lunes, mayo 15, 2017

LIVE IN 201: LOS PLUTONES, LOS NIÑOS Y EL ROCK AND ROLL

Quiero pensar, o soñar, que algún niño o alguna niña de las que allí estaban muy pronto les pedirán a sus papis que les compren una guitarra; y un poco más tarde, que alguien les enseñe a tocarla; o que les apunten a una clase para aprender a tocar la batería o el bajo. ¿Demasiado soñar? Me atrevo a hacerlo cuando veo a esos niños de 2 años, de 3, 4, 5 o 6, saltar torpemente sobre sí mismos y dar vueltas a su alrededor y llevarse las manos a sus barrigas como si tuvieran allí una guitarra y aplaudir al final de cada canción, aunque no sepan que se trata de Tutti Frutti, We can't work it out, I'm a believer, Surf in USA o (I can't get no) Satisfaction.

Ahí estaban el domingo Los Plutones, estos chicos de mi ciudad con Félix Arias al frente narrando una pequeña historia de música y amistad entre cada canción, enloqueciendo a unos cuantos críos, algunos en el primer concierto de rock and roll de sus vidas. Sabias enseñanzas.

viernes, mayo 12, 2017

GREATEST HITS 193: DRIFT AWAY (ROD STEWART)

¿Verdad que hay canciones no demasiado conocidas y de las que no sabéis quién las interpreta o quien la compuso que cada vez que las oís pensáis que son realmente buenas, realmente bonitas, y siempre pensaréis lo mismo? Drift away quizá es para vosotros una de ellas. Yo pienso eso. Nunca recuerdo quién es su compositor ni sé quién la grabó y cantó por primera vez, pero siempre que la escucho en la voz de alguien me gusta cómo suena, cómo se interpreta. Mi primer contacto fue gracias a un vinilo de la banda sonora de aquella serie de los ochenta titulada Aquellos maravillosos años. ¿Os acordáis? La versión era de Judson Spence. Pasado el tiempo he escuchado Drift away por muchos otros músicos, y casi siempre me ha resultado conmovedora. Será por esos versos del estribillo que dicen que “dame ritmo y libera mi alma, quiero perderme en tu rock and roll e ir a la deriva”, puede ser. Una de las versiones que más me gusta de este tema, que compuso Mentor Williams en 1972 y cantó por vez primera el poco conocido Dobey Gray un año después, es la de Rod Stewart, la que aparece en su álbum Atlantic Crossing (1974). Hoy me sigue pareciendo una muy bonita canción.

martes, mayo 09, 2017

BOOTLEG SERIES 53: LOS 50 AÑOS DE BLONDE ON BLONDE, POR OLD CROW MEDICINE SHOW

Sobre el papel, la cosa desprende unas expectativas elevadas, una sensación de tributo entrañable en forma de rito ocasional con motivo del medio siglo desde su creación, la creación de Blonde on Blonde, la obra impresionante que Bob Dylan grabó en 1966. Las versiones de temas de Dylan se han enfocado y ejecutado desde variados estilos y con diferentes climas, como su autor y la magnitud de su obra y su figura sugieren. Unas veces con cercana fidelidad, otras con atrevida excentricidad. Todo válido, desde luego. Old Crow Medicine Show se encargan del homenaje en este lanzamiento fresco, 50 years of Blonde on Blonde. El año pasado dieron un par de conciertos interpretando el álbum de principio a fin y por el orden original, del que se suponen los mejores episodios han sido reunidos en el disco que tenemos entre manos, con los cuervos sobrevolando y surgiendo del enmarañado cabello de Dylan.

¿Y qué hacen los OCMS? Arrojarse con sus combinadas esencias de folk, blues, country, bluegrass y tradición americana en las canciones originales de Dylan con derroche y optimismo, con más aproximación que riesgo, pero en mi opinión con demasiado ajetreo y ahogando la emoción íntima que brotaba de la obra de hace cincuenta años. Noto el estorbo de guitarras acústicas, pedal steels o violines donde antes no hubo nada de eso, y, salvo contadas versiones, añoro un poquito de calma y de voces que bajen el volumen. He leído un par de reseñas entusiastas de este tributo (e imagino que habrá más) con las que no concuerdo. Me canso y me distraigo.

viernes, mayo 05, 2017

VOLUME ONE 439: PLEASURE (FEIST)

Te da la impresión de que falta algo en cada tema y de que los instrumentos no se atreven a entrar, pero hay en verdad sonidos de sobra (los suficientes), y si irrumpen solo unos segundos es porque no es necesario que persistan más. Crees que una guitarra seca sobre la que los dedos saltan y rebotan podría expandir su eco y darle grosor a una canción, aunque bien visto esa canción no precisa de más ropajes. Intuyes que un tema va a seguir un curso determinado y de repente cambia de corriente con un imprevisible salto de ritmo o giro instrumental. Lo encajas como un disco desnudo y crudo, cierto, pero bajo su superficie yace una secreta calidez. Estas son algunas paradojas que despierta(n) la(s) escucha(s) de Pleasure (Interscope, 2017), la vuelta al estudio de Feist seis años después del excelente Metals con una obra desconcertante, tan excéntrica como contenida. Del juego de contrastes sale bien parada, por su capacidad de absorción y una latente conmoción que consigue salir a flote.


Puede recordarme a una primitiva PJ Harvey por el rasgueo frío de las cuerdas, o a Bill Callahan por la forma en que con economía instrumental y calculada habilidad vocal alcanza una profunda expresividad. ¿Indie rock experimental? ¿Vanguardismo estético? Feist, de la que hoy parece anómalo aquel bonito y optimista single que era 1234, ha grabado un artefacto (me parece el término apropiado) atrevido y atrayente (magníficos temas Century, Lost dreams y Get no high, get no low), quizá algo espeso en su conjunto, pero satisfactorio.

Nota: 7,5/10 
 

jueves, mayo 04, 2017

VOLUME ONE 438: IN SPADES (THE AFGHAN WHIGS)

Hace cuatro años regresaban tras 16 años de separación The Afghan Whigs. Volvían con Do to the beast, un notable reencuentro que guardaba fidelidad al enérgico latido sonoro con el que la banda respiraba en la década de los noventa, con trabajos explosivos como Black love y 1965. Lo que en este blog se decía entonces de aquel disco, leído ahora, valdría para describir también In spades (Sub Pop, 2017). Suscribo (repito) por tanto el elogio a las emociones profundas que fluyen por las canciones del grupo, al falsetto conmovedor de la arrugada voz de Greg Dulli y al azote rítmico que provocan intensas composiciones en cadena (Oriole, Copernicus, The spell, Light as a feather), esta vez retornando más en línea recta al espíritu y a las texturas de aquellas poderosas obras de hace dos décadas.

 
Nota: 7,5/10

martes, mayo 02, 2017

BONUS TRACK 176: ARC ANGELS (ARC ANGELS)

En 1992 se grabó un fantástico álbum de blues-rock que, conociendo los hechos, los protagonistas y el entorno, vino a convertirse en eso que de algún modo ensalzador y caprichoso se conoce como disco de culto. ¿Es de culto Arc Angels, el único disco de estudio del grupo del mismo nombre? Podría ser. De culto o no, excepcional pero no maldito, merece el rescate esta obra extraordinaria, ejemplo de una confluencia de músicos nada corrientes que crearon un solo trabajo juntos y probablemente no estaban llamados a producir más.

En Arc Angels, texanos de nacimiento y carrera, estaban dos jóvenes guitarristas que acabarían fortaleciendo sesiones y giras para otros músicos, el zurdo Doyle Bramhall II y el diestro Charlie Sexton, y la base rítmica de la banda del malogrado Stevie Ray Vaughan, el bajista Tommy Shannon y el baterista Chris Layton. Producidos por Little Steven, dieron aire y libertad al rock y al blues con los que habían crecido y dado sus primeros pasos en los escenarios locales, en Dallas, Austin y otros lugares del estado sureño. Firmaron un disco vibrante, sin fecha de caducidad, legado de un encuentro que al final se quedó en los apéndices de las hemerotecas del rock.

VOLUME TWO 81: MELLENCAMP

Más de 40 años de carrera visten a John Mellencamp. Una fila por detrás de autores mayúsculos como Springsteen o Petty (se aceptan sanas discrepancias), Mellencamp es otro de esos músicos puramente americanos de los que se puede uno fiar, sin apenas manchas en su historial, firmante de canciones poderosas y álbumes compactos. Uno mira en sus archivos y encuentra bien alineados en el estante un buen lote de discos de los más de veinte que suma John Cougar Mellencamp de los que echar mano de vez en cuando (Scarecrow, The lonesome jubilee o Human wheels hasta los primeros noventa; Freedom's Road o Life death love and freedom en el siglo presente). Podría aumentar el grupo de obras en la estantería, quizá, si le damos entrada a Sad clowns & hillbillies (2017), un álbum en colaboración con Carlene Carter, el primero producido por el músico, que sin devolverlo a sus etapas más brillantes, en su distinguida veteranía se disfruta reposadamente.

Volvemos atrás un momento a las marcas sobre el asfalto que ha dejado Mellencamp, ambicioso veinteañero con mala suerte cuando peleaba por hacerse un nombre entre tantos músicos de perfil castizo y combativo; un tipo a tener en cuenta nada más saborear el éxito (hablamos de American fool en 1982) y hacer brillar las letras de su nombre en los carteles de los conciertos. Un disco tras otro, Mellencamp (ya sin Cougar en el apellido) ha lucido un cómodo estatus entre los rockeros norteamericanos de raíz. Le ha faltado quizá el riesgo al que se han atrevido generaciones mayores (y, desde luego, menores), desapegarse un poco de su esencia hogareña para demostrar que por pastar en otros prados no iba a sentirse desplazado e iba a salir airoso. Sad clowns… añade a su bagaje otro digno capítulo.

domingo, abril 30, 2017

GREATEST HITS 192: CAN'T GET ENOUGH OF YOUR LOVE BABE (THE AFGHAN WHIGS)

Quince años antes de que (esta semana) se nos marchase Jonathan Demme, su sobrino Ted fallecía de un ataque al corazón. Tenía 38 años y un puñado de películas dispares detrás, entre las que sobresalía Beautiful girls, maravilloso retrato sobre el paso a la madurez y las incertidumbres que arrastra, las amistades y relaciones duraderas y la búsqueda de un lugar en el mundo y un propósito en la vida (Ah, Marty!). Una estupenda banda sonora acompañaba aquel film. En una secuencia en un bar una banda le metía caña rockera al soul profiláctico de Barry White. Allí estaban The Afghan Whigs con su versión de Can't get enough of your love babe. Por los Demme.

jueves, abril 27, 2017

SOUNDTRACK 200: UN PEQUEÑO HOMENAJE A JONATHAN DEMME

Este texto es un pequeño homenaje de agradecimiento y cariño a Jonathan Demme, que nos ha dejado esta semana a los 73 años. Siempre me cayó bien este director de cine, formado en la escuela de Roger Corman. Una buena parte de sus películas, ya con las lecciones bien aprendidas, me gustan mucho, empezando por el magnífica obra referencial que es El silencio de los corderos. Otros filmes dejaron huella en mi post adolescencia, como Algo salvaje y Casada con todos. Y pasados los años disfruté de títulos como El mensajero del miedo o el concierto-documental con su amigo Neil Young, Heart of gold. La selección musical de sus películas (y también sus obras musicales) siempre me ha parecido uno de sus puntos fuertes, porque su elección encajaba muy bien con el ritmo y el tono de las imágenes y de las historias que se nos contaban. Con estas canciones por ejemplo, si les dedicamos una escucha, deseamos un feliz descanso a Jonathan Demme.

-Streets of Philadelphia (Bruce Springsteen)
-Liar Liar (Debbie Harry)
-Heart of gold (Neil Young)
-Goodbye horses (Q. Lazzarus)
-Loco de amor (David Byrne & Celia Cruz)
-Up to our nex (Robyn Hitchcock)
-My love will not let you down (Meryl Streep)
-This must be the place (Talking Heads)

martes, abril 25, 2017

VOLUME ONE 437: BE MYSELF (SHERYL CROW)

Sheryl Crow no ha podido disimular en su nuevo álbum la nostalgia de los tiempos tiernos, las brisas que desprendía en aquel 1993 su estupendo álbum de debut, Tuesday Night Music Club. En Be myself (Warner Bros, 2017) reviven canciones como Strong enough o la popular y pegadiza All I want to do en otros temas igualmente notables, como Long way back, Heartbeat away o el que da título al disco. Porque su autora, en su décimo álbum de estudio, ha querido que a sus arrugas las cubran esencias musicales rejuvenecidas. La táctica convierte Be myself en un estimable ejercicio de revisión con nuevas composiciones que, aunque con resultados predecibles y sin giros que entusiasmen, se acoge con agradecimiento. No mejorará ni empeorará su currículum.
 
Nota: 6,5/10

lunes, abril 24, 2017

VOLUME ONE 436: GARGOYLE (MARK LANEGAN BAND)

¿No os pasa a veces que vais dispuestos con pereza a la escucha del nuevo trabajo de un músico que en realidad os gusta? Mas con pereza, allá vais, allá vamos. Me ha pasado ahora con Mark Lanegan, quien ha juntado a sus amigos más íntimos (Josh Homme, Greg Dulli, Duke Garwood) para repetir bajo la Mark Lanegan Band una producción más en su generosa, atrayente siempre y en cierto punto camaleónica, carrera post Screaming Trees. Hay algunos resbalones en su obra (Imitations), aventuras de las que unas veces ha salido bien parado (la trilogía de discos con Isobel Campbell) y otras no (Black pudding). A lo que más se parece este brumoso Gargoyle (Heavenly, 2017) es al arremolinado Blues funeral (2002).
 
Aunque sus inclinaciones no pareciesen acercarse a la naturaleza musical que él nos sugiere, Lanegan, errático o no, siempre ha sabido adaptarse a sonidos y ambientes distanciados. En Gargoyle lo oímos demasiado envuelto en teclados y efectos de sintetizador, fórmula que en ocasiones acrecienta esa pereza de la que hablaba o que por el contrario confiere a las canciones una apretada energía (Nocturne). El disco, no entre lo mejor del músico, se levanta en momentos en los que Lanegan parece salido del álbum Whiskey for the Holy Ghost (Sister) o se deja caer en crepusculares ambientes (Goodbye to beauty).
 
Nota: 6,5/10

jueves, abril 20, 2017

SOUNDTRACK 199: NATALIE 'LLORONA' PORTMAN

Me parece una gran actriz. Una gran actriz que -me pregunto- parece haber incluido una cláusula en los contratos para reservarse al menos una escena en sus películas para llorar. Por el motivo que sea: porque le hacen daño casi siempre, porque sufre por sus debilidades o por las desgracias que la castigan, o porque se le vuelve a estropear el coche. Siempre hay una razón de peso en los argumentos de sus films para que el personaje que interpreta se comprima de angustia o expulse su aflicción con el derramamiento de lágrimas y la necesidad de consuelo. Con dos seguidas hace muy poco, he visto 26 de las 39 películas hasta este año en las que ha trabajado; si alguien ha visto una en la que Natalie Portman no llore, que me lo diga.

Insisto: natural en sus papeles vulnerables, de un control sutil de sus personajes para que no se le vayan de las manos y con una hermosura inmarchitable, Natalie Portman es una gran actriz que llora demasiado.

lunes, abril 17, 2017

VOLUME ONE 435: DOUBLE ROSES (KAREN ELSON)

¿Nos fiamos de una supermodelo metida a cantante? ¿Le damos una oportunidad a una supermodelo que compartió hogar y comparte un par de hijos con Jack White? ¿Por qué no? Y no por White precisamente. Karen Elson, británica del 79, grabó su primer álbum hace siete años con el empuje lógico de su marido, productor y músico de aquella experiencia. The ghost who walks se titulaba, y no recuerdo qué tal sonaba, algo hechizante, espeso y resbaladizo, creo. Sin el padre de sus hijos junto a ella, Karen ha buscado buenas compañías (o la han buscado a ella) para expresarse mejor en su segundo álbum, Double roses (Hot Records, 2017).
Al mirar los créditos nos encontramos con Pat Carney (la otra parte de Black Keys) y el genial Jonathan Wilson en la producción y algunos instrumentos, además de otros nombres mayúsculos como Greg Leisz, Pat Sansone (Wilco) y Benmont Tench en las cuerdas y las teclas, o Dhani Harrison y Laura Marling con voces. Con un elenco así, imposible fallar. Claro que no. Aunque la voz de Karen Elson podría confundirse con la de tantas solistas del montón, en ocasiones se retuerce sobrecogida y el escultórico acompañamiento musical que la arropa ayuda a construir unas cuantas canciones de sobresaliente (Wonderblind, Raven, A million stars). Descubrid más.
 
Nota: 7,5/10

DRUMS

Desde el fondo, sentado, domina los latidos de una canción. Con sus manos controla el ritmo de la música, la adormece o la despierta, la cubre o la despoja de adornos con los golpes sutiles o poderosos de sus leales herramientas de percusión. Son dueños del carisma mudo de una banda, piezas de engranaje aparentemente discretas del grupo de músicos que arropa a un autor. Son quienes se sientan en la batería.
 
Un buen amigo es baterista. De los buenos, profesional de las baquetas en no pocas bandas y proyectos de mi ciudad y experto en la ingeniería sonora en diferentes campos. Nos vemos menos ahora, pero al encontrarnos surgen siempre gloriosas conversaciones con la música como argumento (además de recuerdos de grandes conciertos vividos juntos). En la última que tuvimos regresamos a uno de nuestros temas favoritos: la batería, los bateristas. Aaaaah, nos dejamos muchas cosas en el tintero pero sacamos a relucir viejos y nuevos protagonistas: los bateras de Pearl Jam y por qué a él quien menos le gusta es Matt Cameron; la añoranza de Jack Irons; el vigor adictivo de Chad Smith; Steven Adler frente a Matt Sorum; la eficaz sobriedad Larry Mullen Jr; la maestría sencilla e incontestable del eterno Jim Keltner… (la madrugada y los brebajes hacen que me olvide de otros nombres, quizá lo pensé o quizá le dije también, no sé, que me pirran algunos bateristas de jazz como Tony Williams o Philly Joe Jones o que me dejo hipnotizar por las percusiones de Jay Bellerose).
 
José García, el buen amigo, es exquisito con sus manos, un artesano de las baquetas y las cajas que te levanta al enchufarse al rojo vivo y te seduce cuando se pone fino. Maestro en lo suyo.

viernes, abril 14, 2017

BONUS TRACK 175: DARK CHORDS ON A BIG GUITAR (JOAN BAEZ)

Apenas ha pasado por aquí Joan Baez. Ni la de cuando aún no habíamos nacido ni la de nuestra madurez, ni la icónica figura de los tiempos de protesta ni el ángel de la conciencia. Como muchos otros ilustres supervivientes ha sabido envejecer con dignidad, poco prolífica en estudio en este siglo aunque activa en escenarios y en causas que merecen defensa. Está ahora en buenas manos grabando nuevo álbum, que sucederá al que en 2008 trabajara junto a Steve Earle, Day after tomorrow. Cinco años antes había acabado un magnífico trabajo, una muestra de ejemplar adaptación a las corrientes musicales que estrechan los vínculos ente el folk y el rock: Dark chords on a big guitar (2003). Baez toma prestadas composiciones de autores como Earle, Welch y Rawlings, Josh Ritter o Ryan Adams para deslizarse sigilosa y elegantemente sobre ellas. Como apunta con acierto la reseña del álbum en allmusic, “Baez no es una cantante de rock ni lo intenta, pero el disco es un disco de rock”. Da la sensación de que el Daniel Lanois que produjera a Emmylou Harris en Wrecking ball se encarga de la armadura sonora de esta obra de atmósfera cautivadora. Te esperamos este año, Joan.

lunes, abril 10, 2017

VOLUME ONE 434: LIFE. LOVE. FLESH. BLOOD (IMELDA MAY)




A nivel profesional Imelda May ha traducido los giros de su vida privada en un cambio de estilo musical acompañado de nueva imagen. La Imelda rockabilly se esconde para descubrir a una Imelda salpicada de soul, country, folk y rock en su quinto álbum, Live. Love. Flesh. Blood (Decca, 2017). El ritmo agitado se relaja y aflora la templanza. Ya no hay rizo rubio en el flequillo de su cabello oscuro, ni maquillaje rojizo, ni faldas apretadas. Ahora Imelda se tiñe de blanco y negro y suelta su melena alisada, con tirantes resbaladizos sobre la piel en la imagen de la portada. Gran parte de culpa de esta transformación la tiene el fin de un largo matrimonio con el músico que la acompañaba en sus álbumes anteriores, Darrell Highman.

El cambio ha volcado a la irlandesa en la escritura de sus nuevas canciones y la ha relacionado con un productor de primer nivel, el respetable y siempre interesante T Bone Burnett, que echa mano de gran parte del equipo con el que había grabado el exitoso Raising sand de Robert Plant y Allison Krauss para decorar este estimable nuevo disco de Imelda May. Aún subyace, aunque muy levemente, un rastro nervioso de la rabia rockabilera de la mujer, que ahora comprime sus emociones para cantar bonitas baladas (Call me, How bad can a good girl be) y tensos tempos mayores (Leave me lonely y la tremenda tremenda Bad habit). No me convence la intervención de Jeff Beck en un tema ni un facilón corte pop, pero son manchas menores (Cuatro temas adicionales de la edición Deluxe se nota que son relleno pero no están nada mal).

Nota: 7/10

sábado, abril 08, 2017

VOLUME ONE 433: LIVE FROM THE EDGE OF THE WORLD (OVER THE RHINE)


Creo que me estoy volviendo conservador. Al dejarme atraer por la música, dedicarle una porción atenta de tiempo y recrearme en su entramado melódico, instrumental y evocador, siento ahora que me inclino por propuestas moderadas y viento tranquilo, por sentarme y relajarme, por dejar que la música me entre apaciblemente y no por arrojarme yo impulsivamente a ella. La reflexión/confesión viene a cuento después de recientes escuchas con las que me acomodo en calmas sonoras y pasajes de música bien trabajada. Como esta agradabilísima grabación en directo de Over the Rhine.

En otras palabras, me cansa descubrir a alguien nuevo y repito con quien confío (o debo confiar). Esta formación asentada en Cincinnati tiene más de una decena de discos desde su debut en 1991, de los que conozco los cuatro últimos. Encabezan el grupo el matrimonio que forman Karin Bergquist y Linford Detweiler, que tanto pueden compararse a otras parejas como Gillian Welch y David Rawlings o The Civil Wars como remitir a los Cowboy Junkies. Live from the edge of the world (2017) se publica ahora pero se grabó hace dos años y junta a la pareja en un íntimo escenario con estupendos músicos de sesión como el guitarrista Eric Heywood, la bajista Jennifer Condos y el baterista Jay Bellerose, además del también guitarrista Bradley Meinerding.

El álbum, doble, arranca mientras se apaga el atardecer, con lucidez pero cierta pereza; se suelta en el segundo cd, entrado en la noche acogedora y cuando más sobrecoge esa música tan bien hecha.

Nota: 7,5/10

jueves, abril 06, 2017

LIVE IN 200: DYLAN EN OSLO. ESE SEÑOR MAYOR

Bob Dylan. Ese señor mayor debajo de un sombrero, planchado en un traje oscuro apoyado en el pie del micrófono sin saber muy bien cómo moverse en los pasos que separan el piano ante el que se sienta del centro del escenario. Ese hombre gris y distante que rumia sabias palabras y moldea los versos de distintas maneras para exprimir emoción de sus canciones. Esa presencia mítica y mística que esculpe a su estilo irrepetible una entidad de otro mundo, de otra dimensión.

Ocho mil personas en el Oslo Spektrum de la capital noruega. El concierto fue la excusa para el viaje, celebrada pausa vacacional, medicina en la mejor de las compañías y primeriza ante la música en vivo del autor. Tercer concierto de la primera gira después del Nobel y tras la doble cita inicial en Estocolmo. Excelente. Notable alto.

Piensas que ya no, que ya no es como antes, que los standards del cancionero americano te alejan de Dylan, pero no. Cuando los encaja y los abraza con su voz cansada entre su repertorio y los alterna con los fantásticos temazos recientes (Duquesne Whistle, Early Roman Kings, Beyond here lies nothin') y las reconstrucciones que embellece con sus manos sobre las teclas (Desolation Row, Tangled up in blue, Ballad of a thin man), se te encoge de nuevo el corazón y dar gracias por la fe que le profesas.