viernes, noviembre 09, 2018

LIVE IN 224: LAS CARAS B DEL ÉXITO


Las caras B del éxito en el circo del rock and roll me fascinan tanto o más como las vidas y vivencias de quienes abrazan la gloria. Un músico casi anónimo, un tipo en realidad de lo más común que huye de las luces cegadoras de la fama sin perder respeto ni prestigio, o incluso un fracasado me caen mejor que los bendecidos por las luces y la fortuna. Hay algunos documentales que se detienen en casos como ellos: Anvil: The story of Anvil, The devil and Daniel Johnston y New York Doll son tres buenos ejemplos que, respectivamente, todos con un enfoque de nostalgia y amargura, dan voz a una banda a la que no sonrió la suerte que sí tuvieron multitud de bandas de heavy metal, a un trastornado músico underground, y al miembro caído en desgracia y en el olvido de una célebre banda de los años setenta. Hoy he leído otra historia de esas que merecería otro documental, la de John Deacon, el bajista de Queen, un multimillonario dedicado a su familia y sus aficiones totalmente alejado de legado musical y de cualquier asunto que incumba a su explotado grupo, un hombre cualquiera entre la multitud.

lunes, noviembre 05, 2018

BOOTLEG SERIES 67: LARKIN POE

Esto merece un alto, detenerse un momento. En ello estoy, con reservas, y con esperanzas. Por sus venas corre la sangre de un ilustre pariente lejano, Edgar Allan Poe. Dos hermanas de Atlanta que viven en Nashville, Rebecca y Megan Lovell: dos caras bonitas con gusto por la música sucia. Guitarras secas y afiladas, ecos sureños de blues roto en lodazales, una voz que se atreve a dejar bien claro que pertenece a una tipa dura. Larkin Poe. Estoy en ello, en ellas. Me gusta, promete, pero... Ya tienen su tercer disco, Venom & Faith, donde suena esto.
 

sábado, noviembre 03, 2018

VOLUME TWO 93: MC TAYLOR, MUY BUENAS CANCIONES

"Muy buenas canciones", sí. Así, sin otro sello ni etiqueta. Una definición de la música de Hiss Golden Messenger buscada en internet recoge que el estilo de esta banda se alimenta (o recoge elementos) "del folk, country, dub, country soul, rhythm and blues, bluegrass, jazz, funk, swamp pop, gospel, blues y rock". (¿Algo más, no se os olvida algún otro género?, ¿alguno ausente reclamará su cuota de inspiración?) (Abro otra pregunta en paréntesis: ¿el cóctel de estilos para definir la música hace más dignos de confianza al grupo o al músico, o es al contrario?). El caso es que para referirme a Hiss Golden Messenger, el nombre tras el que se ampara MC Taylor, prefiero quedarme con una banda/autor de, repito, muy buenas canciones (con un poquito de todos esos géneros arriba mencionados, también).

Otra buena muestra de esa lucidez compositiva se encuentra en Virgo Fool, un trabajo de este año del que no he encontrado hasta ahora mucha información. Este disco podría interpretarse como una colección de temas descartados del álbum del año pasado, el fantástico Hallelujah anyhow. Todas sus canciones encajarían en aquel repertorio y de hecho alguna parece que no está del todo bien grabada o mezclada, por lo que pudo haber quedado en un cajón de desechos ahora reabierto. Y como era de esperar, sí, hay cuatro o cinco canciones sobresalientes, en las que se queman tensiones a fuego lento a punto de saltar de la cazuela. Como ocurría en Hallelujah, y en Heart like a levee, y en Poor moon y en los otros cuatro discos de Hiss Golden Messenger desde 2009. Cuanto más, y a esta altura, mejor.

miércoles, octubre 31, 2018

VOLUME TWO 92: JOHN HIATT

Pasan los años y a John Hiatt se le nota un aspecto cansado, los rasgos más afilados, la voz arrastrada, el grito ahogado. Pero cuanto más viejo, más sabio, ¿no es cierto? En él hay algo que no se desgasta con el curso de los discos, más de una veintena en más de cuarenta años. Queda y vibra un brote natural para convertir música sencilla en canciones emotivas (o canciones sencillas en música emotiva, tanto vale). Detenerse cada poco tiempo en un nuevo álbum de John Hiatt es una hora bien invertida, una celebración de oficio bien ejecutado y con la medida justa de pasión e integridad por gracia de a quien los años han hecho un maestro.

Hiatt lo es, en su aparente sequedad y en el profundo alcance de cuanto compone. Raro es que falle en su listado de obras. Hay algún disco flojo aquí y allá, más antes que ahora. Desde el cambio de milenio sus álbumes contienen puñados de canciones tensas y agrietadas, delicadas y hermosas. (Ah, cuanto lo disfruté en Londres hace ocho años.) Me cuesta elegir entre lo mejor de estos últimos años: The tiki bar is open, Master of disaster, The open road, Dirty jeans and mudslide hymns, Terms of my surrender... mejor me quedo con todos. Hiatt acaba de publicar The Eclipse Sessions, de pulcro articulado de guitarras, con espíritu blues a lomos de rock que se consume en el crepúsculo. Bravo.
 

domingo, octubre 28, 2018

UN DISCO EN CADA PUERTO

De allí adonde voy me llevo una parte que acompañe a mis recuerdos. Una postal siempre, desde luego, o un imán para la nevera. Conmigo se vuelve al menos un disco en la maleta, o dos, o tres o alguno más, pero uno que no falte. Busco una tienda vieja, con catálogo de primera y segunda mano y pobladas cajas de plástico que acumulan viejos vinilos. Art Blakey en Salzburgo, The Black Keys de Cracovia, dEUS y Dawes estaban en Berlín, una banda sonora de una película de Wenders en Praga, Terry Callier en Bruselas, Lisa Hannigan por partida doble en París, Conor Oberst vino de Roma, Case/Lang/Veirs de Estrasburgo, decenas de músicos de las varias veces que la vida me llevó a Londres... La última en llegar ha sido Joni Mitchell, desde Budapest, dama de los Canyon. Bienvenida.

domingo, octubre 21, 2018

DANUBIO

El frescor de otro aire que entra en mis pulmones. Olores y ruidos nuevos que me esconden. El ritmo distinto del tiempo que hace extraños los días, como de una vida que no es la mía. Otro país, lejos. Llega antes la noche, alargaré la luz de las horas. Me bajo del tren y del autobús. Lo necesitamos, nos hará más fuertes. Añoraremos, pero volveremos nuevos. Una semana. Hasta pronto.

jueves, octubre 18, 2018

VOLUME ONE 486: SHADES (DOYLE BRAMHALL II)

Me inclino a defender y a seguir con mayor atención a aquellos grandes guitarristas que demuestran sus virtudes sin tendencias al virtuosismo, que valen más por hacer mejores a los músicos que acompañan que por exhibir su propia lucidez. En ellos cuenta tanto lo que callan como lo que hablan. A Doyle Bramhall II lo considero uno de esta selecta clase. El zurdo aquel de Austin era un crío junto a Charlie Sexton (otro de su especie) en los Arc Angels. Después de su tercer disco en 2001 tardó quince años en dejar listo el siguiente. En ese tiempo puso su guitarra al servicio de Eric Clapton y Roger Waters en estudios y giras, y ha tocado y grabado con Sheryl Crow, la Tedeschi Trucks Band, Bettye LaVette o Gregg Allman.

Shades (Mascot, 2018), solo dos años después de Rich man, me hace lamentar que su autor no se haya prodigado tanto en la grabación de discos propios, quién sabe si tan notables como este, aunque en lugar de esa vía hubiera ayudado a llenar de aciertos los álbumes de otros músicos. La guitarra penetrante de Bramhall fluye estilosa por el repertorio de la obra, con Clapton, Sexton, Trucks y Tedeschi como invitados agitando un sabroso cóctel de blues y rock del que humean aromas psicodélicos.

Nota: 7,5/10

martes, octubre 16, 2018

SOUNDTRACK 219: GIAMATTI

Desde que el cine es cine, de sus días de recursos primitivos a su era contemporánea de herramientas y expresiones más libres y atrevidas, ha habido multitud de intérpretes secundarios que, a través de sus papeles (no siempre) menores o en ocasionales roles principales, han eclipsado a los actores y actrices que encabezan el reparto. Hoy sigue habiendo secundarios característicos que, como los de antaño, se acomodan en segunda y tercera línea enriqueciendo películas, pero con el curso de los años actores que empezaron con papeles anecdóticos y pasaron a ser personajes de apoyo han acabado protagonizando películas. Uno de ellos es Paul Giamatti, que combina el primer nombre masculino del reparto con el cuarto o el quinto. Un actor magnífico.

Un tipo de apariencia corriente, anodina, que no sabes muy bien en qué momento te va a causar antipatía o cuándo provocará compasión; el pardillo gordito del instituto, el que sale detrás en las fotos, el que no se come un rosco, alguien de quien no te fiarías como amigo. Temible y débil en un mismo gesto. En su carrera, con un centenar de títulos entre cine y televisión, Giamatti, que empezó besuqueando a una chica en un ascensor en el film Singles (¿alguien lo recuerda?), puede presumir de extraordinarias interpretaciones al frente o en el medio del reparto. Ahí van unas cuantas: Entre copas, American Splendor, La joven del agua, El mundo según Barney. Y una de sus últimas grandes actuaciones es en una gran película: Vida privada, en la que comparte protagonismo principal junto a otra secundaria de lujo, Kathryn Hahn. En la angustia, la paciencia, el hastío, el cansancio y algún arrebato de ira por el que pasa el personaje de Giamatti durante el largo camino que recorre una pareja para conseguir tener un hijo veréis una vez más al gran actor que es.

jueves, octubre 11, 2018

VOLUME ONE 485: WORLD ON STICKS (SAM PHILLIPS)

Hay músicos que (como decimos por aquí arriba) no te dan entrado, a quienes no encontramos el gusto en cada oportunidad que les damos, pero que te siguen llamando con temeroso interés. Un ejemplo es Sam Phillips, atípica autora que entró en el negocio en la escena de la música popular cristiana y que pronto se apartó de ese entorno. De la mano de T Bone Burnett, con quien se casaría y divorciaría, exploró territorios más próximos al pop, con un cómodo respaldo mainstream y una producción discográfica reconocida. Sus álbumes me dan frío, no descubro sus intrigas. No ocurre lo mismo con el último: World on sticks (Littlebox Recordings, 2018), que me parece espléndido.

Sobresale en esta obra, ya sin Burnett detrás y con la propia Phillips en la producción, un subyugante uso de arreglos orquestales y de amplitud de recursos de percusión, tarea que recae en el magnífico músico que es Jay Bellerose. El disco se desliza ondulante como el acompañamiento musical de un sueño agradable y cautivador, de siniestros pasajes (World on sticks, Tears in the ground) y sutiles atmósferas (Roll em, Candles and stars). Tan penetrante que anima a no despertarse.
 
Nota: 9/10

martes, octubre 09, 2018

SOUNDTRACK 218: ETHAN HAWKE


De algún modo, Ethan y yo crecimos juntos en distintos lados de la pantalla y mis simpatías hacia él van más allá de sus virtudes interpretativas. El club de los poetas muertos me devolvió al cine, a la sala grande, cuando se estrenó en un teatro de mi ciudad, después de que me dejase acomodar por sobredosis de videoclub en el salón de casa. Yo tenía 16 años y Ethan 19, levantado en el pupitre para llorar al capitán (el malogrado Robin Williams) que los educaba libres de ataduras en aquella repugnante escuela privada. A aquel chico de aspecto frágil y sensible no lo perdí de vista, arrogante en El país del agua, sufridor en Grandes esperanzas, y lo acompañé mientras se enamoraba y maduraba en la trilogía de Richard Linklater junto a Julie Delpy a lo largo de las salidas y puestas del sol. Allá donde apareciese hacía que la película atrayese mi atención, aunque lo que viese no mereciese mucho la pena. En Boyhood llevaba una vida desordenada pero ayudaba a su hijo a poner en orden la suya mientras crecía. Y en Born to be blue se transformaba en Chet Baker.

Ethan también ha escrito novela y dirigido tres películas y un documental. El último de estos films, Blaze, de este año, se detiene en la errática y desordenada vida de un músico texano de country, Blaze Foley. Y Ethan Hawke tambien canta, no demasiado que se sepa, pero en una de sus recientes interpretaciones se suelta ante el micrófono (al menos en la banda sonora) como antiguo músico retirado al que recupera una mujer curiosa que investiga sobre un disco de culto grabado hace muchos años. ¿Os suena? Claro, es la historia que contaba Nick Hornby en su novela Juliet, naked, con el actor en el rol de ese autor envuelto en leyenda en la película del mismo título, también de este año y aún sin estrenar. Ahí estaré viéndote de nuevo, Ethan.

sábado, octubre 06, 2018

VOLUME ONE 483 Y 484: WANDERER/WAX. KT MEJOR QUE CAT

Dos autoras con disco nuevo el mismo día. Líneas que se cruzan y alejan en sentidos distintos. Una esperada reaparición que responde con decepción a las expectativas. Un retorno prematuro que recupera la mejor cara de una producción irregular. Pierde el aura fascinador de Cat Power frente a la cercanía palpable de KT Tunstall.


Wanderer (Domino, 2018) devuelve a Cat Power convertida en madre. Seis años después de su trabajo anterior, Sun, y tras dejar atrás angustias y desórdenes emocionales, Chan Marshall sale de su reclusión para compartir la felicidad de la maternidad con un disco adecuado para su bienestar, con más clima que cuerpo, parco en expresividad y seguramente bendecido por cronistas de todo perfil. Wanderer se queda atrás en la serie de últimos álbumes de la autora, superiores todos desde You are free (2003) incluido. Un muy buen single, Woman, no levanta un retorno apagado. Nota: 5,5/10


WAX (Rostrum, 2018) recupera a la KT Tunstall eficiente y decidida de su debut en 2006 y de aquel brillante Drastic Fantastic un año después. No acabo de entender los desconciertos de la escocesa entre buenos álbumes, como ocurrió en 2010 y 2016 con discos cargados de simpleza pop sin recorrido entre el formidable Invisible empire/Crescent moon de 2013. Dos años después de aquel último desliz vuelve a recomponerse con WAX, un equilibrado producto de pop y rock que revive a la autora de sus obras iniciales, con canciones bien armadas que devuelven el voto de confianza. Nota: 7/10

miércoles, octubre 03, 2018

GREATEST HITS 214: THE LAST DJ (TOM PETTY & THE HEARTBREAKERS)

Este mes se lo tengo reservado a Tom Petty. Ayer se cumplió un año de su muerte, un palo que me dejó muy triste durante unas horas; ayer también compré la caja de cuatro cds, An American treasure, que recoge más de sesenta temas inéditos y tomas alternativas y memorables actuaciones en directo a lo largo de cuatro décadas. Estos días nadaré con calma, dejándome llevar por las olas, sobre la música de Tom Petty y la mejor banda de acompañamiento que a un gran músico puede respaldar. Esta es una de mis canciones favoritas aunque aparece en uno de sus discos menos acertados. Aperitivo para el mes Petty.

DISCOS A 1 Y 2 LIBRAS

Una libra, dos libras. A esos precios crecen nuestras propiedades, nuestros vicios, sin apenas darnos cuenta, y mengua el espacio para guardarlos. Cds, no vinilos, que ocupan menos. ¿Necesitamos añadir más discos a los muchos que tenemos, piezas que escucharemos por primera vez o volveremos a escuchar después de mucho tiempo de la vez anterior y tardaremos mucho más en volver a ellas?

Mi hermano ha vuelto de Londres con un cargamento de 22 discos en el equipaje. Unos pocos, novedades en el mercado, los compró en tiendas especializadas a precios normales; el resto, en charity shops, establecimientos con multitud de productos usados pero en buen estado con el precio muy reducido, del que parte se detina a beneficencia. En estas tiendas te vuelves loco paseando entre miles de cds (y libros y películas y objetos de todo tipo, como en nuestras tiendas de viejo) y acumulando en las manos aquellos que por una, dos, y hasta media libra, te vas a llevar a casa para tenerlos en estado original y recrearte en sus imágenes, textos y diseños.

Quizá cuando vuelva a Londres yo me lleve 40 o 50...

viernes, septiembre 28, 2018

VOLUME ONE 482: THIS TOO SHALL LIGHT (AMY HELM)

Una conexión intensa, muy cercana, con la que la música parece surgir por sí sola, solo con miradas y voces que se llaman y se entrelazan para volar hasta separarse, se desprende de este disco. Ocurre con los de Ollabelle, el grupo del que formó parte Amy Helm, también con su trabajo anterior, Didn't it rain (2015). En This too shall light (Yep Roc, 2018) es más fuerte la espontaneidad que envuelve la grabación del disco, los vínculos que atan la excelencia intrumental (Jay Bellerose, Jennifer Condos, Tyler Chester, Doyle Bramhall II) y las armonías vocales (Allison Russell, JT Nero, Adam Minkoff y el vigor emocionante de Amy). La experiencia es por momentos mística, en una clave góspel que hace crecer y enriquecer las canciones. 

Vale, Amy escogió al músico y autor ideal para que produjese su segundo álbum, a Joe Henry. Diez versiones (con lejano tema de su padre Levon en el tránsito de The Hawks a The Band) que le pidió que no ensayara antes de grabar, que dejase que fluyeran por entre los dedos, las voces y las almas de los músicos de la sala, todos juntos en los United Recording de Hollywood, muy lejos de los bosques de Woodstock que inspiran a Amy. El resultado, con una cara A perfecta que corona una conmovedora cover de Mandolin wind, es música hermosa y reconciliadora.

Nota: 8,5/10

jueves, septiembre 27, 2018

VOLUME TWO 91: OLD ROD

Los discos de Rod Stewart dejan de gustarme a partir de 1977, después de A night on the town. Entonces yo tenía cuatro años, aunque, lógicamente, hubieron de pasar muchos más hasta que escuchase los espléndidos seis álbumes anteriores, el magnífico legado con Faces, su etapa con el grupo de Jeff Beck y, también, gran parte de su mediocre obra posterior hasta el día de hoy. Duele admitirlo de un intérprete excelente atrapado en una larga, muy larga espiral de acomodado pop de la que parece incapaz de escapar. Seguramente no lo quiera, y eso lo convierte hoy en alguien que ya no es digno de confianza. Pese a ello, y porque Rod me sigue cayendo bien y porque guardo como un tesoro sus primeros discos y todo Faces, vuelvo a él cuando está de vuelta.

Desde 2013 ha grabado tres nuevos álbumes, una vez dejada atrás sus aburridas sesiones de standards americanos, en las que en mi opinión no da la talla como animador de casinos y salas de fiesta. Ni Time (2013) ni Another country (2015) ni Blood red roses (2018) son buenos discos. Nada queda para el recuerdo, aunque en el momento digas que un par (como mucho) de canciones en cada uno dan la talla y, bien cerrados los ojos, aún ves al gamberro Rod en sus años de farra. El resto es pop blando y de sonido plastificado, música simple torpemente agitada con espacio para revisiones de melodías tradicionales mal desenterradas y vestigios desconchados del rock, el blues y el soul que una vez, hace mucho tiempo, hicieron grande a Rod Stewart. No puedo evitar pensar en que podría parecerse a aquel que fue si en manos de un T Bone Burnett o un Ethan Johns, y a semejanza de un Tom Jones, se dejase recuperar.

lunes, septiembre 24, 2018

GREATEST HITS 213: NOMAD (BLACK DUB)

Produce un placer pleno reafirmarse en los placeres lejanos cuando se recuperan, olvidados en alguna medida. Hace siete años descubrí esta ocasional asociación, un proyecto corto en la carrera larga del músico y productor Daniel Lanois: Black Dub. Lanois en los crujidos y goteos metálicos de la guitarra; Brian Blade en la versátil distinción de la batería; Daryl Johnson en la finura penetrante del bajo; Trixie Whitley floreciendo y explosionando. Solo grabaron un disco, cargado de dinamita exuberante. Como Nomad.

 

sábado, septiembre 22, 2018

VOLUME ONE 481: OUT OF THE BLUES (BOZ SCAGGS)

En seis años Boz Scaggs ha completado su particular trilogía, una serie de tres álbumes de versiones (nada de temas machacados hasta el hartazgo, nada de piezas previsibles de maestros de referencia) empapadas de estiloso blues eléctrico, blues blanco a precio de diamante. Scaggs, como John Mayall, por ejemplo, es un señor de los de fiar en el género, un distinguido labrador del blues provisto de excelente maquinaria. Y en estos últimos tres trabajos Scaggs ha dispuesto de fabulosas herramientas. Había espléndidos músicos en Memphis (2013), también en A fool to care (2015) (el único de esta trilogía que no he escuchado), y desde luego en Out of the blues (Concorde, 2018), un cálido y estimulante paseo por la excelencia musical con peones tan sobrados como los guitarristas Doyle Bramhall II y Charlie Sexton, con sus mástiles cruzados reunidos tiempo después de sus Arc Angels. De la selección sobresale una vaporosa versión de On the beach, de Neil Young, con la que a uno le entran las ganas de perderse en el océano. 

Nota: 7,5/10

martes, septiembre 18, 2018

"LA MÚSICA ES UN RÍO Y UN TREN..."

"La música es un río y un tren que avanza con cadencias de blues, un tornado feliz que lo arrebata a uno del suelo, y cada golpe de tambor, cada frase del órgano o del saxo actúan sobre el organismo como esas descargas hormonales que provocan la dicha o el deseo, como un trago bien medido de alcohol que enaltece la sensación del presente y las efusiones secretas de la memoria".

Ventanas de Manhattan 
(Antonio Muñoz Molina)

El caminante y el viajero, el observador apegado a los detalles y esclavo de las palabras, celebra de éxtasis escritos como aquellos de Antonio Muñoz Molina guardados en su cuaderno y en su mochila, creados sobre papel blanco con rotulador de punta fina y trasladados al libro que reproduce las visiones, sensaciones, dudas, preguntas, extrañezas, asombros y emociones con que se cruza a cada paso. Ventanas de Manhattan contiene paseos por las calles heladas, estancias en el banco de un parque, visitas a museos increíbles e inverosímiles, recuerdos de un recién llegado, ventanas grandes desde las que imaginar vidas y observar el mundo indescifrable de las gentes, conciertos en salas y locales... Como este blog se detiene sobre todo en la música, he aquí una de tantas frases que merecen recordarse de este sensacional libro, plasmada por el autor al asistir a un concierto de jazz en un garito de Harlem.

lunes, septiembre 17, 2018

BONUS TRACK 196: BRAINWASHED (GEORGE HARRISON)

George ya no estaba cuando escuchamos la última música que nos dejó. Es difícil saber si Brainwashed (2002) fue el resultado que él hubiera deseado. Es probable que sí, o que se parezca bastante a lo que concibió como su despedida. Llevaba años enfermo, con tratamientos y operaciones, debilitado para componer y grabar en condiciones. Cuando el cuerpo le daba una tregua se juntaba a cantar y grabar con Jeff Lynne y Jim Keltner. Quedó material guardado, música que precisaba arreglos para parecer viva. Un año entero les llevó a Jeff y a Dhani Harrison pulir el aliento cansado de George, dar color, cuerpo y grosor a doce canciones que vieron la luz doce meses después de su fallecimiento. El disco, quince años después de su anterior, Cloud nine, también con Lynne en la producción, es un estimable capítulo final: George Harrison en una colina arenosa de la India saludándonos con una sonrisa melancólica, dichoso por lo que ha sido y nos ha otorgado.

viernes, septiembre 14, 2018

GREATEST HITS 212: DIXIE DOWN BY GLEN, LISA & JOHN

Las canciones gigantes merecen versiones enormes. No pertenecen a ningún lugar ni tiempo. Están con nosotros siempre. The night they drove old Dixie Down.
 

martes, septiembre 11, 2018

LIVE IN 223: LISTENIN' MILES

El jazz me transporta a momentos y escenarios irreales, a atmósferas remotas o inabarcables (hielo que se derrite en bourbon, sótanos ahogados en humo, vidas castigadas por el vicio y la adicción y relaciones tormentosas). Unos autores y corrientes me invitan a ese crudo viaje más que otros, con su atracción por las intrigas propias de la música que tejen, se ponen encima, encojen y estiran y los riesgos al límite que evoca el clima que la rodea. Miles Davis es de los que me convierten en viajero sobre ese filo resbaladizo en el que se balancea el jazz. En varias de sus etapas, además, con traje de seda o en el fragor de la extravagancia. 

Su primer quinteto es responsable de una serie sus maravillosos discos con el gerundio por título grabados en la casa Prestige: Walkin', Cookin', Workin', Relaxin' y Steamin' con John Coltrane en el saxo tenor, Red Garland en el piano, Paul Chambers al contrabajo y Philly Joe Jones en la batería. En una nueva desconexión en los terrenos tan sugerentes del jazz, redescubro agradecido el consolador efecto de la música limpia y liberadora de Miles en Workin' with The Miles Davis Quintet (1956), tercer álbum de la serie, grabado en dos sesiones en distintos meses en el estudio de Rudy van Gelder.

viernes, septiembre 07, 2018

VOLUME ONE 480: GOOD DAY (JONATHAN JEREMIAH)

Otro autor contemporáneo al que reivindicar. Una afinidad consolidada. En su prueba crucial del tercer disco, algunos músicos no se ven capaces o lúcidos como para situarse a la altura de sus obras precedentes, debuts prometedores y continuaciones más satisfactorias. El riesgo ciego que se traduce en desorientación. Jonathan Jeremiah llega seguro de sí mismo, muy resuelto, a su tercer trabajo, Good day (PIAS, 2018), con el que reafirma el poderoso salto que dio en 2015 con el magnífico Oh desire y su habilidad para componer depuradas canciones de aroma clásico sin caer en maniobras forzadas. Como en el álbum anterior, el autor se sumerge en lagunas de pop y folk bañados en soul que desprenden reconfortante calidez. A ello ayuda una solidez rítmica tirando al funk y un deslizante coro de voces femeninas que envuelve las canciones en gasa y las apodera de una extraña sensualidad. La voz de barítono de Jeremiah refuerza una apuesta que por momentos remite a la triunfal segunda entrega de Michael Kiwanuka. Solo la escasa duración de un par de cortes que reclamaban más tiempo deja la sensación de que el disco podría haber estado todavía mejor.

Nota: 8,5/10

lunes, septiembre 03, 2018

VOLUME ONE 479: MY NEW MOON (AMOS LEE)

El bueno de Amos Lee encaja en esa categoría fiable de músicos incapaces de resbalar con trabajos desafortunados. Prestigio da la virtud, y aprecio duradero. Amos, además, ese tipo que, aunque lo sepas de sobra, aún te preguntas al escucharlo cantar si es blanco o negro, demuestra en la carrera que traza una extraordinaria facilidad para cambiar de registros con sutilidad, más bien acomodado en torno al soul y al R&B pero sin temer a que el rock o el folk desvirtuen su atrevimiento. Lo hace al natural, sin grandes riesgos, con una elegancia que sabe lucir en directo y plasmar con seguridad en sus discos. Y con My new moon (Dualtone Music, 2018) se reafirma. Su séptimo álbum exhibe una variada clase de registros instrumentales y osadías sonoras conjugadas con pericia en canciones que apuestan por la travesura o se recogen en la reflexión, desde la alegría contagiosa que desprenden No more darkness, no more light o Little light a la intensa emoción que sale de I get weak o Don't fade away. Otro hurra por Amos Lee.

Nota: 7,5/10

domingo, septiembre 02, 2018

ENTRE LAS OLAS, BAJO LOS ÁRBOLES

Regreso a una playa escolar, al destino de aquel viaje en la excursión de mayo sin salir de la provincia, al bajar del autobús con la comida preparada de casa y la cantimplora de explorador llena de agua. Mochilas en la espalda, tortilla y empanada, y todos los restos recogidos para dejar limpio el comedor, protegidos por los árboles. Los árboles nos observan hoy allí, rectos e imponentes proyectando las sombras de sus hojas en nuestros cuerpos. Nada parece cambiar.

Regreso a la playa donde leímos juntos una tarde y yo hice una fotografía de tus zapatillas sobre la arena, una pisando a la otra para impedirle el paso. Hoy volvimos a leer sobre la misma arena un largo rato callados. Las olas bañaron nuestros pies más tarde, nuestros pasos removiendo el agua en el camino que une los extremos, sin frío ni calor en la piel que atrae a la arena. Unas horas lejos de todo, de lo que nos bendice los días y de lo que a veces nos los pone cuesta arriba. Antes de salir a flote.