Cierro los ojos y me veo entre la multitud. Me siento dentro de una esfera infranqueable y la música es mi aire. Río y lloro por igual, abrazo a mi amor. ¿Qué más puedo pedir? Felicidades. Yo seguiré a tu lado.
Hoy, si tengo tiempo, pincharé este programa: Spirit in the night, Incident on 57th street, Jungleland, Prove it all night, Stolen car, Atlantic City, Downbound train, Two faces, I wish I were blind, If I should fall behind, Youngstown, Further on (up the road), Maria's bed, Terry's song, The wrestler, Wrecking ball, High hopes, The wayfarer... y nos iremos al río y en él nos sumergiremos.
lunes, septiembre 23, 2019
viernes, septiembre 20, 2019
VOLUME ONE 509: MA (DEVENDRA BANHART)
En música, me atrae la indefinición: no saber con lo que te puedes encontrar, desde vanguardia osada a vueltas de tuerca a los géneros tradicionales. Los artistas sin etiquetas a las que ajustarse, sin estilos delimitados ni de fácil suscripción, en algún momento firman una obra fiel a su carácter inquieto y explorador que sobresale entre su discografía. Creo que lo acaba de hacer Devendra Banhart con Ma (Nonesuch, 2019), su trabajo más completo y satisfactorio, un álbum verdaderamente bello.
Este hombre, una de esas almas de artista libre e impredecible a caballo entre culturas (al que las revistas ubicaron hace una década bajo el paraguas de una corriente fugaz denominada freak folk), me suele dejar frío. Hay hallazgos en sus obras y uno o dos buenos temas por entrega, pero ninguna deja eco. Ma, en cambio, es un disco cálido, de sonidos finos y elegantes arreglos, cantado en inglés y en castellano, para descansar y desconectar. Con composiciones de apariencia frágil pero muy bien trazadas que oscilan entre suave folk de fragancia latina y recogido pop de tranquilas armonías (o no), siempre con la voz mansa del autor. No sé bien lo que exprime Devendra, y no me importa. Este disco (y canciones como Ami, Abre las manos o Memorial, donde parece Leonard Cohen quien recita) me gusta mucho.
Nota: 8/10
Este hombre, una de esas almas de artista libre e impredecible a caballo entre culturas (al que las revistas ubicaron hace una década bajo el paraguas de una corriente fugaz denominada freak folk), me suele dejar frío. Hay hallazgos en sus obras y uno o dos buenos temas por entrega, pero ninguna deja eco. Ma, en cambio, es un disco cálido, de sonidos finos y elegantes arreglos, cantado en inglés y en castellano, para descansar y desconectar. Con composiciones de apariencia frágil pero muy bien trazadas que oscilan entre suave folk de fragancia latina y recogido pop de tranquilas armonías (o no), siempre con la voz mansa del autor. No sé bien lo que exprime Devendra, y no me importa. Este disco (y canciones como Ami, Abre las manos o Memorial, donde parece Leonard Cohen quien recita) me gusta mucho.
Nota: 8/10
martes, septiembre 17, 2019
SOUNDTRACK 237: WILD ROSE
Cine y música en comunión. Los sueños dorados, la realidad oxidada. Un idea estimable, un guión cojo, una actriz (y cantante) excelente. Wild Rose.
Rose-Lynne Harlan ama la música country. "Tres acordes y una verdad", reza el tatuaje de su brazo, que toma prestada las palabras del compositor Harlan Howard para sintetizar el alma de country. Pero Rose no nació ni vive en Nashville, sino en Glasgow. Acaba de salir de la cárcel y debe cuidar de sus dos hijos pequeños, que en el último año han estado al cargo de su madre. De nuevo en libertad, Rose-Lynne quiere cumplir sus sueños: cantar, grabar, convertirse en una artista de la música country... sin dinero, como único soporte de sus hijos, sin banda, a caballo de sus impulsos, no siempre convenientes. Porque Rose es un torbellino, una inconformista cuyos sueños chocan con las barreras de su vida, cubierta por el asfalto y la lluvia, sin mullidas alfombras sobre las que caminar.
Si por algo puede guardarse en el recuerdo Wild Rose es por la magnífica presencia de Jessie Buckley, cantante y actriz irlandesa que hace funcionar el film y compensa sus debilidades (argumento esquemático, secundarios simples, buenismo de manual). Cuando Jessie canta, sola o con grupo, baladas tristes y canciones festivas, luce la pasión que su personaje entrega a la música que ama y el poderío emocional de su intérprete. Lo demás, poca cosa.
Rose-Lynne Harlan ama la música country. "Tres acordes y una verdad", reza el tatuaje de su brazo, que toma prestada las palabras del compositor Harlan Howard para sintetizar el alma de country. Pero Rose no nació ni vive en Nashville, sino en Glasgow. Acaba de salir de la cárcel y debe cuidar de sus dos hijos pequeños, que en el último año han estado al cargo de su madre. De nuevo en libertad, Rose-Lynne quiere cumplir sus sueños: cantar, grabar, convertirse en una artista de la música country... sin dinero, como único soporte de sus hijos, sin banda, a caballo de sus impulsos, no siempre convenientes. Porque Rose es un torbellino, una inconformista cuyos sueños chocan con las barreras de su vida, cubierta por el asfalto y la lluvia, sin mullidas alfombras sobre las que caminar.
Si por algo puede guardarse en el recuerdo Wild Rose es por la magnífica presencia de Jessie Buckley, cantante y actriz irlandesa que hace funcionar el film y compensa sus debilidades (argumento esquemático, secundarios simples, buenismo de manual). Cuando Jessie canta, sola o con grupo, baladas tristes y canciones festivas, luce la pasión que su personaje entrega a la música que ama y el poderío emocional de su intérprete. Lo demás, poca cosa.
sábado, septiembre 14, 2019
BONUS TRACK 211: NEVER A DULL MOMENT (ROD STEWART)
Qué juergas montaban entonces Rod y sus colegas. Es fácil imaginarlas solo con detenerse en esta foto, cual coda de una noche sin final que enlaza con el alba con la resaca a lomos del horizonte (Ian McLagan y Kenny Jones, apunta un crédito escrito en vertical sobre uno de los postes de la portería, prefirieron quedarse en la cama aquella mañana). Ni un momento para el aburrimiento, reza el título del cuarto disco de Rod Stewart; en absoluto, con semejante tropa. Never a dull moment (1972) sucede al fabuloso Every picture tells a story, lo cual se entiende al contrastar canciones hermanadas; una continuación no oficial más rockera y granuja, podríamos decir. Me encantan las primeras obras de Rod, porque se fusionan y confunden con las de los Faces en los mismos años, porque entre el plantel más numeroso estaban Ian, Kenny y los dos Ronnie. Y Rod se excita en temas propios como True blue o versiones escalofriantes como I'd rather go blind. Añoranza (otra) de los tiempos que nunca volverán.
VOLUME ONE 508: UP AND ROLLING (NORTH MISSISSIPPI ALLSTARS)
Creo que esta banda ya veterana nunca había tenido entrada en este blog. No será por su calidad ni por su trayectoria intachables, con el mando armonioso de los hermanos Dickinson; quizá sea porque sus virtudes nunca han conseguido desatarme mientras los escuchaba. Algo de frialdad transmite su oficio, diría. Nunca es tarde para ser invitados al elogio de uno de sus trabajos, el más reciente, Up and Rolling (New West, 2019), que justo en este momento me ha sentado de maravilla.
Me gusta la historia que hay detrás de este disco: un amigo de los Dickinson encontró un carrete de fotos que había tomado con ellos un domingo de 1996 en el norte de Mississippi; los hermanos volvieron a ver aquellas imágenes que creían perdidas y en torno a ellas y sus recuerdos desde entonces, poco antes de que publicasen su primer disco, han grabado su duodécimo álbum. Mavis Staples y Jason Isbell intervienen como invitados. El álbum se digiere con placer, con blues, folk y rock bien aliñados, en el punto adecuado para que Luther Dickinson exhiba su docencia en las cuerdas, con alguna brisa que revive a otros hermanos, los Allman, pero con cierta monotonía en su conjunto.
Nota: 7/10
Me gusta la historia que hay detrás de este disco: un amigo de los Dickinson encontró un carrete de fotos que había tomado con ellos un domingo de 1996 en el norte de Mississippi; los hermanos volvieron a ver aquellas imágenes que creían perdidas y en torno a ellas y sus recuerdos desde entonces, poco antes de que publicasen su primer disco, han grabado su duodécimo álbum. Mavis Staples y Jason Isbell intervienen como invitados. El álbum se digiere con placer, con blues, folk y rock bien aliñados, en el punto adecuado para que Luther Dickinson exhiba su docencia en las cuerdas, con alguna brisa que revive a otros hermanos, los Allman, pero con cierta monotonía en su conjunto.
Nota: 7/10
martes, septiembre 10, 2019
VOLUME TWO 97: LANA Y EL PLOMO
El plomo es un metal cuya característica principal, la pesadez, se puede aplicar a las acciones humanas. Lo plomizo cansa o aburre, no suele ganar adeptos y sí detractores. Se me ocurren unos cuantos músicos cargantes como el plomo de verdad (cada uno tendremos a nuestros preferidos, seguro); el último, la última, en dolerme por el peso que siento encima al escucharla es Lana del Rey.
Ojo, su música no llega a disgustarme, pero los discos que le he escuchado no aguantan dos canciones; el último, por ejemplo, NFR!, tienes dos excelentes, nada más. Su estilo, esa tristeza somnolienta con la que canta y el humo espeso que la envuelve, crean una atmósfera irreal, de ensueño, que encuentro repetitiva. Ella crea en estado ausente, adormecida entre nubes sin alma.
Leo que Lana empezó desde abajo, con humildes inquietudes, y que, gracias a las ventajas que la era digital proporciona a la difusión creativa (y, por vicio, a cualquier estupidez humana), su música se empezó a oír antes en Youtube que en las emisoras de radio o en los sellos discográficos. Eso vendría después, claro (y temas en películas y series de televisión y colaboraciones como invitada en otros discos de gente cool), con el inteligente oportunismo de los medios y los agentes para convertir a Lana del Rey (nacida Elizabeth Woolridge Grant) en una figura, una imagen, un nombre, una idea. Es ahí, en esa creación, en donde veo a esta intérprete como un producto tan artificial como su rostro plastificado, con más aura de misterio y fría lejanía sobre sus hombros que autenticidad en sus genes.
Ojo, su música no llega a disgustarme, pero los discos que le he escuchado no aguantan dos canciones; el último, por ejemplo, NFR!, tienes dos excelentes, nada más. Su estilo, esa tristeza somnolienta con la que canta y el humo espeso que la envuelve, crean una atmósfera irreal, de ensueño, que encuentro repetitiva. Ella crea en estado ausente, adormecida entre nubes sin alma.
Leo que Lana empezó desde abajo, con humildes inquietudes, y que, gracias a las ventajas que la era digital proporciona a la difusión creativa (y, por vicio, a cualquier estupidez humana), su música se empezó a oír antes en Youtube que en las emisoras de radio o en los sellos discográficos. Eso vendría después, claro (y temas en películas y series de televisión y colaboraciones como invitada en otros discos de gente cool), con el inteligente oportunismo de los medios y los agentes para convertir a Lana del Rey (nacida Elizabeth Woolridge Grant) en una figura, una imagen, un nombre, una idea. Es ahí, en esa creación, en donde veo a esta intérprete como un producto tan artificial como su rostro plastificado, con más aura de misterio y fría lejanía sobre sus hombros que autenticidad en sus genes.
domingo, septiembre 08, 2019
BONUS TRACK 210: BLACKBERRY BELLE (THE TWILIGHT SINGERS)
Ejercen aún en mí un hechizo extraño, entre lo turbio y lo fascinante, los Twilight Singers de Greg Dulli. Quizá el grupo, ahora que hace unos pocos años se reunieron los Afghan Whigs, haya dejado de existir, o quizá reaparezca si Dulli le da otra vuelta más a sus andanzas musicales. Es curioso, transmiten un aire temeroso que me atrae. Ya tenían un tiempo de rodaje antes de Blackberry Belle (2003), su segundo álbum, cuando los Whigs parecían ya enterrados para siempre. El líder de la formación mantenía con su nuevo equipo ese fondo de alma soulera que le caracteriza, aunque le otorgaba unas atmósferas nuevas más ruidosas y apagadas, menos cercanas. Los sonidos de este disco parecen nacer de noches agitadas y amaneceres resacosos (Lanegan ya era colega). Se aprietan para entrar en el oyente y de alguna forma (a mí me pasa) lo liberan. En canciones como Martin Eden, Teenage Wristband, Decatur St. o Feathers.
viernes, septiembre 06, 2019
BOOTLEG SERIES 78: AMEN DUNES
Pocas veces he tenido el impulso de llevarme de una tienda de discos el álbum desconocido que estaba sonando en el momento en el que yo estaba en el lugar. Tiene que darse una mezcla de flechazo, intuición y confianza para que me decida a comprar eso impactante y novedoso que está llegando a mis oídos. Algo de eso se dio en Tower Records de Dublin mientras caminaba entre las estanterías y ya le había echado el lazo a cuatro discos. De fondo sonaba un tipo así como nervioso, pero seguro de voz y tono, con un aire siniestro e inquietante que me recordó, a quién más, a Kevin Morby. Vaya. Amen Dunes, me dice una aplicación inteligente de mi teléfono. No veo ningún ejemplar en la tienda. ¿Tenéis lo que está sonando?, pregunto. Tenemos una copia, la que oyes, me dice una chica. ¿Te la llevas? Venga.
Bajo este nombre se esconde Damon McMahon, estadounidense, con proyectos desde 2006, experimentador de sonidos y composiciones. Llego a él con Freedom, de 2018, su álbum más reciente, en el que (dicen las reseñas) suena más limpio y refinado, más asequible. No puedo comparar trabajos, pero sí confirmar ese aura esquiva de misterio que fluye de su música, con vapor espeso como para llevarme por viajes de sensaciones húmedas.
Bajo este nombre se esconde Damon McMahon, estadounidense, con proyectos desde 2006, experimentador de sonidos y composiciones. Llego a él con Freedom, de 2018, su álbum más reciente, en el que (dicen las reseñas) suena más limpio y refinado, más asequible. No puedo comparar trabajos, pero sí confirmar ese aura esquiva de misterio que fluye de su música, con vapor espeso como para llevarme por viajes de sensaciones húmedas.
miércoles, septiembre 04, 2019
VOLUME ONE 507: THREADS (SHERYL CROW)
Empecemos por lo malo de este disco, que en el fondo no está mal, pero... ¿Tiene ya ganas Sheryl Crow de retirarse, con 57 años? (Joan Baez lo acaba de hacer con 76 y Mavis Staples sigue en la brecha con 80) Debe ser que sí, por eso anunció que Threads (Valory, 2019) será su último álbum. En la despedida ha querido rodearse de un buen número de amigos y amigas (de los que siempre ha tenido la suerte de presumir) para interpretar duetos o recuperarlos. La fórmula, en mi opinión, le ha salido atractiva pero espesa, larga (17 canciones, 75 minutos), sin mucho criterio en la sucesión de cortes, con tendencia a la pesadez del nunca acabar en un gesto generoso por querer invitar a figuras del rock, el pop, el blues, el soul y el indie americanos.
Hay encuentros que funcionan y otros que no, aunque tengan tanto peso socios escogidos como Eric Clapton, Sting, James Taylor, Emmylou Harris o Keith Richards. Tampoco son gran cosa los temas con Vince Gill y Joe Walsh. Haber reducido su adiós (ya volverá Sheryl a ser parte de futuros duetos, seguro) a una decena o docena de cortes habría resultado más satisfactorio. Las canciones con Stevie Nicks y Maren Morris, Bonnie Raitt y Mavis Staples, Lukas Nelson, Jason Isbell, Kris Kristofferson, Johnny Cash, Willie Nelson, Chris Stapleton e, sorprendentemente, con St. Vincent, Lucius y Chuck D y Gary Clark Jr., sí hacen meritoria la despedida.
Nota: 6,5/10
Hay encuentros que funcionan y otros que no, aunque tengan tanto peso socios escogidos como Eric Clapton, Sting, James Taylor, Emmylou Harris o Keith Richards. Tampoco son gran cosa los temas con Vince Gill y Joe Walsh. Haber reducido su adiós (ya volverá Sheryl a ser parte de futuros duetos, seguro) a una decena o docena de cortes habría resultado más satisfactorio. Las canciones con Stevie Nicks y Maren Morris, Bonnie Raitt y Mavis Staples, Lukas Nelson, Jason Isbell, Kris Kristofferson, Johnny Cash, Willie Nelson, Chris Stapleton e, sorprendentemente, con St. Vincent, Lucius y Chuck D y Gary Clark Jr., sí hacen meritoria la despedida.
Nota: 6,5/10
martes, septiembre 03, 2019
BOOTLEG SERIES 77: LIZZIE NO
Lizzie No se mueve por Brooklyn y ha ganado un concurso nacional de composición, American Songwriting Lyric Contest. Son datos, no garantías. Es lo poco que sé (quizá no deba saber nada más) de esta joven que enseguida me ha cautivado. Lo ha hecho con Vanity, su segundo álbum, de este año. Compone, canta y toca la guitarra y el arpa. Sin florituras pero con vigor, con severa seguridad, en canciones que esconden más que enseñan, que ganan y crecen desde su arranque hasta la culminación. No sabría encasillarla, no le hace falta. Quien lo desee, que pruebe. Y disfrute.
domingo, septiembre 01, 2019
SOUNDTRACK 236: DERRY GIRLS
Nos hace falta quitarle miga al asunto para mirar al frente con seguridad, con la justa despreocupación como para asumir que en la vida se han cometido y se siguen cometiendo locuras sin sentido, y que lo que más importa es sobrevivir. La ficción nos ayuda a desdramatizar, y en ese empeño por descargar de dolor las tragedias, hay comedias que aportan convenientes bálsamos. Derry Girls vale. "Una Derry girl es un estado de ánimo, una forma de vida", le dice Michelle, norirlandesa, a su primo James, inglés, para convencerle de que no se aleje de su grupo de amigas y no regrese a su país al final de la segunda temporada de esta simpática serie de Irlanda del Norte.
El conflicto del país, el terrosismo, la división entre católicos y protestantes, enfila su final. Estamos en los años noventa y cuatro chicas de Derry maduran y encaran esa supervivencia en un entorno insano con sus propios conflictos, alejados de la crisis de convivencia y centrados en sus propios deseos de sexo y diversión, en sus búsquedas de identidad entre familias en permanente estado de enfado. El tono ácido, el enfoque distentido y el guión costumbrista, apoyado en un estimable quinteto de jóvenes actores y actrices y eficientes secundarios veteranos y en situaciones desmadradas resueltas con entusiasta convicción, elevan esta serie por encima de las comedias del montón plagadas de lugares comunes.
El conflicto del país, el terrosismo, la división entre católicos y protestantes, enfila su final. Estamos en los años noventa y cuatro chicas de Derry maduran y encaran esa supervivencia en un entorno insano con sus propios conflictos, alejados de la crisis de convivencia y centrados en sus propios deseos de sexo y diversión, en sus búsquedas de identidad entre familias en permanente estado de enfado. El tono ácido, el enfoque distentido y el guión costumbrista, apoyado en un estimable quinteto de jóvenes actores y actrices y eficientes secundarios veteranos y en situaciones desmadradas resueltas con entusiasta convicción, elevan esta serie por encima de las comedias del montón plagadas de lugares comunes.
martes, agosto 27, 2019
NY & CH... + TOP 3
Dejo atrás unos días de escasez discográfica, donde la poca navegación me llevó a nadar sobre las ondas de la década inicial en la que Neil Young labró su carrera, su etapa más gloriosa. Hoy aún me encienden canciones como The loner, I believe in you, Birds, Mr. Soul, Ohio, Cortez the Killer, Don't be denied, Tonight's the night... con Mr. Young a sus anchas, con Buffalo, CSN, Stray Gators o sus lejanos compañeros de cabalgada, los Crazy Horse. Ahora leo que tras un paréntesis de seis o siete años, y parece que con Nils Lofgren en la formación, se han vuelto a juntar y a grabar. La noticia me causa un entusiasmo... prudente. Porque en su anterior reencuentro Neil y Caballo Loco entregaron un álbum desastroso, Americana, al que por suerte arregló el siguiente, Psychedelic pill. No volverán los setenta, no, pero cruzo los dedos para llevarme a la boca un buen trago.
Sin más, mi top 3 de NY & CH (un disco al completo, ya que los escuderos han participado en temas de otro álbumes de Young) lo forman, por este orden: Zuma, Ragged glory, Everybody knows this is nowhere.
Sin más, mi top 3 de NY & CH (un disco al completo, ya que los escuderos han participado en temas de otro álbumes de Young) lo forman, por este orden: Zuma, Ragged glory, Everybody knows this is nowhere.
martes, agosto 13, 2019
APAGAR EL REPRODUCTOR
Eres una estrella del rock, con cuatro décadas de carrera a tus espaldas. Se ha escrito de ti y se te menciona en tantos libros como para llenar varias estanterías de una librería. Has creado estilo, explotado una imagen, creado un personaje al que le sienta bien el ropaje de los mitos y leyendas. La gente piensa que eres especial, alguien distinto a los demás, todavía alguien inalcanzable, o rebelde, o a contracorriente. Estás de gira, con días libres entre tus conciertos. Puedes viajar con calma y por carretera, conocer lugares donde nunca has estado, que no sabías que existían. Viajar, perderse. Y escribir tus pensamientos y emociones.
Vamos a tomarnos un descanso. Apagar el reproductor y hacer callar la música. Reposar y volver con fuerzas. Salud.
Vamos a tomarnos un descanso. Apagar el reproductor y hacer callar la música. Reposar y volver con fuerzas. Salud.
sábado, agosto 10, 2019
LIVE IN 234: PATTI SMITH & BAND, A CORUÑA 2019
Al final, te sientes afortunado. Sumas en tu historial que has visto a Patti Smith. Nunca es tarde. A Patti, sí, mística y furiosa, poética y punk, cabreada con las sombras del mundo y entusiasmada con el público que se entrega a sus canciones. Y nos bendice en las sonrisas de despedida, como una bruja al terminar de expandir sus hechizos, otorgándonos el poder para usar nuestras voces. El pueblo, nosotros, tenemos esa fuerza.
Siempre me ha gustado, como a cierta distancia, con la debida veneración por un par de obras capitales y una larga ristra de canciones memorables. Tenía ayer el cuerpo nervioso desde una hora antes del concierto, en la playa de Riazor. Sí, todavía me ocurre, las cosquillas del gusanillo, antes de estar delante de un grande de verdad, de una leyenda. Y Patti Smith lo es. De principio a fin. Su hijo Jackson con la guitarra eléctrica, Seb Rochford en la batería, Tony Shanahan al bajo y ante el piano. Ella entre danzas y conjuros, flotante y guerrera.
La lista, ejemplar. Wing para levitar, Are you experienced? (Hendrix) para entrar en una dimensión extraña... Ghost dance como meditación, Beds are burning (Midnight Oil) un estallido trepidante, Beneath the seventh cross de una tensión brutal... Pissing in the river magia revuelta, Because the night para compartir, Gloria, gloriosa. Y la gente tiene el poder. Patti Smith nos bendice.
Siempre me ha gustado, como a cierta distancia, con la debida veneración por un par de obras capitales y una larga ristra de canciones memorables. Tenía ayer el cuerpo nervioso desde una hora antes del concierto, en la playa de Riazor. Sí, todavía me ocurre, las cosquillas del gusanillo, antes de estar delante de un grande de verdad, de una leyenda. Y Patti Smith lo es. De principio a fin. Su hijo Jackson con la guitarra eléctrica, Seb Rochford en la batería, Tony Shanahan al bajo y ante el piano. Ella entre danzas y conjuros, flotante y guerrera.
La lista, ejemplar. Wing para levitar, Are you experienced? (Hendrix) para entrar en una dimensión extraña... Ghost dance como meditación, Beds are burning (Midnight Oil) un estallido trepidante, Beneath the seventh cross de una tensión brutal... Pissing in the river magia revuelta, Because the night para compartir, Gloria, gloriosa. Y la gente tiene el poder. Patti Smith nos bendice.
viernes, agosto 09, 2019
SOUNDTRACK 235: THE VIRTUES
Todos pasamos por algún mal momento, a veces caemos bajo, quizá muy bajo, y nos vemos atrapados en un remolino de pesimismo que en el peor de los casos deriva en autodestrucción. Víctimas del desamparo y la tristeza, nos hundimos, y se nos hace difícil agarrarnos a una salida, encontrar ayuda. En The Virtues, su protagonista desciende a esos infiernos en el presente sin poder desatarse de los demonios del pasado.
Estamos ante un nuevo trabajo del británico Shane Meadows, cineasta del que este blog aprecia mucho films como Dead man's shoes y Sommers Town, además de la película y su continuación en más de una entrega televisiva This is England. Meadows, de nuevo, retrata en cuatro capítulos la crudeza existencial de humildes seres sin rumbo claro, despojados en este caso de vínculos cercanos con los que su vida podría seguir caminos derechos y virtuosos. Stephen Graham, estupendo actor de carácter visto en muchas películas inglesas y americanas, interpreta a Joe, a quien el abandono de su familia sume en el caos del alcohol y la tortura de los recuerdos reactivados de un abuso que sufrió en su niñez. En su hermana, a quien no ve desde que la separaran de ella en la infancia, buscará el salvavidas para su deriva. Dura, seca, desnuda, a veces un poco efectista, The Virtues duele e incomoda, como pasa con el mejor Meadows.
Estamos ante un nuevo trabajo del británico Shane Meadows, cineasta del que este blog aprecia mucho films como Dead man's shoes y Sommers Town, además de la película y su continuación en más de una entrega televisiva This is England. Meadows, de nuevo, retrata en cuatro capítulos la crudeza existencial de humildes seres sin rumbo claro, despojados en este caso de vínculos cercanos con los que su vida podría seguir caminos derechos y virtuosos. Stephen Graham, estupendo actor de carácter visto en muchas películas inglesas y americanas, interpreta a Joe, a quien el abandono de su familia sume en el caos del alcohol y la tortura de los recuerdos reactivados de un abuso que sufrió en su niñez. En su hermana, a quien no ve desde que la separaran de ella en la infancia, buscará el salvavidas para su deriva. Dura, seca, desnuda, a veces un poco efectista, The Virtues duele e incomoda, como pasa con el mejor Meadows.
lunes, agosto 05, 2019
VOLUME ONE 506: GYPSY (EILEN JEWELL)
Ay Eilen, cuánto me gustas. La última vez que nos vimos incluso te acordaste de mi nombre. Mi hermano te había hablado de mí la noche anterior, después de un concierto cuando le firmabas un disco, y te dijo que al día siguiente en otra ciudad yo te iría a ver. Y así fue: fue decirle "mi hermano ayer..." y me preguntaste "¿tú eres...". "El mismo", te respondí. Y dos años despúes, tienes nuevo disco (quizá me lo firmes algún día), y repito: ay Eilen, cuánto me gustas.
Gypsy (Signature Sounds, 2019) reúne todo lo que le encanta a Eilen Jewell: rock, blues, country y un poquito de todo ello bien combinado. Una docena de canciones nuevas que reafirman la facilidad con la que interpreta y la profundidad con la que escribe. ¿Saben?, hasta la Creedence revive en un par de temas, como en el inicial Crawl. Y luego Eilen se crece y se divierte en Hard times y en 59 cents y se emociona y se derrite en baladas divinas como Miles to go, Gypsy o Fear.Y le sale un álbum que, como no podía ser de otro modo, te encaaaaaanta.
Aquella noche en Ferrol cantaste Songbird para tu hija, una nana que a veces canta desde entonces mi mujer para nuestro hijo. El disco en el que sale ese tema está en su cuarto, lejos del resto. Hay quien llora al escucharla, todavía, con lágrimas que mojan de calma y bienestar.
Nota: 8,5/10
Gypsy (Signature Sounds, 2019) reúne todo lo que le encanta a Eilen Jewell: rock, blues, country y un poquito de todo ello bien combinado. Una docena de canciones nuevas que reafirman la facilidad con la que interpreta y la profundidad con la que escribe. ¿Saben?, hasta la Creedence revive en un par de temas, como en el inicial Crawl. Y luego Eilen se crece y se divierte en Hard times y en 59 cents y se emociona y se derrite en baladas divinas como Miles to go, Gypsy o Fear.Y le sale un álbum que, como no podía ser de otro modo, te encaaaaaanta.
Aquella noche en Ferrol cantaste Songbird para tu hija, una nana que a veces canta desde entonces mi mujer para nuestro hijo. El disco en el que sale ese tema está en su cuarto, lejos del resto. Hay quien llora al escucharla, todavía, con lágrimas que mojan de calma y bienestar.
Nota: 8,5/10
viernes, agosto 02, 2019
GREATEST HITS 230: FLOWERS (LISA HANNIGAN)
Me encanta todo lo que hace Lisa Hannigan. Es una debilidad. Y me encuentro con esto en un capítulo de una descorazonadora serie británica de televisión. No me suena esta canción. Es que no aparece en ninguno de sus discos. Y es de hace unos años, parece ser. ¿Una cara B, un descarte? Lo que sea. Flowers es otra más de esas canciones gaseosas de Lisa Hannigan en las que susurran las burbujas y te llevan a una esfera irreal y misteriosa, al borde de acantilados donde nada importa nada.
martes, julio 30, 2019
ÉXTASIS
Durante el último concierto al que asistí, en un momento de éxtasis colectivo creciente entre los músicos en la parte final de una canción, le comentaba a mi acompañante que eso, ese clímax de liberación, no se ensaya, que eso surge de uno mismo, con furia e instinto, con locura dominada. No decía nada que no hubiera pensado otras veces, pero pensaba en ese momento que esos instantes de orgasmo y comunión musical, con los músicos y sus instrumentos entrelazados unos pegados a otros, de espaldas al público, a caballo de sus acordes y desvaríos, me proporcionan hoy el momento más satisfactorio de la entrega que dedico a la música. Dejarse llevar, elevarse, perderse, huir de lo terrenal para alcanzar el cielo.
LIVE IN 233: ADIÓS, JOAN
Y gracias.
Me hubiera gustado estar allí. En su despedida. Me habría emocionado. Curioso, porque Joan Baez, que me gusta, nunca me ha emocionado. Pero leo una crónica del último concierto de su carrera, en Madrid, con el que da por terminada su vida en los escenarios, a los que se subió hace 59 años. Y sí, me habría entrado un escalofrío cuando (como leo) empezó agarrando a Dylan para empezar (Don't think twice, it's alright); o cuando rescató a Cohen, Kristofferson y Simon & Garfunkel; o cuando se descalzó; o cuando se marchó "alegre pero triste".
Unos se van y se olvidan. Otros se van y nunca se marchan.
Adiós, Joan.
Me hubiera gustado estar allí. En su despedida. Me habría emocionado. Curioso, porque Joan Baez, que me gusta, nunca me ha emocionado. Pero leo una crónica del último concierto de su carrera, en Madrid, con el que da por terminada su vida en los escenarios, a los que se subió hace 59 años. Y sí, me habría entrado un escalofrío cuando (como leo) empezó agarrando a Dylan para empezar (Don't think twice, it's alright); o cuando rescató a Cohen, Kristofferson y Simon & Garfunkel; o cuando se descalzó; o cuando se marchó "alegre pero triste".
Unos se van y se olvidan. Otros se van y nunca se marchan.
Adiós, Joan.
miércoles, julio 24, 2019
BOOTLEG SERIES 76: UNA BANDA LLAMADA COWBOY
Ah, cómo me gusta cruzar las fronteras que separan los lugares comunes de los parajes sin explorar y descubrir verdaderos paraísos. Cualquier momento es bueno para sacar de las profundidades a aquellos músicos que no aparecen en las enciclopedias y apenas en las revistas, secretos bien guardados. Cowboy me parece un tesoro digno de abrir y dar a conocer: Lo creo basándome por ahora en el único contacto que he tenido con esta banda, su álbum de 1974 Boyer & Talton, el tercero de una carrera que solo dio cuatro discos en aquella década y luego se apagó.
El título de este disco contiene los apellidos de los fundadores y compositores del grupo, Scott Boyer y Tommy Talton, permanentes en una formación que fue cambiando de miembros. Elegante country rock se puede escuchar, de sonido limpio y fluido, con un punto sureño, en la línea de los Allman Brothers, Manassas o America. A grandes rasgos, cabe informar de que el mismísimo Duane Allman impulsó la carrera de Cowboy a través del sello Capricorn. Boyer y Talton tocaron con los hermanos Allman, en giras de Gregg y con Bonnie Bramlett. Dejaron muy poco legado, pero al menos ese Boyer & Talton que acabo de descubrir me complace con el sabor que producen los exquisitos artesanos.
El título de este disco contiene los apellidos de los fundadores y compositores del grupo, Scott Boyer y Tommy Talton, permanentes en una formación que fue cambiando de miembros. Elegante country rock se puede escuchar, de sonido limpio y fluido, con un punto sureño, en la línea de los Allman Brothers, Manassas o America. A grandes rasgos, cabe informar de que el mismísimo Duane Allman impulsó la carrera de Cowboy a través del sello Capricorn. Boyer y Talton tocaron con los hermanos Allman, en giras de Gregg y con Bonnie Bramlett. Dejaron muy poco legado, pero al menos ese Boyer & Talton que acabo de descubrir me complace con el sabor que producen los exquisitos artesanos.
lunes, julio 22, 2019
GREATEST HITS 229: HEARTLAND (U2)
Aquella película que los retrataba entre dos tierras. El éxtasis de una banda que se imponía sobre su escena. Aún había pureza en el ruido. Y canciones inmensas que todavía descansan entre sombras. ¡Por lo buenos que fueron!
jueves, julio 18, 2019
SOUNDTRACK 234: THE PUBLIC
"El amor por los libros y el amor por la gente hacen la vocación de un bibliotecario, una vocación que proporciona disfrute al bibliotecario y se propaga en el público."
Emilio Estevez, aquel rebelde del 'brat pack' apadrinado por Coppola a comienzos de los años ochenta con The Outsiders, apenas actúa desde la década pasada y su carrera como director, iniciada cuando aún era joven, ofrece un puñado de films bastante distanciados. Los dos que he visto me han causado una agradable impresión: Bobby (2006) y el más reciente The public (2018). Esta película se ambienta durante una ola de frío extremo en Cincinatti y en torno al universo entrañable de la biblioteca pública de la ciudad, adonde cada día para resguardarse del terrible clima acuden no pocos sin techo para asearse o dejar pasar las horas. Por esa situación de desamparo y exclusión pasó años atrás uno de los responsables de la biblioteca, interpretado por el propio Estevez, a quien los libros, dice, salvaron la vida. La ocupación del lugar por un centenar de homeless que no encuentran plaza para pasar la noche en los albergues de la ciudad desata un conflicto ético que deriva en desobediencia civil e implica a policías y políticos, capaces de mostrar lo peor de sí mismos.
The public, muy bien narrada, con ricos matices en personajes principales y secundarios, se arrima al cine de denuncia social con más humildad que cuchillo. Estevez, actor, escritor y director de la historia, lo hace todo muy bien, aunque le falte un poco más de mala leche en su denuncia. La película se disfruta mucho por la efectividad de sus actores (Alec Baldwin, Jena Malone, Taylor Schilling, Michael K. Williams, Christian Slater...) y las justas referencias a la literatura, el poder de las letras y el aura emocional de las bibliotecas encantan a quienes amamos los libros.
Emilio Estevez, aquel rebelde del 'brat pack' apadrinado por Coppola a comienzos de los años ochenta con The Outsiders, apenas actúa desde la década pasada y su carrera como director, iniciada cuando aún era joven, ofrece un puñado de films bastante distanciados. Los dos que he visto me han causado una agradable impresión: Bobby (2006) y el más reciente The public (2018). Esta película se ambienta durante una ola de frío extremo en Cincinatti y en torno al universo entrañable de la biblioteca pública de la ciudad, adonde cada día para resguardarse del terrible clima acuden no pocos sin techo para asearse o dejar pasar las horas. Por esa situación de desamparo y exclusión pasó años atrás uno de los responsables de la biblioteca, interpretado por el propio Estevez, a quien los libros, dice, salvaron la vida. La ocupación del lugar por un centenar de homeless que no encuentran plaza para pasar la noche en los albergues de la ciudad desata un conflicto ético que deriva en desobediencia civil e implica a policías y políticos, capaces de mostrar lo peor de sí mismos.
The public, muy bien narrada, con ricos matices en personajes principales y secundarios, se arrima al cine de denuncia social con más humildad que cuchillo. Estevez, actor, escritor y director de la historia, lo hace todo muy bien, aunque le falte un poco más de mala leche en su denuncia. La película se disfruta mucho por la efectividad de sus actores (Alec Baldwin, Jena Malone, Taylor Schilling, Michael K. Williams, Christian Slater...) y las justas referencias a la literatura, el poder de las letras y el aura emocional de las bibliotecas encantan a quienes amamos los libros.
domingo, julio 14, 2019
LIVE IN 232: QUIQUE GONZÁLEZ, SANTIAGO, 2019
Saber estar, gozar, saber hacer disfrutar. Máxima o no, Quique González la aplicó en su visita a la Capitol de Santiago. Saber estar con una banda de las que funcionan de memoria; gozar con el placer de transmitir sintonía y emoción; saber que el público disfrute. Muy Tom Petty, nos decíamos Dufresne y yo en un tema y en otro; muy Ryan Adams, muy Jayhawks también. Hay fuentes incuestionables, aunque al final de la velada nos dijimos: "muy Quique González". Un honor.
En octubre tendrá disco y volverá a girar, con más intimidad y un proyecto poético-musical que exponer. Mientras, ha vuelto a la carretera para refrescar parte de sus canciones más conocidas y otras piezas, para que su legión demuestre la fuerza emotiva de sus gargantas. De los tres conciertos en que he estado, el de anoche fue el mejor. Tenía que decírtelo y Los conserjes de noche comparten el primer puesto. Auténtico.
En octubre tendrá disco y volverá a girar, con más intimidad y un proyecto poético-musical que exponer. Mientras, ha vuelto a la carretera para refrescar parte de sus canciones más conocidas y otras piezas, para que su legión demuestre la fuerza emotiva de sus gargantas. De los tres conciertos en que he estado, el de anoche fue el mejor. Tenía que decírtelo y Los conserjes de noche comparten el primer puesto. Auténtico.
sábado, julio 13, 2019
SOUNDTRACK 233: FUGA EN DANNEMORA
La supervivencia entre barrotes, resistencia contra la desesperación, reos terribles, víctimas sin defensa, un plan de fuga... Hay grandes películas del género carcelario que explotan muy bien estos elementos, lugares comunes de un universo cerrado en el que se pudre o redime la condición humana. También lo hacen grandes series de televisión, como Fuga en Dannemora. Dirige Ben Stiller e intervienen Benicio del Toro, Paul Dano y una repulsiva y extraordinaria Patricia Arquette.
El género juega con nuestro juicio, que en no pocos ejemplos se inclina hacia la simpatía por reclusos que están donde merecen estar. El sexto capítulo de los ocho de esta serie de Showtime se encarga de recordarnos que Matt y Sweat actuaron de manera despreciable en el pasado y por eso cumplen una condena perpetua en la prisión de máxima seguridad de Clifton, en Dannemora, al norte del estado de Nueva York. El espectador, hasta ese sexto capítulo, puede haberle cogido cierta simpatía a los personajes (por como resisten o por cómo se imponen), bien perfilados por un sobrio Dano y por un Del Toro más desatado, algo empeñado en querer parecerse a Marlon Brando, osados artífices de una fuga verídica mostrada por Stiller con una seguridad asombrosa, heredada del cine entre rejas de los años setenta y ochenta, con un dominio de la tensión ejemplar, expuesta magistralmente en un sublime quinto capítulo.
Mención especial merece Arquette, apoyo sexual y maternal de la pareja de reclusos, esposa despreciable, vulgar y fea, bajeza humana sin vergüenza. Vean esta serie, siéntanse atrapados en las vidas desoladoras que confluyen en una prisión donde el ser humano carece de importancia.
El género juega con nuestro juicio, que en no pocos ejemplos se inclina hacia la simpatía por reclusos que están donde merecen estar. El sexto capítulo de los ocho de esta serie de Showtime se encarga de recordarnos que Matt y Sweat actuaron de manera despreciable en el pasado y por eso cumplen una condena perpetua en la prisión de máxima seguridad de Clifton, en Dannemora, al norte del estado de Nueva York. El espectador, hasta ese sexto capítulo, puede haberle cogido cierta simpatía a los personajes (por como resisten o por cómo se imponen), bien perfilados por un sobrio Dano y por un Del Toro más desatado, algo empeñado en querer parecerse a Marlon Brando, osados artífices de una fuga verídica mostrada por Stiller con una seguridad asombrosa, heredada del cine entre rejas de los años setenta y ochenta, con un dominio de la tensión ejemplar, expuesta magistralmente en un sublime quinto capítulo.
Mención especial merece Arquette, apoyo sexual y maternal de la pareja de reclusos, esposa despreciable, vulgar y fea, bajeza humana sin vergüenza. Vean esta serie, siéntanse atrapados en las vidas desoladoras que confluyen en una prisión donde el ser humano carece de importancia.
jueves, julio 11, 2019
GREATEST HITS 228: CHLOE DANCER & CROWN OF THORNS (PEARL JAM)
Las versiones en clave Pearl Jam de clásicos del rock suelen tener tanta fuerza como el modelo original (The Who, Pink Floyd, Neil Young). Alguna vez Vedder & Co. reviven sus orígenes y reproducen con sus propias armas el impacto emocional que las antiguas canciones tuvieron. Como pasa con el enlace de Chloe Dancer y Crown of Thorns que Andy Wood y los Mother Love Bone hicieron a comienzos de los noventa y Pearl Jam recuperan veinte años después.
Esta canción me recuerda a la gente que se va, que nos deja. A las que debemos las gracias por disfrutar de temas como este.
Esta canción me recuerda a la gente que se va, que nos deja. A las que debemos las gracias por disfrutar de temas como este.
sábado, julio 06, 2019
GREATEST HITS 227: PLAY GOD (ANI DIFRANCO)
Durante la lectura de Sin muros y el sueño recurrente... Llevamos mucho tiempo juntos. Mother and daughter. Great Ani.
miércoles, julio 03, 2019
BOOTLEG SERIES 75: ECHO IN THE CANYON... OFF
Sobre el papel, la cosa promete (prometía). Una de sus propuestas me ha defraudado; la otra está por ver. Me refiero a Echo in the Canyon. ¿De qué hablamos? De un atractivo documental que repasa el esplendor del sonido del rock californiano asociado a Laurel Canyon, es decir, a The Byrds, Joni Mitchell, Jackson Browne, Buffalo Springfield, The Beach Boys, CSN&Y... en aquellos gloriosos finales de los años sesenta, los primeros de la década siguiente también. Pues el film está impulsado por Jakob Dylan y en él aparece Tom Petty poco antes de morir, y hablan unos cuantos de aquellos músicos y reviven ambientes y bandas sonoras del momento. Aún no he visto el documental, y le tengo ganas, porque aquello de Laurel Canyon me gustaba...
Pero lo que no me convence es el disco que acompaña a la película. ¿O debería decir, un disco nuevo de Jakob Dylan? Eso parece: Dylan en duetos con Beck, Cat Power, Clapton, Regina Spektor, Norah Jones, Josh Homme y Neil Young versionando canciones de The Byrds, Buffalo, Beach Boys... La mezcla no funciona, no, a mí no me cuadra. No es que traten de recuperar ni aquel sonido ni aquel clima, tampoco pretenden actualizar aquello. Puede que Jakob no case bien con sus parejas de versión, que el hombre esté fuera de lugar, o que a la mezcla le falte cebolla o sal. No sé muy bien. Me he quedado off.
Pero lo que no me convence es el disco que acompaña a la película. ¿O debería decir, un disco nuevo de Jakob Dylan? Eso parece: Dylan en duetos con Beck, Cat Power, Clapton, Regina Spektor, Norah Jones, Josh Homme y Neil Young versionando canciones de The Byrds, Buffalo, Beach Boys... La mezcla no funciona, no, a mí no me cuadra. No es que traten de recuperar ni aquel sonido ni aquel clima, tampoco pretenden actualizar aquello. Puede que Jakob no case bien con sus parejas de versión, que el hombre esté fuera de lugar, o que a la mezcla le falte cebolla o sal. No sé muy bien. Me he quedado off.
lunes, julio 01, 2019
VOLUME ONE 505: LET'S ROCK (THE BLACK KEYS)
¿Quieres bailar rock and roll recién salido del estudio? Déjate mover por Let's rock (Easy Eye Sound, 2019), potente y divertido rock and roll para que todo tu cuerpo se encienda y retuerza, vibre, sude y se desahogue por gentileza y destreza de los Black Keys. Sensacional regreso, altísima banda. Aquí tenéis a un satisfecho suscriptor, excitado por la adicción.
Pues resulta -leo- que Dan y Patrick no se aguantaron el uno al otro después de Turn blue, grabado hace cinco años, como hacían ver en el videoclip de uno de sus nuevos temas, Go. Tras dedicar este tiempo a sus proyectos personales (en el caso de Auerbach, crear en solitario, con otro grupo y para otros músicos en su propio sello), con o sin terapia han vuelto a juntarse para dejar atrás la ambición psicodélica de su anterior (y excelente) álbum, y de paso al productor Danger Mouse. En su reencuentro retoman la fiebre rockera que, empapada de blues y garage, resbalaba por otro fantástico disco, El Camino (2011).
Let's rock arde con grasa rockera con lo que saben hacer tan bien, The Black Keys: canciones de estribillos incendiarios que trotan y galopan para saciarse de ellas rápido, sin llegar ninguna a los cuatro minutos. Temazos, unos cuantos: Lo/Hi, Walk across the water, Get yourself together, Breaking down. Muy muy bien.
Nota: 9/10
Pues resulta -leo- que Dan y Patrick no se aguantaron el uno al otro después de Turn blue, grabado hace cinco años, como hacían ver en el videoclip de uno de sus nuevos temas, Go. Tras dedicar este tiempo a sus proyectos personales (en el caso de Auerbach, crear en solitario, con otro grupo y para otros músicos en su propio sello), con o sin terapia han vuelto a juntarse para dejar atrás la ambición psicodélica de su anterior (y excelente) álbum, y de paso al productor Danger Mouse. En su reencuentro retoman la fiebre rockera que, empapada de blues y garage, resbalaba por otro fantástico disco, El Camino (2011).
Let's rock arde con grasa rockera con lo que saben hacer tan bien, The Black Keys: canciones de estribillos incendiarios que trotan y galopan para saciarse de ellas rápido, sin llegar ninguna a los cuatro minutos. Temazos, unos cuantos: Lo/Hi, Walk across the water, Get yourself together, Breaking down. Muy muy bien.
Nota: 9/10
sábado, junio 29, 2019
SOUNDTRACK 232: HIERRO
En lo alto de la montaña y frente al mar abierto también se puede sentir claustrofobia. En carne viva o con el uso de las imágenes. Consigue transmitir ese ahogo en la ficción Hierro, una muy aceptable serie televisiva de Movistar (no siempre van a ser los mismos) dirigida por Jorge Coira con su trama ubicada en los fascinantes paisajes de la isla canaria de Hierro.
Estamos ante una investigación policial y judicial en el espacio reducido y también aterrador de Hierro, donde todo el mundo se conoce y todo se sabe al instante, donde no hay lugar para secretos. Una juez destinada a la isla (estupenda Candela Peña) indaga junto a la Guardia Civil (fenomenal Juan Carlos Vellido como inspector) el hallazgo del cuerpo, el mismo día que se iba a casar, del novio de la hija de Díaz, un empresario local con pasado criminal y negocios turbios en el presente (extraordinario Darío Grandinetti). Nadie o casi nadie está limpio en la isla, todos parecen esconder algo. En ocho capítulos de tensión creciente las fronteras del bien se confundirán con las del mal.
Funciona bien Hierro, con buena mano para el trazado de personajes y reparto secundario más que convincente. El ritmo es estable y la estética es estilizada, con mucha toma aérea para enfatizar la angustia seductora que provocan los paisajes, protagonistas fundamentales de una historia muy bien contada.
Estamos ante una investigación policial y judicial en el espacio reducido y también aterrador de Hierro, donde todo el mundo se conoce y todo se sabe al instante, donde no hay lugar para secretos. Una juez destinada a la isla (estupenda Candela Peña) indaga junto a la Guardia Civil (fenomenal Juan Carlos Vellido como inspector) el hallazgo del cuerpo, el mismo día que se iba a casar, del novio de la hija de Díaz, un empresario local con pasado criminal y negocios turbios en el presente (extraordinario Darío Grandinetti). Nadie o casi nadie está limpio en la isla, todos parecen esconder algo. En ocho capítulos de tensión creciente las fronteras del bien se confundirán con las del mal.
Funciona bien Hierro, con buena mano para el trazado de personajes y reparto secundario más que convincente. El ritmo es estable y la estética es estilizada, con mucha toma aérea para enfatizar la angustia seductora que provocan los paisajes, protagonistas fundamentales de una historia muy bien contada.
viernes, junio 28, 2019
VOLUME ONE 504: HELP US STRANGER (THE RACONTEURS)
Algunos sabéis de mi rechazo a Jack White, músico y productor bendecido con virtudes de dudosa genialidad. Sabe venderse, y además ya es un producto. Todos cargamos con nuestras fobias y el odio, con mucha frecuencia, conduce al radicalismo. No, yo no peco de talibán y si alguien que suele producirme desagrado o aversión alguna vez acierta con propuestas que me gustan, lo admito y ya está, no me perturba la conciencia. Lo único que rescato de la amplia actividad de White (al menos la que conozco) es The Raconteurs. Esta formación se creó en Detroit hace más de una década con White, Brendan Benson, Jack Lawrence y Patrick Keeler, estos dos últimos miembros de los atractivos The Greenhornes. Su tercer disco, Help us stranger (Third Man Records, 2019), aparece ahora, once años después de su predecesor. Y el grupo, para mí, cumple con lo adecuado para gustarme. Me engancha su sonido, sus riffs de guitarras penetrantes (reconocibles, de White), sus melodías y su eco. Será porque parece que Jack está cómodamente camuflado entre el cuarteto. Ninguno de los tres discos de Raconteurs va a ser modélico ni a recordarse de forma especial con el paso del tiempo (tampoco están concebidos para dejar huella). ¿Quién es capaz de ello hoy?
Nota: 7/10
Nota: 7/10
miércoles, junio 26, 2019
BONUS TRACK 209: HOLLAND (THE BEACH BOYS)
El otro día surfeé con Surfin' Safari, el primer álbum de los Beach Boys. A mí no me va el surf (sí la playa) y tampoco me zambullo en las olas musicales de la banda californiana antes de Pet Sounds. Desde este gran disco he dado saltos por algunas de sus obras, más serias y también irregulares, alejadas de los días surferos de chicas y arena. Holland es un disco extraño en la trayectoria del grupo, grabado en 1973 precisamente en Holanda, donde el grupo armó un estudio para crear material nuevo. Cada hermano Wilson vagaba por su propio mundo, perdidos más bien entre las voces de su mente y en adicciones, víctimas de sus desequilibrios, y el historial de Dennis y Brian, cada vez más ausentes, ya se teñía de desesperanza y fatalismo. Pero en Holland hay brotes de brillantez en temas como Sail on, Sailor y The trader y un lejano aire de nostalga en la tercera parte de California Saga. Quizá sea este su último buen disco, antes de caer al abismo.
lunes, junio 24, 2019
SOUNDTRACK 231: JUGUETES
¿Hay alguna saga cinematográfica cuyas partes estén todas al mismo nivel y que ese nivel sea el de obra maestra? Sí, la hay. No tengo ninguna duda: Toy Story.
Apunte: aún no he visto Toy Story 4, no falta mucho para que lo haga. Y no tengo dudas de que repetirá el nivel.
A mi hijo de 4 años le gustan las películas. Las ve en casa y en el cine. De animación y de imagen real. Películas infantiles en general, tan disfrutables para niños como para adultos. Algunas las ha visto más de una vez, de lo mucho que le gustan. Y yo, que ya las había visto, las vi de nuevo, y más de una vez otra vez. Como las tres primeras películas de Toy Story. Sí, cada vez que llego al final de cada una me emociono y me digo, qué maravilla. Lo hace el niño que fui y la parte de mí que sigue siéndolo; también el adulto.
¿Por qué estos juguetes fantásticos que cobran vida nos hacen sentir tan felices en una película? Creo que al ver cómo los niños juegan con Woody, Buzz y compañía y cómo estos juguetes viven sus propias aventuras nos vemos a nosotros mismos con nuestros viejos juguetes en las manos. Ahora con nuestros hijos, fascinados en un mundo único de evasión en nuestra imaginación. La saga Toy Story está compuesta por películas perfectas de ritmo, de humor, de emoción, ternura y amor, con guiones ejemplares y personajes de encanto insuperables, como Pixar sabe hacer tan bien. Toy Story: hasta el infinito y más allá.
(Actualizado entre el 3 y el 4 de julio: otra maravilla.)
Apunte: aún no he visto Toy Story 4, no falta mucho para que lo haga. Y no tengo dudas de que repetirá el nivel.
A mi hijo de 4 años le gustan las películas. Las ve en casa y en el cine. De animación y de imagen real. Películas infantiles en general, tan disfrutables para niños como para adultos. Algunas las ha visto más de una vez, de lo mucho que le gustan. Y yo, que ya las había visto, las vi de nuevo, y más de una vez otra vez. Como las tres primeras películas de Toy Story. Sí, cada vez que llego al final de cada una me emociono y me digo, qué maravilla. Lo hace el niño que fui y la parte de mí que sigue siéndolo; también el adulto.
¿Por qué estos juguetes fantásticos que cobran vida nos hacen sentir tan felices en una película? Creo que al ver cómo los niños juegan con Woody, Buzz y compañía y cómo estos juguetes viven sus propias aventuras nos vemos a nosotros mismos con nuestros viejos juguetes en las manos. Ahora con nuestros hijos, fascinados en un mundo único de evasión en nuestra imaginación. La saga Toy Story está compuesta por películas perfectas de ritmo, de humor, de emoción, ternura y amor, con guiones ejemplares y personajes de encanto insuperables, como Pixar sabe hacer tan bien. Toy Story: hasta el infinito y más allá.
(Actualizado entre el 3 y el 4 de julio: otra maravilla.)
viernes, junio 21, 2019
SOUNDTRACK 230: JA JA JA HAMMER
El cine produce películas deliberadamente malas, y de solemnidad. Tan malas, que se les acaba encontrando encanto. Como industria y espectáculo está el cine en su legítimo derecho de ofrecer lo que le plazca y la libertad de gustos merece libertad de contenidos y alicientes. Los films de la Troma, el cine de Russ Meyer, gran parte del de John Waters, un buen lote de obras firmadas por Jess Franco... son ejemplos que me vienen a la cabeza de películas mediocres, risibles, deficientes que, curiosamente, tienen su público de admiradores y defensores. Como ocurre con el cine de la Hammer. Ojo, no todo: esta productora británica fabricó cientos de películas de terror y horror, misterio y ciencia ficción desde finales de los años 40 y tuvo épocas de esplendor en los 50, 60 y 70, con figuras icónicas como los personajes Dracula y Frankenstein, los actores Peter Cushing y Christopher Lee y los directores Terence Fisher y Roy Ward Baker; primaban los presupuestos justos, pero durante años tuvieron éxito; hay obras destacables, realmente buenas, pero también bodrios delirantes que a día de hoy producen una carcajada tras otra por su cutrez, su falta de rigor, sus desfasados argumentos o su pobreza interpretativa. No causan ningún daño y no engañan a nadie; las prefiero al cine de Tarantino, pongamos por caso.
Me voy a quedar con una de esas espantosas películas de la Hammer que ha pasado por mi TV recientemente: Las cicatrices de Drácula, de 1970, con Lee ante la cámara y Baker detrás. Qué horror, madre mía. Aquí van unas cuantas insensateces para troncharse: un murciélago de trapo que chirría, un castillo alejado donde siempre hay niebla al que todos llegan de noche aunque un segundo antes caminen por el bosque próximo en la claridad despejada del día; un pueblo de cobardes atemorizado ante un vampiro recluido que no sale de su templo; los ojos enrojecidos de Drácula cuando las damiselas enseñan (siempre) sus lozanos cuellos; la parsimonia con que los malos amenazan con golpear y los buenos con reaccionar; el sirviente pordiosero que mantiene inmaculadas las estancias del castillo y esconde un retrato de su adorada amada, precisamente la damita despista que irrumpe en el castillo y se deja llevar en brazos por el siniestro conde al que acaba de conocer... Bendito cine.
Me voy a quedar con una de esas espantosas películas de la Hammer que ha pasado por mi TV recientemente: Las cicatrices de Drácula, de 1970, con Lee ante la cámara y Baker detrás. Qué horror, madre mía. Aquí van unas cuantas insensateces para troncharse: un murciélago de trapo que chirría, un castillo alejado donde siempre hay niebla al que todos llegan de noche aunque un segundo antes caminen por el bosque próximo en la claridad despejada del día; un pueblo de cobardes atemorizado ante un vampiro recluido que no sale de su templo; los ojos enrojecidos de Drácula cuando las damiselas enseñan (siempre) sus lozanos cuellos; la parsimonia con que los malos amenazan con golpear y los buenos con reaccionar; el sirviente pordiosero que mantiene inmaculadas las estancias del castillo y esconde un retrato de su adorada amada, precisamente la damita despista que irrumpe en el castillo y se deja llevar en brazos por el siniestro conde al que acaba de conocer... Bendito cine.
martes, junio 18, 2019
GREATEST HITS 226: DANI CALIFORNIA (RED HOT CHILI PEPPERS)
Cuesta creer que han pasado ya trece años desde que sonó esta canción por primera vez. Los Peppers solo grabaron otros dos discos más desde entonces, que se los podrían haber ahorrado. Hoy me pregunto si a la banda le queda aún algo que aportar, si es capaz de cumplir con dignidad y talento sin marchitar en el caso de que vuelva a pasar por el estudio. Stadium Arcadium es el último disco que me gusta de RHCP, aunque se les fue la mano extendiendo la grabación. Dani California fue su tema de lanzamiento, un latigazo con garra que hoy recupero en un canal de vídeos para divertirme y reírme un rato con su tributo rockanrolero en las ropas, maquillajes y poses de Kiedis, Flea, Frusciante y Smith.
sábado, junio 15, 2019
VOLUME ONE 503: WESTERN STARS (BRUCE SPRINGSTEEN)
Y ahora, hoy, ¿qué le pedimos a Bruce Springsteen, que tanto nos ha dado ya? No me veo capaz de articular una reseña ordenada de lo que produce en mí su nuevo álbum, Western stars (Columbia, 2019), el primero con material nuevo en cinco años. Un disco sobre carreteras y autoestopistas, cafés, caballos salvajes, desierto, moteles, puestas de sol, trenes y caminantes... sobre America y su búsqueda de sí misma. Permitidme dejar unas cuantas ideas e impresiones, sin mucho orden, o en todo caso con un orden improvisado y particular.
¿Un disco de country? Country a distancia, tan limpio como el vaquero Springsteen fotografiado en el libreto del álbum, de coche y guitarra inmaculadas. Country de pose, sin autenticidad. No basta con el caballo indomable de la portada. ¿Dónde está el polvo?
Entre High hopes y Western stars el Boss ha terminado sus memorias y ha contado y cantado su vida cinco días a la semana durante dos años en un escenario de Broadway. ¿Qué tiene que contar? Confiesa que (de tanto viajar en el pasado) le mueve la nostalgia y la encuentra en la California playera y popera de finales de los 60, a la que se llega cruzando el desierto y un país entero.
¿Y eso se puede recuperar, revivir un tiempo y un lugar? El adorno para intentarlo es lo que envuelve la música de este disco, capas de cuerdas y arreglos con tendencia a la grandilocuencia que cubren finos sonidos acústicos, un maquillaje de gran producción en cinemascope cuando las intenciones piden cine más íntimo con presupuesto modesto. Springsteen debería ser menos Springsteen.
¿Canciones? No son cojonudas las de Western stars y ninguna de las buenas se retendrá en los años venideros. Las que se salvan de verdad (The wayfarer, Hello sunshine, Sundown, Moonlight Motel) dejan un pellizco agradable, y entre un buen arranque y un digno final queda un paréntesis de aburrimiento con clichés del autor que han perdido sabor, letras simplonas y débiles composiones (Western stars, Chasin' wild horses).
Lo mejor: la cubierta del disco; y The wayfarer.
Lo peor: la sensación de decepción; pensar, y saber, que Bruce lo sabe hacer mejor, y ahora es incapaz.
Nota: 6/10
¿Un disco de country? Country a distancia, tan limpio como el vaquero Springsteen fotografiado en el libreto del álbum, de coche y guitarra inmaculadas. Country de pose, sin autenticidad. No basta con el caballo indomable de la portada. ¿Dónde está el polvo?
Entre High hopes y Western stars el Boss ha terminado sus memorias y ha contado y cantado su vida cinco días a la semana durante dos años en un escenario de Broadway. ¿Qué tiene que contar? Confiesa que (de tanto viajar en el pasado) le mueve la nostalgia y la encuentra en la California playera y popera de finales de los 60, a la que se llega cruzando el desierto y un país entero.
¿Y eso se puede recuperar, revivir un tiempo y un lugar? El adorno para intentarlo es lo que envuelve la música de este disco, capas de cuerdas y arreglos con tendencia a la grandilocuencia que cubren finos sonidos acústicos, un maquillaje de gran producción en cinemascope cuando las intenciones piden cine más íntimo con presupuesto modesto. Springsteen debería ser menos Springsteen.
¿Canciones? No son cojonudas las de Western stars y ninguna de las buenas se retendrá en los años venideros. Las que se salvan de verdad (The wayfarer, Hello sunshine, Sundown, Moonlight Motel) dejan un pellizco agradable, y entre un buen arranque y un digno final queda un paréntesis de aburrimiento con clichés del autor que han perdido sabor, letras simplonas y débiles composiones (Western stars, Chasin' wild horses).
Lo mejor: la cubierta del disco; y The wayfarer.
Lo peor: la sensación de decepción; pensar, y saber, que Bruce lo sabe hacer mejor, y ahora es incapaz.
Nota: 6/10
viernes, junio 14, 2019
VOLUME ONE 502: YEARS TO BURN (IRON & WINE & CALEXICO)
Anoche volví a escuchar In the reins, el álbum con el que Calexico y Iron & Wine demostraron en 2005 lo buenos amigos que eran. El disco, con el sostén de voces delicadas y postrado sobre las ondas sonoras de su aridez emocional, guarda inalterable su encanto, un eco profundo cargado de lirismo. Catorce años después Joey Burns, John Convertino y los chicos de su banda por un lado y Sam Beam y sus músicos por el otro refuerzan su gran relación con otro excepcional encuentro del que llevo unos días sin apartarme. Years to burn (Sub Pop, 2019) condensa en 32 minutos lo que son y siempre han sido unos y otros: artesanos de la excelencia. La suite amarga que es el sexto corte, dividido en tres partes fascinantes, resume la conveniencia de esta asociación, la conexión de dos formaciones que, juntas, embellecen la música y te encadenan a ella cuando más falta hace.
Nota: 9/10
Nota: 9/10
lunes, junio 10, 2019
LLORAR DE ROCK
Hay una euforia irrepetible que nos invade en un concierto de rock. Llegado uno, dos o varios momentos de éxtasis y entrega, devotos de los músicos y devorados por una canción, el sudor se cruza con las lágrimas y el júbilo se funde con la dicha. No cabe mayor goce en la vida. He sentido momentos así en algún concierto, reposado en una butaca o arrastrado por una marea humana. Me siento en la piel del público que veo gozar del mismo modo en las imágenes fascinantes de un documental que ofrece el contenido a la carta de una plataforma audiovisual. Las cámaras siguen a los Rolling Stones en la última gira que hicieron, esta década, por Sudamérica. Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Colombia, y por primera vez en la historia, Cuba. Difruto con el milagro de la resistencia y el poder de absorción, con los mitos vivos, el pueblo hechizado. Con las canciones llenas de vida nueva. Con las lágrimas de alegría de seres atrapados en satisfacción, diablos simpáticos, refugios fuera de control. Es solo rock and roll, y cuánto nos gusta.
domingo, junio 09, 2019
GREATEST HITS 225: DESIRE (U2)
Esto va del fogonazo de un recuerdo que activan unas imágenes, de una sensación recuperada. Del tiempo congelado y revivido. De lo que fuimos y de lo que queda. Yo esperaba lo nuevo de U2. Me había llenado de todo el grupo desde The Joshua Tree hacia atrás. Y anunciaban Rattle & Hum. Este fue el primer vídeo, de cuando en la tele ponían vídeos. Desire. Y me gustó. No tanto como ahora. Como ahora mientras como y una televisión desprende luz con estas imágenes de aquella gran canción. El grupo en las calles, cuando tenían pelo, corrían deprisa y eran jóvenes. De aquel gran disco.
viernes, junio 07, 2019
LIVE IN 231: DOCTOR
Un músico, una ciudad. La música de unas calles, la voz de sus gentes, el eco de un pueblo. Nueva Orleans es Dr. John, como lo es también Allen Toussaint, o los hermanos Neville, y unos cientos de artistas presentes y ausentes que hicieron hervir las culturas cruzadas en un rico caldo mestizo. Malcolm John Rebennack Jr. se ha marchado de la ciudad, pero allí nunca dejará de sonar. Estuvo con todos prestándoles sus teclas. Sabías que era bueno, pero nunca te acercaste a él lo suficiente, puede ser que todos se acercaban antes a él. Dense 33 minutos de homenaje con aquel disco de 1973, In the right place (donde siempre estuvo él), con Toussaint en el estudio jugando con el blues, el rock, el funk, el soul... la música de una ciudad.
miércoles, junio 05, 2019
GREATEST HITS 224: IF IT MAKES YOU HAPPY (SHERYL CROW)
Más de una vez el blog ha dado fe en sus archivos de la querencia por Sheryl Crow. Cierro los ojos y aún la veo a dos pasos de mí, segura y sobrada, en aquella sala de Tribunal cuando presentaba su primer álbum, allá por mediados de los noventa. No tardó en aparecer su segundo disco, superior al anterior y con algunas de sus mejoras composiciones. Rescato una de ellas, If it makes you happy, como anticipo o aperitivo de su próximo trabajo, Threads, este verano, en el que se deja ver con Bonnie Raitt y Mavis Staples en el ensayo de unas de sus canciones. Sheryl, hasta ahora, ha alternado trabajos muy buenos con obras discretas. Toca volver a los primeros.
lunes, junio 03, 2019
BOOTLEG SERIES 74: DOUG SEEGERS
Los acordes de la música country guardan historias dolientes, caídas al abismo y, a veces, resurrecciones a tiempo, antes del desgarro final. En las canciones del género reposa una melancolía universal de los crepúsculos a los que llegan nuestras vidas, asociada por costumbre a los paisajes y arquetipos de la cultura americana: desierto, soledad, huida, perdedores ahogados en la barra del bar... La historia de Doug Seegers encaja en argumentos que explora el country.
Músico callejero, trovador fracasado, alcohólico, drogadicto, indigente... Ethan Hawke podría llevarla al cine, tras haber rescatado la triste figura de Blaze Foley. Cuando Seegers buscaba alimento y cobijo en una casa de acogida en Nashville, en 2013, se cruzó con una estrella de la música country en un país tan lejano como Suecia, Jill Johnson, y un equipo de grabación que documentaba las odiseas de músicos caídos en desgracia. El encuentro derivó en una canción que cruzó el Atlántico y fue todo un descubrimiento en el país escandinavo, donde el propio músico la interpretó en un programa de televisión. Pronto, Doug salió del pozo. De vuelta en Nashville grabó la canción, y un disco, en los estudios Sound Emporium. El sin techo, encontró un hogar en el templo de la música country.
El año pasado, a los 66 años, grabó su segundo álbum con la producción de Joe Henry, A story I got to tell, donde desnuda los avatares de su vida. Está bien la cosa: amarga, con la vida en el filo, y una brisa de esperanza. No es que sea un gran cantante Doug, pero entre el blues y el folk, el country y el rock, se acomoda para salir a flote hacia su propio crepúsculo.
Músico callejero, trovador fracasado, alcohólico, drogadicto, indigente... Ethan Hawke podría llevarla al cine, tras haber rescatado la triste figura de Blaze Foley. Cuando Seegers buscaba alimento y cobijo en una casa de acogida en Nashville, en 2013, se cruzó con una estrella de la música country en un país tan lejano como Suecia, Jill Johnson, y un equipo de grabación que documentaba las odiseas de músicos caídos en desgracia. El encuentro derivó en una canción que cruzó el Atlántico y fue todo un descubrimiento en el país escandinavo, donde el propio músico la interpretó en un programa de televisión. Pronto, Doug salió del pozo. De vuelta en Nashville grabó la canción, y un disco, en los estudios Sound Emporium. El sin techo, encontró un hogar en el templo de la música country.
El año pasado, a los 66 años, grabó su segundo álbum con la producción de Joe Henry, A story I got to tell, donde desnuda los avatares de su vida. Está bien la cosa: amarga, con la vida en el filo, y una brisa de esperanza. No es que sea un gran cantante Doug, pero entre el blues y el folk, el country y el rock, se acomoda para salir a flote hacia su propio crepúsculo.
sábado, mayo 25, 2019
GREATEST HITS 223: GO (THE BLACK KEYS)
Supongamos que en los últimos cinco años Dan Auerbach y Patrick Carney se han llevado a matar. "Lo que necesitáis, para empezar, es hablar", les diría alguien que intermediase para conseguir su reconciliación. Hace cinco años Dan y Patrick grabaron su último trabajo, Turn Blue. Ahora vuelven. Y lo hacen, enfadados o no, con el gancho eléctrico del que huyeron quienes primero los ensalzaron, ese golpe de efecto adictivo que a muchos nos convence y encanta. Go, buen título para regresar, para despegar, para enchufarse de nuevo a The Black Keys. En junio, Let's rock. No quiero saber más.
viernes, mayo 24, 2019
VOLUME ONE 501: WE GET BY (MAVIS STAPLES)
Mavis se las arregla para refrescar hoy la lucha del pasado, la de siempre. La exigencia de igualdad, dignidad y seguridad para todos los seres y razas no tiene fecha de caducidad; los peligros y horrores que las atacan, lamentablemente, tampoco. Entre ese pasado de reivindicación que su música no ha dejado de proclamar y el presente amenazado por muros y coacciones, Mavis Staples, con 80 años, ha sido quien con más naturalidad ha adaptado su discurso universal y sus herramientas sonoras al criterio estilístico de lúcidos autores que podrían ser sus hijos o nietos. Después de tres excelentes álbumes en sintonía con Jeff Tweedy y uno bastante decente con M Ward, ahora el socio es Ben Harper, quien ha agitado la esencia guerrera de la pequeña Mavis en We get by (Anti-, 2019). Este álbum, con una portada que visualiza las brechas de la desigualdad y las barreras entre colores, carece de la sutileza de las obras producidas por Tweedy (quien a ratos daba aire para que a la voz de Mavis la envolviese la fragancia más suave de Wilco) y se empapa de un sonido más afilado, unas veces un poco áspero, otras bellamente frágil. Sin que nos empape de goce, cuenta con valiosos cortes (Change, Never needed anyone, Stronger) y reconforta la buena salud de Mrs. Staples.
Nota: 7/10
Nota: 7/10
jueves, mayo 23, 2019
LA MÚSICA ENTRE EL DOLOR
Necesito reproducir esto, el texto impreso que acompaña el disco de un músico americano del año pasado:
"Durante un tiempo me sentía estéril y vencido, harto de mí mismo, de los viajes y las giras. Tenía una extraña sensación de privilegio que me llevaba a un espacio acristalado de frustración y cansancio. Estaba apático, perdido y enterrado en un refugio de vanidad y autodesprecio. Todo aquello cambió en un instante.
En una pequeña carpa en Lowell, Massachusetts, en 2011, un marido y su esposa se acercaron a mí en un encuentro después del espectáculo; llevaban consigo una tarjeta de baloncesto de su hijo de 11 años, Jack. Estaban abrazados el uno al otro, me señalaban su sonrisa desbordante de alegría, vestido con su sudadera de los Celtics, agarrando una pelota, y compartieron conmigo la noticia de que había fallecido el año anterior tras una larga lucha contra el cáncer. Me explicaron con amabilidad y elegancia que la música que yo hacía era importante para ellos en sus últimos días con Jack, y que todavía la escuchan juntos en casa, en horas sagradas cuando quieren sentirse conectados musicalmente con él. Aquel fue para mí un momento de transformación inmediata.
Me cogió por sorpresa su generosidad y franqueza. En la profundidad de su dolor, encontraron tiempo y fuerzas para venir a mi actuación, esperar bajo la lluvia y ofrecerme una lección tan personal y poderosa como aquella. En aquel encuentro, en aquel sencillo intercambio, sentí un propósito renovado. Quería liberar la vanidad en la que me encerraba y exponerme a mí mismo a las historias de otras personas, abrazarlas y experimentarlas primero. Aquella maravillosa pareja me entregó la tarjeta de baloncesto de Jack, y cuando llegué a casa al acabar la gira la puse en la estantería junto a las fotos de mi familia. A veces cuando vuelvo a mirar esa tarjeta saludo a Jack y a sus padres, y deseo que en algún lugar los tres sientan paz.
Este año me tocó a mí experimentar una grandísima pérdida en mi vida, y estas canciones me han ayudado a encontrar paz en el proceso de dolor. Estas canciones de mi séptimo álbum son más vuestras que mías. Agradezco la oportunidad de compartir y escuchar, de entregaros más música para que os regocijeis, consoleis, reflejeis y desaparezcais en la oscuridad, la luz, el gran sol y la luna nueva."
"Durante un tiempo me sentía estéril y vencido, harto de mí mismo, de los viajes y las giras. Tenía una extraña sensación de privilegio que me llevaba a un espacio acristalado de frustración y cansancio. Estaba apático, perdido y enterrado en un refugio de vanidad y autodesprecio. Todo aquello cambió en un instante.
En una pequeña carpa en Lowell, Massachusetts, en 2011, un marido y su esposa se acercaron a mí en un encuentro después del espectáculo; llevaban consigo una tarjeta de baloncesto de su hijo de 11 años, Jack. Estaban abrazados el uno al otro, me señalaban su sonrisa desbordante de alegría, vestido con su sudadera de los Celtics, agarrando una pelota, y compartieron conmigo la noticia de que había fallecido el año anterior tras una larga lucha contra el cáncer. Me explicaron con amabilidad y elegancia que la música que yo hacía era importante para ellos en sus últimos días con Jack, y que todavía la escuchan juntos en casa, en horas sagradas cuando quieren sentirse conectados musicalmente con él. Aquel fue para mí un momento de transformación inmediata.
Me cogió por sorpresa su generosidad y franqueza. En la profundidad de su dolor, encontraron tiempo y fuerzas para venir a mi actuación, esperar bajo la lluvia y ofrecerme una lección tan personal y poderosa como aquella. En aquel encuentro, en aquel sencillo intercambio, sentí un propósito renovado. Quería liberar la vanidad en la que me encerraba y exponerme a mí mismo a las historias de otras personas, abrazarlas y experimentarlas primero. Aquella maravillosa pareja me entregó la tarjeta de baloncesto de Jack, y cuando llegué a casa al acabar la gira la puse en la estantería junto a las fotos de mi familia. A veces cuando vuelvo a mirar esa tarjeta saludo a Jack y a sus padres, y deseo que en algún lugar los tres sientan paz.
Este año me tocó a mí experimentar una grandísima pérdida en mi vida, y estas canciones me han ayudado a encontrar paz en el proceso de dolor. Estas canciones de mi séptimo álbum son más vuestras que mías. Agradezco la oportunidad de compartir y escuchar, de entregaros más música para que os regocijeis, consoleis, reflejeis y desaparezcais en la oscuridad, la luz, el gran sol y la luna nueva."
lunes, mayo 20, 2019
BONUS TRACK 208: DOWN THE ROAD (VAN MORRISON)
¿Qué puede guardarnos un disco en cuya portada vemos las cubiertas de álbumes de James Brown, Ray Charles, Mose Allison, Chet Baker, Muddy Waters, Hank Williams, Louis Armstrong, BB King, Blind Lemon Jefferson...? Esta portada es una de mis preferidas entre mi colección de música. Es la de uno de los muy buenos discos de la extensa obra de Van Morrison, que escogió como imagen para Down the road (2002) el escaparate de una tienda de discos y memorabilia musical. Un placer mirar, otro escuchar, desconectar. Empezar y terminar este trabajo con Down the road y Fast train es de los brillantes aciertos de Van, que en un paso se inclina hacia el blues y en el siguiente hacia el soul, bajo una nube acogedora de humedad irlandesa. Meet me in the Indian summer o Hey Mr. DJ elevan la emoción de este disco de reconfortante limpieza. En una mañana de domingo, por ejemplo, (¡ah, lo confesaba Uma Thurman en Beautiful girls!) vale esta música para flotar.
sábado, mayo 18, 2019
VOLUME TWO 96: STRAY GATORS
Los Stray Gators nunca tuvieron disco propio. No lo necesitaban, y jamás entró en sus planes. Estaban detrás de un par de obras de Neil Young a comienzos de los setenta (Harvest, Time fades away), después y antes de que el canadiense agarrase las riendas de los Crazy Horse, y de forma ocasional volvieron con él algunos miembros para dar sonido a algún otro álbum más adelante (Harvest moon). Como expertos músicos de sesión que eran, curtidos en la comunidad country de Nashville y junto a calaña como Phil Spector, The Rolling Stones, Chet Atkins, Ry Cooder o Dylan, no tenían necesidad de demostrar virtuosismo, les bastaba con entenderse a ciegas con quienes les contrataban. A mí me encanta cómo se entendían con Young, quien siempre prefirió el óxido al destello, aunque no fuese tan longeva la unión como los fue con Crazy Horse. No hay nada extraordinario en los Stray Gators, solo la frugalidad de una comunión natural.
Neil Young, con 73 años, ha sobrevivido a todos los Gators. Fueron cayendo en los últimos 19 años el pianista y arreglista Jack Nitzsche, también autor de bandas sonoras; el guitarrista Ben Keith, quien más veces se asoció con Neil en las décadas siguientes; el bajista Tim Drummond y el baterista Kenny Buttrey. Young va a abrir de nuevo su caja de archivos para revivir los días en que Stray Gators estaban a su espalda, en la gira de Harvest mientras se surgía Time fades away; lo hace en un álbum titulado Tuscaloosa, donde el oyente puede entrar en ese remolino abrasivo de country rock en el que daban vueltas Neil y los Gators.
Neil Young, con 73 años, ha sobrevivido a todos los Gators. Fueron cayendo en los últimos 19 años el pianista y arreglista Jack Nitzsche, también autor de bandas sonoras; el guitarrista Ben Keith, quien más veces se asoció con Neil en las décadas siguientes; el bajista Tim Drummond y el baterista Kenny Buttrey. Young va a abrir de nuevo su caja de archivos para revivir los días en que Stray Gators estaban a su espalda, en la gira de Harvest mientras se surgía Time fades away; lo hace en un álbum titulado Tuscaloosa, donde el oyente puede entrar en ese remolino abrasivo de country rock en el que daban vueltas Neil y los Gators.
jueves, mayo 16, 2019
BACKWARDS & FORWARDS
Ahora no me gusta lo que hace Coldplay. Me sigue gustando lo que hizo antes: el primer disco, el segundo, el tercero, casi todo el cuarto, y todo lo demás ya no. La canción The Scientist, que escucho mientras tomo café, me viene hoy a la mente, aquella en cuyo vídeo la acción se desarrollaba hacia atrás y terminaba/empezaba en un accidente de circulación. Pienso en el grupo, en esta canción y en aquel sentido inverso de la acción. Hoy que confluyen el pasado, el presente y el futuro y las nubes no dejan ver bien hacia dónde mirar.
domingo, mayo 12, 2019
VOLUME ONE 500: LEYLINES (RISING APPALACHIA)
(Números redondos: 500 entradas alcanza esta sección del blog, 500 discos reseñados al antojo de su autor en el año en que salían al mercado -en realidad hay trampita, pues alguna entrada requería el comentario de más de un disco, y algún álbum era del año anterior-. ¿Muchas entradas?, ¿pocos discos? No me decido por la respuesta. El caso es que seguimos...)
Leah y Chloe Smith llevan la música en el equipaje de sus vidas: como lenguaje de unión, como expresión de activismo, una forma de independencia. Por afinidades doy con estas chicas, Rising Appalachia, y me interesa su rollo: eso de viajar por aquí y por allá y atraer a músicos a su causa, de compartir culturas, mezclar herencias y aprendizaje, la convivencia en un hogar que no se ajusta a límites. Lo primero que escucho de ellas me habla del sucio sur (estamos en USA), de donde ellas vienen, revestido con ropajes de esa acústica tradicional que nace de la vasta cordillera de los Apalaches, un caldo donde cuecen raíces musicales autóctonas con ingredientes que tienen sus orígenes en África, en el norte de Europa, en Irlanda. Está bien, pero me pesa. Leylines (Wider Circles, 2019), con toda esa fusión de fuentes, me satisface mucho más.
Cuenta Leah que el año pasado hasta el último segundo no se decidieron a abrirle la puerta a un productor para su música, ellas tan reacias a cuanto se vincule con la industria o a lo ajeno a su libertad creativa. Creyeron que la persona ideal era Joe Henry, autor de método rápido que no concibe el encasillamiento, y que en un mismo año entrega trabajos con Joan Baez, Steep Canyon Rangers, Milk Carton Kids y Amy Helm. La apuesta no admite error y Henry, con la batuta y la intuición de un maestro artesanal, ha conseguido que Leah, Chloe y sus músicos hayan conseguido una hermosa creación musical. Folk, blues, jazz y soul, con un pie en América, otro en África y una mano en las raíces celtas, se armonizan con sosiego en Leylines para producir exquisitas canciones: Harmonize, Make magic, Cuckoo, Resilient. Tan lejanas, tan próximas.
Nota: 8,5/10
Leah y Chloe Smith llevan la música en el equipaje de sus vidas: como lenguaje de unión, como expresión de activismo, una forma de independencia. Por afinidades doy con estas chicas, Rising Appalachia, y me interesa su rollo: eso de viajar por aquí y por allá y atraer a músicos a su causa, de compartir culturas, mezclar herencias y aprendizaje, la convivencia en un hogar que no se ajusta a límites. Lo primero que escucho de ellas me habla del sucio sur (estamos en USA), de donde ellas vienen, revestido con ropajes de esa acústica tradicional que nace de la vasta cordillera de los Apalaches, un caldo donde cuecen raíces musicales autóctonas con ingredientes que tienen sus orígenes en África, en el norte de Europa, en Irlanda. Está bien, pero me pesa. Leylines (Wider Circles, 2019), con toda esa fusión de fuentes, me satisface mucho más.
Cuenta Leah que el año pasado hasta el último segundo no se decidieron a abrirle la puerta a un productor para su música, ellas tan reacias a cuanto se vincule con la industria o a lo ajeno a su libertad creativa. Creyeron que la persona ideal era Joe Henry, autor de método rápido que no concibe el encasillamiento, y que en un mismo año entrega trabajos con Joan Baez, Steep Canyon Rangers, Milk Carton Kids y Amy Helm. La apuesta no admite error y Henry, con la batuta y la intuición de un maestro artesanal, ha conseguido que Leah, Chloe y sus músicos hayan conseguido una hermosa creación musical. Folk, blues, jazz y soul, con un pie en América, otro en África y una mano en las raíces celtas, se armonizan con sosiego en Leylines para producir exquisitas canciones: Harmonize, Make magic, Cuckoo, Resilient. Tan lejanas, tan próximas.
Nota: 8,5/10
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