viernes, junio 14, 2013

¡BUA, NENO!


Llevas más de una semana lejos de casa, le has pisado hasta 2.000 kilómetros al norte y luego al sur, has clavado chinchetas en lugares a los que quizá no vuelvas más, paisajes, pueblos, castillos, fortalezas, playas y ciudades que al menos una vez en tu vida querías respirar…

Llevas más de una semana sin escuchar un disco nuevo (quizá te compres alguno en una de tus paradas), sin pasear con la música encima, solo al final del día regresas a tus vicios, a una vieja película que te gusta compartir, a una serie de televisión que al final de todo te acabará gustando…

En otro país, lejos de casa, te has olvidado del trabajo y de tu ciudad (salvo cuando vibra el teléfono de tu copiloto y no se resiste a responder), de leer la prensa y de preparar las noticias que puedas contar, de pasear al perro… Pero no te has olvidado de quién eres cuando de repente escuchas a alguien decir, como solo dicen en tu tierra, en tu hogar, eso de “bua, neno”.

lunes, junio 10, 2013

SOUNDTRACK 129: SINGLES


Uf, es que han pasado 21 años. De cuando Singles (Cameron Crowe, 1992). Duraba meses, hasta un año, en la cartelera de versión original, la de Madrid, claro. Nos molaba. Porque la acción ocurría en Seattle, la Seattle del grunge, y salían Soundgarden, Alice in Chains y Pearl Jam, sonaban Mother Love Bone, Screaming Trees y las canciones de Paul Westerberg. Y los chicos caían bien, solteros, iban a conciertos, se enamoraban, eran traviesos, tontorrones, huían de la responsabilidad pero les atraía la estabilidad. Los temas universales que recogen las películas no se erosionan.

Uf. Bridget dejó de actuar hace diez años. Kyra hizo suya en televisión The closer, y le sienta bien. Campbell está más viejo, más parecido a su padre, pero en films de los que nadie se acuerda. Y Matt se dejó caer hace poco en un episodio de Modern family. El grunge ya no mola como antes (Pearl Jam es mucho mucho más, por fortuna) y si no escuchad, si resistís hasta el final, lo último de Alice in Chains. Pero Singles, menos ingenua de lo que parece, aún conserva su encanto.

domingo, junio 02, 2013

BONUS TRACK 116: OH MERCY (BOB DYLAN)



El colofón delicioso a una velada tardía con la música deslizante en nuestra compañía. Preguntas, respuestas, recuerdos, confesiones y tragos de ron antes de los abrazos y el sueño. Hoy en día es difícil pasar mejor una noche. Everything is broken, Ring them bells, Man in the long Black coat, Most of the time, What was it you wanted… Dylan empieza las memorias que recoge en el volumen inicial de Crónicas aludiendo a Oh Mercy (1989) y al efecto purificador que supuso en su recorrido. Daniel Lanois lo encerró en una mansión de New Orleans, le despejó la pereza, lo recuperó para la escena, lo hizo más inmortal. Otra banda sonora de nuestras vidas.

VOLUME ONE 294: VOLUME THREE (SHE & HIM)



Si dejo caer una moneda en el jukebox me gusta percibir la atmósfera de lo viejo, de una brisa de otra época que emana del susurro del vinilo, o algo que se le parezca. Me la transmiten She & Him cuando reviven melodías, climas y sensaciones de otras décadas inocentes. Su Volume Three (Merge, 2013) se ajusta a esa fórmula retrospectiva de nuevas (y alguna vieja) canciones con aroma ‘naive’. Sopla un aire frágil y ensoñador de sus canciones. Escribe Zooey, compone y toca de maravilla M. Ward. Muy bonitas I’ve got your number, son, Turn to white, Something’s haunting you o London. Viene a ser más de lo mismo, quizá esta vez menos festivo. Sé que podrían hacerlo, pero no les pido nada diferente a ellos. Así me encantan.

Nota: 8/10

BONUS TRACK 115: EAGLES (EAGLES)


Ando cabalgando por un documental de tres horas para televisión sobre la historia de los Eagles. Describe bien el ambiente que envolvía a la banda californiana, el entorno musical en aquellos primeros setenta, los vínculos personales, el gran éxito, las disputas, la retirada. Al grupo le llegó la fama en el momento apropiado, ilustró una época luminosa de la música americana y después le derrotó la imposibilidad de seguir conviviendo y la mínima evolución de un repertorio al que le pisotearon nuevas corrientes. Repasando sus discos, algo que hago muy de vez en cuando, constato lo distante y más bien discreta que me parece su propuesta. Eagles (1972), su debut, es el mejor, el más sólido. Gran arranque con Take it easy y paradas sugerentes en Witchy woman o Take the devil. Entre los demás álbumes cuentas con los dedos de una mano las canciones realmente buenas, las buenas de verdad.

jueves, mayo 30, 2013

LIVE IN 147: ELLIOTT MURPHY, A CORUÑA 2013, TEATRO ROSALÍA


Al Rosalía, siendo crío, me llevaron mi madre y mi abuela a ver una o dos películas de Parchís. Años después ya fui solo al estreno de El club de los poetas muertos. Después dejó de haber cine, solo esporádicos ciclos de clásicos sacados del archivo como Casablanca y El apartamento, a los que no falté. Y vi teatro, un par de obras. Y a los Jayhawks, y a Bettye LaVette. Y cubrí para el periódico en que trabajo una gala de nuestros propios premios a la música gallega. Y hoy le ha tocado el turno a Elliott Murphy.

Repito con él en casa. Ahora el escenario es mejor, porque el teatro es precioso. Elliott se trae a su inseparable Olivier Durand (qué bárbaro) y a dos franceses más con los que forma The Normandy All Star. Y cumple, vaya que si cumple. Porque es un músico sin manchas en el historial, sin tropiezos, de los que no tienen discos malos. Repasa unos cuantos. Suenan muy bien los temas más lejanos, como Drive all night y Last of the rock stars. Muy suave Green river. Prometen los del último álbum, que me coge despistado. Se lo está pasando bien. Anima a la gente, que se anima. Estos tipos no defraudan nunca. Me desorienta un poco el teatro pese a su hermosura, porque el concierto, tan achispado, hubiera sido mejor vivirlo en pie y más cerca de los músicos. Un Heroes de Bowie en fase de excitación (Durand, emperador) cierra otra gran noche de música.

sábado, mayo 25, 2013

GREATEST HITS 146: THINGS HAVE CHANGED (NEVER ENDING BOB)


Ya van 72. Y quedan. La gira sigue su curso. Y en cada noche empieza así. Sin fin. Things have changed…

VOLUME ONE 293: DIDN’T IT RAIN (HUGH LAURIE)


Cuando lo nuevo no te descoloca, cuando no encuentras estímulos superlativos, el blues es una buena, muy buena escapatoria. El blues puro, el genuino, la raíz, el polvo, la tierra. A ello acude el doctor House, el actor británico Hugh Laurie transformado en bluesman americano de pura cepa cuando se sienta al piano. Le encanta y se nota.

Al excelente Let them talk (2011) le sucede el no menos brillante Didn’t it rain (Warner, 2013). Otra exploración por el cancionero tradicional empapada de blues, emborrachada de la esencia de viejos autores rescatados del archivo. El disco se lleva a la boca (se debe degustar) en esa atmósfera tan difícil de reproducir fuera de nuestra imaginación, cubiertos de humo en las mesas de los garitos de New Orleans, viajando en sorbos de bourbon y abrazado a las caderas de una negra y al contoneo de la música. Hay versiones divinas de incunables casi perdidos y la edición deluxe aporta Unchain my heart y Yeah Yeah en vivo como sublime colofón.

El sonido es preciso, integral, perfecto, mezclado de nuevo por Ryan Freeland y producido por el gran Joe Henry y sus músicos de garantía.

Nota: 9/10

martes, mayo 21, 2013

LIVE IN 146: MANZAREK


Allá en Venice Beach se conocieron. El rubio ondulante de sus cabellos, las gafas generosas, el rasgo desgarbado y la vista alta. Se encontró con Jim en la arena y nació la leyenda. Algo más que una simple banda de rock. El rey lagarto se quemó pronto al sol del desenfreno, su amigo callado resistió más de cuarenta años. Ray Manzarek nos ha dejado.

Los Doors no tenían bajista, tenían a Manzarek encorvado sobre los teclados y encajando el ritmo brumoso del bajo entre las melodías hippiosas que salían de sus dedos (bueno sí, el grupo utilizaba a algún bajista en las sesiones de grabación de los discos, alguien del que nadie hablaba). A Ray podemos encumbrarlo al son de sus atmósferas únicas e irrepetibles, de Light my fire, People are strange, Back door man, LA Woman, Riders on the storm, The end… This was your end, my friend.

domingo, mayo 19, 2013

BONUS TRACK 114: CONEY ISLAND BABY (LOU REED)


Siempre montado en un balancín, en Lou Reed es habitual coronarse ahora y despeñarse al instante. Eso le reconforta. No me parece un tipo de fiar. Me gustan bastante unos cuantos discos (Transformer, New York, Magic and loss), le dedico la indiferencia a la mayoría y alguno me deprime o me hace daño (Berlin, The blue mask, Mistrial). Nada supera en horror a Metal machine music, la ruidosa osadía vanguardista que casi lo arruina en 1975. Sus mejores amigos le dieron una oportunidad poco después, en una de sus peores fases enganchado a las drogas, y a Lou le salió un álbum delicioso, Coney Island Baby (1976). El criminal que había perpetrado Metal… se transformaba en un bohemio encantador. Los instrumentos justos, las canciones apacibles, algún espasmo turbador (Kicks), un poema aseado que no se sale de los raíles. Sencillo, entrañable.

BONUS TRACK 113: BEAUREGARD (ELLIOTT MURPHY)


Viene a tocar a mi ciudad en pocos días, en un acogedor teatro. Ya lo hizo hace años, en una sala venida a menos, donde unos pocos maleducados no dejaron de parlotear en un rincón lo que duró su actuación. Estuvo fenomenal pese a la grosera falta de respeto, y él se entregó a quienes fuimos a disfrutar. Elliott Murphy es un segundón de primera categoría. El éxito que nunca le acompañó en EEUU le convirtió en un autor consagrado en Europa. Su casa la tiene en París desde 1990. Su cuarto disco desde que encontró allí hogar y familia fue este Beauregard (1998), el primero que lo juntó con su ya perdurable guitarrista Olivier Durand. Álbum de barniz reluciente y regusto sabroso, por el que asoman rincones parisinos, guitarras cuidadosas y violines que absorben los aromas del Sena. Impecablemente exquisito.

viernes, mayo 17, 2013

40



“How long… we sing this song?”

Cuando éramos críos nuestros padres nos parecían demasiado mayores y apenas habían pasado de los cuarenta años. Ahora ni por asomo nos vemos como los veíamos a ellos cuando los contemplábamos desde tan abajo. Pero… esto es lo que hay. Entonces nos regalaban un transistor para las noches o un walkman para las excursiones, ahora les descargamos películas para que se entretengan el fin de semana o un pack para dos días de encanto en un balneario. Y entre nosotros nos obsequiamos con novelas, tiras cómicas y cuentos de nuestra ciudad, tartas en forma de claqueta y cuarenta corazones de azúcar.

“How long... we sing this song?”

domingo, mayo 12, 2013

SOUNDTRACK 128: THE WEST WING (II)


“Eres un hijo de puta, ¿lo sabías?”, le espeta a Dios el mismísimo presidente de los EEUU en el interior de una catedral, él solo, recogido tras el funeral por el fallecimiento de alguien muy cercano y cuya desaparición va a marcar el devenir de sus actos, de la propia serie en definitiva. “Al infierno con tus castigos, al infierno contigo”, le vuelve a reprochar a Dios, y en latín, antes de encender un cigarrillo en el templo, darle una calada y apagarlo en el suelo con el zapato con desafiante desprecio. (Con dos (o más) cojones. Vamos a votar por este tío…) Unos minutos después el presidente se lleva las manos a los bolsillos y ante la población mundial se dispone a comunicar quizá la decisión más importante de su vida mientras Dire Straits hacen sonar de fondo Brothers in arms.
Los finales de temporada (o finales finales) de algunas series de televisión norteamericanas llegan a cotas sensacionales de brillantez y emoción. El de la segunda etapa de El ala Oeste de la Casa Blanca es sublime. El carisma de Martin Sheen como presidente Bartlett cubre todo argumento, empapa toda relación humana que le incumbe y convierte esta serie no solo en un entrañable estudio de las relaciones humanas sino en una proeza admirable. No sólo él. Me asombro una vez más, tras otra entrega de 22 episodios, con la destreza narrativa de The West Wing. Quienes detrás diseñan con precisa caligrafía cada episodio y quienes con sus interpretaciones delante te acercan a las presiones y tensiones de los trabajos que representan son responsables de una obra magistral.

Me encantan las series en las que siento que llevo toda la vida viviendo o trabajando con sus personajes, con Leo, Josh, Sam, Donna, CJ, Charlie, Toby y el presidente de los Estados Unidos de América.

jueves, mayo 09, 2013

VOLUME TWO 62: RONNIE LANE


El genio auténtico era Ronnie Lane. (Usemos libremente el término “genio” esta vez) Supo cuándo estar y cuándo marchar. Construyó Small Faces y armó Faces. Lo pasó bien, desde luego, pero donde mejor encajaba era en Slim Chance, con su folk rock airoso y familiar, saliendo al campo, desgastando la carretera en un tour ruinoso. Un tipo entrañable. Con él me pasaría un fin de semana en su caravana, me emborracharía sin descanso. Regateó los vicios de la fama al intuir que se había perdido la magia, por eso se retiró a vivir lejos del ruido, como errantes gitanos y con lo indispensable, mientras sus excompañeros se compraban porsches, se follaban a todas las tías o se drogaban con los Stones. Se acercó a colegas como Clapton y Townsend y grabó un par de álbumes fantásticos.

Se fue hace mucho tiempo ya, en el 97. Cargó con los dolores de la esclerosis múltiple más de una década y puso su grano de arena para luchar contra ello y ayudar a quienes la sufren. Las canciones más bellas de Faces llevan su firma y rescatar las melodías apacibles de Slim Chance sigue siendo placentero. Escuchar Debris, Richmond, Glad and sorry o Ooh la la todavía me conmueve.


miércoles, mayo 08, 2013

GREATEST HITS 145: MANHATTAN (CAT POWER)


Vámonos de paseo, aunque sean solo 3 minutos. A Manhattan. Me sirve cualquier música que acompañe sus calles, su cielo, los semáforos, las tiendas, las canchas de baloncesto, el parque, el metro, la noche. Cat Power le brinda una canción con su nuevo tinte rubio y revuelto antes de que las imbéciles de la música, el cine y la moda se vistan el disfraz y el maquillaje punk y se cansen de su facha al día siguiente. Mmmmmmmme gusta.
 

domingo, mayo 05, 2013

BONUS TRACK 112: STEPHEN STILLS (STEPHEN STILLS)



Los rincones de las tiendas de segunda mano guardan variados y curiosos tesoros de todos los tiempos. Muchos vamos a esas tiendas a ejercer de arqueólogos entre la música y la literatura que otros desechan, o a deshacernos nosotros de aquello que una vez nos interesó o cayó de casualidad en nuestras manos y ahora no es digno de reposar en nuestras estanterías… Me duele que alguien una vez creyese que este disco no merecía estar entre sus posesiones y lo abandonara en el polvo de un almacén de artículos de baratillo. La anécdota fomenta una nueva escucha de este sensacional álbum, el primero de Stephen Stills en aquellos años irrepetibles, en 1970, ya enterrado Buffalo Springfield, ya con CSN (&Y) en plena acción.

A veces un músico alcanza en solitario la grandeza que comparte en el seno de una banda. Stills lo demostró en su primer trabajo. Llamó a un par de amigos como Eric Clapton y Jimi Hendrix para que adornasen dos temas fantásticos (Go back home y Old times good times), se rodeó de Crosby, Nash, Mama Cash, Booker T, botellas de tequila y demás complementos y completó un debut extraordinario. Tiene brío, fibra, la pureza emocionante de un pura sangre. Lo que después firmó Stills también solo no llega a este nivel. Cuando se toca el cielo es imposible subir más.

domingo, abril 28, 2013

VOLUME ONE 292: GHOST ON GHOST (IRON & WINE)



A cada escucha de Ghost on Ghost (4AD, 2013) me regocijo en mi admiración por Sam Beam. No dudo al inclinarme ante su genialidad. La tienen los discos de esos músicos que primero te agradan, luego te entusiasman y después te atrapan y no te sueltan. Este es uno de ellos. Pensé al principio que no llegaría a la altura de The shepherd’s dog, no se queda muy lejos.
El profesor es un humilde maestro. En Ghost on ghost suenan 24 instrumentos (con saxos, cellos, violines, trombones, ukeleles, vibráfonos) y varias voces de los dos géneros, todo armonizado sin pisarse unos a otros, sin protagonismos. Conforman un equilibrado y muy democrático repertorio casi siempre alegre, de brisas veraniegas y vientos retro a veces y de jazzísticos ambientes otras. E intervienen Brian Blade, Tony Scherr, Rob Burger y Tony Garnier. Un lujo.

Del primer al duodécimo corte Ghost on ghost es un deleite. Las sutilezas se aprecian en cada segundo. Imposible no caer enamorado de Low Light buddy of mine, New Mexico’s no breeze y sobre todo Singers and the endless song y Lovers’ revolution. Lección magistral. Una más.

Nota: 9/10

viernes, abril 26, 2013

SOUNDTRACK 127: KEVIN & MELANIE


Me atraen las aventuras musicales de los actores y actrices de cine, sobre todo si me caen bien. Ya he escuchado unas cuantas de distintos géneros, de Robert Mitchum a Julie Delpy, de Russell Crowe a Charlotte Gainsbourg. Unos cumplen, otros tropiezan, unos van a lo fácil, otros arriesgan. No dejan de interpretar cuando acaban el rodaje y entran en el estudio y se agarran al micrófono. Dos ejemplos que he descubierto recientemente: Kevin Bacon y Melanie Laurent.
El primero, un actor que ha trabajado con casi todos los directores americanos importantes de las últimas tres décadas, funciona siempre bien en pantalla. Conserva un eterno aspecto juvenil, un porte fibroso y un rostro travieso. De paseo por Londres me encuentro con su cara en la portada de un cd. Junto a su hermano Michael formó a mediados de los noventa The Bacon Brothers y suma ya cinco álbumes de estudio y un directo. El grupo se acerca a lo que también hacen Jeff Bridges o Kevin Costner y su banda, rock americano de carretera y grandes praderas, un poco a lo Eagles, bien trabajado aunque escaso, con déficit de canciones que dejen mínima huella.
La hermosa francesa Melanie, también atrevida directora de cine, le pone emoción a su música. La encontré en una imagen con una guitarra y me pregunté si también se había lanzado a cantar. Así es. En En T’attendant firmó un 2011 un bonito trabajo pop de texturas abiertas y ecos más personales. La ayudaron Damien Rice y el guitarrista Joel Shearer. Experimenta con ritmos tranquilos y melodías emotivas. Da gusto oír su acento.

RICHIE (1941-2013)


Abrió Woodstock y triunfó de calle a plena luz del día, antes de la lluvia. Llegó hasta los 72 años. En su casa de Jersey dejó de rasgar la guitarra así de nervioso. La abrazaba y extraía de ella un ritmo suave e intenso. No acudo mucho a su música, pero al hacerlo me recreo en los buenos discos que llevan su firma, aquellos de finales de los sesenta, y todas las versiones que hizo de canciones de Dylan. Uno de los buenos, Richie Havens. Hasta siempre.

martes, abril 23, 2013

23 DE ABRIL



Cualquier día es una celebración contigo, no solo este. Pero aquel día… bueno, algo pasó. Ni tú ni yo fuimos los mismos que éramos hasta entonces. Algo en este mundo querría unirnos, esa es la respuesta. Después ya sabes lo que vino: 
la música en el coche, unos discos grabados, los pies en la playa, un perro que se pega a nuestros cuerpos, una casa rural, los libros abiertos, llorar por todo en el cine, una ensalada bien preparada, una ración de croquetas, nuestro café para soñar, Londres, Wight, Betty LaVette, Calexico, Alive, West Wing, Friends, un par de tontiños… 
Y más que vendrá. Quizá sigas pensando que no me inspiras cuando escribo en este blog, allá tú. Muak muak

sábado, abril 20, 2013

VOLUME ONE 291: THE LOW HIGHWAY (STEVE EARLE & THE DUKES (& THE DUCHESSES)

Steve Earle me tenía cansado. No me adscribo a su club de fans, muchos de los cuales no le tosen ni sus trabajos más discretos. Así veía yo sus últimos discos, sin sabor, unos cuantos. Pero The lost highway (New West, 2013) es lo mejor que ha grabado desde hace más de una década, de cuando Jerusalem (2002). Porque se advierten rayos de entusiasmo después de un ocaso. Y sobre todo porque se hace cercano, te acompaña. Firma el disco con la banda con la que sale a tocar, The Dukes, a la que se añade más de una duquesa (& The Duchesses) en violines, mandolinas, pianos y acordeones. La música es más entrañable, abierta y alegre (Calico County, Pocket full of rain), aunque dé también paso a la nostalgia (Invisible), la que viste un viejo zorro.

Nota: 7/10

martes, abril 16, 2013

LIVE IN 145: MÚSICA EN ½ HORA



Nunca pensé que llegaría un día en el que desease que los discos, la colección trabajada de canciones nuevas que un artista compone, ordena e interpreta en un momento puntual de su propia historia, durasen media hora o menos, como en la mayor parte de los inocentes años sesenta. Pagar entre 15 y 20 euros por un álbum con esa duración siempre me pareció un derroche, porque por muy bueno que fuese el contenido siempre me sabía a poco… ¡si hay capacidad para hasta 80 minutos! (vale, ahora el consumo de música es más barato) Pero pasamos por etapas, como ahora, en las que todo cuanto se acerca a tus oídos se hace cansino, aburrido y carece de ingenio. Los discos se alargan porque la mitad de las canciones son vacías y perezosas, no tienen ningún vínculo con la carne y las entrañas, porque ya está todo oído, o porque lo ya oído se repite sin poder disimular su falta de pasión.

Todo esto lo pienso mientras escucho los discos más recientes de The Strokes, Depeche Mode, Stereophonics, Ocean Colour Scene, Suede, Black Rebel Motorcycle Club, Yeah Yeah Yeahs o Eric Clapton. Alguno bien merece un rato, pero con media hora basta. O volvamos a los singles.

domingo, abril 14, 2013

VOLUME ONE 290: STORIES DON’T END (DAWES)



Cuando un primer disco es tan completo, tan sublime, la tarea de rayar a la misma altura en los siguientes trabajos suele deparar resultados imperfectos, a veces frustrantes. Repetir la virtud inmaculada no debería ser la obsesión del artista, del músico. Y creo que Dawes no caen en ese vicio. Quizá porque North Hills (2009) les salió tan bueno sin querer, ahora no van a alcanzar semejante brillantez. O porque en realidad siguen sabiendo hacerlo francamente bien. Ni Nothing is wrong (2011) ni Stories don’t end (Hub Records, 2013) mejoran el álbum anterior. No importa. A mí estos chicos ya me ganaron cuando empezaron a caminar.

Stories don’t end es bonito, agradable, aunque algo más desequilibrado, con la emoción más controlada. Ninguna canción consigue levantarte del asiento. Dawes han cambiado de productor (les ayuda ahora Jacquire King), pero conservan ese fresco aroma californiano en sus fraseos, en la armonía de voces y en esa humilde inocencia que desprende su música. Unas cuantas bonitas canciones (From a window seat, Most people, From the right angle) embellecen su tercer disco.

Nota: 7/10

martes, abril 09, 2013

GREATEST HITS 144: EVERYBODY’S TALKIN’ (HARRY NILSSON)


Al escuchar esta canción reaparecen carcomidos por las décadas Joe Buck y Ratso, el ingenuo y seductor vaquero de pueblo y el rufián de ciudad acabado por la tos a los que Jon Voight y Dustin Hoffman daban vida en Midnight Cowboy (1969). Aquella película, cuya provocación parece hoy inofensiva, aún me sigue pareciendo sórdida y desesperanzadoramente triste. Y me gusta. Tanto como la voz de Harry Nilsson poniendo música a las imágenes.

sábado, abril 06, 2013

VOLUME ONE 289: TOOTH & NAIL (BILLY BRAGG)



El acento, como apunta alguna reseña, descoloca al escuchar el último trabajo de Billy Bragg, Tooth & Nail (Cooking Vinyl, 2013). Es un contraste a ratos chocante el que produce la voz londinense de Bragg entre los sonidos de músicos americanos de exquisito estilo curtidos en cientos de álbumes de country, folk y jazz. Y eso que Bragg y su voz seca y potente no desentonaban en el cancionero americano que revivió junto a Wilco en los volúmenes Mermaid Avenue. Desde aquellos estupendos tributos de finales de siglo pasado solo ha grabado dos discos, y de la línea combativa de su talante y el inconformismo social de sus letras queda poco rastro en el último de ellos, cocinado en el sótano de Joe Henry en Pasadena. Ojo, con Henry ante la mesa, se me enciende el radar y dedico una atención más intensa a cuanto pasa por sus manos y su oído. Tooth & Nail está bien, bastante bien, suena limpio, elegante. Es un gusto escuchar a esos músicos tan buenos levantando un puñado de canciones magníficas (No one knows nothing anymore, There will be a reckoning). Se echa una falta una pizca de empuje, la rabia punk que antes vestía al Bragg más británico.

Nota: 7/10

jueves, abril 04, 2013

HIS MASTER’S VOICE…


“La voz de su amo se apaga en un suspiro”. Es un perfecto titular que anticipa el crepúsculo en el que se desvanece HMV. Lo leí en The Telegraph hace un par de meses, acompañado de una dolorosa realidad. “Es un triste negocio, pero, ¿cómo puede sobrevivir HMV si la gente no va a las tiendas de discos a comprar música?” El alimento de unos pocos no acaba con el hambre, desde luego, y yo admito que tengo que vigilar también mi nevera. HMV está en las últimas, cerrando poco a poco las 240 tiendas que tiene en Gran Bretaña e Irlanda. En 1921 la primera de ellas abrió sus puertas. Ahora todas van a cerrarse para siempre. Ya se sabe, una descomunal caída de ventas.

Cada vez que he viajado a Londres o a otra ciudad inglesa me he dejado caer por esas tiendas pequeñas con cds y vinilos nuevos o de segunda mano apilados en las estanterías (hum, qué placer incomparable), pero siempre he tenido tiempo para una cita en HMV. Una megastore con miles de discos, libros, películas y juegos (esta sección nunca la pisé). Pasaba allí una hora como mínimo para ver novedades, buscar clásicos, bucear entre las ofertas, curiosear entre música exótica, descubrir nuevos grupos… y cargar la cesta de la compra. Cuando pasé medio año de mi vida en Londres acudía al menos una vez por semana, y aunque no comprase nada me encantaba pasear por sus pasillos repletos de discos, echar un vistazo a libros a precio de saldo y a otros con fantásticas ilustraciones. La última vez que entré en un HMV, hace pocos días, empecé a verle los huesos al lugar, las estanterías vacías, los libros apilados en cajas a 1 y 2 libras ansiosos por salir de allí, discografías muy incompletas, artistas que han desaparecido del catálogo. Me llevé un par de artículos, pero ya sin calor en el entorno sentí que se había perdido una entrañable y personal magia dentro de mí.

martes, abril 02, 2013

SOUNDTRACK 126: THE MUSIC NEVER STOPPED


El hijo le cuenta al padre cuándo escuchó por primera vez Desolation Row, qué le hizo sentir esa canción tan larga, esos versos indescifrables. Es de las pocas cosas que la memoria le deja reconstruir. Fue en casa, mientras la madre terminaba de preparar la cena y el olor de la comida penetraba en todas las habitaciones. El padre no sabe lo que es Desolation row y apenas conoce al cantante, tiene la funda del disco en sus manos y lo observa extrañado, se pregunta qué tiene de especial esa música. Pero mira feliz a su hijo, que da vueltas sobre sí mismo muy despacio en su viaje al pasado, como si flotara en el cuarto, mientras esa canción abre una pequeña brecha en su mente para que regresen los recuerdos. Y una lágrima se desliza lentamente por las mejillas del padre hasta sus labios sonrientes mientras no deja de sonar Desolation row.

Esta es una escena, para mí la más conmovedora, de The music never stopped, una preciosa película de 2011 dirigida por Jim Kohlberg que adapta el ensayo El último hippie, del doctor Oliver Sacks, basado a su vez en unos hechos reales.
Estamos en 1986. Los padres llevan casi veinte años sin saber de su hijo, se marchó de casa tras una fuerte discusión con el padre, un conflicto generacional. Ni rastro han tenido de con quién ha estado, a dónde ha ido, cómo se ha ganado la vida. Hasta que reciben una llamada del hospital: su hijo tiene un tumor cerebral, se lo van a extirpar pero va a sufrir graves pérdidas de memoria. Sus padres quieren recuperar el tiempo perdido y junto a una doctora especialista utilizan la música como terapia para revivir los recuerdos y volver a conocer a su hijo. La del padre es Bing Crosby y Count Basie, la del hijo es Buffalo Springfield y sobre todo Grateful Dead. Ahí sigue todavía, dos décadas más atrás, como si las drogas que ha consumido lo mantuvieran en otra dimensión. La vida no es la misma, los viejos amigos se han marchado y el chico, el hombre aún joven, no tiene a nadie más que sus padres. Y él, un maravilloso J. K. Simmons, no se viene abajo, sino que escucha la música que adora su hijo para no perderlo una vez más.

Y la música de entonces, cierto, nunca deja de sonar, nunca muere. Si queremos, si lo sentimos de verdad, descubriremos que aquellas canciones nos pueden curar, nos puede salvar. El plato que gira y la aguja que descansa sobre sus surcos son la medicina contra el olvido. La música… es la vida.

sábado, marzo 30, 2013

LIVE IN 144: THE BLACK CROWES, LONDON 2013


Me alivia comprobar que la reacción es la misma, que no hemos cambiado, y que el tiempo no es capaz de marchitar ni destruir la expectación que nos crea un concierto llamado a ser memorable minutos antes de que arranque. Llevas de pie un buen rato, en la segunda fila, sabes que van a tardar un rato aún pero estás deseando que salgan ya y se pongan a tocar. Cuando se dirigen a sus instrumentos y micrófonos les gritas desde abajo, te saludan, aplaudes y ellos le meten caña. Ya lo sabías pero te regodeas en tu certeza: The Black Crowes son una banda soberbia.

De vuelta en Londres. El HMV Forum de Kentish Town se parece bastante al O2 Shepherd’s Bush Empire. Así que estás como en casa. Y vuelven los cuervos, con el pelo algo más ralo y luciendo algunas canas. Pero aún unos chavales sobre el escenario con sus vaqueros gastados. Jackie Greene releva a Luther Dickinson, y se porta muy bien el chaval. Esta vez faltan las chicas de los coros. Jealous again para abrir boca y Jackie que se destapa, sobresaliente. La harmónica cabalgante de Hotel Illness entra en cuarto lugar. No tarda Wiser time, Thorn in my pride aún se hace esperar… ambas son herederas del Free bird de los Skynyrd, alargadas hasta el éxtasis, vibrantes, los pelos de punta. Remedy… qué decir joder… que Chris se deja la garganta y tú brincas colocado entre la gente. Hard to handle y Hush hermanadas magistralmente antes del bis. Versiones de Traffic y Little Feat para cerrar. Todo glorioso. Esto es rock and roll en carne viva. Benditos cuervos.

jueves, marzo 28, 2013

VOLUME ONE 288: POOR MOON (HIS GOLDEN MESSENGER)


Las ‘biblias’ musicales me siguen dando a conocer nuevos sonidos melodiosos. Ahora parten de MC Taylor y Scott Hirsch, dos jóvenes salidos de la ya difunta banda The Court and Spark y reencontrados en His Golden Messenger. Uuuh, me dejo acariciar flotante entre las pistas tranquilas que tan bien suenan en  Poor moon (Tompkins Square, 2012). Hay chispas de la comunidad Laurel Canyon, trazos que recuerdan a Jonathan Wilson, un poco de esa profundidad diáfana de Bill Callahan, aunque aquí se deja notar más el gusto por la noche abierta, y los grillos y otras criaturas de la oscuridad suenan entre algunos temas. El andamiaje sonoro de este disco es impecable, con cuerdas limpísimas que se entienden de fábula y un par de violines excepcionales invitados a la fiesta. Y canciones fantásticas como Blue country mystic, Drummer down o Jesus shot me in the head.

Nota: 8/10

domingo, marzo 24, 2013

LIVE IN 143: MIS MÚSICOS

Desde este rincón apartado en el planeta rindo un humilde tributo a la segunda fila. A toda una vasta y extraordinaria legión de músicos de sesión sin los que no sería posible que los discos nos deleitasen con su sonido. Tipos callados que saben sacar el mejor discurso de la formación por la que pasan. Miembros estables de otras bandas que liberan su espíritu errante para dejar su huella junto a la firma de solistas. Productores que pasan al otro lado del cristal. Funcionarios del jazz a sueldo imprescindibles para sus jefes. Músicos que hacen grandes los discos y los directos de los artistas grandes.

Greg Leisz, Patrick Warren, Jay Bellerose, Jim Keltner, Charlie Sexton, Benmont Tench, Duck Dunn, Joey Waronker, Matt Chamberlain, Jon Brion, Tony Garnier, David Piltch, Larry Taylor, Augie Meyers, Eric Heywood, Steve Cropper, Jennifer Condos, Chris Bruce, Buddy Miller, Marc Ribot, Doyle Bramhall, Bucky Baxter...

Un abrazo a todos ellos. Y a tantos y tantos más que se entregan a la música por allá y por aquí.

viernes, marzo 22, 2013

BONUS TRACK 111: STILL BILL (BILL WITHERS)


Para acompañar el gusto refrescante que deja Rodriguez, Bill Withers es una elección ideal. Contemporáneos de una época convulsa, ambos pasaron por el mismo sello pero tuvieron desigual fortuna. Rodriguez escondió la voz y la cabeza, renunció a la música y fue redescubierto más de dos décadas después, mientras Withers mantuvo un digno y más que modesto éxito y reconocimiento a lo largo de los años. Still Bill (1972) es su segundo álbum. Magnífico. Contiene dos de sus éxitos aún perdurables y que con frecuencia repescan las películas o los anuncios, Lean on me y Use me. Junto al resto del repertorio forman un disco de rock-soul de perfil acústico de una solidez aplastante, completísimo, adornado con brochazos funk emparentados con el sonido compacto de los Booker T & The MG’s, todo cubierto por la voz fina y expresiva de Bill Withers (ahí lo tienes en la imagen, tan imponente, como si vistiera la ropa de faena de Dexter Morgan...)

jueves, marzo 21, 2013

GREATEST HITS 143: I’M ON FIRE (HEATHER NOVA)


Sobre algunas canciones debería caer un castigo divino cuando una versión estropea su virtud y espíritu originales. I’m on fire es una de ellas. La seductora insinuación con que la canta Bruce Springsteen merece que quien se atreva a reinterpretarla alcance al menos la misma altura y sugiera idénticas emociones. Heather Nova lo consigue. A mediados de los noventa la descubrí en el soundtrack de Strange days y me gustan las pocas cosas que he escuchado de ella. Me encanta la noche tórrida que dibuja el boss cuando la canta. También el mimo que emplea Heather para invitarnos a una velada ardiente.

Para Kimiko Choromiko

Oye pequeña ¿está tu padre en casa? / Él se ha ido y te ha dejado sola / Tengo un mal deseo / Estoy ardiendo // Ahora dime, nena, si él es bueno contigo / Si puede hacerte las cosas que te hago yo / Puedo ponerte a cien / Estoy ardiendo // A veces es como si alguien empuñara un cuchillo, nena, / afilado y fino, y abriera un valle de seis pulgadas / en el centro de mi alma // Por la noche me despierto entre sábanas empapadas / y un tren de mercancías cruza mi cabeza / Sólo tú puedes calmar mi deseo / Estoy ardiendo

lunes, marzo 18, 2013

VOLUME TWO 61: LEONARD COHEN


Cada año leo la biografía de algún músico, no necesariamente la de uno de mis favoritos. Me gusta conocer sus métodos creativos, el entorno en que compuso sus canciones o el efecto que produjeron sus álbumes. Y sus frivolidades y escándalos, la historia rosa, si la tiene. Me gusta escuchar al mismo tiempo sus discos, seguir y comprender la evolución de su obra. Este año el elegido ha sido Leonard Cohen, después de recibir como regalo las 700 páginas de I’m your man, escrito por Sylvie Simmons. Antes y después de su lectura llego a la misma conclusión: Cohen es uno de los músicos más sobrevalorados que hay.

Sus canciones son casi siempre mejores cuando las interpretan otros autores. Porque la suya es una voz cansina y distante, de una languidez exasperante al comienzo de su carrera y de una gravedad fatigosa al final. Salvaría solo tres de sus doce discos (directos y colecciones al margen): Various positions (1985), The future (1992) y Old ideas (2012). Y alguna canción aislada. No sintonizo con la fría imagen de autor respetable que desprende ni con la profundidad reflexiva de su poesía.

Poeta y novelista antes que músico tardío, entró en los estudios a las órdenes del productor Bob Johnston. Sus primeras obras, casi desnudas de instrumentos, me resultan soporíferas a pesar de su par de buenas canciones. El álbum que le produjo Phil Spector, Death of a ladies’ man (1979), es vergonzoso. Hasta mediados de los ochenta es “deprimente y deprimido” (cito a Rolling Stone), después parece abrazar el optimismo al experimentar con teclados y sintetizadores y darle más claridad a sus coros femeninos. El éxito que le acompañó (también tardío y mucho mayor en Europa que en USA) se transformó en reverencia.

Muchas mujeres pasaron por sus brazos, ninguna lo bastante para durar eternamente. Se entregó a la meditación zen y se aisló del mundo cuando quiso, en un monasterio de una montaña, en la reclusión de una cabaña. Una de sus agentes saqueó sus cuentas y lo dejó sin blanca. Volvió a la carretera para tener con qué vivir y recuperar la dignidad, ya con setenta y tantos años. Entonces se hicieron incontables los homenajes, medallas, espectáculos y producciones musicales, libros, premios, espacios de honor en pasillos de fama… Yo, después de la lectura agradable de una biografía bien escrita en la que acabo por cogerle cariño al personaje, paso pronto la página y me propongo no volver a escuchar a Cohen en mucho tiempo.

miércoles, marzo 13, 2013

BONUS TRACK 110: EMOTIONAL RESCUE (THE ROLLING STONES)



Volvemos a los Stones, una cita viciosa pero nunca desaconsejable. De entre sus discos más arrinconados y a veces peor valorados, alguno merecería otra suerte y mejor prensa. Le pasa a Emotional rescue (1980), cierto, un trabajo de los que se olvidan al repasar la carrera, aunque contiene detalles agradecidos. En su contra juega quizá la falta de canciones reconocibles y la repetición de esquemas, pero a su favor tiene ese oficio gamberro que les sale de memoria y la inspiración lúcida de sus líderes. La banda venía del fantástico Some girls y ya preparaba el no menos estupendo Tattoo you. En medio retomó ritmos bailables sin olvidar su fabricación rockera y algún capricho reagge por cortesía de Richards. Funciona mejor la primera opción (Dance pt.1, Emotional rescue, ambas con un esponjoso y seductor bajo de Bill Wyman) que las más mecánicas fórmulas marca de la casa. Pero aún se disfruta.