sábado, abril 07, 2012

LIVE IN 123: LISA HANNIGAN AT SHAKESPEARE & COMPANY (PARIS, 2012)

Fue diferente a un concierto, mejor todavía. Media hora de ensueño. Éramos unos 80, en pie o sentados en el suelo, protegidos por estanterías de libros viejos sin apenas poder movernos. Olía a páginas y a tinta. En la planta baja de Shakespeare & Company, el Jardín del Edén de las librerías, a orillas del Sena, frente a Notre Dame, pero escondidos del resto de los humanos, reposando entre letras y palabras. Allí acarició Lisa Hannigan su guitarra, su mandolina, su ukelele. Seis canciones y Blue moon de propina. Un momento encantador. Verla cantar, hablar, reír, interpretar, me puso la piel de gallina. Sus dos discos son maravillosos, más ahora. La presentaron como una heredera de Joni Mitchell y Nina Simone… yo me atrevo a imaginarme de ella una unión entre el Rod Stewart más sentimental y una Joanna Newsom crecida. Si existe la magia, creo en ella.

martes, abril 03, 2012

CH CH CH CHANGES

No es mi género literario preferido, aunque de vez en cuando paseo la vista por las páginas de una biografía; musical, si la encuentro apetecible. He terminado de leer hace poco una que toma a David Bowie como objeto de exploración, análisis y una nada disimulada exaltación. Amando al extraterrestre, se titula, la firma Christopher Sandford. Tampoco Bowie es mi autor/músico/personaje favorito, y encuentro sobredimensionada su muy divulgada relevancia cultural y contracultural; sus vivencias al límite a lo largo de la década de los setenta, aderezadas con un obsceno consumo drogas y emociones al límite… pero evitemos juicios paralelos… Sin embargo, admiro la continua e inquieta transformación de Bowie, su inagotable de sed de cambio y experimentación, la huida del encasillamiento, el salto sin red sin importarle romperse los huesos en sus proyectos musicales. Algunos discos de Bowie me gustan (Ziggy Stardust, Young americans, Station to station, Let’s dance, Heathen, Reality), pero son más los que no me gustan.

Me voy por las ramas, vaya… quizá me sirva para darle ambiente a un desvarío apropiado en estos tiempos, invitaciones al cambio, a proyectos que enseñan sus piernas, rincones donde hacer descansar los libros, calles donde nadie entiende, números que gruñen como jeroglíficos, billetes de ida sin vuelta, amores sobre un pentagrama, rutas sobre las nubes, vidas que son recuerdos.

jueves, marzo 29, 2012

LIVE IN 122: MARK LANEGAN BAND (SANTIAGO, 2012)

Nos vemos otra vez, tres en tres años. Ahora nos miramos a los ojos, apenas un segundo en el tiempo en que firma discos y entradas después de la actuación. Se advierte su silencio, la reserva, la incomodidad de tener que estar presente y la profundidad de un aislamiento buscado. Son mis impresiones de Mark Lanegan, imponente en pie, sujeto a su micrófono, distante en la inmovilidad de su cuerpo en reposo e intenso introspectivamente cada vez que balancea sus hombros y mueve de un lado a otro el mentón de guerrero y muestra las grietas de su rostro. Hoy más humano que nunca en otra noche en la Capitol de Santiago, lo justo para agradecer tres veces, asentir con nuestros aplausos y despedirse con un buenas noches.


Descubrió su reciente Blues funeral (abrasadora Quiver syndrome, zigzagueante Grey goes black, envolventes Ode to sad disco y Harborview hospital). Mark y su cuarteto brillaron más reculando varios años hasta Whiskey for the holy ghost, hasta Field songs y I’ll take care of you. Reconocía las piezas escogidas de estos discos pero me confundía al ubicarlas de tan lejanas que tengo sus escuchas. Fueron gratos destellos, pinceladas de otro tiempo (One way street, Hit the city, Carry home, Creeping coastline of lights) a cargo de un tipo que me sigue intimidando, que me sigue entusiasmando, tan solo estando ahí.

domingo, marzo 25, 2012

LIVE IN 121: ROCK N ROLL

RNR, ¿y eso qué es?

Es Time waits… y Fingerprint… y es creer en ello, en algo que está ahí tan dentro de ti, cuando estás feliz y cuando te caes por completo. Hay una música y la letra de una canción, cualquiera, que es RNR para ti, y lo demás no importa nada, y a los demás que les den porque no importan nada, solo tú sabes lo que significa. Estar de pie sin caerse, y una melena que no deja de agitarse. La tuya o la que es tuya. RNR… and I like it!

viernes, marzo 23, 2012

CLOSED

Un día sí y otro también, como quien dice, tomaba su café con leche en el mismo sitio antes de entrar a trabajar. Leía los periódicos o hablaba con quien se encontraba haciendo tiempo hasta la hora de marchar. No recordaba cuánto tiempo llevaba abierto el lugar, ocho años, diez, por ahí. Al principio la barra estaba pegada a una pared, después derribaron el muro y el local se dividió en dos partes y la barra en forma de A, con un pequeño escenario de suelo de madera y una vieja pianola en lo alto de tres escalones al fondo de uno de los lados; del otro, las escaleras llevaban a los lavabos, desde donde antes de recogerse tras la puerta la panorámica era extensa y entrañable. Mucha gente pasó por allí: pintores, escritores, poetas, músicos, amigos, conocidos, camareras a las que no les quitó ojo durante una temporada, compañeros de profesión con los que compartía las alegrías y miserias de su trabajo, compañeras íntimas con las que se daba a conocer en el curso reconfortante de su relación. Allí se empapó de Van Morrison y completó su discografía, descubrió a Lizz Wright, una extraña grabación en directo le puso en la pista de Calexico. Hay una imagen del local colgada en la pared compuesta por fragmentos superpuestos de su interior, con detalles de la barra, los cuadros y fotografías, los techos o el mobiliario; no se ve más que a una persona irreconocible, es él de espaldas, sentado en una mesa mientras pasa las páginas de un periódico. Cerró al acabar la faena el sábado pasado. Aunque sigue ahí en pie y es posible que tenga nuevos dueños, ya nada será lo mismo… mientras bajan las verjas, el centro de la ciudad se vacía y su pulso se va haciendo cada día más débil.

SOUNDTRACK 115: LIFE’S TOO SHORT

Una rendija de esperanza se abre en el último minuto de la serie Life’s too short, creación descarnada y nada compasiva de ese dúo letal de humoristas que forman Ricky Gervais y Stephen Merchant. Antes, a lo largo de sus siete capítulos la desesperación por recuperar la fama o el reconocimiento, la envidia, el vicio de la popularidad, la falsedad, el desprecio y los prejuicios han hecho gala de toda su crudeza. Y Life’s too short es una comedia, o al menos consigue que te rías, pero que te rías sintiendo pena o dolor… porque en el fondo es un tremendo drama que convierte lo patético en cómico. Y eso me parece una genialidad.

El protagonista es el inmenso enano Warwick Davis, y no es una gracia cruel, para crueldad la que los propios autores de la serie exhiben con su personaje. El entrañable Willow se interpreta a sí mismo, aunque añadiendo ribetes de ficción a su tan cercano personaje: Gervais y Merchant, que también aparecen brevemente en cada uno de los episodios como ellos mismos y no muy bien retratados, dibujan a Davis como un actor caído en el olvido al frente de una empresa unipersonal que contrata enanos para series y películas, empeñado en recuperar el éxito a toda costa pese a que nadie es capaz de reconocerlo. Es mentiroso, celoso, hipócrita, mezquino, zafio y manipulador. Nada bueno le puede ocurrir, ni lo merece, pero despierta en el espectador una tierna misericordia.

Como en la también fantástica serie Extras, desfilan por los capítulos de Life’s too short celebridades británicas y norteamericanas del cine, la música y la televisión riéndose de sí mismas (Johnny Depp, Sting, Helena Bonham Carter, Liam Neeson), distorsionando la imagen que nos creamos de las estrellas de la pantalla y convirtiéndose en sujetos despreciables. Los ingredientes reales y ficticios de esta serie componen un retrato perverso de la fama y el sello inequívoco de sus creadores la tiñe de una brutalidad desternillante.

lunes, marzo 19, 2012

VOLUME ONE 259: A SOLITARY MAN (JONATHAN JEREMIAH)

No me cuesta alinearme con algún gurú de la prensa musical nacional para rendirme al encanto instantáneo que brota de las canciones de Jonathan Jeremiah en su primer trabajo, A solitary man (Universal, 2011). Como ellos (Diego, Julián), entiendo el entusiasmo nostálgico que les ha causado este joven londinense con voz de barítono, aspecto desgarbado y música intemporal, de finos vientos orquestales, R&B ligero con inclinación folk enmarcado allá por aquellos finales años sesenta. Aire de otro tiempo, impensable en estos días, por ello inesperada y milagrosamente hermoso.


Tres veces en la mitad de este día me he inyectado este disco. Escuchando A solitary man, se viaja unas cuantas décadas atrás para recorrer escenarios y ambientes que el recuerdo de películas americanas que vimos hace tiempo y la ensoñación de nuestra naturaleza nos devuelve casi palpables: fotogramas de Nueva York al amanecer, San Francisco en una noche de verano, pequeños apartamentos, parejas de casualidad; las obras de Neil Simon, John y Mary, Cualquier día en cualquier esquina, El próximo año a la misma hora; Dustin Hoffman, Mia Farrow, Jane Fonda, Jack Lemmon, Barbra Streisand, Shirley MacLaine. ¿Y el chico, este Jonathan? Pues cierra los ojos y piensa en Cat Stevens, Nick Drake o Ray Lamontagne. Comprúebalo.


Nota: 8/10


viernes, marzo 16, 2012

BOOTLEG SERIES 23: ONE FAST MOVE OR I’M GONE: MUSIC FROM KEROUAC’S BIG SUR (JAY FARRAR & BENJAMIN GIBBARD)

Jay Farrar y Ben Gibbard me conducen a Jack Kerouac. Música americana y literatura made in USA, páginas sobre el asfalto. La partitura la escriben los vocalistas de Son Volt y Death Cab for Cutie (más próxima a la atmosférica obra del primero que del segundo), quienes dan voz al documental One fast move or I’m gone: Kerouac’s Big Sur, que explora la gestación de Big Sur, novela del estandarte de la generación beat cinco años después de su obra angular, On the road. Me interesa el documental, como también, aunque con más reservas, la adaptación cinematográfica de la célebre novela que acaba de filmar Walter Salles.


El caso es que One fast move… Music from Kerouac’s… lleva la firma de Farrar y Gibbard. Juntaron fuerzas hace tres años adaptando textos del escritor para ajustarlos en el cuerpo de una docena de canciones, y les salió un disco ‘americana’ de carretera con el sonido que más hondo escarba en el corazón acústico de esta variante de género musical americano. Sobrio y cálido al mismo tiempo, distante y melancólico, invita a encender el motor y perderse.

lunes, marzo 12, 2012

SOUNDTRACK 114: SODERBERGH


Aplaudo a los culos inquietos del cine, autores preocupados por tocar varios palos (no siempre con igual fortuna, pero eso es otro cantar) sin necesidad de ajustarse a la rigidez de un estilo reconocible, asentados en un régimen de libertad temática y comodidad presupuestaria. Steven Soderbergh, como Michael Winterbottom, es uno de esos directores de cine incontinentes, al que, pese a sus errores (alguno monumental, véase Full frontal o The girlfriend experience), se le debe agradecer la variedad de su propuesta y su inquietud narrativa. Al revisar su versátil, siempre curiosa y a ratos esquiva filmografía me encuentro con que hay unas cuantas películas que me producen indiferencia (experimentos insípidos como ¡El soplón! o productos fallidos como El buen alemán o Solaris), pero también hay obras brillantes, sugerentes y entretenidas, como la trilogía de Ocean (11, 12, 13), Che. El argentino, Un romance muy peligroso, El halcón inglés, Erin Brockovich o Traffic.


(Dicen que) Steven Soderbergh confesó hace poco que cuando termine los proyectos que tiene entre manos se va a retirar del cine por cansancio y falta de motivación. Me sorprendería, y al mismo tiempo me entristecería, que tomase este camino después de sus dos últimas películas, excelentes trabajos como Contagio e Indomable, desde luego intrascendentes, pero a la vez hábiles en su estructura, tensos cada uno a su manera, a modo de documental ambicioso el primero y como la actualización de un spaghetti western con agentes secretos y matones a sueldo en el segundo. La frescura natural en la dirección, hacer sencillo lo complejo, es precisamente lo que más lamentaría de una hipotética retirada de Sodebergh (del mejor Soderbergh, quiero decir), hábil director para cualquier terreno que fotografía y monta sus propias películas y que de vez en cuando acude a músicos tan atractivos como Cliff Martinez o David Holmes.


Si hubiera que recoger firmas para animar a este autor a seguir dirigiendo películas en caso de querer retirarse, yo estamparía la mía.

VOLUME ONE 258: WRECKING BALL (BRUCE SPRINGSTEEN)

Ok boss, aquí seguimos de nuevo. De Wrecking ball (Columbia, 2012) me gustan varias cosas, y no me disgusta casi ninguna. Tenía que ser fácil mejorar el disco anterior, Working on a dream (qué pobreza, qué cansancio), y Wrecking ball es un respiro, un tentempié. Me gusta, y mucho, su alegría, lo mucho que trae al presente The Seeger Sessions o algunos trazos de The rising. La épica de Wrecking ball, Land of hope and dreams, subir y bajar siempre con el aliento en un puño con Easy Money o This depression. Me gusta que suene desde el cielo el saxo de Clarence. Me gustan menos algunos coros de más, ese demasiado buen rollo de poner buena cara a la adversidad. Es un disco de Bruce Springsteen, cambia el productor y no aparece toda la E Street Band, pero no cambia el sonido ni el poder de la voz, el músculo de la música. Y lo escucharé tres, cuatro y cinco veces estas semanas porque mi cuerpo siempre lo agradece. Es Bruce. Vale jefe, tú mandas.


Nota: 8/10

martes, marzo 06, 2012

LIVE IN 120: BIG

Hoy Bruce me ha hecho llorar. Esas lágrimas celosas que alumbran en la noche o en la oscuridad de un cine, que asoman sin cruzar la puerta y se retiran sin hacer ruido. Y no ha sido por Bobby Jean, Born to run, Spirit in the night o The promised land. Ha sido por esto:


“Cuando estábamos juntos éramos cojonudos, cualquier noche, sobre cualquier césped, de los mejores del planeta. Estábamos unidos, éramos fuertes, éramos honrados, éramos inamovibles, éramos divertidos, sensibleros como el demonio y tan serios como la muerte misma. E íbamos a tu ciudad a hacerte agitar y a despertarte. Juntos, contamos una vieja y rica historia sobre las posibilidades de la amistad que trasciende a aquello de lo que había escrito en mis canciones y en mi música. Clarence lo llevaba en su corazón. Era una historia donde el motorista y el tipo grande no solo rompían la ciudad en dos, también la pateaban y la reconstruían, convirtiéndola en la clase de lugar donde nuestra amistad no sería una anomalía… Echaré de menos a mi amigo, su saxo, y la fuerza de la naturaleza que era su sonido. Pero su amor y su historia, la historia que me dio a mí, esa que susurra en mi oído, y la historia que te dio a ti, va a continuar… Clarence era grande, y él me hizo sentir, pensar, amar y soñar a lo grande. ¿Cómo de grande era el tipo grande? Joder, demasiado grande para morir, puedes escribirlo en su lápida, puedes tatuarlo sobre tu corazón… Clarence no se fue de la E Street Band cuando murió. Él se irá cuando nosotros hayamos muerto”.

sábado, marzo 03, 2012

VOLUME ONE 257: MARAQOPA (DAMIEN JURADO)

Tipo atractivo Damien Jurado. Lo visito cuando, sin avisar, aparece un nuevo trabajo suyo (aunque no suelo repasarlo), y ya van doce desde 1997. Le seguí la pista a partir del octavo álbum, en 2005; di algún paso atrás para comprobar capítulos previos y luego siempre me interesó cada nueva entrega de este autor de aspecto reservado y opaco de Seattle. Son todos discos acertados y contienen rizos y secretos sugerentes. Maraqopa (Secretly Canadian, 2012) cumple con esa corriente y más, se engancha en el oído por los espacios atmosféricos que crea, y su único defecto es que sus 36 minutos se hacen demasiado cortos. Porque todo su contenido enlaza a Neil Young con Jonathan Wilson, a My Morning Jacket con los erráticos Fleet Foxes. El material confirma que Damien asienta su propio clima y la esencia libre y ensoñadora que cubre todas las canciones enriquece su talento. Magnífico pese a consumirse tan rápido.


Nota: 8/10

martes, febrero 28, 2012

SOBRE LOS RAÍLES (SHELTER FROM THE STORM)

El tren no es de alta velocidad, se frena cada poco tiempo y tiene que volver a tomar carrerilla para mantenerse sobre los raíles, así varias veces, sin llegar nunca a un destino sino regresando a las mismas estaciones, con billete de ida y vuelta a través de las rutas que ya conoce, sin saber donde se pone en marcha ni donde se detiene, sin revisores en los vagones, sin coches-cama en los compartimentos, la ventana cerrada, libros sobre las rodillas, diarios abiertos, miradas perdidas, cadenas invisibles. Este es un lugar siempre cálido y seguro, entra, dijo ella, un refugio para la tormenta.

martes, febrero 21, 2012

LIVE IN 119: BRUCE

(Walking) Bruce (in a sunny day)



To be continued…

SOUNDTRACK 113: CHARLIZE Y LA MADUREZ

En ocasiones una película pequeña, de apariencia tierna, inofensiva o incluso insignificante guarda cientos de virtudes grandes, interrogantes respondidos y disimuladas pero profundas reflexiones. Como Young adult.

La madurez… bueno, a saber qué será. ¿Dejar de comportarte como un crío? ¿Asumir que todo cambia? ¿Mirar de frente? ¿Caminar en línea recta? ¿Saber quién eres? ¿Saber qué quieres?

Charlize… con el ceño fruncido, arrastrada y distante, bebida y estúpida, sobria e hija de perra o perdida en medio de ningún momento es una irresistible perversión… y cuando se levanta y se ilumina, camina erguida y se embellece todavía más o sonríe porque descubre sus
debilidades es el ángel de nuestras tentaciones.

sábado, febrero 18, 2012

LIVE IN 118: LIVE THE MUSIC

La música… parte de nuestra vida. El momento es distinto, sí, pero en el fondo nada cambia.

Desde hace tiempo –comento con personas cercanas– hemos cambiado el modo de escuchar música, las canciones de siempre, los discos que más nos gustan o los nuevos que, por poderosas o no tan necesarias razones, nos interesan. Venimos a concluir que a
ntes nos tomábamos nuestro tiempo, tumbados en la cama o en el sofá, en navegar por los surcos de cada vinilo o a largo de los segundos de cada cd, en leer de cabo a rabo el libreto con los créditos y las letras de las canciones, pinchábamos una y otra vez el disco que más disfrutábamos y poníamos toda nuestra concentración en aprendernos cómo los instrumentos y las voces alcanzaban los mejores instantes y nos transmitían su emoción o en encontrarle nuevos detalles a cada tema. Ahora, en cambio, nos cuesta disponer de un momento lo suficientemente largo y plenamente tranquilo como para volcarnos en el minutaje completo de un disco y ya no tenemos tanto a mano una cama o un sofá para echarnos apaciblemente, sino que con mucha más frecuencia nos valemos del equipo del coche o el reproductor de mp3 camino del trabajo o mientras nos lleva el autobús a alguna parte, perdiendo aquellos detalles entonces tan diáfanos y ahora tan dispersos.

Los nuevos soportes, el contexto en que podemos cederle un poco de atención penetrante a la música, además de la acumulación
de deberes o actividades y las prisas y urgencias que nos presentan las ocupaciones diarias condicionan de un modo que antes parecía no tener cabida, la íntima relación que guardamos con la música. Pese a ello, somos unos cuantos los que nos resistimos, con la aparición de un nuevo gran disco, de una voz viva, el lloro o jolgorio de una guitara, unos coros entregados… a perder esa química, una relación sentimental inquebrantable que nos llevará unidos al fin de nuestros días.

miércoles, febrero 15, 2012

GREATEST HITS 125: WINDOWS ARE ROLLED DOWN (AMOS LEE)

Ahí está, sin decirme nada especial, nada distinto, o como si no estuviera. Ni frío ni calor, ni mal ni bien. Pero a veces no puedes evitar prestarle más atención, porque escuchas algunas de sus canciones sin proponértelo. Se comparten gustos, está permitido. Esta canción, por ejemplo, me asaltó hace un año en Londres, creo que en un autobús, volviendo de las afueras hacia el corazón de la ciudad. Y me gustó tanto que la guardé. Ayer la escuché de nuevo sin que perdiera su chispa de libertad, animándome a correr sin mirar atrás con las ventanillas bajadas y el viento en el rostro.

sábado, febrero 11, 2012

NICE DAY

El día es hermoso. Si no fuera porque las bufandas cubren la mitad de los rostros de quienes se cruzan conmigo en la calle y porque apenas un par de perros y sus dueños pasean por la playa después de comer, diría que el verano acaricia este día luminoso y pacífico. Brillan las fachadas y el mar está en silencio, azul intenso, salvaje. No me toca trabajar. Paseo con mi perro. Escucho música. Leo. Pienso a gusto el tiempo que quiero. Escribo. Y veo, recorro, me sumerjo, me emociono hasta el último rincón de las tripas y cabalgo con la historia de un caballo. Y de nuevo en la luz, con el sol encima y el frío dentro, me digo otra vez que el cine, el cine, es maravilloso. Thanks S.S.

lunes, febrero 06, 2012

VOLUME ONE 256: BLUES FUNERAL (MARK LANEGAN BAND)

Blues funeral (4AD, 2012) tiene un poco de Lanegan en casi todas sus facetas: hay restos de Screaming trees (Riot in my house), la espesura ambiental de Twilight Singers (St. Louis elegy), el inquietante alfombrado de Queens of the Stone Age (Quiver syndrome), las climáticas huellas de sus aventuras paisajísticas junto a Isobel Campbell (Bleeding muddy water), los retablos electrónicos de Soulsavers (Gray goes black)… y como añadido cuando menos desconcertante al principio pero en absoluto sorprendente, latigazos rítmicos de prosa bailable (Ode to sad disco). El conjunto de todo ello responde a una incuestionable coherencia, pese al impacto de los cortes más atrevidos. Mark Lanegan regresa solo pero con banda, donde, como era de sospechar, amigos suyos (Josh Homme, Greg Dulli) se alían para salir triunfantes.


Nota: 8/10

jueves, febrero 02, 2012

VOLUME ONE 255: OLD IDEAS (LEONARD COHEN)

Leonard Cohen no me convence. Vaya por delante que paso casi de incógnito, aunque no de puntillas, por su obra y no me detengo apenas a navegar por la fisonomía de sus elogiadas letras. Me distancia de él la aureola mística que lo envuelve, una pose e imagen de autor reverenciado que lo ha acompañado siempre y le ha otorgado un engrandecido respeto en los vastos terrenos de la comunidad musical. Old ideas (Columbia, 2012) es su último álbum. Más Cohen fiel a sí mismo, apegado a su figura espiritual de poeta del amor, la muerte y la búsqueda de identidad por los retorcidos caminos del interior.


En cambio, debo admitir en este caso que Cohen, con su nuevo trabajo, me satisface más que con los anteriores, ya ensombrecidos casi todos por el olvido. No faltan esas voces femeninas tan incrustadas en su estilo que parecen inherentes a la gravedad elitista de su discurso. La música de Old ideas se digiere al calor de la chimenea, en el crepúsculo del alma, en momentos de desconexión donde la voz y el murmullo del autor son tan turbadores como calmantes. Algunos ribetes blues en piezas como Darkness, Come healing o Different sides hacen este disco mucho más placentero que el más encumbrado de los trabajos de Leonard Cohen.


Nota: 7/10