jueves, abril 20, 2017

SOUNDTRACK 199: NATALIE 'LLORONA' PORTMAN

Me parece una gran actriz. Una gran actriz que -me pregunto- parece haber incluido una cláusula en los contratos para reservarse al menos una escena en sus películas para llorar. Por el motivo que sea: porque le hacen daño casi siempre, porque sufre por sus debilidades o por las desgracias que la castigan, o porque se le vuelve a estropear el coche. Siempre hay una razón de peso en los argumentos de sus films para que el personaje que interpreta se comprima de angustia o expulse su aflicción con el derramamiento de lágrimas y la necesidad de consuelo. Con dos seguidas hace muy poco, he visto 26 de las 39 películas hasta este año en las que ha trabajado; si alguien ha visto una en la que Natalie Portman no llore, que me lo diga.

Insisto: natural en sus papeles vulnerables, de un control sutil de sus personajes para que no se le vayan de las manos y con una hermosura inmarchitable, Natalie Portman es una gran actriz que llora demasiado.

lunes, abril 17, 2017

VOLUME ONE 435: DOUBLE ROSES (KAREN ELSON)

¿Nos fiamos de una supermodelo metida a cantante? ¿Le damos una oportunidad a una supermodelo que compartió hogar y comparte un par de hijos con Jack White? ¿Por qué no? Y no por White precisamente. Karen Elson, británica del 79, grabó su primer álbum hace siete años con el empuje lógico de su marido, productor y músico de aquella experiencia. The ghost who walks se titulaba, y no recuerdo qué tal sonaba, algo hechizante, espeso y resbaladizo, creo. Sin el padre de sus hijos junto a ella, Karen ha buscado buenas compañías (o la han buscado a ella) para expresarse mejor en su segundo álbum, Double roses (Hot Records, 2017).
Al mirar los créditos nos encontramos con Pat Carney (la otra parte de Black Keys) y el genial Jonathan Wilson en la producción y algunos instrumentos, además de otros nombres mayúsculos como Greg Leisz, Pat Sansone (Wilco) y Benmont Tench en las cuerdas y las teclas, o Dhani Harrison y Laura Marling con voces. Con un elenco así, imposible fallar. Claro que no. Aunque la voz de Karen Elson podría confundirse con la de tantas solistas del montón, en ocasiones se retuerce sobrecogida y el escultórico acompañamiento musical que la arropa ayuda a construir unas cuantas canciones de sobresaliente (Wonderblind, Raven, A million stars). Descubrid más.
 
Nota: 7,5/10

DRUMS

Desde el fondo, sentado, domina los latidos de una canción. Con sus manos controla el ritmo de la música, la adormece o la despierta, la cubre o la despoja de adornos con los golpes sutiles o poderosos de sus leales herramientas de percusión. Son dueños del carisma mudo de una banda, piezas de engranaje aparentemente discretas del grupo de músicos que arropa a un autor. Son quienes se sientan en la batería.
 
Un buen amigo es baterista. De los buenos, profesional de las baquetas en no pocas bandas y proyectos de mi ciudad y experto en la ingeniería sonora en diferentes campos. Nos vemos menos ahora, pero al encontrarnos surgen siempre gloriosas conversaciones con la música como argumento (además de recuerdos de grandes conciertos vividos juntos). En la última que tuvimos regresamos a uno de nuestros temas favoritos: la batería, los bateristas. Aaaaah, nos dejamos muchas cosas en el tintero pero sacamos a relucir viejos y nuevos protagonistas: los bateras de Pearl Jam y por qué a él quien menos le gusta es Matt Cameron; la añoranza de Jack Irons; el vigor adictivo de Chad Smith; Steven Adler frente a Matt Sorum; la eficaz sobriedad Larry Mullen Jr; la maestría sencilla e incontestable del eterno Jim Keltner… (la madrugada y los brebajes hacen que me olvide de otros nombres, quizá lo pensé o quizá le dije también, no sé, que me pirran algunos bateristas de jazz como Tony Williams o Philly Joe Jones o que me dejo hipnotizar por las percusiones de Jay Bellerose).
 
José García, el buen amigo, es exquisito con sus manos, un artesano de las baquetas y las cajas que te levanta al enchufarse al rojo vivo y te seduce cuando se pone fino. Maestro en lo suyo.

viernes, abril 14, 2017

BONUS TRACK 175: DARK CHORDS ON A BIG GUITAR (JOAN BAEZ)

Apenas ha pasado por aquí Joan Baez. Ni la de cuando aún no habíamos nacido ni la de nuestra madurez, ni la icónica figura de los tiempos de protesta ni el ángel de la conciencia. Como muchos otros ilustres supervivientes ha sabido envejecer con dignidad, poco prolífica en estudio en este siglo aunque activa en escenarios y en causas que merecen defensa. Está ahora en buenas manos grabando nuevo álbum, que sucederá al que en 2008 trabajara junto a Steve Earle, Day after tomorrow. Cinco años antes había acabado un magnífico trabajo, una muestra de ejemplar adaptación a las corrientes musicales que estrechan los vínculos ente el folk y el rock: Dark chords on a big guitar (2003). Baez toma prestadas composiciones de autores como Earle, Welch y Rawlings, Josh Ritter o Ryan Adams para deslizarse sigilosa y elegantemente sobre ellas. Como apunta con acierto la reseña del álbum en allmusic, “Baez no es una cantante de rock ni lo intenta, pero el disco es un disco de rock”. Da la sensación de que el Daniel Lanois que produjera a Emmylou Harris en Wrecking ball se encarga de la armadura sonora de esta obra de atmósfera cautivadora. Te esperamos este año, Joan.

lunes, abril 10, 2017

VOLUME ONE 434: LIFE. LOVE. FLESH. BLOOD (IMELDA MAY)




A nivel profesional Imelda May ha traducido los giros de su vida privada en un cambio de estilo musical acompañado de nueva imagen. La Imelda rockabilly se esconde para descubrir a una Imelda salpicada de soul, country, folk y rock en su quinto álbum, Live. Love. Flesh. Blood (Decca, 2017). El ritmo agitado se relaja y aflora la templanza. Ya no hay rizo rubio en el flequillo de su cabello oscuro, ni maquillaje rojizo, ni faldas apretadas. Ahora Imelda se tiñe de blanco y negro y suelta su melena alisada, con tirantes resbaladizos sobre la piel en la imagen de la portada. Gran parte de culpa de esta transformación la tiene el fin de un largo matrimonio con el músico que la acompañaba en sus álbumes anteriores, Darrell Highman.

El cambio ha volcado a la irlandesa en la escritura de sus nuevas canciones y la ha relacionado con un productor de primer nivel, el respetable y siempre interesante T Bone Burnett, que echa mano de gran parte del equipo con el que había grabado el exitoso Raising sand de Robert Plant y Allison Krauss para decorar este estimable nuevo disco de Imelda May. Aún subyace, aunque muy levemente, un rastro nervioso de la rabia rockabilera de la mujer, que ahora comprime sus emociones para cantar bonitas baladas (Call me, How bad can a good girl be) y tensos tempos mayores (Leave me lonely y la tremenda tremenda Bad habit). No me convence la intervención de Jeff Beck en un tema ni un facilón corte pop, pero son manchas menores (Cuatro temas adicionales de la edición Deluxe se nota que son relleno pero no están nada mal).

Nota: 7/10

sábado, abril 08, 2017

VOLUME ONE 433: LIVE FROM THE EDGE OF THE WORLD (OVER THE RHINE)


Creo que me estoy volviendo conservador. Al dejarme atraer por la música, dedicarle una porción atenta de tiempo y recrearme en su entramado melódico, instrumental y evocador, siento ahora que me inclino por propuestas moderadas y viento tranquilo, por sentarme y relajarme, por dejar que la música me entre apaciblemente y no por arrojarme yo impulsivamente a ella. La reflexión/confesión viene a cuento después de recientes escuchas con las que me acomodo en calmas sonoras y pasajes de música bien trabajada. Como esta agradabilísima grabación en directo de Over the Rhine.

En otras palabras, me cansa descubrir a alguien nuevo y repito con quien confío (o debo confiar). Esta formación asentada en Cincinnati tiene más de una decena de discos desde su debut en 1991, de los que conozco los cuatro últimos. Encabezan el grupo el matrimonio que forman Karin Bergquist y Linford Detweiler, que tanto pueden compararse a otras parejas como Gillian Welch y David Rawlings o The Civil Wars como remitir a los Cowboy Junkies. Live from the edge of the world (2017) se publica ahora pero se grabó hace dos años y junta a la pareja en un íntimo escenario con estupendos músicos de sesión como el guitarrista Eric Heywood, la bajista Jennifer Condos y el baterista Jay Bellerose, además del también guitarrista Bradley Meinerding.

El álbum, doble, arranca mientras se apaga el atardecer, con lucidez pero cierta pereza; se suelta en el segundo cd, entrado en la noche acogedora y cuando más sobrecoge esa música tan bien hecha.

Nota: 7,5/10

jueves, abril 06, 2017

LIVE IN 200: DYLAN EN OSLO. ESE SEÑOR MAYOR

Bob Dylan. Ese señor mayor debajo de un sombrero, planchado en un traje oscuro apoyado en el pie del micrófono sin saber muy bien cómo moverse en los pasos que separan el piano ante el que se sienta del centro del escenario. Ese hombre gris y distante que rumia sabias palabras y moldea los versos de distintas maneras para exprimir emoción de sus canciones. Esa presencia mítica y mística que esculpe a su estilo irrepetible una entidad de otro mundo, de otra dimensión.

Ocho mil personas en el Oslo Spektrum de la capital noruega. El concierto fue la excusa para el viaje, celebrada pausa vacacional, medicina en la mejor de las compañías y primeriza ante la música en vivo del autor. Tercer concierto de la primera gira después del Nobel y tras la doble cita inicial en Estocolmo. Excelente. Notable alto.

Piensas que ya no, que ya no es como antes, que los standards del cancionero americano te alejan de Dylan, pero no. Cuando los encaja y los abraza con su voz cansada entre su repertorio y los alterna con los fantásticos temazos recientes (Duquesne Whistle, Early Roman Kings, Beyond here lies nothin') y las reconstrucciones que embellece con sus manos sobre las teclas (Desolation Row, Tangled up in blue, Ballad of a thin man), se te encoge de nuevo el corazón y dar gracias por la fe que le profesas.

jueves, marzo 30, 2017

RECICLAJE Y PUNTO Y APARTE

El reciclaje es una buena práctica medioambiental, dicen: darle utilidad a algo que ha dejado de tener su uso original. Llegan momentos en que necesitas con urgencia un reciclado para encontrarte en un mejor ambiente o volver a hacer las paces con la atmósfera por la que se diluyen sus placeres, lejos de controles y prisas, de horarios apretados y lugares comunes. Son esas veces en que quieres meterte en la lavadora y programar un lavado largo y un centrifugado para salir luego al exterior convertido en alguien limpio, nuevo o convertido. Vamos a ello, a ver si es posible. A dejar rutinas a un lado y a perderse un poco allá en el frío y a distancia. A cumplir con las obligaciones primero. A dormir y a tardar en despertar después. Hasta pronto.

martes, marzo 28, 2017

DOS

Las velas se encienden despacio. Todavía. A veces voy a las fotos y me sorprendo con su crecimiento, las formas en que cambiamos él y nosotros, cómo yo crezco dentro de él. Los dedos que se alargan y el estómago que se rebaja, los ojos que saben expresarse y los dientes que ríen inocentes. El chasquido de la memoria y los besos y aplausos espontáneos. La caricia de la noche y la luz que le da el día. Con él adelante en los primeros pasos del camino de la vida. Aún sigo peleándome con quien era y con cómo ha cambiado casi todo. Tú el primero, chaval. Y lo que queda. Feliz cumpleaños, Leo.

jueves, marzo 23, 2017

VOLUME TWO 80: RODNEY CROWELL Y EL OTOÑO LUMINOSO

La madurez, la experiencia acumulada, el oficio, la casta adquirida, los kilómetros y kilómetros de música en el cuerpo… llámese como uno prefiera. Eso ha hecho que no pocos músicos hayan llegado al otoño de sus vidas en un estado de forma artística elogiable, como si la edad, lejos de cansarlos, los llenase de una energía contenida de la que salen las cosechas más deliciosas. Tom Jones, Mavis Staples, Kris Kristofferson, Solomon Burke hasta su muerte o Rosanne Cash son unos pocos ejemplos que me vienen a la mente de músicos que al pasar de los 50 o 60 años entregan magníficos trabajos, sabiamente adaptados a sonidos y terrenos contemporáneos y superiores a obras que firmaron hace 20 o 30 años. Rodney Crowell es otro de ellos.

El bueno de Rodney, con 18 discos a sus espaldas desde finales de los años setenta y el último a punto de publicarse, Close ties, una colección excelente de canciones personales que interpreta con una exquisitez y cariño que le salen de las tripas. Tejano adoptado por Nashville, autor y productor de country y sus géneros hermanos, socio y amigo de tantas enseñas de los escenarios de la ciudad, su carrera ha avanzado con rectitud y coherencia sin perder la brújula y con fidelidad a su aprendizaje.

Desde Fate's right hand (2003) hasta su último trabajo, Rodney ha encadenado formidables obras en las que sin desprenderse de sus raíces las ha dejado crecer hacia ambientes adyacentes a la música americana tradicional de los últimos años. Ahí están Sex and gasoline (2008) o sus dos placenteros duetos con su amiga Emmylou Harris. Close ties, poderosamente emocionante, mantiene las altas calificaciones y refuerza la fe en la sabiduría de la edad que Rodney Crowell y otros viejos maestros representan.

domingo, marzo 19, 2017

viernes, marzo 17, 2017

VOLUME ONE 432: DORADO (SON OF THE VELVET RAT)

¿Qué nos sugiere esta imagen si es la escogida para la portada de un disco? ¿Qué música diríamos que guarda? Nos sentimos tantas veces atraídos por las cubiertas de un álbum creyendo encontrar tras ellas inspiradoras esencias musicales… Un desierto como este, carbonizado en blanco y negro con el cielo tormentoso, augura quizá la sobriedad afilada que sonorizaba el film Paris, Texas, quizá música árida y voces ajadas, o puede que un revitalizado brebaje de stoner rock. No es el caso. Esta imagen que parece tomada en el parque nacional de Joshua Tree o en cualquier otra desértica zona norteamericana presenta el disco Dorado (Fluff & Gravy, 2017), de Son of the Velvet Rat.
Uno llega a músicos o bandas de las que no ha oído nada por casualidades o por conexiones. Te enteras de que un productor que te gusta mucho le pone las manos al trabajo de un grupo desconocido y el interés que antes era inexistente ahora es altísimo. Son of the Velvet Rat es ADN europeo con transfusión de sangre americana, al menos cuando escuchas Dorado. Es el sexto trabajo del matrimonio que forman los austríacos Georg Altzieber y Heike Binder, instalados desde hace tres años precisamente en Joshua Tree. Canta él con la guitarra encima, ella agarra el acordeón y toca el órgano. En Dorado también hay voces de Victoria Williams. Bajo la supervisión de Joe Henry, su música, misteriosa y turbadora, con atisbos de animosos resplandores entre perezosa oscuridad, parece propagarse como el eco en capas cálidas. Leo semejanzas con alguna etapa de las carreras de Dylan, Cave y Waits; yo no las advierto, sino banda sonora para la soledad, el desierto y la extrañeza.
 
Nota: 7,5/10

miércoles, marzo 15, 2017

GREATEST HITS 191: LONELY BOY (THE BLACK KEYS)

Algunas buenas canciones, potentes y con gancho, alcanzan un éxtasis de ensalzamiento en pletóricas interpretaciones en directo. O cuando la publicidad o el cine las explotan eficazmente. Lonely boy es un ejemplo, el gran tema de The Black Keys con el que abrían su álbum de 2011 El Camino. En una película reciente, la simpática comedia española Es por tu bien, se cuela Lonely boy sin mucha lógica argumental aunque con innegable impacto en el desarrollo de la trama y bien acompañada de un hábil montaje. El caso es que, al volver a escuchar la canción, celebré de nuevo su fuerza, ese nervio que te espabila y te lanza a bailar o a saltar o a llevarte las manos a la guitarra imaginaria.

Muchos le dieron la espalda al grupo desde que añadieron instrumentos y sofisticación a su singular apuesta, desde que dejaron los circuitos pequeños donde se aplaudía la rigidez de su áspera desnudez musical para abrazar una planificada e inteligente comercialidad. No me incluyo entre quienes miraron para otro lado. Espero que no tarde en escucharse su próximo trabajo.


lunes, marzo 13, 2017

VOLUME ONE 431: SEMPER FEMINA (LAURA MARLING)

Es cosa de mujeres. Las más agradables sensaciones de la música que se da a conocer este año me las están ofreciendo discos que llevan la firma de mujeres: Tift, Rose, Valerie, Rhiannon y ahora Laura, Laura Marling. Con esta inglesa de aspecto inocente me enchufo a las segundas escuchas, después de digerir mejor las virtudes emocionales que creo descifrar en el primer contacto, convencido de que me estoy perdiendo algún fantástico atributo oculto que merece escucharse con más atención. Me pasó con sus discos anteriores y ahora de nuevo con el sexto que ha terminado de grabar con 27 años, Semper Femina (More Alarming Records, 2017).


Cuenta que el álbum tiene esa tendencia conceptual a indagar y profundizar en un aspecto concreto: la mujer y la intimidad de la feminidad. No entraré mucho en ello, me temo. De momento me he dejado absorber por los paisajes brumosos que parecen salir de las nueve canciones de este disco, con Laura reencarnándose en Joni Mitchell o en John Martyn, o en Aimee Mann o en un joven Neil Young. Música que se desvanece en el aire o se cae de las manos como arena, con la que quieres echarte a descansar.


Nota: 7,5/10

jueves, marzo 09, 2017

BONUS TRACK 174: THE JOSHUA TREE. 30 AÑOS DESPUÉS...

Dejémonos llevar por la mirada atrás con nostalgia acompañada de música. Todos tenemos un disco especial, uno o más de uno que significaron mucho para nosotros en algún momento de nuestra vida, que nos llenaron de una luz que no sabíamos de dónde salía y nos ayudaron a crecer y a cambiar, a verlo todo según otra u otras perspectivas. Pero apuesto a que todos tenemos uno por encima de los demás, uno con el que pasamos del pop al rock, de la adolescencia a la juventud, del casete al vinilo, de no saber lo que hacer en la vida a desear dedicarnos a la música, de la inocencia a la madurez. Ese disco para mí fue The Joshua Tree, de U2.

Un 9 de marzo de 1987, justo hace 30 años, aquel disco estaba por primera vez en las tiendas, el único lugar en el que se podía adquirir un disco para escucharlo entero luego en tu habitación, con la calma que proporcionaba el tiempo suficiente y la intimidad que hoy escasea. A mí me lo regalaron dos meses más tarde por mi cumpleaños, pero ya antes me había quedado enganchado a la canción With or without you la primera vez que la había escuchado, en un programa de vídeos musicales que emitían los sábados por la tarde. Aquellos tíos serios entre sombras a los que había oído mencionar sin escuchar nada antes. The Joshua Tree debió pasar unas cien veces bajo la aguja de mi tocadiscos aquel año y el siguiente, en los que me hice con todos los discos y singles de U2 y con las revistas en las que el grupo irlandés aparecía.
Quizá ha pasado la mitad de este tiempo, unos quince años, que no he vuelto a escuchar el álbum entero ni sus canciones, aunque me lo sé de memoria: el subidón de sus tres primeros temas y la belleza incandescente de sus demás piezas, como In God's country o One tree hill. U2, entonces aún no en su apogeo popular y lejos aún de ser un grupo multimillonario, volvieron a grabar discos muy buenos, buenos y decepcionantes, pero nunca uno tan glorioso y emotivo como The Joshua Tree. Desde hace 30 años he escuchado miles de discos de estilos, corrientes e inclinaciones diferentes, música que amo con locura. Aquel disco único de U2 sobrevivirá todo, porque de algún modo aquel disco soy yo.

lunes, marzo 06, 2017

SOUNDTRACK 198: RAY DONOVAN (I)

En tiempos de alta oferta de series conviene escoger bien cuando el tiempo no es suficiente. Si fallas, la paciencia concede pocas oportunidades, apagas y pruebas de nuevo; si aciertas, te regodeas en la celebración de haber elegido una serie que te agarra, de querer seguir unas vidas con las que sufres por que deseas que sus asuntos se tuerzan o que se arreglen cuanto más se complican, con los desenlaces en vilo hasta el siguiente capítulo. Ray Donovan me ha dado esto en su primera temporada. Al menos hay otras tres.

La familia. Sus lazos inquebrantables, sus tradiciones resistentes, sus miseras calladas. Ray Donovan (un eficiente Liev Schreiber) arregla asuntos, pero su propia vida y la de su familia no sabe cómo arreglarlas. Limpia el trabajo sucio de ciertas celebridades, no importa el método. Vive de punta madre en un elitista barrio de Los Angeles, es el aparente triunfador de una familia irlandesa donde a los demás no les ha ido tan bien: atrás queda un suicidio, un hermano alcohólico del que abusaron y un buen hombre que se las apaña para dirigir un gimnasio y enseñar a boxear. Y el padre (excelente y repulsivo Jon Voight), que tras largo tiempo a la sombra salda cuentas pendientes con una bala en la cabeza y reaparece en la vida de sus hijos para desarmar lo que habían estabilizado. El reencuentro destapa odios, mentiras, traiciones y actos violentos. La familia no es un hogar seguro y las líneas que separan el bien y el mal carecen de ética.

Espero continuar.

sábado, marzo 04, 2017

LIVE IN 198: BRUCE EN SUS PALABRAS

Los fans (seguro que una parte bien grande) nos dejaremos seducir una vez más por algo que Bruce Springsteen nos quiera contar. Como algo más que su vida. Sí, algo más que unos cuantos recuerdos de la infancia y la juventud, la familia y los amigos, que consigan hacernos saber (o creer) cómo sentía el chico, qué inquietudes tenía y a qué preocupaciones se enfrentaba. O cómo comenzó a tocar la guitarra y a componer canciones en un pueblo de New Jersey que no ofrecía demasiadas salidas. Y tocó en sus primeras bandas y creó la suya propia. Y grabó un disco y alcanzó el éxito. Y ese éxito fue cada vez mayor y le convirtió en un músico muy famoso, muy rico y muy querido. Eso está en las memorias del Boss, Born to run, que comenzó a escribir hace siete años. Eso y bastante más. Bastante más que se disfruta. Si eres fan, desde luego, y si no, también.

Porque Bruce escribe de puño y letra, y se nota. Con un discurso cercano y emocionante con el que se abre y se recrea en intimidades personales (su distante y compleja relación con su padre, sus episodios depresivos o con tendencia al aislamiento, su cotidiana relación con su mujer y sus hijos) y profesionales (la relación con sus músicos a lo largo de los años, la razón por la que escribir canciones y cómo y con quién grabarlas, las sensaciones sobre un escenario y con su público o lejos de ellos). Su vida no tiene episodios truculentos ni sórdidos que despiertan el morbo y la leyenda de las que se alimenta el rock and roll. ¿Para qué? Bruce (siempre me dio esa impresión) es un tipo tirando a normal con el don de transmitir la magia verdadera de las cuestiones más convencionales a través de la música y empatizar con el público como si fuera el más querido de los amigos, el que nunca va a fallar.

Durante mi lectura de sus memorias, he recuperado algunos discos de Springsteen: unos nunca perderán esa magia emocional (los tres primeros, Nebraska, Tunnel of love, The rising, The Seeger Sessions) y otros resisten peor los años cumplidos. Su obra, en la que nada desmerece, no es perfecta, pero no es necesario que lo sea. Ahí delante, en vivo, sudoroso y visceral, el Jefe no tiene ni tendrá nunca rival. Eso, a los fans, no nos lo quitará nada.

jueves, marzo 02, 2017

VOLUME ONE 430: THE ORDER OF TIME (VALERIE JUNE)

Música con mayúscula y sin apellidos, sin etiquetas colgadas del tobillo o del mástil de una guitarra. No hay atrás adonde mirar ni presente del que renegar. Me gusta últimamente sumergirme en mareas tranquilas movidas por sonidos donde confluyen esencias flotantes, con finura en la ejecución y emoción explosiva envasada en elegante interpretación. Estas sensaciones me las proporciona por ejemplo Valerie June en su segundo álbum, The order of time (Concord Records, 2017). Cuatro años atrás entregaba esta mujer de espectaculares cabellos y aniñada voz expansiva un magnífico debut, Pushin' against a stone, trabajo que perdura en la memoria interior de su sucesor y que se enriquece con una propuesta climática en la que se entrelazan el folk, el blues y el soul, con un poco de la tradición de los Apalaches… Oh, perdón, olvidemos la catalogación. Discazo. Discazo hermoso. De los que levantan el ánimo mientras te envuelves en ellos. En los murmullos cálidos de Valerie cuando se suelta (Shakedown, Got soul) o se recoge (The front door, Astral plane). Mmmmmmm.

Nota: 9/10