Una de cineastas repelentes, repulsivos incluso. Jonathan Glazer. (No tanto como Haneke). Me cuesta llegar al final de sus películas, escasas y separadas por hasta nueve o diez años. Porque entrar ya es difícil. Su frialdad, su rigidez, el peso de lo sensorial sobre la acción, la nada, el mensaje vacío. Entiendo que inviten a la fascinación, tanto como al hartazgo. Admito los extremos. Yo estoy en el de la falta de sabor absoluta, incapaz de sentirme hipnotizado por la sobriedad de su puesta en escena. Ni con la provocación artificiosa de Under the skin. Ni con la desalmada frivolidad de La zona de interés.
En cambio Glazer ha compaginado su selectiva elección de proyectos cinematográficos con sus encargos publicitarios y musicales como director de spots y vídeos (Blur, Nick Cave, Radiohead, Richard Ashcroft). Es en la publicidad donde el impacto de sus imágenes, comprimidas y directas, gana la fuerza de la que carecen sus extrañas películas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario