sábado, junio 02, 2012

VOLUME ONE 264: AMERICANA (NEIL YOUNG & CRAZY HORSE)


Y bien que los quiero, pero… qué pesadez!

Pues sí, que está en horas bajas, solo o con los suyos, da igual. Después de aquella horrible etapa entre el 81 y el 87, ahora pasa por su peor periodo, porque desde Living with war no levanta cabeza el tío Neil. Da igual que ahora coja las viejas canciones de la guardería, los modelos de la tradición, el sentimiento de las raíces, Gallows pole, Clementine, Oh Susannah, This land is your land y toda esa pompa absorbida por la aspereza guitarrera de su furia testaruda. Que no, que todo es un coñazo difícil de aguantar hasta el final, Americana (Reprise, 2012). Si todo fuera como el penúltimo tema, la versión tranquila de Wayfair stranger, otra cosa sería, y bien que nos alegraríamos. Una pena.

Volveré a esperar a que el disco esté a 5 euros para llevarlo a la estantería.

Nota: 5/10 (porque eres tú, tío plasta)

jueves, mayo 31, 2012

BOOTLEG SERIES 25: CHESS CHARTBUSTERS


La mejor música ya está escrita, pertenece a un tiempo en el que aún no vivíamos, pero nada la ha borrado de la tierra. Si te metes un atracón de ella te darás cuenta de que lo ha venido después no ha sido más que un homenaje al origen, una continuación cambiante de lo que ya existía, arreglos y derivaciones, experimentos y variaciones, una herencia transformada en múltiples perfiles, unos galantes otros toscos. Vamos a viajar por Chess un rato, por aquellos discos grabados en la compañía de Chicago de los hermanos Chess entre 1947 y 1975. En sus archivos duermen para siempre el atrevimiento del rock and roll, la profundidad del blues y el calor del soul, las mejores canciones de todos los tiempos, las biografías más fascinantes de las hemerotecas: Howlin’ Wolf, Chuck Berry, Little Milton, Etta James, Marlena Shaw, Solomon Burke, Lightnin’ Hopkins, Muddy Waters, Willie Dixon, Koko Taylor, Otis Rush, Elmore James, John Lee Hooker

Chess Chartbusters es una colección de seis volúmenes (pasaos por la FNAC, por ejemplo, y os haréis con el lote completo a muy buen precio) que incluyen piezas de todos estos músicos únicos e inimitables, los maestros con los que crecimos o con los que maduramos… con los que nos despediremos.

sábado, mayo 26, 2012

VOLUME TWO 56: CCR, LA CREEDENCE


Antídoto contra la contaminación… Un poco de pureza, de garra, de rock vitamínico. Ahora me suena de maravilla, bendecido por las décadas que han pasado e inmune al desgaste. Hasta en la película más estúpida se escucha una canción de la Creedence, en las mejores también (Apocalypse now, Nacido el 4 de julio, Forrest Gump). Los conocí hace mucho tiempo, gracias a una película precisamente. No tardé en comprar algunos de sus discos, vinilos que guardo en perfecto estado. Ahora necesitaba algo auténtico e imperecedero, y qué mejor que Creedence Clearwater Revival.

Pocas discografías abarcan tantos buenos discos en tan poco tiempo. Entre 1968 y 1972 publicaron siete álbumes, seis de ellos casi perfectos, además de un poderoso directo de gira por Europa, y en todos hay canciones estupendas, letras y voces que cabalgan domadas por el contagioso pulso rítmico del grupo y el aullido cerebral de John Fogerty desde las orillas del pantano. El éxito y los excesos de control por parte de Fogerty acabaron con el grupo de mala manera, derivaron en litigios y en la inevitable y triste disolución. John sigue siendo un grande cuando sale a la carretera o se mete en un estudio aún hoy; nunca haría negocios con él pero nunca cambiaría de dial hasta el segundo final si en cualquier radio del mundo suena Suzie Q, Who’ll stop the rain, Proud Mary, Lodi, Green river, Walk on the water, Pagan baby, Sweet hitch-hiker, Run through the jungle

viernes, mayo 25, 2012

WHAT THE FUCK!


“¡Viva la noche! ¡Viva la fiesta! ¡Vivan los djs! What the fuck! What the fuck!”… Así una y otra vez, venga y venga. El ritmo incesante y monótono. Grita una joven cabalgando por el machaque de la música… del ruido, seamos justos… atentado industrial y exhibición insultante, bochornosa. No se atreve a ensalzar “¡Viva la coca! ¡Dame una anfeta!” Quién escucha esto, dios mío, quién nos tortura de esta manera. La crisis no es solo financiera, laboral, moral. La crisis, la decadencia, es total.

Ya no podemos ni entrar en una tienda a probarnos ropa, ni pasear por entre las estanterías de un almacén de segunda mano. Por las tiendas me paso para renovar vestuario una o dos veces al año, a los segundos acudo más a menudo para llevarme a casa libros usados en buen estado a precios de ensueño, y por los pasillos me entretengo echando un vistazo a tomos, pasando las páginas de revistas antiguas o tratando de encontrar un disco decente del que alguien ha preferido desprenderse. Pero tan relajante paisaje se perturba y la depresión se expande con el estruendo del hilo musical, y al poco de llegar me doy la vuelta y salgo por donde he entrado. What the fuck!

sábado, mayo 19, 2012

VOLUME ONE 263: A WASTELAND COMPANION (M. WARD)


El bueno de Matt (bueno, buenísimo) se trae un disco bonito este año (bonito, precioso). Su música es refrescante y suave, un bálsamo en tiempos de angustia y ruido. Rozan sus dedos sobre esas cuerdas finas de sus Gibson, planea su voz delicada cubriendo el eco de canciones armadas con severo cuidado. Una parte de A wasteland companion (Bella Union, 2012) apuesta por la alegría, con Zooey decorando las letras; otra parte reposa en atmósferas blancas y se vuelve melancólica. M Ward es un talento sobrado con todo su ingenio aún por expandirse. Un regalo para enmarcar.

Nota: 8/10

BUEN VIAJE


Cada paso es un viaje: el camino más largo que tomar puede exigir el paso más fácil de dar, y el más corto que emprender puede ser el más difícil de afrontar. Tenía la cabeza en otra parte, el corazón lejos. Llena un vacío, abre otros. Pero permanece siempre a nuestro lado. Buen viaje, mejor llegada, feliz estancia. Todo cuanto te mereces. Bicos.

jueves, mayo 10, 2012

THE ROAD


Cuando…
…nos venimos abajo, nos creemos ingenuos, nos esforzamos para nada, nos apasionamos para menos…
…para sentirnos vivos quizá…
…nos quedamos de pie resistiendo, nos alejamos viendo a un amigo partir, nos merecemos, nos tenemos…
…cuando la ignorancia es un lujo, el camino está en la carretera, y una canción nos acompaña.

GREATEST HITS 129: WHAT THE WATER GAVE ME (FLORENCE + THE MACHINE)


Todos los años me conmueven un par de canciones sorprendentes, por su sencillez o por su artificio, por cualquier virtud, la que sea que más me atrae y me encadena por una temporada a ella. El año pasado lo hizo You come back especialmente, de Edie Brickell (aún lo hace cada vez que acudo a ella); también What the water gave me, de Florence + The Machine. Ninguno de los discos en que aparecen pasará a la historia de mis preferencias o debilidades musicales, pero contienen esos temazos. No me decido todavía, ni hace falta, a catalogar la música de esta londinense de aspecto serio y seductora frialdad. Me gusta Lungs, su primer trabajo; no tanto el segundo, Ceremonials, pero este corte me gana, me eleva.

martes, mayo 08, 2012

BONUS TRACK 102: MEXICAN MOON (CONCRETE BLONDE)


Curioso, y siempre bien recibido, es descubrir que por mucho que nos alegremos de disfrutar de buenos discos y música fantástica, siempre hay más esperando a que la escuchemos de casualidad, o al fin, o porque nos la recomiendan, o porque nos llama la atención un estribillo. De Concrete Blonde tenía por ahí perdidos uno o dos temas en bandas sonoras, y ahora me doy de bruces con un disco suyo, el quinto de una trayectoria que ha corrido y se ha frenado entre paréntesis desde 1982. Mexican moon (1993), con relajantes adornos hispanos en su tema titular, es un trabajo musculoso y detallista a partes iguales, vigorizado por el arrollador torrente de voz de su bajista y cantante Johnette Napolitano (sublime en Jenny I read o I call it love), y construido sobre el solidez compositiva del trío. El grupo californiano, nacido en el Hollywood de Billy Idol, X o los primeros Red Hot Chili Peppers, no salió mucho de sus circuitos demasiados secundarios.

domingo, mayo 06, 2012

GREATEST HITS 128: I SHALL BE RELEASED (NINA SIMONE)


Una canción inmensa nunca puede ser estropeada, a la hoguera con el criminal que se atreva. Las canciones como estas permanecen en nuestro interior en cualquier lugar al que la vida nos empuje, acompañan a las estaciones y resisten las tormentas. Nos sobreviven. Podría haber escogido cualquier versión: The Band, Wilco, Jeff Buckley, The Byrds, Joe Cocker, Jerry Garcia, Bob Dylan, Joan Baez al calor de las luces de un salón y bailada como si la fiebre nos hubiera poseído… Nina Simone, Nina, agitando los hombros y meciendo los brazos aunque vayamos a perder el avión.

jueves, mayo 03, 2012

GREATEST HITS 127: 37 GRADOS (RADIO FUTURA)


Me cogió desprevenido el otro día esta canción, pieza entre piezas del hilo musical de una cafetería, de las que suenan sin que te enteres. Pero esta vez me dije, “ooooh, 37 grados”, mientras mi pie derecho seguía el ritmo de su música animosa con golpes en el suelo y la voz de Santiago Auserón me entraba en la memoria y reproducía sus versos. El disco al que pertenece, La canción de Juan Perro, fue para mí un bombazo el año en el que apareció, 1987. Mi hermano y yo nos lo sabíamos de pe a pa, desgastamos la aguja y el vinilo de tanto escucharlo, y qué buenos nos parecían y bien nos caían estos tipos. Así que hoy, tanto tiempo después, valga un recuerdo entrañable a Radio Futura y a uno de sus temazos (que tiene unos cuantos)… Ay, qué niños éramos…

domingo, abril 29, 2012

VOLUME ONE 262: LITTLE BROKEN HEARTS (NORAH JONES)


Para mí Norah Jones siempre perteneció a la primera división. Comenzó fascinándome cuando, con 23 años, amasó premios por su álbum de debut, el precioso Come away with me (2002) al amparo del sello Blue Note. Con semejante cosecha de reconocimientos, por su juventud, su fino pulso sentada ante el piano y bendecida por alabanzas por doquier (y una belleza demasiado virginal), no fue extraño que al mismo tiempo despertase recelo un bautismo tan prometedor y cierto rechazo en las afiladas plumas de la prensa musical. Con el correr de los años fue puliendo su vertiente compositora y orientando su música a terrenos más maduros y personales. Son buenos discos los que sucedieron al primero, sobre todo el que se desmarcó del inocente camino que estaba siguiendo su música, The fall, grabado en 2009. Ahora, con su nuevo trabajo, Little broken hearts (Blue Note/Parlophone, 2012), no solo Miss Jones firma su mejor colección de canciones, se consagra también en la elite de esa primera categoría de artistas norteamericanas.

Little broken hearts, para el que Norah ha contado con el respaldo de Danger Mouse (Beck, The Black Keys) en la producción, es una encantador maravilla. Cada tema presenta una consistencia asombrosa, podría pertenecer por separado a discos diferentes, pero juntados todos bajo el mismo techo componen un dossier compacto, inquebrantable. Preciso en sus arreglos, hechizante y atmosférico, de una aparente sencillez aunque plagado de complejos detalles en sus texturas, este disco es adorable. Al principio lo escuchas y sabes que estás paladeando algo bueno, muy bueno, sabroso de verdad; después te lo metes dentro una y otra vez y caes postrado a los pies de un trabajo grande, inmenso, y cuantos más calificativos definan la virtud de una obra maestra sobrecogedoramente hermosa.

Nota: 10/10
 

viernes, abril 27, 2012

BOOTLEG SERIES 24: USA SOUNDS


De vez en cuando me traslado a otras latitudes donde nunca he estado gracias a la música. En las tiendas de cada sitio que visito exploro en las estanterías de funk, soul y R&B en busca de colecciones curiosas y peculiares de canciones fechadas a finales de los 60 y principios de los 70 por grupos muy poco conocidos, artistas que se esfumaron sin apenas aparecer, poseedores de uno o ningún éxito pero bendecidos con un talento especial para componer música contagiosa. Hay muchas recopilaciones y me suele costar elegir una. Al final me decido por una que me lleve a un punto de los Estados Unidos, a Miami, New Orleans, San Francisco, New York, Carolina, Texas…, terrenos donde además de otras tradiciones musicales variadas se cultivó funk y soul contagiosos, joyas por descubrir de artistas por conocer. Es el sonido de una América lejana que nadie o casi nadie ahora es capaz de repetir (Lee Fields o Sharon Jones, por poner dos ejemplos actuales, se prestan a ello). Y esa música, todos aquellos temas que un día se bailaron hasta bañarse en sudor en un sucio garito lleno de gatas y macarras, es una música que hoy en día aún sigue sonando sencillamente cojonuda.

martes, abril 24, 2012

VOLUME ONE 261: LOCKED DOWN (DR. JOHN)

Pocas veces me he sumergido en las aguas pantanosas por las que bucea la música de Dr. John, el chamán de New Orleans y su imaginería fantasmagórica. Le encuentro difusos alicientes que no acaban de hechizarme. Ahora, en cambio, caigo bajo su embrujo. Dr. John, Mac Rebennack, a los 71 años, se apunta al destacamento de viejos/as insignias reclutados/as por un productor de otra generación, un talento más joven y consolidado con ganas de labrarse tanto respeto cuando se sienta en la mesa como cuando se planta ante el micrófono. Lo han hecho antes Joan Baez, Bettye Lavette, Mavis Staples o Loretta Lynn, con mayor o menor fortuna bajo la batuta de Steve Earle, Joe Henry, Jeff Tweedy o Jack White. Hay otras asociaciones en principio igual de atractivas. Dan Auerbach, una de las mitades de The Black Keys, ha cogido a Dr. John y a un manojo de músicos de su New Orleans natal y se ha sacado de la chistera un artefacto explosivo. Locked down (Nonesuch, 2012) se llama el experimento.
El disco, un señor discazo, se sumerge en la ciénaga brumosa que tanto empapa la música traviesa de su autor, pero del chapuzón sale limpio y la música suena fresquísima y electrizante, cual hermano menor de esas maravillas de los Black Keys que son Brothers y El Camino. Un temazo tras otro hasta el décimo, sin que el doctor, ahora rejuvenecido, pierda su identidad.

Nota: 9/10

viernes, abril 20, 2012

LIVE IN 124: LEVON


Con sus baquetas nos deja, su garganta castiza y la mirada tierna y cansada, en los huesos, un pequeño gran músico. Levon Helm. Me he echado encima en la última hora unas cuantas canciones suyas, Ophelia, Up on Cripple Creek, Life is a carnival, The Weight, The night they drove old Dixie down. Este hombre se metió en la sangre la esencia de la música rock, la carretera, los tugurios, las hogueras, las juergas, las peleas, la amistad, las canciones que nunca mueren. En los últimos años pasaron por su estudio The Black Crowes y Hot Tuna; se sacó de la chistera un par de fantásticos álbumes; y se despidió frente a sus platos como los dioses, en el Ryman Auditorium de Nashville rodeado de admiración sobre las tablas y entusiasmo en las butacas. Allá adonde vaya le espera cualquier Banda. Mientras yo me acuesto un poco más triste.

jueves, abril 19, 2012

LLUVIA

El día no ha dejado de llorar, ni un minuto de descanso se ha dado. Las tierras necesitaban el llanto del cielo, los pozos clamaban por una transfusión de sangre. Horas de alfombra y sofá, libros abiertos y altavoces afónicos… las nubes invitaban a enclaustrarse, pero he salido a la calle, a cubrirme del gris espeso que se traga la ciudad, a dejar pasar un día más. Un día entre tantos. La espuma del mar se confundía y entrelazaba con el horizonte sin línea y las olas ebrias besaban la pared. Las gotas repiquetean con gracia en los cristales, los neumáticos quiebran el oleaje de los charcos, baila el agua en el aire. Nunca llueve que no escampe.


martes, abril 17, 2012

GREATEST HITS 126: JUST LIKE A WOMAN (CHARLOTTE GAINSBOURG & CALEXICO)

No sabes qué haces donde te han llevado los pasos. Un largo camino hacia la luz del porche. Madrugadas que no merecen resaca. Los días que pasan. Sueños en la barra de nuestro bar… Me cuesta creer que les hizo daño con las cosas que les decía, que les cantaba… finges, te dueles y hacer el amor como una mujer, pero cuando te desanimas o te rompes, lo haces como una cría… Just like a woman, my girl, YTTQ.


lunes, abril 16, 2012

BONUS TRACK 101: COUSTEAU (COUSTEAU)

En su día le di la espalda a este disco, ahora no pienso lo mismo. Entonces me dejé arrastrar por su sugerente portada, su invitación noctámbula, y salí defraudado con la escucha, sin encontrarle estímulos a una música que me pareció insípida. Los 3,50 euros que costaba en una tienda de ocasión en Saint Germain des Prés me animaron a darle otra oportunidad a Cousteau (2000), el álbum homónimo del grupo londinense. Aunque imperfecto y con la voz principal de Liam McKahey que por momentos me sigue atragantando (por su grave entonación y su inestable interpretación), Cousteau guarda una consistencia que hace años no supe apreciar, evocaciones sinuosas, elegancia rítmica y un par de hermosas partituras (The last good day of the year, Wish you were her). Ideal para la noche también, después del trabajo zampando hamburguesas junto al mar.

miércoles, abril 11, 2012

LE PURE CAFÉ

Un café con leche y un vaso de agua. Un cuaderno y un bolígrafo. Un libro, El mar, de John Banville. Una mesa junto a la ventana. Una mujer subraya líneas en un libro. Dos amigas terminan de comer. Dos amigos se afanan en una charla sin fin. Un grupo de chicos se entrega a unos postres. Dos mujeres conversan afuera en la terraza. La barra en el centro, el camarero ajetreado. Jesse y Celine retoman lo que nunca terminaron. Una hora de mi vida la pasé en Le Pure Café. París. Se detuvo el tiempo.

domingo, abril 08, 2012

VOLUME ONE 260: HEARTS & ARROWS (DANNY & THE CHAMPIONS OF THE WORLD)

No es el Boss ni son la E Street Band, solo unos empleados aventajados, de los que van camino de ascender: el británico (que no de New Jersey) Danny Wilson y su banda, Danny & The Champions of the World. Su anterior trabajo, Streets of our time (2010) era una delicia nostálgica muy bien trabajada en el escalón elevado de la música americana; el siguiente, Hearts & Arrows (Silva Screen, 2011) es puro Springsteen sin ser Springsteen, sin versiones del jefe, pero con toda su esencia lírica en cada tema, en cada estribillo, en un saxo que se aventura a provocarle un escalofrío a la canción… en el sentimiento. Y me refiero al Boss de discos como Born to run entero y de temas como The ties that bind, The promised land, Two hearts o Racing in the street, uno que en ocasiones se echa de menos.


Disco encendido, alegre, ilusionante y de nuevo nostálgico, que suda admiración auténtica a Bruce cuando más se le parece (incluso los títulos confirman esa estrecha proximidad, Soul in the city, Brothers in the night, On the streets) y también se impulsa hacia las alturas cuando se distancia (Colonel and the king, Every beat of my heart).


Nota: 8/10

sábado, abril 07, 2012

LIVE IN 123: LISA HANNIGAN AT SHAKESPEARE & COMPANY (PARIS, 2012)

Fue diferente a un concierto, mejor todavía. Media hora de ensueño. Éramos unos 80, en pie o sentados en el suelo, protegidos por estanterías de libros viejos sin apenas poder movernos. Olía a páginas y a tinta. En la planta baja de Shakespeare & Company, el Jardín del Edén de las librerías, a orillas del Sena, frente a Notre Dame, pero escondidos del resto de los humanos, reposando entre letras y palabras. Allí acarició Lisa Hannigan su guitarra, su mandolina, su ukelele. Seis canciones y Blue moon de propina. Un momento encantador. Verla cantar, hablar, reír, interpretar, me puso la piel de gallina. Sus dos discos son maravillosos, más ahora. La presentaron como una heredera de Joni Mitchell y Nina Simone… yo me atrevo a imaginarme de ella una unión entre el Rod Stewart más sentimental y una Joanna Newsom crecida. Si existe la magia, creo en ella.

martes, abril 03, 2012

CH CH CH CHANGES

No es mi género literario preferido, aunque de vez en cuando paseo la vista por las páginas de una biografía; musical, si la encuentro apetecible. He terminado de leer hace poco una que toma a David Bowie como objeto de exploración, análisis y una nada disimulada exaltación. Amando al extraterrestre, se titula, la firma Christopher Sandford. Tampoco Bowie es mi autor/músico/personaje favorito, y encuentro sobredimensionada su muy divulgada relevancia cultural y contracultural; sus vivencias al límite a lo largo de la década de los setenta, aderezadas con un obsceno consumo drogas y emociones al límite… pero evitemos juicios paralelos… Sin embargo, admiro la continua e inquieta transformación de Bowie, su inagotable de sed de cambio y experimentación, la huida del encasillamiento, el salto sin red sin importarle romperse los huesos en sus proyectos musicales. Algunos discos de Bowie me gustan (Ziggy Stardust, Young americans, Station to station, Let’s dance, Heathen, Reality), pero son más los que no me gustan.

Me voy por las ramas, vaya… quizá me sirva para darle ambiente a un desvarío apropiado en estos tiempos, invitaciones al cambio, a proyectos que enseñan sus piernas, rincones donde hacer descansar los libros, calles donde nadie entiende, números que gruñen como jeroglíficos, billetes de ida sin vuelta, amores sobre un pentagrama, rutas sobre las nubes, vidas que son recuerdos.

jueves, marzo 29, 2012

LIVE IN 122: MARK LANEGAN BAND (SANTIAGO, 2012)

Nos vemos otra vez, tres en tres años. Ahora nos miramos a los ojos, apenas un segundo en el tiempo en que firma discos y entradas después de la actuación. Se advierte su silencio, la reserva, la incomodidad de tener que estar presente y la profundidad de un aislamiento buscado. Son mis impresiones de Mark Lanegan, imponente en pie, sujeto a su micrófono, distante en la inmovilidad de su cuerpo en reposo e intenso introspectivamente cada vez que balancea sus hombros y mueve de un lado a otro el mentón de guerrero y muestra las grietas de su rostro. Hoy más humano que nunca en otra noche en la Capitol de Santiago, lo justo para agradecer tres veces, asentir con nuestros aplausos y despedirse con un buenas noches.


Descubrió su reciente Blues funeral (abrasadora Quiver syndrome, zigzagueante Grey goes black, envolventes Ode to sad disco y Harborview hospital). Mark y su cuarteto brillaron más reculando varios años hasta Whiskey for the holy ghost, hasta Field songs y I’ll take care of you. Reconocía las piezas escogidas de estos discos pero me confundía al ubicarlas de tan lejanas que tengo sus escuchas. Fueron gratos destellos, pinceladas de otro tiempo (One way street, Hit the city, Carry home, Creeping coastline of lights) a cargo de un tipo que me sigue intimidando, que me sigue entusiasmando, tan solo estando ahí.

domingo, marzo 25, 2012

LIVE IN 121: ROCK N ROLL

RNR, ¿y eso qué es?

Es Time waits… y Fingerprint… y es creer en ello, en algo que está ahí tan dentro de ti, cuando estás feliz y cuando te caes por completo. Hay una música y la letra de una canción, cualquiera, que es RNR para ti, y lo demás no importa nada, y a los demás que les den porque no importan nada, solo tú sabes lo que significa. Estar de pie sin caerse, y una melena que no deja de agitarse. La tuya o la que es tuya. RNR… and I like it!

viernes, marzo 23, 2012

CLOSED

Un día sí y otro también, como quien dice, tomaba su café con leche en el mismo sitio antes de entrar a trabajar. Leía los periódicos o hablaba con quien se encontraba haciendo tiempo hasta la hora de marchar. No recordaba cuánto tiempo llevaba abierto el lugar, ocho años, diez, por ahí. Al principio la barra estaba pegada a una pared, después derribaron el muro y el local se dividió en dos partes y la barra en forma de A, con un pequeño escenario de suelo de madera y una vieja pianola en lo alto de tres escalones al fondo de uno de los lados; del otro, las escaleras llevaban a los lavabos, desde donde antes de recogerse tras la puerta la panorámica era extensa y entrañable. Mucha gente pasó por allí: pintores, escritores, poetas, músicos, amigos, conocidos, camareras a las que no les quitó ojo durante una temporada, compañeros de profesión con los que compartía las alegrías y miserias de su trabajo, compañeras íntimas con las que se daba a conocer en el curso reconfortante de su relación. Allí se empapó de Van Morrison y completó su discografía, descubrió a Lizz Wright, una extraña grabación en directo le puso en la pista de Calexico. Hay una imagen del local colgada en la pared compuesta por fragmentos superpuestos de su interior, con detalles de la barra, los cuadros y fotografías, los techos o el mobiliario; no se ve más que a una persona irreconocible, es él de espaldas, sentado en una mesa mientras pasa las páginas de un periódico. Cerró al acabar la faena el sábado pasado. Aunque sigue ahí en pie y es posible que tenga nuevos dueños, ya nada será lo mismo… mientras bajan las verjas, el centro de la ciudad se vacía y su pulso se va haciendo cada día más débil.

SOUNDTRACK 115: LIFE’S TOO SHORT

Una rendija de esperanza se abre en el último minuto de la serie Life’s too short, creación descarnada y nada compasiva de ese dúo letal de humoristas que forman Ricky Gervais y Stephen Merchant. Antes, a lo largo de sus siete capítulos la desesperación por recuperar la fama o el reconocimiento, la envidia, el vicio de la popularidad, la falsedad, el desprecio y los prejuicios han hecho gala de toda su crudeza. Y Life’s too short es una comedia, o al menos consigue que te rías, pero que te rías sintiendo pena o dolor… porque en el fondo es un tremendo drama que convierte lo patético en cómico. Y eso me parece una genialidad.

El protagonista es el inmenso enano Warwick Davis, y no es una gracia cruel, para crueldad la que los propios autores de la serie exhiben con su personaje. El entrañable Willow se interpreta a sí mismo, aunque añadiendo ribetes de ficción a su tan cercano personaje: Gervais y Merchant, que también aparecen brevemente en cada uno de los episodios como ellos mismos y no muy bien retratados, dibujan a Davis como un actor caído en el olvido al frente de una empresa unipersonal que contrata enanos para series y películas, empeñado en recuperar el éxito a toda costa pese a que nadie es capaz de reconocerlo. Es mentiroso, celoso, hipócrita, mezquino, zafio y manipulador. Nada bueno le puede ocurrir, ni lo merece, pero despierta en el espectador una tierna misericordia.

Como en la también fantástica serie Extras, desfilan por los capítulos de Life’s too short celebridades británicas y norteamericanas del cine, la música y la televisión riéndose de sí mismas (Johnny Depp, Sting, Helena Bonham Carter, Liam Neeson), distorsionando la imagen que nos creamos de las estrellas de la pantalla y convirtiéndose en sujetos despreciables. Los ingredientes reales y ficticios de esta serie componen un retrato perverso de la fama y el sello inequívoco de sus creadores la tiñe de una brutalidad desternillante.

lunes, marzo 19, 2012

VOLUME ONE 259: A SOLITARY MAN (JONATHAN JEREMIAH)

No me cuesta alinearme con algún gurú de la prensa musical nacional para rendirme al encanto instantáneo que brota de las canciones de Jonathan Jeremiah en su primer trabajo, A solitary man (Universal, 2011). Como ellos (Diego, Julián), entiendo el entusiasmo nostálgico que les ha causado este joven londinense con voz de barítono, aspecto desgarbado y música intemporal, de finos vientos orquestales, R&B ligero con inclinación folk enmarcado allá por aquellos finales años sesenta. Aire de otro tiempo, impensable en estos días, por ello inesperada y milagrosamente hermoso.


Tres veces en la mitad de este día me he inyectado este disco. Escuchando A solitary man, se viaja unas cuantas décadas atrás para recorrer escenarios y ambientes que el recuerdo de películas americanas que vimos hace tiempo y la ensoñación de nuestra naturaleza nos devuelve casi palpables: fotogramas de Nueva York al amanecer, San Francisco en una noche de verano, pequeños apartamentos, parejas de casualidad; las obras de Neil Simon, John y Mary, Cualquier día en cualquier esquina, El próximo año a la misma hora; Dustin Hoffman, Mia Farrow, Jane Fonda, Jack Lemmon, Barbra Streisand, Shirley MacLaine. ¿Y el chico, este Jonathan? Pues cierra los ojos y piensa en Cat Stevens, Nick Drake o Ray Lamontagne. Comprúebalo.


Nota: 8/10


viernes, marzo 16, 2012

BOOTLEG SERIES 23: ONE FAST MOVE OR I’M GONE: MUSIC FROM KEROUAC’S BIG SUR (JAY FARRAR & BENJAMIN GIBBARD)

Jay Farrar y Ben Gibbard me conducen a Jack Kerouac. Música americana y literatura made in USA, páginas sobre el asfalto. La partitura la escriben los vocalistas de Son Volt y Death Cab for Cutie (más próxima a la atmosférica obra del primero que del segundo), quienes dan voz al documental One fast move or I’m gone: Kerouac’s Big Sur, que explora la gestación de Big Sur, novela del estandarte de la generación beat cinco años después de su obra angular, On the road. Me interesa el documental, como también, aunque con más reservas, la adaptación cinematográfica de la célebre novela que acaba de filmar Walter Salles.


El caso es que One fast move… Music from Kerouac’s… lleva la firma de Farrar y Gibbard. Juntaron fuerzas hace tres años adaptando textos del escritor para ajustarlos en el cuerpo de una docena de canciones, y les salió un disco ‘americana’ de carretera con el sonido que más hondo escarba en el corazón acústico de esta variante de género musical americano. Sobrio y cálido al mismo tiempo, distante y melancólico, invita a encender el motor y perderse.

lunes, marzo 12, 2012

SOUNDTRACK 114: SODERBERGH


Aplaudo a los culos inquietos del cine, autores preocupados por tocar varios palos (no siempre con igual fortuna, pero eso es otro cantar) sin necesidad de ajustarse a la rigidez de un estilo reconocible, asentados en un régimen de libertad temática y comodidad presupuestaria. Steven Soderbergh, como Michael Winterbottom, es uno de esos directores de cine incontinentes, al que, pese a sus errores (alguno monumental, véase Full frontal o The girlfriend experience), se le debe agradecer la variedad de su propuesta y su inquietud narrativa. Al revisar su versátil, siempre curiosa y a ratos esquiva filmografía me encuentro con que hay unas cuantas películas que me producen indiferencia (experimentos insípidos como ¡El soplón! o productos fallidos como El buen alemán o Solaris), pero también hay obras brillantes, sugerentes y entretenidas, como la trilogía de Ocean (11, 12, 13), Che. El argentino, Un romance muy peligroso, El halcón inglés, Erin Brockovich o Traffic.


(Dicen que) Steven Soderbergh confesó hace poco que cuando termine los proyectos que tiene entre manos se va a retirar del cine por cansancio y falta de motivación. Me sorprendería, y al mismo tiempo me entristecería, que tomase este camino después de sus dos últimas películas, excelentes trabajos como Contagio e Indomable, desde luego intrascendentes, pero a la vez hábiles en su estructura, tensos cada uno a su manera, a modo de documental ambicioso el primero y como la actualización de un spaghetti western con agentes secretos y matones a sueldo en el segundo. La frescura natural en la dirección, hacer sencillo lo complejo, es precisamente lo que más lamentaría de una hipotética retirada de Sodebergh (del mejor Soderbergh, quiero decir), hábil director para cualquier terreno que fotografía y monta sus propias películas y que de vez en cuando acude a músicos tan atractivos como Cliff Martinez o David Holmes.


Si hubiera que recoger firmas para animar a este autor a seguir dirigiendo películas en caso de querer retirarse, yo estamparía la mía.

VOLUME ONE 258: WRECKING BALL (BRUCE SPRINGSTEEN)

Ok boss, aquí seguimos de nuevo. De Wrecking ball (Columbia, 2012) me gustan varias cosas, y no me disgusta casi ninguna. Tenía que ser fácil mejorar el disco anterior, Working on a dream (qué pobreza, qué cansancio), y Wrecking ball es un respiro, un tentempié. Me gusta, y mucho, su alegría, lo mucho que trae al presente The Seeger Sessions o algunos trazos de The rising. La épica de Wrecking ball, Land of hope and dreams, subir y bajar siempre con el aliento en un puño con Easy Money o This depression. Me gusta que suene desde el cielo el saxo de Clarence. Me gustan menos algunos coros de más, ese demasiado buen rollo de poner buena cara a la adversidad. Es un disco de Bruce Springsteen, cambia el productor y no aparece toda la E Street Band, pero no cambia el sonido ni el poder de la voz, el músculo de la música. Y lo escucharé tres, cuatro y cinco veces estas semanas porque mi cuerpo siempre lo agradece. Es Bruce. Vale jefe, tú mandas.


Nota: 8/10

martes, marzo 06, 2012

LIVE IN 120: BIG

Hoy Bruce me ha hecho llorar. Esas lágrimas celosas que alumbran en la noche o en la oscuridad de un cine, que asoman sin cruzar la puerta y se retiran sin hacer ruido. Y no ha sido por Bobby Jean, Born to run, Spirit in the night o The promised land. Ha sido por esto:


“Cuando estábamos juntos éramos cojonudos, cualquier noche, sobre cualquier césped, de los mejores del planeta. Estábamos unidos, éramos fuertes, éramos honrados, éramos inamovibles, éramos divertidos, sensibleros como el demonio y tan serios como la muerte misma. E íbamos a tu ciudad a hacerte agitar y a despertarte. Juntos, contamos una vieja y rica historia sobre las posibilidades de la amistad que trasciende a aquello de lo que había escrito en mis canciones y en mi música. Clarence lo llevaba en su corazón. Era una historia donde el motorista y el tipo grande no solo rompían la ciudad en dos, también la pateaban y la reconstruían, convirtiéndola en la clase de lugar donde nuestra amistad no sería una anomalía… Echaré de menos a mi amigo, su saxo, y la fuerza de la naturaleza que era su sonido. Pero su amor y su historia, la historia que me dio a mí, esa que susurra en mi oído, y la historia que te dio a ti, va a continuar… Clarence era grande, y él me hizo sentir, pensar, amar y soñar a lo grande. ¿Cómo de grande era el tipo grande? Joder, demasiado grande para morir, puedes escribirlo en su lápida, puedes tatuarlo sobre tu corazón… Clarence no se fue de la E Street Band cuando murió. Él se irá cuando nosotros hayamos muerto”.

sábado, marzo 03, 2012

VOLUME ONE 257: MARAQOPA (DAMIEN JURADO)

Tipo atractivo Damien Jurado. Lo visito cuando, sin avisar, aparece un nuevo trabajo suyo (aunque no suelo repasarlo), y ya van doce desde 1997. Le seguí la pista a partir del octavo álbum, en 2005; di algún paso atrás para comprobar capítulos previos y luego siempre me interesó cada nueva entrega de este autor de aspecto reservado y opaco de Seattle. Son todos discos acertados y contienen rizos y secretos sugerentes. Maraqopa (Secretly Canadian, 2012) cumple con esa corriente y más, se engancha en el oído por los espacios atmosféricos que crea, y su único defecto es que sus 36 minutos se hacen demasiado cortos. Porque todo su contenido enlaza a Neil Young con Jonathan Wilson, a My Morning Jacket con los erráticos Fleet Foxes. El material confirma que Damien asienta su propio clima y la esencia libre y ensoñadora que cubre todas las canciones enriquece su talento. Magnífico pese a consumirse tan rápido.


Nota: 8/10