lunes, agosto 06, 2018

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En mitad de la edad que marca el inicio y el final de las décadas. Entre juventudes tardías y madureces precoces. Más cansancio, menos vista. De madrugadas de festivales en tiendas de campaña con viajes espaciales a escapadas en familia al cobijo de una cabaña cerca de la playa. No estuvo nada mal, está bastante bien. Queda aún algo de energía si suben y bajan tus hombros cuando suenan los Black Keys, lejos de todo por un par de horas, en mitad de un pueblo en silencio que nos mantiene unidos.

GREATEST HITS 211: GOOD NEWS (AMY HELM)

Más que lo mucho que me gusta esta canción, me encanta la sensación de liberación y plenitud que se apodera del momento en que se interpreta en este vídeo, con un grupo de personas en comunión vocal e instrumental a través de un bosque. Amy Helm, a quien descubrí hace años como integrante de la magnífica banda Ollabelle, sacará pronto un nuevo álbum, pero el anterior, Didn’t it rain, de 2015, se lo pone difícil para superarlo. El tercer corte era Good news, algo que siempre agradecemos escuchar.

sábado, agosto 04, 2018

GREATEST HITS 210: STARDOG CHAMPION (MOTHER LOVE BONE)

Anoche esta canción sonó en un local, a miles de kilómetros y unas cuantas décadas de donde y cuando surgió, entre voces que suben y se apagan y recuerdos que entran y salen. Alguien se acordó de Andrew Wood y Mother Love Bone y la hizo sonar. Supera la prueba del tiempo. Los ojos cerrados y el reencuentro con nuestros otros yoes. El circo del rock no estaba hecho para Andy, o sí, pero enseguida descarriló. Tenía fuerza, voz, carácter y carisma, pero apenas control, y poco sentido común. Ni siquiera llegó a la edad maldita y se fue con 24 años. Ahí acabó también el grupo, con lógica, sin más razón de ser, y Jeff y Stone tomaron mejores direcciones. Dejaron un gran disco de muy buenas canciones.

lunes, julio 30, 2018

SOUNDTRACK 215: THE END OF THE F***ING WORLD


Una pareja a la huida, dos inadaptados, dos incomprendidos, violencia al margen de la ley. Con estos ingredientes se han armado películas, y algunas series, desde remotos tiempos (El demonio de las armas, Bonnie & Clyde, Malas tierras, Amor a quemarropa, Thelma & Louise…). Una variante reciente de este arranque argumental la ofrece la serie británica del año pasado The end of the f***ing world, ocho episodios de 20 minutos que parece que esperan ahora (ojalá) una segunda temporada. Una pequeña joya que retuerce los tópicos y sale airosa del riesgo de caer al vacío gracias a sus macabros planteamientos, una juguetona puesta en escena y unas gotas de desconcertante humor negro combinadas con inevitable ternura.

James (Alex Lawther), un adolescente solitario, siente la necesidad de matar a alguien. En su mundo cerrado irrumpe Alyssa (Jessica Barden), una chica agria e insolente de su misma edad, con la coraza dura y el corazón frágil, una víctima propicia para que el chico dé comienzo a su faceta criminal. Su encuentro, su escapada de entornos familiares en los que son ignorados, la ingenua atracción que uno siente por el otro, un sangriento asuntillo que los sitúa al margen de la ley y la peculiar indagación policial en su búsqueda van dando forma a una serie deliciosa.