

La mayor parte del tiempo… el tiempo pasa. Ellos pasan y se van. Ellas llegan y ya no están. Quedan los recuerdos hasta que se van borrando por completo. La mayor parte del tiempo.

¿Dónde estarás? El lugar, allí está, lejos del alcance, cerca de la ilusión. Sin marcha atrás. Gira el vinilo sin detención. Que gire, que gire, canta el trovador, el que escucha observa y siente pasar el tiempo hacia ningún lugar.

La mayor parte del tiempo pienso en ti, aunque no sepa quién eres. Tampoco tú sabrás de mí, ése que te observa y te sueña, ése que hoy se acuesta contigo y mañana se despierta sin ti… la mayor parte del tiempo.

viernes, julio 25, 2008

BONUS TRACK 51: IN THE CLEAR (IVY)

Seguimos encontrándonos con paisajes y ambientes sugeridos por la fuerza y magia de la música.

El rock and roll es de puta madre, desde luego. Su descarada actitud, su rebeldía y trasgresión, toda su caña, el sudor, la sangre en el escenario, las entrañas… Y el pop también mola, ¿por qué no? No necesita romper cristales con la distorsión de su sonido. Sus trajes limpios, su diseño, su engañosa inocencia, su fragilidad… El variado y buen gusto musical de los hermanos Farrelly, los directores de cine de escabrosas comedias, me permitió descubrir hace tiempo al grupo Ivy, aunque hasta ahora no le había prestado más que una o dos canciones de atención. Este disco, el quinto de la cosecha de este trío de New York, In the clear (Nettwerk, 2005), invita a asomar la cabeza por su ventanilla para sobrevolar las atmósferas que contempla: cocktails en las cubiertas de los yates; veranos de Armani; pasarelas de alta costura; vacaciones permanentes y fiestas de madrugada; cuerpos esculturales; ocio caro y vicio sano.

¿Rock? No, ¿Pop? Sí. ¿Pop-rock, rock-pop? Vale. Una maravilla de puta madre.

miércoles, julio 23, 2008

BONUS TRACK 50: STEPPENWOLF (STEPPENWOLF)

Steppenwolf. Born to be wild. Easy rider. La marca está incrustada con fuego en la piel del rock and roll y en los raíles de la cultura popular. Por razones sin explicación especial no me he decidido a escuchar un disco completo de la banda californiana hasta hace muy poco. Llegaba un poco más allá de Born to be wild, pero ya digo, no acierto a justificar la tardanza. Al fin y al cabo, Steppenwolf y otras bandas contemporáneas y vecinas nunca serán imprescindibles (pero no olvidables), aunque sí lo sea la canción inmortal por la que la historia, en gran parte gracias a la película de Dennis Hopper, siempre se acordará de ellos.

Me alegra comprobar que Steppenwolf (MCA, 1968) contiene más calidad que la que ya recoge su tema principal, esa bomba de innata rebeldía con sus fogonazos guitarreros. Aquel año el grupo tradujo su efervescencia en dos lanzamientos, éste el primero, un álbum de cuerdas que carraspean y teclados que aletean, a los que acompaña la voz chulesca de John Kay. No sorprende que el grupo tuviese el blues como raíz cuando entre su primera colección de canciones se incluye una versión de Hoochie Coochie Man y otros temas como Your wall’s too high o The Pusher transcurren bajo su influjo. Steppenwolf, como tantos grupos de la época, unos olvidados otros aún reivindicados, duró poco más de cinco años y otros tantos discos. Nacieron para ser salvajes, no eternos.

Ahora le estoy haciendo la autopsia a este ‘lobo estepario’.

domingo, julio 20, 2008

PÁJARO LIBRE

Qué más puedo añadir. Nada. Sólo desplegar las alas y volar hacia donde nadie me encuentre. La gente llegará y se marchará, pero la música no se moverá, sólo nosotros podremos huir con ella al lugar al que pretendamos. Con plena libertad, como pájaros sin cadenas, con una o más guitarras en nuestra espalda y cientos de deseos más allá de las nubes.

BONUS TRACK 49: YELLOW MOON (THE NEVILLE BROTHERS)

Algunos discos desprenden radiaciones sensoriales. El oyente puede cerrar los ojos y notar el calor o el frío que propaga una voz o un sonido. Otras veces, con o sin la vista operativa, quien escucha siente que la música de esos discos especiales lo transporta a un lugar determinado muy lejos de donde está. Con lecturas y películas me he hecho una idea de lo que es Nueva Orleans, uno de los focos musicales más ricos de los Estados Unidos, un cruce de caminos en el que se juntan muchas raíces y tradiciones de la música americana; blues, jazz, cajoon, bluegrass, country, rock, funk... todo pasa por New Orleans. Nunca he estado allí, algún día quizá. Me hago una idea con Yellow Moon (A&M, 1989), el disco que Daniel Lanois produjo para The Neville Brothers cuando la carrera de los dispersos hermanos se encontraba más empantanada.

De casualidad me tropecé con el único ejemplar de este álbum en un bloque de ofertas de una gran superficie comercial en la que no acostumbro a comprar música. Allí estaba tan solitario y tan barato el disco a la espera de que alguien le quitase el plástico. Ése fui yo, quien no tardó en cerrar los ojos contagiado por el puré de estilos en que la producción inquieta e inconformista de Lanois convierte las canciones interpretadas por los hermanos Neville. Yellow moon tiene góspel electrificado, blues purificado y soul celestial de ecos místicos al alcance del iluso más soñador. Los Neville, temibles negros de apariencia peligrosa, tocan y cantan como ángeles en ascensión. Un disco soberbio.

miércoles, julio 16, 2008

VOLUME ONE 148: MODERN GUILT (BECK)

Lo que no me gusta de Beck, al margen de los vaivenes que experimenta el curso de sus propuestas musicales, es que sobre él caiga y recaiga un favor crítico que enfatiza sus cualidades más de lo que merecen. Oyó que le llamaban “genio” cuando sobrepasaba el límite de la adolescencia y no sé si le sentó bien conjugar su juventud con el peso del calificativo. Por eso me ha dado casi siempre la impresión de que en cada nuevo disco Beck ha querido irse un poco de listillo, se ha cambiado continuamente su piel de lagarto pero el disfraz no siempre ha sido divertido. Ello no me impide reconocer que la mayor parte de sus trabajos tienen elementos interesantes. El último de ellos, Modern guilt (Interscope, 2008), su décimo disco cuando acaba de cumplir 38 años, también. Es distinto a los grabados últimamente, no tiene parecidos con el soporífero Sea change ni con el entretenido Guero; se aproxima, por la singularidad de sus ritmos y sonidos, a los primeros discos, cuando hacía cosas prometedoras como Mellow gold y otras cosas infumables como Stereopathetic soul manure.

Modern guilt es algo difícil de tragar. Se suma a la producción Danger Mouse, una de las mitades de Gnarls Barkley (ninguna garantía), y sea o no culpable de la batidora sónica que mueve todo el material, Beck consigue que el disco tenga un pulso indefinible, que oscila entre la psicodelia y la electrónica, con cajas de ritmos, ruidos, teclados y pocas e inadvertidas guitarras. Algún tema parece salido de la BSO de Death Proof, otro le toma prestado el ritmo de algunos versos al tema Mr. Soul, de Neil Young (que apuesto a que no presenta demanda) y Cat Power asoma tímida por dos cortes. Si a la primera no entra, entonces desiste; si te deja algo aturdido, en la segunda oportunidad te gustará más.

Nota: 6/10

martes, julio 15, 2008

VOLUME ONE 147: LIFE DEATH LOVE AND FREEDOM (JOHN MELLENCAMP)

Hoy desembarca en las tiendas Mr. Mellencamp, el vaquero de Indiana con casi una veintena de discos a sus espaldas. El año pasado se marcaba una fantástica descarga rockera de fondo combativo con Freedom Road, ahora cambia de acera de manera inesperada, sin experimentos frustrantes como los de hace diez años con su álbum homónimo, sino con un retorno a una música que parece más enraizada en la tierra y un sonido más despejado y atmosférico. Live death love and freedom (Hear Music, 2008) suena sin parecerse en nada al trabajo anterior, ni siquiera al anterior, ni al anterior. Pero sigue siendo Mellencamp en puro estado bajo un abrigo de sonido que se encarga de tejer el productor T Bone Burnett.

Aún no me he detenido en las letras, que vuelven a tocar la patria y la guerra, la pareja y la fe, todo lo que abarca la amplitud que representan los vocablos del título. Es la música esta vez desnuda y profunda del veterano Johnny Cougar la que se te mete dentro sigilosamente (Jena, County fair, Troubled land, If I die sudden), pausada y bella pidiéndote que no tardes en volver a escucharla. Sólo My sweet love, el primer tema y el más flojo, sonará en las radios yanquis. No es una mala noticia.

Nota: 8/10

domingo, julio 13, 2008

GREATEST HITS 50: COLD COLD GROUND (TOM WAITS)

Hoy estuvo Tom por aquí, caminó el suelo de estas naciones, el que sus zapatos nunca habían pisado. Le llamé unas setenta veces y no me contestó. No importa, no le voy a guardar rencor. Lo quiero igual. Voy a imaginarme que yo también estuve allí, hace veintiún años o ahora mismo, no importa. Otros vecinos con más suerte me lo contarán.