domingo, agosto 28, 2016

LIVE IN 191: MUSIC FROM BIG PINK

La casa de la imagen en es realidad un cobertizo. La luz del mediodía quizá no permita mostrar del todo claro su color rosa, pero es rosa. La casa rosa, pensé, la Big Pink de Woodstock o de por allá arriba sobre la que hemos leído tanto y de donde hace casi cincuenta años Bob, Robbie, Rick, Garth, Richard y Levon sacaron una música que no es posible olvidar. No, no es la misma. Esta casa rosa forma parte de una pequeña finca en la ladera de un monte con vistas a la recogida costa de Esteiro, en Muros, A Coruña, en la que he pasado unos días del verano, parte de un paréntesis en la mitad del año, un periodo desde el que mirar atrás con añoranza y apuntar adelante con entereza y fe. Diez días de desconexión en los que apenas ha habido música.

Miento un poco. La música… Algo sí hubo, pero se cuenta con los dedos de una mano y sobra uno. Ráfagas de música que rompen el silencio virgen del campo mientras daba un paseo con el perro al caer la noche. Algo nuevo de lo que no tuviese conocimiento antes, una apuesta por la imagen sugerente de una portada o el sonido de un nombre. Me quedo con la mitad de lo escuchado, trabajos de este año desde ambas costas de los USA: en California, el primer álbum de Scott Hirsch, miembro de Hiss Golden Messenger, titulado Blue rider songs, que parece material de JJ Cale pasado por un filtro atmosférico de ensueño; desde cerca de Woodstock precisamente, el tercero de The Stray Birds, voces de campo y espacios abiertos, nada extraordinarios pero agradables lejos de la rutina, bajo la producción de Larry Campbell.
 
Cerrado este paréntesis, volveremos a conectarnos.

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