jueves, mayo 22, 2008

SOUNDTRACK 63: INDIANA JONES… AHORA

Su abuelo lo llevó al cine. Tenía 8 años. Salió entusiasmado de la sala, emocionado aún por la aventura en la que se había metido, perseguido por una piedra gigante, por aquellos moros con cara de pocos amigos en callejones estrechos, caído a la fosa de serpientes bajo el desierto, escondido en el submarino de los nazis y atado a un palo mientras el arca aquel expulsaba sus demonios. Volvió a ver la película una semana después, con su abuela y una amiga. Repitió con niños de su edad. Repitió con sus padres. Repitió una quinta vez, aunque no recuerda con quién como acompañante. En el mismo año. Tres más tarde el aventurero del sombrero y el látigo le invitó a otra aventura que vivió otras tantas veces como la primera, en exóticos palacios y catacumbas malditas protegido por la oscuridad de un cine. Volvió el héroe cinco años más tarde, aunque el niño, más crecido, se reencontró con él sólo una vez en la búsqueda sagrada desde una sala de estar. Las películas descansaron en su recuerdo. El héroe se jubiló. Hasta hoy.

Hoy ha vuelto Indy, el doctor Jones. El niño es hombre y ha querido sentirse un poco como entonces. No ha podido. No es tan fácil. Le ha alegrado reencontrarse con el aventurero de su infancia. Se ha entretenido, ha sonreído. Quizá es bastante, quizá es justo. Pero ya nada es como entonces. Aquello nadie se lo puede arrebatar. De esto puede prescindir. No pasa nada. El cine, como la vida, sigue su curso hasta la próxima sesión.

lunes, mayo 19, 2008

GREATEST HITS 44: VIOLET HILL (COLDPLAY)

Y después los llaman aburridos.

Esta es la versión completamente distinta del videoclip original que la banda montó a su peculiar antojo después de que el primero se filtrara en la Red antes de tiempo. Lo que esto avecina tiene buena pinta. Dentro de unos días saldremos de dudas.

domingo, mayo 18, 2008

LIVE IN 55: CÁPSULAS NACIONALES

Contra cierto sinsabor general que me producen algunas escuchas recientes de música internacional, recurro a unas pocas píldoras nacionales, a ver si mejora la salud. No mucho.


Me gusta Najwa Nimri. Me parece una actriz solvente y una belleza intimidante,
de las que hasta da vergüenza mirar dos veces. No me parece
en cambio una buena cantante y el adorno electrónico que protege sus canciones disimula unas carencias de voz que ella tampoco se esfuerza por ocultar. Dicen quienes la han visto en directo que su prestancia ante el micro, el saber estar de una actriz consolidada, mejora su repertorio. Lo creo. Se ha reencontrado con Carlos Jean para publicar Till it breaks, el nuevo álbum de Najwajean. La obra navega en un mar de pop balanceándose hacia el suave rock electrónico, un mustio acento de baile, e incluso el punk rock. Esa indefinición hace olvidable el disco, aunque tres buenos temas como Crime, Don’t try y Singin’ hacen agradable el trabajo.

Otro tanto para Russian Red, lo que sea que es que esconde a Lourdes Hernández y a Brian Hunt. Navega por el espacio virtual y cosecha referencias positivas. Las comparaciones son acertadas: Feist, Hope Sandoval y hasta Joanna Newsom, porque la voz de la chica, mona ella, es aniñada. Gusta, para escuchar en el campo. Es folk compungido, del que tanto se prodiga por los paisajes yanquis, del que tanto teme uno (no hay razón para ello) cuando se prodiga por los paisajes de la España nuestra. Nice thick feathers, Kiss my elbow y No past land son tremendos temas. El conjunto no es para tanto. A ver qué respuesta le dedica el público nacional. Me cae bien, que ya es bastante.

Me pregunta alguien (no me acuerdo quién) si he escuchado a Sr. Chinarro. No, respondo. Hasta ahora. Qué delito. Qué horror. Al paredón con el que recita desganado sobra las bases maestras del indie pop más vomitivo. Me vuelve a doler la cabeza.

viernes, mayo 16, 2008

EL PRESENTE

El otro día me detuve ante una revista. En su portada miraban serios y distantes dos viejos en primer plano. ¿Quiénes son estos tipos?, me pregunté. ¡Ostras, Plant y Page! Yo no había nacido cuando ellos mandaban ahí arriba y sus melenas danzantes, el gesto afeminado de Robert y la seducción acosadora de Jimmy sobre su guitarra, armaban a una banda hasta alturas legendarias. Años después yo descubrí a Led Zeppelin, algo tarde, cuando ya no eran grupo con vida. Los dos se juntaron de nuevo, sacaron discos con su firma y por separado, y el año pasado reclutaron a John Paul Jones y al vástago de su batería fallecido para resucitar (de algún modo) el pasado.

Pero el tiempo no se detiene, habla en los rostros y en los cuerpos. Sólo los recuerdos pueden impedir que nos vayamos haciendo viejos. ¿O no?

miércoles, mayo 14, 2008

BOOTLEG SERIES 12: SOUL FEVER (MARIE QUEENIE LYONS)

Podríamos llamarla ‘arqueología discográfica’; sería una ciencia y una pasión, la de desenterrar obras de culto y acercarlas al oyente; con fines comerciales, claro. Lo lleva haciendo un tiempo el sello español Vampisoul, concentrado en rescatar del olvido o darle formato de compact disc a muchos trabajos de música negra de las décadas sesenta y setenta. Soul, funk, rock latino, lounge y las distintas combinaciones que aceptan estos géneros se encuentran en su catálogo. Una de sus novedades más reciente es Soul fever (1970), un venerado LP convertido ahora en CD y distribuido por Vampisoul para recuperar la memoria de una muchacha negra a la que se le perdió el rastro hace décadas, Marie Queenie Lyons.

Cuenta el cartón que guarda el disco actualizado que Lyons se esfumó de la tierra después de la grabación de Soul fever. En los años anteriores había cantado para King Curtis y sido empleada por artistas como Fats Domino, Jackie Wilson y James Brown, quien pudo haber impulsado la contratación de la bella Marie para grabar su único álbum en Deluxe, un sello ligado a King Record, hogar discográfico del padrino Brown.

Muchos años después de todo aquello yo oigo hablar por primera vez de Marie Queenie Lyons, compro Soul fever a ciegas y me encuentro con una de esas magníficas joyas que el tiempo engrandece. La desaparición de la chica escondió para siempre el boceto de un volcán. Las doce canciones que grabó, incluida una atípicamente fresca versión del sudoroso Fever, oscilan entre el funk ardiente de comienzos de los setenta y el soul inocente de los albores de la década anterior. Ella misma también canta con una variada gama de actitudes, en unos temas parece inofensiva mientras que en otros se calienta vigorosamente hasta transformarse vocalmente en un varón al estilo de una Janis Joplin sin llegar al ardor de una Betty Davis. Gran descubrimiento.

lunes, mayo 12, 2008

LIVE IN 54: MARCHITA JUVENTUD

No pedimos genios adolescentes (tampoco es sano), ni prodigios de la naturaleza en pañales artísticos. Los que surcamos los mares de la música como ávidos oyentes en busca de nuevos tesoros perdidos o por encontrar queremos de vez en cuando, más pronto que tarde, tropezar con hallazgos relucientes, artistas nuevos que nos animen a tenerlos fichados para darle oportunidad a sus futuras canciones. Pero algo falla: o las rachas de nuevas bandas de mocosos están condenadas a conformarse con sus patosas cualidades y a explotarse el acné, o nosotros, ¿demasiado exigentes?, nos vemos superados por la desconfianza que acompaña a la edad.

Dos ejemplos: Panic at the Disco y The Last Shadow Puppets. De USA y UK. Tienen álbum este año, con portadas sugerentes, de las que animan a probar lo que hay dentro, y contenidos paupérrimos: power pop de saldo con gotas de country barato en el primer caso, pastiche retro británico con orquesta de inclinaciones sesenteras en el segundo. En Panic tocan cuatro flequillos diseñados con disfraces de mayores. En estos Puppets se junta un chaval de Arctic Monkeys y otro de The Rascals. Un desastre de Oeste a Este.

Olvidados estos bocados de música joven, a veces rebobinamos hacia generaciones demasiado emancipadas hasta volver arriesgarnos a conocer la próxima aventura que empañe nuestros días. En esos viajes atrás, los que este blogero emprende a veces y luego comparte (Havens, Otis, the Staples, Faces…), no siempre las flores mantuvieron vivo el jardín, pero es más grato y fácil reconfortarse con las viejas semillas que nunca se marchitan.

viernes, mayo 09, 2008

NADA ES SAGRADO

Nada es sagrado. La falta de vergüenza, el dinero o la simple flexibilidad de los derechos de autor eximen de culpa el atrevimiento de quien lleva a cabo la reconstrucción de un trabajo original, la copia, el plagio, la versión u otros variantes. Después, no pasa nada, todo sigue su curso sin que nadie tenga que mirar de frente a un pelotón de fusilamiento. Hubo días en los que me importaba la transformación de ciertas obras que consideraba intocables, películas y canciones, sobre todo, que creía que no debían ser tocadas. Ahora ya no.

Optó a un Oscar y se creyó en el derecho de calcar plano a plano un clásico de terror insuperable. Después del caudal de críticas que encajó alguna de sus películas posteriores ganó el gran premio del festival de festivales. Perdonado. Aquella canción protestó la lluvia atómica y casi cincuenta años más tarde se le ha cambiado el idioma para bendecir el agua en el año de una exposición universal. No hace falta castigo. Capra y Minneli han sido ridiculizados, pero ¿alguien se acuerda?

Aviso: no he escuchado aún las versiones de Tom Waits que ha reunido en un disco la actriz Scarlett Johansson con la ayuda de un nada fiable productor, aunque ya me han llegado a la vista y al oído críticas feroces dirigidas a la precoz estrella a la que ya le va sentando mal tanto protagonismo al mínimo de sus estornudos. Waits, genio incomparable donde los haya, tampoco está libre de que su obra se someta a lavado y centrifugado. Si él lo consiente su cartera no va a cerrar la boca. ¿Que la chica lo reinterpreta mal? Puede ser. ¿Que no canta bien? Pues Waits… aunque no nos importa. No son pocos los grupos y autores que han destrozado canciones originales, desde Robert Plant a Bono en compañía de la cabecilla de The Coors, pasando evidentemente por Sonic Youth. Enfado de hoy, olvido de mañana.

Comentaremos en breve ese disquito de Miss Johansson, a quien uno querría ir perdiendo un poco de vista salvo en sus sueños más reservados.

miércoles, mayo 07, 2008

BONUS TRACK 45: RICHARD P. HAVENS, 1983 (RICHIE HAVENS)

La primera vez que escuché y vi una actuación de Richie Havens fue en el homenaje del 30 aniversario de carrera de Bob Dylan que numerosos músicos le rindieron al autor en el Madison Square Garden de Nueva York a comienzos de los noventa. La espumosa versión de Just like a woman que se marcó Havens, arropado solamente por su guitarra y su voz melancólica hundida en la bruma me cautivó durante días. La obra de este cantante norteamericano comencé a explorarla bastantes años después. Havens parece obsesionado con las versiones, las de Dylan y The Beatles especialmente (tiene un álbum dedicado a ellas por entero), temas que se han convertido en componentes del repertorio de sus discos de estudio y de sus apariciones en vivo. Quizá esa insistencia ha desvirtuado el conjunto de su obra, en realidad modesta y poco trascendente, aunque de una tremenda carga expresiva.

Pero alguno de sus trabajos es realmente soberbio, como el cuarto de su carrera, que tituló Richard P. Havens, 1983 (Verve, 1969), donde Beatles ganan por 4-1 a Dylan en el marcador de ‘covers’, Donovan y Leonard Cohen tienen también revisitación y en el que temas del propio Havens como The parable of Ramon y For Haven’s sake producen una confortable sensación de liberación espiritual. El cantar de Richie es recogido pero intenso, su emoción interpretativa es creciente y su inconfundible forma de rasgar la guitarra, marcando los acordes con el pulgar como si a veces estrangulara el mástil y convirtiendo la caja en un elemento percusivo, ejercen un efecto hipnotizador; el que después de tanto tiempo anima a no perder de vista el folk íntimo de Richie Havens.

lunes, mayo 05, 2008

VOLUME ONE 136: MUDCRUTCH (MUDCRUTCH)

Más buenas noticias de quien, cuando las trae, nos hace un poco más felices. En un ejercicio de nostalgia Tom Petty ha resucitado a la banda que antes de que los Heartbreakers vieran la luz como sus acompañantes, allá por mediados de los setenta, recorría los bares y locales de Florida en persecución del éxito. Se hicieron llamar Mudcrutch, pero nunca llegaron a grabar un disco; Tom se colgaba el bajo y los futuros Heartbreakers Mike Campbell y Benmont Tench agarraban una guitarra y vigilaban los teclados; Tom Leadon y Randall Marsh completaban la formación, cuyo rock primerizo parecía prometedor, como revelan algunos fragmentos del documental rodado por Peter Bogdanovich, Runnin’ down a dream (2007). Más de treinta años después Petty ha reunido a Mudcrutch en Mudcrutch (Reprise, 2008). Y el tiempo no ha estropeado nada.

Este disco tardío pero nunca inútil posee, entre otras virtudes, la de desmarcarse de la huella de Tom Petty & The Heartbreakers, aunque temas como Scare easy o The wrong thing to do recuerden inevitablemente a la banda (por algo Campbell y Tench se apuntan al reparto principal de créditos). En conjunto, Mudcrutch es un trabajo paralelo de Tom Petty y su grupo con parte del personal distinta que decide recorrer vías y aromas parejos pero no idénticos, próximos al soleado country rock que derivó décadas más tarde en el americana (Queen of the go-go girls) o incluso al folk de vertientes psicodélicas (Crystal river). La cotización del disco sube como la espuma, sobre todo si el oyente se deja tragar por el remolino en que le mete un tema como Lover of the bayou, un versión de The Byrds convertida desde ahora en el TEMA DEL AÑO.

Nota: 8/10

sábado, mayo 03, 2008

VOLUME ONE 135: SUNDAY AT THE DEVIL DIRT (ISOBEL CAMPBELL & MARK LANEGAN

Mark Lanegan no reposa el culo. En menos de un año se ha unido puntualmente a Soulsavers, ha publicado disco y girado con Greg Dulli bajo el nombre de The Gutter Twins y se ha reencontrado con Isobel Campbell, con quien dos años atrás había demostrado que las parejas imposibles son posibles en esto de la música. Son buenas noticias aunque los resultados sean dispares. Del óxido electrónico ha pasado al espeso rock de catacumba y ahora experimenta un completo cambio de registro al lado de la que fuera edulcorada princesa pop en Belle and Sebastián. Sunday at devil dirt (V2, 2008) es la continuación de Ballad of broken seas (2006).

En cierta medida viene a ser eso, una continuación, un segundo capítulo de brillante artesanía sonora y paisajística de un dúo pintoresco que se susurra estrofas bajo una capa atmosférica de turbadora calidez. Además de prestar sus deslizantes e inofensivas palabras, Isobel compone y arregla en el apartado creativo, de nuevo dejando clara su debilidad por el legado poético del Ennio Morricone que musicalizaba westerns; Mark se erige en voz dominante, por momentos cercana a la que recorría sus obras I’ll take care of you y Field songs.

Este Sunday at the devil dirt despega con un manojo de cortes que parece guardado por la pareja desde Ballad of broken seas. A continuación se transforma sutilmente en un cofre de canciones más climáticas y retorcidas, como la espectacular Back Burner, con un coro agonizante de voces gospel en un desierto abandonado mientras la garganta tenebrosa de Lanegan amenaza sin subir el volumen. El tramo final revive la calma inicial con temas menos intimidantes (Trouble, Sally don’t you cry) que hacen acogedora su natural aridez. Escuchadlo en calma, libres de inquietudes, para gozarlo en su desnudez.

Nota: 8/10

jueves, mayo 01, 2008

GREATEST HITS 43: IN THE AIR TONIGHT (NONPOINT)

A veces surgen versiones que tapan al tema original. Hendrix mató a Dylan desde la atalaya. ¿Quién se acuerda de Phil Collins cuando Nonpoint gritan más alto? Desde Miami.

martes, abril 29, 2008

VOLUME TWO 39: OTIS REDDING

La inyección de soul que me he metido estos días contiene un poco de Otis Redding, de quien tenía ganas de empaparme con algo más que sus éxitos de sobra conocidos. No poseía Otis una de las voces que más me entusiasman del soul, pero sí una de las que creo que mejor interpretaba las canciones, y pretendía indagar un poco más en su corta carrera, una más que la muerte accidental cortó de cuajo en la cima de la fama y en el desenfreno de su talento. Para ello me hice con Otis! The definitive Otis Redding (Rhino, 1993), una box set de casi cien temas en cuatro discos que abarca prácticamente toda la creación de Otis, desde sus primeras composiciones y duetos con Carla Thomas, hasta las de sus últimos días, además de algunas piezas perdidas durante años, versiones de Sam Cooke, James Brown o The Beatles y el testimonio en directo de sus actuaciones en el Teatro Apollo de Nueva York y el Festival de Monterrey de 1967, el terreno en el que Redding mostraba toda su explosiva grandeza.

Así de golpe, con el consiguiente cansancio pero nunca agotamiento, escuché un disco detrás de otro para entrar en calor con el soul y R&B ágil y polifacético de Mr. Redding. Sus temas lentos y algunos medios tiempos poco me han convencido, pero esa cortesía con las que cantaba sus baladas quedaba totalmente eclipsada por la abrasiva inmediatez de sus directos, en los que aullaba y maullaba, sudaba como una animal y contagiaba de excitación con su gruesa sonrisa. Otis era un notable compositor y a sus melodías propias añadió otras con la firma de un genio como Steve Cropper, con quien parió ni más ni menos que Mr. Pituful, Fa fa fa fa fa (sad song) o la inmortal (Sitting on) the dock of the bay. Tuvo a su lado a magníficos músicos de acompañamiento, The Bar-Kays, con los que dio cuerda a una música que ningún accidente de avión puede matar.

Mucho tiempo después de que su voz se apagara a los 26 años, percibo en ella ecos que años más tarde sonarían en las muecas vocales de Mike Farris (Screaming Cheetah Wheelies) y Chris Robinson (The Black Crowes) en sus bandas de rock cuyo germen yace sobre la hierba del soul.

domingo, abril 27, 2008

VOLUME TWO 38: THE STAPLE SINGERS

Al abrigo de STAX, compañía discográfica de Memphis, iniciaron y desarrollaron su carrera numerosos músicos norteamericanos de soul durante los años sesenta. Muchos continuaron en la casa hasta su disolución a mediados de la década siguiente y otros cambiaron a sellos paralelos después de haber grabado sus trabajos más memorables en STAX. Como The Staple Singers, una familia musical cuya música soul brotó de raíces gospel, creció en terrenos folk de protesta y derivó hacia las lindezas del pop teñido de funk del cambio de década.

Pops Staples, con su aspecto bonachón, mantuvo a la familia unida en los escenarios. Su hijo Pervis abandonó en cambio el barco en plena travesía y el grupo consolidó su imagen y su música con la voz y la guitarra galantes de Pops acompañado de las voces sutiles de sus hijas Cleotha, Yvonne y Mavis, la menor de la prole y la que más personalidad poseía en su interpretación vocal. Los Staples aportaron sus canciones protesta contra las injusticias raciales en los agitados sesenta y compaginaron su inconformismo con las circunstancias con la solidez de sus éxitos comerciales más sonados. Éstos llegaron de la mano de STAX con los dos álbumes Soul Folk in Action (1968) y We’ll get over (1970), en los que los mejores músicos de sesión de la compañía, ni más ni menos que Steve Cropper con Booker T & The MG’s, contribuyeron a universalizar el sonido limpio, calculado e impecable, sin estridencia alguna, de Staple Singers, el mismo que compartían con otros artistas en nómina como Albert King, Carla Thomas, Wilson Pickett, Otis Redding...

Más discos siguieron a aquéllos, en Warner y Curtom, probablemente no alcanzaron la misma altura pero en ninguno el grupo, la familia, perdió esa dulzura natural de su soul exquisito que muchos años después sigue tan vivo, sin ninguna mancha de caducidad e ideal para hacer más entretenido y corto cualquier largo viaje en carretera.

viernes, abril 25, 2008

VOLUME ONE 134: FOR MY FRIENDS (BLIND MELON)

El mismo día en que Nick Cave & The Bad Seeds se plantaban en Oporto, otra banda lanzaba al mercado el disco con el que ponía fin a su retiro de casi una década, trece años después de la muerte de su vocalista. Blind Melon tuvieron algo de vida después de que Shannon Hoon la perdiera, pero el vacío que dejó acabó por hacer desfallecer al grupo norteamericano que en los noventa había deslumbrado con sus dos primeros álbumes, Blind Melon (1992) y Soup (1995). Sus miembros tomaron caminos diversos a finales de la década sin abandonar las tareas musicales y transcurrido un largo tiempo acordaron reencontrarse. El cuarteto superviviente necesitaba una voz nueva y la que al final les convenció fue la de Travis Warren, un tejano ahora más joven que Hoon cuando murió procedente de una banda llamada Rain fur Rent. For my friends (Adrenaline, 2008) da nombre a su reaparición.

Tenía entendido que Blind Melon preparaba algo nuevo, pero desconocía el momento en que lo iba a presentar y no me había planteado qué podría guardar su entrega novedosa de canciones. Lo que For my friends contiene es una continuación descarada de la música que el grupo fabricaba en sus trabajos iniciales, ni más ni menos, ese rock fibroso con piso psicodélico y planta grunge. Aquel que no supiera lo que le ocurrió al malogrado Hoon incluso diría que el fallecido es el mismo que ahora se pone ante el micrófono sin la tristeza con la que a veces quedaba cubierta la voz de Hoon. ¿Fidelidad al origen?, ¿tributo al difunto? Ni idea.

Un dilema habitual sale de nuevo a colación: ¿evolucionar o permanecer? Blind Melon ha optado por continuar lo que la muerte paralizó hace más de diez años. En este sentido, el nuevo disco tiene fecha de 2008 como podía tener la de 1998, sin sorpresas, sin riesgo, con cierta monotonía que rompen tres o cuatro (Wishing well, For my friends, Down on the farmacy, Cheetum Street) cortes dignos de pinchar más de una vez.

Nota: 6/10

miércoles, abril 23, 2008

LIVE IN 53: NICK CAVE, COLOSO EN EL COLISEO (22/4/2008)

El verdadero carácter y el auténtico valor de un artista se mide y comprueba en vivo y un directo. A Oporto nos fuimos Dufresne y yo para saldar cuentas pendientes con Nick Cave & The Bad Seeds. Nos acompañó la persistente lluvia gallego-portuguesa y Grace Potter and The Nocturnals como aperitivo en el reproductor de cds. A la breve ronda a pie por la decadente ciudad le siguió la entrada en el asombroso Coliseo de Oporto, cálido templo con lámparas nebulosas y acústica ideal. Segunda fila. Tres mil quinientas personas. Teloneros para olvidar, de Australia también. Empieza la acción tras la impaciencia.

Salen las seis malas semillas y empiezan a hacer ruido: Sclavunos y Wydler en las dos baterías y percusiones, Savage en las teclas, Casey al bajo, Harvey en la guitarra y Ellis a cualquier cosa y con sus guitarras pequeñas de cuatro cuerdas, cubierto de barba cual desarrapado de una cueva. Aparece Cave. Bigote de truhán, cabellos largos hacia atrás, camisa y chaqueta negras, pantalón azul con el dibujo de escamas de cocodrilo. Salta, cae con las piernas abiertas, las rodillas hacia adelante, las manos al cielo, se contornea, desafía al público con la media sonrisa del tirano, lo señala, lo excita, su voz explota como un torrente. Agradece, provoca, se lanza a abofetear los teclados, se cuelga una guitarra que maltrata, se adelanta a metro y medio de nuestras caras, nos mira y se crece. Es un dios en ese momento. No para un instante, lo deja todo en cada verso, en cada tema, expulsa demonios por su garganta, un predicador. Una presencia imponente. ¿Chulo? Sí, un animal en escena. Hay que verlo con los propios ojos.

Gran concierto el del Nick Cave, alguien que no figura entre mis rockeros favoritos pero al que quería ver y oír de cuerpo presente. Interpretó la banda casi entero su último trabajo, Dig Lazarus dig, con una energía envidiable, rescató la vieja Deanna, tres ‘murder ballads’ y sólo una joya del anterior trabajo, aunque sin duda la mejor de la noche, The lyre of Orpheus. Se echaron en falta más temas de aquel disco, pero esta es otra gira, claro. Una pasada de todas formas. El público se hartó a pedir más. Y ahí estuvimos para poder contarlo.

Podio:

1. The lyre of Orpheus

2. Stagger Lee

3. Midnight man

lunes, abril 21, 2008

GOODBYE DANNY

No tuve el gusto de conocerle, pero de algún modo ahí estaba Danny cerca para ofrecer su sonrisa desde los teclados o detrás del acordeón. Alguien a quien quieres sólo porque te gusta la música que hace. No le falló nunca al jefe, nunca fallaba él para que la banda siguiera funcionando, año tras año todavía. Adiós Danny. Gracias.

sábado, abril 19, 2008

GREATEST HITS 42: TRY (JANIS JOPLIN)

No encuentro palabras. ¿Hacen falta? (Ojalá estuvieras aún con nosotros).

viernes, abril 18, 2008

VOLUME ONE 132 & 133: CLAN E IVÁN

Parada en casa, apartemos maleza diseñada para la burda inmediatez y detengámonos un momento en artistas que descansan en otra corriente, sin la urgencia del triunfo por bandera.

Me cuentan que Memorias de un espantapájaros (DRO, 2008), el nuevo disco de M Clan, está empapado de felicitaciones, pleno de estrellas y números altos junto a las reseñas publicadas. Lo compruebo primero en la red y eso me encuentro en los textos. Me lanzo a comprobarlo después. Bien, es cierto que el álbum reposa en una producción medida y exacta, con el sonido adecuado en cada instante bajo el control de Carlos Raya en la producción. Es cierto también que las letras más trabajadas de Carlos Tarque desvelan un cambio espontáneo en la banda murciana hacia el recogimiento y la nostalgia, lo que lleva a algunos a escribir y proclamar que el grupo ha dado un paso hacia la madurez. ¿Por qué se habla de madurez cuando alguien rebaja los decibelios y las exigencias de garganta, cuando en el caso de M Clan ya habían madurado lo suficiente con su anterior Sopa fría (2004) y en sus excelentes actuaciones en vivo? El caso es que estas Memorias… se quedan un poco en el medio de todo. Su formidable factura envuelve canciones que miran al pop (las más) y al rock (las menos), bien tocadas y no tan bien cantadas, clásicas pero frías, ninguna memorable, sin los estribillos que otras veces han popularizado tanto al grupo. Se escucha, se vuelve a escuchar y aquí no pasa nada.

Nota: 5/10

En el caso del vigués Iván Ferreiro no se puede ser tan generoso en la imprenta, aunque seguro que las estrellas también rozarán el pleno en algún lado. No mucho después de su primer trabajo en solitario en formato largo y de un inmediato EP, ahora vuelve el ex Pirata a torturarnos con su voz de dibujos animados en Mentiroso mentiroso (2008). Aquí musita y a veces berrea pildoritas pop con estrafalarios juegos instrumentales y un manto de espesura sonora agotador cuando los temas se quitan de encima la blandura. El problema es él sencillamente (alguna pluma le llama ‘pope’ del pop nacional sin pensarlo dos veces), pésimo vocalista (y eso qué importa en realidad, pensará Najwa, por ejemplo), un tormento después de dieciséis plomizos cortes donde afirma haber querido “contar cosas que tuviesen que ver con la verdad (…) pero que acabaron convirtiéndose en una mentira”. Los hay más insufribles un poco más al norte.

Nota: 3/10

martes, abril 15, 2008

VOLUME ONE 131: CONSOLERS OF THE LONELY (THE RACONTEURS)

Si este disco me hubiera parecido defectuoso, como en principio esperaba, no habría perdido el tiempo dedicándole unas líneas, pero no me cuesta reconocer que las apariencias a veces confunden y que nunca es tarde para abrir una puerta de relativa confianza a alguien a quien aún tiene mucho camino por delante antes de cruzar el umbral. Los halagos no cuestan y los desprecios tampoco, aunque depende de quién los dedique. Los míos no son más que palabras que se lleva el viento. Jack White es un tipo que me causa repelús y un músico que me parece mediocre, un intoxicador de canciones incomprensiblemente bien considerado entre colegas y periodistas del mundillo. Casi nada de lo que tiene que ver con él me gusta (salvo de la hoguera su producción para Loretta Lynn), pero debo admitir que el segundo álbum que acaba de editar con su banda de amigos, The Raconteurs, no me desagrada. Tampoco me encanta, eh.

Consolers of the lonely (Warner, 2008) vuelve a separar a Jack de Meg y a unirlo a Brendan Benson y a la sección rítmica de The Greenhornes, el bajista Jack Lawrence y el baterista Patrick Keeler. Lo que no acertaba a exponer el primer disco, Broken boy soldiers (2006), lo perfila mejor su continuación. Ahora el grupo suena y camina hacia un lugar concreto. Jack White manda. Los latigazos de chatarra abren el disco y se esparcen con gotas más adelante como si la sombra de White Stripes, pero con bajo, marcase la dirección. Cuando los temas se suavizan da gusto apreciar matices, bonitas creaciones; cuando se enfurecen no siempre salen afortunados, el vicio del exceso macarrónico de su principal compositor convierte algunos en material sobrante.

Nota: 6/10

SOUNDTRACK 62: HEIMA

Consejos para ver, palpar, oler, escuchar, saborear, soñar y disfrutar Heima:

Olvidar nuestro entorno, desconectar de sus reglas. Anular los pensamientos. Relajar completamente el cuerpo, presto a ser manoseado por las manos de una masajista. Borrar cualquier atadura con la civilización. Y eliminar todo recelo hacia la música que creemos imposible de digerir, porque es posible.

Heima es un asombroso documental sobre el retorno del grupo musical Sigur Rós a su tierra, Islandia. Hace dos años esta extraña y difícil banda de rock ambiental, muy dada a insistir en turbios experimentos sonoros y vocales, volvió a su país para sorprender a sus habitantes con conciertos imprevistos en los lugares más inhóspitos de su poco poblada geografía. Las impresiones personales de los cuatro componentes, de unos pocos de sus colaboradores y algunas actuaciones de aquella peculiar gira hogareña aparecen intercaladas en Heima con planos fijos, cortos unos largos otros, de los increíbles paisajes de Islandia: sus cascadas intimidantes, los cielos perpetuamente encapotados, las costas glaciares, los desiertos de hielo, las playas de arenas negras, y sus seres amistosos de tímido hablar. Es la fusión de esos grandes espacios o rincones con la música absorbente y esquiva de Sigur Rós (un grupo al que nunca presté interés y por el que la prensa británica se rinde en alabanzas) lo que convierte Heima en un placer para los sentidos.

Una invitación a perderse en los confines de la tierra sin temor alguno al hielo y al frío.

domingo, abril 13, 2008

VOLUME ONE 130: SERA CAHOONE (SERA CAHOONE)

Chicas. Alabadas ellas, para lo bueno y lo malo. Ya no somos niños, pero la edad no nos prohíbe mirar sin despegar la vista a una hermosa pasajera de nuestros días cuya belleza creemos que nunca más va a pasar de nuevo ante nuestra mirada. Así llevo unos días con Sera Cahoone, sin apartar el oído de su música, recreándome en los ángulos de su cara y el contorno de sus líneas corporales, recreándome en los ecos metálicos de su sonido folk lustrado y el compás de su voz tierna y reposada. Su primer disco lleva su nombre y su fecha es 2006, aunque no soy el primero en acabar de descubrirlo. Es de Colorado, pero adoptada por la lluviosa Seattle, colega de los Band of Horses (buen primer disco el suyo) y de Iron and Wine, con quienes ha girado, precoz batería de ambientes muy indies, y ahora solista y autora.

Y Sera Cahoone, el álbum, es una corta presentación de paisajes americanos y travesías emocionales. Le bastan pocos instrumentos y armonías básicas (escobillas por baquetas, slide quejumbrosa, banjo, finas armónicas y una acústica dominante) para emparentarse con una Neko Case menos torrencial o una Cat Power más campestre y menos sofisticada. No me despego de esta chica, aún no me atrevo a escuchar su segundo álbum, de este año, por miedo a que me guste menos que su primer trabajo.

Nota: 9/10

viernes, abril 11, 2008

VOLUME TWO 37: RAMBLIN’ JACK ELLIOTT

La reciente escucha de I stand alone, servido por el imprevisible y siempre interesante sello Anti, me ha reencontrado con Ramblin’ Jack Elliott, un autor entrañable al que la historia de la música tiene apartado, pero no olvidado, en relación con sus colegas de generación. De algún modo, fue el mentor de Bob Dylan, además de inspiración para Pete Seeger pese a ser mayor y compañero de fatigas de Woody Guthrie a comienzos de los cincuenta. Woody se quedó en el camino, inválido desde una cama de hospital donde encontró la muerte; Pete combatió con su voz e instrumento las desdichas e injusticias de sus tiempos; y Bob no tardó en escapar del nido tras aprovecharse del dócil Ramblin’ Jack para pisar todos los terrenos, jugar con las masas, huir de ellas y alimentar su mito año tras año.

Ahí está la gran diferencia. Ramblin’ Jack Elliott siempre le fue fiel al folk tradicional americano y sobre sus paisajes y estructuras cultivó una carrera tan larga pero menos fértil y vacilante como la del propio Dylan. A Jack no le llueve la veneración, pero sí el respeto; no es objeto de mercado, de biografías y estudio (aunque sí tiene documental, The ballad of Ramblin’ Jack, del año 2000 y dirigido por su hija). Jack, sin poesía en la sangre y con más cercanía humana en su discurso, vale tanto como el que más, aunque nunca le haya interesado tener más.

Hay algo en la música simple y familiar de Ramblin’ Jack que lo convierte en un autor querido y admirado, enternecedor. Quizá sea su pureza vocal, el canto nasal que heredó de Guthrie y le robó Dylan o la sutilidad con la que toca su guitarra. O la sencillez de sus canciones tradicionales, desnudas casi siempre de artificios, con su guitarra, su voz, la armónica y nada más. Entre 1957 y 1964 encabezó junto a Seeger, Dylan o Joan Baez aquel pelotón de cantautores protestotes; se desmarcó poco después o se quedó en el sitio. Grabó de vez en cuando y tardó 25 años en volver a cantar con un magnífico retorno, South Coast (1995). Once años después, con I stand alone (2006), una colección de cancioncillas casi interpretadas en carne viva con la variada compañía de Flea o Lucinda Williams como invitados, se ha vuelto a hacer querer.

miércoles, abril 09, 2008

BONUS TRACK 44: IT’S ONLY ROCK ‘N ROLL (THE ROLLING STONES)

Ya que estamos, y al hilo de lo apuntado y comentado en otros blogs, rebobinemos hasta el techo satánico de sus majestades para empaparnos de la quinta esencia de su música diabólica, sólo rock n roll, esa bendición.

Son dos temas sobre todo, los que cierran cada cara del vinilo It’s only rock ‘n roll (Virgin, 1974), lo que eleva este disco a la cima de mis obras preferidas del grupo, de la década y de más allá. Además de los riffs de Richards (Dance little sister), el soul reconvertido en rock (Ain’t too proud to beg), tiernas baladas experimentales (If you really want to be my friend) y las retorcidas convulsiones vocales de Jagger (It’s only rock ‘n roll (but I like it)), está Mick Taylor en ebullición antes de cruzar las puertas de salida y dejar a la banda sin su mejor guitarrista. Time waits for no one sobrepasa los seis minutos y medio de dolorida efervescencia guitarrera y teclados de ensueño para trasladarte a otro dimensión más bien ilusoria que tangible. A la misma duración llega Fingerprint file para cerrar el álbum entre funk y dance, anticipando futuras exploraciones de los Stones y transportando al oyente a una maraña psicodélica de vicio y sudor.

Sólo llevaban diez años en escena y la leyenda construida no había quien la borrase. Dos años después llegó Ronnie para suplir a Taylor. Medio Black and blue está bien, Some girls entero está mejor; el baile, los ochenta, el bache, la resurrección, la pasta, el olvido de unos, la devoción de otros, lo que tú quieras.

martes, abril 08, 2008

VOLUME ONE 129: DIAMOND HOO HA (SUPERGRASS)

Con su permiso le robo el adjetivo a Dufresne. Diamond Hoo Ha (EMI, 2008) es un disco “divertido”. ¡Y qué divertimento! Supergrass siguen siendo divertidos, que no graciosillos; ya son adultos joviales (además de excelentes músicos), que no jovencitos sin madurez… pueden mirarse en su espejo chavales en pañales como los ‘monos árticos’ o unos tal The Rumble Strips, vergonzosos.

Al grano: el sexto álbum del grupo inglés en trece años recupera la festividad guitarrera de su debut, I should Coco (1995), y de su sucesor, In it for the money (1997) y se desmarca de la más comedida atmósfera del precedente trabajo, el fabuloso Road to Rouen (2005). Se refuerzan más los riffs, pero por lo demás, como hace una década, la banda en la que tan bien entona y modula Gaz Coombes sigue tirando de los coros risueños de aire retro y de la variedad simpática de enfoques instrumentales para facturar en poco más de cuarenta minutos un combinado sabroso de canciones la mar de divertidas.

Nota: 7/10