domingo, noviembre 28, 2010

A VECES PASA

La publicidad es idílica. Aunque se inspire en la realidad. Tiene el derecho a jugar con ella, a desfigurarla y añadirle virtudes que no tiene. Porque nunca sabes cuándo, reza el slogan de este bonito anuncio, ganador del León de Oro en Cannes en 2004. La publicidad regala grandes trabajos. A veces pasa. ¿O no?

GREATEST HITS 94: BURDEN IN MY HAND (SOUNDGARDEN)

Los tengo olvidados desde hace tiempo, me gustaron bastante aunque prefiero a colegas suyos que todavía me siguen entusiasmando. Soundgarden nunca lo logró, emocionarme, y no creo que lo consiga. Pero por alguna razón han irrumpido ahora sin ser invitados y puede que a partir de este momento los recuerde con una sonrisa y algún que otro bello recuerdo. Aunque sean Soundgarden.

No había sitio donde sentarse y era difícil apoyarse para pedir algo. Estaban sonando, una canción tras otra, de las mejores. Y qué bien sonaban. Nos hicimos un hueco y encontramos una cómoda esquina. Ya con las cervezas en la mano, y después con los tequilas, se estiró irresistible una cadena de agradables conversaciones, nada que guarde la historia. Lo que pasará a la historia de mi memoria será su belleza, de las más excitantes que han celebrado mis ojos hasta el momento. Y Burden in my hand (1996), ya a las puertas de la retirada de la banda, me lo recordará.

sábado, noviembre 27, 2010

BONUS TRACK 86: DON’T GIVE UP ON ME (SOLOMON BURKE)

Los años, no muchos, han convertido Don’t give up on me (Fat Possum, 2002) en un trabajo de una grandeza inmaculada. El rey Solomon nos dejó hace poco más de un mes. Su adiós agrandó aún más su oronda figura y su carismática aura en el trono de las grandes voces del rock, el soul y el góspel. En un reciente reportaje publicado en la revista Mojo, Joe Henry recuerda la producción de este disco impresionante durante cuatro días a finales de febrero de 2002: cómo le temblaron las piernas al conocerlo, cómo a Solomon le entraban las dudas tras el primer día de grabación, cómo ambos se ganaron la confianza, cómo llenaba la sala con su poderosa presencia y su agradable compañía y cómo al final el disco adquiere una dimensión espiritual en cada uno de los versos bramados, llorados, reídos o murmurados por Burke.

Escuchando otra vez este álbum precioso y difícilmente comparable a uno le entran las ganas de lanzarse todavía encima del rey Solomon y salir rebotado desde su barriga hacia otro lado de la sala para volver a su regazo y tratar de abrazarlo. Henry le prestó un temazo, Flesh and blood, así como Tom Waits, Dylan, Nick Lowe y Van Morrison. Se podría decir eso de que este es uno de los mejores discos de versiones, sino el mejor. O uno de los mejores discos de la historia. No tengo ninguna duda.

miércoles, noviembre 24, 2010

SOUNDTRACK 101: SHELDON COOPER

Si tuviera que convivir una semana con Sheldon Cooper como hace su compañero de piso, Leonard, o sus más cercanos amigos, Howard y Raj, o su encantadora vecina, Penny, creo que acabaría encerrándolo en un baúl que rodearía de cadenas y candados para arrojarlo al fondo del océano. Pero en el fondo, no tardaría en echarlo de menos y me lanzaría al mar a rescatarlo. Porque Sheldon es un espécimen radical que pone a prueba la paciencia y la tolerancia de cada uno y arrima los extremos opuestos: es un joven científico superdotado de memoria y conocimientos prodigiosos, excesivamente orgulloso de su inteligencia, un ser maniático y obsesivo que se cree infalible en un mundo paralelo diseñado por él mismo, un freak en toda regla de la física, los juegos, la ciencia ficción y los cómics que regatea las reglas del mundo real para acomodarse en el suyo propio sin importarle los daños colaterales que ocasiona o llevarse por delante la lógica que impera en el cabeza del resto de los mortales. Es manipulador, sarcástico hasta hacer daño, desquiciante, testarudo, arrogante, desesperante e imposible. Pero toda esa galería de desviaciones y vicios tan personales a los que brinda rigurosa fidelidad acaba por convertirse en una inocente marca de la casa irresistible que despierta el más incomprensible de los cariños. Ni contigo ni sin ti, Sheldon.

Sheldon Cooper es uno de tantos personajes memorables salidos de la televisión norteamericana, un tipo único en su especie al que se odia y se ama por igual. Es la estrella absoluta de la fantástica serie cómica The Big Bang Theory, de la que ya se puede disfrutar su cuarta temporada y con la que también es fácil reírse con el resto de personajes. Esta sit-com es tan adictiva como la personalidad absurdamente hilarante del propio Sheldon, interpretado por el actor Jim Parsons y al que los geniales guionistas han convertido en una especie de héroe bizarro al que rendir devoción en la comunidad freak.

Me conozco algún tipo raro, pero es imposible que haya alguien como Sheldon en este mundo del otro lado. Si queréis saber más de Sheldon, adelante. Y os recomiendo la serie a quien aún no la conozca para marcharse cada día contento a la cama después de unas sanas carcajadas.

jueves, noviembre 18, 2010

LIVE IN 100: MAVIS STAPLES (JAZZ CAFÉ, LONDON 2010)

(Los posts los prefiero cortos, escribirlos y leerlos. Veo un blog como un lugar de rápido paso por el que transitar cada día o cada cierto tiempo, quizá porque las horas en que estamos despiertos hay que aprovecharlas en muchas más cosas que en leer los textos casi siempre personales que alguien escribe en su blog. Pero hoy me voy a permitir extenderme un poco más y alargar la lectura del siguiente texto a cualquiera que quiera compartir conmigo las maravillosas emociones que Mavis Staples me regaló el 17 de noviembre de 2010).

Por un momento, cada vez que empiece a recordar, voy a creer que la música es una bendición celestial, quizá de dios. O de Dios. Del Dios en el que cree Mavis con devoción, el que la ilumina para vivir, que le da fuerzas para cantar propagando su voz desde las entrañas, para moverse graciosa junto a sus músicos por el escenario, para amar a su parroquia con la entrega de una oradora espiritual desde el púlpito. Yo me he unido a esa parroquia y he recuperado la fe. Abrazo la religión de Mavis porque anoche me convirtió y me llamó a su congregación.

He perdido la cuenta de los conciertos que he visto, aunque tampoco puedo presumir de que haya sido una incalculable barbaridad. Y quizá el que guarde en el recuerdo como el más entrañable de todos sea el de Mavis Staples en Camden, en el Jazz Café Venue de Londres, una lluviosa noche de noviembre en el año en el que esta adorable señora ha cumplido 71 años. Mavis es pequeña, regordeta, se mueve y camina ya cansada pero se enciende como una colegiala con ganas de vicio cuando entra en escena. Conserva en su cara sonriente y maciza la belleza que tuvo en su juventud, la que tienen todavía sus manos de dedos cálidos y delgados. Y el buen humor, una alegría que parece en ella innata, nunca lo pierde.

Apareció media hora tarde, retraso que le perdonamos. Bajó las escaleras detrás de su banda, cubierta de negro y con el peinado y los pendientes que luce en su último disco. Dejó una toalla y una botella de agua sobre un taburete. Saludó al público, unos quinientos que éramos ya entusiasmados sin que empezara aún a cantar. Y sonrió con el encanto de las abuelas. Empezó la ceremonia con el primer cántico gospel. “I am His, He is mine”, proclamó. Él es el señor, claro, el dios que tan presente estuvo en la velada. Nos unió a su banda, a su propia iglesia. “Ninguno de nosotros está solo”, dijo después de susurrar entre hermosos lamentos la mejor canción de este año, You’re not alone; “pero ahora llega mi momento de estar sola”, dijo antes de entonar Losing you, el tema que le tomó prestado a Randy Newman en su último disco. Destripó casi entero este álbum, una joya cada día más resplandeciente. A su padre Pops lo recordó con Freedom Highway y con I’ll take you there, el colofón imprescindible e insuperable para un concierto inolvidable y una experiencia religiosa. Los que allí estuvimos, lo juro, nos movimos y cantamos como si asistiéramos a esas misas de negros gritando hallelujah como si dios los poseyese que hemos visto en las películas americanas.

Mavis nos dio la mano, chocó los puños y se dejó besar, nos habló a todos como una sacerdotisa. Cantó y habló cuanto quiso, se lo pasó en grande porque ha nacido para esto, para meternos en sus canciones. Recordó anécdotas, abrazó a sus músicos (“no es un buen bajista… no es un buen batería… no es un buen guitarrista”, dijo al presentar a Jeff Turmes, Stephen Hodges y Rick Hollstrom), se acordó de viejos amigos, como el Reverendo Gary Davis o los miembros de The Band tras cantar The Weight, fingiendo olvidarse de Garth Hudson, “el que tenía aquella barba larga”), bromeó con el apellido del productor de su último disco, Jeff Tweedy (“creo que el chico hizo un buen trabajo”) y cuando dejó que su grupo se deleitase en una jam de dos fantásticas piezas, se echó a un lado en el pequeño escenario y se sentó junto a su hermana Yvonne, uno de los tres integrantes de su coro, como si escuchase el ruido de las luciérnagas desde un porche cuando el sol de la tarde se empieza a esconder.

Allí estaba ella, Mavis Staples, mirándonos y sonriendo, regalando amor. “Oh yeah”, alabando a su banda. Oh yeah. Inmensa. Hasta siempre. We love you.

LIVE IN 99: SPOON (O2 SHEPHERD’S BUSH EMPIRE, LONDON 2010)

Spoon es una banda solvente, simpática aunque no divertida, pese a que su música mantiene siempre un ritmo animado que empuja a dejarse llevar por el arrebato controlado y ponerse a saltar en el centro de una sala. Navega juguetona entre los sonidos irreverentes del pop británico y la indescifrable experimentación del rock americano. Un poco de la educación punk con el que emergió desde Texas a mediados de los noventa la conserva en 2010. Britt Daniel se planta al frente y Jim Eno descansa inquieto en la batería. Con ellos nació la banda, completada por sobrios malabarismos en los teclados y la grave contundencia en el bajo. Es la sección rítmica lo que sustenta erguido y atrevido el sonido adictivo de Spoon.

Cumplieron y agradaron de paso por Londres en el O2 Shepherd’s Bush Empire, apretado de público en el foso con ganas de gritar y aplaudiendo a raudales. La actuación del grupo agradó a los asistentes, aunque concluyó con un poco de brusquedad y dejando con las ganas de un par de temas in crescendo más. Muchas canciones, casi todas cortas, sin adornos de más salvo un par de retorcidos escorzos de su vocalista estrangulando su guitarra. Desnudaron acertadamente sus dos últimos discos, Ga ga ga ga ga y Transference, que es inferior. Despertaron a veces el sonido lejano de los Stones del Emotional rescue, también un poco a Blur cuando cambiaron de perfil. Y estuvieron más que bien.

martes, noviembre 16, 2010

LIVE IN 98: JOHN HIATT (O2 SHEPHERD’S BUSH EMPIRE, LONDON 2010)

Precioso el lugar, un ancho y espacioso teatro sin patio de butacas y con un par de graderíos muy acogedor, el 02 Shepherd’s Bush Empire. E impagable la cita: enfrente, John Hiatt. Se pasó por Londres este infatigable narrador de Indianapolis, fiable firmante de una veintena de discos desde mediados de los setenta, unos mejores que otros desde luego, alguno muy flojo (Little head), pero varios excelentes (Bring the family, Slow turning, Master of disaster, Same old man). Y estamos en Londres, vaya, que el concierto tiene que sonar de puta madre. No se esperaba menos de un músico cuya fórmula es infalible: la sencillez y el oficio asientan la pureza y en muchos casos, como en éste, consolidan la grandeza.

Y en directo es donde se demuestra. Hiatt lo confirmó con su presencia misma, la de un tipo cualquiera con su chaqueta y sus pantalones gastados. Le acompaña The Combo, sólido trío con Patrick O’Hearn al bajo, Doug Lancio en la guitarra y Kenny Bevlins en la batería. El arranque fue la premonición de la perfección: Perfectly good guitar, y luego Your Daddy did, y después Alone in the dark, y a continuación The open road, el arranque de su último disco, del que sonaron otras dos piezas mejoradas ante el público, cada vez más emocionado el londinense en la terminación de cada canción. Porque cayeron Slow turning, Cry love, Master of disaster dedicada a Jim Dickinson, Tennessee plates y la maravillosa Feels like rain. Y, por supuesto, Have a little faith in me, aunque sin piano, antes de que Riding with the king cerrase en la cúspide del orgasmo una actuación magistral.

Alguien lo dijo varias veces o uno lo dijo alguna vez: “Rock N Roll can never die”. Con tipos como John Hiatt es imposible que muera. Nos dio las gracias de corazón varias veces al despedirse, siempre sonriente y satisfecho. No, somos nosotros quienes te las damos a ti. Otro grande que pasa por mi retina.

domingo, noviembre 14, 2010

VOLUME TWO 53: BOWIE (I)

Con Bowie, como me pasa con otros artistas, me atraganto, no consigo digerir plácidamente los bocados de su música. Y me pasa en concreto con la primera parte de su obra, la que en el caso del autor inglés ha tenido más reconocimiento crítico y admiración. Quizá el impacto conceptual que produjo la irrupción de un personaje extravagante como él en un momento preciso de la historia de la música rock, a finales de los sesenta y en los primeros años de la década siguiente, y especialmente en Gran Bretaña, ha tenido más relevancia que el propio valor de sus canciones. Le he dedicado un tiempo últimamente a esos primeros discos de David Bowie, y ninguno me convence, no disfruto con ellos.

A Bowie se le agradece su continuo deseo de experimentar, de no encasillarse nunca y cambiar de piel año tras año y disco tras disco. Su desconcertante reinvención acentúa su sana inquietud por la transformación, pero no conlleva ninguna garantía artística, digamos. En aquellos días supongo que la imagen ambigua, andrógina y provocadora de aquel tipo escuálido que se disfrazaba de visitante de otro planeta y aparecía grotescamente peirnado, vestido y maquillado en escena trascendió más que la calidad que contenía su música. Ziggy Stardust, por ejemplo, es un disco que no me dice nada (será porque aún no había nacido en aquel año 1972, que yo no estaba allí y esa experiencia me coge demasiado lejos). Y me ocurre lo mismo con los rugosos, irregulares y a veces descuidados sonidos de Hunky Dory (1971), Aladdin Sane (1973) o Diamond dogs (1974). Me atrae un poco más Space Oddity (1972), aunque su primer gran álbum me parece Young americans (1975), cuando empezaba a amigarse con el diablo antes de volverse reinventar y a regresar a la superficie de los vivos con trabajos más apreciables.

martes, noviembre 09, 2010

VOLUME ONE 224: I FEEL LIKE PLAYING (RON WOOD)

Cuando nos dejó George Harrison, resultó ser el más querido de los Beatles, el más entrañable personalmente y el más apreciado musicalmente, para muchos de los fans y no tan fans, el preferido. Del mismo modo podría serlo Ron Wood, tardío a la hora de convertirse en Stone con plenos derechos, desde luego sin el peso creativo en la banda que tienen sus socios o que tenía Harrison, pero ¿por qué no tan reconocido como el mismo Keith Richards, apoltronado ahora con los beneficios que sacará por su recién publicada autobiografía y su carrusel interminable de apariciones mediáticas? El caso es que, yendo al grano, Wood ha trabajado más en solitario que Jagger y Richards juntos desde que empezó a firmar discos a mediados de los setenta y sus trabajos han sido tan buenos o incluso mejores que los de sus ‘bandmates’. Ahora que el 2010 llega a su crepúsculo, Ronnie tiene nuevo álbum, tan en solitario como bien acompañado: Eddie Vedder y Kris Kristofferson aportando composiciones y gente de garantía como Flea, Billy Gibbons, Slash, Darryl Jones, Bernard Fowler, Rick Rosas, Steve Ferrone o Jim Keltner dándole cuerpo a unas cuantas buenas canciones.

I feel like playing (Eagle Records, 2010) es un digno disco, rocoso y de una pieza. Al bueno de Ronnie se le va un pelín la mano alargando las canciones, aunque nunca hasta el tedio. Cuida sus riffs, se gusta en ellos, reparte tareas sin que nadie sobresalga del conjunto, juguetea un punto con el reagge y se apaña como puede con su voz desgastada por los kilómetros, los excesos y el envejecimiento. Pero combina envidiablemente el oficio con la diversión. Yo me quedo con Ronnie.

Nota: 7/10

domingo, noviembre 07, 2010

LIVE IN 97: MONEY MONEY

Como nos acercamos al final del año quedan al descubierto las carencias creativas de unos cuantos músicos incapaces desde hace tiempo de elaborar un disco original en plenas condiciones, una colección adecuada de una docena de temas nuevos con los que alimentar (o quizá descuidar) su carrera. Lo más fácil para no desgastar su supuesto talento es ponerse a recopilar sus grandes éxitos, añadirles alguna discreta canción nueva compuesta deprisa y corriendo y facturar el disco rápidamente para exponerlo en el mercado y encabezar las estanterías, que a la hora de hacer regalos o actualizar discografías siempre habrá carteras abiertas. Por eso Bon Jovi, Bryan Adams, Suede, Barbra Streisand o Robbie Williams (y los que faltarán) publican ahora sus The best of o sus Greatest Hits, pese a que alguno de ellos ya había sacado otros álbumes similares años atrás.


Otros dos ejemplos también lamentables son Rod Stewart y Neil Diamond, el primero con su incontable reinterpretación pastelosa y plúmbea de los clásicos standard del cancionero americano, y el segundo publicando su particular disco de versiones (algo con lo que parece que hasta ahora nadie se ha atrevido), sirviéndonos un trabajo tan soporífero como el que este año perpetró Peter Gabriel en la misma línea. Una pena.


Y la gallina sigue expulsando sus huevos de oro. La caja registradora beatleliana no para de engordar. Si se reeditan los discos de John, Paul no va a ser menos y hace lo propio con uno de sus mejores trabajos, Band on the run. Y como la bibliografía sobre el primero ya tiene como redactor hasta al portero de la casa en cuya entrada lo mataron, el segundo ya tiene una nueva biografía en las tiendas. Venga, culo veo culo quiero.

sábado, noviembre 06, 2010

EL LENGUAJE

Así como ya no estudiamos ahora la manera en la que hablábamos antes, como hace cincuenta o cien años en cada uno de nuestros países, porque el uso y el diccionario han desterrado expresiones y palabras perdidas, dentro de unos treinta o cuarenta años los profesores enseñarán a quienes nos sobrevivan cómo se emplea el lenguaje acortado, los mensajes con iniciales, las palabras codificadas pero pronto desnudas y al alcance del conocimiento cotidiano. Y OMG será Oh my God. Y todo el mundo se despedirá de todo el mundo con LOL, es decir, lots of love. Y ya no volveremos a escribir más qué, por, de, para, porque o también, sino q, x, d, xa, pq o tb. No sé cómo te mandaré entonces mis besos ni si me comprenderás si te digo con otros signos o vocablos que desearía que estuvieras aquí. Pero con las miradas, con los suspiros, los silencios y los gestos universales todos nos seguimos entendiendo sin necesidad de las palabras, cualquiera que sea la parte del mundo de la que procedemos.

domingo, octubre 31, 2010

VOLUME ONE 223: MAYHEM (IMELDA MAY)

No hace falta inventar nada para que la música nos siga deparando nuevos buenos momentos, incluso sorprendiendo con la irrupción de lo previsible aunque decorado con el fiable gusto por lo clásico. Imelda May lo consigue, una chica que se ha ganado mi respeto con la aparición de segundo álbum, Mayhem (Decca, 2010), tan sugerente y sabroso como su debut. Sigue la irlandesa muy mona y enérgica, segura de voz y de carácter, con paso firme al saltar de un tema a otro, al acariciar el country, rozar el jazz y siempre abrazarse al rockabilly. Rock N Roll sencillo y directo, sin más adornos que los necesarios, bien diseñados por una contundente sección rítmica al servicio de una cantante bien armada con dinamita. Hasta una versión improbable del ochentero tema rock electrónico de los ochenta Tainted love se convierte en un buen tema rockabillero nada desechable.

Nota: 8/10

GREATEST HITS 93: MIND GAMES (JOHN LENNON)

Esta es la escena: me monto en un autobús nocturno y me espera casi una hora de viaje porque hay un atasco del demonio en el centro y las furgonetas de policía suben y bajan en esta noche de Halloween poblada de bichos extraños en la calle y gente que ni por asomo se quiere marchar aún a casa. Y me acompañan los pensamientos y Mind games, una canción que tenía olvidada y que me hace admirar a John Lennon, al músico aquel que asesinaron hace treinta años, al músico del que ahora reeditan sus discos, al músico, no al tipo que quizá ahora, de seguir vivo, quizá nos pareciera tan loco como el desequilibrado que le disparó. Hermosa canción del álbum del mismo título de 1973 sobre la paz y el amor, sí paz y amor, lo que muchas veces nos parece cursi si se lo oímos proclamar a un cantante en su medio de expresión, pero lo que todos deseamos de verdad, paz y amor.


Mind games.

miércoles, octubre 27, 2010

GREATEST HITS 92: YOU ARE NOT ALONE (MAVIS STAPLES & JEFF TWEEDY)

Una y otra vez sin cansarse. Encantadora. Desnuda, con las cuerdas y los murmullos de su garganta. Dos generaciones, un mensaje: no estás solo/a. (Espero verla el mes que viene, sólo unos metros delante de mí) La canción del año.


sábado, octubre 23, 2010

LIVE IN 96: SE ME HACEN LARGOS LOS DISCOS

A los que hemos madurado con la aguja desde el momento en que cae sobre el vinilo hasta que se vuelve a levantar, y años después con el láser desde el primer segundo hasta el último, nos sigue venciendo más la tentación de tragarnos un disco completo que nos interesa que sólo una o dos de sus canciones, las que hemos oído que son las sobresalientes o las dos primeras incluso, si es que tras ese primer contacto el panorama no parece muy prometedor. Por eso cuando quiero conocer algo lo quiero digerir sin cortes, de un bocado si es posible… Pero no sé que pasa que los últimos discos recientes por los que he apostado agotan su fuerza en pocas canciones y se desinflan como globos sobados o se quedan sin gas como las botellas de champán abiertas. No es que fueran imprescindibles los últimos trabajos de Kings of Leon, Belle and Sebastian o KT Tunstall, pero al menos no se marchitó mi curiosidad por darles una nueva oportunidad. Pues eso, dos canciones apreciables en cada disco y el resto no me provoca más que cansancio, aburrimiento. Y no digamos esas decepciones sobre las que no he querido profundizar (Plant, Young, Olson).

¿Debo preocuparme?

miércoles, octubre 20, 2010

LIVE IN 95: PERO, QUÉ MALOS

Ahora me suenan tan simples, pero en ese sentido que le damos a lo que nos da pereza escuchar por desfasado y anticuado. Mientras mejoro mi dominio del inglés, algunos profesores amenizan las clases con un poco de música a la hora de hacer ejercicios individuales o colectivos. Uno de ellos escogió The Beatles, en concreto las canciones de los primeros discos, aquellas alegres frivolidades de 1963 y 1964. Oh dios, ¿soy el único ahora al que le entran ganas de mandarlos al carajo? Pero, ¿qué tuvieron de especiales estos mocosos de flequillo largo que lo revolucionaron todo? Hacía tiempo que no escuchaba aquellos temas fáciles, banales, ñoños, de sencilla composición y aún más básica instrumentación. Pero fueron The Beatles, vaya, aparecieron en el momento oportuno para agitar las consciencias sin proponérselo, levantar un imperio de popularidad incalculable y volver locos a los jóvenes. Y a los que ya no lo somos tanto nos cuesta volver a disfrutar de algunos ecos del pasado. Después, los chicos de Liverpool se dejaron barba y aquello ya fue otra cosa.

martes, octubre 19, 2010

MELODIAS PARA SIEMPRE

Eso que dicen, ya sabéis: que se puede cambiar de trabajo, de casa, de coche, de mujer, de hábitos… pero nunca se puede abandonar una pasión (a no ser que el trabajo, la casa, el coche y la mujer sean tus pasiones). Entre voces que desprenden calor con acentos que me suenan extraños, hay idiomas comunes. Sonidos fluyen de un lado a otros, flotan aromas distintos, el cuerpo se contagia de otro ritmo, adquiere un mecanismo más despierto y te obliga a no detenerte, a no bajar del vagón, pero siempre te deja unos segundos de calma para absorber una melodía, una música que te suena cercana e íntima en los altavoces de una tienda de música, o la llevas contigo en el bolsillo de la cazadora a todas partes. Y te acuerdas de tantas cosas que tampoco puedes abandonar.

sábado, octubre 16, 2010

LIVE IN 94: ABBEY IN LONDON

Ahora no estoy para centrar mi atención con detenimiento en la música que todos los días me acompaña, aunque no tardaré en retomar esta rutina. De todas formas, siempre hay tiempo, por apretado que parezca el día y por muchas ocupaciones que se acumulen, para prestar los oídos a cualquier voz y a cualquier instrumento. En el transcurso apurado de las primeras horas de mi nueva situación y gracias al incuestionable buen gusto y la incalculable ayuda de Fernando, me acoge el canto doliente y cálido de Abbey Lincoln, fallecida hace semanas a los 80 años. Una leyenda de jazz. Fina, tierna, frágil, sensible, hermosa. Reinterpretándose en su último trabajo, firmado hace tres años, o rememorando a Billie Holiday sobre un escenario, su música me da la bienvenida en estos momentos de exploración y gratitud.

martes, octubre 12, 2010

EN MITAD DE ALGÚN MOMENTO (LONDON CALLING)

Todo tiene un límite que exige decisiones drásticas. Cambiamos para no estancarnos, para crecer, para desconectar, para olvidar… y en cualquier momento, a cualquier edad. La vida sigue pero podemos continuarla por diferentes caminos. Cambiaremos, aunque haya cosas que nunca cambien. Allá voy una temporada a ver qué pasa. Seguiré por aquí de todas formas.

LIVE IN 93: DON’T GIVE UP ON ME… ENORME DESCANSO

Ahí se quedó, en la pista de aterrizaje, poco antes de sentarse en su trono. Iba a tocar en una sala con nombre de paraíso en Europa. Con 70 años. Y él no pertenecía más que el lugar que la música reserva a sus dioses. Nunca lo vi y me hubiera gustado mucho. Pero siempre lo llevaré conmigo.



viernes, octubre 01, 2010

VOLUME ONE 222: MEAN OLD MAN (JERRY LEE LEWIS)

La tradición es una garantía. El apego a la esencia, a la autenticidad, no defrauda a nadie. Por eso música como la que recoge y mima Mean old man (Verve Forecast, 2010) es tan bien recibida. Vuelve (nunca se ha ido) Jerry Lee Lewis, el killer con las balas guardadas, el Clint Eastwood del rock n roll, como dice un amigo, algo exagerado a mi entender. Y cómo vuelve el maestro, con una escuadra de colaboradores de mil reverencias: Keith Richards, Solomon Burke, Mick Jagger, Eric Clapton, Robbie Robbertson. Slash, Gillian Welch, Sheryl Crow, Kris Kristofferson, John Fogerty, Ronnie Wood… (y no, menos mal, no se ha colado Costello), colegas de toda la vida. Lejos del aura crepuscular con que Rick Rubin barnizó las últimas voces de Johnny Cash, Jerry Lee, sentado o no a sus teclas, prefiere iluminar y revestir viejas canciones de country, blues y rock n roll bajo la producción elogiosa de un titán como Jim Keltner, el batería de tantos y tantos músicos que, por supuesto, aquí también agarra las baquetas para demostrar su maestría rítmica. Por fortuna, para superar el mal trago de las últimas decepciones (Robert Plant, Neil Young), he aquí un genuino discazo.


Nota: 8/10

jueves, septiembre 30, 2010

VOLUME ONE 221: THE SUBURBS (ARCADE FIRE)

Parecen los bastardos repudiados de una comuna, con ese aspecto siniestro y autocomplaciente. Me recuerdan a aquellos chicos del maíz de Stephen King. Un grupito de modernillos cool huidos de los bosques canadienses realmente inteligente, de ideas lucidas y resultados brillantes. No lo dudo porque lo he comprobado, primero con el fantástico Funeral (2007), después con el acertado Neon bible (2004) y ahora con el celebrado The suburbs (Merge, 2010), un disco agraciado por la crítica en un lado y en otro, en medios de una corriente y de otra. Quizá no es para tanto, que se hace largo, pero este álbum sí deja unas cuantas huellas, marca un territorio en el recuerdo de una música que acabas de escuchar y que te invita a acudir a ella pasado poco tiempo. Yo he dejado pasar un par de meses y me he vuelto a conectar a The suburbs, el último trabajo de Arcade Fire. Con su extraña teatralidad, su retorcida grandilocuencia, su desorden armonioso, sus desvíos retro, que esta vez recuperan a Blondie. Y sus pedazo canciones: The suburbs, Ready to start, Modern man, We use to wait, Sprawl II.


Nota: 7/10

martes, septiembre 28, 2010

GREATEST HITS 91: IT MAKES NO DIFFERENCE (THE BAND)

Llevo unos días sin escuchar discos por diversas razones, ni música nueva ni música vieja, sólo algunas canciones sueltas bendecidas por la grandiosidad de los genios. Porque llega un momento, y quizá sea éste, en que conviene bajar de los altares las emociones que sentimos siendo más jóvenes, cuando hablar de música y vivir la música nos empujaba a cruzar los límites de la razón o a confundir el juego con el riesgo. Disfruté de esta canción hace años, y ahora la saboreo mejor, con el regusto de la madurez y al darme cuenta de lo mediocre e imperecedera que es la música que nos salpica en nuestros días. Allí estaba Scorsese grabando la despedida en un concierto épico, y Rick recogiéndose en sí mismo, y Robbie mimando su guitarra. Y una banda inmensa.


sábado, septiembre 18, 2010

GREATEST HITS 90: GET ON THE ROAD (TIRED PONY)

Los supergrupos se prodigan y la unión de talentos e inquietudes similares o distantes no siempre es provechosa ni elogiable. El resultado de estos encuentros acostumbra a carecer de definición, su orientación no halla explicación con palabras. Le ocurre a Tired Pony, donde sorprende que sea Gary Lightbody, del temible grupo Snow Patrol, quien comande la aventura. Se apuntan Peter Buck, guitarrista de REM, Richard Colburn, batería de Belle & Sebastian, y colaboran M. Ward y Zooey Deschanel, entre otros músicos. El disco que firma la banda se llama The place we ran from (Polydor, 2010) y contiene esta extraordinaria canción, pura crema con la que me estoy empapando: Get on the road.


VOLUME ONE 220: YOU ARE NOT ALONE (MAVIS STAPLES)


Se avecinan sabrosos lanzamientos. Antes de Neil Young, Ronnie Wood o Robert Plant le quito el plástico a Mavis Staples, destapo de nuevo a esta encantadora mujer y me dejo tragar por la confortable frondosidad de su soul entrañable, el gospel remozado y la voz pura, vibrante y sana a los 71 años. En su Chicago natal, donde empezó a cantar cuando era niña junto a su padre y sus hermanas, ha hecho migas con Jeff Tweedy, convertido aquí en el acertado productor de You are not alone (Anti-, 2010). El líder de Wilco se pasea a gusto por las pistas con las cuerdas y las voces de apoyo y le compone a esta gran abuela un par de canciones deliciosas, sobre todo la que da título al disco, preciosa, de las joyas de este año. El resto del álbum está cubierto por piezas tradicionales adaptadas y algunas composiciones de Randy Newman o John Fogerty. La oferta es jugosa y el plato, más que satisfactorio. La sabiduría no pierde energía, no se desgasta.


Nota: 8/10

domingo, septiembre 12, 2010

BONUS TRACK 85: OTHER VOICES / FULL CIRCLE (THE DOORS)


Mi fiebre juvenil por The Doors se agotó tras la muerte de Jim Morrison, es decir, le di la espalda a lo que el grupo grabó como trío en los dos años siguientes. La música que guardaron en dos álbumes más tampoco era fácil de conseguir, ni siquiera en EEUU estaba editada en cd, aunque sí había ejemplares en algunos países europeos en formato de dos discos en uno. Ahora es más probable y sencillo obtenerla. Entonces tenía pocas referencias sobre estos dos trabajo, tampoco tengo más ahora. Y en ellos me he encontrado con unos Doors descafeinados, pero para nada desorientados.

Other voices y Full circle llegaron en 1971 y 1972. El sello del grupo, Elektra, y la propia banda financiaron los discos, derivados de la música compuesta para L. A. Woman especialmente, sobre todo porque en el primero se mantiene el gusto por las largas estructuras y por los ambientes descritos en Riders on the storm. Manzarek y Krieger se encargan de las voces y el conjunto guarda la integridad del grupo como cuarteto pese a añorarse el carisma y la voz de Morrison. Hay temas mayúsculos como Ships with sails o Wandering musician. Funciona bien. Full circle se abre a la experimentación, con desvíos hacia el jazz, al progresivo y a los paisajes exóticos o tropicales con la simpática canción The Mosquito. Intervienen muchos más músicos en la empresa. Es una curiosidad estimable pero inconsistente. En el fondo The Doors ya no tenían mucho más que decir, por eso tras este disco cerraron el taller.

Años más tarde Manzarek y Krieger pelearon contra el paso del tiempo y se abrazaron a la nostalgia bajo los nombres The Doors of the 21st Century, D21C y Riders on the storm con más que loables actuaciones.

martes, septiembre 07, 2010

SOUNDTRACK 100: WHEN YOU’RE STRANGE

Tom DiCillo es un cineasta como mínimo interesante. Antiguo montador de las primerizas obras de Jim Jarmusch, se ‘independizó’ de su mentor para comenzar a cultivar una filmografía como director puntero del cine indie americano de los años noventa, aunque su chispa se perdió enseguida. Tras las muy recomendables y divertidas Vivir rodando (1995) y Box of moonlight (1996), sólo Delirious, una década más tarde, recuperó su airada vena lúcida con una ácida sátira del mundillo del espectáculo y de su caprichoso jugueteo con la fama. Combinando con trabajos en la televisión, en los últimos años ha firmado el documental When you’re strange (2009), como el título de la canción de The Doors, porque del mítico grupo trata este documental.


Narrado por Johnny Depp, When you’re strange no depara mucha más información sobre la banda que la numerosa bibliografía al respecto ya recoge. Los episodios más célebres, así como la gestación del grupo, su vertiginoso auge y también su decadente ocaso, y, por supuesto, la compleja, extraña, seductora e irrepetible figura de Jim Morrison aparecen bien repartidos por el metraje, sugerentemente acompañado de numerosas imágenes de archivo muy poco habituales y casi nunca vistas. Pero, para mí, ver este documental no sólo me ha reencontrado con una música única y sin fecha de caducidad que acompañó mis años de juventud gracias al biopic de Oliver Stone, sino que me ha regalado un pequeño viaje de imaginación, esforzándome por estar allí, por aquellos años revueltos que la enigmática y calurosa música de los Doors tan bien ilustra.

viernes, septiembre 03, 2010

LIVE IN 92: THE RYAN O’REILLY BAND


Como cientos y miles que se muestran por los cauces diversos de la Red, en redes sociales y páginas personales, las vías para darse a conocer, quién sabe hasta acabar cómo y dónde. Y también en la calle, en las avenidas atestadas de turistas y habitantes. Me tropecé con ellos en Portobello Road, tocando sus sencillos instrumentos una mañana de sábado, percusiones básicas y tiernas acústicas. Vendían su cd en directo, una grabación en el local Half Moon de Londres grabada el año pasado. Así tan natural, con dos imágenes en blanco y negro y un disco virgen desvirgado guardados en un plásticos. Nos dejamos las cinco libras y escuchamos sus bonitas canciones. Aunque no lleguen muy lejos, a mí me llegan cerca. The Ryan O’Reilly Band.